Amnesia
Estanislao sintió un dolor agudo en el vientre y luego oyó un golpe seco, como de madera contra el suelo. Todo a su alrededor se movía sin parar y lo único que veía con claridad era la sonrisa burlona del hombre que lo había matado. Aún tenía en la mano el arma mortal: una navaja, de esas que llevaban todos los hombres del pueblo, sucia y oxidada. Se dio cuenta de que estaba muerto, el dolor había desaparecido y en cambio se sentía más ligero que antes, y no entendía cómo es que aún podía ver la cara de aquel hombre mugriento agachado en medio del camino, intentando limpiar la navaja en la hierba. El hombre guardó el arma y luego procedió a contar el dinero que acababa de obtener de su víctima. Sonrió satisfecho, su tarde había sido productiva. Lanzó una mirada de desprecio al cadáver y se alejó del lugar a grandes pasos. Estanislao se quedó solo en la escena del crimen. Observó sin tristeza el cuerpo tendido en la tierra manchado de sangre y, aunque sabía que era él mismo, no pudo reconocerse. Nada en él le resultaba familiar: ni la camisa descolorida, ni la barba tupida, ni siquiera los ojos fijos y abiertos le parecieron los suyos. Intentó recordar qué había hecho ese día, antes del asalto. Recordó que le habían pagado la venta de un caballo, el más hermoso de los que tenía, y que se dirigía con todo el dinero a… no puedo recordarlo. Se sintió perdido. Trató de sentarse en la hierba para pensar pero no lo consiguió, así sin cuerpo no había forma de sentarse. No quiso complicarse y permaneció cómo estaba, pensando. De esa mañana sólo recordaba el caballo vendido. Mi caballo. Intentó pensar en él y no pudo hacerlo. Se le había olvidado cómo era su caballo, ni siquiera recordaba el color del animal. Dejó de preocuparse por el caballo, le pareció más importante recordar hacia dónde se dirigía al momento del ataque. Seguramente hacia su casa pues ya era tarde y tal vez tenía familia esperando por él. ¿Tenía familia? No conseguía recordarlo. Tampoco recordaba ningún sentimiento por nada o nadie, se sintió vacío. Intentó moverse en alguna dirección y descubrió que su nuevo estado le permitía desplazarse con mayor facilidad. Miró a su alrededor buscando algún detalle que le fuera familiar, que le ayudara a recuperar sus recuerdos. El sol se había puesto sobre el horizonte y el camino desierto se tornaba oscuro. Estanislao sintió miedo. Quiso gritar por ayuda pero no pudo hacerlo, no tenía voz. Tampoco recordaba ya para qué quería gritar. Miró una vez más a su alrededor, y ahora estaba seguro de que estaba perdido. Nunca antes había estado en ese lugar. La hierba amarillenta, el camino de tierra, todo le parecía tan ajeno a él. Al volverse descubrió un bulto en medio del camino, se acercó y se dio cuenta de que era un hombre. El hombre estaba muerto, al parecer, pues tenía una gran mancha de sangre en el pecho y los ojos fijos en el vacío. Estanislao sintió compasión por aquel pobre hombre, asesinado de forma tan brutal, y decidió alejarse de aquel tenebroso lugar. Un solo pensamiento ocupaba su mente: tenía que encontrar su casa pronto, muy pronto. No vaya a ser que le suceda lo mismo y termine tirado en medio del camino como aquel pobre campesino.
Lily Castillo (Perú)





