Los últimos días de Hitchcock
Truffaut, uno de los máximos exponentes de la Nouvelle Vague y gran admirador de Hichcock, escribió un libro sobre él en 1974, “El cine según Hicthcock”, en el que se recogían una serie de entrevistas que amos cineastas mantuvieron y en las que conversaron sobre la obra de Alfred Hitchcock y sus concepciones sobre el Séptimo Arte.
En este libro, Truffaut cuenta cómo vivió Hitchcock sus ñultimos días de la siguiente manera:
“No volví a ver a Hitchcock en el transcurso del año 1978, por lo que la velada del homenaje que le fue ofrecido en el Beverly Hilton, el 7 de marzo de 1979, por el “American Film Institute” bajo el título a la vez glorioso y fúnebre de “Life Achievement Award”, me deja un recuerdo siniestro, siniestro y macabro, como a todos los que asistieron, incluso si la cadena CBS, mediante distintos trucos de montaje, acertó al ofrecer dos días más tarde a los telespectadores una versión que salvase las apariencias.
Sabiéndose ya condenada por el cáncer, Ingrid Bergman, que presidía y animaba la velada, se sintió turbada ala ver a Hitchcock y a su mujer en tal mal estado. Entre bastidores, murmuró:”¿Por qué se organiza siempre este clase de veladas cuando es demasiado tarde?”. Estando allí por lo mismo, yo también iaba a conseguir hacer reír:”En Estados Unidos llaman a este hombre Hitch. En Francia nosotros le llamamos señor Hitchcock...” pero el corazón no estaba allí. Ante todo el Hollywood que le rendía homenaje con anécdotas, con extractos de películas, brindis, Alfred y Alma Hitchcock hacían acto de presencia pero su corazón no estaba allí, no estaban más vivos que la madre de Anthony Perkins, disecada en la bodega de la mansión gótica.
Dos semanas más tarde, resignado ante la idea de que ya no podía rodar, Hitchcock cerró su oficina, despidió a su personal y volvió a su casa. La reina de Inglaterra le nombró sir Alfred, igualando así la antigua competición secreta con otro genial chiquillo de Londres, Charles Chaplin. Ya no le quedaría a sir Alfred más que esperar la muerte, algunos vodkas prohibidos le ayudarían a hacerla llegar más pronto. Esto ocurririó el 29 de abril de 1980.
Cuando quiero olvidar al Hitchcock de los años de decadencia me traslado hacia atrás, seis años antes de su muerte, exactamente la velada del 29 de abril de 1974 en el Avery Fischer may del Lincoln Center donde la “New York Film Society” le dedicó su gala anual realmente estimulante.
Fuente:
Truffaut, François, "El cine según Hitchcock", Alianza Editorial, Madrid, 2005
En este libro, Truffaut cuenta cómo vivió Hitchcock sus ñultimos días de la siguiente manera:
“No volví a ver a Hitchcock en el transcurso del año 1978, por lo que la velada del homenaje que le fue ofrecido en el Beverly Hilton, el 7 de marzo de 1979, por el “American Film Institute” bajo el título a la vez glorioso y fúnebre de “Life Achievement Award”, me deja un recuerdo siniestro, siniestro y macabro, como a todos los que asistieron, incluso si la cadena CBS, mediante distintos trucos de montaje, acertó al ofrecer dos días más tarde a los telespectadores una versión que salvase las apariencias.Sabiéndose ya condenada por el cáncer, Ingrid Bergman, que presidía y animaba la velada, se sintió turbada ala ver a Hitchcock y a su mujer en tal mal estado. Entre bastidores, murmuró:”¿Por qué se organiza siempre este clase de veladas cuando es demasiado tarde?”. Estando allí por lo mismo, yo también iaba a conseguir hacer reír:”En Estados Unidos llaman a este hombre Hitch. En Francia nosotros le llamamos señor Hitchcock...” pero el corazón no estaba allí. Ante todo el Hollywood que le rendía homenaje con anécdotas, con extractos de películas, brindis, Alfred y Alma Hitchcock hacían acto de presencia pero su corazón no estaba allí, no estaban más vivos que la madre de Anthony Perkins, disecada en la bodega de la mansión gótica.
Dos semanas más tarde, resignado ante la idea de que ya no podía rodar, Hitchcock cerró su oficina, despidió a su personal y volvió a su casa. La reina de Inglaterra le nombró sir Alfred, igualando así la antigua competición secreta con otro genial chiquillo de Londres, Charles Chaplin. Ya no le quedaría a sir Alfred más que esperar la muerte, algunos vodkas prohibidos le ayudarían a hacerla llegar más pronto. Esto ocurririó el 29 de abril de 1980.
Cuando quiero olvidar al Hitchcock de los años de decadencia me traslado hacia atrás, seis años antes de su muerte, exactamente la velada del 29 de abril de 1974 en el Avery Fischer may del Lincoln Center donde la “New York Film Society” le dedicó su gala anual realmente estimulante.
Fuente:
Truffaut, François, "El cine según Hitchcock", Alianza Editorial, Madrid, 2005