Nueva política homosexual de este blog
En vista de que se está dirigiendo contra mí una brutal campaña de acoso y derribo articulada por el colectivo gay de esta comunidad de bitácoras, hecho confirmado en varios bloqueos de IP en distintos blogs homosexuales, varias cartas furibundas en papel irisado y, por último y con carácter más grave, las pintadas que han aparecido esta mañana en la fachada de mi chalecito, en las cuales se me acusaba en enormes letras lilas de ser un JODIDO FASCISTA CHOVINISTA, me veo en la obligación de aclarar una serie de cosas.
Primeramente, EL SEÑORITO MIAU NO ES UN HOMÓFOBO. Y pienso demostrarlo en este mismo post -mueca de asco por escribir post-. En segundo lugar, no sólo no soy un homófobo, sino que lo cierto es que me gustan los hombres...; bueno, las mujeres también. Pero vamos, que toco todos los palos. Diría que soy bisexual, pero además me gustan otras cosas que no me detendré en enumerar ahora por la profundidad del asunto. Por último, tengo que confesar que esta desgraciada circunstancia me está creando una gran desazón y pesadumbre en el alma, y es preciso que la solvente cuanto antes -suspiro de invertido angustiado-.
En relación a la homosexualidad, encuentro que no hay nada comparable a la noble amistad con un hombre sensible. Desde mi más tierna infancia, empecé a mostrar mis primeros síntomas de afeminamiento. Mi madre quería tener una niña, y supongo que eso redundó en mi desviado comportamiento. Además, mi fino rostro y la gentileza de mis formas, me conferían una apariencia verdaderamente femenil. Así, comenzaron a aflorar en mí unas delicadas maneras de mariposón que se acentuaron en la adolescencia, etapa de mi vida en la que tuvieron lugar mis primeras experiencias con el sexo no opuesto. Primero fue Christian, un chico de mi clase de ensortijados y rubios cabellos que me acompañaba todos los días a mi casa, pues vivíamos en la misma calle. Nos pasábamos el día riendo y cantando. Ciertamente me resultaba encantador ese muchacho; y era una maravilla que sus labios rojos de pétalo de rosa hubieran sido hechos tanto para el canto y la risa, como para la locura de los besos... Yo tenía quince años.
Más tarde, después de una serie de infortunios con varias muchachitas, conocí a un señor de Burgos muy distinguido y elegante, que resultó ser un millonario vicioso. No tardó en proponerme sexo a cambio de dinero. Nos solíamos ver en la trastienda de su negocio de muebles para mantener relaciones. Un día en el que nos encontrábamos allí, le pedí que me diera diez mil pesetas porque tenía una necesidad urgente. Él prometió dármelas, pero al concluir el acto me entregó las cinco mil de rigor. Por eso tuve que golpearle en el cuello con el canto de la mano. Cuando estaba en el suelo, fui a quitarle la cartera, pero entonces despertó y empezó a insultarme... ¡Él a mí! Así que agarré un sillón, le arranqué una pata y le di en la cabeza. Después lo estrangulé. Ahora, además de loca y puta, era una asesina. Y tan sólo con diecisiete años.
Tras una temporada de relax, estuve con otro hombre bastante mayor que yo. Esta relación fue muy distinta. Éramos como Jacinto y Apolo en la antigua Grecia. Nos sentíamos como los protagonistas de un soneto de Shakespeare. Se llamaba Eduardo y ahora puedo decir que fue el amor de mi vida. Desgraciadamente, murió de una extraña enfermedad a los treinta y cinco años.
Sí, lo confieso, soy maricón, pero me gusta. Las mujeres me habéis hecho así. Aunque, por otro lado, me encanta la idea de que se enamoren entre ellas y se casen. Espero que el aparato intelectual lésbico de estos blogs -Hester Prynne, Top, y demás-; y el no tan intelectual -Euria y afines-, me lo tenga en cuenta.
Ahora, como ya sabéis, estoy enamorado de la Sra. Miau, aunque mi esbelta y dorada alma camina entre constantes tribulaciones y mortales dudas. Por fortuna, ella es una chica bisexual, como yo; y espero que esa parte masculina suya encaje con la mía femenina como un puzzle universal, y haga de contrapeso. Creo que es ésta la relación ideal. Y confío en no equivocarme.
De esta forma, quiero anunciar de manera oficial que a las ya consabidas inclinaciones pro-cubanas y comunistas de esta bitácora, se añade ahora una marcadamente pro-homosexual o, si ustedes prefieren, de libre albedrío sexual. He dicho.
Miau.

Primeramente, EL SEÑORITO MIAU NO ES UN HOMÓFOBO. Y pienso demostrarlo en este mismo post -mueca de asco por escribir post-. En segundo lugar, no sólo no soy un homófobo, sino que lo cierto es que me gustan los hombres...; bueno, las mujeres también. Pero vamos, que toco todos los palos. Diría que soy bisexual, pero además me gustan otras cosas que no me detendré en enumerar ahora por la profundidad del asunto. Por último, tengo que confesar que esta desgraciada circunstancia me está creando una gran desazón y pesadumbre en el alma, y es preciso que la solvente cuanto antes -suspiro de invertido angustiado-.
En relación a la homosexualidad, encuentro que no hay nada comparable a la noble amistad con un hombre sensible. Desde mi más tierna infancia, empecé a mostrar mis primeros síntomas de afeminamiento. Mi madre quería tener una niña, y supongo que eso redundó en mi desviado comportamiento. Además, mi fino rostro y la gentileza de mis formas, me conferían una apariencia verdaderamente femenil. Así, comenzaron a aflorar en mí unas delicadas maneras de mariposón que se acentuaron en la adolescencia, etapa de mi vida en la que tuvieron lugar mis primeras experiencias con el sexo no opuesto. Primero fue Christian, un chico de mi clase de ensortijados y rubios cabellos que me acompañaba todos los días a mi casa, pues vivíamos en la misma calle. Nos pasábamos el día riendo y cantando. Ciertamente me resultaba encantador ese muchacho; y era una maravilla que sus labios rojos de pétalo de rosa hubieran sido hechos tanto para el canto y la risa, como para la locura de los besos... Yo tenía quince años.
Más tarde, después de una serie de infortunios con varias muchachitas, conocí a un señor de Burgos muy distinguido y elegante, que resultó ser un millonario vicioso. No tardó en proponerme sexo a cambio de dinero. Nos solíamos ver en la trastienda de su negocio de muebles para mantener relaciones. Un día en el que nos encontrábamos allí, le pedí que me diera diez mil pesetas porque tenía una necesidad urgente. Él prometió dármelas, pero al concluir el acto me entregó las cinco mil de rigor. Por eso tuve que golpearle en el cuello con el canto de la mano. Cuando estaba en el suelo, fui a quitarle la cartera, pero entonces despertó y empezó a insultarme... ¡Él a mí! Así que agarré un sillón, le arranqué una pata y le di en la cabeza. Después lo estrangulé. Ahora, además de loca y puta, era una asesina. Y tan sólo con diecisiete años.
Tras una temporada de relax, estuve con otro hombre bastante mayor que yo. Esta relación fue muy distinta. Éramos como Jacinto y Apolo en la antigua Grecia. Nos sentíamos como los protagonistas de un soneto de Shakespeare. Se llamaba Eduardo y ahora puedo decir que fue el amor de mi vida. Desgraciadamente, murió de una extraña enfermedad a los treinta y cinco años.
Sí, lo confieso, soy maricón, pero me gusta. Las mujeres me habéis hecho así. Aunque, por otro lado, me encanta la idea de que se enamoren entre ellas y se casen. Espero que el aparato intelectual lésbico de estos blogs -Hester Prynne, Top, y demás-; y el no tan intelectual -Euria y afines-, me lo tenga en cuenta.
Ahora, como ya sabéis, estoy enamorado de la Sra. Miau, aunque mi esbelta y dorada alma camina entre constantes tribulaciones y mortales dudas. Por fortuna, ella es una chica bisexual, como yo; y espero que esa parte masculina suya encaje con la mía femenina como un puzzle universal, y haga de contrapeso. Creo que es ésta la relación ideal. Y confío en no equivocarme.
De esta forma, quiero anunciar de manera oficial que a las ya consabidas inclinaciones pro-cubanas y comunistas de esta bitácora, se añade ahora una marcadamente pro-homosexual o, si ustedes prefieren, de libre albedrío sexual. He dicho.
Miau.

Éste no es un post sobre sexo
Es sobre amor; sobre un amor purísimo y arrebatador que, por robar, me ha robado hasta el sueño, y ya no puedo seguir así...
Anoche, visitando el blog de Unpuntodebil, me llamó extraordinariamente la atención -cosa rara en mí- su contador de visitas, enamorándome, al punto, perdidamente de él (del contador, no de unpuntodebil; no obstante haber observado yo que este chico tiene un exquisito gusto y donaire). Sin embargo, este particular idilio empezó a complicarse enseguida; casi desde el mismo momento en que mi corazón comenzó a palpitar por ese delicioso contador. Diría incluso que me está costando sangre, sudor, y lágrimas, de no darse el hecho de que los seres purísimos y angelicales como yo no sudamos; en vez de sangre, nos corre Beaujolais por las venas, y nuestras lágrimas no son lágrimas en absoluto, sino champaña que resbala por nuestras mejillas. Pero sí; tengo que reconocer que me trae de cabeza...; y es que tiene una forma tan delicada..., un brillo tan sutil... I can't help falling in love..., como diría el Rey, que no los UB40 esos, que me parece que destrozan completamente la hermosa melodía de esa cancioncita.
Mi nuevo amor vive en www.supercounter.org y ayer, cuando fui a visitarlo, me trató muy despóticamente. Sin duda fue así. Aunque en un primer momento se mostraba amable y me invitaba, coqueto, a acercarme a él, pronto se reveló como un contadorcito caprichoso y huidizo, que no tardó demasiado tiempo en crisparme los nervios. Yo, tan acostumbrado a los romances placenteros, y más aún, complacientes, me encontré en una situación enteramente desconocida para mí que me inquietaba enormemente. Lo cierto es que desde hacía tiempo había estado buscando yo un contador que me brindara, desinteresadamente, las estadísticas de mi blog cada vez que lo solicitara; pero hasta ayer ninguno era de mi gusto. Eran todos muy sosos y no iban para nada con el color y el estilo de mi blog. Sin embargo, ahora estoy seguro de que cualquiera de esos contadores bajunos resultaría mucho más funcional y me daría menos quebraderos de cabeza; pero como siempre, tendemos a enamorarnos de los que nos ponen las cosas más difíciles...
A pesar de todo, mi heroica condición me impulsó a seguir adelante con todas las consecuencias. Así que después de entrar a la fuerza en su morada, de registrarme, obtuve el código. Yo pensaba que ahí residía su alma y que, teniendo dominio sobre el código, podría arrastrarlo a mí sin problemas. Pero no. No fue así en absoluto. En cuanto intenté introducir el código en el editor de plantillas -porque, aunque tengo nula experiencia en esto de los idilios informáticos, supuse que era en ese sitio donde debía hacerlo-, me dio error de sintaxis... ¡A mí! ¡Error de sintaxis! Cuán atrevidos son estos hijos de la ramera tecnología; estos fríos seres carentes de alma y repletos de numerajos obscenos... Pretenden darme lecciones de sintaxis a mí... No daba crédito a nada de lo que sucedía. Y sin embargo, una y otra vez volvía a burlarse de mí. Yo, mientras tanto, intentaba colocarlo de todas las formas posibles: delante de un div, detrás de un body, al abrigo de un html... Pero nada... Seguía esquivándome.
Desesperado, comencé a escribir e-mails para que alguien me ayudara. Primero a la Pilimindrina, que muy amablemente se había ofrecido a ayudarme en el tema de centrar imágenes. Pero ella, muy ducha en estas lides, me advirtió que no tocara nada, a la vez que me sugería que le escribiera a los de ya.com con objeto de que hicieran el trabajo por mí. ¡Pero no! Yo, en mi orgullo, seguía intentando conquistar a mi contadorcito, arrogarlo a mí y atraparlo en mis redes... Así descubrí el blog de Manuti, y siguiendo sus consejos intenté modificar el alma de mi amado; transformar ese oscuro código de HTML en XHTML; al parecer, un camino más sencillo y más comprensible para el corazón de mi blog, que es en definitiva el mío... Así lo hice con un artefacto llamado NoteTab Light. Pero volvía a estrellarme contra el muro de la indiferencia de mi príncipe azul (porque es azul, que no lo había dicho; lo elegí así para que fuese a juego con mi camisa). Así que le escribí a Azulica, que al parecer es toda una eminencia dentro de ese odioso arte que es la informática, en busca de algo de ayuda. También escribí, dentro de mi completo desquiciamiento, al webmaster de www.supercounter.org, al de ya.com, al Papa Benedicto XVI, a Jesús Puente, allí en el Cielo... Y esperando respuesta de todos ellos me encuentro.
Y espero de veras obtener algo positivo, porque si no os juro que me va a dar algo... Además, hago un llamamiento de emergencia, para todo aquél que entienda algo de estos oscuros asuntos, que tenga la infinita bondad de ayudarme... Aquí os desnudo a mi contadorcito, por si os sirve de algo:
(...)
Y decidme, ¿no es en verdad hermoso? A mí me tiene completamente loco. Miau.
Post Scriptum: bueno, pues finalmente no os lo puedo poner así, desnudito, porque da en la flor de descolocármelo todo. Pero yo amablemente se lo mando al correo a quien se preste, amablemente por su parte, a echarme una manita. Por eso no hay problema.
Anoche, visitando el blog de Unpuntodebil, me llamó extraordinariamente la atención -cosa rara en mí- su contador de visitas, enamorándome, al punto, perdidamente de él (del contador, no de unpuntodebil; no obstante haber observado yo que este chico tiene un exquisito gusto y donaire). Sin embargo, este particular idilio empezó a complicarse enseguida; casi desde el mismo momento en que mi corazón comenzó a palpitar por ese delicioso contador. Diría incluso que me está costando sangre, sudor, y lágrimas, de no darse el hecho de que los seres purísimos y angelicales como yo no sudamos; en vez de sangre, nos corre Beaujolais por las venas, y nuestras lágrimas no son lágrimas en absoluto, sino champaña que resbala por nuestras mejillas. Pero sí; tengo que reconocer que me trae de cabeza...; y es que tiene una forma tan delicada..., un brillo tan sutil... I can't help falling in love..., como diría el Rey, que no los UB40 esos, que me parece que destrozan completamente la hermosa melodía de esa cancioncita.
Mi nuevo amor vive en www.supercounter.org y ayer, cuando fui a visitarlo, me trató muy despóticamente. Sin duda fue así. Aunque en un primer momento se mostraba amable y me invitaba, coqueto, a acercarme a él, pronto se reveló como un contadorcito caprichoso y huidizo, que no tardó demasiado tiempo en crisparme los nervios. Yo, tan acostumbrado a los romances placenteros, y más aún, complacientes, me encontré en una situación enteramente desconocida para mí que me inquietaba enormemente. Lo cierto es que desde hacía tiempo había estado buscando yo un contador que me brindara, desinteresadamente, las estadísticas de mi blog cada vez que lo solicitara; pero hasta ayer ninguno era de mi gusto. Eran todos muy sosos y no iban para nada con el color y el estilo de mi blog. Sin embargo, ahora estoy seguro de que cualquiera de esos contadores bajunos resultaría mucho más funcional y me daría menos quebraderos de cabeza; pero como siempre, tendemos a enamorarnos de los que nos ponen las cosas más difíciles...
A pesar de todo, mi heroica condición me impulsó a seguir adelante con todas las consecuencias. Así que después de entrar a la fuerza en su morada, de registrarme, obtuve el código. Yo pensaba que ahí residía su alma y que, teniendo dominio sobre el código, podría arrastrarlo a mí sin problemas. Pero no. No fue así en absoluto. En cuanto intenté introducir el código en el editor de plantillas -porque, aunque tengo nula experiencia en esto de los idilios informáticos, supuse que era en ese sitio donde debía hacerlo-, me dio error de sintaxis... ¡A mí! ¡Error de sintaxis! Cuán atrevidos son estos hijos de la ramera tecnología; estos fríos seres carentes de alma y repletos de numerajos obscenos... Pretenden darme lecciones de sintaxis a mí... No daba crédito a nada de lo que sucedía. Y sin embargo, una y otra vez volvía a burlarse de mí. Yo, mientras tanto, intentaba colocarlo de todas las formas posibles: delante de un div, detrás de un body, al abrigo de un html... Pero nada... Seguía esquivándome.
Desesperado, comencé a escribir e-mails para que alguien me ayudara. Primero a la Pilimindrina, que muy amablemente se había ofrecido a ayudarme en el tema de centrar imágenes. Pero ella, muy ducha en estas lides, me advirtió que no tocara nada, a la vez que me sugería que le escribiera a los de ya.com con objeto de que hicieran el trabajo por mí. ¡Pero no! Yo, en mi orgullo, seguía intentando conquistar a mi contadorcito, arrogarlo a mí y atraparlo en mis redes... Así descubrí el blog de Manuti, y siguiendo sus consejos intenté modificar el alma de mi amado; transformar ese oscuro código de HTML en XHTML; al parecer, un camino más sencillo y más comprensible para el corazón de mi blog, que es en definitiva el mío... Así lo hice con un artefacto llamado NoteTab Light. Pero volvía a estrellarme contra el muro de la indiferencia de mi príncipe azul (porque es azul, que no lo había dicho; lo elegí así para que fuese a juego con mi camisa). Así que le escribí a Azulica, que al parecer es toda una eminencia dentro de ese odioso arte que es la informática, en busca de algo de ayuda. También escribí, dentro de mi completo desquiciamiento, al webmaster de www.supercounter.org, al de ya.com, al Papa Benedicto XVI, a Jesús Puente, allí en el Cielo... Y esperando respuesta de todos ellos me encuentro.
Y espero de veras obtener algo positivo, porque si no os juro que me va a dar algo... Además, hago un llamamiento de emergencia, para todo aquél que entienda algo de estos oscuros asuntos, que tenga la infinita bondad de ayudarme... Aquí os desnudo a mi contadorcito, por si os sirve de algo:
(...)
Y decidme, ¿no es en verdad hermoso? A mí me tiene completamente loco. Miau.
Post Scriptum: bueno, pues finalmente no os lo puedo poner así, desnudito, porque da en la flor de descolocármelo todo. Pero yo amablemente se lo mando al correo a quien se preste, amablemente por su parte, a echarme una manita. Por eso no hay problema.
Il Diavolo
La pasada noche, nos encontrábamos en el cuarto de estar de mi apartamento la Sra. Miau y una amiga suya, que decía tener ascendencia gitana, aunque era rubia y de ojos azules. Después de una deliciosa cena, y mientras bebíamos una botella de sauvignon blanc, la chica nos habló de que tenía una especie de gracia adivinatoria, y pretendía echarnos las cartas del tarot. Yo, tan enfant de mon siècle, me mostré en un principio contrario a ello; aunque a decir verdad, siempre me ha parecido muy interesante todo el mundo de la cartomancia, sus orígenes oscuros y místicos; y, en cierto modo, puede decirse que creo en todo eso...La amiga de la Sra. Miau, que llevaba unos zapatos de raso y cuero de Maud Frizon perfectamente horribles, sacó entonces una baraja de cartas del bolso, pero yo se la arranqué de las manos -se trataba de una baraja italiana, con una inscripción que decía Soprafino Tarocco, 1835 y que realmente daba la impresión de ser muy antigua- y le dije que ahora no teníamos ningún interés en escuchar su cháchara adivinatoria... Y enseguida, la Sra. Miau y su amiga, de nombre Marlene o Madeleine, se lo están haciendo en mi cama, mientras yo estoy sentado junto al futón, observándolas atentamente, variando la posición de sus cuerpos. Primero hago que la Sra. se tumbe de espaldas y levante las piernas, y luego empujo a la "adivina" por la cabeza hacia abajo y hago que le lama el coño -no que se lo chupe; que se lo lama como un perro con sed- mientras le manosea el clítoris; luego, con la otra mano, mete los dedos en el coño abierto y mojado, mientras la lengua reemplaza a los dedos. A continuación, hago que Miau se tumbe encima de Marlenedeine, o como coño se llame, y que le chupe y muerda los pechos, grandes e hinchados, que la propia Sra. también se acaricia, y luego les digo que se besen con fuerza y se ponen a saltar una encima de otra. La Sra. Miau gime ruidosamente y envuelve con sus piernas las caderas de la cíngara, dando sacudidas contra ella. Ésta se sienta y se da la vuelta, y mientras todavía sigue encima de mi Sra., aprieta la cara contra su coño anhelante y enseguida, como dos animales, las dos se ponen a chupar y manosear febrilmente el coño de la otra. Cuando yo me uno, hago que la rubia gitana se ponga unas botas negras de cuero con tacones altos de Henry Brendel. Por último, me las follo alternativamente a las dos, hasta que se corren.
Después de darnos los tres una ducha caliente, volvemos a estar sentados en el sofá de diseño de Louis Mouton de mi cuarto de estar. Allí, la brujita vuelve a sugerirme el rollo de las cartas. Y esta vez sí acepto. Tras explicarme con un vocabulario propio de una filistea el método que va a seguir, baraja las cartas y me dice que corte. Lo siguiente que hace es colocar tres cartas enfrente de mí y me indica que la de mi izquierda representa supuestamente mi pasado, la del centro mi presente, y la de la derecha del todo, mi futuro. Yo le digo que muy bien, que proceda. Y así lo hace.
Levanta entonces la carta de mi izquierda y aparecen "los Amantes", con una ilustración especialmente hermosa donde un joven imberbe está junto a una muchacha de cabellos rubios. Ambos se hallan al lado de un sacerdote que los contempla, mientras parecen intercambiar sus promesas. Sobre ellos, Cupido apunta con su flecha. Según mi brujita particular, es una carta que representa todo cuanto es esencial en el intercambio de amor y de afecto entre dos seres humanos; aunque, ajustando sus particulares designios a mi voluptuosa persona, me comentó que podría indicar la encrucijada entre el vicio y la virtud, entre los cuales debía elegir. Luego, buscando su significado adivinatorio, me he topado con distintas interpretaciones: belleza, perfección, armonía, pruebas superadas...; y por otra parte, engreimiento, anhelo, tentación... Sí, sin duda era mi carta.
En el presente, había una carta horrible que me asustó en un primer momento, aunque por otro lado me atraía de un modo morboso... Se trataba de la carta del Diablo, o Il Diavolo, como rezaba la inscripción de debajo. En ella se podía observar a un demonio cornudo con un grueso tridente de acero y rodeado de llamas. Seguidamente se me explicó que el Diablo es portador de muerte, ruina y miseria; símbolo de destrucción y malas intenciones, y que personifica al malvado, indiferente a todo y a todos. La carta simboliza malevolencia, autodestrucción, violencia, sexo, concupiscencia exacerbada... Y creo que habían vuelto a dar en el clavo. No obstante parecerme atractiva, me dejó un poco intranquilo en el sentido de que me situaba en una posición un tanto ambigua. Por una parte, me daba fuerza y estabilidad en el sentido material; y como dice la filosofía hindú, en esta era del Kali Yuga, donde gobierna la absoluta y total desespiritualización de todo, si no puedes elevarte, es mejor aferrarte a la tierra; y sin embargo, me estaba dejando a merced de un posible acontecimiento desgraciado o de una situación infeliz. Eso me desagradaba un poco. Que la cingarita con ínfulas de Le D'Encausse me dijera que tengo el alma podrida no suponía ninguna novedad para mí; pero que me advirtiera sobre el suceso devastador -presuntamente inminente- que anunciaba la carta, sí que me alteraba en cierta manera.Por último, la carta del Loco, Le Fou, il Matto... Ése era mi supuesto futuro. En el dibujo, un hombre, con gorro de bufón y peregrina indumentaria, vaga sin rumbo; sin preocuparse del perro que se le mete entre los pies. Lleva un sobrecuello horrible que atenta descaradamente con mi alta idea del buen gusto y hay un palo apoyado sobre su hombro izquierdo. En la mano derecha lleva un bastón y, despreocupado de todo, parece no reparar en la dirección hacia la que se mueve. Al parecer es una carta que significa, aparte de la locura en todas sus expresiones, extravagancia, frivolidad, exhibicionismo, impulsividad, ligereza, frenesí..., y una grave falta de disciplina. Y yo estuve nuevamente de acuerdo.
La verdad es que ignoro si en un futuro me volveré loco; sé, sin embargo, lo que fui en el pasado, y acepto irrevocablemente este presente demoníaco. Saludad, pues, al demonio, al hombre, al hijo de esta era de decadencia que ha venido, sencillamente, a llevar sus riendas. Y lo hace lo peor que puede. Miau.
Delicadeza, en la calle Tite
Querido mariposa:
Con ayuda de un diccionario biográfico, he descubierto que hubo en otro tiempo dos pintores, llamados Benjamín West y Paul Delaroche, que cometieron la ligereza de dar conferencias sobre Arte.
Como no ha sobrevivido nada de sus obras, deduzco de ello que se disolvieron en sus explicaciones.
Aproveche usted este aviso oportuno, querido M., y permanezca, como yo, incomprensible.
Ser grande es ser incomprensible.
Muy suyo,
Oscar Wilde.
Ayer, entre varios e-mails, recibí éste de mi querido amigo y mentor, Oscar Wilde, y me hizo reflexionar sobre varios puntos. Dostoievski me envió otro, pero me pareció demasiado farragoso e intelectual como para ponerlo aquí.
En primer lugar, noto que no tengo realmente necesidad de asegurar que no me propongo discutir los méritos o los defectos de mis comentarios, su personalidad o su falta de personalidad. Y esto viene a cuento de ciertos correos que me han llegado y donde se ponían en entredicho afirmaciones mías relativas al grosor y a la longitud de mi miembro viril, la dureza de mis músculos abdominales o la amplitud de mi deltoide posterior. Deduzco que toda esta serie de asechanzas sólo pueden ser concebidas por la mente enferma de un homosexual, que en su abyecta represión, se debate entre colgarme de mis testículos o engullirlos con avidez; puesto que siempre me he ofrecido generosamente a mostrar cada parte de mi cuerpo por web-cam, a aquél que lo ha solicitado; luego quien pone en duda tal cosa, es que no se ha avenido a hacerlo, prefiriendo masturbarse con la foto de mi perfil.
Por otra parte, debo reconocer que, ya sea por temperamento o por gusto, o por ambas cosas a la vez, soy completamente incapaz de comprender cómo puede uno situarse en un punto de vista moral para criticar un ensayo literario. Y esta vez lo digo por las cartitas en las que viene escrito en grandes letras rojas PARA EL HIJO DE PUTA PSICÓPATA, en las cuales se me se acusa de ser un violador de bebés, un demoníaco agitador de masas y otras lindeces similares. La verdad es que estoy mortalmente cansado de eso.
También hay algunos que hacen vagas y temibles insinuaciones a propósito de mi gramática y erudición. Ahora bien; en lo que a gramática se refiere, sostengo que, al menos en prosa, la corrección debe ir siempre subordinada al efecto artístico y a la cadencia musical, y si se encuentran algunas particularidades de sintaxis, han sido colocadas allí intencionadamente para mostrar el valor de la teoría artística en cuestión.
En lo referente a la erudición, siempre es difícil, aun para el más modesto de nosotros, acordarse de que otros no saben tanto como uno mismo. En cuanto a mí, lo confieso francamente, no puedo figurarme que una alusión a Saint-John Perse, hecha de pasada, sea de tal índole que pueda transformarse en una prueba de un deseo de impresionar a un público inocente, poco instruido, por medio de una exhibición de conocimientos superiores. Me figuro que el más vulgar de los letrados conoce perfectamente bien sus Elogios y su Anábasis, aunque los supongo obligados a leerlo en traducciones.
Por lo demás, creo que he desechado definitivamente la idea de abrirme, en cualquier sentido que se pueda imaginar, al entendimiento público y general y permaneceré, siguiendo los consejos de mi estimado Mister Wilde, enteramente incomprensible. Acabo con una deliciosa cita suya:
El primer deber en la vida es ser tan artificial como sea posible. En cuanto al segundo, aún no se ha descubierto.
Con ayuda de un diccionario biográfico, he descubierto que hubo en otro tiempo dos pintores, llamados Benjamín West y Paul Delaroche, que cometieron la ligereza de dar conferencias sobre Arte.
Como no ha sobrevivido nada de sus obras, deduzco de ello que se disolvieron en sus explicaciones.
Aproveche usted este aviso oportuno, querido M., y permanezca, como yo, incomprensible.
Ser grande es ser incomprensible.
Muy suyo,
Oscar Wilde.
Ayer, entre varios e-mails, recibí éste de mi querido amigo y mentor, Oscar Wilde, y me hizo reflexionar sobre varios puntos. Dostoievski me envió otro, pero me pareció demasiado farragoso e intelectual como para ponerlo aquí.
En primer lugar, noto que no tengo realmente necesidad de asegurar que no me propongo discutir los méritos o los defectos de mis comentarios, su personalidad o su falta de personalidad. Y esto viene a cuento de ciertos correos que me han llegado y donde se ponían en entredicho afirmaciones mías relativas al grosor y a la longitud de mi miembro viril, la dureza de mis músculos abdominales o la amplitud de mi deltoide posterior. Deduzco que toda esta serie de asechanzas sólo pueden ser concebidas por la mente enferma de un homosexual, que en su abyecta represión, se debate entre colgarme de mis testículos o engullirlos con avidez; puesto que siempre me he ofrecido generosamente a mostrar cada parte de mi cuerpo por web-cam, a aquél que lo ha solicitado; luego quien pone en duda tal cosa, es que no se ha avenido a hacerlo, prefiriendo masturbarse con la foto de mi perfil.
Por otra parte, debo reconocer que, ya sea por temperamento o por gusto, o por ambas cosas a la vez, soy completamente incapaz de comprender cómo puede uno situarse en un punto de vista moral para criticar un ensayo literario. Y esta vez lo digo por las cartitas en las que viene escrito en grandes letras rojas PARA EL HIJO DE PUTA PSICÓPATA, en las cuales se me se acusa de ser un violador de bebés, un demoníaco agitador de masas y otras lindeces similares. La verdad es que estoy mortalmente cansado de eso.
También hay algunos que hacen vagas y temibles insinuaciones a propósito de mi gramática y erudición. Ahora bien; en lo que a gramática se refiere, sostengo que, al menos en prosa, la corrección debe ir siempre subordinada al efecto artístico y a la cadencia musical, y si se encuentran algunas particularidades de sintaxis, han sido colocadas allí intencionadamente para mostrar el valor de la teoría artística en cuestión.
En lo referente a la erudición, siempre es difícil, aun para el más modesto de nosotros, acordarse de que otros no saben tanto como uno mismo. En cuanto a mí, lo confieso francamente, no puedo figurarme que una alusión a Saint-John Perse, hecha de pasada, sea de tal índole que pueda transformarse en una prueba de un deseo de impresionar a un público inocente, poco instruido, por medio de una exhibición de conocimientos superiores. Me figuro que el más vulgar de los letrados conoce perfectamente bien sus Elogios y su Anábasis, aunque los supongo obligados a leerlo en traducciones.
Por lo demás, creo que he desechado definitivamente la idea de abrirme, en cualquier sentido que se pueda imaginar, al entendimiento público y general y permaneceré, siguiendo los consejos de mi estimado Mister Wilde, enteramente incomprensible. Acabo con una deliciosa cita suya:
El primer deber en la vida es ser tan artificial como sea posible. En cuanto al segundo, aún no se ha descubierto.
Muerte a la cultura
Ayer, viendo de pasada Crónicas Marcianas para disfrutar, más que nada, contemplando el hundimiento, cómo se disolvía por fin el abominable adoctrinador progre, estuve escuchando a ese niño prodigio que anduvo en el candelabro hace cosa de cinco años, Carlos Blanco. Es impresionante ver como el tío, con veinte años que creo que tiene, diserta sobre la versatilidad del idioma minoico y los supuestos huecos de las teorías de Einstein, mientras habla del indescriptible placer que experimenta leyendo a Pushkin en ruso y resuelve jeroglíficos sin despeinarse. Es inevitable que uno se pregunte si quizá no ha perdido demasiado el tiempo en esta vida. Sin embargo, cuando algún soez personaje de ese programa, ahora no recuerdo si la loca obscena de la Izaguirre o el otro subnormal del imitador, le cuestionó al chico sobre su vida sexual, si era virgen, o si tenía novia, al menos, éste respondió que Leibniz y Kant nunca tuvieron pareja, y que además no les hacía falta.
En ese justo momento, sentí una terrible lástima por ese pequeño Sócrates, y al punto me vino a la cabeza un articulito de mi amigo, el Srto. Vaporetto, titulado La acotación de la cultura (http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/200507.htm#88), y me puse a reflexionar sobre todo ello. En primer lugar, sobre si realmente merecía la pena...; quiero decir, si verdaderamente sirve para algo... Pero me topaba una y otra vez con conclusiones negativas.
Yo admiro, en verdad os lo digo, a esos jóvenes iletrados que consumen finde tras finde sus hígados a base de litros de alcohol, destrozan sus tabiques con gramos y gramos de polvo blanco y mancillan su cuerpo follando en cualquier rincón de una discoteca. Eso es vivir. ¿A quién coño le importa tener la cultura de Aristóteles y escribir como Saint-John Perse? Yo canjearía en este mismo instante mi talento literario por unos cinco centimetrillos más de pene, llegar a esos maravillosos treinta que me convirtieran en un actor porno de fama internacional.
Y ahora pienso que verdaderamente sí he malgastado mi tiempo: he perdido muchas noches de sábado por quedarme en mi casa navegando entre las aventuras y desventuras del joven Werther. Qué absurdo error. Hacer el amor con una mujer bonita proporciona infinitamente más placer que leer toda la obra de Novalis. ¿Alguien puede dudar esto? No creo que lo haga ni ese Carlos Blanco. Él ya ha descubierto parte del gran secreto mientras manchaba de semen las, hasta entonces, impolutas hojas de su ejemplar con pastas bañadas en oro de La divina comedia.
No obstante, alguien tendría que decirle a ese pobre chico que se puede compaginar todo perfectamente. Platón se pasaba por la piedra a todos sus alumnos después de la clase de filosofía. Y ése tenía cultura de verdad; y a buen seguro más inteligencia. Porque la inteligencia representa también un punto importantísimo aquí. Yo siempre he tenido una deliciosa capacidad de mimetismo, y cuando he estado con una zorra tonta, me he puesto a su altura; me he comportado como un tonto. Pero como un tonto maquiavélico porque el fin justifica siempre los medios, y luego cubría mi objetivo y no pasaba nada...; yo seguía siendo el mismo, sólo que con un buen puñado de feromonas añadidas. Sin embargo, esos culturetillas no pueden nunca abandonar su sacrosanta imagen; sencillamente no se atreven -me pregunto retóricamente de qué tendrán miedo...- a descender a los bajos fondos, a las sentinas culturales. Y segunda vez que lo digo; en el país de los perros, es preciso andar como los perros. El inteligente sabe cuándo tiene que sacar todo su armamento -el intelectual y el otro- a relucir, y cuándo ha de esconderlo. No se puede ir por la vida siendo como el jodido repelente niño Vicente; eso sólo hace que te ganes el desprecio -porque el sujeto estúpido ante la incapacidad de apreciar, sólo puede despreciar- de los demás; que te veas solo, que te hagan el vacío en el cole como se lo hacían a ese pequeño genio, cuando no le escupían y/o daban collejas.
Freud decía que la única forma de ser feliz era siendo idiota o haciéndoselo. La cultura sólo provoca sufrimiento, angustia de ver cómo los demás son torpes y estúpidos; los extremos de bajeza a los que puede llegar el ser humano. Hay que librarse de esas cadenas, de esa cárcel del alma, pues todas esas ideas intelectuales no son sino cortapisas a nuestros sentimientos, a nuestros impulsos más naturales. Quiero que participéis todos de la orgía de la estulticia, donde no hay agujeros prohibidos. Quiero ver a mi querido Urteil, a mi querido Vaporetto, al comedor de pulpo, quiero veros a todos follando con cajeras del Carrefour; desgarrando sus coños analfabetos mientras os gritan con todas sus fuerzas "¡para, neng! ¡para, neng!"; y vosotros respondéis con un "pos va a ser que no".
Dios, qué liberador sería...
En ese justo momento, sentí una terrible lástima por ese pequeño Sócrates, y al punto me vino a la cabeza un articulito de mi amigo, el Srto. Vaporetto, titulado La acotación de la cultura (http://blogs.ya.com/enelojodelhuracan/200507.htm#88), y me puse a reflexionar sobre todo ello. En primer lugar, sobre si realmente merecía la pena...; quiero decir, si verdaderamente sirve para algo... Pero me topaba una y otra vez con conclusiones negativas.
Yo admiro, en verdad os lo digo, a esos jóvenes iletrados que consumen finde tras finde sus hígados a base de litros de alcohol, destrozan sus tabiques con gramos y gramos de polvo blanco y mancillan su cuerpo follando en cualquier rincón de una discoteca. Eso es vivir. ¿A quién coño le importa tener la cultura de Aristóteles y escribir como Saint-John Perse? Yo canjearía en este mismo instante mi talento literario por unos cinco centimetrillos más de pene, llegar a esos maravillosos treinta que me convirtieran en un actor porno de fama internacional.
Y ahora pienso que verdaderamente sí he malgastado mi tiempo: he perdido muchas noches de sábado por quedarme en mi casa navegando entre las aventuras y desventuras del joven Werther. Qué absurdo error. Hacer el amor con una mujer bonita proporciona infinitamente más placer que leer toda la obra de Novalis. ¿Alguien puede dudar esto? No creo que lo haga ni ese Carlos Blanco. Él ya ha descubierto parte del gran secreto mientras manchaba de semen las, hasta entonces, impolutas hojas de su ejemplar con pastas bañadas en oro de La divina comedia.
No obstante, alguien tendría que decirle a ese pobre chico que se puede compaginar todo perfectamente. Platón se pasaba por la piedra a todos sus alumnos después de la clase de filosofía. Y ése tenía cultura de verdad; y a buen seguro más inteligencia. Porque la inteligencia representa también un punto importantísimo aquí. Yo siempre he tenido una deliciosa capacidad de mimetismo, y cuando he estado con una zorra tonta, me he puesto a su altura; me he comportado como un tonto. Pero como un tonto maquiavélico porque el fin justifica siempre los medios, y luego cubría mi objetivo y no pasaba nada...; yo seguía siendo el mismo, sólo que con un buen puñado de feromonas añadidas. Sin embargo, esos culturetillas no pueden nunca abandonar su sacrosanta imagen; sencillamente no se atreven -me pregunto retóricamente de qué tendrán miedo...- a descender a los bajos fondos, a las sentinas culturales. Y segunda vez que lo digo; en el país de los perros, es preciso andar como los perros. El inteligente sabe cuándo tiene que sacar todo su armamento -el intelectual y el otro- a relucir, y cuándo ha de esconderlo. No se puede ir por la vida siendo como el jodido repelente niño Vicente; eso sólo hace que te ganes el desprecio -porque el sujeto estúpido ante la incapacidad de apreciar, sólo puede despreciar- de los demás; que te veas solo, que te hagan el vacío en el cole como se lo hacían a ese pequeño genio, cuando no le escupían y/o daban collejas.
Freud decía que la única forma de ser feliz era siendo idiota o haciéndoselo. La cultura sólo provoca sufrimiento, angustia de ver cómo los demás son torpes y estúpidos; los extremos de bajeza a los que puede llegar el ser humano. Hay que librarse de esas cadenas, de esa cárcel del alma, pues todas esas ideas intelectuales no son sino cortapisas a nuestros sentimientos, a nuestros impulsos más naturales. Quiero que participéis todos de la orgía de la estulticia, donde no hay agujeros prohibidos. Quiero ver a mi querido Urteil, a mi querido Vaporetto, al comedor de pulpo, quiero veros a todos follando con cajeras del Carrefour; desgarrando sus coños analfabetos mientras os gritan con todas sus fuerzas "¡para, neng! ¡para, neng!"; y vosotros respondéis con un "pos va a ser que no".
Dios, qué liberador sería...
Sobre pies

¿Os gustan los pies? A mí me parecen partes muy atractivas y sexys; esos deditos con sus uñitas. Las uñas pintadas de negro, pero no de ese negro vulgar de zapato de plataforma, sino del negro del b/n. Unos pies de los años cuarenta. También me pone mucho un azul intenso, como el de la Sra. Miau.
Lo cierto es que tengo una especie de atracción morbosa por los pies; en realidad me fijo mucho, y cuando estoy con una chica tengo una lucha interna por no mirárselos por temor a que me desilusionen. Una chica con unos pies que no sean lo suficientemente bonitos para mi gusto, puede echarme para atrás. Da igual que tenga una cara perfecta y esté muy buena, si no me gustan sus pies no podría follármela. Y es que yo soy incapaz de practicar sexo sin dedicarle un ratito de atención a esa exquisita parte.
Además, esta afición mía ya es conocida por varios participantes de estos blogs. Una tal Euria me bloqueó la IP en su página porque puso una foto de sus pies -horribles-, y yo en consecuencia me quejé criticándolos. No me pude resistir. El impacto visual que me producen unos pies feos es algo sumamente desagradable que difícilmente puedo soportar.
Otra cosa que tengo que decir es que detesto el llamado pie romano (aquél en que los dedos representan un tercio de la extensión total, y en que el gordo, el de al lado y el de al lado de éste tienen la misma extensión produciéndose una ligera disminución de la extensión en los dos siguientes. Supuestamente los romanos -pero los de Roma de verdad- los tenían así y tuvieron que empezar a calzar sandalias descubiertas porque el calzado que fabricaban los etruscos les apretaba mucho), y aquél donde el dedo de al lado del gordo es más largo que éste.
De todas formas, es verdad que esta fijación se hace más notable ahora en verano, cuando todas las chicas llevan sandalias y van mostrando sus piececitos por todas partes. En otras épocas del año me dedico más a los zapatos. Creo que son mi fetiche. Y no es sólo atracción por los zapatos de tacón alto, la llamada altocalcifilia; sino que me interesa todo tipo de calzado. Aunque en realidad sólo me gusta contemplarlos; no he llegado nunca al extremo de lamerlos, metérmelos en la boca o correrme dentro de ellos.
Dorados, barra rococó, fondo de nácar rosa, moqueta roja y unos zapatos bonitos y caros que la pisan delicadamente avanzando hacia mí. Chispas verdes explotan detrás de mis ojos y un dulce dolor de muelas se me dispara en el cuello, recorriendo la columna vertebral y llegando hasta la ingle. Qué deliciosa fantasía.
En el Gimnasio
Hace un par de noches, mientras mostraba por web-cam mi cuerpo desnudo a una fulanilla que me había añadido, me surgió la idea de hacer este post. La tipa, después de deshacerse en halagos a mi cuerpo y a mi blog, me preguntó si iba a algún gimnasio, que cómo era posible que tuviera un cuerpo tan atractivo. Así que voy a escribir sobre ello.
El gimnasio al que acudo, Xclusive, es privado y está situado muy cerca de mi apartamento. El club tiene diez pistas de tenis y squash, cuatro estudios de baile para aeróbic, dos piscinas, sauna, cámaras de vapor, un solárium y varias mesas de bronceado. La cuota de socio asciende a cinco mil euros anuales.
La última vez que acudí a él fue ayer sábado, y ahora me dispongo a relatar todo lo que allí sucedió:
Tras saludar a esa chica bajita y regordeta que está enamorada de mí, Paula, entro en el vestuario provisto de aire acondicionado -gracias a Dios-, donde me quito la ropa. Me pongo unos shorts negros de algodón y lycra que llevo en el attaché, y conecto mi reproductor de mp3, sujetándolo a los shorts y poniéndome los auriculares en los oídos. Escucho una selección de Suede, que grabé del pc el otro día. Me miro al espejo antes de entrar al gimnasio y, poco sastisfecho, vuelvo al attaché en busca de espuma para mantener el pelo peinado hacia atrás. Satisfecho, subo el volumen del mp3 -suena Trash- y salgo del vestuario.
Lo primero que hago allí es dirigirme al Stairmaster, para trabajar los músculos desde la pelvis hasta las rodillas. Tras quemar lo que creo que son suficientes calorías, y aliviar un poco la tensión, decido hacer algo de estiramientos, pero abandono la idea cuando veo que tengo que hacer cola -ya hay un maricón detrás de mí, probablemente mirándome atentamente la espalda, el culo, los músculos de las piernas...-. Hoy no hay tías buenas en el gimnasio, sólo un gran puñado de maricones.
Me decanto, pues, por dirigirme a los aparatos Nautilus. Antes tenía un monitor personal, que me recomendó mi amigo G -el que pidió en el restaurante el venado con salsa de yogur y brotes de polipodio con trocitos de mango-, pero quiso ligar conmigo hace un mes y decidí seguir mi propio programa de entrenamiento que incluye ejercicios de aeróbic y aparatos. Con las pesas alterno entre las propias pesas y los aparatos que utilizan resistencias hidráulicas y neumáticas. En estos últimos, me dedico a hacer repeticiones de piernas, espalda, bíceps, deltoides traseros y delanteros y pecho. Para los tríceps hago tres tandas de agarre de cables con pesas y levantamientos de pesas directos. Después de unos ejercicios de estiramiento para enfriarme, tomo una rápida ducha caliente, y me dirijo a la sala de masajes, donde una chinita muy sonriente me da un intenso masaje shiatsu.
Ahora me encuentro tumbado en la mesa de una de las salas privadas esperando a Heike, la especialista en mi piel, para que me haga un tratamiento facial. La bata que tengo que ponerme yace en el suelo, junto a la ducha, pues quiero que Heike se fije en mi cuerpo, en mi pecho, que vea lo tremendos que se me han puesto los abdominales desde la última vez que estuve aquí. La puerta de la sala privada se abre y una chica a la que no he visto anteriormente entra, y con los ojos semicerrados puedo ver que es joven y tiene un aspecto estupendo. Sonríe, se sienta en una silla a mis pies e inicia la pedicura. Apaga la luz del techo y la sala queda a oscuras, exceptuando unas luces halógenas, situadas estratégicamente, que se encargan de iluminar mis pies, manos y cara. Heike me pasa un algodón húmedo por la nariz y se inclina sobre mi cara para examinarme los poros. Me abandono, cerrando los ojos, mientras una versión en música ambiental de Be my baby me invita a pensar sólo en cosas agradables.
Y así, sumido en esa placentera nube, llevo desde ayer. Qué maravilloso es todo...
El gimnasio al que acudo, Xclusive, es privado y está situado muy cerca de mi apartamento. El club tiene diez pistas de tenis y squash, cuatro estudios de baile para aeróbic, dos piscinas, sauna, cámaras de vapor, un solárium y varias mesas de bronceado. La cuota de socio asciende a cinco mil euros anuales.
La última vez que acudí a él fue ayer sábado, y ahora me dispongo a relatar todo lo que allí sucedió:
Tras saludar a esa chica bajita y regordeta que está enamorada de mí, Paula, entro en el vestuario provisto de aire acondicionado -gracias a Dios-, donde me quito la ropa. Me pongo unos shorts negros de algodón y lycra que llevo en el attaché, y conecto mi reproductor de mp3, sujetándolo a los shorts y poniéndome los auriculares en los oídos. Escucho una selección de Suede, que grabé del pc el otro día. Me miro al espejo antes de entrar al gimnasio y, poco sastisfecho, vuelvo al attaché en busca de espuma para mantener el pelo peinado hacia atrás. Satisfecho, subo el volumen del mp3 -suena Trash- y salgo del vestuario.
Lo primero que hago allí es dirigirme al Stairmaster, para trabajar los músculos desde la pelvis hasta las rodillas. Tras quemar lo que creo que son suficientes calorías, y aliviar un poco la tensión, decido hacer algo de estiramientos, pero abandono la idea cuando veo que tengo que hacer cola -ya hay un maricón detrás de mí, probablemente mirándome atentamente la espalda, el culo, los músculos de las piernas...-. Hoy no hay tías buenas en el gimnasio, sólo un gran puñado de maricones.
Me decanto, pues, por dirigirme a los aparatos Nautilus. Antes tenía un monitor personal, que me recomendó mi amigo G -el que pidió en el restaurante el venado con salsa de yogur y brotes de polipodio con trocitos de mango-, pero quiso ligar conmigo hace un mes y decidí seguir mi propio programa de entrenamiento que incluye ejercicios de aeróbic y aparatos. Con las pesas alterno entre las propias pesas y los aparatos que utilizan resistencias hidráulicas y neumáticas. En estos últimos, me dedico a hacer repeticiones de piernas, espalda, bíceps, deltoides traseros y delanteros y pecho. Para los tríceps hago tres tandas de agarre de cables con pesas y levantamientos de pesas directos. Después de unos ejercicios de estiramiento para enfriarme, tomo una rápida ducha caliente, y me dirijo a la sala de masajes, donde una chinita muy sonriente me da un intenso masaje shiatsu.
Ahora me encuentro tumbado en la mesa de una de las salas privadas esperando a Heike, la especialista en mi piel, para que me haga un tratamiento facial. La bata que tengo que ponerme yace en el suelo, junto a la ducha, pues quiero que Heike se fije en mi cuerpo, en mi pecho, que vea lo tremendos que se me han puesto los abdominales desde la última vez que estuve aquí. La puerta de la sala privada se abre y una chica a la que no he visto anteriormente entra, y con los ojos semicerrados puedo ver que es joven y tiene un aspecto estupendo. Sonríe, se sienta en una silla a mis pies e inicia la pedicura. Apaga la luz del techo y la sala queda a oscuras, exceptuando unas luces halógenas, situadas estratégicamente, que se encargan de iluminar mis pies, manos y cara. Heike me pasa un algodón húmedo por la nariz y se inclina sobre mi cara para examinarme los poros. Me abandono, cerrando los ojos, mientras una versión en música ambiental de Be my baby me invita a pensar sólo en cosas agradables.
Y así, sumido en esa placentera nube, llevo desde ayer. Qué maravilloso es todo...
Ça a drôlement changé chez toi!
Un cambio radical, sí. Pero que nadie se alarme: sólo a nivel visual.
Mis queridos blog-espectadores podrán seguir disfrutando de los mismos contenidos constructivos y enriquecedores de siempre.
Así que tras el parón de ayer -silencio obligado por el octavo aniversario de la muerte de Gianni Versace-, nos disponemos a seguir con el programa.
Besitos.
P.D.: También he cambiado el nombre de mi firma, en honor a mi gata, la Srta. Miau, fallecida hace hoy un año.
Desde aquí, le dedico su canción preferida, el célebre pasaje de Carmen de Bizet, la Habanera:
L'amour est un oiseau rebelle
Que nul ne peut apprivoiser,
Et c'est bien en vain qu'on l'appelle
S'il lui convient de refuser.
Rien n'y fait menace ou prière,
L'un parle bien, l'autre se tait,
Et c'est l'autre que je préfère,
Il n'a rien dit mais il me plaît.
L'amour est enfant de Bohème,
Il n'a jamais jamais connu de loi,
Si tu ne m'aimes pas je t'aime,
Si je t'aime prends garde à toi.
Mis queridos blog-espectadores podrán seguir disfrutando de los mismos contenidos constructivos y enriquecedores de siempre.
Así que tras el parón de ayer -silencio obligado por el octavo aniversario de la muerte de Gianni Versace-, nos disponemos a seguir con el programa.
Besitos.
P.D.: También he cambiado el nombre de mi firma, en honor a mi gata, la Srta. Miau, fallecida hace hoy un año.
Desde aquí, le dedico su canción preferida, el célebre pasaje de Carmen de Bizet, la Habanera:
L'amour est un oiseau rebelle
Que nul ne peut apprivoiser,
Et c'est bien en vain qu'on l'appelle
S'il lui convient de refuser.
Rien n'y fait menace ou prière,
L'un parle bien, l'autre se tait,
Et c'est l'autre que je préfère,
Il n'a rien dit mais il me plaît.
L'amour est enfant de Bohème,
Il n'a jamais jamais connu de loi,
Si tu ne m'aimes pas je t'aime,
Si je t'aime prends garde à toi.
La comida
Deben de ser las tres de la tarde y hoy también hace un calor espantoso. Estoy sudando y un poco nervioso por la posibilidad de que se me haya estropeado el look. De modo que paso la mano por mi pelo peinado hacia atrás y trato de tranquilizarme un poco.
Estoy con G, L y F intentando encontrar un restaurante decente para comer algo. G también está furioso y tiene la cara roja. Murmura constantemente cosas ininteligibles acerca de la gente que se cruza con nosotros a toda prisa. Pasa una tía con un vestido rojo de, creo, Óscar de la Renta, tetas grandes y buen culo, y ahora sí distingo perfectamente cómo habla con F sobre la segura exquisitez del coño de esa fulana.
Por fin entramos en H, aunque yo me muestro un poco reticente porque B está sólo un par de calles más abajo, y me apetece probar el nuevo sorbete especial del que me ha hablado J esta mañana; pero no vuelvo a protestar porque entramos y todo empieza a ir como la seda. Tenemos una bonita mesa y el maître ha mandado cuatro Bellini obsequio de la casa, pero de todos modos pedimos unas copas. Diana Ross canta The Boss, nuestra camarera es una tía buena, y hasta F parece estar tranquilo aunque, al igual que yo, detesta el lugar. Además, hay tres mujeres sentadas en la mesa de enfrente, todas muy guapas -rubias, grandes tetas: una lleva un vestido camisero de Calvin Klein, otra una falda simétrica de tul con pliegues, aparte de zapatos de tacón alto de Sidonie Larizzi, y la última un vestido naranja con lentejuelas sin tirantas de, creo, Christian Lacroix-. Ahora suena Roxy Music, Angel Eyes por los altavoces, y el sistema de sonido es tan fuerte, que tenemos que gritar prácticamente para pedirle a la camarera que está tan buena -vestido de dos colores con adornos de pasamanería de Myrone de Prémonville y sandalias blancas de Brooks Brothers y, estoy casi seguro, coquetea conmigo-: se ríe de modo sexy cuando le pido, de primero, el ceviche de cazón y calamar con caviar dorado; me lanza una mirada tan encendida, tan penetrante, cuando pido el pastel de carne con salsa verde de tomatillo, que tengo que mirar el Bellini rosa de la copa de champagne con expresión interesada..., grave, para que no crea que estoy..., demasiado interesado. F pide las tapas y luego el venado con salsa de yogur y brotes de polipodio con trocitos de mango. G pide el sashimi con queso de cabra y luego el plato ahumado con endibias y sirope de arce. L toma los embutidos al gratén y el salmón a la plancha con vinagre de frambuesa y guacamole.
Durante unos minutos observo los zapatos perforados de Allen-Emonds que lleva G, y pienso que cómo es posible que un imbécil como él tenga tan buen gusto. Levanto la mirada y observo que F no le quita el ojo de encima a una tía que hay de pie en la mesa de al lado. Yo la miro de arriba abajo, y aunque sus rodillas sostienen unas piernas largas y morenas, no puedo evitar darme cuenta de que una de las rodillas es, evidentemente, mayor que la otra. La rodilla izquierda es más saliente, y casi imperceptiblemente más delgada que la derecha, y este defecto es algo que me parece insoportable, por lo que pierdo todo el interés, y dejo a F, que al parecer no lleva bien graduadas sus gafas Oliver Peoples, mirándola como un estúpido. Mientras tanto, llegan cuatro Bellini más, con lo que ahora hay ocho sobre la mesa. Con la cara roja, derramo mi Bellini sobre la mesa y cuando alzo la vista han llegado ya nuestros primeros platos.
Después de un largo silencio durante el que contemplamos nuestros platos, cojo un trozo de cazón con el tenedor, le pongo un poco de caviar dorado y luego dejo el tenedor. L ve a otra camarera que se acerca con una bandeja con cuatro copas de champagne que contienen un líquido rosa y exclama: "por el amor de Dios, esto es absurdo..."; de modo que la cojo del brazo para acercarla a mí. Ella titubea, pero yo le sonrío, y me permite acercarla más. Y le empiezo a explicar: "mira, guapa, ahora aquí vamos a almorzar agradablemente y..., somos buenos clientes de este restaurante y probablemente pidamos un buen coñac, o brandy, quién sabe, y queremos estar tranquilos y disfrutar del... ambiente. Y -mientras cojo mi cartera de piel de gacela- nos gustaría paladear unos buenos puros habanos después y no queremos que nos moleste ninguna... palurda, o cualquier cliente o turista desconsiderado que inevitablemente va a quejarse de nuestras inocuas costumbres... Así que -pongo disimuladamente lo que espero que sean cincuenta euros en una mano de dedos pequeños- Si me garantizas que no van a molestarnos mientras comemos, te lo agradecería mucho. -Aprieto la mano, cerrándole el puño con el billete-. Y si se queja alguien, bueno... -hago una pausa, luego advierto amenazadoramente-, pues lo echamos a patadas". La chica asiente y comienza a alejarse con una expresión aturdida en la cara.
Miro a O que está sentado en una mesa con tres chicos -uno de los cuales podría ser T: tirantes, pelo peinado hacia atrás, gafas de montura de asta-, todos ellos tomando champagne. De pronto, aparece un camarero y, sin preguntar si hemos terminado, se lleva nuestros primeros platos, que casi no hemos tocado. Nadie se queja; se los ha llevado porque nuestras raciones son tan pequeñas que probablemente ha creído que habíamos terminado. Nuestros segundos platos llegan casi inmediatamente y nos ponemos a comer. Miro mi plato. El pastel de carne es un hexágono amarillento rodeado de lonchas de salmón ahumado, con dibujitos retorcidos de salsa de tomatillo rodeando artísticamente el plato. Otra camarera que está muy buena se nos acerca muy decidida, trayendo una botella de champagne Perrier-Jouët, que no es de reserva, y nos dice que es un obsequio de R, que saluda desde una mesa del fondo. Permanecemos sentados en silencio mientras la tía buena sirve el champagne. Una vez que se ha ido, L pregunta si nos gusta la comida. Le digo que el pastel de carne estaba bien, pero que tenía demasiada salsa de tomatillo. G regresa, murmurando: "no tienen un buen servicio para meterse una línea". F sugiere tomar algo de postre, pero no le prestamos atención. Pregunto si pedimos la cuenta; es hora de dedicarse al ojeo.
La tía buena trae la cuenta. El total son 463 euros, mucho menos de lo que esperábamos. La pagamos entre todos, pero necesitamos dinero en efectivo, así que saco mi Visa Oro y cojo sus billetes, en su mayoría de cincuenta euros y muy nuevos. L pide que le devolvamos diez euros, pues sus embutidos al gratén sólo costaban dieciséis. La botella de champagne de R queda en la mesa, sin beber.
La cena, otro día.
Monday Morning
Bien, en un intento -aun ignoro si vano o no- de amoldamiento a la línea general imperante en estos blogs, he decidido resumir brevemente aquí lo que he hecho esta mañana, desde que las luces del azul radiante de este caluroso día de verano penetraran en mi piso.
Allá voy.
Abro los ojos y no estoy seguro de si la hora que marca el despertador digital Sony es correcta, conque tengo que sentarme y mirar la parpadeante hora del vídeo DVD, luego coger mi móvil Nokia 7260 y marcar el número del servicio de la hora. Me dicen que son las 11:28.
En la cama, llevo puesto un pijama de seda Ralph Lauren, y cuando me levanto me pongo una bata de tela escocesa y me dirijo al cuarto de baño. Después de cambiarme, poniéndome unos pantalones de boxeador de Tommy Hilfiger, y deslizar mis pies dentro de unas zapatillas de seda de Enrico Hidolin, me sujeto una bolsa de hielo de plástico a la cara e inicio los ejercicios de estiramiento de la mañana. Después me pongo delante de un lavabo de cromo acrílico y contemplo mi reflejo con la bolsa de hielo todavía puesta. Me cepillo los dientes y uso hilo dental. Me enjuago con Listerine. Luego me miro las manos y uso un cepillo de uñas. Me quito la bolsa de hielo y uso una loción limpiadora y dilatadora de poros, luego una máscara facial de hierba de menta que me dejo puesta diez minutos. Me la quito con una esponjita renovadora, también de menta. La ducha de latón australiano dorado y negro está cubierta por una terminación de esmalte blanco. Allí, primero uso un gel limpiador, luego un limpiador corporal de miel y almendra, y, para la cara, un gel exfoliador. Para el cabello, complejo nutriente Greune con D-panthenol, que es especialmente bueno para proteger el cuero cabelludo; y acondicionador con tecnología de silicona que no da volumen al pelo.
Una vez fuera de la ducha, y después de secarme con la toalla, me pongo otros shorts de Polo y, antes de afeitarme, me aplico una toallita caliente en la cara durante dos minutos para ablandar la barba. Luego me pongo un hidratante de Clinique y lo dejo actuar durante un minuto. Puedes quitártelo o dejarlo y aplicar la crema de afeitar encima, algo que evita que el agua se evapore y reduce la fricción entre la piel y la hoja de afeitar. Las patillas y la barbilla las dejo para el final, pues son más duras y necesitan más tiempo para ablandarse. Enjuago la hoja y quito el exceso de agua antes de empezar. Después me echo agua fría en la cara para eliminar cualquier resto de espuma. Me aplico el tonificante antibacteriano sin alcohol con un algodón humedecido para normalizar la piel. Aplicar el hidratante es el paso final. Luego, me enjuago la cara con agua antes de aplicar una loción emoliente para suavizar la piel y una loción clarificadora que elimina las escamitas y descubre la piel más fina. Ahora me aplico un bálsamo anti-edad de ojos, seguido de una loción final humidificadora protectora. Siempre uso una loción para el cuero cabelludo después de secarme el pelo con la toalla. Lo ahueca un poco y le da firmeza -pero sin dejarlo pegajoso-, y luego añado más loción, dándole forma al pelo con un cepillo de cerda natural. Por fin me lo peino hacia atrás con un peine de dientes anchos.
Luego me dirijo al cuarto de estar y pongo el Dark Side of the Moon de Pink Floyd en el lector de CD. Recojo el ejemplar del Expansión que han dejado en la puerta y lo llevo a la cocina, donde tomo un complejo vitamínico y una tableta de potasio, tragándolos con una botella grande de agua de Vichy, y tomo el zumo de limón y pomelo. Miro el reloj de neón de encima de la nevera para asegurarme de que tengo tiempo suficiente para desayunar sin prisa. De pie en la cocina, me como un kiwi y una peramanzana japonesa -cuestan 5 euros cada una- y saco un bollo de salvado, un sobrecito de té de hierbas y una caja de avena y salvado de uno de los armarios con puertas de cristal, completados con estantes de acero inoxidable y metal soplado con arena. Me como la mitad del bollo de salvado después de pasarlo por el microondas y ligeramente cubierto por una leve capa de mantequilla de manzana. Sigue un tazón de avena y salvado con germen de trigo y leche de soja; otra botella de agua mineral y una taza pequeña de té descafeinado.
El traje que me pongo hoy es de Canali Milano. Es un traje ligero de lino con solapas blandas de unos diez centímetros de ancho con las puntas terminando cerca de las hombreras. Los bolsillos tienen un diseño de doble ancho. Cuatro botones forman un cuadrado en el delantero; encima de él, hacia donde se cruzan las solapas, hay dos botones más. Los pantalones tienen profundos pliegues y caen sueltos con objeto de continuar el vuelo de la ancha chaqueta. La camisa de algodón y la corbata de seda son de Valentino Couture. Los zapatos son mocasines de cocodrilo de A. Testoni.
Abro el armario del vestíbulo y encuentro un pañuelo de cuello Burberry. Lástima que hoy haga tanto calor. Cojo el ascensor y bajo al portal, mientras le doy cuerda a mi reloj Rolex haciendo pequeños movimientos de muñeca. Le digo buenos días al portero, salgo y llamo a un taxi, dirigiéndome a la oficina.
Lo que viene después, ya lo contaré en siguientes entregas...
Besitos.
Allá voy.
Abro los ojos y no estoy seguro de si la hora que marca el despertador digital Sony es correcta, conque tengo que sentarme y mirar la parpadeante hora del vídeo DVD, luego coger mi móvil Nokia 7260 y marcar el número del servicio de la hora. Me dicen que son las 11:28.
En la cama, llevo puesto un pijama de seda Ralph Lauren, y cuando me levanto me pongo una bata de tela escocesa y me dirijo al cuarto de baño. Después de cambiarme, poniéndome unos pantalones de boxeador de Tommy Hilfiger, y deslizar mis pies dentro de unas zapatillas de seda de Enrico Hidolin, me sujeto una bolsa de hielo de plástico a la cara e inicio los ejercicios de estiramiento de la mañana. Después me pongo delante de un lavabo de cromo acrílico y contemplo mi reflejo con la bolsa de hielo todavía puesta. Me cepillo los dientes y uso hilo dental. Me enjuago con Listerine. Luego me miro las manos y uso un cepillo de uñas. Me quito la bolsa de hielo y uso una loción limpiadora y dilatadora de poros, luego una máscara facial de hierba de menta que me dejo puesta diez minutos. Me la quito con una esponjita renovadora, también de menta. La ducha de latón australiano dorado y negro está cubierta por una terminación de esmalte blanco. Allí, primero uso un gel limpiador, luego un limpiador corporal de miel y almendra, y, para la cara, un gel exfoliador. Para el cabello, complejo nutriente Greune con D-panthenol, que es especialmente bueno para proteger el cuero cabelludo; y acondicionador con tecnología de silicona que no da volumen al pelo.
Una vez fuera de la ducha, y después de secarme con la toalla, me pongo otros shorts de Polo y, antes de afeitarme, me aplico una toallita caliente en la cara durante dos minutos para ablandar la barba. Luego me pongo un hidratante de Clinique y lo dejo actuar durante un minuto. Puedes quitártelo o dejarlo y aplicar la crema de afeitar encima, algo que evita que el agua se evapore y reduce la fricción entre la piel y la hoja de afeitar. Las patillas y la barbilla las dejo para el final, pues son más duras y necesitan más tiempo para ablandarse. Enjuago la hoja y quito el exceso de agua antes de empezar. Después me echo agua fría en la cara para eliminar cualquier resto de espuma. Me aplico el tonificante antibacteriano sin alcohol con un algodón humedecido para normalizar la piel. Aplicar el hidratante es el paso final. Luego, me enjuago la cara con agua antes de aplicar una loción emoliente para suavizar la piel y una loción clarificadora que elimina las escamitas y descubre la piel más fina. Ahora me aplico un bálsamo anti-edad de ojos, seguido de una loción final humidificadora protectora. Siempre uso una loción para el cuero cabelludo después de secarme el pelo con la toalla. Lo ahueca un poco y le da firmeza -pero sin dejarlo pegajoso-, y luego añado más loción, dándole forma al pelo con un cepillo de cerda natural. Por fin me lo peino hacia atrás con un peine de dientes anchos.
Luego me dirijo al cuarto de estar y pongo el Dark Side of the Moon de Pink Floyd en el lector de CD. Recojo el ejemplar del Expansión que han dejado en la puerta y lo llevo a la cocina, donde tomo un complejo vitamínico y una tableta de potasio, tragándolos con una botella grande de agua de Vichy, y tomo el zumo de limón y pomelo. Miro el reloj de neón de encima de la nevera para asegurarme de que tengo tiempo suficiente para desayunar sin prisa. De pie en la cocina, me como un kiwi y una peramanzana japonesa -cuestan 5 euros cada una- y saco un bollo de salvado, un sobrecito de té de hierbas y una caja de avena y salvado de uno de los armarios con puertas de cristal, completados con estantes de acero inoxidable y metal soplado con arena. Me como la mitad del bollo de salvado después de pasarlo por el microondas y ligeramente cubierto por una leve capa de mantequilla de manzana. Sigue un tazón de avena y salvado con germen de trigo y leche de soja; otra botella de agua mineral y una taza pequeña de té descafeinado.
El traje que me pongo hoy es de Canali Milano. Es un traje ligero de lino con solapas blandas de unos diez centímetros de ancho con las puntas terminando cerca de las hombreras. Los bolsillos tienen un diseño de doble ancho. Cuatro botones forman un cuadrado en el delantero; encima de él, hacia donde se cruzan las solapas, hay dos botones más. Los pantalones tienen profundos pliegues y caen sueltos con objeto de continuar el vuelo de la ancha chaqueta. La camisa de algodón y la corbata de seda son de Valentino Couture. Los zapatos son mocasines de cocodrilo de A. Testoni.
Abro el armario del vestíbulo y encuentro un pañuelo de cuello Burberry. Lástima que hoy haga tanto calor. Cojo el ascensor y bajo al portal, mientras le doy cuerda a mi reloj Rolex haciendo pequeños movimientos de muñeca. Le digo buenos días al portero, salgo y llamo a un taxi, dirigiéndome a la oficina.
Lo que viene después, ya lo contaré en siguientes entregas...
Besitos.
Sexo y Economía
Hace un momento, leyendo las bizantinas discusiones de mis queridos Urteil y Amaranta (que, espero, acaben felizmente en una fogosa cópula entre ambos), me ha venido a la mente un fragmento de una obra de ese escritorcito gabacho de apellido tan extraño... Houellebecq, Michel Houellebecq. Y dice así:
Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éste. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la "ley del mercado". En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad. A nivel económico, Raphaël Tisserand está en el campo de los vencedores; a nivel sexual, en el de los vencidos. Algunos ganan en ambos tableros; otros pierden en los dos. Las empresas se pelean por algunos jóvenes diplomados; las mujeres se pelean por algunos jóvenes; los hombres se pelean por algunas jóvenes; hay mucha confusión, mucha agitación.
Me parece sumamente acertado.
Por su parte, la crítica literaria ora le sambenita, ora le escupe en la cara. En eso me recuerda a mí. Sus detractores escriben: "Houellebecq, no sólo es un escritor que dice cosas asquerosas sino que además las dice asquerosamente". Y me sigue recordando a mí.
Pero ahora hablemos de esa ley de mercado a la que alude Houellebecq. La cosa funciona básicamente así: las personas cotizamos a la alta o a la baja, según una serie de características personales nuestras que circundan nuestra existencia. De esta manera, es evidente quién cotizará a la alta: el hombre que disponga de atractivos medios económicos -no estaría de más un chalé en primera línea de playa, apartamento espacioso y un mercedes-, combinados con un aspecto físico agraciado; a saber: sea guapo de cara, con unos bíceps potentes y marcados abdominales como chocolate en tableta; y por supuesto, que folle bien -una polla grande y gorda es indispensable (con buena polla, bien se folla)-. Luego, en un segundo plano, mucho más alejado, se le pide un mínimo de encanto personal, donde simpatía, sensibilidad y bon faire, se encuentren distribuidos en suficientes cotas. Para la mujer, se requiere principalmente que tenga unos generosos senos, un coñito depilado y juguetón, amén de un culito respingón. Además, ha de ser una excelente feladora y fornicadora insaciable con disponibilidad 24 horas. Todo lo demás son nimiedades.
Hasta aquí no se ha dicho nada especial, no se ha descubierto la pólvora, ni América tampoco. De modo que todo está muy bien dispuestito y no queda nada más que decir. Salvo una pequeña cosa que juega un papel bastante fundamental, aunque ciertamente feo en toda esta ley de mercado: la hipocresía femenil.
Este elemento pone trabas constantemente al sistema, enmascarando y manipulando cínicamente el funcionamiento del mismo. Así, cuando le preguntamos a una señorita qué busca en un hombre, a buen seguro nos dirá: "pues que sea simpático y me trate bien"... Muy, pero que muy mal... No nos lo creeríamos si la encuestada cotizara a la baja -gordita zampabollos con cara de oligofrénica-; mucho menos lo haremos si es una rubia tipo "baywatch" con tetas como melones y culo desafiante, pidiendo a gritos su ración de carne en barra. Mentira todo. Tras esa respuesta es preciso agarrar de la pechuga a la tipeja en cuestión y exclamarle con dureza: "¡Y una puta mierda, so zorra! Tú lo que quieres es un macho con un buen rabo que te taladre ese coñito palpitante."
Aquí tenemos también una muy palpable prueba de la nobleza masculina. Un tío siempre señalará la opción correcta en esta hipotética encuesta: "yo quiero una guarra que esté buena y me la chupe bien". Así de fácil, así de simple. Como la vida misma.
Pero a mí no me importa. Yo, como es evidente, cotizo a la alta.
Smuackis.
Definitivamente, me decía, no hay duda de que en nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éste. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la "ley del mercado". En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad. A nivel económico, Raphaël Tisserand está en el campo de los vencedores; a nivel sexual, en el de los vencidos. Algunos ganan en ambos tableros; otros pierden en los dos. Las empresas se pelean por algunos jóvenes diplomados; las mujeres se pelean por algunos jóvenes; los hombres se pelean por algunas jóvenes; hay mucha confusión, mucha agitación.
Me parece sumamente acertado.
Por su parte, la crítica literaria ora le sambenita, ora le escupe en la cara. En eso me recuerda a mí. Sus detractores escriben: "Houellebecq, no sólo es un escritor que dice cosas asquerosas sino que además las dice asquerosamente". Y me sigue recordando a mí.
Pero ahora hablemos de esa ley de mercado a la que alude Houellebecq. La cosa funciona básicamente así: las personas cotizamos a la alta o a la baja, según una serie de características personales nuestras que circundan nuestra existencia. De esta manera, es evidente quién cotizará a la alta: el hombre que disponga de atractivos medios económicos -no estaría de más un chalé en primera línea de playa, apartamento espacioso y un mercedes-, combinados con un aspecto físico agraciado; a saber: sea guapo de cara, con unos bíceps potentes y marcados abdominales como chocolate en tableta; y por supuesto, que folle bien -una polla grande y gorda es indispensable (con buena polla, bien se folla)-. Luego, en un segundo plano, mucho más alejado, se le pide un mínimo de encanto personal, donde simpatía, sensibilidad y bon faire, se encuentren distribuidos en suficientes cotas. Para la mujer, se requiere principalmente que tenga unos generosos senos, un coñito depilado y juguetón, amén de un culito respingón. Además, ha de ser una excelente feladora y fornicadora insaciable con disponibilidad 24 horas. Todo lo demás son nimiedades.
Hasta aquí no se ha dicho nada especial, no se ha descubierto la pólvora, ni América tampoco. De modo que todo está muy bien dispuestito y no queda nada más que decir. Salvo una pequeña cosa que juega un papel bastante fundamental, aunque ciertamente feo en toda esta ley de mercado: la hipocresía femenil.
Este elemento pone trabas constantemente al sistema, enmascarando y manipulando cínicamente el funcionamiento del mismo. Así, cuando le preguntamos a una señorita qué busca en un hombre, a buen seguro nos dirá: "pues que sea simpático y me trate bien"... Muy, pero que muy mal... No nos lo creeríamos si la encuestada cotizara a la baja -gordita zampabollos con cara de oligofrénica-; mucho menos lo haremos si es una rubia tipo "baywatch" con tetas como melones y culo desafiante, pidiendo a gritos su ración de carne en barra. Mentira todo. Tras esa respuesta es preciso agarrar de la pechuga a la tipeja en cuestión y exclamarle con dureza: "¡Y una puta mierda, so zorra! Tú lo que quieres es un macho con un buen rabo que te taladre ese coñito palpitante."
Aquí tenemos también una muy palpable prueba de la nobleza masculina. Un tío siempre señalará la opción correcta en esta hipotética encuesta: "yo quiero una guarra que esté buena y me la chupe bien". Así de fácil, así de simple. Como la vida misma.
Pero a mí no me importa. Yo, como es evidente, cotizo a la alta.
Smuackis.
Like a Virgin

Sr. Marrón: ¿Sabes de qué va Like a Virgin? De una tía que se cuela por un tío que tiene una polla enorme. Toda la canción es una metáfora sobre las pollas grandes.
Sr. Rubio: No señor. Va de una chica muy vulnerable a la que han puteado varias veces y conoce a un tío que es muy sensible.
Sr. Marrón: Eh, no te pases de poeta...; eso cuéntaselo a tu padre. Like a Virgin no va de una chica sensible que conoce a un buen tipo. Ésa es True blue. Sin duda eso está muy claro.
Sr. Naranja*: ¿Cuál es True Blue?
Eddie: ¿No has oído True Blue? Fue un exitazo de Madonna. ¿Qué pasa, no escuchas los 40 Principales?
Sr. Naranja*: Oye, no he dicho que no la haya oído; yo sólo preguntaba de qué va. No soy el mayor fan de Madonna.
Sr. Blanco: Yo paso de ella.
Sr. Azul: A mí me gustaba al principio..., por Borderline, pero cuando empezó con el Papa don't preach, me olvidé.
Sr. Marrón: Con tanto rollo me habéis hecho perder el hilo de lo que estaba diciendo; ¿qué era?
Sr. Marrón: ¿Qué cojones estaba diciendo?
Sr. Rosa: Que True Blue va de un tío..., de una chica sensible que conoce a un buen tipo, y que Like a virgin es una metáfora sobre pollas grandes.
Sr. Marrón: Voy a deciros de qué va Like a Virgin: trata sobre una putita que es una máquina de follar. O sea por la mañana, por la tarde, por la noche... Polla, polla, polla, polla, polla, polla, polla.
Sr. Azul: ¿Cuántas pollas son?
Sr. Blanco: Un montón.
Sr. Marrón: Entonces un día la tía se encuentra con un hijoputa que tiene un pollón y... ¡Zas! El tío es como Charles Bronson en "La Gran Escapada": cava túneles. La tía ha encontrado la polla de su vida, y siente algo que no había sentido nunca... Dolor. Dolor. Le duele; le duele. Y no debería, porque el paso tendría que estar ya bien abierto; pero cuando ese pájaro se la folla, le duele. Le duele. Igualito que la primera vez. El dolor le recuerda a la máquina de follar lo que sintió cuando era virgen. De ahí: Like a virgin.
Me gusta la música de Madonna; me gusta de veras. Tengo muchos discos suyos. Sus canciones son frescas y alegres, y me ponen de muy buen humor. Adoro bajarme los pantalones y gritar Deeper and Deeper, mientras no dejo de brincar y bailar agarrado a cualquier objeto con forma de falo. Pero negar que esta señorita es una zorrita endiosada que llegó a donde está a base de lavar sables, es absurdo. Una tipeja que vive de su imagen y que demuestra mejor que nadie cómo funciona actualmente el negocio de la música; que se ha convertido en eso, en un asqueroso negocio; y que, a la postre, el aspecto exterior es lo que realmente vale aquí, en esta decadente época para la música, y para otros muchos artes, que nos ha tocado vivir.
Yo, sin embargo, me abrazo ufano a esa stravaganza decadentista, y aireo sin pudor alguno que me gusta la puta ítaloamericana. Todos tenemos gustos chabacanos y mal vistos, y es preciso liberarse, abandonar ese pudor tan castrador, que sólo consigue encarcelarnos el alma, y decir abiertamente lo que nos gusta.
Madonna fue una de las primeras en hacer pop comercial y bailable; ese estilo que es el que ahora impera con todas las Christinas Aguileras, Britneys Spears y demás fulanillas al uso, que no son sino meras imitadoras suyas. Un tipo de música donde sin duda importa mucho más el físico que el arte. Por eso llegará más lejos Chenoa que la gorda esa cateta de la Roza, aunque ésta cante mejor. No obstante, el tiempo juega a favor de Madonna. En la época de Like a virgin, Material girl, etc. estaba mal vista por los amantes de la música. Hoy parece que tiene más dignidad que todas estas petardas. No obstante, nadie duda que no aguantará en la brecha cuando llegue a la edad de McCartney o Van Morrison. Ahora encima se ha hecho judía y se ha cambiado el nombre. Vaya una guarra.
En fin, que estoy con Quentin. La canción no va de amor, precisamente... Pero a mí me gusta.
* Ése no soy yo.
El Cossío
El otro día leí que hubo una concentración a la entrada de las Ventas, donde miles de furibundos gritaban "asesinos" a la gente que entraba y salía de ver la corrida. La verdad es que me quedé un poco impactado, y eso que ya es difícil que yo me vea sorprendido por la ética gusanácea, que tan bien conozco, del ser humano. Pero la verdad es que nunca he leído de nadie que haga lo mismo a la puerta de un club de carretera donde exploten a mujeres a veces hasta la muerte.
Y es que me parece de veras aberrante que haya gente que dedique tanta energía y esfuerzo a perseguir la fiesta (no discuto su derecho a opinar lo que quieran) cuando seguramente esos esfuerzos estarían mejor dedicados defendiendo causas que seguramente comparten. Quiero decir; el mundo está lleno de causas, de injusticias y de barbaridades. Pero esa gente ha elegido dedicar sus esfuerzos a defender la muerte digna de un animal... Pues que queréis que os diga, me parece lamentable. Y me parece lamentable porque se trata precisamente de eso: un animal. ¿Qué coño es eso de los derechos de los animales? Los animales no tienen derechos. Están ahí para el uso y disfrute del hombre. Y ojo, que yo adoro al toro. Junto al caballo de pura raza española, me parece el animal más bello que hay sobre la tierra. Sin embargo, mientras que el caballo existirá siempre, el toro se extinguirá en cuanto prohíban las corridas, ¿o acaso va a comprar Greenpeace unas cuantas hectáreas en Extremadura o en Salamanca y gastar varios cientos de millones al año para preservar una especie que sólo existe en los países donde hay corridas de toros?
El Toro de Lidia es el ganado que mejor vive y más hectáreas de terreno acondicionado tiene por cabeza. No vive en cautividad en absoluto. Al menos, no en más cautividad que la que sufre un ciervo en una reserva -seguro que ahora viene algún gusanito hablándome de un retorno a un idílico mundo de colores donde el ciervo campe a sus anchas, cosa que no ha existido desde hace cientos de años en ningún lugar habitado por el hombre-. Además, es que en España se toreaba desde antes de que viniesen los romanos, luego todo esto forma parte de nuestra cultura ancestral.
Me parece que a muchos les jode lo taurino por que lo identifican con lo "español". A mi me trae al pairo lo taurino y emigraría mañana si fuese necesario; no encuentro mas apego a la tierra que ocupo que el que sienta por la gente que la habite. Pero me fastidia mucho el rollo "anti-" que se traen muchos, que dedican más energías a protestar que a enterarse de por qué protestan.
¿Hay "crueldad" en las corridas de toros? Sí. Está en la naturaleza humana el ver gozo en el sufrimiento ajeno. Bastante hemos mejorado si solo lo vemos en el de un animal. De todas formas, su sacrificio ritual, que es muy doloroso, tiene componentes mitológicos que forman parte de nuestra raíz cultural; pero por encima del sufrimiento del animal está el sufrimiento que puede padecer el hombre en cornadas o incluso en la muerte por ese espectáculo; y eso es lo más grave éticamente de la Fiesta. No la muerte de un toro o cien mil putos toros, que no dejan de ser animales.
En cualquier caso, el espectáculo de la lidia esta en la estética del toreo en sí. Pasan cosas desde que sale el toro al coso y le apuñalan. Las corridas de toros son normalmente aburridas, pero a veces estéticamente agradables. La fijación de muchos antitaurinos exacerbados con los espumarajos de sangre es enfermiza. Pero hacer del sufrimiento de un animal un tema al que dedicar plataformas, pasiones y desgañitamientos, me parece pueril cuando menos. El que no sepa ver el valor estético que en ocasiones tiene el espectáculo taurino -ojo, que no digo que no sea un mundillo muy cutre en general- es que, o cierra los ojos, o deja que una pretendida moral le nuble el sentido estético. O directamente no se lo han formado.
Vivid y dejad morir, gusanitos. Que cada cual se envenene el alma con su veneno preferido. Muchos de los que abogan por la desaparición de la Tauromaquia seguro que, entre sus costumbres personales, guardan algo que desde otro punto de vista, también moral, es execrable y perseguible. Si extrapolamos nuestra moral a otras personas siempre nos encontraremos con estos problemillas.
No digo que seamos Dios y Amo sobre la naturaleza, pero es que es, precisamente, la Tauromaquia la que ha preservado grandes extensiones de terreno más o menos intactas, protegidas de la ganadería intensiva o de la agricultura -recordad, mis gusanitos, que naturaleza no significa sólo que haya plantas y esté todo muy verde-.
*Nota aclaratoria y rutinaria para los muchos teleñecos que pululan por los blogs de ya.com: el Sr. Naranja NO apoya ni deja de apoyar la Tauromaquia, pero muestra su disconformidad con los modos, mensajes y argumentos usualmente usados por los movimientos antitaurinos. Disentir es bueno, disentir y escuchar a los que disienten enriquece. Si no creéis esto quizás tampoco creyerais en el Súper Ratón cuando decía que os supermineralizarais y ahora sufrís de raquitismo físico y mental.
Y es que me parece de veras aberrante que haya gente que dedique tanta energía y esfuerzo a perseguir la fiesta (no discuto su derecho a opinar lo que quieran) cuando seguramente esos esfuerzos estarían mejor dedicados defendiendo causas que seguramente comparten. Quiero decir; el mundo está lleno de causas, de injusticias y de barbaridades. Pero esa gente ha elegido dedicar sus esfuerzos a defender la muerte digna de un animal... Pues que queréis que os diga, me parece lamentable. Y me parece lamentable porque se trata precisamente de eso: un animal. ¿Qué coño es eso de los derechos de los animales? Los animales no tienen derechos. Están ahí para el uso y disfrute del hombre. Y ojo, que yo adoro al toro. Junto al caballo de pura raza española, me parece el animal más bello que hay sobre la tierra. Sin embargo, mientras que el caballo existirá siempre, el toro se extinguirá en cuanto prohíban las corridas, ¿o acaso va a comprar Greenpeace unas cuantas hectáreas en Extremadura o en Salamanca y gastar varios cientos de millones al año para preservar una especie que sólo existe en los países donde hay corridas de toros?
El Toro de Lidia es el ganado que mejor vive y más hectáreas de terreno acondicionado tiene por cabeza. No vive en cautividad en absoluto. Al menos, no en más cautividad que la que sufre un ciervo en una reserva -seguro que ahora viene algún gusanito hablándome de un retorno a un idílico mundo de colores donde el ciervo campe a sus anchas, cosa que no ha existido desde hace cientos de años en ningún lugar habitado por el hombre-. Además, es que en España se toreaba desde antes de que viniesen los romanos, luego todo esto forma parte de nuestra cultura ancestral.
Me parece que a muchos les jode lo taurino por que lo identifican con lo "español". A mi me trae al pairo lo taurino y emigraría mañana si fuese necesario; no encuentro mas apego a la tierra que ocupo que el que sienta por la gente que la habite. Pero me fastidia mucho el rollo "anti-" que se traen muchos, que dedican más energías a protestar que a enterarse de por qué protestan.
¿Hay "crueldad" en las corridas de toros? Sí. Está en la naturaleza humana el ver gozo en el sufrimiento ajeno. Bastante hemos mejorado si solo lo vemos en el de un animal. De todas formas, su sacrificio ritual, que es muy doloroso, tiene componentes mitológicos que forman parte de nuestra raíz cultural; pero por encima del sufrimiento del animal está el sufrimiento que puede padecer el hombre en cornadas o incluso en la muerte por ese espectáculo; y eso es lo más grave éticamente de la Fiesta. No la muerte de un toro o cien mil putos toros, que no dejan de ser animales.
En cualquier caso, el espectáculo de la lidia esta en la estética del toreo en sí. Pasan cosas desde que sale el toro al coso y le apuñalan. Las corridas de toros son normalmente aburridas, pero a veces estéticamente agradables. La fijación de muchos antitaurinos exacerbados con los espumarajos de sangre es enfermiza. Pero hacer del sufrimiento de un animal un tema al que dedicar plataformas, pasiones y desgañitamientos, me parece pueril cuando menos. El que no sepa ver el valor estético que en ocasiones tiene el espectáculo taurino -ojo, que no digo que no sea un mundillo muy cutre en general- es que, o cierra los ojos, o deja que una pretendida moral le nuble el sentido estético. O directamente no se lo han formado.
Vivid y dejad morir, gusanitos. Que cada cual se envenene el alma con su veneno preferido. Muchos de los que abogan por la desaparición de la Tauromaquia seguro que, entre sus costumbres personales, guardan algo que desde otro punto de vista, también moral, es execrable y perseguible. Si extrapolamos nuestra moral a otras personas siempre nos encontraremos con estos problemillas.
No digo que seamos Dios y Amo sobre la naturaleza, pero es que es, precisamente, la Tauromaquia la que ha preservado grandes extensiones de terreno más o menos intactas, protegidas de la ganadería intensiva o de la agricultura -recordad, mis gusanitos, que naturaleza no significa sólo que haya plantas y esté todo muy verde-.
*Nota aclaratoria y rutinaria para los muchos teleñecos que pululan por los blogs de ya.com: el Sr. Naranja NO apoya ni deja de apoyar la Tauromaquia, pero muestra su disconformidad con los modos, mensajes y argumentos usualmente usados por los movimientos antitaurinos. Disentir es bueno, disentir y escuchar a los que disienten enriquece. Si no creéis esto quizás tampoco creyerais en el Súper Ratón cuando decía que os supermineralizarais y ahora sufrís de raquitismo físico y mental.
The Mercy Seat
It began when they come took me from my home
And put me in Dead Row,
Of which I am nearly wholly innocent, you know.
And I'll say it again:
I... am... not... afraid... to... die.
I began to warm and chill
To objects and their fields,
A ragged cup, a twisted mop
The face of Jesus in my soup
Those sinister dinner meals
The meal trolley's wicked wheels
A hooked bone rising from my food
All things either good or ungood.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
A tooth for a tooth
And anyway I told the truth
And I'm not afraid to die.
Interpret signs and catalogue
A blackened tooth, a scarlet fog.
The walls are bad. Black. Bottom kind.
They are sick breath at my hind
They are sick breath at my hind
They are sick breath at my hind
They are sick breath gathering at my hind.
I hear stories from the chamber
How Christ was born into a manger
And like some ragged stranger
Died upon the cross
And might I say it seems so fitting in its way
He was a carpenter by trade
Or at least that's what I'm told.
Like my good hand I
tatooed E.V.I.L. across it's brother's fist
That filthy five! They did nothing to challenge or resist.
In Heaven His throne is made of gold
The ark of his Testament is stowed
A throne from which I'm told
All history does unfold.
Down here it's made of wood and wire
And my body is on fire
And God is never far away.
Into the mercy seat I climb
My head is shaved, my head is wired
And like a moth that tries
To enter the bright eye
I go shuffling out of life
Just to hide in death awhile
And anyway I never lied.
My kill-hand is called E.V.I.L.
Wears a wedding band that's G.O.O.D.
`Tis a long-suffering shackle
Collaring all that rebel blood.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
And a tooth for a tooth
And anyway I told the truth
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is burning
And I think my head is glowing
And in a way I'm hoping
To be done with all this weighing up of truth.
An eye for an eye
And a tooth for a tooth
And I've got nothing left to lose
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is glowing
And I think my head is smoking
And in a way I'm hoping
To be done with all this looks of disbelief.
An eye for an eye
And a tooth for a tooth
And anyway there was no proof
Nor a motive why.
And the mercy seat is smoking
And I think my head is melting
And in a way I'm helping
To be done with all this twisted of the truth.
A lie for a lie
And a truth for a truth
And I've got nothing left to lose
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is melting
And I think my blood is boiling
And in a way I'm spoiling
All the fun with all this truth and consequence.
An eye for an eye
And a truth for a truth
And anyway I told the truth
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of proof.
A life for a life
And a truth for a truth
And anyway there was no proof
But I'm not afraid to tell a lie.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
And a truth for a truth
And anyway I told the truth
But I'm afraid I told a lie.
And put me in Dead Row,
Of which I am nearly wholly innocent, you know.
And I'll say it again:
I... am... not... afraid... to... die.
I began to warm and chill
To objects and their fields,
A ragged cup, a twisted mop
The face of Jesus in my soup
Those sinister dinner meals
The meal trolley's wicked wheels
A hooked bone rising from my food
All things either good or ungood.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
A tooth for a tooth
And anyway I told the truth
And I'm not afraid to die.
Interpret signs and catalogue
A blackened tooth, a scarlet fog.
The walls are bad. Black. Bottom kind.
They are sick breath at my hind
They are sick breath at my hind
They are sick breath at my hind
They are sick breath gathering at my hind.
I hear stories from the chamber
How Christ was born into a manger
And like some ragged stranger
Died upon the cross
And might I say it seems so fitting in its way
He was a carpenter by trade
Or at least that's what I'm told.
Like my good hand I
tatooed E.V.I.L. across it's brother's fist
That filthy five! They did nothing to challenge or resist.
In Heaven His throne is made of gold
The ark of his Testament is stowed
A throne from which I'm told
All history does unfold.
Down here it's made of wood and wire
And my body is on fire
And God is never far away.
Into the mercy seat I climb
My head is shaved, my head is wired
And like a moth that tries
To enter the bright eye
I go shuffling out of life
Just to hide in death awhile
And anyway I never lied.
My kill-hand is called E.V.I.L.
Wears a wedding band that's G.O.O.D.
`Tis a long-suffering shackle
Collaring all that rebel blood.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
And a tooth for a tooth
And anyway I told the truth
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is burning
And I think my head is glowing
And in a way I'm hoping
To be done with all this weighing up of truth.
An eye for an eye
And a tooth for a tooth
And I've got nothing left to lose
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is glowing
And I think my head is smoking
And in a way I'm hoping
To be done with all this looks of disbelief.
An eye for an eye
And a tooth for a tooth
And anyway there was no proof
Nor a motive why.
And the mercy seat is smoking
And I think my head is melting
And in a way I'm helping
To be done with all this twisted of the truth.
A lie for a lie
And a truth for a truth
And I've got nothing left to lose
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is melting
And I think my blood is boiling
And in a way I'm spoiling
All the fun with all this truth and consequence.
An eye for an eye
And a truth for a truth
And anyway I told the truth
And I'm not afraid to die.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of proof.
A life for a life
And a truth for a truth
And anyway there was no proof
But I'm not afraid to tell a lie.
And the mercy seat is waiting
And I think my head is burning
And in a way I'm yearning
To be done with all this measuring of truth.
An eye for an eye
And a truth for a truth
And anyway I told the truth
But I'm afraid I told a lie.





