Es una pena que nadie quiera a nuestros militares o por lo menos da la impresión de que no se sienten queridos ni respaldados, un drama, sobre todo cuando tienen que enterrar a sus compañeros y no son suficientemente consoldados por quien debería mimarles. Contrasta como alzan el cuello sus compañeros cuando llevan los cadaveres, con firmeza, con la bajada de cabeza de los que ni lo viven ni entienden el sentido de levantar la cabeza. Las carencias del país, debido a la dictadura, hacen que el ejercito se vea como algo que recuerda el régimen y por extensión la guerra que ganaron hace 67 años. El ejercito tuvo mucho poder e inspiraba miedo a los pseudo progres de la izquierda pop actual. El tema es que han pasado 32 años desde la muerte del viejo y el ejercito tiene una función completamente distinta de la que tenía durante la dictadura. Ya no son opresores, acatan las decisiones de los civiles e incluso desde hace 6 años son profesionales. Pero a pesar de todo ello la izquierda pop no les quiere ni les reconoce. Supongo la rabia de los que tienen que ver los muertos cuando no son reconocidos suficientemente, cuando no se les da las gracias por la labor para la que se han preparado. Lo único que han hecho es entregar la vida por su país o por unas ideas de convivencia y se les paga con el desprecio y con distintivos amarillos que significan que han muerto repartiendo flores o caramelos a los niños. Ser militar es un orgullo, es amar a tu país (porque sino no te haces profesional), militar y riesgo están unidos porque saben que pueden perder la vida en cualquier situación. Pero para algunos, entre ellos el que más manda, los militares son algo a evitar, un mal necesario que recuerda el pasado que alguno no quieren olvidar nunca, ser militar es una humillación. Ya lo he dicho alguna vez pero la izquierda pop carece de valores y de principios, no los entiende, eso de España le suena fatal. Seis chicos, el mas joven de 18 años, han dado su vida por España y por su misión en el extranjero. El gobierno acomplejado no es capaz de reconocerles y sentirse orgulloso de los militares. Esa es la situación, el esperpento de un país que vive acomplejado e incapaz de reconocer los principios fundamentales de lo que somos y de lo que queremos.