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Fabrica de recuerdos
Vivencias, inquietudes, fotografías y prosa barata de un veinteañero
Acerca de
Experiencias, vivencias, fotografías y prosa barata de un veinteañero que tiene muchos sueños sin cumplir, pero que aún no está dispuesto a rendirse. Ahora estoy en Badajoz, de revuelta con mis padres y currando en una revista, pero la cuenta atrás de mi nueva huida ya ha empezado. Bienvenido a mi particular confesionario.
Sindicación
 
Las paredes de mi habitación se están empapando



Ver “Princesas” me ha hecho pensar. No me gusta pensar porque siempre te acabas encontrando con algo que no te gusta. El pensamiento debería estar restringido a esos pocos afortunados que son plenamente felices.

Esta noche, pensando, me he dado cuenta lo solo que me encuentro en esta ciudad. Los pocos amigos que tengo aquí, entre novias y trabajo, es como si no estuvieran. Las mujeres parecen no queren saber nada de mí (la italiana no me ha llamado, aunque no me sorprende). Mis padres están ahí, pero más que ayudarme con su compañía, me amargan más la existencia. Sólo tengo a los compañeros del curso, con los que si paso muchas horas, pero no dejan de ser unos desconocidos con los que tengo una amistad temporal.

¿Así es la vida real? Sé que no, que esto es una pequeña broma que está gastando el destino, y que pronto volverá a recuperar mi sitio en el mundo. ¡He estado tan mal acostumbrado estos últimos años! Y ahora siento nostalgia y sé que en el fondo esto es bueno.

Hace unos días cogí el coche para salir de casa. No había quedado con nadie y no iba a ningún sitio. Sólo quería perderme, dejar atrás esas paredes que tengo tan vistas y sentirme un poco libre. Esto es algo que hago bastante últimamente y no me gusta. Bueno, si me gusta, pero no me gusta por qué lo hago. En aquella “escapada” me fumé un par de porros y me entró la necesidad de escribir. Palabras, frases, ideas, sensaciones que me surgen y que no suelen tener mucho sentido, pero que describen mucho mi estado de ánimo. Esto es lo que quedó grabado en las páginas de mi cuardenillo “Guerrero”:

Está lloviendo y las paredes de mi habitación se están empapando. Quiero dormirme para huir de la realidad, pero no lo consigo. Cierro los ojos y mi cabeza se ahoga, se inunda de oscuridad. Siento que algo me falta, pero me agobia no saber qué. ¿Será el amor? ¿Será un objetivo? ¿Será el sueño?

Me apetece fumarme un cigarrillo, pero no encuentro ningún mechero. Hay días en los que todo sale mal. Es como si el universo entero se hubiera puesto en tu contra. Y tú, tan insignificante y frágil, no tienes fuerzas suficientes para plantarle cara.

La nevera está vacía. En los pasillos se oyen los ecos del silencio. La casa está encharcada y yo descalzo.

Hace poco leí, tallado en un árbol: no te soporto, te odio y no te olvido. Todo estaba escrito por la misma persona. ¿Cómo sentimientos tan dispares los puede sentir un persona en el mismo momento? Estás son las secuelas de un mal de amor en soledad. El ser humano es un saco lleno de sensaciones. Por eso me gusta ser uno de ellos.
Por los altavoces del coche suena una cinta que grabé en Edimburgo. Allí compartía habitación y mi tabaco –sin yo saberlo- con un polaco. Escribiría su nombre, pero no lo recuerdo. Por eso le llamábamos “El Bicho”. Nuestras conversaciones eran de indio, pero eso bastaba para comunicarnos y enterdernos. Qué fácil es entenderse con alguien que quiere escucharte…

¿Qué son las estrellas, el chorreante brillo del alba que viene o la moribunda luz del día que se ha acabado?

Con la infinita oscuridad de la noche recupero tu olvido.


AUPA!!!!!
 
"Princesas"



Por fin, esta noche he visto “Princesas”. Tanta espera ha merecido la pena. “Princesas” me ha hecho sentir, ha revuelto en mi interior, me ha humedecido los ojos y me ha recordado que soy un ser humano (últimamente, lo tenía un poco olvidado). Fernando León de Aranoa nunca me decepciona. Es uno de mi directores favoritos y esta noche lo he vuelto a comprender.

Podría aconsejar a todo el mundo que la vea, pero me parece un comentario que sobra decírselo a alguien que ama el cine. No quiero decir el bueno o el malo, simplemente me refiero al CINE. Porque Fernando León hace cine. Esos sentimientos implicados en cada frase, en cada personaje, en cada detalle, en cada mirada.

“A mí me parece muy bonito tener nostalgía. Porque las personas sólo tienen nostalgía de algo que les hizo muy felices. Echar de menos a algo o a alguien que merece ser recordado. Que te recuerda que realmente has vivido. Yo no siento nostalgia por nada”.

“Princesas” no es la mejor película de Fernando León, pero con esta escena ya merece la pena ir al cine. Por cierto, Caye, el personaje que interpreta Candela Peña, dice eso, pero con otras palabras. No lo recuerdo exactamente, pero quería expresar algo parecido.

AUPA!!!!
 
A mi comentarista oficial




Este post y esta foto va dedicada a ti, Magenta, que eres la única persona que ha comentado más de una vez en mi blog.

Cómo puedo saber algo de ti? Tienes blog?

Gracias por tu felicitación por mi primera crónica! Por cierto, te gustó?

AUPA!!!!
 
I love amsterdam




Ya hemos empezado en el curso con el Photoshop. Este programa me encanta. Esta es una de mis primeras chapucillas.

AUPA!!!
 
Mi primer trabajo publicado en la red



Ya era hora que mi carrera de periodismo me sirviera para algo. Ayer publicaron mi primer artículo en la red, más en concreto, la crónica que hice el pasado sábado sobre el glorioso Club Balonmano Badajoz. El trabajo no es que haya sido muy complicado, pero me hace sentirme un poco realizado (no mucho, para que engañarnos, y menos aún cuando no gratifican tu esfuerzo engordando tu cuenta corriente). Pero, bueno, lo importante es ir haciendo algo.

Para aquellos que quieran deleitarse con mi exquisita escritura: www.redeportiva. com.

Las fotografías también son de cosecha propia :)

AUPA!!!!

PD. Hace tiempo que ya me publicaron aquella Carta al Director (post de septiembre) que mandé quejándome por la interminable espera que tuve que sufrir en el INEM. Ya he recibido respuesta del director del INEM puntualizando que la espera no la hice en un departamento del INEM, sino en el SEXPE (Servicio Extremeño de Empleo). Vamos, que cada uno se lava las manos como puede. Esto de las Cartas al Director es divertido, a ver cuando mando otra :)
 
Un día completo




Esta semana he estado bastante tristón. La llegada del otoño, los cada vez más esporádicos encuentros con los amigos, la ausencia de cariño femenino, la rutina cada vez más agobiante,… Demasiadas malas sensaciones que se han ido amontonando en mi interior durante los últimos días y que han estado agriando mi espiritu.

Pero no hay nada mejor para acabar con un mini-depresión que disfrutar de un día completo. Ayer sábado fue uno de esos días. Pasos de un día completo:

Me levanté a media mañana, sin resaca y después de haber gozado de un reconfortante sueño profundo. Tumbado en la cama y refugiado en las sábanas, empecé un nuevo libro. Estuve casi una hora leyendo.

Mi madre nos preparó de comer conejo estofado con patatas. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una comida. … los huesos, repetí 3 veces y rebañé el plato hasta dejarlo blanco. Obligada sobremesa de sillón y película para reposar la comida.

A las 6pm al pabellón “Entrepuentes”. Tenía que ver el partido del Club Balonmano Badajoz para hacer mi primera crónica de la temporada. Agradable reencuentro con antiguos compañeros de equipo que aún siguen sudando la camiseta del club. Me sentía realizado escribiendo mis apuntes en la libreta y realizando fotografías del encuentro. Creo que es la primera vez que me sentía periodista de verdad. El equipo perdió ante el Cáceres. Yo intenté ser objetivo en la crónica, pero no pude evitar poner verde a los árbitros.

Reencuentro con Rosaceo después de varias semanas sin verlo. Me pasó a recoger a casa y nos fumamos un porrito. Es un tío grande: la semana pasada Juan de Dios Román, el exentrenador de la selección española de balonmano, le entregó un premio por conseguir el tercer mejor expediente de su promoción en el INEF. Un empollón que fuma porros a diario. Curioso, no?

Por la noche botellón en el Embarcadero con Calamaro (que tb hacía varias semanas que no veía) para celebrar el cumpleaños de una amiga suya. No conocía a nadie de los allí reunidos. Disfruté mucho: me encanta conocer a desconocidos.

Hacía meses que no hacía botellón en el Embarcadero. Ya no recordaba la de gente que se puede amontonar en ese lugar y la de gente conocida que te puedes llegar a encontrar. “Hombre, ¡cuánto tiempo! ¿Qué es de tu vida?” Si no hablé con cien personas, no hablé con nadie.

Alexandra fue una de las personas con las que me encontré. Alex es una italiana que conocí una noche hace un mes. Conectamos muchísimo, le lancé los trastos, me dijo que tenía novio y quedamos en volver a vernos. Desde entonces hemos intentado quedar sin suerte, más por iniciativa mía que suya, hasta que un día me dejó plantado. Entonces decidí pasar de ella. Pero ayer ella se mostró muy cariñosa, así que la perdoné. Quedamos en tomarnos una cerveza la semana que viene. Ella me llamará a mí. ¿Me ayudará a escapar de la soledad?

Nos fuimos al “Mandrágora” para sacarle rendimiento a la inversión que habíamos hecho en alcohol. Me llevó en un Audi un loco obsesionado con mostrarnos el nuevo sistema de estabilidad de su coche en las rotondas. Calamaro, acojonado de naturaleza, se pasó todo el trayecto rezando a la Virgen.

En el bar nos encontramos con Mancha, un antiguo compañero del instituto. Encontrarse con este hombre te garantizá risas y subrealismo la noche entera. Anoche acabamos confensado cuál era la más lamentable mujer con la que nos habíamos masturbado. La de Mancha fue Rafaela Carrá; la de Calamaro, Rociíto atada con cuerdas; la mía, mejor me la reservo.

Calamaro y yo nos quedamos solos en el bar. Una par de niñas me piden papel y Calamaro les pregunta que si nos invitan a unas caladitas. Sorprendentemente, dicen que sí. Nos sentamos en un portal y nos fumamos un sabroso porrito de maría. Empezamos a hablar y la conversación era tan fluida y natural como si nos conocieramos de toda la vida. El palique casi dos horas en las que hablamos de la irritación que te producen tus padres, la inteligencia de los perros y los gatos, de Cáceres, del primer gran ciego de nuestra vida, del curioso binomio ignorancia-felicidad,… Hacía tiempo que no disfrutaba tanto charlando. Luego, cada mochuelo a su olivo y a ver si nos volvemos a encontrar. Espero que así sea.

Para rematar la noche nos encontramos con el hombre más drogado de Badajoz. Su colocón era tan escandaloso como irrisorio. El drogao nos preguntó por un bar, nos pidió un cigarro, nos dijo que nos invitaba a unas caladitas y, tras dárselo, nos dijo que estaría en el bar con el porrito por si queríamos. Nos lo vemos a encontrar 10 minutos después. Ya no se acordaba de nosotros. Nos volvió a preguntar por otro bar, no nos creía porque nos reíamos mucho y su mandíbula a puntito de desencajarse. Todo un personaje.


AUPA!!!!
 
La playa reclamaba atención


El cielo gris, las aceras húmedas, el viento frío: parece que el otoño ha llegado por fin a Badajoz. Para despedirme del verano, voy a transcribir un pequeño relato que escribí hace un par de años para participar en un concurso de El País de las Tentaciones. El único requisito era que el relato fuera corto y que empezará con la frase "la playa reclamaba atención". Esta es una de las ideas que se me ocurrieron:


La playa reclamaba atención. Así se lo hizo saber el mar con la ola que golpeó su muralla. El niño, ensimismado en las construcciones internas de su castillo, no se había fijado en la subida de la marea. La sólida muralla de arena, que él suponía invulnerable, se deshacía dócilmente.

Pero él no se iba a rendir con tanta facilidad. Cogió arena seca con su pala roja de todo a cien y cubrió la zona dañada. Tenía que defender su castillo y, ante todo, la alta torre que se elevaba en su centro donde descansaba su bella princesa, una pequeña concha de color blanco.

El mar parecía enfurecido y rompía pequeñas olas, que al niño le parecían gigantes, en un ataque sin cuartel a su fortaleza. La resistencia del niño se hacía cada vez más inútil. Su frágil barrera de arena sucumbían ante el poder destructor del agua.

El niño veía impotente como todo su castillo estaba siendo devorado por el mar. ¡Cuántas horas de fantasioso trabajo, que le habían dejado la espalda quemada y los dedos doloridos, se estaban viniendo abajo!

En un acto desesperado, decidió sacrificar su vida para salvar su castillo. Debía mostrarse valeroso ante su bella princesa, que debía estar tremendamente asustada en su alta torre. Heroicamente se tiró sobre la arena, convirtiendo su cuerpo en una improvisada muralla. Estaba dispuesto a desafiar al mar y cualquier esfuerzo era poco. Así estuvo, en un duelo cara a cara contra el mar, hasta que le entró agua por la nariz y se tuvo que levantar.

Estaba herido, pero no vencido. Rescató a su bella princesa y la metió en uno de los bolsillos de su bañador. El mar había ganado esta batalla, pero no la guerra. Y se marchó a su casa, imaginando cómo sería el próximo día su castillo.
 
Tarde de domingo en Campo Maior



El pasado domingo fue el clásico domingo de resaca. Era un día aburrido y ningún tipo de actividad ni encuentro estaba en mi agenda (lo cual se está volviendo algo habitual). Así que decidí huir de la rutina y escaparme con el coche a Portugal. Más en concreto, me fui a Campo Maior, un precioso pueblo próximo a la frontera. La razón: conocerlo un poco más a fondo porque dentro de un par de semanas voy a participar en un maratón fotográfico que tendrá lugar allí.

Campo Maior no es ni mucho menos un pueblo desconocido para mí. Cuando era más mozo, y el tabaco y la vagancia no habían destrozado mi forma física, solía ir en bicicleta un par de veces en verano. Era todo un reto porque tenía que recorrer 15 km de ida, y otros 15 km de vuelta, por una carretera de continuas subidas y bajadas (el clásico trayecto rompe-piernas). Suponía un gran esfuerzo físico, pero que me llenaba de satisfacción que celebraba con una coca-cola en la plaza del pueblo. El mejor recuerdo: el día que realicé el trayecto con un amigo y nos hicimos pasar por suecos que veníamos en bici desde nuestro país para ver la Expo de Lisboa. La gente nos miraba con admiración y nos llegaron a ofrecer comida y bebida. El peor recuerdo: un día que me perdí en el camino de vuelta y acabé haciendo 30 km de más y llegando a mi casa de noche cerrada. ¡Qué agobio pasé!

Campo Maior es un pequeño pueblo lleno de encanto. Es el clásico pueblo de casas encaladas, calles estrechas y ancianas charlando en las puertas de sus casas. Si no fuera por sus aceras empedredas, podría pasar perfectamente por un pueblo extremeño. Armado con la cámara digital de mi padre, me perdí por sus calles durante un par de horas. Lo que más me llamó la atención fue las numerosas imágenes religiosas y pequeños altares que me encontraba constantemente por todos sus rincones. Es un detalle que me recordó al Casco Viejo de Florencia. Un ejemplo muy curioso es esta pequeña imagen de la virgen protegida de la lluvia y el sol con ese toldo a rayas azules y blancas made in chiringuito de playa.



Cuando cayó la noche, y tras jugar con un par de cariñosos perros vagabundos, decidí volver a tierras del Imperio. Antes de llegar a casa, me metí en un camino de tierra para fumarme un cándido en medio del campo (mis padres todavía no ven con buenos ojos eso de fumar droga en el salón de casa). Ya no recordaba la relajación que te produce el más absoluto silencio. Allí, perdido en ninguna parte, inmerso en la infinita oscuridad de la noche y con un porrito en mis labios me sentía en la gloria. Fue una sensación de plenitud de la que hacía tiempo que no gozaba. Luego una ligera lluvia decidió hacerme compañía, invadiendo el silencio con su monótono tintineo y creando una atmósfera aún más relajante.

Al final, este domingo de resaca no fue tan aburrido.


AUPA!!!!
 
Nuestro Telón de Acero



Hace ya varios años una noticia me entristeció profundamente: Israel iba a levantar un muro de separación con los territorios palestinos con el consentimiento internacional. No era difícil relacionar este hecho con la división que no hace tanto sufrió Berlín durante más de 30 años. Volvía el hormigón a las supuestas fronteras. ¡Cómo nos gusta a los hombres tropezar dos (y más veces) en la misma piedra!

Ahora la imagen del Muro de Berlín está volviendo a mi cabeza con las fronteras españolas entre África y Ceuta y Melilla. Otra barrera levantada por el egoísmo de los ricos para separarles de los pobres (pobres que se hicieron mucho más pobres por la implacable explotación de los ricos).

Aunque en esta ocasión el metal sustituya al hormigón, me parecen más nítidas las similitudes entre este muro y el de Berlín. Sin lugar a dudas, España ocuparía el lugar del Berlín Occidental, más rico, más democrático y con más oportunidades, y África sería el Berlín Oriental del que muchos quieren huir para optar a una vida mejor. Los africanos están tan desesperados, como pasó con muchos berlineses orientales, que no les importa jugarse la vida a la hora de cruzar la frontera. Ya hay muchos muertos. Mártires de la intolerancia que no quisieron rendirse sin luchar. ¿Cuántos más morirán?

Pero en esta comparación también se encuentra una diferencia, más triste y cruel: España es quien impide a los africanos cruzar la frontera y quien está levantado un muro más alto, en contraste con el muro de Berlín, donde los comunistas eran los que defendían la frontera. La diferencia se encuentra en que el muro de Berlín era consecuencia de una guerra ideológica; en cambio, nuestra frontera se debe a una guerra económica. Los ricos tienen el poder y la fuerza: los pobres pierden. ¿España será también la que dispara a matar?

Por cierto, otra semejanza histórica que se me ha venido últimamente a la cabeza: las deportaciones que hace Marruecos con los inmigrantes detenidos en la frontera y las “limpiezas” que hizo la dictadura de Massera (Argentina 1976-78) con la oposición. El dictador argentino, tras consultar a la Iglesia Católica sobre cuál era la pena de muerte más “humana”, consideró que la forma más digna y menos dolorosa de acabar con sus opositores era meterlos en un avión, adormecerlos con drogas y lanzarlos en medio del Atlántico para que fueran devorados por los tiburones. Cuesta creérselo, pero es la verdad. Ahora, el gobierno marroquí ha ideado una solución igualmente “humana” para deshacerse de los incómodos inmigrantes ilegales: los suben a un autobús y los dejan fuera de sus fronteras en medio del desierto del Sáhara donde tendrán que sobrevivir sin comida ni agua, sin ningún medio de orientarse, encadenados de 2 en 2 y en una zona plagada de minas. Igualmente sorprendente, pero igualmente cierto.

¡Cuánto le queda a la humanidad para vivir en una sociedad civilizada!
 
El inesperado concierto de Bustamante



Las casualidades de la vida: estoy el viernes por la noche quemando las últimas naves antes de volver a casa cuando me encuentro con antiguos compañeros de la universidad. No me podía creer lo que estaban viendo mis casi cerrados ojos: Rafa, con el que compartí habitación y muchas inolvidables momentos; Pela, un asturiano amante de la buena vida y las relaciones públicas; Merchan, un compañero extremeño que se deja querer y Tere, una canaria que sabe llevar muy bien eso de ser pija.

Esta reunión de ex-combatientes salmantinos distribuidos por diferentes puntos de la península se debía a un peculiar y atrevido acontecimiento: Rafa era promotor del concierto que Bustamante iba a ofrecer el sábado en el Viejo Vivero de Badajoz. La noticia me la había comentado hace tiempo Merchán, con el que me encontré en las opos para TVExtremeña, y que certifiqué al ver una foto suya en el periódico “Hoy”. El destino quiso que me encontrara con ellos esa noche y Rafa me invitó a unirme a la expedición “vamos a emborracharnos con la excusa de Busta”. Una invitación a reencontrarse con viejos amigos es irrechazable, así que acepté.

Al día siguiente, quedamos todos menos el promotor para ir calentando a base de cervezas y vino antes del partido. Sentados en una terracita de la Plaza San Francisco nos contamos cómo nos iba la vida. Que si uno trabaja en el gabinete de comunicación de Brithis Airways en Madrid, que si el otro se rasca la barriga en casa de sus padres, que si la otra trabaja en una empresa de relaciones públicas, que si el otro no sabe ni dónde está. Vamos, un claro reflejo de la situación de nuestra generación.

Llegamos con el concierto ya empezado, pero a nadie pareció molestarle. Nada más entrar nos dirigimos a la barra donde nos esperaba nuestro querido promotor. A pesar de la sonrisa con la que nos recibió, su estado de ánimo no era precisamente la felicidad. Solamente habían vendido 2000 entradas cuando tenían como expectativa llegar a las 5000. La amenaza de lluvia, el Atleti-Madrid y la popularidad caduca de los chicos de OT habían hecho mucho daño. Pero, bueno, si no se iba a ganar dinero, tampoco se iba a perder (son las ventajas de tener a toda la familia currando en el concierto para ahorrar los gastos de personal).

Como Pela comentó: “cómo ameniza Rafa los botellones”. Esa la sensación que teníamos porque nosotros hacíamos caso exclusivo a las copas. Yo me llegué a olvidar en más de una ocasión que estaba en un concierto. Tenía la sensación que estaba en la vervena de un pueblo. Sólo faltaba que Busta se pusiera a cantar “Paquito, el chocolatero”.

¿Qué puedo decir del concierto? Pues tengo que decir que Busta se lo curró y que tuvo al público totalmente entregado (un público muy poco exigente, por otra parte). Para mí Busta es un personaje entrañable, tan natural y patético al mismo tiempo que se le puede coger cariño. Un hombre que tiene temas como “No soy un Superman; soy sencillo que te quiere enamorar” y “Dos hombres y un destino”, no se puede tomar en serio. Lo mejor del concierto: Busta vestido totalmente de blanco y con su larga melena al viento y el par de muchachos que no paró de menear su cuerpo en ninguna canción (era una imagen única).

Lo mejor del concierto fue el reencuentro con una vieja amiga. Ella, con 18 añitos recién cumplidos, fue siempre para mí la hermana pequeña de mi amigo. Pero eso ya ha cambiado: ella está hecha toda una mujer. ¡Qué guapa está! Mantuvimos una larga conversación en la que ella me contaba sus nuevas experiencias como estudiante universitaria en Madrid, mientras yo la escuchaba con sana envidia. Me pareció ver en sus ojos algo más que amistad, pero no me atreví a indagar. A fin de cuentas, podría decir que me llevo mejor con su madre que con ella. No sé que pasará si la vuelvo a ver…

Después del concierto, la noche perdió su originalidad. Estuvimos de bares, hicimos el canelo, tonteamos con algunas señoritas sin éxito y a casa cuando cerraron el último bar. Vamos, lo de siempre.

Todos nos despedimos con un hasta luego porque después de este curioso encuentro seguro que nos volvemos a ver.

AUPA!!!!

PD. En el concierto, los camareros de la barra tenían prohibido servir latas o botellas con el tapón. Querían impedir que la gente los utilizará como proyectiles contra Busti, como ya le pasó hace poco con un huevo. Al final, Busti salió sano y salvo de Badajoz, lo cual no es tarea fácil (aquí somos muy burros).

PD2. Nuestro amigo Florencio ha venido hoy a clase con una sudadera negra de Iron Maiden. Vaya heavy-metal de la huerta está hecho este hombre.
 
Foto publicada en EP3



Este viernes publicaron una foto mía en la sección "Talentos" del EP3 (el antiguo Tentaciones de El País). Me hizo mucha ilusión ver una foto mía publicada en una publicación de tirada nacional y que primaba la calidad estética (no como pasó con el concurso del diario "Hoy"). Parece que estoy en racha:)

AUPA!!!!
 
"Recursos Humanos" (Ressources Humaines)


“Relaciones Laborales” es una película francesa del director Laurent Cantet. Es una película que me sobrecogió por su sinceridad y su sencillez.

La película trata sobre las relaciones laborales y la realidad social de una empresa en la actualidad. El protagonista, un joven idealista y lleno de vitalidad que acaba de terminar la carrera en Paris, regresa a su ciudad natal para trabajar de becario en una empresa. Allí se enfrenta con el regreso al hogar, el reencuentro con los viejos amigos y el choque frontal con la cruda realidad empresarial.

La película me impactó porque me vi fielmente reflejado en ese joven y en su relación con sus padres. Temas como la sensación de estar fuera de lugar en tu propia casa, el enfrentamiento generacional, el duro enfrentamiento entre sueños y realidad, la incomunicación,...
Una película que no es una obra de arte, que tampoco aspira a eso, pero que es imprescindible por honesta y auténtica.

AUPA!!!!
 
Primera semana en el curso del INEM

Esta semana he empezado con el curso del INEM de “Diseñador Web y Multimedia”. Estoy contento porque las cosas están saliendo como tenía planeado. Es un curso que me interesa mucho y así siento que estoy haciendo algo útil con mi vida. Eso sí, el curso es duro porque son 6 horas diarias (de 4 a 10 de la tarde) y 5 días a la semana. Así estaré hasta mediados de enero. Vuelta a la rutina de un estudiante, lo cual no me desagrada, pero con la obligación de ir a todas las horas (lo que lo diferencia de la vida de estudiante universitario).

Sabía que en este curso me iba a encontrar de todo, y la realidad no ha defraudado las expectativas. En clase somos 15 alumnos, todos diferentes y cada cual más peculiar. Las edades oscilan entre los 20 años y los 50, y cada cual de su padre y su madre.

Entre mis compañeros está Carlos, un masajista cuarentón que se dedica a montar y desmontar ordenadores en sus ratos libres; está Curro, currante de una empresa de diseño que habla 5 idiomas; está Ofelia, que no se sabe la diferencia entre un fichero y un archivo, que fuma Ducados y que defiende a los fumadores por su desinteresada contribución a las arcas de la Seguridad Social; está María, que entrena a Taekwondo y siempre lleva gafas de sol; está Ángeles, que cree en la reencarnación, pero no cree en la resurrección de Cristo;...

Pero, sin duda, el personaje más auténtico y peculiar es Florencio. Él es un hombre rústico de 50 años que compagina su trabajo en la huerta con un pequeño negocio de informática. Florencio es un hombre que sabe lo que es un procesador AMD y cómo cosechar una plantación de tomates. Le gusta vestir combinando camisa, chaqueta de chandal, pantalón con la raya en medio y zapatillas de la marca “Ribuk”. No para de hablar haciendo comentarios a destiempo y fuera de lugar, llegando a irritar al profesor a sus compañeros, pero que también provocan más de una carcajada. Florencio siempre se queja cuando el profesor utiliza alguna palabra en inglés; sin embargo, cuando se entera de algo siempre dice “ok”. Florencio, sin duda, va a dar mucho que hablar.

AUPA!!!

PD. Anoche tuve dos sueños dignos de mención: en uno tuve pensamientos erótico-festivos , consecuencia de mi insano celibato; en el otro hablé en inglés con Gary, mi amigo de la agencia de trabajo “Champions” de Oxford, que me ofrecía un puesto de trabajo que no podía aceptar por estar en Badajoz. Manda cojones que tenga que soñar por primera vez en inglés estando en España.
 
Atropello


Esta mañana estaba leyendo cuando descubrí una mancha de sangre en el suelo. Otra vez me había empezado a sangrar el pie sin lógica ni preaviso. Es curioso como uno llega a acostumbrarse a la sangre. Yo ya le he perdido todo el respeto gracias a mi pie "chungo".



Era verano y el sol brillaba con fuerza, presidiendo un oceánico cielo azul.

-Toma, póntela, no vaya a darte un sopapo- le dijo su madre, mientras le daba una horrible gorra de propaganda de la Caja Rural de Extremadura.

Rubén la cogió sin protestar. No le apetecía iniciar una discusión que sabía perdida de antemano. Además su padre ya estaba con las bicicletas en la puerta de casa y no era una persona a la que le gustaba esperar innecesariamente. Se caló la gorra hasta las orejas y se despidió de su madre con un rutinario beso.

A Rubén le encantaba montar en bicicleta, al igual que a su padre. Era de las pocas aficiones que compartía con él. Desde que tenía uso de razón, siempre le había llevado la contraria en casi todo, consciente o inconscientemente. Eran dos polos opuestos, y, rompiendo la supuesta ley natural, se repelían. Pero montar en bicicleta era un acto de unión, un estrecho paréntesis de acercamiento mutuo que los hacía un poco más padre e hijo. Montando en bici no necesitaban hablar, y eso ayudaba.

Hoy era un día muy especial para Rubén: estrenaba su nueva bicicleta. Sus padres se la habían regalado como premio por sus buenas notas. Al menos eso le habían dicho a él porque en realidad pensaban comprársela de todas formas y así jubilar su antigua y pesada BH roja. Era una discreta manera de darle un valor moral a una compra necesaria. Rubén estaba muy orgulloso de ella, lo tenía todo: 18 velocidades, ruedas con llantas de montaña, control de cambios en el manillar, cuadro de aluminio que apenas pesaba,… Con ella se sentía capaz de correr el Tour de Francia. Induráin tendría que empezar a temblar. Además, sus amigos ya no se podrían reír de él por tener una “bici de niña”.

Las calles estaban desiertas. La gente huía del calor refugiándose en las sombras de las casas o en el frescor húmedo de las piscinas. Ni peatones por la acera, ni coches por la carretera. “Nosotros somos los únicos valientes”, pensó Rubén, mientras avanzaba junto a su padre sin un rumbo fijo. Las primeras gotas de sudor recorrían la frente de Rubén cuando salieron de la ciudad y decidieron seguir su viaje hacia ningún lugar cogiendo un desvío nuevo para él.

Rubén nunca había circulado por esta carretera. Ni siquiera sabía hacia donde se dirigía. Era estrecha, de asfalto desgastado por la erosión del tiempo y el olvido. No tenía líneas dibujadas en el suelo, ni tampoco arcenes. Los baches –charcos vacíos, charcos de nada- invadían la calzada, impidiéndoles seguir un monótona línea recta. Rubén disfrutaba con esta pequeña dificultad, ya que para él se trataba de una divertida carrera de obstáculos. Iba de un lado a otro de la carretera en su nueva bici con el consentimiento de su padre ante el inexistente tráfico.

Cada vez hacía más calor, o eso le parecía a Rubén al sentir como aumentaban los cercos húmedos en su camiseta. Las tibias gotas de sudor caían en torrente desde su frente, nublando su vista al llegar a los ojos que tenía que limpiar continuamente con la mano. La cabeza le ardía a pesar de estar protegida por esa horrible gorra. Por momentos, su pensamiento se ofuscaba por los latigazos de sol. Entonces se rociaba la cara y la nuca con el agua, antes fresca, del botellín de la bici, consiguiendo despejarse un poco.

-Rubén, me adelanto para echar un pis- dijo su padre, mientras aceleraba el ritmo de su pedaleo.

Poco a poco, su figura se fue alejando, difuminándose tras la bruma de calima que ardía en el asfalto. Ese fuego transparente desdibujaba el contorno de su cuerpo que iba despareciendo en el horizonte, hasta que éste se perdió a los lejos tras tomar una curva.

Y fue pocos segundos después de desaparecer su padre cuando Rubén escuchó a su espalda un potente rugido metálico, que bien podría provenir de un monstruo. Asustado, giró su cabeza para comprobar con sus ojos lo que le anunciaban sus oídos. Sí, era un enorme monstruo de metal que se dirigía hacia él inexorablemente. Estaba muy cerca. Vulnerable e inseguro sin la presencia de su padre, no sabía qué hacer para no acabar devorado por esa gigante bestia de descomunales ruedas. De repente, parecía que el calor se hacía más insoportable. ¿Cómo iba a adelantarlo aquel enorme camión si era casi más ancho que la calzada? ¿Y si no se daba cuenta de su insignificante presencia y pasaba por encima aplastándole como si de una hormiga se tratase? Su padre hubiera sabido qué hacer. Pero se había adelantado para mear, y ahora Rubén se encontraba solo.

Entonces tomó una decisión. Fue una de esas ideas de las que luego te arrepientes toda la vida. Un error de esos que dejan huella, una huella imborrable materializada en una cicatriz. O, en su caso, en varias. Decidió cruzarse al otro lado de la calzada –así el monstruo metálico podría rebasarlo sin problemas-, pero no se había percatado que mientras meditaba esta idea, el camión estaba justo detrás de él. Rubén sintió su aliento mecánico en la nuca antes de ser embestido. Su cuerpo fue arrastrado varios metros, atrapado entre la bicicleta y la calzada. Las ruedas del camión no dejaron de chirriar hasta que todo se paró varios segundos después. Confuso, Rubén se puso de pie. O eso intentó porque al apoyar el pie izquierdo tuvo una sensación extraña, desagradable, diferente. No era dolor, ni picor, simplemente no lo sentía. Entonces lo miró. El pie desnudo -¿dónde estaba la zapatilla?-, ensangrentando, con la carne colgando y el blanco hueso al descubierto, brillando por el reflejo del sol. Instintivamente, cogió la desubicada carne para devolverla a su sitio, sin éxito alguno.

-¡¿Estás bien, chaval!?- gritó con voz nerviosa el conductor del camión, mientras bajaba apresuradamente de la cabina.

Rubén asintió. En realidad no le dolía nada. Lo único que le molestaba era el lamentable estado en que había quedado su bici nueva.

-Mire lo que le ha hecho a mi bici nueva- le reprochó Rubén con verdadera indignación.
-¡Ay, Dios mío! ¡Te podría haber matado! ¿Te has hecho alguna herida grave? ¿Te duele algo?-

Rubén le señaló con la cabeza el pie ensangrentado que aún sujetaba con su mano derecha. El camionero lanzó una especie de aullido al ver la herida, como si también le doliera a él. Le cogió en brazos y empezó a moverse frenéticamente de un lado a otro. Rubén sintió repugnancia al sentir la sudada camiseta del camionero en una de sus mejillas, pero no dijo nada porque cada vez se sentía más mareado. Miles de brillantes puntos blancos aparecían ante él, ofuscándole la vista. El camionero se metió con él en la cabina.

-Voy a poner todo perdido de sangre- dijo Rubén con verdadera preocupación, antes de perder definitivamente el conocimiento.

El camionero encendió el motor del camión. Dio un giro de 180 grados, saliéndose de la estrecha calzada, y pisó a fondo el acelerador.



Hacia varios minutos que el padre de Rubén había terminado de mear. Impaciente, no le gustaba esperar innecesariamente, decidió volver atrás. Estaba enojado. Si había vuelto a casa sin avisarle, ya podría prepararse para un buen escarmiento. No había pedaleado muchos metros cuando vio su reluciente nueva bicicleta. Estaba tirada en el centro de la calzada con el manillar doblado y las llantas de las ruedas reventadas. Junto a ella cientos de gotas de sangre reseca punteaban de rojo el asfalto y, un poco más lejos, había una aplastada y ennegrecida gorra de la Caja Rural de Extremadura.


AUPA!!!!
 
Galvana en Madrid



Este fin de semana, para seguir con mi ronda de esporádicas huidas de Badajoz, me fui a Madrid. Allí me esperaba un piso que acoge a 4 amigos de Salamanca. Era bonito ver como se adaptan a su nuevo hábitat urbano y, básicamente, ver a ellos de nuevo.

Yo sabía que la galvana me podría estar esperando. Mis amigos no se preocupan por eso de acoger con todo los honores a sus invitados. Ellos son así, para lo bueno y lo malo. Por eso no me sorprendió que nada más recogerme en la estación me anunciarán que esa noche no ibamos a salir. La falta de dinero refugia a los animales nocturnos en sus madrigueras. ¿Para qué hacer un esfuerzo económico y salir de juerga con un servidor que venía ardiendo de ganas de fiesta?

Acabamos fumándonos la maria que llevaba yo de regalo y viendo la peli "La ciudad no es para mí", un exitazo de Paco Martínez Soria. En blanco y negro y con Gracita Morales diciendo "¡Señooorito!". El efecto de los porros acentuaron la absurdez de la situación y hubo más de una prolongada carcajada. "Bueno, no sé. Si acaso guapo", "Si no nos vemos más, ya nos hemos visto bastante" y los pases del pitorro a lo Laudrup fueron los mejores momentos. Nos reímos y yo me fui a la cama con la cabeza más pallá que pacá. El Abuelo y yo nos tragamos la segunda parte de un Manchester-R.Madrid de hace un par de años antes de abandonar el salón.

El sábado nos levantamos relativamente temprano y conseguí arrancarlos del piso durante unos minutos para tomarnos una caña en el barrio (Conde de Casal). Arroz a la cubana de comer, Kill Bill2 de sobremesa y por la tarde nos fuimos al centro. Reencuentro con más amigos de Salamanca, una cervecita inflada de precio por su proximidad a la Plaza Mayor, algunas preguntas y otros comentarios y a casa para ver el Bélgica-España.

La soporífera primera parte la endulzamos con porciones de pizza y los primeros cubatas. Luego llegó la relajación con los goles del "Torretas" y a proseguir con el botellón en otro lugar. Algunos querían hacerlo en casa, por suerte los activos fuimos mayoría. Por el miedo a una redada policial y las falsas promesas del Gaditano, acabamos haciendo botellón en la casa de un amigo suyo. Nos habían vendido una fiesta pequeñita que se redujo a una quedada de 5 amigos en un piso con un diminuto salón. La gente se repartió por donde pudo y por el pasillo.

El Gaditano me contó su rutina actual, yo le conté la mía. Recordamos y nos reímos. Me contó que Rober está en Caracas haciendo unas prácticas. Rungas me presentó a su novia, volviéndose por fin real la imagen que hasta entonces sólo era digital. Me cayó muy bien, parece una chica muy simpática.

El botellón fue breve y nos fuimos a la zona de bares andando (toda una proeza en Madrid). Callejeando por Malasaña acabamos en un bar que tenía una oferta irrechazable (3 copas a 10euros). Estaba efusivo por las copas ingeridas, me recomía la felicidad. Abrazos, sonrisas, charlas furtivas con las niñas, el reencuentro con los amigos. Ese fue el mejor momento de la noche, la pena que fuera tan breve.

Luego entramos en la fase de la búsqueda de un nuevo bar. Era tarde y las largas colas nos iban echando para atrás allá donde ibamos. Por una confusión, el grupo se acabó separando. Y ese fue el final de la noche. Yo acabé solo en la Sala Sol, buscando refugio en el grupo de una amiga de Badajoz. No estuvo mal y me reí reencontrándome con antiguas compañeras de clase que nunca lo fueron. Ninguna quiso darme clases particulares, pero me valieron sus sonrisas. Esa dormí solo, aunque eso no me importó. Estaba contento y me quedé sopa en el sillón del salón con la F1 susurrándome al oído.

El domingo fue el día de la galvana. La resaca se convirtió en un obstáculo insalvable. Por suerte, Luiso me sacó de aquella vida de perro para tomar unas cañas y cenar. Ese día vimos 3 películas y unas serie de tv ("Big Fish", "Deep Blue Sea", "Los hombres de Paco" y "Conan, el bárbaro"). La bolsa de maría nos dijo adiós esa noche.

A la mañana siguiente volví a Badajoz. Un fin de semana extraño, pero, al menos, diferente.

AUPA!!!!!
 
La playa de Riazor



Sensaciones que me surgieron un día que estuve en la playa de Riazor (A Coruña), donde fui a ver un amigo y para disfrutar de la noche de San Juan.

La arena blanca está punteada de negro, restos de las hogueras de San Juan.

El sol colorea el mar de diferentes tonalidades con el paso de las horas. Dorado, transparente, plata, azul turquesa, negro. El mar es coqueto y le gusta cambiar de maquillaje.

Las olas rompen constantemente en la orilla, susurrándole a la arena su eterna melodía.

Las gaviotas hablan entre sí planeando sobre nuestras cabezas. Ellas, ajenas a su suerte, disfrutan de la libertad que les proporciona volar. Sus patas de pato dejan pequeñas huellas en la fina arena, recuerdos fugaces de su presencia. Las gaviotas son las palomas del mar.

El frescor de la brisa lucha con el calor del sol, en desventaja por el furtivo paso de la nubes.

El sol se está poniendo en el horizonte. El mar abre su inmensa boca para ir engulléndolo poco a poco. Su reflejo teje una alfombra dorada en la serpenteante superficie del agua, como si nos invitara a caminar por ella y acompañarle en su reposo nocturno. La arena se torna rojiza; el cielo, cobrizo.

Una mujer pasea por la arena húmeda buscando con sus pies el intermitente contacto con el agua fría. ¿En qué estará pensando? ¿En qué hará de cenar? ¿En cómo le dice a su novio que no quiere irse a vivir con él? ¿O, simplemente, en la plenitud que siente en este momento?

El día ha dejado su espacio a la noche; el sol, a la luna. La inmensa oscuridad del universo se refugia tras las estrellas. En el mar, campo negro e infinito, florecen pequeñas y trémulas margaritas. Ahora la arena está fría y hundo mis pies en busca de la calidez de sus entrañas. Es hora de volver a casa porque la playa no es playa si no es sol.


AUPA!!!!
 
Concurso "Las fotos del verano" del diario Hoy




Movido por mi afición a las fotos y por la posibilidad de ganar algún premio, este verano mandé varias fotos a un concurso del diario Hoy (el periódico regional que se compra en mi casa).

El concurso, como ya avisaban sus bases, iba a primar las fotografías familiares y originales. Estas dos fotos han sido seleccionadas entre las mejores (y, por supuesto, no eran las mejores que envié). Esto me ha alegrado muchísimo y ha provocado muchas risas en casa. La única pena: que no me he llevado ningún premio.

Por cierto, la curiosidad de la 2ª foto es que nos encontramos un contenedor de la Junta de Extremadura en el Malecón de la Habana. Una situación muy graciosa.

AUPA!!!
 
Feria de Zafra



Las ferias de los pueblos tienen algo diferente. ¿En dónde vas a la caseta de un amigo y te tomas mil una cervezas, interminables raciones de jamón ibérico y garbanzos, un cafetito para reposar la comida y todo lo paga la caseta? Estos pequeños gestos de amabilidad y hermandad se agradecen, por ser tan poco habituales. Qué pena que las ferias sólo se celebren una vez al año.

La feria de Zafra no decepcionó. Disfrute de las casetas, conocí a muchas personas con las que me sentía tan agusto que no parecía que me los hubieran presentado horas antes (Juanma, Curro, Lelu, Beti,...), bebimos sin descanso, pero sin reventar, cayó alguna que otra pequeña nevada a pesar del calor que hacía y busqué una pareja con la que jugar al parchis (eso sí, sin suerte) e intenté morderle a las niñas el dedo gordo del pie (también sin suerte). Vamos, que me reí mucho y me lo pase muy bien.

La feria se concentró en tres lugares claves: la caseta de Curro, el 5º Pino y el parque de los botellones. En la caseta de Curro fue el lugar de descanso y de recuperar fuerzas. Allí donde viviamos el auténtico ambiente de feria: tapitas deliciosas, música flamenca y ambiente agradable. En el 5º Pino es donde movimos el esqueleto, disfrutamos de los movimientos sobrenaturales del Peseta, pasamos lista a todos los pueblos de Badajoz, realizamos con risas pero sin éxito nuestros ataques navales y dejamos vacía la cartera a base de pedirnos cubatas. En el parque nos encontramos Cortes, nos bebimos 2 botellas de whisky entre 4 y medio, intentamos arreglar el mundo, comimos polvo y no dejamos que ningún cinturón vaquero se escapará a nuestro radar.

El único que triunfó fue Floro, aunque bueno, su mujer no era la más guapa del bar. Los únicos valientes que aguantamos hasta el final fuimos Floro (motivado por la euforía post-coital), Juanma (motivado por el dopaje ilegal) y yo (motivado por las felicidad y las ganas de compartirla con una muchacha). Tras dejarnos el oído y las últimas fuerzas en la caseta del "chumba-chumba", tuvimos que arrastrar a Juanma para llevarlo a dormir. Durmimos en la nave industrial del padre de Lelu. Yo, más en concreto, en el asiento de atrás del coche de su madre.

El domingo, tras volver a recuperar fuerzas en la caseta de Curro, nos fumamos unos porros de despedida en Belén (paraiso natural extremeño). Allí nos reímos con la imagen de Juanma incubando sueños etílicos en medio del campo con colchón portátil incluido y junto a un cartel que rezaba "Recojan su basura" (q pena no tener una camara), con los placeres que siente Curro durmiendo desnudo en sábanas de seda, con el canuto gigante del Loren y la posibilidad de montar con él la empresa "Picadero-Móvil", con las historias del Twingo de Lelu, con los calzoncillos que se compran al kilo,... Y saber que Curro se cepillaba a la muchacha rumana que trabaja en su casa.

Supongo que tendré que volver con Floro a la feria de Zafra, no?

AUPA!!!!!

PD. Necesito una mujer en mi vida...
 
Encauzando el futuro


Hoy es uno de esos días en que todo te parece que marcha bien. Es como si todo funcionara correctamente, como si todo tuviera sentido (o al menos, un pokito para que merezca la pena sonreir). Sí, hoy me siento muy bien. Y eso que estoy de resaca y le he mandado un mensaje a una italiana que conocí el pasado fin de semana y ni siquiera me ha respondido.

Ya tengo un trabajo. Bueno, no es exactamente un trabajo, sino un especie de favor y no voy a cobrar un duro. Pero es algo que me motiva. A partir de hoy soy el representante con los medios de comunicación del Club Balonmano Badajoz. De algo me tenía que servir haber estado 5 años de mi vida sudando su camiseta (bueno, más bien la sudadera porque yo era portero). Me voy a encargar de redactar la crónica de los partidos para luego vendérsela a los medios, voy a dirigir la revista mensual del club y seré el encargado de cualquier tipo de relación con los medios de comunicación.

Estoy muy contento porque esto me va a servir para meterme en el mundillo, escribir sobre algo que me apasiona (el deporte) y ir completamente a mi bola y sin ningún tipo de responsabilidad ni presión (es lo bueno que tiene que no te paguen). Bueno, veremos como me va. Además estoy pensando en entrenar con el equipo. Simplemente para hacer deporte (una de mis viejas-nuevas rutinas). Para ir preparando el cuerpo, hoy he entrenado. Me he quemado mucho, ahora estoy destrozado y se ha notado que llevaba muchos años sin ponerme debajo de una portería, pero he aguantado y he disfrutado. Me ha gustado sentirme de nuevo formando parte de un equipo.

Por otro lado, me he apuntado a un curso intensivo de Diseño Web del INEM. Llevaba tiempo queriendo ampliar mis conocimientos en esta especialidad y me vendrá muy bien para engordar el currículo. Además, llevo tiempo queriendo colgar mi propia página web en internet. En poco tiempo puede ser una realidad. Pero no me quiero hacer ilusiones: todavía no me han aceptado en el curso.

Ayer retomé una historia que tenía en el tintero (una de tantas), pero que dada mi situación actual, mi propia experiencia ayuda a que el relato se esté desarrollando solo. A ver si consigo de una vez tomarme uno de mis guiones en serio y lo acabo. Aunque sea una basura, pero tener la satisfacción de escribir "Final" en la última página. Aunque seguramente me acabaré viniendo abajo, me quedaré en blanco o me aburriré y lo dejaré como siempre.

Por cierto, hoy metí todas las fotos de este último año en UK en un album. Tantos recuerdos concentrados en tantas imágenes.

Y mañana me voy a Zafra. Creo que soy de las personas que con 23 años nunca hayan estado de fiesta en su feria. A ver si no me decepciona porque tengo puestas muchas expectativas.

AUPA!!!!

PD. Acaba de empezar octubre y seguimos a 30 grados todos los días. Esto es alucinante.