Las MUJERES.

Las mujeres inteligentes, cuando se sumergen en una pasión, obedecen a la ley de Arquímides sobre los cuerpos sumergios en los líquidos: disminuyen de peso.
El hombre en todos los momentos de su vida sexual es ridículo: da risa cuando está enamorado, es torpe cuando novio, no se le puede mirar cuando esposo, se presta a la ironía cuando es cornudo, es grotesco cuando queda viudo, es bobo cuando se consuela y es imperdonable cuando reprende a su mujer.
La mujer, en cambio, es deliciosa cuando está enamorada, patética cuando novia, conmovedora cuando esposa, espléndida cuando es mujer, consolable cuando es traicionada, interesante cuando es adúltera, y cuando es viuda tiene un dejo melancólico que le sienta bien.
El hombre, en amor, es un ingrediente que inturbia todas las mezclas.
No contéis por todas partes que habéis poseído a una mujer. Ya está ella para divulgarlo, si es de su interés.
Una mujer no se vuelve nunca; después de lo sucedido a la de Lot y a Atalanta, las mujeres no se vuelven a mirar atrás ni para ver un paisaje interesante ni para recoger una manzana. Por no haberse vuelto atrás para buscar su zapato, la Cenicienta encontró marido.
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(c) ego A. Torres.
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