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El desastre de una F
Y no tan desastre. ES FICCIÓN, FICCIÓN
Acerca de
Oh!!! Prólogo: Ethel, es una de esas chicas que no le enseñaron a dar rienda suelta al emocional, a desfogarse con el otro sexo, en todos sus grados, en la manera que a un varón. Sus veintenueve son una mezcla de sentirse mayor, más gorda que en años atrás, instintos... Todos sus intentos de pareja en el pasado fueron fallidos. Poco a poco sustituye con sus sueños nocturnos la vida real anodida y aburrida; pero un hecho inesperado...
 
LOS LIBROS
Con La noche trémula, Juan Sin Miedo y El velador de la noche, nos allegamos a un pueblo abandonado por unos, y residentes otros del cementerio cuyos lamentos sonoros lamían el río a su paso; estremecedor. Sus ventanos en semiruina y las tejadas tiradas en su mayor parte por riscos levantados en tormentas, bajamos del autobús y nos embarramos de barro y paja, al recibo de un mozo de la catorce o quince añada; con un cazo de café caliente, nos confortó en una leña que prendía fuerte. Corría bastante frío, tanto para acomodarnos entre las mantas de lana de oveja para que los dedos no sufrieran daño, junto a su burra y perros pastores; en tiempo de nieves, el puerto era cerrado por los temporales sucesivos hasta salidos del invierno por marzo. Se nos aventuraba una gran travesía, la soledad del frío y la rudeza del monte ofrecía un buen cobijo para que la inspiración brotara. Pasaron las semanas, el mozo nos reacomodaba con sus avios y reparaciones, un joven solitario que repicaba las campanas para comunicar a las aldeas de los montes vecinos, aislados en aquel tiempo atmosférico, que todo continua estable, que la ventisca de la noche anterior no hizo demasiados desperfectos a la tejada, o que la cuadra recibió algún destrozo pero de apaño sin ayuda externa. Siempre al abrigo de sus perros pastores, brincaba los llanos cercanos para evitar merodease algún zorro traicionero para dar cuenta de sus gallinas o ganado menor. Los huéspedes con ese miedo de lo desconocido, oíamos quejidos en la noche e incluso algún repicar fantasmal, pasábamos el día sobre los pasos de nuestras lecturas, en aquel chopo o aquella nogalada, sobre aperos otros, e incluso removiendo el fuego al tiempo suspirábamos por el viento tan calmado que rompía con la madrugada, para romper la paz y el sosiego al quebrar el día. El frió nocturno sufría apaciguo con braseros de brasas de carbón o leña, y algunos sabañones arremetían sobre otros arteros.
Susurraba el rumor en el viento del poblacho de haber cuerpos sin recibir sepultura, que el mozo arreaba pactos con el diablo para no sacralizar la muerte, tal aprensión tomaron las mujeres que pensaron pasar los puertos a pie lo que quedara de camino a la capital, para no pasar mayores tormentos. Las piernas temblaban entre el temor y el frío, y el mozo con templanza aligeraba nuestros sufrimientos físicos con refriegas de dedos y un mirarnos a los ojos "paque contar", mas no nos tomaba la temperatura de nuestros desasosiegos y deseos, algunas quedas le alcanzamos frunciendo el ceño mientras preparaba el ramón al rebaño. Fue entonces cuando le descubrimos tomando papel y lápiz de algún barreño de la cocina, y sobre los fogones que calentaba nuestros cuerpos, comenzó a hacer de nosotros los personajes de su novela: " Soy un muchacho poco instruido en la vida urbana, pazo solo en una aldea norteña, mi padre murió a comienzos de octubre de una mala lluvia , y estos libros que la biblioteca volante me hizo ofrenda, fueron mi acompañar en el sentimiento. Tengo empeñado una voluntad, daré muerte a todo humano que descubra mi soledad y se empeñe en remediarla, no deseo salir a ningún lugar que no conozco, ni me despojen de mi medio conocido; es la promesa que arrancó Padre." Ahora andamos presurosos entre el miedo de sus dedos, con temor de al repaso aprese nuestro destino e irnos al fuego, y el deseo de recibir su calor humano.