El Tesoro de los Inocentes
...y si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía
no vas a regatear!
Indio Solari
no vas a regatear!
Indio Solari
Cromañon: ¿Dónde están los niños de la guardería-baño?
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¿Dónde están los niños que murieron en la guardería-baño? Para una vieja teología, los niños muertos sin bautizar eran ubicados en el limbo. Luego esta tesis acabó en el “limbo”. Sonaba a respuesta sobreactuada de gente “piadosa”, instruida por teólogos de palacio. Estos intelectuales abstraídos del mundo no pensaban en los inocentes que padecían el infierno aquí en la tierra. Más acordes con un Dios Padre misericordioso, las nuevas teologías más aterrizadas buscan hoy el espacio intermedio entre el cielo y el infierno. ¿Podría llegar metafóricamente aquel espacio con menos agobio? Hambrientos de una noche de distensión algunos se olvidaron que las cartas del infierno fueron repartidas de antemano. Empresarios, artistas y funcionarios se echaban la culpa de no privilegiar a los chicos “callejeros” en sus reinos.
En la búsqueda de un concierto “viaje al cielo” y el infierno estaba aquella guardería “limbo” del Once. Se trató de salir de aquel pecado original que ha sido simplemente ser pobre. El Catecismo actual parece sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena. Con los niños de la guardería del Once un empecinado “new age” dirá que ellos pagaron si fueron Herodes en otras vidas. En la próxima serán pediatras, maestros o bomberos y así socorrerán a otros niños, conforme a lo que han aprendido aquí.
Esta suerte de teología a lo mejor relaja a una señora en la peluquería y ese día no le hará falta ir a clase de yoga. Pero para los que somos agnósticos de la reencarnación nos seguiremos preguntando en la oscuridad de aquel limbo: ¿Los chicos de Callejeros estaban allí por la virtud de sacrificados padres deseosos de una noche de consolación desde sus respectivas teologías del cautiverio, o estaban allí, víctimas de un sistema que no le interesa paliar tanta precariedad vincular, deterioro psíquico y descuido?
La muerte como virtud y pecado, exclusión, “mala leche”, inocencia y pena recuerda la muerte de Jesús. Algunos decían: “Pobre muchacho, que mal murió, pero bueno, son tan fanáticos y primitivos estos locos judíos... Otros decían ¡qué grande ese joven que dio la vida por los suyos! Cómo no lo iban a matar si en este mundo no sólo se mata a los profetas sino que incluso a inocentes. Para muchos, la disco fue una representación de nuestro capitalismo de “Floricienta” que entretiene con sueños de hadas y cuando te avivás, no te deja salir por la puerta trasera.
Creo que de modo emblemático, algunos vimos la situación de pecado que genera este capitalismo. La discoteca de la calle 11 de Septiembre (Día del Maestro) se quemó como las Torres Gemelas, a las “11”, en el Once, sitio de negocios, hoy más que nunca lugar hambriento de ocio. Los niños de la “guardería baño” yo no tengo dudas están con Dimas, el “buen ladrón” que en el último día del año se robó el paraíso. Están en Su Reino, en el reino de los que buscan una liberación total. Ojalá que en el primer mes del año también estemos nosotros en ese reino. Se trata de buscar un ociono tan negocio pensado por empresarios, artistas y funcionarios que no se una al público por el espanto y que estén gustosos de salir del Cromañón. En el reino de los cielos y de la tierra no se está por ser bailantero, surrealista o “callejero” sino por luchar. Eso como dijera Brecht es lo único que en esta tierra nos hace imprescindibles.
Leonardo Balderrain,
sacerdote, doctor en bioética
Página/12 - 17/01/05
¿Dónde están los niños que murieron en la guardería-baño? Para una vieja teología, los niños muertos sin bautizar eran ubicados en el limbo. Luego esta tesis acabó en el “limbo”. Sonaba a respuesta sobreactuada de gente “piadosa”, instruida por teólogos de palacio. Estos intelectuales abstraídos del mundo no pensaban en los inocentes que padecían el infierno aquí en la tierra. Más acordes con un Dios Padre misericordioso, las nuevas teologías más aterrizadas buscan hoy el espacio intermedio entre el cielo y el infierno. ¿Podría llegar metafóricamente aquel espacio con menos agobio? Hambrientos de una noche de distensión algunos se olvidaron que las cartas del infierno fueron repartidas de antemano. Empresarios, artistas y funcionarios se echaban la culpa de no privilegiar a los chicos “callejeros” en sus reinos.
En la búsqueda de un concierto “viaje al cielo” y el infierno estaba aquella guardería “limbo” del Once. Se trató de salir de aquel pecado original que ha sido simplemente ser pobre. El Catecismo actual parece sugerir que, al final de la vida terrena, no hay soluciones intermedias entre beatitud y condena. Con los niños de la guardería del Once un empecinado “new age” dirá que ellos pagaron si fueron Herodes en otras vidas. En la próxima serán pediatras, maestros o bomberos y así socorrerán a otros niños, conforme a lo que han aprendido aquí.
Esta suerte de teología a lo mejor relaja a una señora en la peluquería y ese día no le hará falta ir a clase de yoga. Pero para los que somos agnósticos de la reencarnación nos seguiremos preguntando en la oscuridad de aquel limbo: ¿Los chicos de Callejeros estaban allí por la virtud de sacrificados padres deseosos de una noche de consolación desde sus respectivas teologías del cautiverio, o estaban allí, víctimas de un sistema que no le interesa paliar tanta precariedad vincular, deterioro psíquico y descuido?
La muerte como virtud y pecado, exclusión, “mala leche”, inocencia y pena recuerda la muerte de Jesús. Algunos decían: “Pobre muchacho, que mal murió, pero bueno, son tan fanáticos y primitivos estos locos judíos... Otros decían ¡qué grande ese joven que dio la vida por los suyos! Cómo no lo iban a matar si en este mundo no sólo se mata a los profetas sino que incluso a inocentes. Para muchos, la disco fue una representación de nuestro capitalismo de “Floricienta” que entretiene con sueños de hadas y cuando te avivás, no te deja salir por la puerta trasera.
Creo que de modo emblemático, algunos vimos la situación de pecado que genera este capitalismo. La discoteca de la calle 11 de Septiembre (Día del Maestro) se quemó como las Torres Gemelas, a las “11”, en el Once, sitio de negocios, hoy más que nunca lugar hambriento de ocio. Los niños de la “guardería baño” yo no tengo dudas están con Dimas, el “buen ladrón” que en el último día del año se robó el paraíso. Están en Su Reino, en el reino de los que buscan una liberación total. Ojalá que en el primer mes del año también estemos nosotros en ese reino. Se trata de buscar un ociono tan negocio pensado por empresarios, artistas y funcionarios que no se una al público por el espanto y que estén gustosos de salir del Cromañón. En el reino de los cielos y de la tierra no se está por ser bailantero, surrealista o “callejero” sino por luchar. Eso como dijera Brecht es lo único que en esta tierra nos hace imprescindibles.
Leonardo Balderrain,
sacerdote, doctor en bioética
Página/12 - 17/01/05