logotipo

img_google
EN MIS NOCHES CONSTELADAS
Si no son consteladas,yo les pinto las estrellas...
Acerca de
Si quereis conocer a alguien que siempre ha sido una soñadora (bastante realista) y un tanto peculiar...leed.
Enlaces
ME GUSTA LEER A...
Y TAMBIÉN A...
POR SI TE ABURRES...
Sindicación
 
HISTORIA DE VERANO (IV PARTE)
Íbamos a cruzarnos de un momento a otro, al igual que nuestras miradas, supuse.
Contra todo pronóstico Iván dijo un “hasta luego” y bajó la mirada justo al pasar por mi lado.
En ese momento me sentí contrariada porque la sensación de que hacia algo equivocado me cogió desprevenida pero ¿hacía algo erróneo en realidad?.
Durante el resto de la noche no me quité de la cabeza a Iván, no diré que lo pasé mal, pero su recuerdo no dejó de acompañarme durante determinados momentos.
Ya veis que no paso nada, muy al contrario, sé que Iván volvió a vernos salir con nuestros amigos alguna noche más pero nunca me reprocho nada ni se presentó en los lugares que el mismo nos enseñó aquella primera noche de vacaciones. Tampoco dejó de venir a vernos casi cada tarde, de acompañarnos a la playa y de esperar a que llegásemos al apartamento por las mañanas para venir a charlar un rato conmigo.
Si, por exagerado o incomprensible que parezca, muchas mañanas después de oírnos llegar se presentaba en el apartamento. Llamaba suavemente a la puerta y cuando alguna de nosotras abría solía decir... ”¿puedo o molesto?”
La verdad es que nunca molestaba y yo estaba deseando verlo.
Al principio nos quedábamos los tres charlando en el comedor, desayunábamos y después Cristina se iba a dormir a la habitación dejándonos solos.
Solo entonces aquellos días de vacaciones adquirían cierto sentido para mí y esos instantes se tornaban mágicos, siempre escuchábamos aquella canción de Mano negra en sus inseparables walkmans y si no, él me la cantaba.
Sentados en el sofá, él se recostaba en mi regazo y yo le acariciaba el pelo, le besaba, en la cara y la frente, aunque me hubiese gustado morderle aquellos labios y comérmelo enterito, pero yo era así (de idiota).
Me creía una mujer “hecha y derecha” y veía a Iván como un niño en los brazos de mamá.
Él solo preguntaba que como lo pasábamos en aquellas noches y yo no me atrevía a relatarle lo que sabía que probablemente podría causarle más daño.
Tantas veces fueron las que intentó besarme y tantas veces aparté mis labios que me da vergüenza recordarlo.
Su mirada, aquella mirada se quedaba clavada en la mía y me decía tantas cosas...
Nunca pasó nada más allá de una simple caricia o de unos besos en la frente. Solía dormirse con la cabeza apoyada en mis piernas, estirado en aquel sofá mientras yo permanecía sentada y entonces me quedaba absorta mirando su cara con aquella expresión de ángel.
Llegaba el momento en el que el sueño acababa por hacer mella también en mí e irremediablemente mi cuerpo clamaba el merecido descanso, así que cuidadosamente me levantaba para no despertarle pero también os diré que nunca lo conseguía y que al mínimo movimiento Iván abría unos ojos como platos.
Me dolía tener que despedirlo.
Alguna vez me cogió de la mano con la intención de acompañarme hasta el interior del dormitorio pero yo evitaba que cruzase esa puerta.
Así fueron pasando los días y las horas con Iván.
Él me preguntaba cada mañana si le besaría en los labios aunque solo fuese una vez antes de irme a Barcelona.
No lo hice nunca y un día, inexorablemente, llegó el momento de la partida.
El día anterior Iván no apareció, no vino por la mañana y tampoco nos acompañó a la playa como hacía muchas tardes.
Yo estaba nerviosa, desesperada, aún era el día en que no tenía ni su teléfono ni su dirección. Tan solo sabía que se llamaba Iván pero no sus apellidos.
La noche anterior a la salida estuvimos esperándolo hasta pasada la una pero teníamos que descansar pues a las diez del día siguiente nos recogía un taxi y salíamos pitando hacia la estación de Benicarló, pues Peñíscola no posee.
Cuando me vi en la calle con las maletas preparadas, dispuestas ya a abandonar aquel lugar me invadió una sensación de angustia espantosa y algo me dijo que jamás volvería a ver a Iván.
 
HISTORIA DE VERANO (III PARTE)
Antes de salir nos tomamos unos chupitos en el apartamento, quise que fuese así pues eso nos facilitaba el poder conocernos un poquito mejor los tres.
Todo iba sobre ruedas, yo no me cuestionaba nada y Cristina estaba de buen humor a pesar de creer que no tenía nada que hacer con él (y os aseguro que eso le cabreaba de veras).
Iván nos explicó que era un chico de Zaragoza. Sus padres tenían un apartamento de propiedad en Peñíscola y acudían allí siempre que llegaba la época estival.
Él disfrutaba mucho de aquellos veranos pero, según nos dijo, no tanto de las amistades, pues no eran asiduas del lugar como él.
En cuanto a gustos musicales, culturales y todo eso de lo que se suele hablar en las primeras citas coincidía con él plenamente y aún hoy suelo recordarle cuando escucho cierta canción de Mano Negra.
Todo seguía miel sobre hojuelas hasta el momento en que a mí se me ocurrió preguntar... ¿y tú, cuántos años tienes?
_Tengo diecisiete, pero cumplo los dieciocho el mes que viene_.
¡¡Catacrash!!, en ese momento Cristina y yo nos miramos, su mirada era de sorpresa, la mía tal vez denotase de decepción.
¿Cómo nosotras con veintiún años (todas unas mujeres, vamos), podíamos pensar en tener una historia con un “niño” de esa edad?... ¡Por favor!
Ahora lo pienso y me daría de bofetadas.
No sólo porque Iván fuese precioso. Parecía un ángel de cabellos dorados y piel blanca, salpicada por algunas pecas en el rostro que le conferían un aire risueño y encantador, un rostro de óvalo perfecto que acogía unos hermosos ojos grandes, poblados de rubias y largas pestañas y cuya mirada, del color del mar, te atraía irremediablemente hacia ese abismo intensamente azul de las profundidades.
Es que Iván era entrañable a medida que hablaba más me cercioraba de ello.
Finalmente conocimos la Peñíscola joven de la noche, nos lo pasamos realmente bien y seguimos disfrutando de ella durante el resto de días pero ya sin nuestro acompañante.
Iván tenía la inocencia de un niño y la sinceridad de sus palabras llegaba incluso a hacerme daño cuando intentaba que yo reaccionase al describirme lo que había sentido al verme por primera vez en el balcón y lo que se iba despertando en su interior conforme pasaban los días.
Me sentía tremendamente alagada pero no puedo decir que feliz, pues mi propia actitud me impedía disfrutar de aquel momento.
Me arrepiento enormemente de la reacción que tuve al conocer su edad.
Como ya os he dicho, a partir de aquella noche no volvimos a salir con él a pesar de su insistencia.
Comprendo que Iván no lo entendiese... ¿Por qué después de aquella primera noche en la que lo pasamos tan bien ya no quería saber nada de él?
Nunca le confesé por lo que era, contrariamente le hice creer que desconfiaba de él y que no creía que si teníamos una historia esta acabase bien.
No sé por qué actué de aquella manera pero lo cierto es que después de insinuarle que tenía ciertos reparos con el tema edad no pudo por más que echarse a reír y yo, en lugar de reaccionar y ser un poco coherente con mis palabras seguí en mis trece intentando entonces hacer que siguiese creyendo lo que no era.
Seguramente le causé mucho daño pero en ese momento tampoco era demasiado consciente de ello.
Cristina y yo seguíamos saliendo cada noche y además acompañadas por aquellos dos italianos de los que os hablé al principio.
Una de esas noches de verano, cuando caminábamos por ese paseo marítimo tan largo que posee Peñíscola, camino del castillo y con nuestros nuevos acompañantes nos encontramos de frente con Iván.
¿Qué creéis que pasó?
Como veis Cristinita se mantuvo muy al margen al contrario de lo que algunos pensabais, de todas maneras, aún queda historia por delante.
;)
 
HISTORIA DE VERANO (II PARTE)
La sorpresa fue enorme, frente a mí se encontraba la persona que nunca habría esperado.
_Hola...
Me quedé allí, petrificada, sin saber como reaccionar. Creo que si en esos momentos me pinchan, no me sale sangre.
Él siguió con su presentación sin que yo hubiese dicho esta boca es mía.
_Me llamo Iván y soy el vecino de al lado. Os he visto hoy en el balcón y he pensado que podríamos conocernos. No sé si ahora os pillo en mal momento..._.
Ante tal situación me vi forzada a reaccionar.
Como suelo hacer, me obligué a cambiar el chip y comencé a interpretar mi papel de...”no pasa nada chica, si esto es lo más normal del mundo”...Entonces respondí resuelta_ Hola Iván, yo soy Anna y mi amiga es Cristina_.
A todo esto me di cuenta de que Cristina estaba a mi lado, pero no podría deciros el tiempo que hacía de aquello porque os aseguro que no había notado su presencia.
Hecha la presentación nuestras caras se acercaron y nos plantamos los besitos pertinentes, ¡smuacks!, ¡smuacks!...
Aiiixxx, que piel tan suave y que cara, que ojos...si es que parece que lo estoy viendo, allí, tan guapo él.
_Bueno, he venido para deciros que si queréis contar conmigo para salir a tomar algo solo tenéis que decírmelo y yo estaré encantado_.
Debo decir que, aunque podríais pensar que acabábamos de conocer a un “jeta” o a un “listillo” en potencia de estos que tienen un morro que se lo pisan y van por el mundo haciendo de “Don Juan Tenorio” no estaríais en lo cierto.
En ningún momento nos dio esa impresión, es más, su presentación fue del todo correcta, pero denotaba cierto nerviosismo que no podía disimular. Supongo que eso y el hecho de que se ruborizase mientras hablaba me dieron un poco de confianza además de sacarme esa venilla madrera que tengo y que no soporta que alguien lo este pasando mal.
_Ahora mismo nos estábamos planteando donde podríamos ir esta noche, es que hoy es nuestro segundo día y anoche no salimos_.
¿Cómo íbamos a salir? Llegamos a Peñíscola a las dos del medio día, comimos y nos pasamos toda la tarde n la playa hasta las ocho (con ese afán de ponernos tizonas), así que por la noche estábamos muertas.
Noté que se le iluminaba la mirada.
_Entonces...si no os importa, os vengo a buscar esta noche y os llevo a que conozcáis la zona de bares_.
Imaginaos que nervios.
Quedamos esa misma noche a las doce en punto y en cuanto cerramos la puerta tras él, una sensación de vacío indescriptible invadió aquél recibidor (o al menos eso fue lo que yo sentí).
Lo primero que dijo Cristina mirándome con gran seguridad fue: _Le gustas tú, se nota_ Y se quedó tan ancha.
No me gusta condicionarme por nada porque prefiero vivir todos los momentos descubriendo paulatinamente, sorprendiéndome y aquella afirmación, más que alegrarme, me provocó cierto enojo puesto que no quería que aquello se convirtiese en una rivalidad y mucho menos permanecer toda la noche o...los días que restaban intentando vislumbrar alguna señal que me confirmara si era cierto lo que Cristina parecía tener tan claro.
Llegaron las doce y quedó demostrado que una de las muchas cualidades de Iván era la puntualidad.
Después de aquella noche todo cambiaría y la historia que esperáis leer se desarrollará para bien o para mal en pos a una conversación, antes de salir el apartamento.
Podéis empezar a imaginar pero podría ser que os equivocaseis.
Hasta pronto preciosit@s.
 
HISTORIA DE VERANO (I PARTE)
Hola a todos.
Este fin de semana he estado dándole vueltas a mi cabeza y después de mucho meditar me he decidido a escribir una historia que perdura en mi recuerdo y que evidentemente si sigue ahí es porque me marcó, aunque ya no me duela el recordarla.
Aviso (y quién avisa no es traidora), que voy a publicar por fascículos, así que empezad a leer desde aquí si queréis pillar algo y si no, no me leáis en unos cuantos días pero, volved, por favor que todo lo que empieza se acaba algún día...

Verano de 1993-Peñíscola
_¡Anita!,corre, sal aquí fuera y no mires ahora, pero en el balcón de al lado esta asomado un tío que esta buenísimo. ¡Correee!, ven y disimula_
Acudí, aunque confieso que sin muchas ganas, pues para mi amiga Cristina “todos” estaban siempre buenísimos pero bueno, nos encontrábamos de vacaciones solas por primera vez en aquél apartamento y a unos 400 kilómetros de casa, así que no era plan de seguir estirada en el sofá.
Salí sin ningún aspaviento y me apoyé sobre la barandilla, con los brazos cruzados, mi amiga, situada a mi izquierda se inclinó un poco hacia atrás para dejarme visibilidad. Tardé unos segundos en girar mi cabeza de la manera más disimulada pero, lo que son las cosas, justo en ese momento él también decidió mirar hacia nuestro lado y... ¡zas!, impacto de miradas.
Lo que yo sentí en aquel instante podría describirse como un auténtico flechazo, si sabéis lo que es (que seguro es que si) ya habréis experimentado en vuestras carnes tan singulares sensaciones.
No pude hacer más que volver a desviar mi mirada y de nuevo, disimuladamente, retirarme hacia el interior, sentarme nuevamente en aquel viejo sofá y notar como mi cuerpo temblaba como una hoja.
Seguidamente entró Cristina, con una expresión interrogante que se tornó en otra de “ya te lo dije” en cuanto observó mi rostro.
Evidentemente, comenzó la elucubración de un plan que nos llevase a conocer a dicho “tío bueno” pero a mí no se me ocurrió decir que estaba caladita hasta los huesos ya, porque me parecía un tanto exagerado.
En medio de tal conversación a veces observaba como Cristina ponía énfasis desmesurado en sus explicaciones y aclaraciones, veía como gesticulaba y se movían sus labios pero no escuchaba nada.
Mi mente estaba atrapada en una mirada y no podía escapar.
Una media hora después comenzábamos a rebuscar entre nuestra ropa para concretar que nos poníamos esa noche, la primera noche en aquel lugar.
Tenía que ser algo impactante, de lo último que adquirimos en Barcelona pensando precisamente en este viaje.
Veníamos lo que se dice bien surtiditas en cuanto a modelitos.
Comprobé que ella quería vestirse para impresionar al mundo y yo solo trataba de impresionarle a él, cuya imagen aún pululaba por mi cabeza.
Pasaron las horas y casi si darnos cuenta nos dieron las ocho de la tarde.
Nos encontrábamos duchaditas y recién “peinás” cuando oímos unos golpes en la puerta. Nos miramos extrañadas pues allí no conocíamos a nadie. Era nuestro segundo día y solo habíamos flirteado con dos italianos de los edificios de en frente pero nada más.
_ ¿Serán ellos?_exclamó Cristina_ no, que va...no puede ser, si no conocen la dirección, podría ser que el piso...pero ¿la puerta?
_Ya está, va a ser el casero, pero ¿para qué?, si además vive en Vinaroz.
Volvieron a insistir.
_Ana, ve tú que a mí me da miedo (hay que ver como se nota la edad que teníamos)
Y efectivamente, me dirigí hacia la puerta, cargada de energía, resuelta y decidida, dispuesta a reaccionar según requiriesen las circunstancias. No pregunté ni quién era y la abrí con determinación.
 
"LA PANDA PLUTO"...
Cuando era una niña, siempre quería saber lo que sentían todas las personas que se encontraban a mí lado, quería experimentar en mí lo que creía ver en los otros.
No sé de que manera empecé a detenerme en una mirada, una sonrisa, un gesto...tampoco sé el porqué de ese extraño interés en los sentimientos que todavía perdura, pero el caso, es que aprendí a sentir el sufrimiento, la tristeza o la alegría de los que me rodeaban.
Yo quería ser una niña buena y pensaba que para ser buena tenia que sentir, porque si no, nunca llegaria a conocer mi conciencia.
A modo de ejemplo ñoño os diré que era un poco extraño el hecho de que yo quisiera hacer la comunión por razones completamente distintas a las de los demás, pero bien cierto es que a mí me interesaba salir de la iglesia y encontrarme como una persona nueva y limpia de espíritu, que ya podía dedicarse a ayudar a los demás, mientras que los otros anhelaban encontrarse con montones de regalos.
No voy a negar que esto último fuera lo normal pero, es que lo que se dice “normal”, yo nunca lo he sido.
Tengo dos hermanos más pequeños que yo y los adoro, aunque cada uno de nosotros es totalmente diferente.
Cuando jugábamos yo siempre llevaba la voz cantante..., claro, era la mayor y ellos me seguían.
Yo trataba de hacerles entender que lo más bonito de esta vida es hacer que la gente sea feliz.
Los sentaba delante de la pizarra con caballete que nos regalaron mis padres y les daba clases de ética y civismo.
Si me pongo a recordar siempre me viene a ver alguna lagrimilla...
Cierta vez se me ocurrió organizar una pandilla que fuese como una ONG por así decirlo, pero en menor escala...ja, ja, ja...(mucha menor escala).
Lo comenté con mis hermanos y con los vecinitos de abajo pues también éramos amigos y compañeros de juegos.
Ellos eran tres también y los sexos y edades se repetían por ambas partes, Marta era la mayor y tenía mi edad, Jony era de la edad de mi segundo hermano y David era solo un año más pequeño que el más pequeño de nosotros.
Todos estuvieron encantados de formar parte de una pandilla que se proponía hacer el bien por donde pisase y acordamos bautizarla con el cutre-nombre de “la panda Pluto”, en honor al simpático can de Walt Disney, que por aquel entonces nos entusiasmaba.
Marta y yo nos dedicamos a crear el carné de todos los integrantes, un total de seis y por supuesto, tenía que ser idéntico y especificar bien clarito el puesto de cada uno y la tarea que desempeñaba.
Confesaros esto me produce algo de vergüenza pero como yo fui la precursora, pues decidí que tenía que ser “la reina”, ejem!...(que corte).
Los demás fueron “primera dama de honor”, “soldados mayores“y “soldados menores” respectivamente.
A ver, que queréis, si la mayoría de edad del grupo estaba en los 8 o 9 años...
Seguidamente nos pusimos a realizar el libro secreto de la pandilla, donde podíamos consultar cualquier duda y cuidar de que no cayese en manos de nadie.
Una vez finalizado (lo acabamos el mismo día) nos pusimos manos a la obra, habían días en los que no podíamos ayudar a nadie porque o no querían, o no encontrábamos a quien ayudar...XDD..., entiéndase ancianitos, señoras que venían de hacer la compra o invidentes que necesitasen cruzar una calle.
Los días que podíamos realizar alguna buena acción nos sentíamos los mas grandes y nos pasábamos todo el día recordándolo.
A veces nos daban hasta una propinilla y mira, ya teníamos para chuches.
También tuvimos nuestra campaña de limpieza urbana y lo primero que hicimos fue dejar la jardinera de la entrada a la portería limpia de mala hierba y papelajos para plantar unos cactus preciosos que nos dieron nuestros padres.
Hace poco arrancaron uno de los cactus que era el último vestigio de la desaparecida “panda Pluto”.Estaba muy bonito y algún desaprensivo/a lo arrancó de raíz dejando un vacío inmenso en aquella jardinera y llevándose también un montón de recuerdos.
Ojalá los niños de hoy en día pudiesen ver la vida y a las personas como yo las veía. El futuro de este mundo está en sus manos y parece que los mayores ya no nos acordamos de transmitirles los valores más importantes.
Parece que esas tareas solo correspondan a sus profesores o lo que es peor...a la televisión.
¿Estáis de acuerdo conmigo?.
Besotes ;)