Memoria de mis putas tristes
El día de su noventa cumpleaños, un anciano periodista decide regalarse una noche con una adolescente virgen. Sin embargo, a pesar de lo alocado que pueda resultar en un principio (él con noventa años y ella tan sólo con catorce), lo que sucede esa noche—y las que le siguen—es muy opuesto a todo lo que el lector pueda imaginarse a priori. Lo que ocurre deja al lector boquiabierto, desconcertado y, sobre todo, inquieto por la incertidumbre de lo que sucederá después.

Fotografía: Portada de un ejemplar de Memoria de mis putas tristes
Fuente: search.barnesandnoble.com
“Dicho en romance crudo, soy un cabo de raza sin méritos ni brillo, que no tendría nada que legar a sus sobrevivientes de no haber sido por los hechos que me dispongo a referir como pueda en esta memoria de mi grande amor.”
El anciano es un hombre solitario que ha dedicado su vida a leer, a escuchar música y a escribir para el "Diario La Paz". No llegó a casarse y, para mitigar su soledad, había recurrido al popular prostíbulo de Rosa Cabarcas. No obstante, el amor que acabará sintiendo por Delgadina, la adolescente de catorce años, cambiará su vida y su modo de verla por completo.
Llama a Rosa Cabarcas, le hace el encargo y, cuando por la noche llega al burdel, la niña está dormida. La observa, se recuesta a su lado, le acaricia, y le habla. Sin despertarla. Asombrada, Rosa Cabarcas le pregunta que qué es lo que ha sucedido. Él evita dar explicaciones y le pide que le consiga a la chica para otra noche. Pero vuelve a suceder lo mismo. El lector descubre, con asombro, que tras el viejo promiscuo y frío de la fachada, se esconde un hombre sentimental e ingenuo dispuesto a obedecer a su corazón a cualquier precio.
“Yo navegaba en el amor de Delgadina con una intensidad y una dicha que nunca conocí en mi vida anterior. Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años.”
Se enamora de ella. Apenas la conoce. De hecho, no la conoce despierta. Pero no necesita más. Se siente con más ganas de vivir que nunca. Decide acomodar la habitación del prostíbulo como si fuese su hogar. Cuelga cuadros, coloca un ventilador y la convierte en un lugar agradable para ambos. Duermen juntos y, mientras, él le canta, le habla y le lee obras como El principito, de Saint-Exupéry, los Cuentos, de Perrault, la Historia Sagrada y Las mil y una noches.
“Toda sombra de duda desapareció entonces de mi alma: la prefería dormida”, “nunca pude imaginar que una niña dormida pudiera causar en uno semejantes estragos”
Todo cobra un nuevo sentido a sus 90 años. En él renace la ilusión de un quinceañero que invade al lector dándole alas, esperanza y una inmensa fe en el amor. Un amor que en el relato se olvida de la edad, se olvida del día y actúa como un desconocido con la cordura, pues no sería ésta la que le hubiese permitido enamorarse en el fin de sus días, concediéndole una muerte feliz, apacible, y en absoluto carente de sentido.
“con el corazón a salvo, y condenado a morir de buen amor en la agonía feliz de cualquier día de mis cien años”

Fotografía: Gabriel García Márquez
Fuente: liceus
No condena en ningún momento su vida anterior, plagada de lujuria y festines continuos en los que buscaba lo que no encontró sino con aquella muchacha de catorce años. Entiende lo que le ocurre como un privilegio que no se disfruta con frecuencia y, por ello, no se conforma con perderla cuando un asesinato en el prostíbulo obliga a Delgadina a marcharse de allí.
La busca desesperadamente y cuando aparece envuelta en joyas, los celos le ciegan y se deja arrastrar por una locura momentánea. Una locura que delata su amor y le deja indefenso. Pero no le importa. Habla con Rosa Cabarcas, aclara el asunto y no para hasta encontrarla.
“No te vayas a morir sin probar la maravilla de tirar por amor”, le aconseja Rosa Cabarcas; pero está tan enamorado que, a pesar del deseo que siente por Delgadina, nunca le obliga a mantener relaciones con él, pues no quiere apartarla de su lado. Al año siguiente, a sus 91 años, continúa con Delgadina y escribe:
“conté las doce campanadas de las doce con mis doce lágrimas finales, hasta que empezaron a cantar los gallos, y enseguida las campanas de gloria, los cohetes de fiesta que celebraban el júbilo de haber sobrevivido sano y salvo a mis noventa años”
Con el estilo que caracteriza a Márquez, con un argumento original y con una escritura digna de considerarse una auténtica obra de arte, la historia de amor entre el periodista anciano y Delgadina conmueve al lector. Lo deja perplejo, embobado, con una sonrisa nostálgica, un recuerdo dulce, un muy buen sabor de boca, envuelto en ternura por el cariño con el que narra la historia y, sobre todo, ilusionado por el amor. Y, conseguir eso, con un argumento que puede parecer de lo más disparatado, es todo un logro.
El libro que le otorgó una fama sin precedentes fue, sin duda, Cien años de soledad. Pero después su afán de superación y de innovación sin dejar de lado sus principios estéticos, no decepcionaron tampoco a sus lectores más fanáticos. Y uno de los ejemplos claros se advierte en Memoria de mis putas tristes, dónde los lectores se encuentran con un Márquez intimista que canta a la vejez, al amor y que les embriaga con los sentimientos que es capaz de transmitir en cada palabra, en cada página.

Fotografía: Portada de un ejemplar de Memoria de mis putas tristes
Fuente: search.barnesandnoble.com
“Dicho en romance crudo, soy un cabo de raza sin méritos ni brillo, que no tendría nada que legar a sus sobrevivientes de no haber sido por los hechos que me dispongo a referir como pueda en esta memoria de mi grande amor.”
El anciano es un hombre solitario que ha dedicado su vida a leer, a escuchar música y a escribir para el "Diario La Paz". No llegó a casarse y, para mitigar su soledad, había recurrido al popular prostíbulo de Rosa Cabarcas. No obstante, el amor que acabará sintiendo por Delgadina, la adolescente de catorce años, cambiará su vida y su modo de verla por completo.
Llama a Rosa Cabarcas, le hace el encargo y, cuando por la noche llega al burdel, la niña está dormida. La observa, se recuesta a su lado, le acaricia, y le habla. Sin despertarla. Asombrada, Rosa Cabarcas le pregunta que qué es lo que ha sucedido. Él evita dar explicaciones y le pide que le consiga a la chica para otra noche. Pero vuelve a suceder lo mismo. El lector descubre, con asombro, que tras el viejo promiscuo y frío de la fachada, se esconde un hombre sentimental e ingenuo dispuesto a obedecer a su corazón a cualquier precio.
“Yo navegaba en el amor de Delgadina con una intensidad y una dicha que nunca conocí en mi vida anterior. Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años.”
Se enamora de ella. Apenas la conoce. De hecho, no la conoce despierta. Pero no necesita más. Se siente con más ganas de vivir que nunca. Decide acomodar la habitación del prostíbulo como si fuese su hogar. Cuelga cuadros, coloca un ventilador y la convierte en un lugar agradable para ambos. Duermen juntos y, mientras, él le canta, le habla y le lee obras como El principito, de Saint-Exupéry, los Cuentos, de Perrault, la Historia Sagrada y Las mil y una noches.
“Toda sombra de duda desapareció entonces de mi alma: la prefería dormida”, “nunca pude imaginar que una niña dormida pudiera causar en uno semejantes estragos”
Todo cobra un nuevo sentido a sus 90 años. En él renace la ilusión de un quinceañero que invade al lector dándole alas, esperanza y una inmensa fe en el amor. Un amor que en el relato se olvida de la edad, se olvida del día y actúa como un desconocido con la cordura, pues no sería ésta la que le hubiese permitido enamorarse en el fin de sus días, concediéndole una muerte feliz, apacible, y en absoluto carente de sentido.
“con el corazón a salvo, y condenado a morir de buen amor en la agonía feliz de cualquier día de mis cien años”

Fotografía: Gabriel García Márquez
Fuente: liceus
No condena en ningún momento su vida anterior, plagada de lujuria y festines continuos en los que buscaba lo que no encontró sino con aquella muchacha de catorce años. Entiende lo que le ocurre como un privilegio que no se disfruta con frecuencia y, por ello, no se conforma con perderla cuando un asesinato en el prostíbulo obliga a Delgadina a marcharse de allí.
La busca desesperadamente y cuando aparece envuelta en joyas, los celos le ciegan y se deja arrastrar por una locura momentánea. Una locura que delata su amor y le deja indefenso. Pero no le importa. Habla con Rosa Cabarcas, aclara el asunto y no para hasta encontrarla.
“No te vayas a morir sin probar la maravilla de tirar por amor”, le aconseja Rosa Cabarcas; pero está tan enamorado que, a pesar del deseo que siente por Delgadina, nunca le obliga a mantener relaciones con él, pues no quiere apartarla de su lado. Al año siguiente, a sus 91 años, continúa con Delgadina y escribe:
“conté las doce campanadas de las doce con mis doce lágrimas finales, hasta que empezaron a cantar los gallos, y enseguida las campanas de gloria, los cohetes de fiesta que celebraban el júbilo de haber sobrevivido sano y salvo a mis noventa años”
Con el estilo que caracteriza a Márquez, con un argumento original y con una escritura digna de considerarse una auténtica obra de arte, la historia de amor entre el periodista anciano y Delgadina conmueve al lector. Lo deja perplejo, embobado, con una sonrisa nostálgica, un recuerdo dulce, un muy buen sabor de boca, envuelto en ternura por el cariño con el que narra la historia y, sobre todo, ilusionado por el amor. Y, conseguir eso, con un argumento que puede parecer de lo más disparatado, es todo un logro.
El libro que le otorgó una fama sin precedentes fue, sin duda, Cien años de soledad. Pero después su afán de superación y de innovación sin dejar de lado sus principios estéticos, no decepcionaron tampoco a sus lectores más fanáticos. Y uno de los ejemplos claros se advierte en Memoria de mis putas tristes, dónde los lectores se encuentran con un Márquez intimista que canta a la vejez, al amor y que les embriaga con los sentimientos que es capaz de transmitir en cada palabra, en cada página.
Comentario:
Veo contriteza como el mundo literario de desplega y arrodilla ante un individuo que no pago los derechos de autor de "Relatos de un Nufrago "a un humilde marino que le conto toda la historia en su cama de hospital de manera exclusiva. Que realizo, realiza y realizara contactos entre los gerarcas comunistas y la guerrilla colombiana para acrecentar el rio de sangre que durante años ha diezmado no solo la poblacion sino tabien sus sueños, su economîa y ante todo su honra,.-Amigos lectores y eruditos del mungo les digo que cuando tengan ensus manos un libro que diga escrito por ESTA RATA , lo mediten un poco y se cuestionen, ^Primero, es cierto que ha sido escrito po ella, Segundo, estarân contribuyendo de manera directa a acrecentar este mar de SANGRE, Tercero cuanTOS SUEÑOS DE SERES QUE NACERán estÁN USTEDES ASESINANDO, SON UN COLOMBIANO DE 48 AÑOS CON MUCHO CAMINO RECORRIDO, y he visto mucha maldad pero en mis estudios conoci la realidad de esta rata , no descansarê para que su gloria sea efimera pues cada que muere un colombiano por accion de los guerrilleros gente como ella (rata) hancontribuido, contrubuyen y contrbuiran porque ese es su verdaero fin.
Comentario:
Creo que ahora me leeré cien años de soledad y mi putas tristes....me ha entrado el gusanillo
Gracias
Gracias





