El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiera
Escenario: Madrid. Los protagonistas: Carlos y Sandra. Él, un hombre que vive a caballo entre el pasado que le persigue y el presente: Sandra. Ella, una mujer inconformista y frágil que vive a todo trapo la ajetreada vida nocturna de la capital y que se verá atrapada en las escabrosas redes de un amor…que cambiará su vida para siempre.
"¿Por qué a veces recordamos lo que nunca quisiéramos recordar? ¿Por qué esos recuerdos serán siempre acusadores de deseos incumplidos o esperanzas difuntas?"
Claro, sin rodeos, sin tabúes…así es como escribe Pedro Maestre en El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiera. Así es como nos habla de Carlos, de Sandra, de su relación, y de los miedos que acompañan a todas las relaciones, sin excepción ninguna.
La lucha interior de Carlos por superar su pasado: Olga. Fue el gran amor de su vida; pero, cuando su relación terminó, Carlos la idealizó, aún sabiendo que el punto que había puesto a aquella relación en el ámbito amoroso, no era un punto seguido, sino un punto final. Su relación con Olga cuando comienza con Sandra es de amistad, y así habrá de serlo hasta el final de sus días. El problema es que durante el primer año de relación con Sandra, la relación con Olga es una relación que, a pesar de todo lo que le sigue aportando (él la denomina como una especie de “amistad enamorada”), le atormenta y le impide disfrutar plenamente de la que él mismo denominará, al final de la obra, “la gran pasión de su vida”.
"El pasado se agolpaba en mi mente y no sabía cómo deshacerme de él. Me sentí indefenso. ¿Y si Olga le había dicho que yo desde que había roto con ella hacía dos años estaba huyendo y que quizá estaba fingiendo ante mí mismo mi amor hacía Sandra?
Le quité un tirante del pijama, y le acaricié el hombro con los labios. Giró la cabeza y me miró, y tenía la mirada más hermosa que he visto en toda mi vida, virginal, reverberante. La besé y una lágrima resbaló por mi mejilla, y ella al tocarla con su mano me apartó y me volvió a mirar como si ella estuviera sintiendo lo que yo sentía, como si se hubiera transformado en mí, y se puso a llorar silenciosamente. La abracé para abrazarme a mí mismo."

Fotografía: Portada de un ejemplar de El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiese. Fuente: lenguadetrapo
Por su parte, Sandra tiene que hacer frente a otros problemas. Trabaja en el mundo del cine como una especie de manager. Por las noches, tras los estrenos, se lanza a la vida nocturna madrileña, con todo lo que eso conlleva, día tras día. Y ahí se advierte el gran contraste con Carlos. Él es más tranquilo, ella más alocada: no necesita de la relativa tranquilidad de la que Carlos depende. A pesar de ello, éste le acompaña en muchas de sus juergas, en algunas de las cuales se intuye el tormentoso camino de la destrucción que han iniciado hace ya tiempo.
"Nunca teníamos suficiente, el vacío que sentíamos era tan grande que nada lo llenaba, ni el alcohol, ni las drogas, ni el sexo, al contrario, cada vez era más insaciable y necesitaba más carnaza. [...]Buscábamos no el placer o vivir experiencias nuevas, sino autodestruirnos."
Crisis, altibajos…su amor es demasiado pasional y vive al ritmo de una auténtica montaña rusa. La personalidad más alocada de Sandra es sencillamente el reflejo de su fragilidad emocional, cuyo precio le resultará más caro y doloroso de lo que nunca jamás habría imaginado.
"éramos tan vulnerables que para reconocerlo tendríamos que habernos enfrentado a nuestros fantasmas personales y de pareja, lo que nos habría hecho más vulnerables, por lo menos en un primer momento. Creíamos que no podríamos soportar el dolor que conlleva la lucidez."

Fotografía: Pedro Maestre. Fuente: lenguadetrapo
No engancha sólo por la intriga de saber cómo acaba la relación entre Carlos y Sandra y que le lleva a Carlos a escribir el libro que el lector tiene entre sus manos; sino porque habla de sentimientos que tarde o temprano se hacen un hueco en la mayoría de las relaciones aunque en más de una ocasión la gente prefiera colocarse una venda, que no logra sino alargar algo que terminó hace ya tiempo y de lo que ya sólo quedan cenizas. Se trata del miedo a la soledad, la costumbre como refugio, el poder sobre el otro, la compra-venta de cariño y sexo, la confusión de sentimientos, el tener que afrontar el hecho de dejar a alguien que quieres muchísimo, pero de quién ya no estás enamorado; la dependencia y necesidad del otro por encima del propio amor…
"Nos dimos cuenta de que, sobre todo, nos necesitábamos, de que no podíamos pasar el uno sin el otro, de que temíamos quedarnos solos con nuestros demonios, y eso fue ocupando un lugar privilegiado dentro de nuestro amor."
Una historia realista, compleja, pero como cualquier relación amorosa. Y, con un tercer protagonista, tan pasional como sus personajes: Madrid. Sus barrios: Malasaña, Chueca, el Barrio de las Letras…, sus calles y sus plazas, sus restaurantes y sus discotecas…y su inmenso poder de atracción, que arrastra a los protagonistas a un modo de vida que acaba teniendo más voluntad sobre su propia vida que ellos mismos.
"Porque cuando te das cuenta de que eres feliz, en ese mismo instante, la felicidad se transforma en una tregua inquietante. Como si se hubiera llegado a la cumbre de la montaña que querías subir, y se adivinara que los descensos son más peligrosos. Por eso había que llevar cuidado, ayudarse el uno al otro, no ir cada uno por su lado."

Fotografía: Calle Alcalá de noche. Fuente: migrantesenlinea.org.
"¿Por qué a veces recordamos lo que nunca quisiéramos recordar? ¿Por qué esos recuerdos serán siempre acusadores de deseos incumplidos o esperanzas difuntas?"
Claro, sin rodeos, sin tabúes…así es como escribe Pedro Maestre en El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiera. Así es como nos habla de Carlos, de Sandra, de su relación, y de los miedos que acompañan a todas las relaciones, sin excepción ninguna.
La lucha interior de Carlos por superar su pasado: Olga. Fue el gran amor de su vida; pero, cuando su relación terminó, Carlos la idealizó, aún sabiendo que el punto que había puesto a aquella relación en el ámbito amoroso, no era un punto seguido, sino un punto final. Su relación con Olga cuando comienza con Sandra es de amistad, y así habrá de serlo hasta el final de sus días. El problema es que durante el primer año de relación con Sandra, la relación con Olga es una relación que, a pesar de todo lo que le sigue aportando (él la denomina como una especie de “amistad enamorada”), le atormenta y le impide disfrutar plenamente de la que él mismo denominará, al final de la obra, “la gran pasión de su vida”.
"El pasado se agolpaba en mi mente y no sabía cómo deshacerme de él. Me sentí indefenso. ¿Y si Olga le había dicho que yo desde que había roto con ella hacía dos años estaba huyendo y que quizá estaba fingiendo ante mí mismo mi amor hacía Sandra?
Le quité un tirante del pijama, y le acaricié el hombro con los labios. Giró la cabeza y me miró, y tenía la mirada más hermosa que he visto en toda mi vida, virginal, reverberante. La besé y una lágrima resbaló por mi mejilla, y ella al tocarla con su mano me apartó y me volvió a mirar como si ella estuviera sintiendo lo que yo sentía, como si se hubiera transformado en mí, y se puso a llorar silenciosamente. La abracé para abrazarme a mí mismo."

Fotografía: Portada de un ejemplar de El libro que Sandra Gavrilich quería que le escribiese. Fuente: lenguadetrapo
Por su parte, Sandra tiene que hacer frente a otros problemas. Trabaja en el mundo del cine como una especie de manager. Por las noches, tras los estrenos, se lanza a la vida nocturna madrileña, con todo lo que eso conlleva, día tras día. Y ahí se advierte el gran contraste con Carlos. Él es más tranquilo, ella más alocada: no necesita de la relativa tranquilidad de la que Carlos depende. A pesar de ello, éste le acompaña en muchas de sus juergas, en algunas de las cuales se intuye el tormentoso camino de la destrucción que han iniciado hace ya tiempo.
"Nunca teníamos suficiente, el vacío que sentíamos era tan grande que nada lo llenaba, ni el alcohol, ni las drogas, ni el sexo, al contrario, cada vez era más insaciable y necesitaba más carnaza. [...]Buscábamos no el placer o vivir experiencias nuevas, sino autodestruirnos."
Crisis, altibajos…su amor es demasiado pasional y vive al ritmo de una auténtica montaña rusa. La personalidad más alocada de Sandra es sencillamente el reflejo de su fragilidad emocional, cuyo precio le resultará más caro y doloroso de lo que nunca jamás habría imaginado.
"éramos tan vulnerables que para reconocerlo tendríamos que habernos enfrentado a nuestros fantasmas personales y de pareja, lo que nos habría hecho más vulnerables, por lo menos en un primer momento. Creíamos que no podríamos soportar el dolor que conlleva la lucidez."

Fotografía: Pedro Maestre. Fuente: lenguadetrapo
No engancha sólo por la intriga de saber cómo acaba la relación entre Carlos y Sandra y que le lleva a Carlos a escribir el libro que el lector tiene entre sus manos; sino porque habla de sentimientos que tarde o temprano se hacen un hueco en la mayoría de las relaciones aunque en más de una ocasión la gente prefiera colocarse una venda, que no logra sino alargar algo que terminó hace ya tiempo y de lo que ya sólo quedan cenizas. Se trata del miedo a la soledad, la costumbre como refugio, el poder sobre el otro, la compra-venta de cariño y sexo, la confusión de sentimientos, el tener que afrontar el hecho de dejar a alguien que quieres muchísimo, pero de quién ya no estás enamorado; la dependencia y necesidad del otro por encima del propio amor…
"Nos dimos cuenta de que, sobre todo, nos necesitábamos, de que no podíamos pasar el uno sin el otro, de que temíamos quedarnos solos con nuestros demonios, y eso fue ocupando un lugar privilegiado dentro de nuestro amor."
Una historia realista, compleja, pero como cualquier relación amorosa. Y, con un tercer protagonista, tan pasional como sus personajes: Madrid. Sus barrios: Malasaña, Chueca, el Barrio de las Letras…, sus calles y sus plazas, sus restaurantes y sus discotecas…y su inmenso poder de atracción, que arrastra a los protagonistas a un modo de vida que acaba teniendo más voluntad sobre su propia vida que ellos mismos.
"Porque cuando te das cuenta de que eres feliz, en ese mismo instante, la felicidad se transforma en una tregua inquietante. Como si se hubiera llegado a la cumbre de la montaña que querías subir, y se adivinara que los descensos son más peligrosos. Por eso había que llevar cuidado, ayudarse el uno al otro, no ir cada uno por su lado."

Fotografía: Calle Alcalá de noche. Fuente: migrantesenlinea.org.





