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Bienvenidos al blog de literatura dentro de "Escondite Cultural". En este blog puedes encontrar comentarios y opiniones sobre libros o autores, así como sugerir algún libro para tratar sobre el que tengas especial interés. ¡Espero que lo disfrutes!
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Hiroshima: historia de un desastre
Si alguien buscase un argumento para un film de terror, de angustia y repleto de catástrofes...aquí encontraría un argumento perfecto. Las imágenes ya están listas porque se trata de un reportaje gráfico. John Hersey, escritor y periodista estadounidense, lo publicó primero en forma de artículo para la revista New Yorker pero pronto se convirtió en un texto de investigación y en un clásico de la literatura de guerra.


Fotografía: Portada de un ejemplar de Hiroshima. Fuente: longitudebooks

En un estilo ajeno a todo sensacionalismo, Hersey narra la historia de seis supervivientes antes, después y en los meses siguientes a la catástrofe, añadiendo además, cuarenta años más tarde, un artículo que explicaba lo que había sucedido con cada uno de ellos.

Las vidas de Hatsuyo Nakamura, el Doctor Terufumi Sasaki, el Padre Wilhem Kleinsorge, Toshiko Sasaki, el Doctor Masakazu Fujii y Kiyoshi Tanimoto cambiaron para siempre el 6 de agosto de 1945 a las 20:15. Nadie escuchó la explosión, pero el resplandor descolocó los esquemas de todo aquel que se encontraba en Hiroshima aquella mañana. Sus esquemas mentales, pero sobre todo sus vidas, quedaron trastocadas para siempre.

No sólo se trató de un horror físico, fue mucho más que eso. Un hecho, como suele decirse, que no puede entenderse hasta que no se vive. Los supervivientes tenían que enfrentarse no sólo a la reconstrucción de una ciudad en ruinas, sino a una reconstrucción de su moral herida y a una pregunta que les acosaría durante el resto de sus días: ¿Qué puede llevar a una persona a ordenar una destrucción de tal magnitud?


Fotografía: Destrucción de Hiroshima. Fuente: junjan.org

Nadie recordaba haber escuchado la explosión, pero todo el mundo recordaba el cielo blanco de aquel instante. Nadie supo en un principio que se trataba de una bomba atómica, ni siquiera nadie lo imaginó. Lo que si quedó claro desde un primer momento es que lo que había provocado la destrucción total de numerosos edificios, la destrucción parcial de aquellos más alejados del centro de la explosión, ráfagas de humo por toda la ciudad, así como consecuencias que sólo se observarían con el paso de los años, era algo desconocido hasta entonces y debía de ser algo "gordo".

El área inmediatamente afectada fue de 5 km² densamente poblados y la precisión de Hersey es la propia y esperada de un auténtico corresponsal de guerra que no sólo se traslada al lugar de los hechos, sino que además es capaz de transmitir las imágenes que observa. Y es que Hiroshima es más que una novela en la que se narra uno de los acontecimientos más atroces de la historia: es una novela que recrea y revive lo sucedido en Hiroshima aquel horrible 6 de agosto que nadie olvidaría jamás a través de las historias y vivencias personales de seis supervivientes.


Fotografía: John Hersey. Fuente: enotes

Los detalles no abruman al lector porque ayudan a formarle una idea del radio de acción de la bomba y de los efectos provocados. Algunos son escalofriantes, pero no sensacionalistas: la realidad de aquel día fue para estremecerse, y así lo cuenta. El lector se enfrenta a una situación de horror y de angustia, pero ¿qué otra cosa se puede esperar al abrir un libro en cuya portada aparece Hiroshima? La frase mil veces repetida de que la realidad supera a la ficción...deja de ser un tópico inútil en esta obra porque sencillamente lo sucedido en Hiroshima supera, y con mucho, la ficción.

Se trataba de un periodo inmerso en plena Guerra Fría, de acuerdo, pero conocer detalles del desastre y comprobar que no se trató de un escarmiento, ni de un cargo de conciencia...sino que simplemente el miedo pudo a las pretensiones de evitar que se volviese a repetir...es no sólo irónico, sino indignante.

"Sobre todo fue evidente, hacia 1950, que la incidencia de leucemia en los hibakushas (supervivientes) era mucho más alta de lo normal; entre quienes habían estado expuestos a la bomba a menos de un kilómetro del hipocentro, se reportó que la incidencia era entre diez y cincuenta veces superior a la norma".

Acercarse a la realidad con tanta precisión no siempre es fácil. Enfrentarse a ciertos detalles como lo son el número de muertos, el número de heridos, el enorme espacio afectado por la bomba o las secuelas que la bomba dejó por las enormes dosis de radiación recibidas...puede suponer un choque inesperado con la realidad frente a la vaga e imprecisa idea que uno pueda tener del estallido de una bomba antes de leer algo que trate única y exclusivamente sobre ello. El lector tendrá más de un impulso de cerrar el libro, más de un momento de rabia y desconcierto al leer que tras Hiroshima y Nagashaki -explosión que también menciona aunque con menos detalle- se trabajó en la investigación y creación de otras bombas atómicas que, cuanto menos, resultarían igual de destructivas que la de Hiroshima; pero, como sucedía en Si esto es un hombre conocer lo ocurrido no debería ser una elección, sino casi un deber para evitar caer en la ignorancia de "no saber lo que debiera saberse".

"Hubo varias enfermedades -menos mortales que los cánceres- que según muchos doctores eran el resultado del contacto con la bomba: varios tipos de anemia, mal funcionamiento del hígado, problemas sexuales, desórdenes endocrinológicos, envejecimiento acelerado y la innegable debilidad acompañada del no-estar-precisamente enfermo de la cual muchos se quejaban".
 
Si esto es un hombre

Fotografía: Auswitchz. Fuente: lacoctelera


Si esto es un hombre
es un grito ahogado, una inexplicable resignación, una objetividad inmerecida, una abnegación silenciosa, una actitud serena en la adversidad que descoloca al lector al mismo tiempo que le provoca la ira que Levi acalla. Un testimonio escalofriante, narrado con una exactitud y precisión casi digna de un estudio científico, con una objetividad y un punto de vista que podría parecer de cualquiera, menos de un superviviente del Holocausto.


Impasible, Primo Levi cuenta cuándo y cómo sucedió todo. Cómo llegó hasta allí, y cómo sus esperanzas se fueron desvaneciendo. Rozando a veces quizá incluso la indeferencia, su tono se presenta no sólo frío, sino peor aún, con una desgana y una tristeza enorme ante la vida. O mejor dicho, ante la no-vida. El lector puede pensar que el narrador deja a un lado los sentimientos, las emociones…pero en él, en su interior, es probable que ya no haya lugar para eso: le han deshumanizado. En Auswitchz, en La Buna, en el Lager (el campo), no había vida. Sólo miserables con el objetivo de dar vida al mismo infierno.


Fotografía: Auswitchz. Fuente: leninimports

Comienza con el viaje al campo de concentración. Detalle a detalle, nos recrea una imagen vívida, nítida, intensa. Millones de personas aglutinadas, sudando, sin poder dar un paso, y lo peor: sin saber qué va a ser de ellas. La causa: haber nacido judíos. La noche anterior: noche de despedida de la vida.

"Todos se dieron cuenta de ello, ninguno de los guardianes, ni italianos ni alemanes, tuvo el ánimo de venir a ver lo que hacen los hombres cuando saben que tienen que morir.
Cada uno se despidió de la vida del modo que le era más propio. Unos rezaron, otros bebieron desmesuradamente, otros se embriagaron con su última pasión nefanda. Pero las madres velaron para preparar con amoroso cuidado la comida para el viaje, y lavaron a los niños, e hicieron el equipaje, y al amanecer las alambradas espinosas estaban llenas de ropa interior infantil puesta a secar; y no se olvidaron de los pañales, los juguetes, las almohadas, ni de ninguna de las cien pequeñas cosas que conocen tan bien y de las que los niños tienen siempre necesidad. ¿No haríais igual vosotras? Si fuesen a mataros mañana con vuestro hijo, ¿no le daríais de comer hoy?"


Para todos ellos, la vida nunca volvió a ser lo mismo…ni siquiera volvió a ser vida. La vida acabó en el mismo instante en que subieron al tren. Y no porque muriesen físicamente en ese momento. Les fueron matando poco a poco. A los que no asesinaron de un pistoletazo, en las cámaras de gas, o los dejaron morir de hambre, de frío o de exceso de trabajo inhumano…les quitaron el nombre, los cabellos, sus objetos personales, su ropa…les trataron como auténticos objetos, les insultaron, les prohibieron todo, cualquier cosa, sin razón,…hasta que les arrebataron la conciencia y les hicieron olvidar quienes eran en realidad.

Se ha hablado y escrito mucho sobre el Holocausto judío, sobre las prácticas de exterminio, sobre cómo sobrevivir en los campos, sobre el trato que daban a los prisioneros, las duras condiciones…; pero lo que no se había hecho era escribirlo de esta forma. Por asombroso que parezca, teniendo en cuenta que Levi era un superviviente de aquel genocidio, en el relato prima la objetividad salvo, quizás, en algunas líneas aisladas. El lector tiene la oportunidad de acercarse de primera mano al testimonio de un superviviente que no está empañado por la rabia, por la ira, por el deseo de venganza. Esto da lugar a una doble interpretación: ¿aspiración de objetividad para que su testimonio resulte más creíble? O ¿qué mejor muestra de lo que habían hecho de él que reflejar en el relato su propia deshumanización? Es probable que ambas coexistan. En estos casos, las fronteras nunca son claras. Pero lo que sí está claro es que Si esto es un hombre ofrece otro punto de vista, otra perspectiva.

Llama la atención su insistencia en la idea de que no sólo se trataba de una supervivencia física, sino también psíquica. En un pasaje, uno de los prisioneros le recuerda a Levi lo importante que es seguir lavándose, seguir aseándose: se trata de algo más que el simple aseo personal, se trata de la dignidad de cada uno, del esfuerzo necesario para no abandonarse, para no pensar que todo está perdido, para continuar luchando por ser una persona, para que, en definitiva, no te arrebaten lo que te hace ser un ser humano. Con detalles como estos, Levi nos pone en su misma piel, en su mismo dolor. Es capaz de situarte en el mismo instante en que tratando de arrastrar una enorme viga de hierro, se desplomó. Entre los zapatos de madera y su piel prácticamente congelado, había sangre, una infección y dolor, mucho dolor y por diversos motivos: la herida y los insultos de un miembro de las SS eran sólo el punto culminante. ¿Era eso un hombre?

Describe también cómo, en un lugar como aquél, una pequeña herida, un corte en los pies mal curado…podía transformarse en un viaje directo a la muerte. No descuida ningún aspecto, ningún pensamiento sobre lo allí vivido. La vida en el trabajo, en el Ka-be (la enfermería) y por las noches. Durante las breves horas de que disponían para descansar, sus preocupaciones y sus temores cobraban vida. Les preocupaba si sobrevivirían a esa noche, a la próxima selección, a un día más allí... . Y además, se preguntaban qué sucedería con ellos en caso de que tuviesen la oportunidad de abandonar el Lager: temían no ser escuchados. Y ese temor les acosaba en una pesadilla que se repetía sin cesar: nadie les creería cuando contasen lo sucedido. Levi recrea la imagen que se les aparecía en sueños: se imaginaban a sí mismos, contando a sus familiares la horrorosa experiencia, y nadie les prestaba atención...

"Aquí está mi hermana y algún amigo mío indeterminado y mucha más gente. Todos están escuchándome y yo les estoy contando precisamente esto: el silbido de las 3 de la madrugada, la cama dura, mi vecino a quien querría empujar... Les hablo también prolijamente de nuestra hambre, y de la revisión de los piojos, y del Kapo que me ha dado un golpe en la nariz...; pero no puedo dejar de darme cuenta de que mis oyentes no me siguen. O más bien se muestran completamente indiferentes: hablan confusamente entre sí de otras cosas, como si yo no estuviese allí...Tengo el sueño delante, caliente todavía, y yo, aunque despierto, estoy lleno de su angustia; y entonces me doy cuenta de que no es un sueño cualquiera, sino que desde que estoy aquí lo he soñado muchas veces...Me acuerdo de que ya se lo he contado a Alberto, y de que él me ha confiado para mi asombro que también lo sueña él, y que es el sueño de otros muchos, quizás de todos...¿Por qué el dolor de cada día se traduce en nuestros sueños en la escena repetida de la narración que nadie escucha? "

Puede que el libro, hoy en día, no desvele novedades sobre el Holocausto, pero el olvido sería imperdonable. Levi quería con su obra que aquello no se olvidase jamás, como demuestra en el fragmento con el que comienza el libro (el que aparece a continuación)…y es que olvidarlo, o hacer como si nada hubiese pasado, sería casi tan grave como el Holocausto mismo. Por ello, esta obra enmarcada dentro de lo que se ha convenido en llamar Literatura del Holocausto es fundamental. No ya sólo por su forma o su contenido, sino porque todo testimonio del Holocausto merece ser escuchado y toda víctima tiene derecho a contar lo sufrido, a cualquier forma de desahogo. Olvidar no debería ser una opción, sino que en casos cómo estos, debería prohibirse, como suele decirse, para no "tropezar dos veces con la misma piedra". Y ese era precisamente el objetivo de la Literatura del Holocausto: primero, descubrir la verdad; después, no olvidarla.


"Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabras.
Grabadlas en vuestros corazones
Al estar en casa, al ir por la calle,
Al acostaros, al levantaros;
Repetídselas a vuestros hijos.
O que vuestra casa se derrumbe,
La enfermedad os imposibilite,
Vuestros descendientes os vuelvan el rostro."



Fotografía: Primo Levi. Fuente: fmh.org

Levi murió, aparentemente por suicidio, el 11 de abril de 1987, aunque algunos amigos y biógrafos se atrevieron a cuestionarlo. El asunto sigue fascinando a los críticos literarios debido a la mezcla característica de oscuridad y optimismo en la escritura de Levi, quien no dejó nota de suicidio.

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Pedro Páramo y Juan Rulfo

Fotografía: Pedro Páramo Fuente: blog de leetamargo

Enmarcada dentro del realismo mágico, la primera novela de Rulfo no deja indiferente a un lector que ha de adoptar una actitud activa para reconstruir el puzzle que conforman los fragmentos en los que se estructura la obra. Fragmentos cortos, con diálogos que en un primer momento el lector no sabrá a quien asociar y que alteran el orden cronológico: todo ello, por increíble que parezca, sin dejar cabos sueltos.

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. 'No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dar gusto conocerte.' Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.”

Juan Preciado se dirige a Comala en busca de su padre, Pedro Páramo, un cacique que ha manejado el pueblo a su antojo (nótese la simbología del nombre: Pedro=petrus=piedra, connota dureza y brutalidad; Páramo=páramo=tierra infértil, connota su carácter agrio), ha cometido numerosas injusticias abusando del poder con frecuencia y ha sido el culpable de la degradación de una comarca idílica para Dolores Preciado, la madre de uno de los protagonistas. Y es que el tema de los protagonistas ha dado lugar a no pocas interpretaciones: ¿Es Juan Preciado? ¿Es Pedro Páramo? ¿O es el propio Comala y sus murmullos?


Fotografía: Portada de un ejemplar de Pedro Páramo. Fuente: librairiepantoute

Rulfo describe un mundo aparte, un mundo ficticio, un mundo mágico y sombrío. Pero lo hará de tal modo que al lector no le supondrá ningún esfuerzo imaginárselo. Es un mundo de sombras, de muertos, de murmullos, de ánimas que vagan sin rumbo, que se han quedado atrapadas en una especie de purgatorio por pecados que cometieron en vida y que nadie es capaz de perdonarles. Fiel reflejo de las supersticiones y la cultura mexicana, la obra se convierte en el retrato de una sociedad a pesar de la ficción explícita de la obra. Es la magia del realismo mágico.

A través de los ojos de Juan Preciado, el lector conoce a Abundio, el arriero con quien se encuentra camino de Comala, sin advertir la importancia que tendrá para el resto de la obra. Pero es precisamente la naturalidad con la que narra el encuentro con éste lo que hará más sorprendente el desarrollo posterior de los acontecimientos. El lector siente desde un principio el calor, el aire seco, el agobio y la pesadumbre que conviven en Comala. Siente el miedo y la ansiedad de Juan Preciado, que se debate entre continuar buscando la verdad y largarse de allí inmediatamente. El arriero lo manda a la posada de Doña Eduviges, una amiga de su madre en la que el lector comienza a intuir que los personajes no son nada normales…

Así, encuentro tras encuentro, Juan Preciado se sumerge en un mundo fantasmal, y descubre la verdad, pero a un precio muy caro: la muerte. Muere de desesperación, “le mataron los murmullos”, y no es para menos: vaga por casas viejas, con moho, destartaladas...; se cruza y habla con personas que le hablan de historias pasadas, escucha constantemente voces que podrían provenir de mil lugares y de ninguno al mismo tiempo…, oye a través de las paredes, de las piedras, del suelo, de la Media Luna o del aire…y el desconcierto es inmenso. Lo que sucede se aleja por completo de cualquier narración habitual, se aleja de una posible comprensión racional. Para comprender el relato, el lector debe dejar cualquier atisbo de racionalidad a un lado, debe dejarse llevar por la magia de Rulfo, por la magia de Comala; pero, sobre todo, no debe olvidar que en la literatura, y especialmente en el realismo mágico todo, absolutamente todo, es posible.


Fotografía: Juan Rulfo Fuente: latarea

Pedro Páramo aparece como libro en 1955, pero los antecedentes de esta novela se remontan a varios años antes. En dos cartas que Rulfo escribió en 1947 hace referencia a esta obra bajo el nombre Una estrella junto a la luna. Más adelante, declaró que los cuentos de El Llano en llamas fueron una manera de aproximarse a su novela. En la última fase de escritura de la obra cambia su nombre a Los murmullos y gracias a una beca del Centro Mexicano de Escritores puede concluirla entre 1953 y 1954.

No faltaron lectores que, habituados a los esquemas tradicionales de la novela del siglo XIX, reaccionaron con desconcierto y cierto rechazo hacía la obra; pero los críticos que advierten que se trata de una obra maestra, tampoco tardaron en aparecer. El reconocimiento de la obra, tanto dentro como fuera de México, ha sido ininterrumpido y creciente. Se ha traducido a numerosos idiomas y los estudios dedicados a Pedro Páramo son numerosos, incrementándose cada año. Borges, Gabriel García Márquez y Susan Sontang no dudaron en reconocerle el mérito.

“Pedro Páramo es una de las mejores novelas de la literatura de lengua hispánica, y aun de literatura”-Borges.
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