Vuelvo a tener 12 años . Sí, tengo 12 años. Con 5 centímetros más de altura, dos arrugas más cercando unos ojos perfilados de oscuro, y ¿por qué no decirlo? 5 Kilogramos más se anidan a mi cuerpo. Con mis recién "recumplidos" 12 años paseo por la intransitada carretera de Vilela con mi destartalada bicicleta sujeta a mis manos. No está pinchada pero ya estoy cansada de montar una y otra vez...y volver a caer... Con 12 o con 20...es siempre lo mismo... Mi destino es el suelo y la hostia se hace cada vez más fulminante y dolorosa.
Un incesante día de Julio abrasa cada poro de mi piel , los rayos de Lorenzo me irritan unos impávidos y secos brazos. Estoy sola, tan sola que me asusta el hecho de no querer -en un futuro lejano a la par que inhóspito- aspirar a la más ínfima compañía. Todo el mundo me defrauda y yo (...) ABANDONO.
Una aclaración a mis lectores, cuando tengáis la más nimia sospecha de que alguien no os quiere, de ninguna manera os obcequéis...No os quieren. Jamás suelen aparecer esos recónditos pensamientos cuando una persona os demuestra su afecto. Nos abordan ese tipo de dudas, cuando la base- como mínimo- es cierta o poco dista de serlo.Y es que querer- CON MATICES- está a la orden del día.
ABANDONO otra vez.¿Mi delito? Han transcurrido dos exiguos segundos, y me niego a retar a mi enemiga la bicicleta. No lloro, me limito a desistir de mi empeño...Una chica como yo no puede permitirse esos lujos...porque cada lágrima que esbozo acuchilla insidiosamente mi conciencia. No entiendo por qué la gente afirma que llorar te libera. Al contrario... te exclaviza y te debilita... Si alguna vez no podéis evitar llorar, llorad sin que nadie lo perciba. Dar pena es en muchos casos un resorte más sórdido y deleznable que dar asco. Nunca se es inmune a las maledicencias de los demás siendo una "choromicas".
Todos se han ido ya. Un martilleo metódico me oprime el pecho. Me dan ganas de abandonar la bicicleta, y de paso tirar con mis amigos... Los mismos que me han dejado en la estacada, en Vilela o en otro sitio. La traición no conoce de lugares...No importa...Sigo siendo una superviviente. Me pregunto que pensaría mi hermana si me viera... así... Ella, la mujer que más gustosamente ha vilipendiado la teoría darwiniana para adaptarla a su dogmatica filosofía del "más fuerte" , sentiría -hoy por hoy -verguenza de lo que se ha convertido su hermanita Lorena. De los despojos de Lorena. Y los despojos de Lorena ABANDONAN.
Noelia no me habría ayudado a montar esa bicicleta, no me animaría a intentarlo cien mil veces, no me consolaría con la primera herida ni con la sucesiva que ocasionase mi esfuerzo de montar la bici. Tampoco se quedaría a mi lado de la acera mientras volvemos a casa. Ella simplemente... hubiera tirado la puta bicicleta a una cuneta.
En el culo del mundo o en mis manos, la bicicleta será un estigma que llevaré tatuado de por vida... Pero cada caída me hace más fuerte. Y sé que llegará el día (y más después de aprobar el carnet!!!) que no la necesite porque habrá un coche esperando por mí. Mientras... paseo SOLA sin perder mi identidad (ni regalarla) y sin que nadie me haga sentir que valgo una mierda.
No soy feliz. De hecho, no pienso serlo nunca . Desde que tenía uso de la razón (no quiero decir con esto que la conserve a día de hoy, ya que ésta se hace por momentos muy escurridiza) he encontrado un motivo para renunciar al afanado bienestar....
Aunque el germen del sufrimiento alcanza distintas formas, indiscutiblemente la deserción de felicidad incumbe preponderantemente a mi pesimismo crónico, y a las escasísimas ganas de aniquilarlo.
En cierto modo ya tenía tan asimilado el despropósito de ser mártir y lamentarme incansablemente por ello, que no había meditado la posibilidad de plasmarlo en un blog.
Un acertado post de un amigo, ensoberbeciéndose de su inestimable júbilo tras treinta minutos de gloria en la cama, me invitó a que reflexionara aquellas pequeñas cosillas que contribuyen al regocijo de cada uno. Esas mismas pequeñas cosas empujan, a mi parecer, a pequeños minutos, a lo sumo días, de felicidad pero no a lo que el término engloba en su totalidad.
Personalmente, creo que en el mundo hay al menos 3 tipos de personas:
- Aquellas personas que son inmensamente FELICES; no necesitan ninguna razón en especial, la sola existencia es motivo suficiente para dibujar una sonrisa eterna y congelarla en la faz de su rostro. Mi amiga Susana es un fiel reflejo de esto mismo.
- Aquellas personas MEDIO- FELICES. Sonríen cuando tienen un porqué. (A simple vista viene respaldado por la más pura lógica). No renuncian al hecho de que exista la felicidad( son testigos de su existencia pues pueden advertirlo en otros.) Hay quien incluso ha podido saborear su efímera consecuencia. Actúan por tanto,como los “agnósticos” en la religión a la hora de tener fe y no se rayan más de lo debido en conseguirla.
Son conscientes de su flaqueza pero no por ello desisten en su objetivo de experimentarla o re- experimentarla. Mi amigo Pablo encaja a la perfección en este perfil. En efecto la concepción de la fragilidad; y por ende esencia, de la felicidad es suya. Yo sólo me remito a reproducirla. A este grupo de personas- con mil demonios- puedo llegar a entenderlas.
-El último tipo de personas son los INFELICES por naturaleza, donde yo me incluyo claramente. Apenas sonríen, esbozan una nimia y eventual mueca cuando la vida les depara una sorpresa. En caso de tantear la dicha, ésta se ha situado siempre en el nivel más superficial.“Hoy eres feliz porque te has levantado feliz y punto pero mañana no habrá ni rastro de aquella extraña sensación .” La vida hay que vivirla. Su intención, es en consecuencia, mitigar la congoja con los medios que cada quien dispone. No se trata pues de vivir, sino de SOBREVIVIR.
Saben perfectamente de aquellas pequeñas cosas que atañen a la placidez, pero en el fondo, distinguen -o distinguimos- su escaso potencial para elevar al auténtico hormigueo de la felicidad. Mientras, martillean el tiempo y llegan a sepultarlo con recursos hedonistas(confluyen en Carl Cox, por ejemplo) que engañen a los sentidos y los extasíen hasta la inconclusa saciedad.
(...) Y eso, teniendo en cuenta que no me levantado con el pie izquierdo.
La insurrecta medianoche verinesa preludia el comienzo del fin. La turbulenta ciudad sin ley, se servirá como cada noche de la carne, la lujuria y el pecado...
Los semáforos se apagan como un mero ensayo de simplicidad que deviene en anarquía.... El bullicio de gente se acentúa en las proximidades de la plaza Alameda, y Verín dará cobijo a todos aquellos que esgriman la nocturnidad para enloquecer a sus ansias.
Los adolescentes en edad temprana beben chupitos a palo seco de vodka y ginebra, los incrédulos padres -absortos en sus movidas- profesan impasiblemente el buen hacer de sus hijos... mientras las ambulancias ponen de manifiesto los excesos de jovencitos malcriados con un serio problema en su sistema de valores.
La mediocridad no sólo se extiende por defecto a los más pequeños, el pueblo maldice con su mezquindad a todos cuantos lo habitan. Su insignificancia se traduce en aversión a lo diferente y/o desconocido. Si alguno de vosotros conoce a alguien de Verín, puede dar por sentado que conoce Verín; pues todos ellos son afines entre sí y preservan una filosofía común: el más “desfasao” es el más guay)
Niñas de buenas notas y actitud ejemplar se desploman ebrias en brazos sedientos de sexo y lengua desaforada. La única cola de los baños (chicos y chicas ) trasciende en polvos mágicos que - devorados con hostigamiento- resquebrajan sus delicados tabiques. Luces de neón irradian caras agónicas, mandíbulas desencajadas, miradas desorbitadas...
Sólo son niños... pero han perdido la inocencia.
Ávidas por crecer, las chiquillas se dejan seducir por jóvenes con mala reputación, coche, dinero y medio gramo en el bolsillo... Y a los besos precipitados les suceden las caricias, y el resto... Media hora más tarde, falsas ilusiones se desvanecen en un tiempo tan efímero como el que ha tardado su ropa en ser depositada sobre la alfombrilla del coche.
Y el tiempo sigue pasando, un minuto... y otro (... )una raya...y otra (...)creyendo ser felices, estúpida e ingenuamente felices. Y al albor de un nuevo amanecer resurge la luz de los semáforos. Es domingo. Vuelve la sensatez, junto con la resaca y los remordimientos. La noche es la única testigo de la libidinosa enajenación verinesa, y ese secreto- un secreto a voces- pasa a atormentar el alma de un verinés que se cree mejor que tú por meter más mierda que nadie y haber follado a destajo.

Siempre tú, y siempre yo... pero nunca NOSOTROS. El siempre recuerdo de aquellas noches huérfanas donde nunca paseábamos cogidos de la mano a la orilla del río. Las oportunas carcajadas de siempre como telón de fondo; secuelas ineludibles que el alcohol engendraba en la sangre a la que ambos nos subyugábamos sin control.
En cierto modo, el desviar la mirada nunca socorría las necesidades de besarte, de decirte que te quería... pero tal vez dirigir mis ojos al suelo siempre resultaba una sinuosa evasiva demasiado exquisita como para ser desperdiciada.
Y entre tanto, el alcohol seguía fluyendo por mis venas, mis labios siempre permanecían sellados, el silencio llevaba tatuado el sabor del miedo y el tiempo nunca pensaría en detenerse. Para cuando el reloj dibujaba las cuatro de la madrugada, una afligida cenicienta volvería a casa sin el último baile y nunca recuperaría el zapatito de cristal. Nunca había existido el dichoso zapatito,no entiendo por qué nos engañan con cuentos de hadas y principitos azules que vistan nuestros pies de tacones cristalinos.
Ese último baile nunca llegaría y YO no lo necesitaba, no necesitaba el alcohol, ni sus caricias, no necesitaba sus palabras, ni necesitaba esas pecas a juego con un angelito endemoniado, no tenía la necesidad de anhelar ser suya. No había necesidad de nada. NUNCA. Siempre era la distancia la necesidad a la que yo apelaba gustosamente.
Y así creí que no te necesitaba. Hoy creo que no te necesito. Es más, sé que no te necesito, pero por momentos que no estás, siento desfallecer ... Y no sé si te necesito... pero sí sé que TE QUIERO (y eso es infinitamente peor.)