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Desnuda no es sin ropa
desnuda, para ti
Acerca de
Si puedes arrinconar todas tus victorias y arriesgarlas por un golpe de suerte, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y nunca decir nada de lo que has perdido; Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado, y así resistir cuando no te queda nada excepto la voluntad que les dice "Resistid". Ruyard Kipling. IF
Sindicación
 
Requiem por los ausentes


No acostumbro a tener en consideración los sentimientos de los objetos inanimados que hay en mi cuarto. Si la barra de la cortina se descuelga, sencillamente, la devuelvo a su lugar; no la llevo a terapia. Si una de mis zapatillas de sapito, con las que voy por casa, desaparece, no consuelo a la otra, ni le enjugo las lagrimas de esos ojillos saltones -Ya volverá; seguramente esté debajo de la cama-. Cuando el fondo de mi armario, es un agujero negro, que atrae al lado oscuro toda la ropa que alguna vez me ha gustado, y en su lugar solo deja trapos que no me favorecen nada, le echo la culpa al síndrome premenstrual y me compro algo. Pero no se puede ignorar una tragedia como la vivida.

Había apagado y vuelto a apagar el despertador un par de veces, y ya llegaba tarde al trabajo. Hice el cerdo en la ducha, frotando e higienizando mi cuerpo al completo con la poquita espuma de champú que se escurría por mis hombros, y dejé perdido de agua el pasillo, chorreando como iba, para terminar de secarme sobre la cama, sin remordimientos de abandonar ahí la toalla mojada. Me despeiné con estilo, y me vestí como las locas intentando ganar tiempo, pero al abrir el cajón de los calcetines para dar con un par de esos tan míos, tan personales... tan de lunares, o tan fucsias con rayitas... observé algo que me inquieta desde entonces: En lugar de las graciosas pelotitas que lo pueblan, mi cajon era un cementerio de viudos escarpines.

No tenía sentido. Cerré el cajón para volver abrirlo al momento, deseando que, como si del truco de un mal mago se tratara, aparecieran en un nuevo intento; pero no lo hicieron. El cajón continuaba lleno de calcetines desparejados. Vacié su contenido sobre el nórdico, guardé un minuto de silencio por los ausentes, e intenté hallar una explicación.

Como primera medida, llamé al trabajo informando de que me sería imposible acudir a mi puesto, a causa de un problema doméstico que requería de toda mi atención... Lo comprendieron y me desearon suerte. Después regresé a la habitación y extendí las pruebas sobre la cama. Pude contar siete calcetines diferentes y una media rodillera de espuma de color negro con un agujerito en el talón. Pensé que lo mejor sería dividir las tareas por prioridades, y así descartar los lugares más comunes donde empezar a buscar, hasta ir llegando a los más inverosímiles; y aunque no recordaba haber usado, en los ultimos dias, calcetines de distinto color en cada pie, esparcí la ropa sucia del cesto sobre la alfombra. Hice con ella varios montones, uno para las camisas oscuras, otro para las claras, otro para los tres pantalones negros después de ponerlos del revés, por si alguno se había escondido en sus piernas y otro para toda la ropa interior que esperaba un buen lavado. Ni rastro.

La lógica me decía que dirigiera mis pasos a la cocina; pero para ganar tiempo, antes tomé toda la ropa oscura entre mis brazos tras devolver el resto al cesto. No era cuestión de perder mas prendas.

Al llegar ante la lavadora, un nuevo contratiempo. Esta estaba llena de toallas que, en un ataque de responsabilidad, había introducido a presión la noche anterior. Deposité sobre el suelo de la cocina toda la ropa sucia y volqué el ajuar empapado en el interior de un barreño. ¡Que despropósito! Cada minuto contaba y yo haciendo la colada...

Partí al salón, en pose de violetera, donde estaba segura de encontrar a mi contacto “el tendedero de invierno”; pues al de la terraza solo acudo en verano, cuando el sol y el buen tiempo se alian para un secado rápido y efectivo. Retiré, doblé y apilé con sumo cuidado la ropa de sus cuerdas, prestando especial atención a las parejas de calcetines que iba recogiendo y respiré aliviada al no encontrar mas victimas de tan terrible suceso. Pero la Ley de Murphy es categórica al respecto y ya se sabe que cuando las cosas van mal... aun pueden empeorar, por lo que no debió extrañarme que, terminando de tender la penúltima de las toallas, cayera a mis pies uno de los veteranos y, con los ojos anegados, tomé entre mis dedos a un solitario calcetín de dos rayas.

¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué locura era aquella?. Años atrás mi madre había vuelto del mercadillo con una oferta de seis pares de calcetines deportivos por el precio de tres, y aunque recordaba haber pataleado de envidia hacia mis amigas, pues ellas presumían de calcetines Benetton con borlitas tobilleras; con el tiempo habia aprendido a apreciar en su medida aquellas semicalzas de algodón y poliamida que, jugetonas, se arrebuñaban en la puntera de mis zapatillas y que, una vez deshilachada la firmeza de sus gomas, resultaban tan cómodos como patucos infantiles. Solo un par había resistido la debacle de los lustros: El que el día anterior me había puesto bajo las botas altas; el que había provocado la sonrisa cómplice del zapatero, cuando se arrodillo ante mí para ayudarme a probar unas camperas fuera de mi alcance y en total desacorde con el diámetro de mis gemelos. Aquel par que, junto a las toallas sucias, había abandonado a su suerte en la lavadora la pasada noche...

Ahí estaba la clave: La lavadora.

Corrí hacia ella con la sangre palpitándome en las sienes y, ciega de ira, introduje mi cabeza dentro (después de sacar al gato, que aprovecha cualquier puerta abierta para echarse una placentera siesta) y grité por colores, agudizando el oído con la esperanza de que no fuera demasiado tarde, de que más allá de los agujeritos del aluminio, mis calcetines perdidos respondieran al llamado... Mas todo fue en vano.

Descansen para siempre en un Nirvana de pelusas y aros de sujetador; mientras sus desconsolados mellizos lloran su recuerdo al fondo del tercer cajón de mi mesilla.
 
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jeje realmente eso que tienes tu es un don para la palabra
que buen blog, deberia haber mas de estos y no tantos tan llenos pero tan vacios :)
saludines desde mexico!
bays
:XD
 
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jeje.desnudo es abrir el corazon
 
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Sencillamente una obra maestra...la forma en que logras convertir un acto cuotidiano tan simple y habitual como la desaparición de calcetines..merece no uno, sino una lluvia de aplausos. Un besazo y saludos
 
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Mientras sonrío te diré que ahora se llaman "singles".

¿Quíén ha dicho que las chicas de provincias no estamos a la última?

Un beso,

Malala

P.d.: Utilizando la lógica... Si de un acto común consigues esto, de uno extraordinario... no alcanza el halago.
 
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Hola Sonia.
Encontré este artículo en tu Blog buscando precisamente un artículo similar (¿o igual?) que recordaba haber leido hace tiempo. Busque la frase "Calcetines desparejados" y apareció este artículo con tu firma. ¿Seguro que es tuyo? Te agradecería me lo confirmaras (privadamente). Me encantaría publicarlo en mi web con una referencia a tu blog.
Atentamente:
Xisco Palmer
 
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sabes? al leer este texto me he dado cuenta... por narices... tiene que haber una concentracion de calcetines desparejados en algun lugar del pais... estoy segura!!! antes de ayer me pase media tarde reordenando mi armario y te juro que tengo 6 calcetines solteros... y que los otros 6 no aparecen por ningun lado... seguro que estan con los tuyos en alguna convecion de calcetines... o eso o los duendes coleccionan calcetines para hacerse gorros!!
un beso! y si los encuentras dime donde porfavor!!
 
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No hay la posibilidad de pintarlos y aparejarlos? jajajaja
Buena historia, like it... saludos
 
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anda! pues uno de cada color y listo!! yo tb me apunto a ponerlo de moda!!

este ha sido uno de los mejores textos... sin duda.
 
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Aiba! Yo les tengo un gran cariño a mis calcetines de rallas con vaquitas. Pero..ahora que pienso, hace tiempo que no los encuentro...Habrá que hacer otro minuto de silencio por ellos.

Sencillamente, me encantas :)
 
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Me encanta como escribes.
 
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Me agradó mucho tu Blogs.
Si no es molestia para vos, me agradaría poder copiar alguno de tus textos y publicarlos en Del Obelisco.
A la vez, haré un enlace a tu Blogs.
Te saludo.
Helios
 
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Pues no habré perdido yo amantes en la lavadora ni ná, jaja.

Por cierto, parafraseo a Extra: consigues covertir un acto cotidiano en una obra maestra de literatura contemporánea. Así empezó Cortázar, yo sólo digo eso :P
 
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Te puedes creer q me he leido todo tu archivo?? Q bien escribesssssssss... Felicidades....!!!!!
Es q... leñe... no se q decirte... aish.
 
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Jajaja, genial tu manera de escribir. Me gusta :)
 
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Mi querida Sonia:

Ya comienza a volver a mí la función de juntar palabras para escribirte... lo echaba tanto en falta. Volver a leerte y a sentir el mundo a través de tus letras, mirarlo desde tus irónicos y magnifico retazos... y es que añoro lo que me haces sentir.

Pero no creas que estoy apagada ¡estoy feliz! ¡TODO HA SALIDO BIEN! Tengo mucho que ver, sentir y vivir y por supuesto, quiero que seas parte de ello. En cuanto pasen estas fiestas te envio una carta decente y te cuento.

Que esta noche se quede atrás todo lo viejo, pesado, gris y malo para que empieces y continues con un magnífico año.

Te quiere,

Malala
 
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Sorprenderte, de mayor quiero ser como tu...
 
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Sorprenderte, de mayor quiero ser como tu...
 
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vivan los calcetines!!
 
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No sé de dónde sacas ese fino estilo narrativo a la hora de contar ese desastre doméstico, que es el de los calcetines desparejados, y que nos haga brotar una sonrisa de los labios y un reconocimiento del propio problema. Sólo que en el caso del que te felicita es mas grave, mis calcetines son todos negros, imagínate casar calcetines desparejados negros, un trabajo inútil y desesperante.
Felcidades, como siempre una pequeña obra maestra en un blog.
 
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Os dejo el enlace a una historia que escribí hace un tiempo con la intención de reflexionar sobre este mismo tema: el misterioso y universal caso de los calcetines desparejados.

Reconozco que me desvié un poco del tema, pero no todos tenemos la habilidad narrativa de Sonia...

http://www.carloscapote.com/cuentos/despertartextil

Saludos y feliz navidad a los calcetines desparejados (yo incluido)
 
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Hola: os emplazo a que me ayudéis a votar por las cinco imágenes más impactantes de 2005. Podéis ver todas las fotos de las noticas más significativas de este año q se nos va en mi blog. Muchas gracias! Saludos
 
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Nada de nada aquí...
 
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Solo un apunte mas... con tu permiso te enlazo en mi blog.
Saluditos
 
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Como convertir, la gris tarea de buscar calcetines desparejados, en un relato interesantes y divertido...
Me quito el sombrero ante tí.
Cada día descubro, que detrás de algunos blogs se esconden verdaderos artistas de la palabra.
Mi mas sincera admiración anonima pero no por ello menos agradecida.
 
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De una crisis como ésta sólo se puede salir fortalecida. Momento es de que inicies una nueva moda (que abandonarás en cuanto sea popular). Convence a propi@s y extrañ@s que lo más de lo más es llevar los calcetines desparejados. Utiliza un par de fotos trucadas de gente de alta cuna y honesta fama. El éxito está garantizado. Y si no es así, siempre podrás presumir de personalidad.

Un beso

 
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Querida streaper-bloguera.

Sigues teniendo la increíble habilidad de convertir el relato de algo cotidiano en poco menos que una obra maestra de la literatura contemporánea.

Aprovecho para felicitarte estas Fiestas Navideñas con todo elc ariño que puda ser capaz de generarte desde mis letras en este comentario.

Que sepas que se me antoja que hace demasiado que no nos vemos, y que creo que habría que hacer algo por solventar esta peculiar tesitura.

Un beso muy cariñoso y afectuoso.
 
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Que desconsolados estaran los pobrecillos desparejados, buscandose unos a los otros sin poder encontrarse, quiza si organizas un concurso tipo al "estoy por ti" consigas encontrarles una pareja; y es que yo, como carlos, abogo por el mestizaje... jejejeje.

Besos y felices fiestas
 
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Excelente ocasión para fomentar el mestizaje. Los calcetines se compran por parejas preestablecidas como en determinadas culturas se casa a los hijos cuando aún tienen pocos meses. Nunca es tarde para formar nuevas parejas entre esos mellizos viudos del tercér cajón...
 
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Descansen en paz ;)

Besos y felices fiestas, Sonia
 
Comentario:
Siempre consigues sacar una sonrisa.

Un besillo
No