logotipo

img_google
Desnuda no es sin ropa
desnuda, para ti
Acerca de
Si puedes arrinconar todas tus victorias y arriesgarlas por un golpe de suerte, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y nunca decir nada de lo que has perdido; Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones para jugar tu turno tiempo después de que se hayan gastado, y así resistir cuando no te queda nada excepto la voluntad que les dice "Resistid". Ruyard Kipling. IF
Sindicación
 
Wire Less

Ahora, que mi teléfono selecciona las llamadas; que camino mirando al suelo; que el teclado no tiene tildes y un chino saturó el servidor, te echo de menos.

Ahora, que los conocidos me creen super woman y los amigos me piensan triste; que no duermo hasta el día siguiente; que leo para vivir y bebo para no matarme; que el gato me tutea y me hablan de usted en los semáforos, ojeo con ternura tu libro.

Ahora, que acudo sola a conciertos; que no creo en Dios y me llaman ángel; que me posee Ginger Rogger; que uso preservativos de un cofre de plata; que ando falta de liquidez y hierro; que regalo flores a mamá y sonrisas a papá, quisiera contarte en mi vida.

Ahora, que no interrumpes mis noches, ni irrumpes en mis sueños; que eres alguien influyente; que te nombran en la radio; que pronto te perseguirá la prensa; que tendrás que llevar corbata y desterrar los piyamas; que te estas volviendo nostalgico y pones apodo a tus canas; que vas por tu tercera vida; que tu amor no alcanza un metro y crecerá escuchando tangos; que solo intuyo de ti que guardas cariño a los patos, sé cuánto me diste.

Ahora, que estoy tan cerca de alcanzar lo que no hubiera osado ansiar y por superstición no lo menciono; que soy cofrade del ayer y priora del mañana; que me respeto los lunes, escribo los jueves, y ya no lloro los domingos; que solo quiero a mujeres, que manufacturo emociones; que tengo un solo rasero para todos los Asdrúbales que pasaron y pasarán por mi tálamo; que hago señales de humo donde la ley lo permite y redacto curriculums en morse, mataría por que descolgaras mis invocaciones telepáticas.

 
Ayer fui agua
Densa y turbia como el petróleo llegué a tu lado. Impura y revuelta. Agitada me dejé conducir por remansos de asfalto hasta el delta de un, aún, desconocido paraíso; mientras el mundo real se oscurecía y difuminaba ante nuestra mirada, reflejando sombras de vida sobre un embalse de ensueño.

Me sumergiste en el vacío dando bautismo a mi ilusión inocente, inundándolo todo de nada y, con el sonido del silencio en los oidos, buceamos por la calma olvidando, en un segundo, el tic-tac de los relojes de arena.

Agradecímos la dulce poción que los Tritones nos brindaron en aquella parcela de cielo donde, tendidos junto a nuestros recuerdos para que el calor de las palabras los secaran, cuando las olas de tu ojos llegaron hasta mi orilla, tu mano rozó la mía.

Nos recibieron las estrellas al tomar tierra, dejando vano su lugar en el firmamento; confundiendome hasta creerme dueña del aire con el que me mezclé para acariciar tu cara y enredarme en tu pelo. Y cuidaste de mi, saciando la sed con besos borrachos de ternura y el hambre, ofreciendote desnudo para amasarte y devorarte como un pastel caliente.

Tras el último gemido, me licué en tus manos destilando gotas de placer que se condensaban en las concavidades de mi espalda, hasta ser solo un charquito en ebullición, evaporándose y alejándose de tí para reunirse con las mariposas que duermen en el techo de mi cuarto.
 
Animales de compañía
Regento un humilde criadero de quimeras bajo mi cama, que alimento con indecisiones sin gluten y miedo compuesto. Cada noche abro sus jaulitas de vanidad, les pongo un collar con sus nombres y todos salimos a pasear por los bastos terrenos de mis pesadillas.

Porvenir, toma la cabeza en cuanto se sabe libre y corre hasta desaparecer de mi vista, importándole poco que le silbe o llame a gritos para que camine a mi lado. Solo cuando se aburre de investigar independiente, regresa; con sus ojillos brillantes, divertido de callar un secreto y moviendo el rabo.

Amiga, revolotea sobre nuestras cabezas, trazando círculos en el cielo que engloban la peculiar estampa. Toma altura hasta el infinito, observándonos desde aquella distancia, para después descender en picado, posarse sobre mi hombro y cantar canciones de cuna al regreso.

Sexo, ronronea meloso enredándose en mis tobillos a cada cuidadoso paso que doy, para no lastimarle con pies de barro, y se tumba a mi lado si descanso en la hierba, y permite que le acaricie a su antojo, mostrándome las uñas y marcándome con ellas, cuando Cariño se acerca.

Las Dudas juegan en su pequeño oasis, corriendo en una rueda que no lleva a ningún sitio y rara vez se detienen para observarme con sus diminutas pupilas rojas. Ellas son felices así: negándome. Creo que no les gusto e ignoro si les gusta alguien. Y yo alimento y doy cobijo a estos roedores sin alma, que devoran a sus propias crías por instinto de supervivencia.

Crítica repta entre el pasto y, silenciosa, acecha el momento que, con la guardia baja, logre enrollarse en mi pecho oprimiéndome, asfixiando mi aliento para demostrar que es la mejor en lo que mas gusta de hacer.

Cariño, como el cachorro que es, corretea excitado; salta buscando mis brazos y mordisquea a sus compañeros captando su atención, hasta llegar a hacerles daño y recibir, de boca ajena, un gruñido o algún zarpazo.

Y Amor, el potrillo alado, trota altivo por mis sueños mostrando su belleza tranquila, luciendo su plateada crin al aire de la mañana y segundos antes de abandonar este mundo a mis recuerdos, es cuando más deseo domarle y vivir por siempre a su lomo.


 
Mil años de ventaja.
Eso me llevas.

Cuando, hace cien, yo solo pensaba en muñecas y evitar el cole, tú ya peinabas canas.

Cuando solo podia sonreir, cegada por tu mirada, tú te alimentabas del elixir de mi aliento.

Cuando acariciaba tus arrugas con mis yemas virgenes, cada caricia era para ti un regalo.

Ladrón de tiempo.

Mil años me sacas de venaja, pero me reprochas que el tiempo pase para ambos.

"Mi pulso no se para y el corazón no late", te dije hoy; y el silencio de tu respuesta (y posterior despedia) me informó, por fin, de las reglas. De esas reglas tuyas. De que es tu juego y no el mio.

Deja que me disculpe:

Siento crecer y hacerlo mal. Siento no encajar en las espectativas que, para mí, marcaste. Siento no sentir ya nada.

Si te hubieras quedado; si me hubbieras brindado la oportunidad de contarte, te habría dicho, que a pesar de no tener latido, mi corazon sigue siendo tuyo, por que a falta de amor, tus besos le inyectan adrenalina.

Si en lugar de dejarme sola, me hubieras dado un minuto, habrías sabido que sigues siendo lo mas grande que sentiré, a pesar de no encontar la fe por volver a arrancarle un latido a esta piedra que me pesa en el pecho.

Si hubieras tomado mi mano y buceado en mis ojos , habrias entendido cuanto te quiero, y por qué solo a ti podría haber dicho que ya no siento lo que sentí un dia. Y por qué, solo a ti, podria haber confiado el mayor secreto...: que lo echo de menos.

Pero te fuiste, dejandome mil palabras en la garganta ansiosas por esplicarse.

Son esos estupidos mil años que me llevas de ventaja los que nos separan: yo tengo preguntas y tú respuestas, que, para ti, por obvias... no pronuncias.

Me he quedado, por franca, sin tus manos, sin tus besos, sin tus ojos, ni tu sonrisa. Sola con mil preguntas y el orgullo de no volver a formularlas, mientras tu no quieras completarlas.


 
El humor de Litumäi

Pocos habrá que ignoren mi condición de co-arrendataria en una vivienda de un solo baño, del que compartimos cobijo, cubiertos y cacerolas, dos personas mas y yo; como es de dominio publico que desde que me amancebé con Cifra, soy única responsable de sus llantos nocturnos y boñigas desubicadas. Sin embargo, casi nadie sabe nada acerca del resto de inquilinos que vagan por nuestro octavo cielo.

Hablar, por fin de ellos, ha sido una decisión difícil y muy meditaba, pues creo que reconocer su existencia es el primer paso de un largo camino hasta perderles el miedo que a veces me dan y, quién sabe... quizás incluso llegar a hacernos amigos.

Pronto hará dos años de la primera vez que La Morena, mi antigua compañera de piso, y yo sentimos la presencia de Basilio, nuestro único espectro; aunque me consta que el gato lo supo desde el primer día y los dos se llevan bastante bien. Nunca he visto a Basilio, pero le he intuido y, en ocasiones, hasta escuchado; como ocurrió aquella vez inicial:

Un Viernes cualquiera, de los muchos que caigo dormida en el sofá, de madrugada, con la tele encendida y a Cifra sobre mi pecho, descansado La Morena en su cama desde hacía horas; me sacó del sueño el suave ronroneo de éste. Abrí los ojos lo suficiente para observar al gato, de patas sobre mí, con orejas y rabo bien tiesos, mirando en dirección a la puerta que queda detrás y emitiendo los ruiditos propios de un bicho tranquilo. Le acaricié con la intención de que callara y ambos prosiguieramos durmiendo, mas justo en el momento en el que volvía a cerrar los ojos, le oí.

No negaré que Basilio, a parte de discrección, cuenta con una educación exquisita, pues sus primeras y únicas palabras de esa noche, fueron un saludo. Con voz grave y entonación clara escuché a mi espalda –Hola, chicas. Hola-. Mi corazón dio un triple mortal con tirabuzón que hubiera hecho las delicias de cualquier trapecista circense, la sangre corrió por mis venas cual jauría de lobos, arrancándome escalofríos de pavor a su paso, y antes de tener tiempo para girar la cabeza en dirección a la voz, ya era un charco de sudor frío. Nada. Nadie había tras de mí, mientras el sonido de la televisión se mezclaba con los tiernos maullidos de mi gato y los secos latidos de un corazón desbocado en mi garganta.

¿Para qué mentir?: estaba tan acojonada que tomé al Gordo, con sus patitas colgando, bajo el brazo derecho y corrí la yarda y media que separa el salón del dormitorio hasta escondernos bajo el protector e infranqueable nórdico. Por esa noche no hubo mas voces, ni cordiales saludos en mi oído... Bastante había tenido ya.

Al dia siguiente, intenté bromear con La Morena sobre el tema para quitar hierro al asunto y poder a partir de ahí dormir con la luz apagada, cuando me di de bruces con la siguiente conversación:

- Flipa, Morena...: Anoche se me fue la pinza
- Lo que no te pase a ti
- Creo que me despertó una voz; aunque seguramente no fuera mas que algún delirio o una mala conexión en mi cerebro... Pero reconozco que me pegué un susto del copón.
- ¿¡A que hora!?
- Einn??
- Sonia, ¡¡Qué hora era!!
- Y yo que carajo sé?. Las tres y media o cuatro...
- [...]
- Tussso!, ta’dao un tabardillo?
- Sobre esa hora desperté sobresaltada y bañada en sudor frío. No sabía por qué tenia tanto miedo; imaginé que habría sufrido una pesadilla e hice lo que pude por volver a conciliar el sueño, pero parecía imposible dejar de temblar.


Narré mi historia, le llamamos Basilio con intención de no mencionar jamás la palabra “fantasma” y ambas nos dimos ánimos para superar juntas esa nueva situación lo mas dignamente posible. Así aprendimos a vivir con una voz que, de vez en cuando, susurraba nuestros nombres en el cuello hasta que ella se marchó, y ahora solo yo le escucho, mientras Cifra le observa y mantiene largas conversaciones mentales con él.

Lo que La Morena desconoce es que Basilio no era el único ente eptoplásmico que nos acompañaba y es que, por mero egoísmo, jamás le hablé de Litumäi.

Litumäi hizo acto de presencia durante el escaso tiempo que Cifra y yo vivimos solos. Por aquellos días dedicaba los ratos libres a llorar y maldecir mi perra suerte mordiendo la almohada; hasta que cierta noche, en la antesala que precede al sueño inconsciente, agotada de gritar en silencio y autoflagelarme, noté que alguien se sentaba en mi cama y me observaba callado. Entonces no tuve miedo. Sentía tanta lástima de mí misma que llegó a parecerme corriente que algo o alguien se apiadara por fin y me ofreciera su compañía. Y de esa guisa pasé varios minutos, hipando y suspirando inmóvil, agradeciendo con los ojos cerrados el calor que me iba invadiendo hasta que caí en la cuenta: Calor!

Era Abril. Estoy segura por que tan solo hacia quince días de nuestra mudanza y, en mi pena había abrazado al gato mientras lloraba y lloraba a moco tendido sobre la cama, para que alejara el frío que sentía en cuerpo y alma. Si Cifra continuaba en mis brazos ronroneando contento, ¿Qué coño era aquello, que sentado al borde de mi cama, iba trasmitiendo calor desde mis piernas hasta mi frente?

-Litumäi
-Ahh!

Me incorporé deprisa, lanzando a Cifra por los aires, para comprobar que allí no había nadie. Nadie a mi lado. Nadie en el suelo. Nadie en el armario y nadie bajo la cama; solo las pelusas, que pronto empezarían a tomar vida propia, pero de ahí a que hablaran...

-Litumäi
-Ahh!


Ya no cabía lugar a duda de que esa cosa hablaba dentro de nuestras cabezas. Vete a saber como lo escuchaba Cifra, que buscaba por todas partes, dando saltitos sobre la cama como Blanquita, la cabritilla de Heidi; pero en la mía sonaba mística, etérea, y armoniosa hasta que...
- No susto. Litumäi chachy!
- Eres un niño.
- No niño. LitumäiGenio
- Litumäi- Repetí, ahora mas sorprendida que nerviosa
- Litumäi, Genio chachy mayonesa

- Litumäi – insistí mentalmente, sin que sonido alguno asomara a mis labios- Genio chachy mayonesa... Claro! ¿Cómo no lo he pensado antes?: Me he vuelto loca.
-Loca chachy! Litumäi no mayonesa!


Para mí ya era suficiente. Me dirigí al baño convencida de haber perdido el juicio y la firme intención de llenar la bañera de agua caliente, evitando un futuro infinito en el manicómio con la Gilette desechable. Esperé sentada en el suelo a que el vapor difuminara cada imagen y me sumergí dentro. Tomé la cuchilla y justo cuando mis pensamientos empezaban a ser más claros, la voz volvió a surgir:

- ¿Loca saca pelos patas? Litumäi ve chachy


Semejante gilipollez me hizo reír y un nuevo pensamiento se hizo hueco entre los negros nubarrones que me atormentaban: Siempre quedaba tiempo para poner fin a la psicosis, pero... ¿por qué no disfrutarla un poquito?

- ¿Quién eres? -
- LitumäiGenio chachy
- Mala pregunta. ¿De dónde eres?
- Mayonesa!
-La hemos jodido...
-Loca jodido mayonesa. Litumäi liiiiiiiiibre!
-Loca..., digo: yo no he jodido nada!
-Loca jodido mayonesa. Litumäi liiiiiiiiibre!
-Litumäi se repite
-Litumäi no repite mayonesa. Mayonesa pocha. Litumäi solito. Loca jodido mayonesa. Litumäi liiiiiiiiibre!


Así le tuve canturreando feliz unos veinte minutos mas, hasta que el agua se quedó fría y me animé a seguir con mi vida, acompañada ahora por una alucinación infantilóide e incapaz de hilvanar oraciones compuestas, con la cocina como primera parada, pues tan intenso deterioro mental, me estaba dando hambre.

- Loca bicho! Loca caca! Ahhh!!
- Litumäi como una regadera! ¿Se puede saber qué te pasa ahora?
- Litumäi no mayonesa! Loca bicho!
- Espera, cosa... Creo que lo voy pillando: No hay mayonesa en la nevera y el único bote de esa pringue que había, se rompió esta mañana, cuando hice limpieza.
-Loca jodido mayonesa. Litumäi liiiiiiiiibre!
- No empieces... déjame pensar.
- Loca piensa Litumäi. Litumäi empieza con Loca. No mayonesa. Loca chachy.
- ¿Cuánto tiempo has pasado metido en el bote de mayonesa?
-Litumäi no sabe. Litumäi solito.
-¿Cuánto tiempo has estado solito?
- Soles, Lunas, flores, fríos... mayonesa, mucho frío!
- No te jode! Estabas en el frigorífico!. [Pero, ¿¿qué estoy diciendo??] ¿Por qué estabas en el tarro de mayonesa?


Sea lo que fuere que hubiera mencionado, había surtido efecto, por que me trastorno enmudeció al instante, pero como una no sabe estar calladita incité –¿Litumäi?- y como respuesta sólo obtuve un gimoteo que me partió el pecho.

Me sentía fatal; ilusión o realidad, esa cosa me había acompañado mientras me autocompadecía y yo no tenía la sangre fría de ignorarle en ese estado:

-Oye, perdona. No sé que he dicho, pero te pido disculpas... No quería hacerte daño.
-Loca no pupa. Loca chachy. Litumäi caca. Litumäi da deseo chungo.
-Claro, hombre! Si eres producto de mi imaginación no podrías tener otra personalidad ni haciéndola a medida. No pediré mas información si tan doloroso resulta...
-No, Litumäi cuenta: Litumäi Genio chungo. Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lunas, Soles, Lu...
-Te rayas! “Hace tiempo”!, vale? Se dice: “hace mucho tiempo....”. Ea, puedes continuar...
- Hace mucho tiempo Litumäi con Mago caca. Mago feo con Litumäi. Mete Litumäi con tierra
-¿Te enterró?
-Con tierra
-No sé ni para qué pregunto... sigue, por favor.
-Gusano chachy con Litumäi. Pollo caca come gusano y Litumäi con pico. Gusano culo, Litumäi huevo solito. Litumäi Soles, Lunas, Soles, Lunas... Ya! Hace tiempo en huevo solito. Doña rompe huevo, Litumäi liiiiiiiibre. Doña baña con grasa Litumäi. Doña baña con miaja sal Litumäi. Doña baña con chorrito limón Litumäi. Litumäi contento da deseo Doña. Doña desea Don Bigote quiera y quiera. Litumäi da. Don Bigote quiere y quiere. Doña llora y llora. Don Bigote quiere y quiere y quiere y quiere y quiere. Doña dice Don Bigote “puto cansino de los cojones” y pone solito Litumäi con mayonesa. Doña no mas deseo. Ya Litumäi liiiiiibre da Loca deseo! Loca con deseo, Litumäi busca gusano chachi.
-Entiendo... Pues vas listo si pretendes encontrar a tu colega “el pasto de gallina”. Pero explícame otra vez eso de los deseos.
-Litumäi da deseo.
-Joder... Eres un libro abierto. ¿Cuántos deseos?
-Litumäi da deseo.
-Litumäi es un rácano que te cagas!
-Loca chunga
-De acuerdo. Deseo que Litumäi se quede conmigo para cumplir todos mis deseos
-Loca chunga chunga... Litumäi no solito! Litumäi con Loca!


Y esta es la historia que debí contarle en su momento a La Morena, pero siempre que encontraba una buena oportunidad para hacerlo, me frenaba el miedo. Miedo a que pensara que le tomaba el pelo y miedo de que me ayudara a ponerme una camisa de fuerza, pero sobre todo, miedo a que quisiera que Litumäi cumpliera sus deseos, con lo peligrosos que son y la cantidad de desdichas que a mí me traen...

Desde que liberé a este Genio de su bote de mayonesa, soy consciente de tener lo que deseas, cuando no sabes lo que quieres; mientras el muy bufón se ríe en mi ante cada nuevo intento. Pero de eso hablaré otro dia...
 
Un alto en el camino
Mas alla de la cordillera del cansancio; tomando el sendero al sosegado lago del sueño profundo en el que, cada vez con mayor frecuencia, me resisto a bucear por lo fria de sus aguas; cerca del valle donde el arco iris pisa tierra firme, y el aire huele a tierra humeda y el horizonte combina cada color del ocaso; entre un cielo tatuado de estrellas y el verde manto sobre el que camino descalza, me cita cada noche un hombre.

Alza en mi direccion su mano, a modo de saludo, mientras gano la distancia que nos separa, para despues esperarme comodamente sentado sobre la hierba, apoyando el peso de su cuerpo sobre las palmas y las rodillas flexionadas, ligeramente abiertas, dejando espacio entre ellas para que me instale sintiendo su corazon en mi espalda.

No me acaricia; ni tan siquiera me toca. Hablamos durante los instantes que preceden al letargo, hasta quedar dormida entre sus brazos, para despertar sola, “siempre sola”, en mi cama.

Atendiendo el arrullo de su respiracion en mi cuello, le cuento lo acontecido durante el dia, como el trovador que rememora las hazañas del caballero andante, posando luz sobre pequeños detalles, postrando importancia hacia los dialogos y sus argumentos, jugando a poner voz y entonacion a los personajes; hasta llegar al motivo por el que, cada noche, acudo a su vera.

Dejando caer mi cabeza sobre su hombro, escapa un suspiro que arrastra, desde mi interior, las preguntas “¿Cuándo llegarás?”, “¿Te reconoceré?”, “¿Será contigo distinto?” y con su silencio me abandono a Morfeo... Pues quien calla, otorga.