Dios salve!
Falleció la Cafetera.
Pronunció, el pasado sábado, sus ultimas palabras (puff, puff), y una estela de blanco humo, la acompañó hasta su ultimo destino.
Dos años de servicio, y cientos de momentos vividos, que no caerán en el olvido, son sus triunfos.
Ambas nos tuvimos paciencia en los comienzos; yo, con una semana de carnet, que forcé su palanca, que la hice chirriar, que abusaba de su embrague y olvidaba que, también ella, tenia sus necesidades. Ella que salió caprichosa, y en lugar de racionar sus recursos de aceite, lo devoraba. Ella, que detestaba el agua, y lloraba por dentro cada vez que la bañaba. Ella que, orgullosa como nunca dejó de serlo, viajó sin permisos del estado, pues no necesitaba que nadie le dijera si estaba o no en disposición de seguir combatiendo.
Juntas, reímos y nos desesperamos.
Yo acababa de regresar de Tomelloso, el pueblo de mis padres, con mi carnet de conducir en la mano, tras haber suspendido estrepitosamente, ya tres veces, en Madrid. Necesitaba un coche más que el agua, y me puse a buscar en los anuncios de “Segunda Mano”. Dos días tardé en encontrarla. Me dio fiabilidad su marca y me enamoró su precio. Fue conocernos en vivo y sentir un flechazo. Nunca más sentí algo así por nada ni por nadie.
Cerré el trato con un timador y ambas nos fuimos a, la que era entonces, nuestra casa. La misma de la que un año después huiríamos juntas, la misma a la que nunca volvimos.
Color gris, mayor de edad para votar, y con unos ojitos redondos que me miraban asustados; mi Cafetera no podía tener otro nombre... En punto muerto, o en primera, intentando reanudar la marcha, hacia un ruidito así como “phub, phub, phub”.
Llegó a mi con la promesa de sus 90.000 kms, pero ambas sabíamos que eso era falso; ya no tanto por que el cuenta kilómetros llevara roto, sabe Dios cuánto tiempo; sino por que con sus dieciocho primaveras, y la puerta del piloto siempre a punto para la caída libre, algo me decía que mi Cafetera había hecho mas kilómetros que la Macarena.
-El coche está cojonudo!. Lo he cuidado como si fuera un hijo; mira, mira como brilla hoy que hace sol...
-Sí, si lo que es brillar, brilla.... pero de motor cómo está?
-Cojonudo, te lo digo yo que soy mecánico y le he hecho todas las cositas aquí, en el taller donde trabajo....
Era cierto. El pavo aquel que vendió la Cafetera a una extraña, era mecánico, pero de chapa y pintura. Solo que eso lo supe después.
Ay! Aun puedo recordar nuestro primer pinchazo...
Eran las 7 de la madrugada de un Domingo; ambas volvíamos del Pub donde yo trabajaba y en Leganés (fiiiiihhhhhsssssss, trbboooo, trbboooo, trbboooo) pinchamos. Yo, que siempre me he creído muy lista, abrí el maletero y encontré (bajo diez mil millones de trastos y garrafas vacías de aceite) una rueda de repuesto, pero del tamaño de las de la bici de Vaamontes. Quien dijo miedo? Si esto está aquí, será por que sirve.... Intenté sacarla y por algún maleficio o una presión especial en la fuerza gravitatoria, me fue imposible... Quiso el cielo que un muchachito, en un coche tuneado, se hubiera pegado semejante ostia contra una farola a escasos 100 metros, y la policía, que andaba midiendo sus constantes vitales y rogándole “sopla por aquí, chavalote”, comprendiera mi desasosiego y se ofreciera a echar un cable a esta desvalida muchachita con tacones y escote, cuando la ambulancia se llevara al caballero empotrado.
Se personaron en mi coche y con la gracia y salero que brinda el uniforme, y con una llave inglesa, sacaron la rueda y la depositaron en el suelo. Para asombro del cuerpo, y de los agentes, vimos que estaba deshinchada, por lo que no tuve mas remedio que recurrir a la artillería pesada (caída de ojos, morritos de cachorro, leve ronroneo, un suspirito aquí, reverso de la mano en la frente, ¡mis sales, por dios, mis sales!, y otro suspirito allá) para que los guardias se ofrecieran a hinchar mi rueda en la gasolinera mas próxima.
Cuando volvieron, la que suscribe roncaba a pierna suelta dentro de la Cafetera, pero despertó rauda a la voz de:
-¡Oiga! Que yamos llega’o!! Sáquenos la tuerca de seguridad!
-¿Qué tuerca?, ¿no está puesta? ¿No se hubiera caído la rueda si no estuviera?
-No, mujer... La tuerca de seguridad, esa que usted puso para que no le robaran las ruedas de su.... (mirada de soslayo hacia mi bólido)
-Cafetera...
-Eso
-Yo no tengo nada..... (más cara de desvalida)
-Pues la tendrá su marido... Que se yo. Mire, son las 7.30 de la mañana y nosotros tenemos que seguir con la ronda...
-(Bingo!) Agentes, es que... yo.... estoy separada... Seguro que la dichosa tuerca la tiene mi exmarido, pero él vive con otra mujer, y dudo que quiera prestarme su ayuda... AY! Sniff...
Los municipales, atentos y solícitos, me llevaron hasta el portal de casa, deseándome suerte, tras haber despotricado contra los hombres durante todo el trayecto, y contarme las perrerías de las que alguna vez, habían escuchado, era capaz esa raza cruel y canalla.
Rescaté a la Cafetera al día siguiente, por que de tuerca de seguridad, nada.... Eran normales, oxidadas y duras como el titanio, pero normalitas.
Fueron muchas nuestras aventuras; son muchos los recuerdos que conservaré, pero ahora ella por fin descansará, rodeada de otros coches viejitos a los que contar sus historias.
La Cafetera ha muerto; Dios la tenga en su gloria....
Esta noche me voy a ver otro coche, uno mas joven, mas vital. Uno con el que compartir risas, velocidad y combustible...
Drogas

Perdón.
-No lo digas. No se te ocurra decir que lo sientes.
-Pero tengo que hacerlo; no quiero perderte- En un acto de valentía, alzó la vista y se abandonó a la conclusión que Andrea quisiera tomar.
-Desde que toda esta historia comenzó a desarrollarse, es la primera vez que mi opinión pinta algo- liberó su mano de la mano que la asfixiaba -¿por qué debería intervenir ahora? No es mi guerra.
La culpabilidad es un arma arrojadiza, un boomeran que arrasa a su paso y regresa al punto desde el que se lanzó.
Julio deseaba callar, no quería ofrecer mas información de la necesaria; solo necesitaba la promesa de un futuro, ya que en este momento la vida se había detenido en el incomodo presente que no le permitía ver mas allá del frío rostro de ella.
-Di que me perdonas, o que lo intentarás. Di que lo he jodido todo. Di que ya no me quieres y comprenderé que me abandones. Pero, por Dios, no te quedes callada.
-Daría igual que yo pasara por alto ésta ultima hora, por que tú no podrías hacerlo. ¿Cuánto tiempo lleva fraguándose dentro de ti la necesidad de contarme algo que yo nunca quise escuchar?
-No lo sé, ni siquiera lo he pensado... Pero tú mereces algo mejor que mi silencio.
-¿Merezco tu debilidad?-su voz y su gesto eran los de una niña inocente y asustada por no ser lo que esperaban de ella. Negó con la cabeza mirando al suelo, no era ese el papel que se había imaginado representando.
Sentada en aquella silla, dentro de un laberinto con apariencia de cafetería, y frente al desconocido con el rostro de alguien a quien una vez amó más que a si misma, no pudo recordar la ultima vez que se había sentido tan vacía, pero tampoco la ultima vez que se había sentido plena, feliz.
-Me has puesto contra la espada y la pared.- Las palabras salieron monótonas, casi mecánicas, como el guión ensayado por un mal actor - Puedo perdonar, (sabes que puedo hacerlo), pero nunca nos permitiríamos olvidar; para ti eres un héroe, y esta conversación, una prueba de tu arrojo. Mientras que yo salgo mal parada, diga lo que diga, o haga lo que haga.
-Podrías decir que me comprendes...
-Te comprendo.
-Podrías decir que algún día superaremos esto...
-Algún día, esta tarde, solo será el recuerdo de un mal sueño.
-Podrías decir que aun me quieres...
-Nunca he dejado de quererte.
-Podrías decir que no te hago daño pidiendo que permanezcas a mi lado...
-Si miento ahora, tendría que hacerlo, también, en todo lo anterior.
Contagios.
La culpa es de esta jodida estación del año y mucho me temo que, por mas que me he protegido, cuidado, mimado y evitado exponerme a contagios, al final... lo he pillado.
No logro mantener estable la temperatura corporal y siento como sube y baja varias veces al día; dejándome, esa extraña sensación, que provoca el sudor helado en mi espalda. Me tiemblan las manos y las rodillas, se me seca la garganta y tengo acuosos los ojos.
Mi cabeza no se centra y me sorprendo en Babia con demasiada frecuencia; o, lo que es peor: sonriendo a todo el mundo, como si me hubieran extirpado el cerebro por las fosas nasales, y en su lugar solo quedara infinito espacio para que cientos de pajarillos revoloteen y dejen caer sus excrementos sobre el periódico en el que se ha convertido mi cavidad craneal.
Hecha una birria, así estoy.
Desde que este okupa se ha instalado en el bunker, que tanto trabajo me ha costado aislar, enchufando alquitrán en mis pulmones para endurecerlos, y escondiéndolo detrás del esternón, donde a nadie se le ocurriría buscarlo...
Desde que este Virus sin papeles campa a sus anchas junto a su séquito de hormigas y mariposas, por cada pliegue de mi piel...
Desde que se hizo amo y señor de mi sistema nervioso, dirigiendo desde ahí una orquesta de gemidos que lograrán nominarme para el, no muy honroso, titulo de “vecina escandalosa del año” .... ya no me reconozco:
Me descubro y me regaño por apagar y encender el móvil una media de dieciséis mil millones de veces (millón arriba, millón abajo) por si le ha fallado el software (que puede pasar) y fuera esta la razón de su mutismo.
Tarareo, sonrío, huelo flores y hablo sola.
Acaricio mi cuello con los ojos cerrados, recreando una sensación antes vivida, pero acabaré despanzurrada contra una mediana, pues estos impulsos no respetan ni las normas de seguridad vial.
Escucho música ñoña y cursi, mas cursi y ñoña que la que escuchaba antes de enfermar; y hasta me empieza a parecer bonita la historia de Carlos y Camila...
Me miro y me gusto en el reflejo de los escaparates.
Estoy mudando de piel de tanto énfasis con el exfoliado (ya me han salido tres ronchas) e incluso me depilo las ingles.
Este monstruo no soy yo!. Ni tan siquiera mi voz es mía; ahora ronroneo, suspiro y digo cosas como “mi vida”, “mi niño”, “mi amor”... ¡El espíritu de Ali McGraw me ha poseído, y no se, cómo cojones, exorcizarlo!...
Mis amigas, mas que compadecer mi deplorable estado, se burlan del desecho de mujer que acude a ellas en busca de ánimo y consuelo:
-Déjate llevar
-¿A dónde?
-Eso nunca se sabe... supongo que hasta el final.
-Sabias palabras. Sí, señor... Me dejaré llevar; pero cuando, con tanto bienestar y paz interior, me presente a las oposiciones de Hare Krishna y las apruebe, será solo culpa vuestra que cante en los aeropuertos con una túnica azafrán y la cabeza rapada!
Es tarde para los antibióticos. Solo queda esperar que esto del amor, desaparezca como la alergia estival, o las gripes de verano.
Agujetas
Treinta y ocho horas sin dormir, son demasiadas para la nieta, no reconocida, de Somnus. Y yo, ayer, no era una mujer enamorada; sino un perro viejo, sin fuerzas para rascarse detrás de las orejas, sin ganas de acercarse a la maquina del café, y con un delator e indiscreto bostezo en la boca, que levantaba las sospechas de quienes morían un poquito, también conmigo, en la oficina.
Me observaban curiosos, e incluso a veces escuchaba sus susurros a mi espalda:
-Mírala, yo diría que ni siquiera ha pasado por su casa.
-¿Tu crees?, no le veo mala cara... Parece contenta.
-Jóvenes! Ya pagará las consecuencias de sus actos.
-Lo hará. Pero mientras, lo está disfrutando!
Conseguí zambullirme bajo la sábana con algo de luz entrando aun por las rendijas de la persiana; no cené, y gruñí algo parecido a “dédjafme... nah, bazo de ghomerd! Muedoo, no vienzo abir losh ojo nunga mash...”. La Morena, mi compañera de piso, entendió perfectamente que no era el mejor momento para aplicarme el interrogatorio de las SS al que nos sometemos cada vez que una pasa la noche fuera del hogar. No es proteccionismo exactamente. Es más bien cotilleo al mas puro estilo sádico y envidioso. Pero la facilidad de esta chica para descifrar los dialectos del agotamiento (como es el caso) o de la peor de las borracheras, me deja boquiabierta.
Y así me dormí; maravillada por la compresión de mi amiga, y con la boca abierta, imagino, pues esta mañana encontré pegado en la puerta un post-it que rezaba:
“Roncas como una morsa” (Sutil y delicada que es la chica...)
A medio día he llamado a mi amigo el fisioterapeuta, que gustoso aceptaba la invitación a comer que proponía, y tras un sorbo a su copa de vino, hemos empezado a charlar:
-Solo me llamas cuando quieres algo.... Eres una arpía.
-Y tu solo vienes cuando la comida la pago yo... Eres un gorrón.
-Presentaciones a parte; que te pasa?
-Me duele todo el cuerpo, ¿no me darías un masajito?
-Voy a hacer algo mejor: Te daré la causa de tu malestar. Es conocido el sabio consejo de que, mejor que darle un pan a un pobre, es regalarle una caña y enseñarle a pescar...
-Gorrón, Vago y Verborraico...
-El día menos pensado borro mi teléfono de tu agenda. Grosera: ¿dónde te duele?
-Aquí y aquí. Tambíen los hombros; cuando hago así, me duelen mucho... y el cuello. Si es que me duelen hasta las muñecas!
-¿Qué hiciste ayer?
-Ay!, quedé con un chico...
-Aha, continua.
-Pasamos toda la noche hablando y riendo. No podía dejar de mirarle: Tiene unos preciosos ojos marrones, labios finos y manos suaves. Pero lo mejor era su voz; me envolvía con susurros mientras apoyaba mi cabeza en su pecho. Me sonreía, apartaba mi flequillo y me besaba la frente.
-Cuéntame más.
-Habíamos quedado en el centro. Ya sabes lo desastroso que es mi sentido de la orientación, pero sorprendentemente no me perdí. Él llegó puntual, y me propuso buscar un sitio cómodo donde tomar una copa de vino....
-Chin Chin: por el buen gusto de tu nueva conquista!
-No digas eso!; me encantó su espontaneidad. En ningún momento pareció nervioso. En cambio, yo era un manojo de nervios. Intentaba encontrar alguna grieta en su carácter, alguna debilidad.. Algo que me indicara que era yo, y no él, quien manejaba la situación, pero no pude. Llevaba las riendas de la conversación con facilidad y sentido del humor. Logró que me sintiera tan cómoda, que olvide las tácticas de conquista y la búsqueda de indicios que confirmaran si yo le gustaba. Solo pude dejarme llevar
-“Si yo le gustaba”, “si yo le gustaba”... ¿Qué más da? El te gusta a ti, no?
-Si, pero... ¿para qué entregar tu corazón a alguien que no lo quiere?
-¿Por que me hablas ahora de corazones y demás casquería?
-Por que estaba desorientada; a mi se me notaba a una legua lo mucho que me gustaba su compañía, y que un metro de distancia era demasiado. Quería estar mas cerca! Mis dedos me pedían acariciarle
-Cagaprisas...!
-¿Te importa dejar tu vena escatológica fuera de esta conversación? Estoy hablando de sentimientos!
-Lo diré de otra manera: ¿Por que no puedes ser mas paciente y dejar de empujar a la gente hacia donde tu quieres que llegue?
-No soy perfecta. ¿Puedo seguir?
-Por favor...
-Después de hablar durante horas, muchas, creí ver un brillo distinto en sus ojos: Sabia que me había vencido, quería que me rindiera. Me atrajo hacia él y me besó. Tras eso llegaron mas risas, mas miradas, caricias y muchos abrazos...
-Un momento! Tú... tú le abrazaste a el?
-Sí. No soy tan fría
-¿Y tu le besaste a él?
-Aha... Mucho.
-Pues ya tengo tus diagnósticos.
-En plural?
-Si. El especialista en musculatura te dice que, si el chico es alto, lo que tienes es una contractura de caballo en el trapecio, por tu falta de costumbre abrazando de verdad, y el esternocleidomastóideo pinzado de forzar el cuello en busca de un beso. Y el diagnostico de tu amigo es que tienes agujetas en el corazón. Vuelve a llamarle. Lo mejor para que desaparezcan es repetir el ejercicio que te las causó.

Me observaban curiosos, e incluso a veces escuchaba sus susurros a mi espalda:
-Mírala, yo diría que ni siquiera ha pasado por su casa.
-¿Tu crees?, no le veo mala cara... Parece contenta.
-Jóvenes! Ya pagará las consecuencias de sus actos.
-Lo hará. Pero mientras, lo está disfrutando!
Conseguí zambullirme bajo la sábana con algo de luz entrando aun por las rendijas de la persiana; no cené, y gruñí algo parecido a “dédjafme... nah, bazo de ghomerd! Muedoo, no vienzo abir losh ojo nunga mash...”. La Morena, mi compañera de piso, entendió perfectamente que no era el mejor momento para aplicarme el interrogatorio de las SS al que nos sometemos cada vez que una pasa la noche fuera del hogar. No es proteccionismo exactamente. Es más bien cotilleo al mas puro estilo sádico y envidioso. Pero la facilidad de esta chica para descifrar los dialectos del agotamiento (como es el caso) o de la peor de las borracheras, me deja boquiabierta.
Y así me dormí; maravillada por la compresión de mi amiga, y con la boca abierta, imagino, pues esta mañana encontré pegado en la puerta un post-it que rezaba:
“Roncas como una morsa” (Sutil y delicada que es la chica...)
A medio día he llamado a mi amigo el fisioterapeuta, que gustoso aceptaba la invitación a comer que proponía, y tras un sorbo a su copa de vino, hemos empezado a charlar:
-Solo me llamas cuando quieres algo.... Eres una arpía.
-Y tu solo vienes cuando la comida la pago yo... Eres un gorrón.
-Presentaciones a parte; que te pasa?
-Me duele todo el cuerpo, ¿no me darías un masajito?
-Voy a hacer algo mejor: Te daré la causa de tu malestar. Es conocido el sabio consejo de que, mejor que darle un pan a un pobre, es regalarle una caña y enseñarle a pescar...
-Gorrón, Vago y Verborraico...
-El día menos pensado borro mi teléfono de tu agenda. Grosera: ¿dónde te duele?
-Aquí y aquí. Tambíen los hombros; cuando hago así, me duelen mucho... y el cuello. Si es que me duelen hasta las muñecas!
-¿Qué hiciste ayer?
-Ay!, quedé con un chico...
-Aha, continua.
-Pasamos toda la noche hablando y riendo. No podía dejar de mirarle: Tiene unos preciosos ojos marrones, labios finos y manos suaves. Pero lo mejor era su voz; me envolvía con susurros mientras apoyaba mi cabeza en su pecho. Me sonreía, apartaba mi flequillo y me besaba la frente.
-Cuéntame más.
-Habíamos quedado en el centro. Ya sabes lo desastroso que es mi sentido de la orientación, pero sorprendentemente no me perdí. Él llegó puntual, y me propuso buscar un sitio cómodo donde tomar una copa de vino....
-Chin Chin: por el buen gusto de tu nueva conquista!
-No digas eso!; me encantó su espontaneidad. En ningún momento pareció nervioso. En cambio, yo era un manojo de nervios. Intentaba encontrar alguna grieta en su carácter, alguna debilidad.. Algo que me indicara que era yo, y no él, quien manejaba la situación, pero no pude. Llevaba las riendas de la conversación con facilidad y sentido del humor. Logró que me sintiera tan cómoda, que olvide las tácticas de conquista y la búsqueda de indicios que confirmaran si yo le gustaba. Solo pude dejarme llevar
-“Si yo le gustaba”, “si yo le gustaba”... ¿Qué más da? El te gusta a ti, no?
-Si, pero... ¿para qué entregar tu corazón a alguien que no lo quiere?
-¿Por que me hablas ahora de corazones y demás casquería?
-Por que estaba desorientada; a mi se me notaba a una legua lo mucho que me gustaba su compañía, y que un metro de distancia era demasiado. Quería estar mas cerca! Mis dedos me pedían acariciarle
-Cagaprisas...!
-¿Te importa dejar tu vena escatológica fuera de esta conversación? Estoy hablando de sentimientos!
-Lo diré de otra manera: ¿Por que no puedes ser mas paciente y dejar de empujar a la gente hacia donde tu quieres que llegue?
-No soy perfecta. ¿Puedo seguir?
-Por favor...
-Después de hablar durante horas, muchas, creí ver un brillo distinto en sus ojos: Sabia que me había vencido, quería que me rindiera. Me atrajo hacia él y me besó. Tras eso llegaron mas risas, mas miradas, caricias y muchos abrazos...
-Un momento! Tú... tú le abrazaste a el?
-Sí. No soy tan fría
-¿Y tu le besaste a él?
-Aha... Mucho.
-Pues ya tengo tus diagnósticos.
-En plural?
-Si. El especialista en musculatura te dice que, si el chico es alto, lo que tienes es una contractura de caballo en el trapecio, por tu falta de costumbre abrazando de verdad, y el esternocleidomastóideo pinzado de forzar el cuello en busca de un beso. Y el diagnostico de tu amigo es que tienes agujetas en el corazón. Vuelve a llamarle. Lo mejor para que desaparezcan es repetir el ejercicio que te las causó.

Siempre llaman.

De vuelta de Londres y aun con un “Hi” en los labios cada vez que un cliente cruza la puerta de mi oficina, intento ponerme al día de todo el trabajo que se acumuló, y el que continúa haciéndolo, por que de lo único que tengo ganas, es de escribir.
Pero entre los muchos correos que me encontré a la vuelta de vacaciones, hubo uno que me encantó:
Una de mis mejores amigas debió pasar cerca de media hora redactándolo, y este trabajo valió, con creces, la pena. Me reí y logré compartir, con varios días de retraso, lo que ella sintió: Alegría, emoción, nervios, casi felicidad... pero sobre todo sorpresa.
El “subjet” de su “e-mail” (joer... cómo se me da el Inglés!) era el mismo con el que he titulado este “post”, y en el me contaba que un tontolaba, como tantos ahí, pero el que a ella, en particular, le interesa, había vuelto a dar señales de vida después de UN AÑO.
La historia es cotidiana:
Chica conoce a chico. Chico curra en un “pub”. Chica hace guardia en la barra durante meses, hasta que chico se digna a llamarla por su nombre. Chica pierde el culo y hace socias del “pub” a todas sus amigas. Chico sonríe a chica. Chica se tira a la piscina, y después al chico. Chico se comporta como un caballero de su tiempo (dice a chica que la llamará, para después no hacerlo). Chica patalea, se enrabieta, bufa, y cuando se le pasa el enfado vuelve al “pub” (con toda su tropa) hasta que se da por vencida y se esfuerza por ver a chico como un completo gilipollas que no la merece, sin mucho éxito. Chica hace su vida y le observa con ojitos de cordero degollado cada vez que pasa cerca de ella. Chica pierde las esperanzas...
Hasta aquí todo normal, ¿Verdad?.
Cada vez que alguna de nosotras se ponía ñoña, ella nos repetía –Tranquila; todos llaman- mientras nos acariciaba con cariño la mano –menos uno- y bajaba la mirada para que no viéramos tristeza en ella.
Cuando por fin nos encontramos, levantó la barbilla y, muy digna ella, me dijo - Todos llaman-. Ambas sonreímos.
Quisiera pensar que esa sencilla llamada podría ser la primera baldosa del camino que desea recorrer. Quizás lo sea, o tal vez no... Pero no importa; mantuvo la cabeza fría, protegió el orgullo, y luchó por algo en lo que creía, mandando sus tropas una vez tras otra al campo de batalla.
Mi amiga, la estratega, ha ganado la medalla de la paciencia sin hacer prisioneros.
[...] por qué no hacer alpinismo?
*Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Nadia, una chica delgada y de largo cabello castaño, y Sonia, mas bien regordeta y con el pelo rojo, desteñido y corto, toman dos coca colas de lata, tiradas en el suelo de un desordenado salón, mientras ojean revistas y hablan de nada. De fondo Javier Krahe desvaría en “cávalas y cicatrices”.
**********************************************************************************
Sonia: - ... Pues vamos listas las dos: Solas y sin un duro. El día menos pensado me echo novio y pongo fin a la indigencia!
Nadia: - Tú te has creído que los hombres son tontos? Ya no, hija, ya no... Sin ir mas lejos; la semana pasada un gachó me pidió que “me estirara” y le pagara las copas. Le dije que también lo podía hacer él y ya puestos, pagar las mías
S: -¿Y qué te contestó?
N: - Que las tías tenemos la cara de hormigón arma’o. Que llevamos 100 años berreando por la igualdad de género, y que yo me estaba cargando de un plumazo los logros de las sufragistas.
S: - Coño!, y se quedaría tan ancho!. Pues yo de la igualdad paso; prefiero que me cedan el paso, que me abran las puertas, y me inviten a cenar.
N: -Pues mira, yo creo que el muchacho parte de razón sí que tenía... Pero la igualdad de derechos no resuelve mis problemas de liquidez. Es más, ahora que escucho esta canción me he acordado de algo que solo podría comentar contigo.
S: -Dime.
N: - No me tomes demasiado en serio, de acuerdo?
S: - Suéltalo, Nadia... Que me pones muy nerviosa cuando divagas...
N: -He pensado meterme a puta.
S: - ...
N: -¿No dices nada?
S: -La madre que te parió!
N: -Joder, chica, que expresiva eres
S: -¿Se puede saber que esperas que te diga?, no se si lo que has dicho lo has dicho en serio, o me estas tomado el pelo. Si te estas pitorreando de mí, no le veo la gracia... Y si no lo estas haciendo.. Bueno: Tampoco!
N: -Broma?, Ni mucho menos.... es solo una tontería que se me ha ocurrido. Tú sabes que me gusta el sexo, ¿Verdad?
S: -Toma! Y a mi; y las tartas de chocolate, pero no por eso me hago pastelera.
N: -Sabes también que llevo en números rojos más tiempo del que me puedo permitir, y que los hombres no se me dan del todo mal. Por eso he pensado que si lo meto todo en una coctelera y lo agito con pericia, tal vez consiga un sorbete rico que me refresque y estimule un poquito.
S: -Si me lo estas contando es que ya llevas tiempo pensándolo, oséa que no lo digas como una bobada que se te acaba de cruzar por la cabeza. Explícamelo.
N: -He decidido contártelo empujada por la canción que ha sonado hace un momento... “Cuando todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?”. Y es que tengo que admitir que las estrellas me tratan bien, y ya que ahora no hay nadie en mi vida a quien deba una explicación, creo que sería un momento tan bueno como cualquier otro para probar algo que siempre me llamó la atención.
S: -Prostituirse? Niña, eso no es una vocación.
N: -Yo no lo veo así. Piensa más bien en recibir una retribución económica por algo que te gusta y haces bien. Imagina que a ti te pagaran por escribir. No dejarías tu trabajo, ni a tus amigos, ni familia. Mantendrías tu vida, pero, de vez en cuando, olvidarías todos los roles que has seguido siempre y serias solamente tú.
S: -No es lo mismo.
N: -¿Por qué? Tu vivirías otra vida en tus papeles, y yo en carne propia. Solo tendría que mantener la cabeza fría y no dejarme arrastrar por lo goloso del dinero facil.
S: - Supón que entiendo lo que quieres decir, y que elimino de mi cabeza los prejuicios... ¿Qué harías?
N: -No se. Nada del otro mundo. No creas que había pensado llevar mi currículo a un puti-club. Ya te he dicho que es una idea; y en mis fantasías me veo bailando en cualquier discoteca; contigo, por ejemplo. Sabes en que plan se acercan los hombres a mi... ninguno viene con una rosa entre los dientes, ni con la intención de pedir mi mano a mi padre: Quieren sexo y yo decido si el chico me gusta, y si en ese momento me apetece. Por eso; por que alguno me ha hecho sentir sucia, cuando abandonaba mi cama en plena noche para no tener que darle demasiadas explicaciones a su novia o a su mujer; por que después de un polvo de mierda se han ido tan contentos creyendo haber hecho un buen trabajo; por que no han sido muchos los que se han preocupado acerca de que sentía yo, si me hacían daño, si me hacían sufrir; por que siento que no valoran lo que han tenido entre las sabanas, ni tienen intención de conocer a la mujer que hay fuera de ellas... y por que necesito dinero. He pensado ponerle precio a mi cuerpo.
Continuara....
Dónde?
Esto, que a continuación leerás, no es un reproche. Ignóralo, siéntelo, u olvídalo. Haz con ello lo que quieras, por que solo tiene un dueño.
Mañana, once de Mayo, a las ocho de la mañana, el reloj en mi muñeca izquierda, marcará trescientas horas de tu ausencia. Trescientas horas que pesan como trescientas losas, pero tan solo cubren, una quinta parte de las mil cuatrocientas ochenta y ocho que me regalaste con tu presencia.
Por eso, mañana, once de mayo, a las ocho de la mañana, pararé el reloj de mi muñeca izquierda; no le permitiré que siga contando las horas sin ti, y lo cambiaré por otro que cronometre únicamente las mías. Contará las horas en las que pueda sentirme sola y vacía, las horas de sonrisas y las de caricias nuevas, contará las horas de sueño que no volverán a tener segunda parte. Serán horas de las que me sentiré orgullosa, pues desde las que viví contigo he aprendido a quererme más, como tu me querías; y a verme mejor, como tu me veías.
He de pasar esta pagina, se que lo entiendes, pero desde que soltaste mis manos, a duras penas salen de ellas, palabras que no te llamen.
Hace casi un año empecé a escribir en este cuarto donde me siento cómoda, y colgué en sus paredes posters con tu imagen. Me inspirabas y, rozando con las yemas el papel satinado, fantaseaba como una adolescente en compartir tiempo contigo. Lo hice, y la realidad superó todos mis espejismos.
Lo se... Que mas podía desear ya? Cualquier cosa hubiera sido desmedida.
Solo quiero decirte, mi niño, que todo este tiempo, aunque intenso, me ha sabido a poco. Que no olvido tus promesas, ni las mías. Que la banda sonora de un pretérito perfecto no sonará durante algún tiempo (no soy tan fuerte) , pero han sido unos días maravillosos los que he vivido contigo.
Guardaré el reloj, junto a sus horas, sobre un pañuelo aun húmedo. Rellenaré los espacios huecos con papeles impresos de bromas nuestras, de risas tontas, y “tequieros” sin término, y envolveré el petate con las imágenes que decoraban esta estancia. Ahora solo mía. Pero aunque el hombre tenga los pies de barro, no dejaré de adorar al héroe.
Hemos de repartir los gananciales. El más sórdido momento en toda relación que acaba: Tenemos una casa construida entre los dos. ¿Quieres la mitad de los ladrillos? ¿La demolemos juntos? El orgullo me pide que te la entregue entera, fingiendo que no me importa; pero me he propuesto amordazar, hoy, a mi parte mezquina, y te ruego que, sabiendo lo mucho que para mí significa, la incluyas a mi nombre en tu testamento cuando desees que te de por muerto. Yo la visitaré de vez en cuando y tal vez, algún día, vuelva a ella y la alegre con una maceta. Dejaré abiertas las ventanas, por si tu espectro decide hacerse corpóreo y registrar los cajones o dejar una nota bajo mi almohada.
Aún me queda mucho por saber de mí, solo se que me dueles. Pero no por qué, ni dónde.





