noche de fuegos artificiales
Se suponía que nos iban a dar amarre en Santa Eulalia para pasar la noche y los chicos se bajasen y al día siguiente recibiera al nuevo grupo, pero el mal tiempo provocó que los barcos se quedasen en puerto. No había amarre. Así accedí a llevarlos a Ibiza, donde desembarcarían, y luego yo me buscaría la vida. La mar entraba del sudeste, formando olas incómodas, sobre todo para quienes buscaban el sol y la tranquilidad que en agosto se le supone al Mediterráneo. (Vamos, que se marearon un poco). Entramos en Marina Botafoch y bajaron en la gasolinera. Ya estaba cerca el anochecer. Y esa noche no podía fondear en el puerto de Ibiza (está prohibido, pero todos los días se juntaban allí cincuenta sesenta barcos): había fuegos artificiales en la bahía, y la guardia civil había vaciado el fondeadero.
Así pues, puse rumbo a Talamanca, detrás del faro de ibiza. Habia dejado de llover, y la noche se presentaba estupenda, aunque con aviso de tormenta.
Fondeé a la entrada, ya era de noche y no quería entrar más. Había demasiados metros de agua para el fondeo que llevaba el flamante velero de 13 metros que estaba patroneando. Mas me pareció que el ancla había agarrado.
Miré en los armarios, y me preparé la cena.
Te escribí.
Me puse música. Observar Ibiza desde el mar, los barcos increíbles, las estrellas nacientes, enseguida me puse a soñar.
A las 12 comenzaron los fuegos. Espectaculares. De esos que te llevan en su vaivén, te explotan en los sueños y pasan a formar parte de la imagen inconsciente de la belleza que pueden crear, que pasan a representar ellos mismos esa belleza.
La lluvia respetó los fuegos, pero después regresó. Me fui a dormir.
Había mucha ola, y el barco se movía mucho.
De pronto me desperté. Y le doy gracias al ángel de la guarda por despertarme. Estaba garreando. Y el barco se iba contra las rocas.
Llovía. Encendí el motor, puse las luces, y me fui a recoger el fondeo. Solo como estaba en el barco, tenía que hacerlo todo rápido: una vez arriba el fondeo, correr a popa al timón.
La noche estaba oscura. Mi corazón quería salirse, del susto. Me fui mas adentro. Y de nuevo gracias, ángel. Comenzó una tormenta eléctrica, y los relámpagos iluminaban a destellos la bahía. Así pude distinguir unos cuantos barcos fondeados sin luces, a los que maldije un rato. Si no hubiera sido por esos relámpagos, me habría comido a alguno.
Encontré un sitio que parecía bueno. Largué el fondeo. Pero no agarró. Vuelta a empezar. Subir fondeo, correr a popa, buscar sitio entre la negritud.
Al fin el fondeo agarró. Me quedé mirándolo casi una hora. De noche, en traje de baño, secándome poco a poco (el agua dulce se agradecía, la verdad), me daba cuenta cuán cerca había estado de irme contra las rocas, con todas las posibilidades que se tejían en mi cansada cabeza, todas terribles, todas catastróficas. Y daba aún más gracias a haberme despertado.
Por la mañana, cuando rompía el sol la noche, miré a mi alrededor. Ya no era tan atemorizante. La mar se había calmado, la luz ponía distancias donde antes solo había miedos, y el ánimo ya se había sosegado.
Así que, sin esperar demasiado, puse rumbo a Santa Eulalia: tenía que estar allí pronto, para recoger al nuevo grupo.
Así pues, puse rumbo a Talamanca, detrás del faro de ibiza. Habia dejado de llover, y la noche se presentaba estupenda, aunque con aviso de tormenta.
Fondeé a la entrada, ya era de noche y no quería entrar más. Había demasiados metros de agua para el fondeo que llevaba el flamante velero de 13 metros que estaba patroneando. Mas me pareció que el ancla había agarrado.
Miré en los armarios, y me preparé la cena.
Te escribí.
Me puse música. Observar Ibiza desde el mar, los barcos increíbles, las estrellas nacientes, enseguida me puse a soñar.
A las 12 comenzaron los fuegos. Espectaculares. De esos que te llevan en su vaivén, te explotan en los sueños y pasan a formar parte de la imagen inconsciente de la belleza que pueden crear, que pasan a representar ellos mismos esa belleza.
La lluvia respetó los fuegos, pero después regresó. Me fui a dormir.
Había mucha ola, y el barco se movía mucho.
De pronto me desperté. Y le doy gracias al ángel de la guarda por despertarme. Estaba garreando. Y el barco se iba contra las rocas.
Llovía. Encendí el motor, puse las luces, y me fui a recoger el fondeo. Solo como estaba en el barco, tenía que hacerlo todo rápido: una vez arriba el fondeo, correr a popa al timón.
La noche estaba oscura. Mi corazón quería salirse, del susto. Me fui mas adentro. Y de nuevo gracias, ángel. Comenzó una tormenta eléctrica, y los relámpagos iluminaban a destellos la bahía. Así pude distinguir unos cuantos barcos fondeados sin luces, a los que maldije un rato. Si no hubiera sido por esos relámpagos, me habría comido a alguno.
Encontré un sitio que parecía bueno. Largué el fondeo. Pero no agarró. Vuelta a empezar. Subir fondeo, correr a popa, buscar sitio entre la negritud.
Al fin el fondeo agarró. Me quedé mirándolo casi una hora. De noche, en traje de baño, secándome poco a poco (el agua dulce se agradecía, la verdad), me daba cuenta cuán cerca había estado de irme contra las rocas, con todas las posibilidades que se tejían en mi cansada cabeza, todas terribles, todas catastróficas. Y daba aún más gracias a haberme despertado.
Por la mañana, cuando rompía el sol la noche, miré a mi alrededor. Ya no era tan atemorizante. La mar se había calmado, la luz ponía distancias donde antes solo había miedos, y el ánimo ya se había sosegado.
Así que, sin esperar demasiado, puse rumbo a Santa Eulalia: tenía que estar allí pronto, para recoger al nuevo grupo.
Comentario:
Tiene magia este post, es como un fragmento de novela de aventuras, me apetcia seguir leyendo la historia.
Comentario:
Los fuegos desde el mar son lo más.
Sobre todo porque suenan menos, y eso a los que no soportamos los petardos nos marca mucho.
En Alicante, cuando el bodorrio Benan, se pusieron unos a lanzar petardos y casi casco. Me dan ganas de matar. Y cada vez me contengo menos...
Parece que tuviste buena travesía en general, no cuentas nada de los pasajeros y seguro que hay materia.
Esperons...
M.
Sobre todo porque suenan menos, y eso a los que no soportamos los petardos nos marca mucho.
En Alicante, cuando el bodorrio Benan, se pusieron unos a lanzar petardos y casi casco. Me dan ganas de matar. Y cada vez me contengo menos...
Parece que tuviste buena travesía en general, no cuentas nada de los pasajeros y seguro que hay materia.
Esperons...
M.
Comentario:
María!!
=)
Sí, che, soy besucona. Mi hija es pior, más besucona que yo.
Mirá que yo también tengo los deditos cruzados para lo que ustedes ya saben, eh?
Ánimos! Fuerza! etceteras.
La peor parte ya pasó...
=)
Sí, che, soy besucona. Mi hija es pior, más besucona que yo.
Mirá que yo también tengo los deditos cruzados para lo que ustedes ya saben, eh?
Ánimos! Fuerza! etceteras.
La peor parte ya pasó...
Comentario:
No te preocupes, Mari, que me llegan todos tus besos. (jamía que besucona... ;-) ) Venga, más besitos para ti y todos tus niñ@s, que ya he visto que están hechos un@s poetas.
Comentario:
Fino lo suyo, Epoptek. Muy fino...
Me gusta cómo escribís.
Besos (para los dos... ey, en serio mandale un beso a quien ya sabés)
Me gusta cómo escribís.
Besos (para los dos... ey, en serio mandale un beso a quien ya sabés)
Comentario:
El escenario para ver los fuegos tenía que ser impresionante, como el susto que sin duda te llevaste.
Menos mal que al final se solucionó todo.
Saludos desde la Fortaleza
Menos mal que al final se solucionó todo.
Saludos desde la Fortaleza





