logotipo

img_google
la aventura de la vida
apuntes sobre sexo, espiritualidad y relaciones
Acerca de
Me gusta navegar a vela. Me gusta leer. Me gusta bailar. Me gusta María. Cómo se mueve, cómo se ríe. Por ella me he venido a Madrid. Soy vegetariano que a veces come pescado y bebe alcohol. Me gusta Osho, y sus meditaciones, y sus palabras. Era culto, erudito, pero se me está olvidando todo. Me gusta la poesía: leerla, escribirla, vivirla. Me gusta pasear por Bilbao (es que vivía ahí). Y me gusta el cielo azul de Madrid.
AnunciosContadores
Contadores Gratis
Contador
Sindicación
 
mil disculpas
la canción no subió bien antes
por cierto, el título es THE ONE I LOVE
vuelvo a probar
deseadme suerte


Powered by Castpost
 
una canción: the one i love
esta va por alguien a quien amo
esta va por alguien a quien dejé atrás
un simple intento por ocupar mi tiempo
esta va por alguien que amo

FUEGOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!

(esta canción es de rem) (la versión es en vivo) (yo diría que tiene algo de balsámico) (espero que te guste)


Track14.cda
Powered by Castpost
 
los invisibles
he conocido a unos cuantos de los invisibles.
de esos que cuando vas por la calle, la gente no se para ni los mira.

Isabel era portuguesa, y estaba embarazada. Pedía en la BBK de la plaza circular. Me contó una historia, que yo ni creí ni dejé de creer. La credibilidad se me suspende en esos casos. Una vez que estaba sentado con ella, hablando, vino la policía. Se quedaron flipados conmigo, y porque yo estaba allí, no pasó nada. Tuvimos que retirar los carteles que tenía Isabel para pedir. Algunos días la llevaba a comer conmigo: comía poco, bebía coca-cola: yo suspendía mis campañas antiyanquis. Simplemente hablar, pasear con ella, hacerla sentir persona. Me decía que quería ir a Lisboa, que allí estaba su familia y podría recuperarse. No era yo el único que se preocupaba por ella: su gestación conmovía. Un día le dije: ¿quieres ir a Lisboa? vamos a la estación de autobuses. Te compro el billete. Allí afloró algún miedo más. Tardó un tiempo. Ya estaba de ocho meses, con golpes y caídas, cuando por fin cogió el autobús. Nunca la volví a ver.

Luca era italiano. Solía estar junto a la fuente de la calle del Perro. Siempre hablaba de su madre, y de su hermano, oficial de policía en Italia. Y tenía una hija. Luca era un punky convencido. Un día nos pidió un libro. De Castaneda. Se lo "dejamos", sabiendo que nunca más lo volveríamos a ver. Que lo perdería en unos días. Tuvo buenos momentos. Cuando le quitaron a su perra, le dieron la puntilla. Cuando murió, tuvo flores y un cartel "conmemorativo" en su esquina durante un tiempo.

Pedro tendrá mi edad, año arriba año abajo, pero aparenta muchos más. Fue delineante. También cuenta historias. Yo, como siempre, ni las creo ni no, simplemente le escucho: tengo en cuenta que si me miente, es porque cree que necesita hacerlo para poder conseguir algo. Me vino a visitar al trabajo dos o tres veces, a pedirme dinero. Pedro siempre te pide para poder salir de esa situación. Pero luego nunca sale. Su carga de tristeza es inmensa. Tiene sida.

Enrique pide junto a la tahona de la calle Jardines, en el Casco. Ahora está mejor. Ha ganado algún kilo. Dice que ya no toma ni siquiera metadona. Que va a volver a trabajar. Ojalá. Era encofrador, y ha trabajado como obrero.

Nacho está muy mal. Pero si le preguntas, te dirá: mejor, ya he salido del hospital. Ha caído espectacularmente en unos meses. Suele estar donde Belosticalle se encuentra con la catedral. Un sitio frío. A la sombra.

Jose era un caso diferente. Joven y guapo. Pedía para el chalé. Se echó novia, una cajera del Champion junto al puente San Antón. Jose siempre iba con su perro. Cuando la policía se lo quitaba, pedía y ahorraba para poder recuperarlo. La última vez que le vi ya había dejado la calle. Espero que siga así. Él siempre mantuvo una cierta dignidad.

Hay más. Muchos más. Estos son solo unos ejemplos.
A veces me dicen que eso de ayudar a los pobres es solo una forma de autoperdonarse, de sentirse mejor con uno mismo, de creerse mejor persona. Tal vez sea así. Es muy posible.

Pero me gusta su sonrisa cuando me saludan.

 
deseos
poder pasear contigo por la playa, cogidos de la mano, disfrutando del aire en la cara, de las olas rompiendo, de las gaviotas mirándonos envidiosas

encontrar ese trabajo que me dé el dinero para poder vivir pagar las deudas viajar y para mis vicios como el ordenador y la cámara digital y hacer los cursos esos de tantra y de hombres y algunos otros divertidos y hacer algún crucero a vela o mejor aún que me llamen para ser tripulante, todo eso haciendo algo que me guste y con buen ambiente

recuperar la forma física, que el tobillo no me dé más guerra y ese esguince se cure definitivamente, y aumentar las defensas

un piso bueno y más grande y si es más de un tercero con ascensor

mejorar mi entendimiento y no engancharme a nada

y que para conseguir esto no tenga que joder a nadie

(es que hoy me han dicho que tengo que pedir, que nunca pido nada)
 
de gusano a mariposa


El gusano de seda se encierra en un capullo para liberarse como mariposa tras la metamorfosis. El proceso de liberación es extremadamente dificultoso, porque la crisálida tiene que aplicar una enorme cantidad de fuerza para romper la cáscara del capullo con sus frágiles alas. Los científicos estaban intrigados acerca de qué pasaría si ayudaran a la mariposa en este proceso. Así, cuando llegó el momento de la liberación, abrieron artificialmente desde el exterior una serie de capullos. Las mariposas, ilesas, empezaron a hormiguear, pero no volaban. Ninguna de ellas fue capaz de elevarse por los aires y, como en aquel estado no podían acceder al néctar de ninguna flor, murieron de inanición.
La gran cantidad de energía desplegada para agrietar el capullo es necesaria para que las mariposas confíen en la fuerza de sus alas. Pero si no pasan por la experiencia de hacerlo de forma autónoma, no se atreven a abandonar la "seguridad" que ofrece el suelo.

(En la tristeza pervive el amor; Elisabeth Lukas, Ed. Paidós)

 
el anillo de mi dedo
hay días en que el sol brilla especialmente.
a veces la razón no encuentra motivos para ello.
pero el sentimiento es contagioso
y la razón muere enfundada en su querer-saber

(espero que os guste el tema elegido)
(es parte de un ciclo de canciones de schumann, amor y vida de mujer)
(muy romántico muy intenso muy enamorado)


Powered by Castpost
 
inventario no exhaustivo
La primera vez que me "enamoré" tenía seis años: ella se llamaba flor cecilia, y vivía en el faro. Cuando íbamos a clase, solíamos llevarla con nosotros en el coche. Se sentaba a mi lado: yo me ponía rojo como un tomate, incapaz de articular palabra, y me perdía en sus increíbles ojos negro azabache. Y se fue de mi vida pronto: no sé si regresó a su Chile natal o simplemente se fueron a otro faro. Supongo que si me recuerda pensará que yo era idiota: un niño delgado todo ojos que nunca le decía nada...
Después, hasta los 12 años, no recuerdo que volviera a sentir nada así por una chica.
Fue entonces, cuando nos mudamos a "la ciudad", cuando conocí a Yolanda. Me gustaba. Era delgada, y su pelo caía en una melena que soñaba acariciar. Una tarde, en un parque junto a la estación de tren de Algorta, estábamos Isabel, Yolanda y yo. Isabel nos dijo: a ver, a ti te gusta él? y a ti te gusta ella? los dos asentimos un poco avergonzados. pues ya está, ya sois novios!, declaró con alegría. Y ese noviazgo duró dos semanas: hasta que me la encontré besando a otro chico. Simplemente me fui, no sufrí mucho (ni nada, vamos).
Pero creo que entonces ya empecé a querer a todas las chicas guapas que se me acercaban: a todas las besaría a todas me declararía. Por suerte o por desgracia, no pasaba de ensoñaciones en la mayor parte de los casos; en otras conocí eso de "que te dieran calabazas".
Con 13 años (era verano, me quedaban unos meses para cumplir 14), conocí a una chica de la cuadrilla de mi hermana, Elisa. Elisa tenía 18 años, y me fascinó. Era bajita, menudita, casi parecía de mi edad. Así que cuando me dijo que sí, que quería salir conmigo, fue un regalo. Estuvimos juntos casi un año. Con ella descubrí lo que era la regla (antes ni idea, ni por mi hermana ni por mi madre). Con ella descubrí el sexo adolescente, las tardes en las que nos perdíamos por Kantarepe para meternos mano, los paseos hablando de lo humano y lo divino. Recuerdo que nos echaron de un bar, el Barbarella, porque éramos muy jóvenes (ella se cabreaba, claro, con sus 18 años, pero en el fondo todo aquello nos hacía gracia). Y también recuerdo cómo se reían algunos "mayores" de "esos críos". Me juré que nunca, cuando fuera mayor, me reiría del amor de un crío, porque era algo que yo sentía muy profundo.
Cuando lo dejamos, seguí siendo un niño enamoradizo. Pero hasta los 16 no volví a tener una pareja. Ella fue la primera chica con la que me acosté. Estuvimos juntos casi 4 años. Pero duró mucho mucho más tiempo en mi interior: me quedé colgado. Ella me dejó para irse con un antiguo pretendiente. Todas mis ideas progres de no casarse, de pareja abierta, de experimentación, se me congelaron. Me dejó el día que el Athletic subía la ría en gabarra: había ganado la liga y la copa y todo Bilbao lo estaba celebrando. Para mí fue un día de llantos: y de buscar refugio: todo el mundo estaba alegre, todo el mundo brindaba, y yo sólo me quería morir. Puede que (se me ocurre ahora) por eso no me guste el fútbol.
Poco después, en un viaje a dedo a Barcelona, un camionero me violó. De la vergüenza que sentía, simplemente me marché después de que me la metiera por el culo. Jamás se me ocurrió denunciarlo. Ni siquiera apunté la matrícula del camión. Supongo que me culpabilizaba por no haberme defendido. No lo he contado muchas veces. Aunque hoy día ya no me importa en absoluto.
Después, me pasó una cosa curiosa: yo iba detrás de una chica, llamémosla Nuria. La primera vez que intenté declararme, algo pasó, que me encontré con una de sus amigas entre mis brazos (la llamaremos Begoña).
La segunda vez fue más curiosa aún. Vinieron a buscarme para ir de fin de semana en tienda de campaña a Olite. Iríamos cuatro: Nuria, otra chica, otro chico y yo. Pues sí, lo adivináis. Me enrollé con la otra. Con Alejandra. Estuvimos juntos varios meses. Pasamos juntos las inundaciones de Bilbao. Lo mejor vino después: cuando lo dejamos, se enrollaron ellas dos, las dos amigas, Begoña y Alejandra. Visto desde ahora, qué trío me perdí, eh!
Yo ya vivía solo. Creo que fue Semana Santa cuando fui a Lisboa con una pareja de amigos. Un viaje precioso. A la vuelta, el tren a tope. Unas estaciones después de montar nosotros, lo hizo una alemana que me quitó el hipo nada más entrar. Me acerqué a ella, y entre mi mal inglés y su escaso español fuimos entendiéndonos. Nos perdimos por los pasillos de primera clase (eran más cómodos) ya besándonos y devorándonos con los ojos. Cuando unas horas después llegamos a Miranda, ella se bajó del tren conmigo para venir a mi casa. Pasamos juntos 15 días. Quince días bien preciosos.
Después mantuvimos correspondencia durante un tiempo. Pero en esto apareció la que después sería mi primera mujer.
La conocí en una cena después de mi primer examen de cuarto de carrera (que a la postre fue mi último examen universitario). Ella me llevaba diez años, y se iba a casar al cabo de un mes. Ya habían dado la entrada para una casa en Begoña. No sé en qué momento fue: los dos lo supimos, y ella se asustó, y salió corriendo, se marchó en el coche. Yo la seguí en el mío. Paró. Me dijo que tenía miedo. Le dije que en aquel momento el miedo no tenía lugar.
Estuvimos juntos, sin apenas separarnos, haciendo el amor, bebiendo, (casi sin comer), los quince días siguientes. Y después se vino a vivir a mi casa. Esto era junio. En enero nos casamos. En los once años que pasamos juntos, ocurrieron muchas cosas. Muchas crisis, muchos reencuentros. Dos amantes. Demasiadas cosas, este post tiene otra pretensión, más de inventario, y de encontrar dónde me quedé.
Cuando por fin rompimos, conocí a una chica por internet. Vivía en Madrid. Era el año 96. Recuerdo que quedamos en las torres Kio. ¿Tú eres BA? ¿Tú eres epoptek? Y de la misma, un morreo de película (y eso que me pareció demasiado delgada). Había junto a nosotros una señora que nos miraba alucinada: luego nos reiríamos de sus caras, comprendiéndolas, riéndonos de nuestra propia alegría. BA vino a Algorta conmigo. Ella era diez años menor que yo (para compensar mi anterior relación, supongo). Vivimos juntos tres años. Gracias por compartirlos. Fue la falta de trabajo, de dinero, las tensiones creadas por el vil metal, lo que deterioró gravemente aquella relación. No supimos o no pudimos sobrellevarlo. Yo la perdí a ella, perdí mi casa, y perdí a mis perras. Tuve que irme de "okupa" a casa de mi hermana. (Ella vive ahora en Madrid).
Estamos en el año 99. Me he enrollado con una amiga de mi hermana, M.
Pero en una reunión de un grupo ecologista conozco a una mujer que me gusta. Ella me pide una cita para que le ayude a traducir una carta. Yo accedo, encantado. Los dos sabemos que la carta es lo de menos. De esa cita, sale otra, para el viernes anterior a las fiestas de Bilbao. Ese mismo día se iba de vacaciones M. Esa misma noche la paso con Luz. (¿Te gusta el ajo?, me preguntó. Sí, por? Porque a mí me encanta, y si no te gusta no tenemos futuro). Cuando intento hablar con M, ella cree que he vuelto con BA. No hay forma de convencerla, y a mí me da igual. Luz trabajaba en el mismo hospital que M, y hasta me venía bien que pensara que estoy con BA.
Paso con Luz esa noche, y la siguiente, y la siguiente... Me traslado a vivir con ella. Con Luz nuevos proyectos, nuevas ilusiones, y luego otra vez me voy de la relación. Cuando la dejo, le digo que quiero vivir solo, que necesito un tiempo para encontrarme a mí mismo.
Entonces conocí a Ana.
Así que está claro: no sé vivir sin una mujer a mi lado. He querido seducir a todas las mujeres inteligentes guapas interesantes atractivas que he encontrado en mi camino (con que tengan uno de los adjetivos vale).
Pero ya ha llegado el momento de parar: de profundizar en una relación. Así que espero poder mantener esta relación el tiempo suficiente para poder hacer el viaje interno que hace tanto tiempo tengo pendiente.
 
cine en madrid
suelo despertarme con la radio

hoy he oído en radio 3 (los de 7º vicio, el programa de cine, y toma uno, el programa de country) regalan entradas para un estreno de cine el día 2 de febrero en madrid
(han dic la peli, pero no me acuerdo del títul una con muchos globos o con nominaciones a globos)
todo lo que hay que hacer es enviar un email a esta dirección
7vicios.rne@rtve.es
y os contestarán, y con el email de la contestación impreso os darán la entrada

por si os interesa
un beso
 
abriendo espacios
Anoche vinieron unos amigos a cenar. Una pareja. Preparamos una crema de invierno (con verduras, calabaza...) (me quedó muy rica), berenjena y pencas albardadas, y una tortilla de patatas (por si acaso). Ellos trajeron unos volovanes de champis (que yo no los esperaba, pero se agradecen; etaban ricos). Sí, demasiada comida (sobró, claro). Cayeron dos botellitas de rioja.

El caso es que a él, R, le gusta mucho internet. Y ya otra vez habíamos estado hablando sobre los blogs. Esta vez la pregunta fue directa: ¿vosotros tenéis un blog cada uno? Pues venga, dadme la dirección.
Y quedamos en que le enviaría alguna dirección para que empezara a conocer blogs. Hoy, cuando le he enviado las direcciones, he incluido la mía.

Esto supone abrirme a gente que me conoce fuera del blog. Sé que es un paso importante. Pero también es un paso más del camino. De hecho, a mí me gustó su interés. Ana me dice que se parece mucho a mí (que es de mi familia, vamos). (Y Ana le conoce desde hace mucho, han pasado mucho juntos).
Así que si vienes por aquí y lo lees, que sepas que, para mí, darte la dirección de mi blog es una prueba de confianza. Tal vez también de exhibicionismo. Pero le estoy cogiendo el gusto a esto de mostrarme tal como soy.
(la reunión fue muy agradable: R y A son dos personas con las estamos muy a gusto, dejando que la conversación fuera y viniera de aquí para allá). (Y de hecho, hablamos un rato sobre los blogs, es decir, sobre vosotros: sobre aguardentero, monocamy, azul, abril, ceci,...). (y es que cada vez más, sois parte de mi (nuestra) vida -y vuelta-)
(la foto es de Helena Bonham-Carter. Sé que no es muy popular, pero a mí me gusta.) (No, no tiene nada que ver con el tema)

 
san kanuto
cuando yo estudiaba cou en el instituto (1977, creo), se celebró el sonado san kanuto que cerró la universidad de deusto durante meses, y acabó con expulsiones y expedientes. Nosotros desde el instituto apoyamos a los encerrados, pero mi implicación no pasó de ahí.
Cuando el año siguiente yo ingresé en Deusto, me encontré con una universidad en la que no se movía nadie, parecía un cementerio. No era el único que percibía aquello, lógicamente. Así que unos cuantos fuimos juntándonos y creamos una comisión de cultura, que empezó a funcionar el siguiente año (ya estábamos en segundo), y que servía de tapadera a una comisión antijesuítica, de la que yo formaba parte.
Así que además de organizar los cine-fórum, conciertos, conferencias, grupos de poesía y otras actividades directamente relacionadas con nuestras inquietudes culturales también nos atrevimos a preparar un nuevo san kanuto para ese año.
La fiesta fue un éxito: cantamos, bailamos, bebimos, y tiramos a los muñecos por el puente de deusto, a la ría.
Curiosamente, recibimos una queja de la embajada danesa: san kanuto es su patrón, y se quejaban de la falta de respeto (luego lo miré: era cierto: kanuto II se hizo católico, subió los impuestos para pagar a la iglesia -decía-, hubo una revuelta y murió; así le convirtieron en santo y mártir) (no es que desconfiase de la embajada, es que me parecía muy surrealista).
así que hoy es san kanuto: aguardentero, estás invitado a un canuto cuando quieras. Me despido con la primera estrofa de un romance de ciego que compuse para la ocasión:
un 19 de enero
en esta universidad
es un quiero y no puedo
hacer fiesta de guardar.
san kanuto era el patrón
a quien queríamos honrar...

(es parte de la ola de melancólicos recuerdos que inunda esta cuesta de enero)
GORA SAN KANUTO!!
 
lo que me cabrea
Hoy he estado pensando en qué me cabrea, qué me hace saltar.
Hay una cosa. El maltrato a los animales.
Yo he tenido perros (luego gatos y peces y pájaros, pero esa es ora historia) toda mi vida, hasta hace tres años.
Recuerdo una tarde paseando con dos de mis perros. Un hombre se acercó a uno, y sin más ni más le soltó una patada.
Salté. Creo que su intención era darle más golpes: era un perro dócil pequeño y joven. Le empujé.
No llegamos a pegarnos, pero es lo más cerca que he estado de pegarme en los últimos años (solo me he pegado una vez en mi vida, a los 12 años). Ni siquiera cuando en una manifestación bajé a apagar un contenedor de basura que ardía junto a mi coche, y se me acercaron cinco chavales, batasunos, para increparme. En esas situaciones soy frío. Ni la patada de uno de los críos mientras hablaba con el que claramente era el líder de ese pequeño grupo consiguió cabrearme. Con eso quiero decir que ante la violencia para conmigo, o ante la violencia para con otra persona, reacciono, pero soy frío, no me pego, hablo, llevo las cosas a mi terreno. No me quedo parado, no me escondo, pero no salto.
La última vez que me pasó fue poteando (tomando vinos) por el Casco Viejo. Íbamos con el perro de un amigo, un cachorrito precioso. Y se nos juntó en un bar el conocido de una de las chicas de la cuadrilla. Un impresentable (para mí no le disculpa que estuviera borracho). Intentó tocar el culo de alguna de las chicas. Pero ya somos cuarentones, y esas cosas las bandean bien. Ahora, cuando de repente coge el zurito (corto de cerveza) y se lo da a chupar al perro, salté. Nacho (el dueño) también, no quiero decir que fuera el único. El perro no sabe, confía,se acerca, y un gilipollas le da cerveza.
En fin.
Sólo con el maltrato a animales pierdo esa frialdad. No sé por qué, y no sé si es relevante. Pero es así.
De todas formas, lo que me preocupa de esa actitud de no enfado es cuando directamente rehúyo el enfrentamiento en las ocasiones en que debería luchar por algo. Sé que esta vida es competitiva, aunque yo no entre en competiciones. Y sé por experiencia que cuando alguien quiere algo que tú tienes, o lo defiendes o al final lo pierdes. Ahí sí que puedo dejarme llevar, conocer cómo es eso de protestar cuando no te dan un buen servicio. En este mundo de timadores, yo elegí no protestar cuando sabía que me timaban, porque en cierta manera lo estaba admitiendo. Así que me pongo como ejercicio-trabajo reclamar (no cabrearme, pero sí reclamar): reclamar lo que crea que me corresponda. Negociar lo que desee. No marcharme inmediatamente.
(chaval, a ver con quién te metes, que soy cinturón blanco de aikido!)
 
comienza la búsqueda, sigue la vida
Hoy he empezado el día en la consulta de un psicoanalista.
Bueno, yo sólo sabía que era un terapeuta. De hecho, me ha sorprendido que fuera un psicoanalista de los de antes, de los de diván y hablar. Me viene a la cabeza Manuel, un amigo sevillano que navegó conmigo por Mallorca en el Zorba: La pulsión, la pulsión (él también es psicoanalista).
He llegado a él por medio de una mujer con la que Ana y yo hicimos terapia de pareja el año pasado. Ella me lo recomendó. Me dijo que yo iba a estar mejor con un hombre.
El caso es que contándole qué me pasa, me he dado cuenta de ciertas cosas: una de ellas: que soy más sincero, más descarnado, en el blog.

Hoy era nuestro primer encuentro, para valorar si queremos seguir un tratamiento juntos (ambos tenemos que querer).
Algo he sacado en positivo: a la hora de decirle qué me ocurre, he visto que la depresión física y mental que acarreo estos días tiene razones: me han despedido del trabajo, he tenido una fuerte crisis de pareja, y he seguido indagando en esas partes de mí que ocultaba.
Y también he ido centrando cuál o cuáles serían los temas a profundizar: uno parte de una pregunta que me ha hecho él: por qué no me enfado nunca. Ver qué es lo que me cabrea. Ver por qué no lo muestro.
El otro: investigar en mi afición escapista de las relaciones. Desde la primera "novia" (desde Jaione, no cuento a las anteriores, a los anteriores amores adolescentes, el criterio para hacerlo siempre ha sido que fue la primera con la que me acosté). Desde esa morena de ojos verdes que se me quedó clavada en el corazón tanto tiempo, a pesar de los "cuernos" que le puse.
Siempre me sucedía lo mismo. Transcurre un tiempo estupendo: la seducción, el primer enamoramiento. La fase A. Y después ya empiezo a fantasear con otras mujeres.
Me recorre una sensación: he buscado refugio en las mujeres, me he ocultado de algo detrás de mis parejas. Y entonces suelo pensar que la solución es enfrentarme solo a "eso" , sea lo que sea ese "eso". Pero tampoco ocurre.

La cuestión es que tal vez no comience con el psicoanálisis: ya me hice uno hace veinte años, estuve tres tumbado en el diván, y el resultado, visto desde hoy, me parece que llega demasiado lento, lo que también significa mucho dinero. Y por otra parte, yo me siento más cerca de una línea más humanista de la psicología.
Pero sí que creo que este blog puede llenar gran parte de esa búsqueda de respuestas. De ese hablar y que me escuchen.
Así pues, iré desgranando poco a poco esas historias, iré rastreando detrás de esos hilos.
Y tener en cuenta que para curarse de algo, lo primero es reconocer que se está mal, lo segundo hacer algo por cambiar, y tercero, aceptar lo que los cambios traen.
(También hoy he enviado unos cuantos currículos a diferentes puestos de trabajo: si alguien responde os enteraréis).
(Y una curiosidad: aguardentero me dijo que estoy entre los más leídos. ¿Alguien sabe quién hace esas encuestas? ¿Con qué criterios realizan esas clasificaciones?)
 
los hábitos del diablo
gracias a abril me encuentro en este brete

acepto este reto epidémico
espero no aburriros demasiado
(la brevedad también es porque ya lo había escrito antes muy bonito y no me ha subido el post y eso de reescribirlo pues me cabrea)

LAS REGLAS DEL JUEGO SON:

El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos". Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito, de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo

"Has sido elegido" y dices que lean el vuestro.

Estos son los cinco extraños hábitos elegidos.

1. Corregir los carteles de la calle con faltas de ortografía (lo considero una labor social).

2. Leer el periódico empezando por detrás, hasta la página de deportes; luego seguir por la primera página.

3. Agacharme, saltar, bailar cuando me compro un pantalón nuevo. Por probar su elasticidad.

4. Ir a comer chocolate con churros un día de verano que haga mucho calor. Por aquello de la homeopatía.

5. Coger las ortigas con la mano intentando que no me piquen. Luego se puede hacer una crema con ellas.

Y para seguir esta epidemia de hábitos raros, le paso este cuestionario a

. luces

. lucre

. kotinussa

. olmailovin

. lehendakari


 
el jugador
(hoy he copiado este texto de osho, del Libro del hombre)
(y lo suscribo)



El jugador




¿Qué significa vivir peligrosamente?



VIVIR peligrosamente significa vivir. Si no vives peligrosamen­te, no vives. La vida sólo florece en el peligro. La vida nunca florece en la seguridad; sólo florece en la inseguridad.
Si empiezas a vivir sin riesgos te conviertes en una charca estancada. Entonces tu energía deja de moverse. Entonces tie­nes miedo, porque uno nunca sabe cómo adentrarse en lo des­conocido. Y, ¿para qué arriesgarse? Lo conocido es más seguro. Después te obsesionas con lo conocido. Te sigue hartando, te aburre, te hace sentir desgraciado pero aún sigue pareciéndote familiar y confortable. Y por lo menos es conocido. Lo descono­cido te hace temblar. La misma idea de lo desconocido te hace sentir inseguro.
Sólo hay dos tipos de personas en el mundo. Las personas que quieren vivir confortablemente..., están buscando la muer­te, quieren una tumba confortable. Y las personas que quieren vivir, escogen vivir peligrosamente, porque la vida prospera sólo
cuando hay riesgo. ¿Has ido alguna vez a escalar montañas? Cuanto más alto subes, más renovado te sientes, más joven. Cuan­to más grande es el peligro de caer, cuanto más grande es el abismo que hay a tu lado, más vivo estás..., cuando estás entre la vida y la muerte, colgando entre la vida y la muerte. Entonces no hay aburrimiento, no hay polvo del pasado, ni deseo para el futuro. Entonces el momento presente es muy afilado, como una llama. Es suficiente. Vives en el aquí y ahora... 0 cuando es­tás haciendo surf, esquiando o planeando: cuando hay riesgo de perder la vida hay una tremenda alegría, porque el riesgo de per­der la vida te hace estar tremendamente vivo. Por eso a la gente le atraen los deportes peligrosos.
La gente escala montañas. Alguien le preguntó a Hillary: «¿Por qué trataste de subir al Everest?» Y Hillary respondió: «Porque está ahí, es un desafío constante.» Era arriesgado, mu­cha gente había muerto antes. Desde hace casi sesenta o setenta años han estado yendo grupos, y era casi una muerte segura. Pero la gente seguía yendo. ¿Cuál era la atracción?
Subir más alto, ir mucho más lejos de lo conocido, de la vida rutinaria, te conviertes de nuevo en un salvaje, vuelves a formar parte del mundo animal. Vuelves a vivir como un tigre, un león o un río. De nuevo asciendes a los cielos como los pájaros, cada vez más lejos. Y en cada momento que pasa, la seguridad, la cuenta bancaria, la esposa, el marido, la familia, la sociedad, la iglesia, la respetabilidad, todo eso se va difuminando en la le­janía, volviéndose cada vez más distante. Te quedas solo.
Por eso la gente está tan interesada en los deportes. Pero tampoco es un peligro real porque puedes convertirte en un ex­perto. Puedes aprenderlo, te puedes entrenar. Es un riesgo muy calculado, si me permites la expresión, riesgo calculado. Puedes aprender montañismo y adoptar todas las precauciones. 0 con­ducir, conducción deportiva. Puedes ir a 250 kilómetros por hora. Es peligroso, es emocionante. Pero te puedes volver un ex­perto y el peligro es sólo para los novatos; para ti no lo es. Y aun­que lo haya, es muy marginal. Además, todos estos riesgos son riesgos físicos, sólo está implicado el cuerpo.
Cuando te digo vive peligrosamente quiero decir que tomes no sólo riesgos físicos, sino psicológicos y finalmente espiritua­les. La religión es un riesgo espiritual. Es ir a unas altu-
ras de las que quizá no haya posibilidad de regresar.
Cuando te digo vive peligrosamente quiero decir que no vi­vas una vida ordinariamente respetable..., alcalde de la ciudad o miembro de la cooperación. Esto no es vida. 0 eres ministro, o tienes una buena profesión y estás ganando mucho, y el dinero se va acumulando en el banco y todo va a la perfección. Cuando todo está yendo a la perfección, fíjate, te estás muriendo y no pasa nada. Puede ser que la gente te respete y cuando te mueras, una gran procesión seguirá tu cortejo. Bueno, eso es todo. En los periódicos publicarán fotos tuyas y escribirán editoriales, y después la gente te olvidará. Y has vivido toda tu vida sólo para esto.
Observa; uno puede desperdiciar su vida por cosas ordina­rias, por cosas mundanas. Ser espiritual significa entender que esas pequeñas cosas no deberían tener demasiada importancia. No estoy diciendo que no tengan significado. Estoy diciendo que tienen significado, pero no tanto como tú te crees.
El dinero es necesario. Es una necesidad. Pero el dinero no es el objetivo y no puede serlo. Una casa es una necesidad, sin duda. Es una necesidad. No soy un asceta y no quiero que des­troces tu casa y huyas a los Himalayas. La casa es una necesidad, pero la casa es una necesidad para ti. No me malentiendas. Bajo mi punto de vista, este asunto está patas arriba. Las personas vi­ven como si fueran una necesidad para la casa. Siguen trabajan­do para la casa. Como si fueran necesarios para la cuenta del banco; simplemente, van acumulando dinero y luego mueren. Y nunca han vivido. Nunca han tenido un solo momento de vida palpitante y fluyente. Estaban aprisionados en la seguridad, en la familiaridad, en la respetabilidad.
Entonces, es natural que te sientas aburrido. La gente llega a mí y me dice que están muy aburridos. Se sienten hartos, atas­cados. ¿Qué hacer? Creen que con sólo repetir un mantra volve­rán a la vida. No es tan fácil. Tendrán que cambiar su patrón de vida.
Ama, pero no pienses que mañana esa mujer estará disponi­ble para ti. No te esperes eso. No reduzcas a esa mujer a una es­posa. Entonces estás viviendo peligrosamente. No reduzcas ese hombre a un marido, porque un marido es algo feo. Deja que tu hombre sea un hombre y que tu mujer sea una mujer. Y no hagas que tu día de mañana sea predecible. No esperes nada y es­tate preparado para todo. Esto es lo que quiero decir con vive pe­ligrosamente.
¿Qué es lo que hacemos? Nos enamoramos de una mujer e inmediatamente vamos al juez, a la oficina del registro o a la iglesia a casarnos. No estoy diciendo que no te cases. Es una for­malidad. Está bien, satisface a la sociedad. Pero, en el fondo de tu mente, nunca poseas a una mujer. Jamás, ni por un momen­to, digas «me perteneces»; porque, ¿cómo te puede pertenecer una persona? Y cuando empiezas a poseer a una mujer, ésta te empieza a poseer a ti. Entonces, los dos dejáis de estar enamo­rados. Sólo os estáis aplastando y matando mutuamente, parali­zando mutuamente.
Ama, pero no degrades tu amor a través del matrimonio.
Tra­baja -hay que trabajar-, pero no dejes que tu trabajo se convier­ta en tu única vida.
El juego debería ser tu vida, el centro de tu vida. El trabajo debería ser un medio para el juego. Trabaja en la oficina, traba­ja en la fábrica y trabaja en la tienda, pero sólo para tener tiem­po, oportunidad de jugar. No dejes que tu vida se reduzca a una rutina de trabajo, porque la meta de la vida es jugar.
Jugar quiere decir hacer algo por el puro placer de hacerlo. Vienes a mí incluso para meditar, y te tomas la meditación como un trabajo. Piensas que hay que hacer algo para alcanzar a Dios. Es una tontería. De esa forma no se puede meditar. Tie­nes que jugar, tienes que tomártelo como algo divertido. No tienes que tomártelo en serio. Tienes que disfrutarlo. Cuando lo disfrutas, progresa. Cuando empiezas a tomártelo como un tra­bajo, una obligación que hay que cumplir -porque lo tienes que hacer, has de alcanzar moksha, nirvana *,(Término budista que denota el estado de iluminación en el cual todos los deseos se han extinguido) liberación-, entonces has vuelto a traer tus tontas categorías al mundo del juego.
La meditación es un juego, un léela *(Literalmente, «deporte», «juego»; para los hinduistas, el propósito divi­no detrás de la creación del universo manifiesto). La disfrutas en sí misma.
Si disfrutas muchas más cosas por sí mismas estarás más vivo. Por supuesto, siempre habrá riesgo en tu vida, peligro. Pero la vida tiene que ser así. El riesgo forma parte de ello. De hecho, la mejor parte de la vida es el riesgo, es la mejor parte. La parte más hermosa es el riesgo. Cada momento es un riesgo. Quizá no seas consciente de ello. Inspiras, expiras. Hay un ries­go. Incluso al expirar, ¿quién sabe si la respiración regresará o no? No es
seguro, no hay garantía.
Pero hay algunas personas cuya religión es la seguridad. In­cluso cuando hablan de Dios, hablan de él como la seguridad su­prema. Si piensan en Dios, sólo lo hacen porque están asustados. Si van a rezar y a meditar, sólo lo hacen para aparecer en el libro de los buenos; en el libro de los buenos de Dios. «Si hay un Dios, sabrá que yo iba a la iglesia regularmente, era un devoto muy regular. Puedo alegarlo.» Su oración también es un medio.
Vivir peligrosamente significa vivir la vida como si cada mo­mento fuera un fin en sí mismo. Cada momento tiene su propio valor intrínseco. Y no tienes miedo. Sabes que la muerte está ahí y aceptas el hecho, y no te estás escondiendo de la muerte. En realidad, vas a su encuentro. Disfrutas esos momentos de en­cuentro con la muerte, físicamente, psicológicamente, espiri­tualmente.
Vivir peligrosamente significa disfrutar de esos momentos en los que entras en contacto directo con la muerte, en donde la muerte se convierte casi en una realidad.
El amor te pone cara a cara con la muerte. La meditación te pone cara a cara con la muerte. Venir al Maestro es venir a tu propia muerte. Estar frente a frente con alguien que ha desapa­recido es entrar en un abismo en el que te puedes perder y don­de te puedes convertir en aquel que nunca regresa.
Los que son valientes se tiran de cabeza. Buscan oportuni­dades para el peligro. Su filosofía de la vida no es la de las com­pañías de seguros. Su filosofía de la vida es la de un escalador, un esquiador, un surfista. Y no sólo practican el surf en los mares exteriores; hacen surf en sus mares interiores. Y no sólo escalan los Alpes y los Himalayas externos; buscan cumbres internas.
Pero recuerda una cosa: nunca te olvides del arte de arries­gar, nunca jamás. Permanece siempre capaz de arriesgar. Y cuando encuentres una oportunidad de arriesgar no la desperdi­cies y así nunca serás un perdedor.
El riesgo es la única garantía para estar vivo de verdad.










 
amigos
Yo tuve un amigo.Un chico con quien compartía sueños, lecturas, charlas, aficiones.
¡Cuántas horas pasé en su casa! Allí leí a los 14 años mi primer Tao. Con él fumé mi primer porro. Nos ennoviamos casi a la vez, con dos amigas del grupo de monte. Más de una verbena la pasamos hablando, paseando por la playa, en lugar de emborracharnos con kalimotxo, como el resto de chavales de nuestra edad. Conocía a sus padres, sus hermanos las novias de sus hermanos. Los días solo parecían tener sentido cuando estábamos juntos. En definitiva, una persona con quien recorrí la adolescencia y la primera juventud.
Y luego algo ocurrió. No sé aún qué pudo ser. Primero se alejó. Y luego me traicionó. Yo me sentí traicionado. Herido. Abandonado. Apaleado. Ridiculizado. Cualquier intento de acercamiento por mi parte acababa en más escarnio. Teníamos por aquel entonces 23 años.
Ya no me importan los hechos: casi los he olvidado, desdibujado en la mar gruesa de la memoria de esa época. Pero aún puedo sentir la hiel que llenaba mi boca, mi estómago. Aún puedo sentir el dolor, que se quedó infectando esa herida de abandono de traición.

Después de él, he tenido muchos conocidos, amigos de otro calado. Personas que he querido, y que me han querido. Con quienes he compartido risas, borracheras, bailes, viajes, meditaciones y reuniones. Pero me ha sido imposible volver a confiar en alguien tanto como confié en él. No hablo de parejas: ese es otro tipo de relación. Hablo de amigos. También es cierto que la realidad es muy diferente a mis 44 años, que la dedicación casi devocional del adolescente por sus amigos pertenece a una época concreta de la vida. Pero también es verdad que hay días en que lo echo de menos.

Hoy, si hago repaso de mis relaciones cercanas actuales, sé que hay una o dos personas a las que puedo acudir en caso de problemas; muchas más si es para celebrar una fiesta. Y, aunque muy recientemente, siento el acune de la blogosfera: el cariño un poco paternal de topmonster, la presencia de lucre, el asombro de jordi, la sana envidia de abril, la poesía de mi tocayo de barro y luz, el calor de luces, el desenfado de cristi y ceci, la cercanía de aguardentero, la compañía de oren, el buen vino de olmailovin, el empuje de amanda, la calidez de susie, de rous, de kotinussa, de amaranta, de magenta, de azul, la suavidad de valentina, la alegría vital de monocamy, el calor de elvira, el delantal de isabel, la isla de coral, el apoyo de luar, de titobeno, de mixizar, de anamen, de kemenfu, las broncas de gemmita...
No pretendo hacer una recopilación exhaustiva, pero sí deciros que sois parte de mí: sí, tal vez una gran parte inventada, creada, tal vez una parte que no se corresponda con lo que luego mostráis al exterior, pero una parte que me reconforta y me alivia, y de hecho la única parte de vosotros que conozco.
Anoche emitieron Soldados de Salamina. El director, David Trueba, dijo una frase que me llamó la atención: Me he hecho amigo de...(escritor) y de...(guionista), lo que a esta edad en la que ya no se hacen nuevos amigos, sólo se pierden los que había, es muy raro.
Yo sin embargo siento que en esta blogosfera hay muchas semillas. Y por eso quiero daros las gracias. Y a ti en especial, por amarme tal como soy y me muestro.
Gracias.
 
para ana
Escondida entre las sombras
se detiene tu alma a contemplar las aguas
que caen turbias y rotas
entre las rocas del deseo y el amor.

Tu mirada queda, cabe la fuente
se reclina y besa el delicado rosa silente
que atravesó mis entrañas
y llevó mi amor hasta ti.

No tienen más color los rojos del desierto
que tus manos sobre mi piel,
ni tienen más sabor
que tus besos salados
los divinos manjares del oasis.

Pero otra vez recojo tu mano,
tu delicada mano rosa silente
y la llevo a pasear por el baile del universo
donde aún nos esperan otros días otros ámbitos
otros juegos otras dichas
y me pongo a mirarte y luego los dos miramos de frente
y hacia atrás, y vemos que dejamos al fondo el duelo
los muertos y los santos
y como expulsados de una secta
emprendemos un camino que nos lleva
directo a nosotros mismos.

 
noche de reyes
Acabo de regresar de un viaje. Un viaje en más de un sentido. Acabo de llegar de la cita con "mi ama" (lo pongo así entre paréntesis, por el alcance de las palabras, la falta de otros recursos, el poder del inconsciente).
Salí de Bilbao el día 3, después de muchas dudas sobre si acudir o no a esa cita. En el viaje me vino a la cabeza un libro que se titula La modificación, de Michel Butor. Sin embargo, yo no cambio de idea, y continúo hasta la pequeña ciudad castellana que me acogerá estos días.
Cuando llego, M (mi ama) me está esperando junto con A (su pareja y sumiso, más ocasional de lo que a él le gustaría).
Nos reconocemos, saludamos, y yo la miro con esa curiosidad que siempre me despiertan las personas a las que he conocido por internet. Viste pantalón de cuero rojo y botas de tacón, y lleva escote. Tiene unos cuantos kilos de más, y unas tetas enormes que dan la impresión de llegarle hasta la cintura cuando se agacha. A es tan alto como yo, con menos pelo, me lleva algunos años. Hablamos, y M se va de compras, y nos quedamos A y yo confraternizando. Empezamos habando de lugares comunes, y acabamos hablando de las relaciones sado que A ha tenido (yo soy más novato). De vez en cuando miro alrededor, y me doy cuenta de hasta qué punto he perdido el miedo a mostrarme (claro que estoy en una ciudad donde nadie me conoce). Doy gracias a los blogs, a su descubrimiento, a lo que me permiten mostrarme, a la respuesta que he recibido.
Y empiezo a beber. Cerveza. Menos mal que aqui sacan tapas (por favor, que no sea de carne). No las cuento, pero antes de ir a cenar tal vez me tome seis o siete. M viene con las compras. Unas medias que le han gustado mucho y alguna cosa más. De otros sitios se ha ido porque había mucha gente; de otros dferentes, porque aún no estaban de rebajas.
Nos vamos a cenar a un restaurante precioso de un pueblito cercano. Pido parrillada de verduras. Un acierto. La acompañamos de un reserva manchego que elige A (pero que no prueba, él conduce y no está bebiendo). Vamos hablando de lugares comunes, de hijos, y luego pasamos al "tema": el sexo, el sado; pero un poco en plan salsa rosa (pues X estuvo con A, y buenooo, jajajaja). Los de la mesa de al lado están más a nuestra conversación que a la suya propia; pero me parece normal, es mucho más jugosa, me acuerdo de la cena que hicimos con otra pareja, para probar el menú del día de la boda: ana decía que todo el restaurante nos miraba, todos contando nuestros primeros polvos.
Tras la cena nos vamos a un "pub"; allí soy un ingenuo, y pienso que un chupito y a casa, así que pido whisky: un chupito de Cardhu. Al final no sé cuántos chupitos son, cinco o seis, que sumado a las cervezas y al vino me pone con una borrachera como hacía tiempo.
Y cuando llegamos a su casa, ya son las dos de a mañana. Yo, la verdad ya no contaba con nada. Pero la vida me sorprende. M se sienta en el sofá, y le pide a A que le quite las botas. También sirve unos chupitos de whisky (Dic, me viene a la cabeza Manolo Cabezabolo, ponme wisky dic que pá guay (white) label no me llega). Pero a esas alturas da igual, aunque sea de garrafón.
Se me pasa la sensación de borrachera y el sueño; pero sé que no estoy como yo pretendía estar al llegar esta situación. Tengo al observador más enturbiado de lo que yo querría. Y comienza el juego. M manda a A que me desnude, y que se desnude él. Y luego le hace que me depile. Como soy muy peludo, pues lo que es la polla los huevos el culo y un poco de barriga (quiero que estés depilado entero para mí, me dice; yo internamente me resisto; pero sin embargo, observo cómo me depila: no reconozco mi polla mi pubis; miro a M, buscando un stop) (pero yo me niego a parar eso; no sé si es el acohol, también quiero verme, sentirme). Y comienza a jugar conmigo. Me pinza los pezones los testículos, me da su pie para que lo bese lo chupe lo recorra. Con la fusta azota mi polla mis pezones. Yo estoy empalmado, pero no siento ninguna excitación especial (no sé si achacarlo al alcohol). También pinza a A. Enciende unas velas rojas: su marca va cayendo sobre mi pecho sobre mi pubis recién depilado sobre mi polla erecta. Gimo, y como recompensa unos fustazos. El juego de las velas y la fusta se repite con A, de pronto vuelve a mí, de pronto a él.
Después me ata de unas muñequeras colgadas de la pared: y me dice que cuente. Ha cogido un látigo. Eso es otra historia. Cuento hasta veinte trallazos. Aquí el dolor es más potente; hay que entrar en otra forma de estar de respirar, pero tengo que contar tengo que estar presente. Luego es el turno de A.
Cuando acaba con A, me dice: te voy a follar. Se coloca un arnés, y me penetra por el culo. Eso es algo que sigue sin excitarme especialmente, aunque la imagen tiene mucho morbo. Cuando cree que tengo suficiente me introduce un vibrador en el culo, lo conecta y me ordena tenerlo dentro hasta que ella lo diga.
Es su momento, el de M y A. Ella se abre de piernas, y A le chupa le come el coño. A mí me ve mirando y me dice que se la chupe a A. Lo hago, pero no se le levanta (el alcohol...). A está allí hasta que ella se corre.
Hablamos un poco más, pero es tarde. Me voy a mi cuarto, y ellos al suyo. Mañana será otro día.
Al día siguiente estamos muy cansados; hacemos un poco de turismo, cocino yo, echamos la siesta, un paseo por la ciudad, preparo la cena. Y nada más, ya no hay más sesiones.
Yo en parte me alegro. No me apetecía ya más.
Me encuentro con una sensación nueva: he cumplido esta fantasía, he encontrado gente con las mismas aficiones, y ahora es como si perdiera el interés. Soy capaz de estar allí, de hacer esas cosas que tanto morbo me daban, que tanto me ponían, y no pasa gran cosa. Mi sumisión real es muy escasa; puedo dejarme pegar pinzar azotar, pero no me siento "sumiso". Y este viaje es una exploración. Y como tal quiero utilizarlo. Así que dejaré pasar unos días para intentar una valoración con más distancia, pero la realidad es que estoy mucho más tranquilo y un poco más centrado.
A la vuelta paso por Madrid, pero un fallo de conexión me impide quedar con una bloguera a la que avisé de que iba a estar por allí. Estos días no me he conectado, y no vi su mensaje. Me ha dado pena, otra vez será.
En el autobús una rubia treintañera con minifalda marrón y escote bien apretado, con gafas de sol por lograr más carismático misterio. No pasa de ser una viajera anecdótica. Por un momento me acuerdo del blog de amanda...
Cuando llego a casa, me encuentro a Ana en la bañera. Me meto con ella dentro. Le enseño mi depilado. Le cuento someramente estos días, hablamos, reímos. Sale, se pone un tanga y una camiseta. Duran poco. La oigo jadear hasta tres veces. Qué a gusto.
Después de una cerveza, me conecto.
Os echaba de menos.