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VIAJAR EN UN RAYO DE LUZ
Anécdotas sobre esos Viajeros llamados por la medicina "pacientes psiquiátricos"
Acerca de
Diario del Gran Viajero, alguien que envidia a los verdaderos Viajeros y se esconde tras un eufemismo falso.

ÍNDICE (1 a 50)

ÍNDICE (> 51)
Sindicación y Notas
 
LA FUNDACIÓN
Anécdota nº 52

Aún me río mientras escribo esta anécdota.

Estaremos de acuerdo si afirmamos con rotundidad que uno de los mayores prejuicios que existe ante todos aquellos que tienen visitas periódicas con el psiquiatra es que, potencialmente, tienen muchas más posibilidades de mostrar conductas agresivas que el resto de la población. Nada más falso: ahí están las estadísticas, para quien las quiera aceptar. Aunque sea un falso mito, tienen que cargar con ello para siempre.

Uniré a esta premisa el hecho de que muchos de los Viajeros diagnosticados con trastornos severos necesitan, legalmente, alguien que los represente y vele por sus intereses sociales: hablamos entonces de tutelados (entre otras figuras legales). Cuando no hay familiares o conocidos que deseen o puedan hacerse cargo de la tutela de un Viajero, pasan a ser representados legalmente por fundaciones dedicadas.

Ya hace un tiempo, un grupo de tutelados por una fundación fue citado para reunirse en la sede central. Uno de los compañeros, mostrando un finísimo sentido del humor, espetó entre risas (uniendo los dos hechos que he comentado): «Los han llamado de la Fundación... para la Ley y el Orden!». Tremendo.

Ahí, en ese camión con conductor misterioso, se cuece parte de sus vidas. No vaya a ser que sea, en realidad, la conciencia que tanto buscan tantos Viajeros...

 
EL RESPETO A LA DIGNIDAD
Anécdota nº 51

En este caso, como ya he hecho en otras anécdotas, no me voy a referir a alguien en particular, sino a una situación que puede darse y con la que, aquellos que trabajamos en este ámbito, nos podemos encontrar.

El trabajo de los profesionales de todo tipo que se dedican a los Viajeros, institucionalizados o no, supone como cualquier disciplina de ámbito social, una serie de situaciones nuevas e impredecibles diarias: nunca un día es igual, ni siquiera similar, al anterior. Y gran parte de ese trabajo se basa en el hecho de conseguir que, de puertas a fuera, la dignidad de esas personas sea respetada. Prácticamente todo debe ir en ese sentido: hasta estas anécdotas desean eso, que se eliminen prejuicios y se aprenda a verlos con otros ojos.

Pero de la misma manera que requerimos respeto a su dignidad, también la pedimos para nosotros. Me da lo mismo que la ofensa sea provocada por un mal día o un delirio: no puedo aceptar que, como para eso te pagan, tienes que tragar.

Mucha gente, incluso colegas, cree que los trabajos con estas personas desgastan mucho. O, usando el término de turno en boga, provoca burn-out horizontal. Que te quemas, vamos.

En mi opinión, el desgaste sólo puede producirse cuando se traspasan ciertas barreras. Y cuando se traspasan, lo pongo sin dudarlo en su conocimiento. No como profesional que castiga y sanciona, sino como persona que se siente ofendida.

No hay lugar para el paternalismo ni la discriminación positiva: provenga de donde provenga tu ofensa, te has equivocado y no lo voy a aceptar. Y el habitual perdón que surge después, será cosa de la vocación, llena más que ningún otro.

La lástima sin sentido hacia ningún Viajero queda, pues, justificada. Eso entiendo yo como una relación respetuosa entre iguales; sin que ninguno, tenga la condición o etiqueta que tenga, deba ser exonerado por aquello que ha hecho.