EL RESPETO A LOS NIÑOS
Anécdota nº 43
Si hay algo que, al margen de mi trabajo, tengo claro en esta vida es la impunidad con la que muchos adultos tratan a los niños. Realmente dedico muchos esfuerzos en intentar mostrar con simples pruebas que se pega o ataca su dignidad como si fuese la cosa más normal del mundo. Y no hablo de grandes titulares sobre maltratadores, no. Lo veo en la calle (ayer mismo, comprando, una madre avisaba a su hijo pequeño, juguetón, que dejase de tocar el vidrio del mostrador o “te doy un puñetazo que te arranco la cabeza”) y en los periódicos cuando se hacen estudios en los que gran parte de la población ve normal e incluso positivo (!!) dar un azote de vez en cuando a los hijos. Se me remueven las vísceras...
Un niño que lo ha pasado mal, arrastra secuelas de por vida. Son muchos los conocidos que recuerdan a la perfección una torta que recibieron de pequeños. Y aún así hay quien ve bien haberla recibido. Pero si el maltrato ha sido continuo, ya ni te explico: toda la vida cargando con aquello de “un maltratado acaba siendo maltratador...”.
Es el caso de una Viajera, de la que leí un artículo sobre los niños que le publicaron en la revista que periódicamente imprimen en su centro de día en salud mental. Lo resumo en unas líneas: para ella, el trato a los niños ha de ser el que no ha tenido ella. Y es el trato que, en sus escasos contactos con niños, realiza. Dice así (sic.):
Ellos no actúan con maldad aunque a veces lo parezca.
Ellos están en aprendizaje y, cuanto más aprenden, más avanzados y abiertos están. Yo no sabía que esto era así: a veces pensamos que los niños no entienden ni saben igual o más que una persona adulta.
Ellos te dan cariño.
Es triste que en otros países estén explotados por las circunstancias que allí existen, por eso sería conveniente que se tomase conciencia para darles una buena educación y una buena calidad de vida. Porque ellos son el futuro y espero que cuando sean mayores puedan defenderse.
Un niño no tendría que vivir circunstancias que no merece, sino dedicar parte de su tiempo a jugar y así descargar sus tensiones, aprender a responsabilizarse y desarrollar su imaginación y autoestima.
Los niños no son ningún juguete: son personas.
De nuevo el nexo de unión entre los niños y los Viajeros. Con palabras sencillas y directas: hay mucho aquí de lo que realmente viven en nuestra sociedad los Viajeros. Aprendamos.
Demuestra dos afirmaciones tremendas: la primera y más importante es que la dignidad de la persona comienza en el niño. Y la segunda, que con todo el estigma social y las pocas esperanzas sobre expectativas que acarrea su enfermedad mental, no se sube al carro de repetir los maltratos que ha sufrido.
Ha roto el círculo: algo que mucha gente no puede o no sabe hacer.
Si hay algo que, al margen de mi trabajo, tengo claro en esta vida es la impunidad con la que muchos adultos tratan a los niños. Realmente dedico muchos esfuerzos en intentar mostrar con simples pruebas que se pega o ataca su dignidad como si fuese la cosa más normal del mundo. Y no hablo de grandes titulares sobre maltratadores, no. Lo veo en la calle (ayer mismo, comprando, una madre avisaba a su hijo pequeño, juguetón, que dejase de tocar el vidrio del mostrador o “te doy un puñetazo que te arranco la cabeza”) y en los periódicos cuando se hacen estudios en los que gran parte de la población ve normal e incluso positivo (!!) dar un azote de vez en cuando a los hijos. Se me remueven las vísceras...
Un niño que lo ha pasado mal, arrastra secuelas de por vida. Son muchos los conocidos que recuerdan a la perfección una torta que recibieron de pequeños. Y aún así hay quien ve bien haberla recibido. Pero si el maltrato ha sido continuo, ya ni te explico: toda la vida cargando con aquello de “un maltratado acaba siendo maltratador...”.
Es el caso de una Viajera, de la que leí un artículo sobre los niños que le publicaron en la revista que periódicamente imprimen en su centro de día en salud mental. Lo resumo en unas líneas: para ella, el trato a los niños ha de ser el que no ha tenido ella. Y es el trato que, en sus escasos contactos con niños, realiza. Dice así (sic.):
Ellos no actúan con maldad aunque a veces lo parezca.
Ellos están en aprendizaje y, cuanto más aprenden, más avanzados y abiertos están. Yo no sabía que esto era así: a veces pensamos que los niños no entienden ni saben igual o más que una persona adulta.
Ellos te dan cariño.
Es triste que en otros países estén explotados por las circunstancias que allí existen, por eso sería conveniente que se tomase conciencia para darles una buena educación y una buena calidad de vida. Porque ellos son el futuro y espero que cuando sean mayores puedan defenderse.
Un niño no tendría que vivir circunstancias que no merece, sino dedicar parte de su tiempo a jugar y así descargar sus tensiones, aprender a responsabilizarse y desarrollar su imaginación y autoestima.
Los niños no son ningún juguete: son personas.
De nuevo el nexo de unión entre los niños y los Viajeros. Con palabras sencillas y directas: hay mucho aquí de lo que realmente viven en nuestra sociedad los Viajeros. Aprendamos.
Demuestra dos afirmaciones tremendas: la primera y más importante es que la dignidad de la persona comienza en el niño. Y la segunda, que con todo el estigma social y las pocas esperanzas sobre expectativas que acarrea su enfermedad mental, no se sube al carro de repetir los maltratos que ha sufrido.
Ha roto el círculo: algo que mucha gente no puede o no sabe hacer.
LA ARTISTA REAL
Anécdota nº 42
Una de mis apreciadas Viajeras dice tener una afición. Y digo que dice tener porque mucho me temo que, aunque pueda considerarlo una simple afición, hay un trasfondo importante.
El dibujo y la pintura, como casi todo en esta vida, si está relacionado con los Viajeros suele percibirse o esperarse como una oportunidad de oro para aflorar miedos y angustias. ¡Qué malo es no conocer! En el caso de nuestra protagonista, sí que algo de miedo habrá en algún dibujo, pero os aseguro que son los menos. Lo normal, vamos…
Muchos días ya me busca para enseñarme sus nuevas obras: soy un negado para las artes plásticas y supongo que por eso encanta admirarlas. Debe ser una manera de ahogar mi frustración... Os pongo aquí una pequeña muestra que personalmente califico de “obra menor” (casi minúscula). He visto algunos dibujos suyos que ya quisieran muchos de los actuales “vanguardistas” llegar, siquiera, a imaginar. Y no los pongo no por negación suya, sino porque está tocada con ese halo de genialidad que la impulsa a destruir todo aquello que para ella ya ha muerto.
¡Qué gran desolación para mi mente sana y ordenada cuando descubría que algunos de sus dibujos habían desaparecido! Porque lo que más me gusta de su manera de pintar y de dibujar es su capacidad de sintetizar ideas, reunir colores que realmente te ofrecen algo que no veo en abstractos carísimos en las subastas. He visto degradados con técnicas distintas que aún no me explico cómo los hizo. Y, especialmente, recuerdo un sencillo dibujo de líneas, casi sin color, que representaba un feto en crecimiento. Podía ver cómo crecía, os lo juro.
Y sigue así, comprándose sus cuadernitos de dibujo (la pensión no da para mucho más), muchas veces con el peso de serle aceptada su capacidad por ese aura bohemio que parece tener toda su familia. Os confieso que estoy esperando el momento de ver nuevas obras.
Y, por supuesto, siempre pensando que tampoco es para tanto lo que hace: sólo los genios tienen el doctorado en humildad, paciente trabajo y, derivado de estos dos, en perfeccionismo.
----
Enlaces: Estos apuntes y apostillas sobre la pintura contemporánea y cómo definimos arte en "Hojas para la supresión de la realidad", junto con sus comentarios, son tremendas. Os las recomiendo:
* Apuntes para acabar con la pintura contemporánea
* Apostillas a los comentarios de la hoja anterior
* Nuevas apostillas
Además, aunque lleva en la columna de la izquierda desde el principio, os animo a conocer algunas obras de otros "Viajeros Artistas".
Una de mis apreciadas Viajeras dice tener una afición. Y digo que dice tener porque mucho me temo que, aunque pueda considerarlo una simple afición, hay un trasfondo importante.
El dibujo y la pintura, como casi todo en esta vida, si está relacionado con los Viajeros suele percibirse o esperarse como una oportunidad de oro para aflorar miedos y angustias. ¡Qué malo es no conocer! En el caso de nuestra protagonista, sí que algo de miedo habrá en algún dibujo, pero os aseguro que son los menos. Lo normal, vamos…
Muchos días ya me busca para enseñarme sus nuevas obras: soy un negado para las artes plásticas y supongo que por eso encanta admirarlas. Debe ser una manera de ahogar mi frustración... Os pongo aquí una pequeña muestra que personalmente califico de “obra menor” (casi minúscula). He visto algunos dibujos suyos que ya quisieran muchos de los actuales “vanguardistas” llegar, siquiera, a imaginar. Y no los pongo no por negación suya, sino porque está tocada con ese halo de genialidad que la impulsa a destruir todo aquello que para ella ya ha muerto.¡Qué gran desolación para mi mente sana y ordenada cuando descubría que algunos de sus dibujos habían desaparecido! Porque lo que más me gusta de su manera de pintar y de dibujar es su capacidad de sintetizar ideas, reunir colores que realmente te ofrecen algo que no veo en abstractos carísimos en las subastas. He visto degradados con técnicas distintas que aún no me explico cómo los hizo. Y, especialmente, recuerdo un sencillo dibujo de líneas, casi sin color, que representaba un feto en crecimiento. Podía ver cómo crecía, os lo juro.
Y sigue así, comprándose sus cuadernitos de dibujo (la pensión no da para mucho más), muchas veces con el peso de serle aceptada su capacidad por ese aura bohemio que parece tener toda su familia. Os confieso que estoy esperando el momento de ver nuevas obras.
Y, por supuesto, siempre pensando que tampoco es para tanto lo que hace: sólo los genios tienen el doctorado en humildad, paciente trabajo y, derivado de estos dos, en perfeccionismo.
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Enlaces: Estos apuntes y apostillas sobre la pintura contemporánea y cómo definimos arte en "Hojas para la supresión de la realidad", junto con sus comentarios, son tremendas. Os las recomiendo:
* Apuntes para acabar con la pintura contemporánea
* Apostillas a los comentarios de la hoja anterior
* Nuevas apostillas
Además, aunque lleva en la columna de la izquierda desde el principio, os animo a conocer algunas obras de otros "Viajeros Artistas".
LA CONSCIENCIA DE LA CONCIENCIA
Anécdota nº 41
Son muchas las ocasiones en las que la única capacidad de conciencia que se observa de los Viajeros se limita a la propia conciencia de la enfermedad. Es decir, hasta que punto un Viajero es consciente de que es una persona enferma. Aunque es un dato y una apreciación importante, por lo que veis en este anecdotario podéis deducir que, para mí, para mi praxis particular, no es realmente algo tan relevante.
En este caso, no hay un protagonista único. En estas líneas me referiré a muchos de ellos, pues creo que es un segmento de sus personas que se encuentra sobreactivado; con independencia, por supuesto, de la edad. Y no hablaré de situaciones específicas sobre este tema: a causa de esa sobreactivación, necesitaría diez diarios como este para trasladaros esas experiencias. Me voy a limitar, pues, a comparar nuestra sociedad actual con ese espacio único que es el de los Viajeros.
Con el paso de los años junto a muchos Viajeros, hay algo en lo que creo que todos los que trabajamos en esto deberíamos estar de acuerdo: en ningún otro ambiente se menciona y analiza tanto la conciencia. Con palabras sencillas, está siempre allí. Existen casi a diario conversaciones en las que este caminar por el mundo de los sanos, en el que no acaban de encajar, requiere un examen de conciencia.
En contraposición, se halla la olvidada conciencia de la población en general. El vivir al día, cueste lo que cueste, con estrés, muchas veces rayando el egoísmo más simplón, ha provocado que cada vez le hagamos menos caso. Por suerte, de vez en cuando nos acordamos de ella y comprobamos, ¡casi fascinados!, que ser conscientes de ella es interesante: cuado no somos conscientes de cómo pasa el tiempo hasta que lo pensamos, cuando nos dejamos llevar sin importar las consecuencias hasta que lo pensamos… Pero, en lugar de disfrutar esos momentos de toma de conciencia, los incluimos en el efímero bagaje de la vorágine diaria y acaban en el trastero de los pensamientos.
Disculpad esta anécdota, algo más espesa, pero creo que para que cambie el sambenito que los Viajeros tienen colgado en esta sociedad, ese imaginario social morboso y temerario, debe haber antes un examen de nuestra conciencia. Tantos días los paso con ellos y sus Pepitos Grillos que he acabado por aceptar que hay que vivir de una forma más relajada y consciente. Y de ahí a la importancia de los valores y el respeto a cualquier persona, sea como sea, hay un escueto paso.
¿Será verdad ese comentario que corre entre los que trabajamos junto a los Viajeros que dice que, con el tiempo, nos acabamos volviendo un poco raritos? Si es con mi conciencia bajo mi mando y, a la vez, siendo ancho de conciencia, prefiero vivir así.
Sé bien quién me lo agradecerá eternamente.
Después de una temporada de demasiado ajetreo, continúo donde lo dejé. Aquellos que pensabais que mis ganas y mis anécdotas se habían acabado, desgraciadamente/con alegría os confirmo que estabais equivocados: hay mucho por hacer, mucho por cambiar y me queda cuerda para rato.
Aquí os dejo tres anécdotas de una vez, en un intento de recuperar algo del tiempo perdido.
Son muchas las ocasiones en las que la única capacidad de conciencia que se observa de los Viajeros se limita a la propia conciencia de la enfermedad. Es decir, hasta que punto un Viajero es consciente de que es una persona enferma. Aunque es un dato y una apreciación importante, por lo que veis en este anecdotario podéis deducir que, para mí, para mi praxis particular, no es realmente algo tan relevante.
En este caso, no hay un protagonista único. En estas líneas me referiré a muchos de ellos, pues creo que es un segmento de sus personas que se encuentra sobreactivado; con independencia, por supuesto, de la edad. Y no hablaré de situaciones específicas sobre este tema: a causa de esa sobreactivación, necesitaría diez diarios como este para trasladaros esas experiencias. Me voy a limitar, pues, a comparar nuestra sociedad actual con ese espacio único que es el de los Viajeros.
Con el paso de los años junto a muchos Viajeros, hay algo en lo que creo que todos los que trabajamos en esto deberíamos estar de acuerdo: en ningún otro ambiente se menciona y analiza tanto la conciencia. Con palabras sencillas, está siempre allí. Existen casi a diario conversaciones en las que este caminar por el mundo de los sanos, en el que no acaban de encajar, requiere un examen de conciencia.
En contraposición, se halla la olvidada conciencia de la población en general. El vivir al día, cueste lo que cueste, con estrés, muchas veces rayando el egoísmo más simplón, ha provocado que cada vez le hagamos menos caso. Por suerte, de vez en cuando nos acordamos de ella y comprobamos, ¡casi fascinados!, que ser conscientes de ella es interesante: cuado no somos conscientes de cómo pasa el tiempo hasta que lo pensamos, cuando nos dejamos llevar sin importar las consecuencias hasta que lo pensamos… Pero, en lugar de disfrutar esos momentos de toma de conciencia, los incluimos en el efímero bagaje de la vorágine diaria y acaban en el trastero de los pensamientos.
Disculpad esta anécdota, algo más espesa, pero creo que para que cambie el sambenito que los Viajeros tienen colgado en esta sociedad, ese imaginario social morboso y temerario, debe haber antes un examen de nuestra conciencia. Tantos días los paso con ellos y sus Pepitos Grillos que he acabado por aceptar que hay que vivir de una forma más relajada y consciente. Y de ahí a la importancia de los valores y el respeto a cualquier persona, sea como sea, hay un escueto paso.
¿Será verdad ese comentario que corre entre los que trabajamos junto a los Viajeros que dice que, con el tiempo, nos acabamos volviendo un poco raritos? Si es con mi conciencia bajo mi mando y, a la vez, siendo ancho de conciencia, prefiero vivir así.
Sé bien quién me lo agradecerá eternamente.





