UNA RESPUESTA INESPERADA
Anécdota nº 36
Los números lo dicen: sea por una prevalencia en eso que se llama “población con un nivel socio-económico bajo”, es cierto que la gran mayoría de enfermos diagnosticados con grandes psicosis como la esquizofrenia suelen tener un nivel cultural o, mejor dicho, académico bajo o inexistente. Pero no voy a ser yo quien de rango de dogma a la estadística.
No haber ido a la escuela o al instituto no es motivo para pensar que una persona sea más o menos formada. Un ejemplo prototípico es el de muchas personas (que no todas) de la comunidad gitana: sus conocimientos son amplísimos, pero de orden pragmático. Para ir viviendo conforme a sus necesidades diarias, vaya.
Aun así, aunque tengan formación, muchas veces ésta queda eclipsada por síntomas de la enfermedad. Esta anécdota, sin embargo, no es de un Viajero sin formación académica. Al contrario: se trata de un licenciado universitario. Y todo surgió, como de costumbre, a raíz de una conversación en un principio intrascendente.
Hablábamos sobre si algunos de los reunidos acudían a misa los domingos. Es decir, si se declaraban católicos practicantes o si, simplemente, gustaban de acudir a escuchar los sermones y homilías. Cuando le pregunté a nuestro protagonista, después de meditar todas y cada una de las palabras que iba a decir, me contestó:
«Prefiero no ir, porque el hecho de participar de las celebraciones eucarísticas puede inducirte a querer participar más activamente en ellas. Es muy similar a lo que ocurre en las sectas».
¡A eso llamo yo “respuesta inesperada”! Sin ánimo de ofender a nadie (al fin y al cabo, las palabras son suyas) quede dicho aquí cuánto contenido puede contener una afirmación de ese tipo.
Así da gusto conversar.
Los números lo dicen: sea por una prevalencia en eso que se llama “población con un nivel socio-económico bajo”, es cierto que la gran mayoría de enfermos diagnosticados con grandes psicosis como la esquizofrenia suelen tener un nivel cultural o, mejor dicho, académico bajo o inexistente. Pero no voy a ser yo quien de rango de dogma a la estadística.
No haber ido a la escuela o al instituto no es motivo para pensar que una persona sea más o menos formada. Un ejemplo prototípico es el de muchas personas (que no todas) de la comunidad gitana: sus conocimientos son amplísimos, pero de orden pragmático. Para ir viviendo conforme a sus necesidades diarias, vaya.
Aun así, aunque tengan formación, muchas veces ésta queda eclipsada por síntomas de la enfermedad. Esta anécdota, sin embargo, no es de un Viajero sin formación académica. Al contrario: se trata de un licenciado universitario. Y todo surgió, como de costumbre, a raíz de una conversación en un principio intrascendente.
Hablábamos sobre si algunos de los reunidos acudían a misa los domingos. Es decir, si se declaraban católicos practicantes o si, simplemente, gustaban de acudir a escuchar los sermones y homilías. Cuando le pregunté a nuestro protagonista, después de meditar todas y cada una de las palabras que iba a decir, me contestó:
«Prefiero no ir, porque el hecho de participar de las celebraciones eucarísticas puede inducirte a querer participar más activamente en ellas. Es muy similar a lo que ocurre en las sectas».
¡A eso llamo yo “respuesta inesperada”! Sin ánimo de ofender a nadie (al fin y al cabo, las palabras son suyas) quede dicho aquí cuánto contenido puede contener una afirmación de ese tipo.
Así da gusto conversar.
MÉDICO = MEDICAMENTO
Anécdota nº 35
En la institución en la que estoy, realizamos una suerte de tutorías con los usuarios. Las decisiones que se escapan de lo básico (porque conllevan un gasto económico extraordinario, una alteración del programa individual, etc.). Por lo tanto, una visita a un servicio médico no financiado por la Seguridad Social y que supone un gasto, debe pasar primero por la figura del tutor (para que la autorice y la programe).
En mi caso, fui yo quien comenté la necesidad de realizar una visita al podólogo y así poner al día uñas y callosidades. El día que programé en un principio resultó coincidir con una festividad (¡vaya profesionalidad por mi parte!).
Al día siguiente, me comentó lo ocurrido y me pidió, esta vez él, que tuviese en cuenta la nueva visita. Pero la anécdota reside en cómo lo pidió. Él, que es poco hablador pero muy de la broma, me dijo:
—Debes pedirme de nuevo hora para el “podolín”...
—¿”Podolín”? Parece un medicamento... Al podólogo, quieres decir, ¿no?
—¡Qué más da! Al fin y al cabo, todos los médicos al final acaban recetándote medicamentos...
Aprendamos. A todos nos molestan las visitas a profesionales médicos que parecen querer ocultarse detrás del historial médico (sea papel, sea monitor del ordenador) y que, sin mirarnos casi a la cara, nos dispensan medicamentos.
Los Viajeros, por desgracia, están muy acostumbrados a limitarse a decir sí a todo. Sus visitas a sus psiquiatras, durante muchos años, se han limitado a no sentirse escuchados y a recoger recetas de medicamentos.
Nunca es tarde para humanizar una especialidad tan complicada como la psiquiatría. Y aunque muchísimos psiquiatras son de admirar, muchos siguen sin escucharlos. No es de extrañar que otra conocida llame a su psiquiatra “Dr. Zyprexa”, puesto que en las visitas sólo se limita a ver si el tratamiento con este medicamento le sienta bien...
En la institución en la que estoy, realizamos una suerte de tutorías con los usuarios. Las decisiones que se escapan de lo básico (porque conllevan un gasto económico extraordinario, una alteración del programa individual, etc.). Por lo tanto, una visita a un servicio médico no financiado por la Seguridad Social y que supone un gasto, debe pasar primero por la figura del tutor (para que la autorice y la programe).
En mi caso, fui yo quien comenté la necesidad de realizar una visita al podólogo y así poner al día uñas y callosidades. El día que programé en un principio resultó coincidir con una festividad (¡vaya profesionalidad por mi parte!).
Al día siguiente, me comentó lo ocurrido y me pidió, esta vez él, que tuviese en cuenta la nueva visita. Pero la anécdota reside en cómo lo pidió. Él, que es poco hablador pero muy de la broma, me dijo:
—Debes pedirme de nuevo hora para el “podolín”...
—¿”Podolín”? Parece un medicamento... Al podólogo, quieres decir, ¿no?
—¡Qué más da! Al fin y al cabo, todos los médicos al final acaban recetándote medicamentos...
Aprendamos. A todos nos molestan las visitas a profesionales médicos que parecen querer ocultarse detrás del historial médico (sea papel, sea monitor del ordenador) y que, sin mirarnos casi a la cara, nos dispensan medicamentos.
Los Viajeros, por desgracia, están muy acostumbrados a limitarse a decir sí a todo. Sus visitas a sus psiquiatras, durante muchos años, se han limitado a no sentirse escuchados y a recoger recetas de medicamentos.
Nunca es tarde para humanizar una especialidad tan complicada como la psiquiatría. Y aunque muchísimos psiquiatras son de admirar, muchos siguen sin escucharlos. No es de extrañar que otra conocida llame a su psiquiatra “Dr. Zyprexa”, puesto que en las visitas sólo se limita a ver si el tratamiento con este medicamento le sienta bien...





