el oro de gaia
Gaía está triste, otro dia más esos pequeños seres incómodos, egoistas, sucios e incluso crueles, que se llevan a matar entre ellos, le han vuelto a hacer daño.
Ella resiste, resiste, se dobla pero no se rompe, como quien espanta a una mosca arruga su piel para eliminar a unos cuantos, pero no se da cuenta de que casi nunca acierta y que la arruga donde menos daño sufre, pero donde más daño produce o sopla, sopla con toda su fuerza, pero generalmente en la dirección equivocada y arrastra con su soplido una gran cantidad de parasitos, pero generalmente también se equivoca y destruye a los menos dañiños y a los que no pueden defenderse.
Gaía es grande pero a la vez pequeña, a veces ansía que Dios le tire una gigantesca pedrada que la destruya,otras veces piensa en suicidarse antes de que acaben por matarla.
Gaía, hoy te veo hermosa, llega octubre en mi hemisferio, en mi latitud, en estas horas minutos y segundos y tu te cubres de oro, pero descubro que cada vez es menos el dorado y si tu propia evolución no me hubiera hecho prescindir de las alas, vería que tu azul ya no es azul, que tu verde ya no es verde y que esa cabellera blanca y rotunda que te cubría se deshace con la misma agonía a la que te estamos llevando los bichitos impertinentes que sólo han sabido hacerte daño sin valorar tu hermosura y abusando de tí y tus encantos.





