camino a casa
La humedad como todos estos días, intenta impregnar sus pulmones, tal vez la nicotina acumulada en ellos, no deje sitio para que se instale un catarro que no sea otro que el que cada mañana puntuálmente despierta acompañado del caracteristico ruido del agua de la cisterna al vecino del "c"que a su vez desea que esa mañana sea la ultima que tosa, no importándole que la panacea sea un remedio homeopático o un atropello.
Los coches mojados como recién salidos del tunel de lavado le acompañan en su camino, hoy ha sido un dia más o quien sabe si un dia menos, un gesto de indiferéncia hace juego con un sombrero comprado en el último viaje a Paris en una famosa tienda sita más o menos en los Campos Elíseos, mira el letrero rojo que le incita a rescatar los encantos de alguna oscura dama pero, ve de reojo al enorme portero que como un jarro de agua fria le baja la líbido hasta por debajo de la suela gastada de sus negros zapatos de cordones.
saca el cigarrillo numero 48 del dia y decide tomar un whiskey de garrafa en el bar que roza el portal de su casa, un portal con una fecha tallada en la piedra que recuerda que su arquitecto ya no está entre nosotros sobre el que cuelga una red que intenta amortiguar los cascotes que van cayendo de la vetusta fachada.
una vez dentro del bar en el que tienen la deferéncia de compensar el licor barato con una exquisita música, observa el mismo paisaje de siempre, una desangelada barra sobre la que se apoya el mismo indivíduo de ayer, y un ludópata infeliz compensando la paupérrima recaudación del negocio con su afán de ver los tres tréboles en la pantalla de la tragaperras.
Tras comprobar que no hay nada que merezca la pena más que la música del genial Van Morrisón sonando por los altavoces de mercadillo del antro, coge el periodico del dia anterior y se pone a soñar viendo un anuncio de un hermoso crucero a traves del mediterraneo, mientras en un gesto casi de piedad la máquina tragaperras rompe el silencio del blues, con una cantinela de monedas sobre el hueco metálico, compensando de esta manera el derroche realizado por el individuo que con un gesto de triunfo se dirige hacia el mostrador y empieza a hacer montoncitos en grupos de 10 monedas, tropezándose con la dura realidad de que ni siquiera recuperó la mitad de lo invertido en mas de dos horas de lucha con la infernal máquina, la misma realidad, que hará que el crucero del mediterraneo siga siendo un sueño para el hombre del sombrero, con un vecino harto de él, con los pulmones y lo peor de todo....las ilusiones y los sueños destrozados.
Los coches mojados como recién salidos del tunel de lavado le acompañan en su camino, hoy ha sido un dia más o quien sabe si un dia menos, un gesto de indiferéncia hace juego con un sombrero comprado en el último viaje a Paris en una famosa tienda sita más o menos en los Campos Elíseos, mira el letrero rojo que le incita a rescatar los encantos de alguna oscura dama pero, ve de reojo al enorme portero que como un jarro de agua fria le baja la líbido hasta por debajo de la suela gastada de sus negros zapatos de cordones.
saca el cigarrillo numero 48 del dia y decide tomar un whiskey de garrafa en el bar que roza el portal de su casa, un portal con una fecha tallada en la piedra que recuerda que su arquitecto ya no está entre nosotros sobre el que cuelga una red que intenta amortiguar los cascotes que van cayendo de la vetusta fachada.
una vez dentro del bar en el que tienen la deferéncia de compensar el licor barato con una exquisita música, observa el mismo paisaje de siempre, una desangelada barra sobre la que se apoya el mismo indivíduo de ayer, y un ludópata infeliz compensando la paupérrima recaudación del negocio con su afán de ver los tres tréboles en la pantalla de la tragaperras.
Tras comprobar que no hay nada que merezca la pena más que la música del genial Van Morrisón sonando por los altavoces de mercadillo del antro, coge el periodico del dia anterior y se pone a soñar viendo un anuncio de un hermoso crucero a traves del mediterraneo, mientras en un gesto casi de piedad la máquina tragaperras rompe el silencio del blues, con una cantinela de monedas sobre el hueco metálico, compensando de esta manera el derroche realizado por el individuo que con un gesto de triunfo se dirige hacia el mostrador y empieza a hacer montoncitos en grupos de 10 monedas, tropezándose con la dura realidad de que ni siquiera recuperó la mitad de lo invertido en mas de dos horas de lucha con la infernal máquina, la misma realidad, que hará que el crucero del mediterraneo siga siendo un sueño para el hombre del sombrero, con un vecino harto de él, con los pulmones y lo peor de todo....las ilusiones y los sueños destrozados.





