maravillosas vistas
Se levanto del sillón, se dirigió hacia la ventana e hizo lo que mas le satisfacía, aquel balcón que orgulloso como el único gallo del corral, se erguía frente a la bahía, era su mayor tesoro, en el se apoyaba, con sumo cuidado en una liturgia casi ceremonial, y respiraba, respiraba el mar, la bruma y pensaba cuantas veces había rechazado grandes ofertas por aquel pequeño apartamento, cuyo único aliciente era ese balcón casi colgado sobre el mar, con unas vistas tan maravillosas sobre la bahía que podían llegar incluso a hacer daño con tanta belleza. Se reía de los comentarios pueriles de quienes le decían que para que lo quería, se jactaba ante las ofertas en las que le ofrecían una vivienda mayor, en el mismisimo centro con calidades de lujo. a cambio de practicamente aquel balcón y poco más de treinta metros cuadrados, fué incluso capaz de subir durante más de treinta años de su artritica vida los cuatro pisos por supuesto sin ascensor que debía superar hasta llegar a su paraiso, aquel balcón lleno de geranios accidentales que nunca cuidaba desde el que escuchaba a las gaviotas y respiraba el yodo del mar que se le ofrecía sumiso bajo sus pies.
No le dolió precisamente pero si le molestó algo el último comentario del último agente inmobiliario que con la treta de venir de parte de un amigo se coló en su casa y maravillado ante las extasiantes vistas, murmuró de manera imperceptible para cualquiera de nosotros pero no para el humilde propietario de aquella pequeña joya: Dios dá pan a quien no tiene dientes. el anciano le invito de manera sutil pero contundente a que abandonara su hogar, le acompañó hasta su puerta, volvió al balcón, respiró profundamente escuchó a las gaviotas y al murmullo de las olas, posteriormente cogió su sombrero
sus cigarrillos y su imprescindible bastón blanco que le guiaría a través de la ciudad que comparte con numerosos vecinos, que aún teniendo luz en sus ojos, solo tienen tinieblas en sus sentimientos.
No le dolió precisamente pero si le molestó algo el último comentario del último agente inmobiliario que con la treta de venir de parte de un amigo se coló en su casa y maravillado ante las extasiantes vistas, murmuró de manera imperceptible para cualquiera de nosotros pero no para el humilde propietario de aquella pequeña joya: Dios dá pan a quien no tiene dientes. el anciano le invito de manera sutil pero contundente a que abandonara su hogar, le acompañó hasta su puerta, volvió al balcón, respiró profundamente escuchó a las gaviotas y al murmullo de las olas, posteriormente cogió su sombrero
sus cigarrillos y su imprescindible bastón blanco que le guiaría a través de la ciudad que comparte con numerosos vecinos, que aún teniendo luz en sus ojos, solo tienen tinieblas en sus sentimientos.
una experiencia nueva
Hacía tiempo que se lo quería proponer, no encontraba el momento adecuado, él no lo veía tan grave, de hecho, no era la primera vez que lo hacía, pero con ella no, desde que estaba con ella se olvidó de experimentar emociones fuertes, ella era diferente, no entraba por esas cosas y solo de pensarlo le horrorizaba la idea, había oído que experiencias como esa podían generar traumas, ella no estaba capacitada para tales emociones.
Pero un día él no aguantó más y se lo propuso, sin dilación y con convencimiento le explicó que aquello podía hacerla sentir más segura. que incluso, dijo riéndose, podía reforzar la relación, ella a regañadientes, aceptó temblorosa, incluso le dió la razón al argumento de que la rutina empezaba a corroer al amor y que tal vez ella tambien necesitaba experimentar algo nuevo.
le propuso que fuese en otra ciudad, por si surgían los traumas, no se acordara cada vez que pasara por el lugar, el accedió a ello, era sabado rozaba la madrugada, ella sudaba pero el sudor no hacía más que añadirle aún más morbo a la situación, veían a las otras parejas y ella se tranquilizaba pensando que estaban pasando por lo mismo, eran parejas similares a ellos, eso la tranquilizó aún más, no parecían mejores ni física ni intelectualmente, de repente la excitacion se hizo dueña de todos los que allí se encontraban, todos se habían acomodado, nadie hablaba, ella cerró los ojos y los vagones de la montaña rusa, empezaron a moverse.
Pero un día él no aguantó más y se lo propuso, sin dilación y con convencimiento le explicó que aquello podía hacerla sentir más segura. que incluso, dijo riéndose, podía reforzar la relación, ella a regañadientes, aceptó temblorosa, incluso le dió la razón al argumento de que la rutina empezaba a corroer al amor y que tal vez ella tambien necesitaba experimentar algo nuevo.
le propuso que fuese en otra ciudad, por si surgían los traumas, no se acordara cada vez que pasara por el lugar, el accedió a ello, era sabado rozaba la madrugada, ella sudaba pero el sudor no hacía más que añadirle aún más morbo a la situación, veían a las otras parejas y ella se tranquilizaba pensando que estaban pasando por lo mismo, eran parejas similares a ellos, eso la tranquilizó aún más, no parecían mejores ni física ni intelectualmente, de repente la excitacion se hizo dueña de todos los que allí se encontraban, todos se habían acomodado, nadie hablaba, ella cerró los ojos y los vagones de la montaña rusa, empezaron a moverse.
el muelle
he encontrado un muelle, no sé de donde puede ser, pero es un muelle grande, estaba tirado en suelo, seguramente se pararía trás venir rodando desde sabe Dios donde, seguramente alguien lo buscará, me pregunto, si habrá paralizado alguna estructura, imprescindible para el desarrollo de la vida cotidiana, lo cojo, lo estiro, lo suelto, es un muelle, es feo, pero armonioso, regular en su forma y concepto, pienso que debería de aprender de él, siempre vuelve a su origen, por mucho que lo estire, eso demuestra que es un muelle bien hecho de fabricacion caprichosa, ya que he visto muelles que no volvían a su forma original, cuando se les estiraba, quedaban despendolados, inutiles, cuasi ridiculos, y pienso: me gustaria ser como este muelle el de calidad no el otro, el que se puede estirar, pero no se rompe, el que recuerda perfectamente el punto de partida, el que es fiel a sus principios, y de repente me doy cuenta de que, no me identifico con él, yo no soy así soy moldeable también, puedo estirarme, pero no tengo memoria, no soy fiel a mis origenes, envidio a este muelle, dudo entre guardarlo, e incluso llevarlo encima, dudo entre convertirle en mi guia, quiero ser como él, pero la envidia es mayor que el afán de superarme y lo tiro de manera despectiva y rueda, rueda, como con ansia de encontrar a alguien, más capaz que yo, a quien le pueda enseñar algo sobre la vida, pero en el fondo sabe que es solo un muelle, si tantos años estuvieron los hombres olvidando su pasado no va a venir él ahora a cambíar la conducta de estos, ahora se de donde venia el muelle y me pregunto que número ocuparé en la lista de intentos? cuantos antes que yo lo tirarían, ignorantes de todo lo que pudieron aprender?, sigo la trayectoria del muelle, y percibo que va en dirección de una alcantarilla, hago ademán de salvarlo, casi empiezo a correr, pero a la vez me digo, tio es un muelle, para que te puede servir? y sigo caminando





