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Encorazonado
Estoy esperando la casualidad de mi vida. La más grande. (Los Amantes del Círculo Polar)
Sindicación
 
La locura
Se afanó en olvidar, en virar su mente hacia otro rumbo, hacia aquél que le permitiera abandonar ese puerto que sólo le traía dolores y atracar en otro distinto, con nuevas ilusiones, nuevas caricias. Pero no era fácil, su timón obedecía torpemente sus órdenes y los recuerdos rodeaban su mente como las fuertes olas lo hacen con una embarcación.
Quiso saltar, cuando la desesperación ya le podía, cuando era incapaz de abandonar aquel rumbo. Y lo intentó porque sabía a dónde le iba a dirigir, sabía cuál era el punto final al que le llevaría ese rumbo: la locura. Pero no lo logró. Probó con el bote salvavidas, el alcohol, pero sólo le funcionó unos instantes, después volvió a ver los mismos paisajes abismales y caóticos, cumbres de desesperación y valles de depresión, volvió a verle la cara a la locura.
La miró a los ojos, la escrutó, y quedó prendado. La locura era bella, deslumbrante, prometía placeres que él, en ese momento, no pudo (o no supo) rechazar. Así que se abandonó, se tumbó en la proa y decidió dejarse llevar por ese demente rumbo, arrojarse a los brazos de una locura que por fin lo haría libre, libre. La corriente lo llevó, tranquilo, y él comenzó a acostumbrarse a esos fantasmales paisajes, e incluso le comenzaron a gustar, a atraer. Tanto fue así que cuando hubo llegado al fin del trayecto la locura ya era para él la mejor opción. Su salvación. Ya estaba dentro de él.

No