Una sirena de verdad (Capítulo 2)
El corazón de Mara creció al mismo ritmo que su cuerpo, y eso la convertía en más frágil todavía. Tras la desilusión de su primer amor, ella no se vino abajo y siguió esperando a su caballero. Su latente romanticismo le impedía elegir a un cualquiera, no bastaba la superficialidad del físico, era algo más profundo.
Con estas ideas, un día se chocó con Carlos, literalmente, su rostro chocó contra su pecho al doblar una de las inacabables esquinas del instituto. La sangre se le congeló y no volvió a gotear hasta que dos días después consiguió poder acercarse a él y preguntarle dónde vivía. Sólo le falta tener un lazo alrededor de su cintura, pensó Mara mientras garabateaba su número de teléfono en un pañuelo de papel.
Durante las fechas posteriores se juntaron tanto, tanto, que la visión individual de alguno de los dos resultaba imposible.
Fue por aquel entonces cuando Mara desarrolló su manía de cerrar los puños al dormirse. Pensaba, y con mucha convicción, que si apretaba con fuerza los puños al acostarse lograría que aquel amor no se le escapase. Así, cada vez que se internaba entre las sábanas apretaba los puños, con todas sus fuerzas, como si el corazón de Carlos estuviera dentro de ellos. Tanto los apretaba, que muchas mañanas amanecía con las manos doloridas. Qué importa un pequeño dolor con tal de conservar algo tan grande como es esto, se decía Mara todos los días.
Escuchando: El equilibrio es imposible - Piratas
Con estas ideas, un día se chocó con Carlos, literalmente, su rostro chocó contra su pecho al doblar una de las inacabables esquinas del instituto. La sangre se le congeló y no volvió a gotear hasta que dos días después consiguió poder acercarse a él y preguntarle dónde vivía. Sólo le falta tener un lazo alrededor de su cintura, pensó Mara mientras garabateaba su número de teléfono en un pañuelo de papel.
Durante las fechas posteriores se juntaron tanto, tanto, que la visión individual de alguno de los dos resultaba imposible.
Fue por aquel entonces cuando Mara desarrolló su manía de cerrar los puños al dormirse. Pensaba, y con mucha convicción, que si apretaba con fuerza los puños al acostarse lograría que aquel amor no se le escapase. Así, cada vez que se internaba entre las sábanas apretaba los puños, con todas sus fuerzas, como si el corazón de Carlos estuviera dentro de ellos. Tanto los apretaba, que muchas mañanas amanecía con las manos doloridas. Qué importa un pequeño dolor con tal de conservar algo tan grande como es esto, se decía Mara todos los días.
Escuchando: El equilibrio es imposible - Piratas
Una sirena de verdad (capítulo 1)
A Mara le encantaba el mar, la playa. Por eso cada vez que tenía tiempo cogía su coche y conducía hasta llegar a la más cercana. Para ella era algo mágico, el contacto con la arena, el sol acariciando su piel, tumbarse y cerrar los ojos oyendo el continuo ir y venir de las olas. Era su paraíso particular. De niña su madre le decía que de mayor sería marinera o cualquier otra cosa relacionada con el mar. Ella prefería pensar que sería una sirena, no como las que salen en las películas sino una de verdad. Para ella una sirena no era como Daryl Hannah, ella sería una de verdad, tenía su propio concepto.
Durante años se empeñó en ser una auténtica sirena, lo intentó con toda la fuerza que su corazón infantil le permitió, hasta que éste comenzó a tener goteras, entonces comprendió que era más fácil ser marinera. Las madres siempre llevan razón.
Aquello significó su primera decepción. No sería la última. Luego vinieron los chicos. Ella ya estaba avisada, por lo que oía a sus compañeras de clase, pero desde muy joven tuvo un romanticismo demasiado desarrollado para su edad. El primer chico sería su príncipe azul, lo tenía muy claro, por eso mismo no podía ser cualquiera. Y cualquiera no fue. Aquel chico moreno, descuidado, desgarbado, que se ofreció a llevarle los libros sería su primer novio, su caballero andante, lo vio al instante, en sus ojos.
Pronto se le clavó la primera aguja en su generoso corazón. Pese a ser aún un niño, su caballero era ante todo un hombre y por lo tanto sólo buscaba presumir ante sus amigos y eso no entraba en los cánones románticos de Mara. Si no ha sido éste será otro, se decía a sí misma reforzando sus convicciones. No imaginó que sería tan difícil.

Escuchando: Boys don't cry - The Cure
Durante años se empeñó en ser una auténtica sirena, lo intentó con toda la fuerza que su corazón infantil le permitió, hasta que éste comenzó a tener goteras, entonces comprendió que era más fácil ser marinera. Las madres siempre llevan razón.
Aquello significó su primera decepción. No sería la última. Luego vinieron los chicos. Ella ya estaba avisada, por lo que oía a sus compañeras de clase, pero desde muy joven tuvo un romanticismo demasiado desarrollado para su edad. El primer chico sería su príncipe azul, lo tenía muy claro, por eso mismo no podía ser cualquiera. Y cualquiera no fue. Aquel chico moreno, descuidado, desgarbado, que se ofreció a llevarle los libros sería su primer novio, su caballero andante, lo vio al instante, en sus ojos.
Pronto se le clavó la primera aguja en su generoso corazón. Pese a ser aún un niño, su caballero era ante todo un hombre y por lo tanto sólo buscaba presumir ante sus amigos y eso no entraba en los cánones románticos de Mara. Si no ha sido éste será otro, se decía a sí misma reforzando sus convicciones. No imaginó que sería tan difícil.

Escuchando: Boys don't cry - The Cure





