Ganar o cargar con la cruz
Cuando unos preparan sus vacaciones de Semana Santa, la Liga vuelve después del parón por los partidos de la Selección. Mucho se ha hablado de fichajes y de la próxima temporada, pero ahora hay que volver a pensar en los once partidos ligueros que aún le quedan a esta temporada. El Madrid viaja a Vigo cubierto por los continuos rumores de jugadores y entrenadores para la próxima temporada. Mal síntoma para un equipo que quiere al menos mantener la distancia con la cabeza de la clasificación. Sobre todo porque de no ganar este partido, el club blanco puede cargar con la pesada cruz de estar tres meses compitiendo por nada.
Al Madrid le toca visitar al Celta el Domingo de Ramos a las siete de la tarde. El club vigués padece el mismo síndrome en Balaídos que el Madrid en el Bernabéu: se deja muchos puntos en su estadio. El Madrid es el mejor equipo fuera de casa, por lo que debería aprovechar la flaqueza celtiña en campo propio. Además, el Madrid no pierde en aquellas tierras desde la temporada 96-97, aquella en la que el club madridista ganó la Liga con Capello en el banquillo. El resultado fue de 4-0, aunque bien es cierto que para entonces el Madrid ya había cantado el alirón. Desde entonces, todo han sido resultados positivos para los blancos, que este año tendrán que hacer frente también a la multitud de amuletos que los seguidores célticos han acumulado en la sede del club para creer en la salvación.
Fabio Capello apostará por el mismo equipo que logró sacar un empate en el Camp Nou. El parón por los partidos de las selecciones internacionales ha permitido recuperar al Madrid a algunos de sus futbolistas lesionados. Gago, quien se lesionó en el partido contra el Barça vuelve al pivote defensivo y acompañará a Diarra. También vuelve Cicinho, que ‘resucita’ después de seis meses después de su terrible lesión de rodilla. El brasileño está ilusionado por demostrar que tiene sitio en este Madrid y que no es necesario fichar a Dani Alves. Pero de momento Cicinho, que ya marcó en Balaídos la temporada pasada, tendrá que ver el inicio del partido desde el banquillo, porque deberá recuperar el ritmo de partidos poco a poco.
La única duda que tiene el entrenador italiano es Robinho. El brasileño le ha dado un gran rendimiento en los últimos partidos (su entrada permitió ganar al Nástic) y puede quitarle el sitio en el equipo titular al joven Higuaín. El argentino sólo ha marcado un gol desde que llegó a Madrid, y él mismo ha reconocido que debe estar “más tranquilo a la hora de definir”. Los que sí estarán seguro en el césped de Balaídos serán Raúl, Van Nistelrooy y Guti, que volverán a llevar la manija atacante del equipo.
El Madrid tendrá que soportar una gran presión en cada partido, porque cualquier fallo supondría dejar escapar a Barça y Sevilla, dejando la Liga tan sólo en una cosa de dos. Desde el club no se quiere que se pierda la conjura de unidad para luchar por el título. Al Madrid le queda una carta, y debe jugarla muy bien, además de agarrarse a que sus rivales pierdan los comodines que aún les quedan. Mientras tanto, el director deportivo, Pedja Mijatovic, sigue hablando de Kaká, Cristiano Ronaldo… posibles ases que armen una baraja de buena calidad.
La única posibilidad del Madrid es ganar partidos y esperar posibles distracciones de Barça y Sevilla, e incluso también de Valencia y Zaragoza. Quedan tres meses en los que poder hacer camino y llegar a buen puerto, o en los que vagar por un viacrucis eterno en el que no será fácil la convivencia.
Al Madrid le toca visitar al Celta el Domingo de Ramos a las siete de la tarde. El club vigués padece el mismo síndrome en Balaídos que el Madrid en el Bernabéu: se deja muchos puntos en su estadio. El Madrid es el mejor equipo fuera de casa, por lo que debería aprovechar la flaqueza celtiña en campo propio. Además, el Madrid no pierde en aquellas tierras desde la temporada 96-97, aquella en la que el club madridista ganó la Liga con Capello en el banquillo. El resultado fue de 4-0, aunque bien es cierto que para entonces el Madrid ya había cantado el alirón. Desde entonces, todo han sido resultados positivos para los blancos, que este año tendrán que hacer frente también a la multitud de amuletos que los seguidores célticos han acumulado en la sede del club para creer en la salvación.
Fabio Capello apostará por el mismo equipo que logró sacar un empate en el Camp Nou. El parón por los partidos de las selecciones internacionales ha permitido recuperar al Madrid a algunos de sus futbolistas lesionados. Gago, quien se lesionó en el partido contra el Barça vuelve al pivote defensivo y acompañará a Diarra. También vuelve Cicinho, que ‘resucita’ después de seis meses después de su terrible lesión de rodilla. El brasileño está ilusionado por demostrar que tiene sitio en este Madrid y que no es necesario fichar a Dani Alves. Pero de momento Cicinho, que ya marcó en Balaídos la temporada pasada, tendrá que ver el inicio del partido desde el banquillo, porque deberá recuperar el ritmo de partidos poco a poco. La única duda que tiene el entrenador italiano es Robinho. El brasileño le ha dado un gran rendimiento en los últimos partidos (su entrada permitió ganar al Nástic) y puede quitarle el sitio en el equipo titular al joven Higuaín. El argentino sólo ha marcado un gol desde que llegó a Madrid, y él mismo ha reconocido que debe estar “más tranquilo a la hora de definir”. Los que sí estarán seguro en el césped de Balaídos serán Raúl, Van Nistelrooy y Guti, que volverán a llevar la manija atacante del equipo.
El Madrid tendrá que soportar una gran presión en cada partido, porque cualquier fallo supondría dejar escapar a Barça y Sevilla, dejando la Liga tan sólo en una cosa de dos. Desde el club no se quiere que se pierda la conjura de unidad para luchar por el título. Al Madrid le queda una carta, y debe jugarla muy bien, además de agarrarse a que sus rivales pierdan los comodines que aún les quedan. Mientras tanto, el director deportivo, Pedja Mijatovic, sigue hablando de Kaká, Cristiano Ronaldo… posibles ases que armen una baraja de buena calidad.
La única posibilidad del Madrid es ganar partidos y esperar posibles distracciones de Barça y Sevilla, e incluso también de Valencia y Zaragoza. Quedan tres meses en los que poder hacer camino y llegar a buen puerto, o en los que vagar por un viacrucis eterno en el que no será fácil la convivencia.
Mirando al futuro
Schuster, Cristiano Ronaldo, Daniel Alves... son los nombres que más suenan para la próxima temporada del Real Madrid. A pesar de que restan tres meses para que finalice la temporada y que el club blanco aún no da por perdida la liga, esta semana han volado muchos nombres propios sobre el club de Concha Espina. Algunos rumores son infundados, otros van más en serio. Ramón Calderón quiere hacer un proyecto de futuro, con grandes jugadores que devuelvan la ilusión a la afición madridista, pero ¿será el actual presidente quien esté a los mandos de la nave blanca la próxima temporada?
Desde la directiva blanca se están lanzando mensajes para volver a 'enganchar' a los aficionados, para que vuelvan a creer en la grandeza del mejor equipo del siglo XX. Sin embargo, Ramón Calderón prometió que si se le dejaba este año para maniobrar, convocaría elecciones a final de esta temporada. La juez Milagros Aparicio le concedió el deseo con la decisión de no contar los manipulados votos por correo. Ahora debería cumplir su palabra, pero parece que el presidente quiere legitimarse en el cargo y cumplir los años que le restan a base de un gran entrenador y de jugadores jóvenes que están explotando en estos momentos.
Fabio Capello tiene los días contados, porque se despedirá de su segunda etapa en el Madrid una vez que acabe el presente curso. En su lugar, Calderón piensa en la que fuera su primera apuesta antes del técnico italiano: Bernardo Schuster. El alemán convence a la directiva y a la afición, pues su estilo de juego ofensivo concuerda con la tradición futbolística del Real Madrid. Aunque está muy centrado en el Getafe y en la posibilidad de llegar a la final de Copa con el club del sur de Madrid, Schuster ha coqueteado a lo largo de la semana con los rumores (o algo más) que le acercan al banquillo blanco. En teoría, hay un acuerdo verbal entre las dos partes, pero en esto del fútbol las palabras las esconde el tiempo.
El gran fichaje que prepara Ramón Calderón es Cristiano Ronaldo. El portugués está realizando su mejor temporada como futbolista, al frente de un gran Manchester, que es líder consolidado de la Premier. Es un fichaje difícil, porque hay otros clubes de toda Europa que están interesados en el '7' del Manchester, entre ellos el Fútbol Club Barcelona. El jugador está tasado en unos 80 millones de euros. Es mucho dinero, pero Ramón Calderón está dispuesto a pagarlos, para conseguir el perdón de la afición por sus promesas incumplidas (Kaká, Cesc, Robben). Desde el club se dice que el jugador tiene como primera opción venir a Madrid, y que no aceptará la mejora de contrato que se le está preparando desde Old Trafford. Es un gran jugador, y tan sólo tiene 22 años, pero 80 millones de euros es un precio muy elevado.
El otro gran protagonista de la semana en cuanto a fichajes es el hispano-brasileño Daniel Alves. El sevillista es uno de los jugadores más determinantes de esta Liga, y no es sólo uno más en este Sevilla. Alves recuerda a los grandes carrileros brasileños, aquéllos que se bastaban ellos solos para ocupar toda la banda. Aunque su posición natural es la de lateral, también puede jugar más adelantado. El Sevilla estaría dispuesto a desprenderse de él, pero no a cualquier precio, como ya hizo con Baptista y Sergio Ramos. 30 millones piden por Alves, quien también interesa al Barça y a otros grandes europeos. El Madrid ya fichó a un jugador de las mismas características: Cicinho. Aunque el brasileño aún no ha podido demostrar su valía, tiene muy buena pinta. También suena Navas, otro más por la banda derecha. El Madrid quiere vender ilusión, como antídoto a un hipotético 'juntos no podemos' ganar la Liga.
Desde la directiva blanca se están lanzando mensajes para volver a 'enganchar' a los aficionados, para que vuelvan a creer en la grandeza del mejor equipo del siglo XX. Sin embargo, Ramón Calderón prometió que si se le dejaba este año para maniobrar, convocaría elecciones a final de esta temporada. La juez Milagros Aparicio le concedió el deseo con la decisión de no contar los manipulados votos por correo. Ahora debería cumplir su palabra, pero parece que el presidente quiere legitimarse en el cargo y cumplir los años que le restan a base de un gran entrenador y de jugadores jóvenes que están explotando en estos momentos.
Fabio Capello tiene los días contados, porque se despedirá de su segunda etapa en el Madrid una vez que acabe el presente curso. En su lugar, Calderón piensa en la que fuera su primera apuesta antes del técnico italiano: Bernardo Schuster. El alemán convence a la directiva y a la afición, pues su estilo de juego ofensivo concuerda con la tradición futbolística del Real Madrid. Aunque está muy centrado en el Getafe y en la posibilidad de llegar a la final de Copa con el club del sur de Madrid, Schuster ha coqueteado a lo largo de la semana con los rumores (o algo más) que le acercan al banquillo blanco. En teoría, hay un acuerdo verbal entre las dos partes, pero en esto del fútbol las palabras las esconde el tiempo.
El gran fichaje que prepara Ramón Calderón es Cristiano Ronaldo. El portugués está realizando su mejor temporada como futbolista, al frente de un gran Manchester, que es líder consolidado de la Premier. Es un fichaje difícil, porque hay otros clubes de toda Europa que están interesados en el '7' del Manchester, entre ellos el Fútbol Club Barcelona. El jugador está tasado en unos 80 millones de euros. Es mucho dinero, pero Ramón Calderón está dispuesto a pagarlos, para conseguir el perdón de la afición por sus promesas incumplidas (Kaká, Cesc, Robben). Desde el club se dice que el jugador tiene como primera opción venir a Madrid, y que no aceptará la mejora de contrato que se le está preparando desde Old Trafford. Es un gran jugador, y tan sólo tiene 22 años, pero 80 millones de euros es un precio muy elevado. El otro gran protagonista de la semana en cuanto a fichajes es el hispano-brasileño Daniel Alves. El sevillista es uno de los jugadores más determinantes de esta Liga, y no es sólo uno más en este Sevilla. Alves recuerda a los grandes carrileros brasileños, aquéllos que se bastaban ellos solos para ocupar toda la banda. Aunque su posición natural es la de lateral, también puede jugar más adelantado. El Sevilla estaría dispuesto a desprenderse de él, pero no a cualquier precio, como ya hizo con Baptista y Sergio Ramos. 30 millones piden por Alves, quien también interesa al Barça y a otros grandes europeos. El Madrid ya fichó a un jugador de las mismas características: Cicinho. Aunque el brasileño aún no ha podido demostrar su valía, tiene muy buena pinta. También suena Navas, otro más por la banda derecha. El Madrid quiere vender ilusión, como antídoto a un hipotético 'juntos no podemos' ganar la Liga.
Robinho da una alegría al madridismo
El árbitro pita el final de la primera parte y los aficionados congregados en el estadio Santiago Bernabéu comienzan a silbar, e incluso a sacar algunos pañuelos blancos. Habían aguantado otro partido aburrido del Real Madrid, que no era capaz de ganar al penúltimo de la Liga, y además sólo había tirado una sola vez a puerta. En ese momento, Capello se acordó de Robinho, y el brasileño se convirtió en el mejor jugador del partido, cambiando los pitos por aplausos. No llegó el nuevo estilo del Madrid, pero al menos se ganó. Sigue estando a cinco puntos del líder.
Como todos los equipos modestos que llegan al Bernabéu, el Nástic tenía claro que no debía dar el partido por perdido ni mucho menos. El Madrid se había conjurado para apelar a un nuevo estilo y luchar por la Liga, con el ansiado apoyo de su afición. Muchos mensajes en la publicidad, muchas pancartas, pero a la hora de la verdad volvimos a ver a un Madrid ramplón, que no juega a nada y que sigue sumido en la propia incertidumbre de si la Liga es posible. Sumando puntos se puede soñar, y de momento caminan de rodillas por este sendero.
El partido se le puso de cara muy pronto al Madrid, con la expulsión de César Navas a los cinco minutos del pitido inicial. Derribó a Van Nistelrooy dentro del área grande y el árbitro expulsó al central, pero sacó el penalti fuera del área. A los pocos segundos Raúl conectó un remate de cabeza que sacó Bizarri con una gran parada. Ahí se acabó el peligro ofensivo del Madrid en la primera parte. A partir de este momento, el equipo visitante se hizo con el control del balón y consiguió que los aficionados que le acompañaron en este desplazamiento corearan con 'olés' cada pase de los hombres de Paco Flores. Cada acercamiento del Nástic provocaba que un 'run-run' se apoderara de la grada madridista. Al final de la primera parte no aguantó más, y los jugadores recibieron una sonada pitada.
En el descanso Capello dio entrada a Robinho por Cassano. El italiano, que no entraba en casi ninguna quiniela para ser titular, se fue del campo con más pena que gloria. Ésta última estaba ayer destinada a ser alcanzada por el '10' del Madrid.
La entrada del brasileño, Raúl jugando en su posición natural de segundo punta y un Nástic que acusó el derroche físico de la primera parte hacían evidente que el gol madridista era cuestión de tiempo. Dos combinaciones entre Raúl y Robinho siriveron como precedente al primer gol: el capitán cedió el balón para Van Nistelrooy, quien convirtió un mal disparo en un gran pase para Robinho, que marcó a puerta vacía. Era el minuto 55 de partido y el público pudo sacar a relucir por fin su repertorio de palmas.
El gol dio confianza a Robinho, que ayer estaba especialmente enchufado. Parece que ya ha pasado la resaca que sembraron los rumores sobre sus juergas nocturnas, en las que se excedía con el alcohol. Ha vuelto a reencontrarse con su fútbol. Además, el mal juego que practica el Madrid hace que cualquier detalle de calidad de Robinho parezca más de lo que en realidad es. Pero ayer lo hizo muy bien. Mandó un 'cañonazo' al palo y llevó peligro. Aunque luego Van Nistelrooy e Higuaín desperdiciaran todos los balones que llegaban hasta sus botas. Estuvieron muy fallones, y esta falta de gol es alarmante.
El gol de la tranquilidad llegó a falta de nueve minutos para el final, cuando un gran pase de Robinho por encima de la defensa permitió sacar un centro a Míchel Salgado, que remató Raúl y David García acabó de introducir en su propia portería. Raúl demostró que sólo puede llevar algo de peligro jugando en la delantera; si en el Madrid es Raúl quien debe hacer la transición del balón y quien debe dar el primer pase, algo falla. Y la verdad es que no puede funcionar muy bien un equipo que utiliza tres segundas puntas para jugar como centrocampistas, dos de ellos en las bandas. Pero es lo que hay, y con este equipo el Madrid ya se ha situado tercero.
El apoyo que pide el club por parte de la afición es frágil y puede volverse en su contra en cualquier momento como un boomerang. Para que esto no suceda el Madrid debe salir a por el partido desde el primer minuto. Sólo así se consigue que el públcido se enchufe y se una con el equipo. Al Madrid le quedan seis partidos en casa y cinco partidos fuera. Si quiere ser campeón de Liga debe volver a hacer del Bernabéu un fortín y asegurar los 18 puntos de casa. Es la única manera de dar una alegría a la parroquia madridista y que se haga realidad el milagro de alcanzar a Barça y Sevilla.
Vea el gol de Robinho
Vea el gol de Raúl
Como todos los equipos modestos que llegan al Bernabéu, el Nástic tenía claro que no debía dar el partido por perdido ni mucho menos. El Madrid se había conjurado para apelar a un nuevo estilo y luchar por la Liga, con el ansiado apoyo de su afición. Muchos mensajes en la publicidad, muchas pancartas, pero a la hora de la verdad volvimos a ver a un Madrid ramplón, que no juega a nada y que sigue sumido en la propia incertidumbre de si la Liga es posible. Sumando puntos se puede soñar, y de momento caminan de rodillas por este sendero.
El partido se le puso de cara muy pronto al Madrid, con la expulsión de César Navas a los cinco minutos del pitido inicial. Derribó a Van Nistelrooy dentro del área grande y el árbitro expulsó al central, pero sacó el penalti fuera del área. A los pocos segundos Raúl conectó un remate de cabeza que sacó Bizarri con una gran parada. Ahí se acabó el peligro ofensivo del Madrid en la primera parte. A partir de este momento, el equipo visitante se hizo con el control del balón y consiguió que los aficionados que le acompañaron en este desplazamiento corearan con 'olés' cada pase de los hombres de Paco Flores. Cada acercamiento del Nástic provocaba que un 'run-run' se apoderara de la grada madridista. Al final de la primera parte no aguantó más, y los jugadores recibieron una sonada pitada.
En el descanso Capello dio entrada a Robinho por Cassano. El italiano, que no entraba en casi ninguna quiniela para ser titular, se fue del campo con más pena que gloria. Ésta última estaba ayer destinada a ser alcanzada por el '10' del Madrid.
La entrada del brasileño, Raúl jugando en su posición natural de segundo punta y un Nástic que acusó el derroche físico de la primera parte hacían evidente que el gol madridista era cuestión de tiempo. Dos combinaciones entre Raúl y Robinho siriveron como precedente al primer gol: el capitán cedió el balón para Van Nistelrooy, quien convirtió un mal disparo en un gran pase para Robinho, que marcó a puerta vacía. Era el minuto 55 de partido y el público pudo sacar a relucir por fin su repertorio de palmas.El gol dio confianza a Robinho, que ayer estaba especialmente enchufado. Parece que ya ha pasado la resaca que sembraron los rumores sobre sus juergas nocturnas, en las que se excedía con el alcohol. Ha vuelto a reencontrarse con su fútbol. Además, el mal juego que practica el Madrid hace que cualquier detalle de calidad de Robinho parezca más de lo que en realidad es. Pero ayer lo hizo muy bien. Mandó un 'cañonazo' al palo y llevó peligro. Aunque luego Van Nistelrooy e Higuaín desperdiciaran todos los balones que llegaban hasta sus botas. Estuvieron muy fallones, y esta falta de gol es alarmante.
El gol de la tranquilidad llegó a falta de nueve minutos para el final, cuando un gran pase de Robinho por encima de la defensa permitió sacar un centro a Míchel Salgado, que remató Raúl y David García acabó de introducir en su propia portería. Raúl demostró que sólo puede llevar algo de peligro jugando en la delantera; si en el Madrid es Raúl quien debe hacer la transición del balón y quien debe dar el primer pase, algo falla. Y la verdad es que no puede funcionar muy bien un equipo que utiliza tres segundas puntas para jugar como centrocampistas, dos de ellos en las bandas. Pero es lo que hay, y con este equipo el Madrid ya se ha situado tercero.
El apoyo que pide el club por parte de la afición es frágil y puede volverse en su contra en cualquier momento como un boomerang. Para que esto no suceda el Madrid debe salir a por el partido desde el primer minuto. Sólo así se consigue que el públcido se enchufe y se una con el equipo. Al Madrid le quedan seis partidos en casa y cinco partidos fuera. Si quiere ser campeón de Liga debe volver a hacer del Bernabéu un fortín y asegurar los 18 puntos de casa. Es la única manera de dar una alegría a la parroquia madridista y que se haga realidad el milagro de alcanzar a Barça y Sevilla.
Vea el gol de Robinho
Vea el gol de Raúl
Conjura blanca para la ilusión
¿Miedo escénico? Ésta parece la causa de que los jugadores del Real Madrid salten a su propio terreno de juego en un estado de nerviosismo. Y así lo reflejó ayer el portero blanco, Iker Casillas. El término, acuñado por Jorge Valdano para referirse al estado de ánimo que sentían los futbolistas rivales, se ha vuelto ahora contra el Madrid. Para hermanar a la afición con el club y vencer estos temores, la directiva ha puesto en marcha la campaña 'Juntos podemos', para pedir el apoyo de los aficionados en el partido que enfrentará al club blanco con el Nástic de Tarragona. Además, será una prueba casi definitiva para los madridistas (como todas las que les quedan) para soñar con poder ganar la Liga o despertar en mitad del cuarto año sin títulos.
El Real Madrid recibe en su estadio al penúltimo de la clasificación: el Nástic de Tarragona. El partido, que se disputará el domingo a las siete de la tarde, es a priori imprevisible. El Madrid viene de jugar bien contra el Barça y empatar en el Camp Nou, mientras que los tarraconenses ganaron en casa al Sevilla. El Madrid lleva sin ganar en casa desde el 14 de enero, cuando visitó el Bernabéu el Zaragoza. Esta incertidumbre hace presagiar un partido bonito.
Los madridistas se han agarrado a la posibilidad de ganar la Liga, después de demostrarse a ellos mismos que pueden jugar bien si se lo plantean. Para que ese discurso cale en la afición, se ha lanzado una campaña con el lema 'Juntos podemos', para que los seguidores blancos acudan a animar al equipo al Bernabéu. Después de haber cedido 17 puntos en campo propio, el Madrid no está dispuesto a seguir regalando billetes de permanencia o de UEFA. De los últimos tres partidos disputados en el coliseo blanco, ha perdido uno y ha empatado dos. Quieren volver a ilusionar a su público con una nueva victoria.
Y lo hará con la vuelta de Cannavaro a la defensa y con la baja de Gago. El italiano, que ocupará el puesto vacante en la defensa blanca por la sanción de Ramos, se ha recuperado de su lesión en la pierna derecha, mientras que el argentino tiene una amigdalitis aguda, que le impedirá jugar. Capello podría decantarse por De la Red en lugar de Emerson para sustituir al ex-mediocentro de Boca. Por fin el técnico italiano se ha percatado del nivel que tiene Emerson, y que el brasileño sólo puede ser útil para estorbar en los últimos minutos. El canterano jugará junto a Diarrá, que últimamente está elevando su rendimiento en el centro del campo. El resto del equipo será el que jugó el Barcelona, con Guti, Raúl, Higuaín y Van Nistelrooy por delante del doble pivote.
Por su parte, el Nástic llega a la capital española con ganas de volver a dar la campanada, como ya hizo la semana pasada ganando al Sevilla. El problema es que Portillo no puede jugar, por aquello de las cláusulas que pone el Madrid en los contratos de los cedidos. Y es una baja sensible para los de Paco Flores. El jugador de Aranjuez ha marcado cinco goles en la segunda vuelta, y es el máximo goleador de esta parte de la Liga, junto a Ronaldinho, Diego Milito y Güiza. En los últimos tres partidos, el equipo de Tarragona ha conseguido siete puntos, y está a otros tantos del Levante, que marca la salvación.
Nos encontraremos un partido en el que puede consolidarse la candidatura del Madrid a conseguir la Liga (más todavía si los equipos que le preceden no consiguen resultados positivos) o en el que el Nástic puede ver más cerca el milagro de Flores. Queda mucha Liga, doce partidos, pero para estos dos equipos ganar este partido puede suponer una inyección de moral para afrontar con más alegría lo que resta de temporada. Sobre todo para el Madrid, que puede devolver la ilusión a sus aficionados, éstos a los que su fe madridista les hace creer en la resurrección blanca.
El Real Madrid recibe en su estadio al penúltimo de la clasificación: el Nástic de Tarragona. El partido, que se disputará el domingo a las siete de la tarde, es a priori imprevisible. El Madrid viene de jugar bien contra el Barça y empatar en el Camp Nou, mientras que los tarraconenses ganaron en casa al Sevilla. El Madrid lleva sin ganar en casa desde el 14 de enero, cuando visitó el Bernabéu el Zaragoza. Esta incertidumbre hace presagiar un partido bonito. Los madridistas se han agarrado a la posibilidad de ganar la Liga, después de demostrarse a ellos mismos que pueden jugar bien si se lo plantean. Para que ese discurso cale en la afición, se ha lanzado una campaña con el lema 'Juntos podemos', para que los seguidores blancos acudan a animar al equipo al Bernabéu. Después de haber cedido 17 puntos en campo propio, el Madrid no está dispuesto a seguir regalando billetes de permanencia o de UEFA. De los últimos tres partidos disputados en el coliseo blanco, ha perdido uno y ha empatado dos. Quieren volver a ilusionar a su público con una nueva victoria.
Y lo hará con la vuelta de Cannavaro a la defensa y con la baja de Gago. El italiano, que ocupará el puesto vacante en la defensa blanca por la sanción de Ramos, se ha recuperado de su lesión en la pierna derecha, mientras que el argentino tiene una amigdalitis aguda, que le impedirá jugar. Capello podría decantarse por De la Red en lugar de Emerson para sustituir al ex-mediocentro de Boca. Por fin el técnico italiano se ha percatado del nivel que tiene Emerson, y que el brasileño sólo puede ser útil para estorbar en los últimos minutos. El canterano jugará junto a Diarrá, que últimamente está elevando su rendimiento en el centro del campo. El resto del equipo será el que jugó el Barcelona, con Guti, Raúl, Higuaín y Van Nistelrooy por delante del doble pivote.
Por su parte, el Nástic llega a la capital española con ganas de volver a dar la campanada, como ya hizo la semana pasada ganando al Sevilla. El problema es que Portillo no puede jugar, por aquello de las cláusulas que pone el Madrid en los contratos de los cedidos. Y es una baja sensible para los de Paco Flores. El jugador de Aranjuez ha marcado cinco goles en la segunda vuelta, y es el máximo goleador de esta parte de la Liga, junto a Ronaldinho, Diego Milito y Güiza. En los últimos tres partidos, el equipo de Tarragona ha conseguido siete puntos, y está a otros tantos del Levante, que marca la salvación.
Nos encontraremos un partido en el que puede consolidarse la candidatura del Madrid a conseguir la Liga (más todavía si los equipos que le preceden no consiguen resultados positivos) o en el que el Nástic puede ver más cerca el milagro de Flores. Queda mucha Liga, doce partidos, pero para estos dos equipos ganar este partido puede suponer una inyección de moral para afrontar con más alegría lo que resta de temporada. Sobre todo para el Madrid, que puede devolver la ilusión a sus aficionados, éstos a los que su fe madridista les hace creer en la resurrección blanca.
'Sin licencia para soñar'
El Madrid ganaba 2-3 en el Camp Nou, los madridistas se volvían a ver arriba en la clasificación, con opciones en la Liga. Pero un crack de 19 años les quitó la ilusión con un gol en el minuto 90. Era el colofón a un partido trepidante, en el que Barça y Madrid hicieron honor a la historia de los clásicos. Partidazo entre dos grandes equipos que salieron a dar espectáculo como refleja el resultado final: 3-3.
El partido no pintaba nada bien para los madridistas antes de comenzar. Después de caer eliminados en Munich, no había mucha fe entre los aficionados blancos para ganar en casa del eterno rival.
Pero el Madrid no salió con el típico 4-2-3-1, sino que Capello (o los jugadores) se atrevieron con un claro 4-3-3. Gago en el centro, con Diarrá por la derecha y un espléndido Guti a la izquierda. Con el sistema que sacó el Barça, había que jugarle por las bandas, porque por el centro tendrían las de ganar los blaugranas.
Eso hizo el Madrid, y por ahí llegó el primer gol. Higuaín centró raso por desde la izquierda, Thuram despejó mal al centro y Van Nistelrooy en un disparo perfecto batió a Valdés. Pero esto sirvió para encender al Barça. Eto'o, volcado a la izquieda, se plantó delante de Casillas y dio el primer aviso. A la siguiente, un gran pase del camerunés dejó solo a Messi, quien marcó de disparo cruzado. 1-1.
Pero ayer el Madrid no estaba dispuesto a dar el partido por perdido. Guti por fin decidió ser el verdadero protagonista de su equipo. Sacó todo el fútbol que atesoran sus botas y provocó un penalti, que transformó Van Nistelrooy. El Barça tuvo la misma reacción que tras el primer gol blanco, pero ahí estaba Iker Casillas, que agranda partido tras partido una leyenda que ya circula por las calles. Le sacó un balón a Ronaldinho cuando medio Camp Nou cantaba el gol, pero no pudo parar el disparo desde el área pequeña de Messi. El equipo catalán seguía dominando, y pudo marcar otros dos o tres goles más antes del descanso, pero justo en ese momento Oleguer decidió marcharse del partido. Tenía una tarjeta amarilla y le metió una patada por detrás sin sentido a Gago. Dejaba a su equipo con diez...
Y Rijkaard hizo en el descanso más por el Madrid que Capello en toda su vida. Decidió quitar a Eto'o, cuando era el que más peligro estaba llevando contra la meta de Iker. El entrenador holandés dio entrada a Sylvinho, y jugó con tan solo dos defensas. La salida del campo del camerunés fue un alivio para el Madrid, que encontró un pasillo totalmente despejado por la banda derecha barcelonista. El Madrid la tocaba, dominaba y llegaba. Algo impensable minutos antes del comienzo del partido. Van Nistelrooy tuvo tres ocasiones, Higuaín otra, pero entonces apareció el otro portero, Valdés, que demostró que ya no es el mismo portero inseguro que hacía temblar a sus aficionados.
Capello puso a Robinho por Raúl, y el brasileño dio velocidad al equipo, provocó oportunidades, pero le falta algo imprescindible en el fútbol: definición. Así, el Madrid fallaba y no llegaba el gol. Al final entró el balón. Falta sacada por Guti, que Ramos remató con la coronilla. Gran gol y faltaban 20 minutos para el final. El Madrid lo tenía todo para sentenciar. Entonces entró Belleti, y el Barça reconstruyó el equipo. Comenzaron a tocarla, cada uno desde su posición, y el Madrid se dedicó a defenderse y fallar los contragolpes. Cuando sacaron la tablilla señalando los cuatro minutos que se debían añadir, a Messi le llegó un pase de Ronaldinho. El argentino se dio el último sprint que le quedaba en su menudo cuerpo, dejó atrás a los que iban vestidos de blanco y cruzó el balón ante Casillas. Acabó con las ilusiones de muchos madridistas que ya empezaban a celebrar la victoria en territorio enemigo y el reenganche a la lucha por la Liga. Fue un mazazo.
Pero el Madrid por fin demostró que si quiere, puede jugar al fútbol, dominar el balón. Bien es cierto que esto lo hizo en la segunda parte, y que en el primer tiempo quien pudo sentenciar fue el Barça. Fue un partido bonito, emocionante, en el que primó el espectáculo por encima de todo. Después de algunos partidos de nuestra Liga que invitaban a no ver otros deportes, los dos grandes históricos de nuestra Liga nos devolvieron la ilusión por el fútbol. En cuanto al Madrid, se queda a cinco puntos de la cabeza, con 12 partidos por disputar. Después de lo visto ayer, que el Madrid jugó muy bien y no consiguió ganar, parece que el seguidor madridista no puede hacerse ilusiones, no puede soñar. Pero lo que sí es cierto es que si juegan como ayer, lucharemos por la Liga. Volvieron a ser un equipo. Hay que seguir creyendo.
El partido no pintaba nada bien para los madridistas antes de comenzar. Después de caer eliminados en Munich, no había mucha fe entre los aficionados blancos para ganar en casa del eterno rival.
Pero el Madrid no salió con el típico 4-2-3-1, sino que Capello (o los jugadores) se atrevieron con un claro 4-3-3. Gago en el centro, con Diarrá por la derecha y un espléndido Guti a la izquierda. Con el sistema que sacó el Barça, había que jugarle por las bandas, porque por el centro tendrían las de ganar los blaugranas. Eso hizo el Madrid, y por ahí llegó el primer gol. Higuaín centró raso por desde la izquierda, Thuram despejó mal al centro y Van Nistelrooy en un disparo perfecto batió a Valdés. Pero esto sirvió para encender al Barça. Eto'o, volcado a la izquieda, se plantó delante de Casillas y dio el primer aviso. A la siguiente, un gran pase del camerunés dejó solo a Messi, quien marcó de disparo cruzado. 1-1.
Pero ayer el Madrid no estaba dispuesto a dar el partido por perdido. Guti por fin decidió ser el verdadero protagonista de su equipo. Sacó todo el fútbol que atesoran sus botas y provocó un penalti, que transformó Van Nistelrooy. El Barça tuvo la misma reacción que tras el primer gol blanco, pero ahí estaba Iker Casillas, que agranda partido tras partido una leyenda que ya circula por las calles. Le sacó un balón a Ronaldinho cuando medio Camp Nou cantaba el gol, pero no pudo parar el disparo desde el área pequeña de Messi. El equipo catalán seguía dominando, y pudo marcar otros dos o tres goles más antes del descanso, pero justo en ese momento Oleguer decidió marcharse del partido. Tenía una tarjeta amarilla y le metió una patada por detrás sin sentido a Gago. Dejaba a su equipo con diez...
Y Rijkaard hizo en el descanso más por el Madrid que Capello en toda su vida. Decidió quitar a Eto'o, cuando era el que más peligro estaba llevando contra la meta de Iker. El entrenador holandés dio entrada a Sylvinho, y jugó con tan solo dos defensas. La salida del campo del camerunés fue un alivio para el Madrid, que encontró un pasillo totalmente despejado por la banda derecha barcelonista. El Madrid la tocaba, dominaba y llegaba. Algo impensable minutos antes del comienzo del partido. Van Nistelrooy tuvo tres ocasiones, Higuaín otra, pero entonces apareció el otro portero, Valdés, que demostró que ya no es el mismo portero inseguro que hacía temblar a sus aficionados.
Capello puso a Robinho por Raúl, y el brasileño dio velocidad al equipo, provocó oportunidades, pero le falta algo imprescindible en el fútbol: definición. Así, el Madrid fallaba y no llegaba el gol. Al final entró el balón. Falta sacada por Guti, que Ramos remató con la coronilla. Gran gol y faltaban 20 minutos para el final. El Madrid lo tenía todo para sentenciar. Entonces entró Belleti, y el Barça reconstruyó el equipo. Comenzaron a tocarla, cada uno desde su posición, y el Madrid se dedicó a defenderse y fallar los contragolpes. Cuando sacaron la tablilla señalando los cuatro minutos que se debían añadir, a Messi le llegó un pase de Ronaldinho. El argentino se dio el último sprint que le quedaba en su menudo cuerpo, dejó atrás a los que iban vestidos de blanco y cruzó el balón ante Casillas. Acabó con las ilusiones de muchos madridistas que ya empezaban a celebrar la victoria en territorio enemigo y el reenganche a la lucha por la Liga. Fue un mazazo.
Pero el Madrid por fin demostró que si quiere, puede jugar al fútbol, dominar el balón. Bien es cierto que esto lo hizo en la segunda parte, y que en el primer tiempo quien pudo sentenciar fue el Barça. Fue un partido bonito, emocionante, en el que primó el espectáculo por encima de todo. Después de algunos partidos de nuestra Liga que invitaban a no ver otros deportes, los dos grandes históricos de nuestra Liga nos devolvieron la ilusión por el fútbol. En cuanto al Madrid, se queda a cinco puntos de la cabeza, con 12 partidos por disputar. Después de lo visto ayer, que el Madrid jugó muy bien y no consiguió ganar, parece que el seguidor madridista no puede hacerse ilusiones, no puede soñar. Pero lo que sí es cierto es que si juegan como ayer, lucharemos por la Liga. Volvieron a ser un equipo. Hay que seguir creyendo.
Un año más en el purgatorio
Noventa minutos en el infierno del Allianz Arena... y un año más en el purgatorio, sin ganar títulos. Ésta es la sensación que deja el Madrid después de su derrota en Munich. La Liga está muy difícil; el Madrid está cuarto, a siete puntos del líder, el Sevilla. Por tanto, perdió ayer la oportunidad de 'engancharse' a la esperanza europea, de dar esperanzas a sus aficionados, que sienten que un año más el club de sus amores se quedará en blanco. Tiene muy mala pinta, y pocas soluciones a la vista. Antes del partido ya se preveía que lo pasaría mal. Un trivote formado por Emerson, Gago y Diarrá debería haberse encargado de ser un muro para los ataques muniqueses. Pero, a los diez segundos, la primera en la frente: pérdida absurda e imperdonable de Roberto Carlos que aprovechó Salihadmizic para asistir a Makaay, quien consiguió batir a Casillas. El gol más rápido de la historia de la Champions, y lo encaja el club que más títulos continentales tiene. El Madrid se vino abajo, y el Bayer atacaba una y otra vez, pero Casillas aumentaba su leyenda parada tras parada. Hasta el minuto 30 no realizó el Madrid su primer tiro a puerta. Curiosamente, coincidió con la entrada de Guti. Capello tardó 30 minutos en sacarlo al campo y quitar a Emerson, ese brasileño treintañero que dice que en Madrid no entienden su fútbol (¿y dónde sí?). Pero a partir de ese momento pareció recuperarse, y sus aficionados recobraban la ilusión.
En la segunda parte el Madrid volvió a salir pensando en nada, y a los veinte segundos, otro paradón de Casillas. El equipo se fue hacia arriba, pero Roberto Carlos mandó a córner un balón que se disponía a despejar Sergio Ramos. El Bayern saca el córner y gol. 2-0. No había esperanzas ya. Aún así, lo siguió intentado. Se encontró con un penalti que provocó Robinho. Van Nistelrooy marcó su segundo penalti consecutivo. Quedaban ocho minutos más el descuento. "Vamos, chavales", se escuchaba en los bares. En el minuto 89 el madridismo estalló de júbilo: Sergio Ramos marcaba de disparo cruzado desde la frontal. Un golazo. El Madrid estaba clasificado. Pero poco dura la alegría últimamente en el club de Concha Espina. El árbitro anuló el gol por mano de Ramos. Posiblemente involuntaria, pero mano al fin y al cabo. Quizás en un partido jugando en casa el árbitro no la hubiese pitado, pero no es excusa. No es excusa porque al Madrid le pudo caer una goleada de escándalo, cinco o seis con facilidad. El Madrid no lo mereció y no pasó. Cuando desafías a la suerte durante tanto tiempo, no puedes pretender que se alíe contigo partido tras partido.
Ahora habla la prensa de cambios. También trabajan en ello Calderón y Mijatovic. Pero estamos en el mes de marzo, quedan tres meses para que acabe la Liga. ¿La van a tirar ya? Hasta ahora lo han hecho, dejándose 17 puntos en casa. Señores, animen a sus jugadores, métanles en la cabeza que si trabajan y luchan por ello, tendrán opciones en la Liga. Al Madrid le queda por jugar contra los tres que tiene delante en la clasificación. Y si no venden más humo, si se dedican a trabajar, y ganan partidos, ¿por qué no soñar? Claro, que cuando marcó el Bayern a los diez segundos también parecía un sueño. Mejor dicho, una pesadilla. Hoy ha dado la cara Raúl, como le corresponde. No quiere ni oír hablar de otro año sin títulos. Les queda la Liga, pero está muy difícil. Son 13 partidos. Y el primero de ellos en el Camp Nou. Ganando en el Camp Nou cambiarán las cosas. El Madrid nos tiene acostumbrados últimamente a lo peor, pero no hay que perder la esperanza hasta el final. Está muy difícil, y lo más probable a día de hoy es que no gane nada, que esté otro año en el purgatorio, a la espera de que los dioses del fútbol vuelvan a llamarle a la gloria. Pese a ello, los madridistas deben apoyar al equipo siempre, porque es muy fácil ser del Madrid cuando gana, pero también hay que estar ahí cuando pierde.
El Madrid se olvida de la Liga
Pinchó el Barça el sábado, pinchó el Madrid el domingo. Pudo recortarle tres puntos en esta jornada, ponerse por delante ganando en el Camp Nou... el cuento de la lechera. Un nuevo empate en casa, un nuevo partido en que el Madrid es dominado, una decepción. Como viene ocurriendo últimamente, cuando el Barça se deja puntos en el camino, el Madrid decide ser solidario con su eterno rival y no recortarle distancia en la clasificación. Con este empate a uno, son cinco puntos los que separan a los dos equipos antes del gran clásico del sábado próximo. Un panorama muy distinto del que podía haberse dado en caso de ganar al Getafe.
Pero no ganó, y no lo hizo porque volvió a jugar sólo durante medio partido, en este caso, la segunda parte. Salió a ver qué pasaba, sin ninguna idea de juego. Esto lo aprovechó el Getafe para dominar, para llegar sin problemas, para dar un larguero. Beckham respondió con otro disparo al travesaño, pero fue un espejismo.
Güiza hizo un gran desmarque y consiguió batir a Casillas de tiro cruzado. Después llegaron los dos penaltis, uno a Reyes que no pitó el árbitro, y otro inocente que le hicieron a Robinho. Éste sí lo señalaron, y Van Nistelrooy volvió a marcar de penalti, después de tres fallos seguidos. En la segunda parte lo intentó el Madrid, pero con más garra que juego. Todo eran jugadas aisladas, la mayoría de ellas a balón parado.
Es cierto que el colegiado no vio penalti en una clara zancadilla a Cassano. Sí, pero también pudo ser expulsado Roberto Carlos por hacer una entrada por detrás. Sin embargo, las decisiones de los árbitros valen a Capello como excusa para justificar los malos resultados. Van muchas jornadas en las que el entrenador blanco habla de los árbitros. Ayer lo volvió a hacer, olvidando que la semana pasada le anularon un gol al Atleti que habría sentenciado el partido. Capello se refugia en sus críticas a los arbitrajes para no dar la cara por el mal juego del equipo. También hay que decir que los equipos de Capello nunca han jugado bien, y que los que deseaban que viniera al Madrid no pueden ahora exigirle que haga buen juego. Bien, pero si por algo se le caracteriza al técnico italiano es por ser resultadista, por ganar a pesar de jugar mal. Pero se escapan los puntos en el Bernabéu, 17 van ya. Lo que debería ser un fortín se está convirtiendo en un establecimiento en rebajas constantes. Y ya ha acabado la época de rebajas, salvo en el Bernabéu.
Ahora toca olvidarse de la Liga, del gran partido del sábado en el Nou Camp. La Liga es posible, sí, pero la competición donde el Real Madrid saca lo mejor de sí mismo es en la Copa de Europa. Y tiene que demostrarlo. Lo mejor es pensar en la Champions, porque quizás sea la competición en la que el Madrid tenga más posibilidades a día de hoy. El partido de Munich será muy complicado, porque el gol de Van Bommel dejó el desenlace para el partido de vuelta. Esperemos que vuelva el Madrid de las noches europeas, ése Madrid que calle a los bocazas y maleducados jugadores del Bayern. Todos los empates son para el Madrid, y hay que aprovechar esa ventaja. Pero afloran dudas después de los partidos contra Atleti y Getafe. Se presume un gran partido en el infernal Allianz Arena. Recen todo lo que sepan para salvar el alma europea del Madrid. Amén.
Pero no ganó, y no lo hizo porque volvió a jugar sólo durante medio partido, en este caso, la segunda parte. Salió a ver qué pasaba, sin ninguna idea de juego. Esto lo aprovechó el Getafe para dominar, para llegar sin problemas, para dar un larguero. Beckham respondió con otro disparo al travesaño, pero fue un espejismo.
Güiza hizo un gran desmarque y consiguió batir a Casillas de tiro cruzado. Después llegaron los dos penaltis, uno a Reyes que no pitó el árbitro, y otro inocente que le hicieron a Robinho. Éste sí lo señalaron, y Van Nistelrooy volvió a marcar de penalti, después de tres fallos seguidos. En la segunda parte lo intentó el Madrid, pero con más garra que juego. Todo eran jugadas aisladas, la mayoría de ellas a balón parado. Es cierto que el colegiado no vio penalti en una clara zancadilla a Cassano. Sí, pero también pudo ser expulsado Roberto Carlos por hacer una entrada por detrás. Sin embargo, las decisiones de los árbitros valen a Capello como excusa para justificar los malos resultados. Van muchas jornadas en las que el entrenador blanco habla de los árbitros. Ayer lo volvió a hacer, olvidando que la semana pasada le anularon un gol al Atleti que habría sentenciado el partido. Capello se refugia en sus críticas a los arbitrajes para no dar la cara por el mal juego del equipo. También hay que decir que los equipos de Capello nunca han jugado bien, y que los que deseaban que viniera al Madrid no pueden ahora exigirle que haga buen juego. Bien, pero si por algo se le caracteriza al técnico italiano es por ser resultadista, por ganar a pesar de jugar mal. Pero se escapan los puntos en el Bernabéu, 17 van ya. Lo que debería ser un fortín se está convirtiendo en un establecimiento en rebajas constantes. Y ya ha acabado la época de rebajas, salvo en el Bernabéu.
Ahora toca olvidarse de la Liga, del gran partido del sábado en el Nou Camp. La Liga es posible, sí, pero la competición donde el Real Madrid saca lo mejor de sí mismo es en la Copa de Europa. Y tiene que demostrarlo. Lo mejor es pensar en la Champions, porque quizás sea la competición en la que el Madrid tenga más posibilidades a día de hoy. El partido de Munich será muy complicado, porque el gol de Van Bommel dejó el desenlace para el partido de vuelta. Esperemos que vuelva el Madrid de las noches europeas, ése Madrid que calle a los bocazas y maleducados jugadores del Bayern. Todos los empates son para el Madrid, y hay que aprovechar esa ventaja. Pero afloran dudas después de los partidos contra Atleti y Getafe. Se presume un gran partido en el infernal Allianz Arena. Recen todo lo que sepan para salvar el alma europea del Madrid. Amén.
Bienvendidos a EN BLANCO
Os queremos dar la bienvenida a este blog dedicado a la actualidad informativa del Real Madrid. Es un proyecto ambicioso, en el que se trata de que los aficionados al fútbol, y en especial del Real Madrid, estén al tanto de lo que acontece en torno al club blanco. Además, daremos un enfoque singular, con un toque de humor, pues el fútbol es un deporte, y como tal hay que entenderlo. Los artículos serán informativos y opinativos, para llegar a los entresijos del club madridista. No se tratará de análisis someros, sino iremos más allá de las crónicas y de los precipitados análisis. En este blog daremos al aficionado lo que de verdad pide, una interpretación objetiva que le ayude a entender la realidad de los madridistas. Todo el Real Madrid en EN BLANCO.





