AMORES.
Aún recuerdo las palabras que usó para explicarme como se puede amar a alguien sin tocarlo, sin verlo, sin tenerlo entre tus brazos. Entendí poco después que, el amor si puede durar para siempre, indiferentemente de que cambien los matices o estos permanezcan intactos. Me hizo ver que, un amor verdadero puede compartirse y ser igual de puro, de perfecto...aunque muchas veces, no sea correspondido de igual manera.
Me demostró con hechos que, el apoyo incondicional, se puede aplicar a la realidad, aunque no esté de acuerdo con muchas cosas. Me hizo saber que, esto ultimo hay que dejarlo claro, aunque no siente muy bien.
Me demostró que, las palabras dulces pueden sanar muchas heridas, y que estas palabras, también deben ser firmes, para que puedan ser tomadas en cuenta...Aunque con los años dice que, soy fatal actuando, pero excelente manipulando...esto, yo no debería repetirlo.
Me ha explicado muchas veces la diferencia entre tener la razón y ser cortés, y sólo tener la razón...quizás por eso, me cuido tanto de lo que digo.
Ha tomado mi mano en cada parte del camino, cree que lo necesito...y sabe que tiene razón. Me habló de la magia de los sueños, me regaló los colores para dibujarlos, pero no olvidó hablarme de los obstáculos y la manera de sortearlos.
Nunca me ha dado la razón sin tenerla, aunque diga que se siente orgulloso las 24 horas del día...siento que, este sentimiento no esté plenamente justificado.

Es capaz de reconocer mi estado de ánimo por el tono de mi voz, o por el brillo de mis ojos y aunque no sea bueno expresando sus sentimientos en esos momentos, un sólo abrazo puede devolverme la paz.
En tiempos duros cuando sentí que la situación me superaba, corrió a mi lado y demostrándome su amor, me entregó su alma, con un simple “soy tuyo, lo que soy y lo que tengo”. Sé que es verdad, porque a pesar de los años, del trabajo, de Los Niños, sigo siendo su Nena.
Me demostró con hechos que, el apoyo incondicional, se puede aplicar a la realidad, aunque no esté de acuerdo con muchas cosas. Me hizo saber que, esto ultimo hay que dejarlo claro, aunque no siente muy bien.
Me demostró que, las palabras dulces pueden sanar muchas heridas, y que estas palabras, también deben ser firmes, para que puedan ser tomadas en cuenta...Aunque con los años dice que, soy fatal actuando, pero excelente manipulando...esto, yo no debería repetirlo.
Me ha explicado muchas veces la diferencia entre tener la razón y ser cortés, y sólo tener la razón...quizás por eso, me cuido tanto de lo que digo.
Ha tomado mi mano en cada parte del camino, cree que lo necesito...y sabe que tiene razón. Me habló de la magia de los sueños, me regaló los colores para dibujarlos, pero no olvidó hablarme de los obstáculos y la manera de sortearlos.
Nunca me ha dado la razón sin tenerla, aunque diga que se siente orgulloso las 24 horas del día...siento que, este sentimiento no esté plenamente justificado.

Es capaz de reconocer mi estado de ánimo por el tono de mi voz, o por el brillo de mis ojos y aunque no sea bueno expresando sus sentimientos en esos momentos, un sólo abrazo puede devolverme la paz.
En tiempos duros cuando sentí que la situación me superaba, corrió a mi lado y demostrándome su amor, me entregó su alma, con un simple “soy tuyo, lo que soy y lo que tengo”. Sé que es verdad, porque a pesar de los años, del trabajo, de Los Niños, sigo siendo su Nena.
BIPOLARIDAD MORAL
Uno de los rasgos de mi personalidad que siempre desee cambiar es la vergüenza ajena. Lamentablemente no he logrado que desaparezca, pero cada vez, le presto menos atención e incluso (muchísimas veces) logro que mis ataques de “trágame tierra” sean imperceptibles para el resto de los espectadores.
Es bueno que, antes de continuar aclare, que no se trata de doble moral. Creo firmemente que cada persona debe (y está en el derecho) de hacer y deshacer su vida a su antojo. Mi hermano suele decir que: “Cada quien que haga de su culo un tambor y busque quien se lo toque” y sea quien sea el autor de la cita, estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, sé que esta “Bipolaridad moral” la padecen muchas personas y se jactan de lo “correcto” de su comportamiento y que, muchas de ellas, son incapaces de controlar su tendencia moralista, convirtiéndose en predicadores de lo correcto y lo sensato, aunque tampoco puedan controlar su vida, sus acciones; siendo tan cobardes como para vivir de manera contraria a sus convicciones y a sus deseos.

Con menos años y experiencia, el mejor ejemplo que podía poner era el de la chica cuya familia le ha inculcado tantas teorías religiosas ( católicas o no) y a pesar de horrorizarse al oír hablar de sexo, tiene más experiencia y variedad en esa materia que, el resto de la clase y prefiere mantener una apariencia y jugar a las escondidas consigo misma. No obstante es capaz de hacer sentir como una zorra, a cualquier chiquilla de su entorno.
En mi caso estos conceptos de correcto e incorrecto, siempre me han dado igual, sin embargo he sufrido "pena ajena", la cual no tiene nada que ver con los patrones de comportamientos sexuales, afectivos, personales, vicios, costumbres... Mi “pena ajena” consiste en sentir vergüenza, ante la exhibición de pésima (o ninguna) educación, la falta de modales, el maltrato verbal, el abuso de poder, la discriminación, la ridiculización, en fin, muchas estupideces que, se cometen en perjuicio de otras personas, con el lamentable agravante de la presencia de terceros y que, inevitablemente tiendo a ponerme en el lugar de la víctima.
Quiero decir que, me da igual que una amiga se desvista en la calle y aplauda con las tetas, que tenga tantos amigos sexuales, como habitantes China o que mi pareja le dé por jugar a los polis nudistas, siempre que no me vea obligada a nada y (en caso de tratarse de mi pareja) el lugar y la situación se preste (aquí tocaría decir que lugares se prestan y cuales no?)
En resumida cuentas, no me siento con autoridad de ningún tipo para cuestionar el comportamiento de nadie, mientras no me afecte directamente (véase el caso de la pareja).
Siempre estoy dispuesta a dar mi apoyo incondicional, millones de palabras de aliento, decenas de billones de besos y abrazos terapéuticos, pero nunca impongo mi criterio a ninguna persona, por mucha confianza y cariño que le tenga. Por todas estas razones y ser una persona que presta mucha atención a los consejos que generosamente me regalan, no puedo evitar consumirme de ira, cuando alguien se atreve a juzgarme, a adivinar y apostar por mis deseos y sentimientos familiares, a interceder por mi en líos personales íntimos y/o privados y lo que es peor ordenarme, con el libro de su vida en mano, como debo actuar en cada situación.
Domingo por la noche, reunión de pocas personas, suficientes años de vida y mucha confianza, tanto como par que cada uno pueda jactarse de conocer el CV personal del resto. En el momento menos esperado, ella se atreve a darme su manual particular de vida y a exponer de manera tajante, lo que según ella, son los principales errores de MI vida (:-o).
Segundos después de que mi humanidad sintiera el recorrido de las miradas incrédulas del resto de la reunión, mientras mi cerebro procesaba cualquier cantidad de respuestas, sin llegar a pronunciar ninguna. Solo pude decir:
-ya...
Y es que al día de hoy, no sé que fue lo que sentí, que me molestó, si su intromisión, su atrevimiento a cuestionar públicamente mis convicciones ( sin dar cabida a ello), sólo porque le pareció oportuno o la vergüenza ajena de verla y oírla marcando pautas adecuadas de conducta, aún sabiendo que estas son antagónicas a su proceder y que casi todos lo presentes han comentado alguna vez, su falta de sinceridad, con ella misma.
Es bueno que, antes de continuar aclare, que no se trata de doble moral. Creo firmemente que cada persona debe (y está en el derecho) de hacer y deshacer su vida a su antojo. Mi hermano suele decir que: “Cada quien que haga de su culo un tambor y busque quien se lo toque” y sea quien sea el autor de la cita, estoy totalmente de acuerdo. Sin embargo, sé que esta “Bipolaridad moral” la padecen muchas personas y se jactan de lo “correcto” de su comportamiento y que, muchas de ellas, son incapaces de controlar su tendencia moralista, convirtiéndose en predicadores de lo correcto y lo sensato, aunque tampoco puedan controlar su vida, sus acciones; siendo tan cobardes como para vivir de manera contraria a sus convicciones y a sus deseos.

Con menos años y experiencia, el mejor ejemplo que podía poner era el de la chica cuya familia le ha inculcado tantas teorías religiosas ( católicas o no) y a pesar de horrorizarse al oír hablar de sexo, tiene más experiencia y variedad en esa materia que, el resto de la clase y prefiere mantener una apariencia y jugar a las escondidas consigo misma. No obstante es capaz de hacer sentir como una zorra, a cualquier chiquilla de su entorno.
En mi caso estos conceptos de correcto e incorrecto, siempre me han dado igual, sin embargo he sufrido "pena ajena", la cual no tiene nada que ver con los patrones de comportamientos sexuales, afectivos, personales, vicios, costumbres... Mi “pena ajena” consiste en sentir vergüenza, ante la exhibición de pésima (o ninguna) educación, la falta de modales, el maltrato verbal, el abuso de poder, la discriminación, la ridiculización, en fin, muchas estupideces que, se cometen en perjuicio de otras personas, con el lamentable agravante de la presencia de terceros y que, inevitablemente tiendo a ponerme en el lugar de la víctima.
Quiero decir que, me da igual que una amiga se desvista en la calle y aplauda con las tetas, que tenga tantos amigos sexuales, como habitantes China o que mi pareja le dé por jugar a los polis nudistas, siempre que no me vea obligada a nada y (en caso de tratarse de mi pareja) el lugar y la situación se preste (aquí tocaría decir que lugares se prestan y cuales no?)
En resumida cuentas, no me siento con autoridad de ningún tipo para cuestionar el comportamiento de nadie, mientras no me afecte directamente (véase el caso de la pareja).
Siempre estoy dispuesta a dar mi apoyo incondicional, millones de palabras de aliento, decenas de billones de besos y abrazos terapéuticos, pero nunca impongo mi criterio a ninguna persona, por mucha confianza y cariño que le tenga. Por todas estas razones y ser una persona que presta mucha atención a los consejos que generosamente me regalan, no puedo evitar consumirme de ira, cuando alguien se atreve a juzgarme, a adivinar y apostar por mis deseos y sentimientos familiares, a interceder por mi en líos personales íntimos y/o privados y lo que es peor ordenarme, con el libro de su vida en mano, como debo actuar en cada situación.
Domingo por la noche, reunión de pocas personas, suficientes años de vida y mucha confianza, tanto como par que cada uno pueda jactarse de conocer el CV personal del resto. En el momento menos esperado, ella se atreve a darme su manual particular de vida y a exponer de manera tajante, lo que según ella, son los principales errores de MI vida (:-o).
Segundos después de que mi humanidad sintiera el recorrido de las miradas incrédulas del resto de la reunión, mientras mi cerebro procesaba cualquier cantidad de respuestas, sin llegar a pronunciar ninguna. Solo pude decir:
-ya...
Y es que al día de hoy, no sé que fue lo que sentí, que me molestó, si su intromisión, su atrevimiento a cuestionar públicamente mis convicciones ( sin dar cabida a ello), sólo porque le pareció oportuno o la vergüenza ajena de verla y oírla marcando pautas adecuadas de conducta, aún sabiendo que estas son antagónicas a su proceder y que casi todos lo presentes han comentado alguna vez, su falta de sinceridad, con ella misma.
FUERZA ELÉCTRICA.
Cualquiera que haya tenido la suerte (o la desdicha) de estudiar conmigo en la universidad, se sorprendería sobremanera porque yo, quisiera escribir cualquier cosa bajo este titulo u otro relacionado. No es que no me guste el tema, simplemente sentíamos aversión mutua, la física y yo.
Ponía Lukre en un post anterior de las descargas eléctricas que, sentimos o creemos sentir cuando estamos frente a una persona y se desata una atracción física mutua (bueno, se que no lo decías con esas palabras). En fin, para concluir su post, preguntaba si alguien había sentido esa fuerza.
SI, un rotundo si fue mi respuesta, aunque esta fuerza nada tiene que ver con el brillo al que hice mención en un post anterior. No sé expresar claramente las diferencias (ni lo voy a intentar), pero la magia, las emociones, las sacudidas e incluso la excitación que produce estar frente a alguien que, te atrae de una manera tan fuerte, como agradable y extraña es (para mí) muy distinto.
Quedarme clavada en unos ojos, envuelta en miles de palabras, dejarme cautivar por maneras y costumbres, sentirme atrapada en risas, tertulias, eso lo he experimentado muchas veces, pero sentir todo eso y además un magnetismo (no se si sexual) que, me quita control sobre mis movimientos, en el primer contacto visual, sólo me ha pasado una vez...con esa intensidad.
A mi “generador eléctrico” le conocí, el día que yo, cumplía veinte y pocos. Como al día siguiente tenía la clásica fiesta de tarta, brindis y cena, decidí celebrarlo con tarta y mucha bebida, en un local nocturno que, estaba de moda, y siempre a reventar de chicos (de chicas también, pero no me importaba esa parte).
Generalmente ( y siempre ha sido así), cuando me llama la atención un hombre, es porque me he fijado en su actitud, la seguridad que denotan sus movimientos, luego los ojos, las manos y bla, bla, bla...otras veces sólo veo que está “que se pudre de lo bueno”y ya, pero esa vez, apenas entre en el sitio en cuestión, me fijé en el culo, su constitución, la estatura, el pelo...y si, también los movimientos del ejemplar. No mire su rostro...bueno, sólo lo miré de espaldas, pero en medio del estridente ruido le dije a la persona que tenía más cerca: “en un rato vengo y le pellizco las nalgas, pa ver si es de verdad”
Realmente no lo hice, pero minutos después recordé que “ten cuidado con aquello que deseas...” justo cuando se acercaba hasta mi, el mega-ejemplar-super-bueno de la noche, con sus firmes piernas, su espléndida sonrisa y una mezcla de timidez y diversión en su mirada que, sería capaz de derribar cualquier barrera...si es que yo hubiera puesto alguna.
Si sentí una atracción, en su momento indescriptible, al mirarle tan cerca, creo que experimenté una descarga eléctrica cuando estreché su mano y sorpresivamente me daba un beso, mientras susurraba “estás de cumpleaños, no?”
Aunque no dudo que hubiera sido una experiencia sumamente excitante, no diré que nos quedamos flechados, inmóviles, hasta que un arrebato sexual se apoderó de ambos, y que ante la mirada atónita del personal, nos besamos de manera hambrienta y desesperada, que nos metimos tantas manos como pudimos, hasta que fue imposible frenar la espléndida erección y la cadena de maravillosos orgasmos, a ritmo de sus dedos...No, esto no ocurrió, no ahí, no así. Él, ni se integro al grupo, sólo nos miramos durante muchos segundos y cruzamos algunas palabras, meras formalidades y regresó a su sitio original.
Unas horas después, me despedía de mis amigos, y en el estacionamiento fui alcanzada por él. Móviles en mano intercambiamos teléfonos, nombres sonrisas, recibí nuevas felicitaciones (esta vez más audibles), halagos, un nuevo beso y una invitación “a cenar o donde tu quieras...cuando tu quieras”.

Con un beso y un “te llamo” nos despedimos. Recibí su llamada al día siguiente, me reiteró la invitación, pero yo no estaba en la ciudad, sino en casa de mis padres, asi que lo dejamos “para cundo regreses”.
Tres día después comenzamos a salir y me confesó que, no era atracción a primera vista, que no era la primera vez que me veía, que esa había sido, cuatro meses antes, en una ciudad que, estaba como a 1000 km de distancia, donde se celebraba un congreso de ingeniería y bla, bla, bla , al cual habíamos asistido, cada uno por su lado.
A pesar de que salimos de manera ininterrumpida durante más de dos meses ( de lunes a domingo) y que la pasábamos realmente bien juntos, con muchas cosas en común y suficientes distintas(insalvables con los días) , como para no aburrirnos y tener siempre de que hablar y experiencias que compartir.
Estas diferencias insalvables, sumadas a su necesidad imperiosa de salir (conmigo) cada día, hasta despuntar el alba ( a pesar de trabajar muchísimo) y mi necesidad eventual de “tiempo libre” echada en el sofá, sola, haciendo nada, pusieron fin a la relación.
Esporádicamente seguíamos saliendo, quizás a cenar, a ver una película, jugar una partida de pool...Quizás porque nuestra amistad se convirtió en una de esas, llamadas incondicionales. Esas que trascienden, a pesar de los amores, el deseo, los matrimonios, la distancia, los divorcios.
Además del post de Lukre, la cercanía de mi cumple, me ha hecho recordarle un poco y pensar si será cierto eso de “ahora casi no salgo, nena. Sólo del trabajo pa’ la casa ”. Seguramente es cierto, tanto como que las chispas pueden saltar mucho, pero durar poco...
Ponía Lukre en un post anterior de las descargas eléctricas que, sentimos o creemos sentir cuando estamos frente a una persona y se desata una atracción física mutua (bueno, se que no lo decías con esas palabras). En fin, para concluir su post, preguntaba si alguien había sentido esa fuerza.
SI, un rotundo si fue mi respuesta, aunque esta fuerza nada tiene que ver con el brillo al que hice mención en un post anterior. No sé expresar claramente las diferencias (ni lo voy a intentar), pero la magia, las emociones, las sacudidas e incluso la excitación que produce estar frente a alguien que, te atrae de una manera tan fuerte, como agradable y extraña es (para mí) muy distinto.
Quedarme clavada en unos ojos, envuelta en miles de palabras, dejarme cautivar por maneras y costumbres, sentirme atrapada en risas, tertulias, eso lo he experimentado muchas veces, pero sentir todo eso y además un magnetismo (no se si sexual) que, me quita control sobre mis movimientos, en el primer contacto visual, sólo me ha pasado una vez...con esa intensidad.
A mi “generador eléctrico” le conocí, el día que yo, cumplía veinte y pocos. Como al día siguiente tenía la clásica fiesta de tarta, brindis y cena, decidí celebrarlo con tarta y mucha bebida, en un local nocturno que, estaba de moda, y siempre a reventar de chicos (de chicas también, pero no me importaba esa parte).
Generalmente ( y siempre ha sido así), cuando me llama la atención un hombre, es porque me he fijado en su actitud, la seguridad que denotan sus movimientos, luego los ojos, las manos y bla, bla, bla...otras veces sólo veo que está “que se pudre de lo bueno”y ya, pero esa vez, apenas entre en el sitio en cuestión, me fijé en el culo, su constitución, la estatura, el pelo...y si, también los movimientos del ejemplar. No mire su rostro...bueno, sólo lo miré de espaldas, pero en medio del estridente ruido le dije a la persona que tenía más cerca: “en un rato vengo y le pellizco las nalgas, pa ver si es de verdad”
Realmente no lo hice, pero minutos después recordé que “ten cuidado con aquello que deseas...” justo cuando se acercaba hasta mi, el mega-ejemplar-super-bueno de la noche, con sus firmes piernas, su espléndida sonrisa y una mezcla de timidez y diversión en su mirada que, sería capaz de derribar cualquier barrera...si es que yo hubiera puesto alguna.
Si sentí una atracción, en su momento indescriptible, al mirarle tan cerca, creo que experimenté una descarga eléctrica cuando estreché su mano y sorpresivamente me daba un beso, mientras susurraba “estás de cumpleaños, no?”
Aunque no dudo que hubiera sido una experiencia sumamente excitante, no diré que nos quedamos flechados, inmóviles, hasta que un arrebato sexual se apoderó de ambos, y que ante la mirada atónita del personal, nos besamos de manera hambrienta y desesperada, que nos metimos tantas manos como pudimos, hasta que fue imposible frenar la espléndida erección y la cadena de maravillosos orgasmos, a ritmo de sus dedos...No, esto no ocurrió, no ahí, no así. Él, ni se integro al grupo, sólo nos miramos durante muchos segundos y cruzamos algunas palabras, meras formalidades y regresó a su sitio original.
Unas horas después, me despedía de mis amigos, y en el estacionamiento fui alcanzada por él. Móviles en mano intercambiamos teléfonos, nombres sonrisas, recibí nuevas felicitaciones (esta vez más audibles), halagos, un nuevo beso y una invitación “a cenar o donde tu quieras...cuando tu quieras”.

Con un beso y un “te llamo” nos despedimos. Recibí su llamada al día siguiente, me reiteró la invitación, pero yo no estaba en la ciudad, sino en casa de mis padres, asi que lo dejamos “para cundo regreses”.
Tres día después comenzamos a salir y me confesó que, no era atracción a primera vista, que no era la primera vez que me veía, que esa había sido, cuatro meses antes, en una ciudad que, estaba como a 1000 km de distancia, donde se celebraba un congreso de ingeniería y bla, bla, bla , al cual habíamos asistido, cada uno por su lado.
A pesar de que salimos de manera ininterrumpida durante más de dos meses ( de lunes a domingo) y que la pasábamos realmente bien juntos, con muchas cosas en común y suficientes distintas(insalvables con los días) , como para no aburrirnos y tener siempre de que hablar y experiencias que compartir.
Estas diferencias insalvables, sumadas a su necesidad imperiosa de salir (conmigo) cada día, hasta despuntar el alba ( a pesar de trabajar muchísimo) y mi necesidad eventual de “tiempo libre” echada en el sofá, sola, haciendo nada, pusieron fin a la relación.
Esporádicamente seguíamos saliendo, quizás a cenar, a ver una película, jugar una partida de pool...Quizás porque nuestra amistad se convirtió en una de esas, llamadas incondicionales. Esas que trascienden, a pesar de los amores, el deseo, los matrimonios, la distancia, los divorcios.
Además del post de Lukre, la cercanía de mi cumple, me ha hecho recordarle un poco y pensar si será cierto eso de “ahora casi no salgo, nena. Sólo del trabajo pa’ la casa ”. Seguramente es cierto, tanto como que las chispas pueden saltar mucho, pero durar poco...
NO ME LLENA...
Me despierto, recuerdo, pienso y veo el amanecer. Lo siento, lo acaricio y lo disfruto, le dibujo los besos, los mismos que no me llenan, mientras añoro los abrazos. Me pregunto por qué, de donde viene esa sensación que, me grita que no es sólo eso lo que no me llena, y que por otro lado, no hay cabida para nada.

Me harto de las preguntas, me parecen tonterías...y es normal, pero sigo con el hueco que consume, y entonces escribo, escribo y dibujo, me evado y me justifico y vuelvo a dibujar. Respondo por enésima vez, “no me pasa nada” y es verdad, sólo quiero concentrarme. No estoy triste, todo lo contrario, pero no deseo explicar nada. Entonces me desconcentro y vuelvo a escribir.
Me sobran las ganas, cuando vivo en el deseo
Me sobran los sueños, cuando empiezo a construirlos
Me sobran las palabras, cuando abundan sentimientos
Me sobran las imágenes, cuando reviven los sabores
Me sobran las manías, cuando puedes tolerarlas.
Pero,
No me llena un beso, cuando carece de abrazos
No me llena una presencia, cuando me desespera la ausencia
No me llena una sonrisa, cuando desconfío de unos ojos
No me llena la ficción, si construyo realidades
No me llenan los “te quieros”, si no dejos de pensarle
Y no sé si no me llena, o se ha adueñado de mi espacio.

Me harto de las preguntas, me parecen tonterías...y es normal, pero sigo con el hueco que consume, y entonces escribo, escribo y dibujo, me evado y me justifico y vuelvo a dibujar. Respondo por enésima vez, “no me pasa nada” y es verdad, sólo quiero concentrarme. No estoy triste, todo lo contrario, pero no deseo explicar nada. Entonces me desconcentro y vuelvo a escribir.
Me sobran las ganas, cuando vivo en el deseo
Me sobran los sueños, cuando empiezo a construirlos
Me sobran las palabras, cuando abundan sentimientos
Me sobran las imágenes, cuando reviven los sabores
Me sobran las manías, cuando puedes tolerarlas.
Pero,
No me llena un beso, cuando carece de abrazos
No me llena una presencia, cuando me desespera la ausencia
No me llena una sonrisa, cuando desconfío de unos ojos
No me llena la ficción, si construyo realidades
No me llenan los “te quieros”, si no dejos de pensarle
Y no sé si no me llena, o se ha adueñado de mi espacio.
CUERNOS TERAPÉUTICOS
Los hombres tienen un radar que, les permite saber cuando sus ex intentan rehacer su vida con otra pareja, por eso siempre son tan inoportunos cuando hacen acto de presencia, después de terminada la relación. Esto lo he oído, incluso lo he dicho cuando me ha parecido que, soy victima de este comportamiento y he llegado a concluir que, ese debe ser el sexto sentido de los hombres. Estoy segura que no sucede con todos.
Cualquiera puede decir que es egoísmo, probablemente lo sea, pero siempre me he preguntado, si existe otro motivo más “profundo” o simplemente es eso, que no pueden tolerar ver que, alguien invade el espacio de esa persona que, una vez fue su compañera.
Es entonces cuando al ex-hombre de mi vida o príncipe desteñido, le entran unas ganas de reconquistar lo perdido, se enfunda en su armadura de caballero medieval y se dispone a hacer una llamada del tipo “solo te llamo, para ver tu que tal”, para literalmente descolocar la rehabilitación de la ex o peor, aparecer con su mejor sonrisa, blandiendo la espada de la sinceridad y revolviéndole la amargura por la ira...o el corazón por el dolor. Todo esto lo he pensado, desde mi posición de mujer heterosexual, supongo que algunas mujeres actuarán así e incluso peor.
Esto lo comentaba hace unos días con una amiga, quien no está siendo afectada por este tipo de comportamiento de parte de un ex, sino con un señor al que sólo la une una relación laboral, quien aparte de declarar abiertamente, día por medio, estar colado-apasionado por ella, tiene una pareja actual, y una ex, con la cual pretende que ella comparta los días restantes, además de entrar a escena, justo cuando ella comienza las etapas de ligue o “he empezado a salir con alguien”. Descartando las intenciones de un trío o un “pool de cuatro”, no puede (ni yo) entender lo que busca con esta conducta, como no sea que a sus mujeres, les exalte sobremanera ver que otra se cuele por su marido.
Mi prima CJ afirma que, no hay nada como un cuerno para reavivar la llama del amor, porque según ella, “La mayoría de los hombres son cabrones por naturaleza, (darle a cabrón cualquier significado que les apetezca, cualquiera sirve) y aparte de excitarles excesivamente que su mujer sea muy deseada por otros tipos, les encanta que esté en la mira de otro y si le pone los cuernos, mucho mejor”. Vamos, que aumenta la demanda, y el valor. Yo no afirmo ni descarto, pero de ser cierto, seguramente hay muchas féminas padeciendo de lo mismo.
Ella sostiene que no hay nada más excitante para muchos hombres, como saber que la mujer por la cual suspira, de igual forma que hace el amor con él, lo hace con otro al mismo tiempo y que, ahora ella debe conformarse con disfrazarse de cualquier cantidad de cosas, alquilar suites temáticas, porque lamentablemente, se ha vuelto jodidamente fiel y no puede poner en práctica esa teoría.

De ser cierto esto, creo que yo tendría muy difícil, eso de mantener encendida la llama olímpica de la lujuria. Digo creo, porque sólo he estado en pareja por menos de cuatro años y puedo asegurar que, realmente no nos aburríamos en materia sexual, lo cual no quiere decir, de ninguna manera que, hacíamos el amor, tres veces, los siete días de la semana y cada vez en un sitio distinto... bueno, casi, pero se dice que ese período es justo lo que dura la pasión( además, yo soy sumamente apasionada e irresistible). De manera que, esos datos no cuentan.
Por otro lado, mi amigo JH, experto en divorcios ( no es abogado, pero se ha separado tres veces), dice que este comportamiento de algunos hombres, no es más que la consecuencia del comportamiento femenino. Él asegura que suficientes mujeres, pasan toda la relación evitando integrarse a la pareja, evadiendo el sexo, en fin años pasando del marido, pero un avez firmada la separación, lo convierten en centro de su atención, Aficionándose por las actividades que antes detestaba (y que a él le gustaban). Afirma de manera tajante que, una vez divorciados, ella se reconstruye de manera total, pero no para rehacer su vida con otro, sino, para que todo el mundo le diga lo muy buena que se ha puesto, lo sexy que se ve, mientras sus nuevas tetas gritan, “mira lo que te pierdes cabrón” cuando coincide “inesperadamente” contigo.
En cuanto al apartado, Cuernos Terapéuticos, me resultaría complicado, seguir los consejos de CJ, porque aparte de fiel soy pelín (bastante) intransigente, cuando de aceptar la traición se trata, sin embargo y a quien le resulte tentador y cómodo, no debería privarse de probar, todo sea por recuperar (o tener) un estilo de vida que, realmente satisfaga a la persona y si además hace feliz a su pareja, no veo motivo para perder el tiempo, negándose a las antiquísimas prácticas de “ ponme los cuernos, pero no me dejes” o “amor sin cachos, es como jardín sin flores”¿no?
Soy de las que piensa que, todo cuanto la pareja pueda hacer para evitar caer en la monotonía (o salir de ella) es válido, llámese fantasía o guarrería (hasta ahora no creo que esto sea aplicable al sexo), En fin, disfrazarte de enfermera sexy, teñirse los pelos púbicos con los colores de su selección favorita, restregarte contra él en el ascensor de manera descarada, con tus vecinos del 5-B dentro y todo lo que se cruce por la mente. Todo es permitido, siempre y cuando no vaya en contra de nuestra filosofía, nuestra integridad, que no exista coacción, obligación de alguna de las partes y cuando no se trate de manipulación para retener a una persona a tu lado, a quien pones menos que a tu hermano, el que no tiene problemas psicológicos, claro. Si, después de tantas limitaciones muchos pensarán que, es más sencillo un cuernito de nada, no?
Cualquiera puede decir que es egoísmo, probablemente lo sea, pero siempre me he preguntado, si existe otro motivo más “profundo” o simplemente es eso, que no pueden tolerar ver que, alguien invade el espacio de esa persona que, una vez fue su compañera.
Es entonces cuando al ex-hombre de mi vida o príncipe desteñido, le entran unas ganas de reconquistar lo perdido, se enfunda en su armadura de caballero medieval y se dispone a hacer una llamada del tipo “solo te llamo, para ver tu que tal”, para literalmente descolocar la rehabilitación de la ex o peor, aparecer con su mejor sonrisa, blandiendo la espada de la sinceridad y revolviéndole la amargura por la ira...o el corazón por el dolor. Todo esto lo he pensado, desde mi posición de mujer heterosexual, supongo que algunas mujeres actuarán así e incluso peor.
Esto lo comentaba hace unos días con una amiga, quien no está siendo afectada por este tipo de comportamiento de parte de un ex, sino con un señor al que sólo la une una relación laboral, quien aparte de declarar abiertamente, día por medio, estar colado-apasionado por ella, tiene una pareja actual, y una ex, con la cual pretende que ella comparta los días restantes, además de entrar a escena, justo cuando ella comienza las etapas de ligue o “he empezado a salir con alguien”. Descartando las intenciones de un trío o un “pool de cuatro”, no puede (ni yo) entender lo que busca con esta conducta, como no sea que a sus mujeres, les exalte sobremanera ver que otra se cuele por su marido.
Mi prima CJ afirma que, no hay nada como un cuerno para reavivar la llama del amor, porque según ella, “La mayoría de los hombres son cabrones por naturaleza, (darle a cabrón cualquier significado que les apetezca, cualquiera sirve) y aparte de excitarles excesivamente que su mujer sea muy deseada por otros tipos, les encanta que esté en la mira de otro y si le pone los cuernos, mucho mejor”. Vamos, que aumenta la demanda, y el valor. Yo no afirmo ni descarto, pero de ser cierto, seguramente hay muchas féminas padeciendo de lo mismo.
Ella sostiene que no hay nada más excitante para muchos hombres, como saber que la mujer por la cual suspira, de igual forma que hace el amor con él, lo hace con otro al mismo tiempo y que, ahora ella debe conformarse con disfrazarse de cualquier cantidad de cosas, alquilar suites temáticas, porque lamentablemente, se ha vuelto jodidamente fiel y no puede poner en práctica esa teoría.

De ser cierto esto, creo que yo tendría muy difícil, eso de mantener encendida la llama olímpica de la lujuria. Digo creo, porque sólo he estado en pareja por menos de cuatro años y puedo asegurar que, realmente no nos aburríamos en materia sexual, lo cual no quiere decir, de ninguna manera que, hacíamos el amor, tres veces, los siete días de la semana y cada vez en un sitio distinto... bueno, casi, pero se dice que ese período es justo lo que dura la pasión( además, yo soy sumamente apasionada e irresistible). De manera que, esos datos no cuentan.
Por otro lado, mi amigo JH, experto en divorcios ( no es abogado, pero se ha separado tres veces), dice que este comportamiento de algunos hombres, no es más que la consecuencia del comportamiento femenino. Él asegura que suficientes mujeres, pasan toda la relación evitando integrarse a la pareja, evadiendo el sexo, en fin años pasando del marido, pero un avez firmada la separación, lo convierten en centro de su atención, Aficionándose por las actividades que antes detestaba (y que a él le gustaban). Afirma de manera tajante que, una vez divorciados, ella se reconstruye de manera total, pero no para rehacer su vida con otro, sino, para que todo el mundo le diga lo muy buena que se ha puesto, lo sexy que se ve, mientras sus nuevas tetas gritan, “mira lo que te pierdes cabrón” cuando coincide “inesperadamente” contigo.
En cuanto al apartado, Cuernos Terapéuticos, me resultaría complicado, seguir los consejos de CJ, porque aparte de fiel soy pelín (bastante) intransigente, cuando de aceptar la traición se trata, sin embargo y a quien le resulte tentador y cómodo, no debería privarse de probar, todo sea por recuperar (o tener) un estilo de vida que, realmente satisfaga a la persona y si además hace feliz a su pareja, no veo motivo para perder el tiempo, negándose a las antiquísimas prácticas de “ ponme los cuernos, pero no me dejes” o “amor sin cachos, es como jardín sin flores”¿no?
Soy de las que piensa que, todo cuanto la pareja pueda hacer para evitar caer en la monotonía (o salir de ella) es válido, llámese fantasía o guarrería (hasta ahora no creo que esto sea aplicable al sexo), En fin, disfrazarte de enfermera sexy, teñirse los pelos púbicos con los colores de su selección favorita, restregarte contra él en el ascensor de manera descarada, con tus vecinos del 5-B dentro y todo lo que se cruce por la mente. Todo es permitido, siempre y cuando no vaya en contra de nuestra filosofía, nuestra integridad, que no exista coacción, obligación de alguna de las partes y cuando no se trate de manipulación para retener a una persona a tu lado, a quien pones menos que a tu hermano, el que no tiene problemas psicológicos, claro. Si, después de tantas limitaciones muchos pensarán que, es más sencillo un cuernito de nada, no?
TÚ, LLEVATE TODO...o no hay quinto malo.
Nos pasamos toda la vida escuchando a mucha gente decir que, el dinero no lo es todo, que hay cosas más importantes, por una u otra razón, acabas dándote cuenta que es verdad. A la mayoría nos lo han dicho en casa. Indudablemente es más sencillo decirlo si las necesidades están ausentes, no pasas frío (o calor) y puedes ir cada día a un buen colegio. Si el único problema a la hora de la comida, es que los niños aprendan pronto a manejar todos los cubiertos y se coloquen la servilleta encima de las piernas.
Estas cosa las crees de verdad, pero resulta que un día te haces (o te crees) mayor, te vas de casa, te toca hacer presupuestos, pagarte todo y llegas a sentir que el cochino dinero es tan imprescindible, que día por medio, consideras que es lo más importante, aunque no lo digas a menudo.
Necesitas satisfacer necesidades, te das cuenta que cuesta ganarlo y que gastarlo es lo más fácil del mundo. Pasas temporadas bajo mínimo y el cochino orgullo te impide enviar un SOS a papá o a mamá, para obtener algún ingreso y ante la pregunta “cómo andas de dinero?”, eres tan imbecil de responder “bien, bien”, aunque no tengas ni un céntimo y acabes de convencerte que el dinero no estira, ni que lo eleves al cuadrado.
Después, la crisis desaparece, te adaptas, te acostumbras cubres necesidades, incluso te alcanza para más cosas y comienzas a darte cuenta, que el dinero ayuda, pero que son otras cosas la que te satisfacen, que si, que tal vez, esas también las puedas pagar, pero quien sabe.
Hace un tiempo, dos de mis primitos, la última de la generación, Ana(5) David(4) discutían acerca de cual colegio era mejor y tenía más cosas, cuando la “mayorcita” del grupo, Daniela, quiso ejercer de mediador:
Daniela: lo importante no es lo material, sino que puedas ir al colegio, tengas una familia y vivan en una casa, donde te sientas seguro y protegido, no importan los muebles ni tu ropa, siempre que esté limpia y no tengas frío.
David: Ahhh, y si te da hambre...y no tienes un cocina o te da sed y no tienes una nevera...¿ te vas al colegio caminando?.¡ajá!... ¿y tu no tienes cama? ¿dónde duermes?
Para molestia de Dani, los adultos no pudimos evitar reirnos, mientras ella buscaba con la mirada el apoyo de su mamá, obligándola a aclarar a David que, esas cosas eran necesidades y que también lo era estudiar, trabajar, en fin todo lo que se suele decir en estos casos.

A pesar de lo didáctico de la charla, la percepción del niño era muy buena, porque es fácil decir eso cuando lo tienes todo o cuando no necesitas nada (que es lo realmente importante). Sin embargo, ella tenía razón, cuando dijo que, lo que vale más que nada es la seguridad, ese saber (o creer) que nadie puede hacerte daño, que eres inmune a todo.
Afortunadamente nunca has sentido ningún apego material, incluso intentas mantener a raya el llamado “valor sentimental”, porque es lo único que puede ayudarte cuando te tropiezas con alguien para quien el dinero es más importante que nada.
Alguien a quien le da igual tu dolor, sea físico o psicológico. Una persona, para quien tu vida se cotiza, de acuerdo al valor de tu reloj, tus joyas, tu carro, el dinero que llevas en el bolso y es capaz de quitarte tu vida, si te atreves a defender lo que sabes es tuyo, pero cree que lo merece, sólo porque puede borrarte de un plomazo (literalmente), con sólo mover un dedo, si te atreves a decir no.
Estas cosa las crees de verdad, pero resulta que un día te haces (o te crees) mayor, te vas de casa, te toca hacer presupuestos, pagarte todo y llegas a sentir que el cochino dinero es tan imprescindible, que día por medio, consideras que es lo más importante, aunque no lo digas a menudo.
Necesitas satisfacer necesidades, te das cuenta que cuesta ganarlo y que gastarlo es lo más fácil del mundo. Pasas temporadas bajo mínimo y el cochino orgullo te impide enviar un SOS a papá o a mamá, para obtener algún ingreso y ante la pregunta “cómo andas de dinero?”, eres tan imbecil de responder “bien, bien”, aunque no tengas ni un céntimo y acabes de convencerte que el dinero no estira, ni que lo eleves al cuadrado.
Después, la crisis desaparece, te adaptas, te acostumbras cubres necesidades, incluso te alcanza para más cosas y comienzas a darte cuenta, que el dinero ayuda, pero que son otras cosas la que te satisfacen, que si, que tal vez, esas también las puedas pagar, pero quien sabe.
Hace un tiempo, dos de mis primitos, la última de la generación, Ana(5) David(4) discutían acerca de cual colegio era mejor y tenía más cosas, cuando la “mayorcita” del grupo, Daniela, quiso ejercer de mediador:
Daniela: lo importante no es lo material, sino que puedas ir al colegio, tengas una familia y vivan en una casa, donde te sientas seguro y protegido, no importan los muebles ni tu ropa, siempre que esté limpia y no tengas frío.
David: Ahhh, y si te da hambre...y no tienes un cocina o te da sed y no tienes una nevera...¿ te vas al colegio caminando?.¡ajá!... ¿y tu no tienes cama? ¿dónde duermes?
Para molestia de Dani, los adultos no pudimos evitar reirnos, mientras ella buscaba con la mirada el apoyo de su mamá, obligándola a aclarar a David que, esas cosas eran necesidades y que también lo era estudiar, trabajar, en fin todo lo que se suele decir en estos casos.

A pesar de lo didáctico de la charla, la percepción del niño era muy buena, porque es fácil decir eso cuando lo tienes todo o cuando no necesitas nada (que es lo realmente importante). Sin embargo, ella tenía razón, cuando dijo que, lo que vale más que nada es la seguridad, ese saber (o creer) que nadie puede hacerte daño, que eres inmune a todo.
Afortunadamente nunca has sentido ningún apego material, incluso intentas mantener a raya el llamado “valor sentimental”, porque es lo único que puede ayudarte cuando te tropiezas con alguien para quien el dinero es más importante que nada.
Alguien a quien le da igual tu dolor, sea físico o psicológico. Una persona, para quien tu vida se cotiza, de acuerdo al valor de tu reloj, tus joyas, tu carro, el dinero que llevas en el bolso y es capaz de quitarte tu vida, si te atreves a defender lo que sabes es tuyo, pero cree que lo merece, sólo porque puede borrarte de un plomazo (literalmente), con sólo mover un dedo, si te atreves a decir no.
NO PRINCESA, BUSCA NO PRINCIPE.
Cuando iba al kinder ( mi querido preescolar), quise participar en el concurso para ser la reina de carnaval. Recuerdo perfectamente que, me había negado a formar parte del “magno evento de la belleza de primeras letras”, pero en el último momento desee ser la soberana.
Puede ser que me motivaran los deseos de llamar la atención, para estas fechas yo era “la niña más linda del universo”, para el hombre más guapo del mundo, aún no tenía cuatro años y la planilla de crisis existenciales la tenía en blanco...por poco tiempo.
Lo cierto es que, cuando anuncié en casa los planes, solo escuché de mis padres un “¡¡NOOOOO!!” a coro. Parecían asustados, recordaron nuestro acuerdo verbal de “cero eventos en carnaval”, por lo duro que era tener que pasarte los cuatro días de fiesta caminando y bailando, calle arriba, calle abajo y perdernos la escapada de carnaval a la casa de la playa.
Para terminar el tema, mi papi, me dijo que yo, era la princesa de su corazón. Por mucho tiempo fui tan fiel a esa declaración, que no aceptaba que ningún otro hombre utilizara tan “real” distinción conmigo. Tiempo después asumí esa experiencia como un fracaso y cada vez que hacía referencia a ese episodio de mi vida, digo “cuando perdí el reinado del kinder”.
Aún recuerdo todo perfectamente el dia de la coronación, incluso el cartel con el nombre de la ganadora y lo mucho que disfruté junto con Vicky y los “chicos malos” lanzándoles caramelos a quemaropa a la reina y su cortejo.
¿A que viene esto? Bueno sucede que últimamente veo una gran cantidad de mujeres que hablan (y escriben) a estas alturas de hallar un príncipe azul (que no destiña) y algunas otras que creyeron tenerlo, pero que de manera repentina se encontraron besando un batracio horrendo lleno verrugas y no descartan continuar con la búsqueda.
Me alegro que sea así, es importante perseverar. Además seguramente queda por ahí, algún príncipe azul, guapo, cariñoso, inteligente, soltero y con ganas de rescatar y proteger a una indefensa damisela de sus penas ¿no? Sólo hay que recordar que, los efectos narcóticos que, nos hacen verlos azules, pueden ser muy adictivos (hablo por mí) y podemos dedicarnos media vida a lamer sapos, sintiéndolos príncipes, reyes o dioses, lo cual es muy excitante si tenemos claro que, después de todo, esta puede ser la mejor etapa del cuento.
Algunos hombres para no quedarse atrás se han atrevido a manifestar que están a la espera de su princesa...por cierto, no todas son rosadas o con la boca de fresa, ¡que va! Cada uno de ellos tiene sus requerimientos y especificaciones, que distan mucho de eso. He oído algunas características muy sorprendentes, aunque las encuestas y los supuestos estudios estadísticos, nos digan lo contrario.
Estos requerimientos me reafirman cada día que, afortunadamente no aspiro al rol de princesa (aunque haya dicho lo contario alguna vez), no porque lo siga viendo como un premio de consolación, sino porque me parece que son las más sufridas del cuento. Se pasan trescientas páginas sufriendo, para ser felices en cinco palabritas trilladas. Seguro que la bruja del cuento se divierte más, aunque al final deba cambiar de sapo.

El viernes comenté esta anécdota, mientras hablaba de apelativos y cuentos de hadas, con un él, que bien podría ser un príncipe. Después de huir de una reunión, para poder ver mi ultimo enganche, una serie francesa, en la cual los diálogos no pudieron ser más oportunos, cuando dos de los protagonistas, JP y Guilles discutían el mismo tema.
JP (Gay): Un príncipe sólo debe ser, musculoso, joven y con poco cerebro.
Gilles (Heterosexual abierto): Una princesa, sólo debe tener inmensas tetas, boca muy grande, labios muy gruesos...y sin cerebro.
Ante la duda, pregunté:
-¿Dijo labios muy gruesos?
-Si y con la boca grande, pero no para hablar. Bueno es sólo un tópico...así no quiero una princesa...yo soy más básico.
No pude evitar recordar lo que en mi segunda adolescencia era mi “hombre perfecto”Le he ido quitando tantas cualidades, que ya parece un modelo básico...eso si, muy funcional. Me estaré haciendo conformista, mayor o menos romántica...
Puede ser que me motivaran los deseos de llamar la atención, para estas fechas yo era “la niña más linda del universo”, para el hombre más guapo del mundo, aún no tenía cuatro años y la planilla de crisis existenciales la tenía en blanco...por poco tiempo.
Lo cierto es que, cuando anuncié en casa los planes, solo escuché de mis padres un “¡¡NOOOOO!!” a coro. Parecían asustados, recordaron nuestro acuerdo verbal de “cero eventos en carnaval”, por lo duro que era tener que pasarte los cuatro días de fiesta caminando y bailando, calle arriba, calle abajo y perdernos la escapada de carnaval a la casa de la playa.
Para terminar el tema, mi papi, me dijo que yo, era la princesa de su corazón. Por mucho tiempo fui tan fiel a esa declaración, que no aceptaba que ningún otro hombre utilizara tan “real” distinción conmigo. Tiempo después asumí esa experiencia como un fracaso y cada vez que hacía referencia a ese episodio de mi vida, digo “cuando perdí el reinado del kinder”.
Aún recuerdo todo perfectamente el dia de la coronación, incluso el cartel con el nombre de la ganadora y lo mucho que disfruté junto con Vicky y los “chicos malos” lanzándoles caramelos a quemaropa a la reina y su cortejo.
¿A que viene esto? Bueno sucede que últimamente veo una gran cantidad de mujeres que hablan (y escriben) a estas alturas de hallar un príncipe azul (que no destiña) y algunas otras que creyeron tenerlo, pero que de manera repentina se encontraron besando un batracio horrendo lleno verrugas y no descartan continuar con la búsqueda.
Me alegro que sea así, es importante perseverar. Además seguramente queda por ahí, algún príncipe azul, guapo, cariñoso, inteligente, soltero y con ganas de rescatar y proteger a una indefensa damisela de sus penas ¿no? Sólo hay que recordar que, los efectos narcóticos que, nos hacen verlos azules, pueden ser muy adictivos (hablo por mí) y podemos dedicarnos media vida a lamer sapos, sintiéndolos príncipes, reyes o dioses, lo cual es muy excitante si tenemos claro que, después de todo, esta puede ser la mejor etapa del cuento.
Algunos hombres para no quedarse atrás se han atrevido a manifestar que están a la espera de su princesa...por cierto, no todas son rosadas o con la boca de fresa, ¡que va! Cada uno de ellos tiene sus requerimientos y especificaciones, que distan mucho de eso. He oído algunas características muy sorprendentes, aunque las encuestas y los supuestos estudios estadísticos, nos digan lo contrario.
Estos requerimientos me reafirman cada día que, afortunadamente no aspiro al rol de princesa (aunque haya dicho lo contario alguna vez), no porque lo siga viendo como un premio de consolación, sino porque me parece que son las más sufridas del cuento. Se pasan trescientas páginas sufriendo, para ser felices en cinco palabritas trilladas. Seguro que la bruja del cuento se divierte más, aunque al final deba cambiar de sapo.

El viernes comenté esta anécdota, mientras hablaba de apelativos y cuentos de hadas, con un él, que bien podría ser un príncipe. Después de huir de una reunión, para poder ver mi ultimo enganche, una serie francesa, en la cual los diálogos no pudieron ser más oportunos, cuando dos de los protagonistas, JP y Guilles discutían el mismo tema.
JP (Gay): Un príncipe sólo debe ser, musculoso, joven y con poco cerebro.
Gilles (Heterosexual abierto): Una princesa, sólo debe tener inmensas tetas, boca muy grande, labios muy gruesos...y sin cerebro.
Ante la duda, pregunté:
-¿Dijo labios muy gruesos?
-Si y con la boca grande, pero no para hablar. Bueno es sólo un tópico...así no quiero una princesa...yo soy más básico.
No pude evitar recordar lo que en mi segunda adolescencia era mi “hombre perfecto”Le he ido quitando tantas cualidades, que ya parece un modelo básico...eso si, muy funcional. Me estaré haciendo conformista, mayor o menos romántica...
DISLEXIA EMOCIONAL
Siempre me ha costado mucho hablar de las cosas que “me afectan demasiado”, expresarlas claramente, sin temor a sentirme demasiado vulnerable. Quizás por esa razón (y por que me gusta) suelo escribirlas, leerlas y hasta me atrevo a publicar algunas, no siempre de manera directa, como muchos han notado. La razón principal es que puedo ser muy tímida, emocionalmente hablando, necesito sentir mucho calor para desnudarme, al ritmo de las palabras.
Afortunadamente tengo varios amigos que conocen la melodía a la perfección y otros, muy buenos en el dominio de las lenguas, quienes gentilmente ejercen de traductores y puedo asegurar que son excelentes. Lamentablemente no puedo pedirles que, expresen ciertas cosas por mí...
¿Lo quise decir? Si, pero no lo dije. Aunque intente hacerlo, deje pasar cada una de las señales que pude ver. No estoy segura si las enviaba o si por el contrario era él quien esperaba una...ahora estoy segura que no. En mi favor diré que era tarde, parecía cansado y yo, necesitaba dormir...
Sinceramente, pienso que fue mejor, porque a medida que la conversación empezaba a “hacerse profunda” (que no sexual) mi cuerpo amenazaba con derretirse de manera inevitable, porque mientras hablaba, me era imposible concentrarme.
¿Desee escribirlo? Si, lo hice, pero no puede leerlo, ni le di la oportunidad de hacerlo. Intenté enviar mis palabras a su casa, pero desconfié del correo, de las circunstancias y de mi convencimiento.
Sólo pensaba en todos esos matices que me seducían y que inevitablemente me conducían a la excitación. N o supe si sería bueno pormenorizar todo cuanto me provocaba, todo cuanto imaginaba, porque seguramente parecería un relato porno y ese no era el plan, a pesar de que un gran parte de mis letras contendrían mucha carga sexual.
Intenté ser sutil, sin embargo necesita ser directa, no quería usar metáforas ni expresiones ambiguas que, requirieran una posterior explicación de mi parte o que le contagiara (o reafirmara) una aparente confusión, que internamente no existía, pero que las circunstancias lo habían hecho parecer de esa manera.

Escribí y escribí, todo cuanto quería decir, hable de sus palabras y mi morbo de mi sonrisa y sus risas, de mis miedos y sus deseos, incluso del cariño, de mi pasado, de su futuro. De nuestras cosas comunes que, contradictoriamente parecen antagónicas. Hable del día a día, del tiempo y por que no, de la intriga sexual que, por instantes me superaba.
En fin, describí tanto, que me llené de interrogantes al leerlo. Era tan largo, que me dio pereza sintetizarlo y tomé la salida fácil, dejarlo así, no decirlo ni enviarlo, no leerlo, ni borrarlo.
Un día después, me siento en su regazo y me concentro en sus frases, en descifrar su aroma y su respiración, en continuar con el juego del gato y el ratón, ese que tarde o temprano llega a aburrir, esperando que un día las caricias que te queman, sean tan frías que te congelen.
De momento y mientras me esfuerzo por dominar ciertas lenguas, intentaré, a punta de golpes, derribar ciertas barreras, que unas veces me protegen, pero que otras me abstraen o me complican.
Aclarando ideas: ¿Cuál es el cumplido más original y excitante que, te han dedicado?
Afortunadamente tengo varios amigos que conocen la melodía a la perfección y otros, muy buenos en el dominio de las lenguas, quienes gentilmente ejercen de traductores y puedo asegurar que son excelentes. Lamentablemente no puedo pedirles que, expresen ciertas cosas por mí...
¿Lo quise decir? Si, pero no lo dije. Aunque intente hacerlo, deje pasar cada una de las señales que pude ver. No estoy segura si las enviaba o si por el contrario era él quien esperaba una...ahora estoy segura que no. En mi favor diré que era tarde, parecía cansado y yo, necesitaba dormir...
Sinceramente, pienso que fue mejor, porque a medida que la conversación empezaba a “hacerse profunda” (que no sexual) mi cuerpo amenazaba con derretirse de manera inevitable, porque mientras hablaba, me era imposible concentrarme.
¿Desee escribirlo? Si, lo hice, pero no puede leerlo, ni le di la oportunidad de hacerlo. Intenté enviar mis palabras a su casa, pero desconfié del correo, de las circunstancias y de mi convencimiento.
Sólo pensaba en todos esos matices que me seducían y que inevitablemente me conducían a la excitación. N o supe si sería bueno pormenorizar todo cuanto me provocaba, todo cuanto imaginaba, porque seguramente parecería un relato porno y ese no era el plan, a pesar de que un gran parte de mis letras contendrían mucha carga sexual.
Intenté ser sutil, sin embargo necesita ser directa, no quería usar metáforas ni expresiones ambiguas que, requirieran una posterior explicación de mi parte o que le contagiara (o reafirmara) una aparente confusión, que internamente no existía, pero que las circunstancias lo habían hecho parecer de esa manera.

Escribí y escribí, todo cuanto quería decir, hable de sus palabras y mi morbo de mi sonrisa y sus risas, de mis miedos y sus deseos, incluso del cariño, de mi pasado, de su futuro. De nuestras cosas comunes que, contradictoriamente parecen antagónicas. Hable del día a día, del tiempo y por que no, de la intriga sexual que, por instantes me superaba.
En fin, describí tanto, que me llené de interrogantes al leerlo. Era tan largo, que me dio pereza sintetizarlo y tomé la salida fácil, dejarlo así, no decirlo ni enviarlo, no leerlo, ni borrarlo.
Un día después, me siento en su regazo y me concentro en sus frases, en descifrar su aroma y su respiración, en continuar con el juego del gato y el ratón, ese que tarde o temprano llega a aburrir, esperando que un día las caricias que te queman, sean tan frías que te congelen.
De momento y mientras me esfuerzo por dominar ciertas lenguas, intentaré, a punta de golpes, derribar ciertas barreras, que unas veces me protegen, pero que otras me abstraen o me complican.
Aclarando ideas: ¿Cuál es el cumplido más original y excitante que, te han dedicado?