DIARIO DE UNA INTIMIDAD DESNUDA II
Dime una frase inteligente...es que hoy no quiero presumir.
Acerca de
Aqui me gustaría hacer una lista de mis cualidades, o describir lo maravillosa que soy...pero el espacio es limitado.
Sindicación
 
SIN COMODINES…o tacaños sentimentales (Remake)
Siempre me han gustado los juegos de preguntas y respuestas; Algunos los tengo en juegos para ordenadores, o de mesa, con dados y fichas, y alguno miro por televisión. Uno de estos programas, en particular me gustaba bastante, al punto de esperarlo cada semana, y ser seguidora, vía satélite, de las versiones de varios países. En este concurso, que imagino saben su nombre, el participante contaba con tres comodines, tres ayudas que se pueden usar, una sola vez, en cualquier momento: Llama a un amigo, quien en menos de 30 segundos te puede ayudar telefónicamente; 50 / 50, donde sólo le dan al participante dos opciones de las cual debe seleccionar una; y Consulta a la audiencia: El público dirá cuál cree que es la respuesta correcta para ayudar al concursante.

Bien, una de las cosas que me fastidiaba, era el hecho que una persona que no tenía ni la más remota idea acerca de la respuesta, jugara a adivinar, cuando se trataba de probar sus conocimientos y no de un juego de ruleta. La otra situación, que me parecía menos coherente aún, era la de no usar ninguna de las ayudas, y arriesgarse, sin intentar disminuir el margen de error; en fin, que se ahorrara las ayudas, a pesar de la usual advertencia del presentador: “No te lleves los comodines a casa”, siempre pensaba que esa persona debía ser realmente tacañ@, para no gastar las ayudas, y lanzarse a decir cualquier tontería, si más. Claro, también podemos estar ante un caso típico de autosuficiencia.

El caso es que creo, que lo que realmente me fastidiaba, es que no me gusta la gente tacaña, no me gusta la gente que se priva de cosas cuando puede permitírselas con toda holgura; y es que cada vez que veo a alguien, que de manera extrema (ojo) prefiere vivir como un miserable para ahorrar, me imagino que esa persona es incapaz de entregarse por completo a algo, y mucho menos a alguien. Los imagino como tacaños sentimentales integrales; esas personas que creen que pueden exigir todo a su pareja, pero reservándose más del 50% de sus sentimientos, o limitan sus emociones, su entrega y no aprovechan ninguna oportunidad de jugar a ganador, solo por el miedo a perder; pero como me digo alguien una vez, que me quejaba de lo mismo: “todo pedigüeño es mezquino”

¿A que viene todo esto?, eso me pregunté yo, cuando después de un sostener esta conversación con B., el chico de los abdominales lindos ( y la bella sonrisa):

-¿Es que tu también eres de las que se relacionan con reservas?

-¿Qué quieres decirme?
-Que si llevas un a coraza, para que nadie te haga daño?... y que por eso no te enamoras, bla, bla, bla, bla, “

-Nooo, yo no llevo coraza, mascaras, ni disfraces, en todo caso, desde hace MUCHO tiempo, uso un escudo para protegerme de los manipuladores emocionales….

-Explica…

-Son aquellas personas que notan la capacidad de amar sin reservas, de entregarte sin condiciones y de querer vivir plenamente la vida de una relación, y encima pretenden manipular la situación a su modo, basándose en la sensación de necesidad, que muchas veces puede ser real o transmitida por error.



Entonces pensé en qué realmente lo que no quiero es creer necesitar de alguien específico para ser feliz, y seguir creyendo que amor y necesidad son dos cosas muy distintas. Que sigo creyendo en arriesgar el todo, en no guardarme nada, en agotar todo, incluso los comodines.

Luego me preguntó: qué debe tener un hombre para que me entregue sin reservas, y me sienta segura de ir sin escudo. Le dije muchas cosas que considero necesarias, entre ellas la necesidad de descartar la tacañería antes mencionada. Desde ayer he estado pensando en alguna cosita más, que no me atrevería a mencionarle.

Actualización _2: Este post lo debería tener impreso, en el bolso, y entregarlo antes de responder: "no, no tengo niños" :)
 
UN SUEÑO EN EL ABISMO (Historia prestada)
Ella se acercó lentamente, mientras veía la angustia dibujada en su cara. Él sólo levantó la mirada, y sintió ganas de llorar, al ver las incipientes lágrimas en aquellos ojos color avellana, que revolvían su alma.

Ella lo rodeó con sus brazos le dijo:

-¿Quieres oír una historia, que me contó mi abuelo?
-¿cuál abuelo?
-El criollo.
-ok.. cuéntala.



"Había una vez un pequeño y alejado pueblo, el cual era atravesado por un río no muy profundo. Los habitantes de este pueblo, se veían diariamente en la necesidad de cruzar el pequeño río, pero como no les gustaba mojarse lo pies, caminaban por encima de las piedras que les servían de puente. Sin embargo, cuando llegaba la época de lluvia, todo se nublaba, y el río crecía mucho y las aguas se ponían muy turbias, por lo que el camino de piedras no se veía, y mucho menos podía ser utilizado.

En estas ocasiones, las personas que necesitaban realmente ir al otro lado del pueblo, contaban con los favores de un hombre muy alto y muy tonto, que los subía sobre sus hombros y los llevaba de orilla a orilla, una y otra vez.

Así pasaron los años, hasta que un buen día, en plena temporada de lluvias, "el gigante tonto" decide marcharse del pueblo para nunca regresar, y todos los demás se deprimieron tanto porque tendrían que quedarse en su lado del pueblo, que lo único que se les ocurrió, fue sentarse a llorar y lamentarse por semanas enteras, y con la esperanza de que aquel gigante regresará a devolver la comodidad de sus vidas.

Mientras esto ocurría sus cosechas se perdían por no poder ir al mercado a venderlas. Algunos niños no tenían ropa, y a otros incluso, les faltó la comida.

Todos decían que ya no tenían razones para vivir. Todos se querían irse a otro pueblo, pero nadie se atrevía a meterse al agua, hasta que una mañana, todos se sorprendieron al ver llegar a un forastero, que solía venir en hombros del gigante.

Todos estaban sorprendidos de ver que su ropa estaba seca, sólo lo miraban de arriba a abajo, hasta que alguien preguntó:

- ¿Cómo cruzó el río, si ya el gigante se ha ido, nosotros no sabemos hacerlo sin él?

-¡ De aquel lado, Aprendimos a caminar sobre las aguas!

Y desde ese día todos se dieron cuenta que no necesitaban al gigante, ni a nadie, para llegar hasta donde querían, sólo debían mojarse de vez en cuando, y si era necesario, caminar sobre las aguas"

Porque no siempre las cosas son tan fáciles, pero siempre podemos ser lo que queremos.

Porque cuando se cierran todas las puertas, se logra abrir una ventana, que por cierto, casi siempre es una Gran Ventana.

Porque aunque no aprendamos a caminar sobre las aguas, siempre podemos mojarnos enteros, nadar o hasta bucear, mientras pasa la tormenta.

Porque después de todo, la lluvia siempre cesa, y las aguas vuelven a su nivel, y aún así es mejor no depender de nadie.