
La
fauna ibérica que se puede observar en el
Metro de Madrid por la mañana es de lo más abundante y variopinto. Viajar en el tren es algo que todos hemos sufrido en nuestras carnes y el que no sepa de qué le hablo le animo a que lo haga pues es una experiencia que no se pueden perder.
1. Lo normal en el metro es que quepan unas veinte personas en un metro cuadrado de espacio. Es algo que debes asumir nada más entrar en la estación. En ese pequeño espacio en el que habitas durante unos minutos, no sueles tener unas vistas agradables... hombre, si mides dos metros tendrás la ventaja sobre otros de poder respirar.
2. También puede ocurrir toda suerte de
malentendidos. Sin ir más lejos, esta mañana he dado sin querer a una mujer en el culo cuando intentaba doblar mi periódico. Ella se ha girado pero como ha visto que quien le había dado un palmetazo en el trasero era una chica, aparentemente inofensiva, pues lo ha dejado pasar....si llego a ser un tío me hubiese ganado un hostión del quince. O a lo mejor me he salvado porque le he hecho sentirse querida...que todo puede ser.
3. Otra de las cosas graciosas que te pueden pasar en el metro es que, después de una dura jornada veraniega de trabajo, intentes volver a tu casa a duras penas entrando en un vagón donde por casualidades de la vida
no funcionan los conductos de ventilación. Tu sólo cierras los ojos y piensas que tu estación está cada vez más cerca. Mientras, a la gente se le caen los churretones de sudor por la cara y las axilas...y tu intentas pensar que estás en un jardín, y que ese hedor no es más que embriagadores aromas de flores exóticas...buag.
4. Si eres mujer, cabe la posibilidad de que pulule por tu alrededor algún
energúmeno que se aburre en casa. Otra experiencia traumática respecto a este tema la sufrí el fin de semana pasado: yo tiendo a pensar bien de la gente, por eso creo que ese muchacho era un jilipollas. Son cosas que no te esperas, me explico, yo estaba tan feliz (o mejor dicho, todo lo feliz que el metro de Madrid nos permite) y de repente me fijo en un tipejo que está lejos de mí y que mira hacia el sitio donde estoy yo... empezó a hacer cosas raras con la boca como dando besitos. Yo miraba hacia atrás pensando, con toda mi buena fe, que se estaba comunicando con alguien cercano ( otra vez pensando bien de las personas). Pues va a ser que no.
5. El ENERGÚMENO empezó a besar lascivamente una carpeta que tenía en sus brazos mirando hacia donde yo estaba...Aun hoy en día sigo teniendo fe en la gente y pienso que lo que vi fue producto de los vapores que emitían las axilas de los viajeros...Pero sigo pensando que ese ENERGÚMENO era un jilipollas ( pobrecillo, que lastimica me da). Menos mal que en ese momento iba con un amigo que con presencia amenazadora miro al tipejo ese que cesó de jilipolleces...No se si sirvió de algo...me da que el ENERGÚMENO seguirá siendo jilipollas...
Bueno, no se que más puede pasar en el metro. Para mi estas experiencias son suficientes, gracias. Vosotros podéis poner en vuestros comentarios alguna cosa que os haya pasado...se pueden escribir hasta guiones de películas.
Saludos: La Dama de Shalott vuelve a la carga...