A ti, mortal:
Las mismas calles, las mismas caras, la misma ciudad llena de contaminación y tráfico. Ahora te mueves por el mundo por inercia, sin que haya un motivo que te haga levantarte por las mañanas y comenzar un nuevo y eterno día. Trabajas para ganar dinero, estatus, pagar una casa, para ser libre, para después gastarlo todo en ocio, en la búsqueda de una artificial felicidad. Horas de tu vida invertidas en una necesidad creada, antinatural de acaparar y reunir objetos artificiales a los que estás condenado a no poder llevártelos a la tumba o a donde sea que vayas cuando tu cuerpo casando y corrupto se desintegre en la tierra. Paradójica libertad.
A ti, persona entre personas quiero hablarte de un lugar. Para acceder a el no puedes pagar ni regalar algo material ya que su llegada se precipita como el que tira una piedra al vacío.

Una noche, tus ojos se tornarán por la pesadez recogida a lo largo de los años y sentirás que te sumerges en un inmenso mar helado que se te clavará en el cuerpo como mil espinas de cristal. Abres los ojos y sólo puedes ver la oscuridad. Esa oscuridad se tornará poco a poco en color azul oscuro que se irá degradando hacia la claridad. No hay oxigeno, ya no lo necesitas.
De repente sentirás que su ser es impulsado hacia la superficie y se hará la luz como un fogonazo violento.
Fuera no existe el menor ruido. Todo está bañado por el silencio. Lo único que te hace pensar en tu existencia en ese espacio es el viento, un viento gélido que te golpea de vez en cuando si saber de dónde y que, tras tocarte, se pierde en la inmensidad.
Hace mucho frío pero eso ya da igual. Todo es blanco y gris y, todo está lleno de agua, un líquido cristalino sin vida que no suena, no se mueve. Todo está quieto.
No existe nada y al mismo tiempo existe todo en ese lugar. Si existiese el miedo éste nos invadiría por sentirnos exponencialmente solos. Nadas y no sabes hacia dónde, en ese lugar no existe el norte. Si existiera no sabríamos dónde cae mediante algo material como una brújula (porque no nos podemos llevar nada material) pero nos podemos guiar por una especie de sol que ilumina (no con mucha potencia) el cielo lleno de nubes grises que no se mueven nunca.
Tampoco se tiene tiempo de sentir la tristeza. Esos sentimientos ya no existen. Lo único que haces es dejarte llevar por la composición como si fuera un cuadro abstracto al que no se le puede sacar significado alguno. Te dejas llevar pero en tu interior sientes que hay un pequeño foco de fuerza donde están todos esos sentimientos que alguna vez experimentaste. Existe la incomprensión, el dolor, la rabia, etc. pero poco a poco, y sin que puedas hacer nada, es un fuego que se va extinguiendo y se va enfriando a medida que te integras en el paisaje gélido.
Sólo hace frío, frío, frío,...
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