El sonido del mar
viene de lejos,con la brisa,para decirnos algo..sólo hay que aprender a escucharlo
Acerca de
"El sonido del mar induce a la reflexión, a la calma, al contacto con uno mismo. Potencia la capacidad de concentración y la recuperación de energía"... No hace mucho que volví de muy lejos, y son tantas las cosas que allí viví , que sentí, que aprendí, vidas que nunca imaginé, rincones que soñé, gente que se quedó con parte de mi para siempre...Desde entonces el mar no deja de susurrarme al oido , me trae esas voces que vienen de muy lejos para hacérmelas cercanas; y a todo el que quiera oirlas.
Sindicación
 
CONGUITO.


Iba en el coche mirando por la ventanilla totalmente inmersa en mis pensamientos y, de repente, al sonar la canción de Wes me ha vuelto a pasar lo mismo. El mismo nudo en la garganta que intento contener pero me desborda, la misma sensación en la piel, de vello de punta, de escalofrío. La mente y el corazón que se me van muy lejos. Los ojos que ya no ven lo que tengo delante, sino lo que les muestra el recuerdo, un recuerdo que se presenta en imágenes, y que cuando escucho esta canción es tan tremendamente intenso, tan real, que yo ahora realmente he dejado de estar en este coche.
La música me ha acogido en su seno y me ha llevado volando hasta allí, a la puerta de mi casa de Baneghang, al camino. Y aunque esté mirando por esta ventanilla, los colores que veo se recomponen en paisajes de allí. Y estoy ahí, jugando con los niños, hablándoles de aquí y de allá, sentada mirándolos. Oigo el sonido de sus risas, sus voces…Siento dentro de mi el ritmo de sus bailes. Me desmontan sus miradas de ojos negros intensos, penetrantes. Su alegría, sus cuerpecitos de barriga hinchada, sus ojillos bailarines, su curiosidad por todo “lo blanco”…Pero cuando intento abrazarlos se desvanecen, no puedo tocarlos ni bailar con ellos. Entonces, las lágrimas. El recuerdo es traicionero…es capaz de traerte la imagen, la sensación y la emoción intacta, pero cuanto más te acercas ellas más se separan de ti. Es como un puente entre el presente y el pasado. Te deja estar sobre él, para que no olvides, pero sólo te deja ir en una dirección. Ojalá un día aprenda a disfrutar sólo de estar sobre él, pero aún no sé. Cuando subo siempre quiero volver, aunque sólo sea un ratito.

Le llamábamos Conguito, pequeño, redondo y negro, con unos ojos enormes que te miraban y te derretían. Al principio era muy receloso, siempre que pasábamos por el camino se quedaba mirándonos desde la puerta de su casa. Después empezó a llamarnos y a provocarnos pero siempre desde lejos, y, cuando nos acercábamos, salía corriendo a refugiarse en casa. Y, poco a poco, se iba acercando más y más, pidiendo juego como los demás en las poquitas palabras de francés que conocía: “Chasse-moi” (para que le persiguiésemos corriendo, el pilla-pilla) o “Donne-moi le bombon” (para que le diésemos caramelos) o pidiéndonos lápices y papel para garabatear algo en la puerta de casa mientras nosotros trabajábamos a su lado. Sus pequeñas encías sangraban mientras chupaba la caña de azúcar por tanta comida y suciedad acumuladas. Era uno de los niños más pobres y descuidados de la comunidad, y muy falto de atención y cariño, pero como todos, aunque no lo noten. No sé si fue bueno que desde tan pequeño descubriera que existían los besos y los achuchones y arrumacos ( allí no hay tiempo para este tipo de mimos a un niño, están fuera de toda costumbre), creo que se acostumbró a ellos y que le gustaron demasiado. Quizá descubrió un tipo de amor y atención que allí nunca se le podrá dar, y eso me duele, porque si al menos no lo hubiese probado...También alguna vez lo escondimos dentro de casa entre nosotras para darle de comer lo que nos había sobrado, cosa que se supone no se debe hacer en ningún caso, porque habría que alimentar a tantos niños…Pero lo hicimos, no sé por qué con él, no sé por qué era tan especial para mí. El caso es que me acabé convirtiendo en una especie de madre para él en la comunidad. No se separaba de mí, y sólo quería que le hiciera caso a él. Se ponía celoso de los otros niños, y si les prestaba atención les pegaba y les mordía. Su propia madre y hermanas mayores salían al camino cuando yo pasaba y lo llamaban para que se viniera comigo. Su propia madre me pidió que me lo trajera a España. Aún retumban en mi cabeza esas palabras. No puedo olvidarlas. Ni esa carita y ese cuerpecillo frágil entre mis manos.

Sigo preguntándome ¿ por qué me pasó con él? Solo encuentro una respuesta: le puse cara a un pueblo invisible, a muchas vidas de lucha olvidadas por todos. CONGUITO es sólo un símbolo.

Y mientras se pierde suavemente la música de esa canción que me ha traido de nuevo hasta aquí, mientras me seco las lágrimas, me pregunto… ¿Cómo la cara de un niño y el alma de un pueblo pueden clavarse tan dentro?