3er Trabajo de Heracles: Capturar la cierva de Cerinia y llevarla viva a Micenas

Euristeo le impuso a Heracles que capturara a una cierva que habitaba en Énoe. Euríspides cuenta simplemente que era un animal de una talla grande, que asolaba las cosechas. Heracles la mató, y consagró sus cuernos al templo de Artemio Enoatis. Pero esta versión no es solo aislada, sino que se contradice con la leyenda tal y como se cuenta generalmente. Tiene por objeto borrar del ciclo de lo que parecía un rasgo de impiedad del héroe.
Esta cierva según Calímaco, era una de las cinco que que Ártemis había encontrado en otros tiempos paciendo en el monte Liceo.
Todas tenían cornamentas doradas y eran más grandes que toros. La diosa quedo con cuatro, que engancho a su cuadriga; pero la quinta, por orden de Hera, se refugio en el monte Cerinia, y con el tiempo sirvió como prueba a Heracles. El animal estaba consagrado a Ártemis, se dice que llevaba un collar con la inscripción: “Taigeto me ha dedicado Ártemis”. Matarla e incluso tocarla era, por tanto un acto impío.
Esta cierva era muy veloz. Heracles la persiguió un año entero sin alcanzarla; sin embargo, acabo fatigándose y busco refugio en el monte Artemiso. Como Heracles porfiaba en su persecución, quiso atravesar el rió Ladón, en Arcadia. En este momento, el héroe la hirió levemente con una flecha, después de lo cual le fue muy fácil apresarla y cargársela sobre los hombros. Pero cuando atravesaba Arcadia, se encontró con Ártemis y Apolo; ambas divinidades quisieron quitarle el animal, que les pertenecía; lo acusaron, además de haber tratado de darle muerte, lo cual constituía un sacrilegio. Heracles salio del apuro cargando la responsabilidad a Euristeo, hasta el extremo de que los dioses terminaron devolviéndole la cierva y autorizándolo a proseguir su camino.
Comentario:
Vuelve a faltar el indispensable elemento de interpretación y transformación personal. El mito está tal cual y se echa en falta una mayor implicación de tu propia creativad en el mismo. Un saludo.





