EL HOMBRE QUE USA MÁS LACA QUE YO
No me quejo de que no tenga tiempo para mí porque sí que lo tengo, tampoco de que tenga que chuparme kilómetros de caravana desde el extrarradio hasta mi trabajo porque no me la chupo, ni de tener un jefe capullo que me haga la vida imposible porque no lo tengo. No me quejo de que el aparcar me suponga un trauma porque no aparco, tampoco me quejo de nuestro Alcalde, ni del precio del tomate (me los compra mi madre). No me quejo de que tenga problemas para matricular a mi niño en el colegio que está al lado de mi casa porque ni tengo niño, ni tengo colegio al lado de mi casa. No me quejo de mis vecinos porque son encantadores, sigo comprándome cd’s originales y me da igual si los precios son abusivos o no, simplemente si no lo puedo comprar: no lo hago.
Sí, probablemente sea más frívola ¿Y QUÉ? ¿acaso una diablesa no tiene derecho a quejarse?, es dura la vida de una diablesa, no te vayas a creer, sobre todo cuando el castillo de arena que has construido, vuelve a caerse una vez más.
La mayoría de los días me levanto sola, otras veces el amante de turno se queda a dormir conmigo. Pero los días en los que no tengo a nadie por la noche que me abrace y que me haga una buena limpieza de cañerías, el día que no me cuesta levantarme porque no tengo a nadie al lado que me sujete por la cintura y me diga que nos quedemos cinco minutos más en la cama, ese día me levanto con bastante tranquilidad.
Hace tiempo que llegué a la conclusión que me levante a la hora que me levante, llego tarde al trabajo, así que ¿para qué sofocarme corriendo por la casa si de todos modos voy a fichar después de mi hora de entrada?
Desayuno productos ricos en fibra y lleno mi cuerpo de L. cassei defensis que tan de moda están.. y claro, una será cualquier cosa, pero a la moda intenta estar siempre, hasta en el plano alimentario.

Me doy una ducha de agua muy caliente, hasta que las rodillas se me quedan rojas, me cuesta respirar y mi termo se queda sin refuerzos. Lleno religiosamente mi cuerpo de leches, aceites, cremas hidratantes, tónicos y mil mierdas en las que quiero creer que algo harán. Entre otras cosas porque gran parte de mi sueldo se van en ellas.
Me pongo un modelo, luego otro y otro.. y puedo llegar a cambiarme hasta cuatro veces de ropa.. Me peino (cosa que lleva gran parte de mi tiempo), me maquillo y hago toda la parafernalia que creo que es más dura que llevar a cualquier crío a la guardería.
Doy de comer a mi dos gatos, y hablo con ellos (a pesar de que uno de ellos sea sordo). Elijo complementos (decidir el bolso no es tarea tan sencilla) y me hago la remolona antes de salir. Voy caminando hasta mi oficina mientras regalo mis oídos con lo que yo creo que es buena música.
El jovencito repartidor del 20minutos me regala todos los días una sonrisa que ganas me dan de empujarle contra la pared y demostrarle lo que es sonreír por un buen motivo.
Para mí no es un gran trauma ir a la oficina.. no. Gracias a mi trabajo puedo hacer lo que ahora mismo estoy haciendo (creando un blog), hablar con mi gente por e-mail, hablar gratis por teléfono con quien me de la gana, surtirme de galletas, coca colas light, prensa, etc sin tener que pagar un duro. Escuchar música y charlar de lo primero que se nos pasa por la cabeza. No está mal tampoco, ¿no?
Muchas tardes, al terminar mi jornada laboral, puedo dedicarlas a quedar, es fácil que pueda tener una cita para tomar algo, ir al cine o de compras o simplemente me voy a mi casa a tirarme en el sofá y ver el Diario de Patricia que, entre tú y yo y sin que se entere nadie, me tiene totalmente enganchada.
No tengo un gran sueldo, pero me llega para pagar mi pequeña casa, alimentar mis gatos y alimentarme yo con bifidus activos, L. cassei defensis o acidfofilus, pegarme un buen viaje de vez en cuando, permitirme mis trapitos, mis mules o una barra de labios de Kanebo.
Intento evitar que la gente me cuente sus mierdas, ya tengo bastante con las mías como para interesarme por las miserias de los demás. Hace tiempo que me di cuenta de que cargar con las pesadumbres de la gente que te rodea, da dolor de espalda, de cabeza y no me dejaba dormir por las noches. Ahora sólo me intereso por los problemas de la gente realmente cercana a mí y os aseguro que esas personas se puede contar con los dedos de una mano. Los problemas de los demás, no los quiero, gracias. Que se los cuenten a otra.
Y no me tiembla el pulso al decir todo eso, no creo que tenga que pedir disculpas a nadie por tener tiempo libre, hacer lo que me plazca con mi cuerpo y poder vivir sola sin tener el ya cansino problema con el aparcamiento o tráfico.
No hace demasiado, cuando la que suscribe ya no era que tuviera el corazón cerrado por derribo, sino que lo tenía clausurado, malherido, taladrado, pisado, humillado, escupido y con pocas pintas de quedar restablecido, tuvo una mala borrachera y llegó a la conclusión y/o decisión de tomarse la vida con la mayor frivolidad que pudiera, ya que siendo sensible, sensitiva, amorosa, fiel y cariñosa me había ido como el culo pues pasaría al Plan B: que todo me resbalara, que no iba a dar a las cosas más importancia de la necesaria, es más: intentaría no dar ni importancia a las cosas y todo para mí fuera de una trivialidad pasmosa.
Me iba a dejar de remilgos y estrecheces y haría lo que mi cuerpo me pidiera fuera cual fuese el momento y el lugar. No pensar en si fulano o mengano puede ser un psicópata que quiere abrirme en canal y comerse mi higadillo con cuchillo y tenedor, o pensar en si está mal cepillarse al muchachito de turno cuando sólo has intercambiado cuatro palabras con él y un gran número de magreos y besos... ¡¡Noo!!. Había llegado la hora de pensar primero en mí, segundo en mí y tercero en mí.

Este comportamiento te da una gran tranquilidad al, por ejemplo, salir un sábado por la noche. Esa forma de ver las cosas me daba una sensación de poder y de seguridad en mí misma que me estaba gustando. Poder decir a un tipo “no te molestes en pedirme el número de teléfono para luego no llamar. Yo tenía las mismas ganas que tú de echar un polvo y de no querer nada más”.
En muy poco tiempo me acostumbré a este tipo de comportamiento frívolo y he de decir que me encantó, con un poco de práctica me había convertido en una experta.
Muy rápidamente mi móvil se llenaba de contactos que podían serme muy útiles para una tarde de domingo de cine, o para que me instalaran el DVD, o simplemente para tomarme unos mojitos y acabar en mi casa dándome el revolcón y no dando la oportunidad a mis gatos para que se quedaran con el olor del tipo al que probablemente no iban a volver a ver. Total, ¿para qué?
Pero queridos míos, que sorpresa me he dado cuando me he percatado de que ahora que yo me he convertido en el comportamiento masculino al que a mí me tenían acostumbrada, ahora que yo soy lo que siempre he odiado en el sexo contrario, ahora que me siento orgullosa de no lamentarme por no recordar como se llamaba el del fin de semana pasado.... es ahora y no antes cuando me he dado cuenta de que los papeles se han cambiado.
Me gustaría saber en que momento exacto el hombre tomó la postura de la mujer. A lo mejor fue el mismo momento en el que yo muté al papel de ellos. Podéis imaginaros cual ha sido mi cara al tener que escuchar cosas del tipo.
- Yo también tengo un corazoncito
- Sólo te pido que me respetes
- ¿Qué has hecho con mi autoestima?
- ¿Crees que estoy más gordo?
- Etc.
Ahora que nosotras hemos aprendido que el príncipe azul no existe, que lo más parecido que vimos fue el Príncipe color mierda, ahora que podemos gozar con y de nuestro cuerpo en solitario o con quien nos apetezca, ahora que no nos sentimos unas cerdas por coger el móvil y ser nosotras las que llamemos para decir una serie de obscenidades, ahora que ocurre todo eso y mucho más, resulta que es también el momento en el que el hombre de pronto se vuelve sensible y adopta el papel de la mujer.
Ahora, para mi sorpresa, él se siente un hombre objeto si sólo le llamas para follar. Ahora de pronto él piensa mucho en el AMOR VERDADERO (en mayúsculas) y se preocupa porque su piel se ha agrietado con el frío. Ahora resulta que llora, que es sensible, que le gusta el cine romántico en v.o., que no le importa pasarse un día entero de compras, que se preocupa por el medio ambiente y por las labores sociales. Ahora voy y me entero de que el sexo para ellos es mejor si se hace con amor, que no se duerme hasta que no le haces una llamada perdida para que sepa que has llegado bien a casa.... Venga, ¡¡¡por Dios!!! ¿Quien se ha dedicado a hacer de mi mundo el Show de Truman? ¿es esto una broma de mal gusto?
¡Pues ahora me cruzo de brazos y me enfado!. Quiero al hombre de antes, al tipo de cromañón que vendía su alma al diablo por un partido de fútbol, muchas cervezas, amigotes y que te pegaba una plamada en el culo cuando pasabas a su lado... y que no contento con eso de decía “churri, traeme otra cerveza tú que estás más cerca” (cuando estabas justo a la misma distancia que él). Al tipo que se ponía un pantalón de chándal para andar por casa y que le encantaba tomar el aperitivo los domingos por la mañana y no te contaba los martinis que llevabas. Al que no era el moralista coñazo con el tabaco, los petas y le encantaba engancharte en el momento que menos te lo esperabas: encima de la lavadora, limpiando el baño o echando alpiste al canario.

Reivindico mi derecho en reclamar al hombre que no le importaba mucho más que lo que echaban en la tele y suplico que se marche el que cultiva su interior, toma flores de bach y va al psicoanalista porque se siente vacío.
Imploro que se marche la clase de hombre que ahora resulta que le interesa en que momento estás llegando al orgasmo o que quiere ver tanto tu interior que te folla con un periscopio puesto. No me gusta el hombre que lee a Friedrich Nietzsche para dejar de lado el Marca y suplico que se marche para no volver EL HOMBRE QUE USA MÁS LACA QUE YO.
- Con que seamos uno el que tiene problemas existenciales es suficiente. Deja que sea yo la que los tenga ya que el género femenino lleva más siglos de práctica que el vuestro.
- Con un culto en casa sobra y para eso ya estoy yo. No me pone cachonda filosofar a las cuatro de la mañana hablando de Kant.
- Si sigues hablando sin parar y haciéndote el interesante, lo más fácil que me puede pasar es lo que me pasó: que me quede dormida con tu cola en la mano.
- No me vengas con depresiones y con que si te sientes vacío. Eso también dejámelo a mí, también tengo más experiencia que tú.
- No me vas a impresionar si me dices que eres filosofo, ingeniero, arquitecto o profesor de disminuidos psíquicos... En su momento quedó muy bien pero me he dado cuenta de que ahora prefiero a un fontanero con un mono azul puesto, remangado y con el pecho lleno de pelos en los que poder agarrarme mientras grito.
- Hablando de pelos te diré que dejes de quitártelos. Gastas más en depilación que yo.
- No te comas la cabeza en pensar si debes llamarme o no o quien fue el último que lo hizo y por qué. Nosotras ya hicimos esto durante mucho tiempo y ese papel os va fatal. Llámame cuando te apetezca y dejate de mariconadas de que voy a pensar si me llamas cuando sólo nos conocemos de un día. Pensaré que quieres decirme algo, hablar conmigo o quedar, así de simple.
- Que me digas que eres metrosexual no es algo bueno, de hecho me parece una estupidez.
En fin, podría seguir, pero tengo cosas mejores que hacer: pancartas para irme frente a Presidencia del Gobierno para reclamar que cada sexo vuelva al papel que le corresponde y del que nunca teníamos que haber salido.
He dicho.
Sí, probablemente sea más frívola ¿Y QUÉ? ¿acaso una diablesa no tiene derecho a quejarse?, es dura la vida de una diablesa, no te vayas a creer, sobre todo cuando el castillo de arena que has construido, vuelve a caerse una vez más.
La mayoría de los días me levanto sola, otras veces el amante de turno se queda a dormir conmigo. Pero los días en los que no tengo a nadie por la noche que me abrace y que me haga una buena limpieza de cañerías, el día que no me cuesta levantarme porque no tengo a nadie al lado que me sujete por la cintura y me diga que nos quedemos cinco minutos más en la cama, ese día me levanto con bastante tranquilidad.
Hace tiempo que llegué a la conclusión que me levante a la hora que me levante, llego tarde al trabajo, así que ¿para qué sofocarme corriendo por la casa si de todos modos voy a fichar después de mi hora de entrada?
Desayuno productos ricos en fibra y lleno mi cuerpo de L. cassei defensis que tan de moda están.. y claro, una será cualquier cosa, pero a la moda intenta estar siempre, hasta en el plano alimentario.

Me doy una ducha de agua muy caliente, hasta que las rodillas se me quedan rojas, me cuesta respirar y mi termo se queda sin refuerzos. Lleno religiosamente mi cuerpo de leches, aceites, cremas hidratantes, tónicos y mil mierdas en las que quiero creer que algo harán. Entre otras cosas porque gran parte de mi sueldo se van en ellas.
Me pongo un modelo, luego otro y otro.. y puedo llegar a cambiarme hasta cuatro veces de ropa.. Me peino (cosa que lleva gran parte de mi tiempo), me maquillo y hago toda la parafernalia que creo que es más dura que llevar a cualquier crío a la guardería.
Doy de comer a mi dos gatos, y hablo con ellos (a pesar de que uno de ellos sea sordo). Elijo complementos (decidir el bolso no es tarea tan sencilla) y me hago la remolona antes de salir. Voy caminando hasta mi oficina mientras regalo mis oídos con lo que yo creo que es buena música.
El jovencito repartidor del 20minutos me regala todos los días una sonrisa que ganas me dan de empujarle contra la pared y demostrarle lo que es sonreír por un buen motivo.
Para mí no es un gran trauma ir a la oficina.. no. Gracias a mi trabajo puedo hacer lo que ahora mismo estoy haciendo (creando un blog), hablar con mi gente por e-mail, hablar gratis por teléfono con quien me de la gana, surtirme de galletas, coca colas light, prensa, etc sin tener que pagar un duro. Escuchar música y charlar de lo primero que se nos pasa por la cabeza. No está mal tampoco, ¿no?
Muchas tardes, al terminar mi jornada laboral, puedo dedicarlas a quedar, es fácil que pueda tener una cita para tomar algo, ir al cine o de compras o simplemente me voy a mi casa a tirarme en el sofá y ver el Diario de Patricia que, entre tú y yo y sin que se entere nadie, me tiene totalmente enganchada.
No tengo un gran sueldo, pero me llega para pagar mi pequeña casa, alimentar mis gatos y alimentarme yo con bifidus activos, L. cassei defensis o acidfofilus, pegarme un buen viaje de vez en cuando, permitirme mis trapitos, mis mules o una barra de labios de Kanebo.
Intento evitar que la gente me cuente sus mierdas, ya tengo bastante con las mías como para interesarme por las miserias de los demás. Hace tiempo que me di cuenta de que cargar con las pesadumbres de la gente que te rodea, da dolor de espalda, de cabeza y no me dejaba dormir por las noches. Ahora sólo me intereso por los problemas de la gente realmente cercana a mí y os aseguro que esas personas se puede contar con los dedos de una mano. Los problemas de los demás, no los quiero, gracias. Que se los cuenten a otra.
Y no me tiembla el pulso al decir todo eso, no creo que tenga que pedir disculpas a nadie por tener tiempo libre, hacer lo que me plazca con mi cuerpo y poder vivir sola sin tener el ya cansino problema con el aparcamiento o tráfico.
No hace demasiado, cuando la que suscribe ya no era que tuviera el corazón cerrado por derribo, sino que lo tenía clausurado, malherido, taladrado, pisado, humillado, escupido y con pocas pintas de quedar restablecido, tuvo una mala borrachera y llegó a la conclusión y/o decisión de tomarse la vida con la mayor frivolidad que pudiera, ya que siendo sensible, sensitiva, amorosa, fiel y cariñosa me había ido como el culo pues pasaría al Plan B: que todo me resbalara, que no iba a dar a las cosas más importancia de la necesaria, es más: intentaría no dar ni importancia a las cosas y todo para mí fuera de una trivialidad pasmosa.
Me iba a dejar de remilgos y estrecheces y haría lo que mi cuerpo me pidiera fuera cual fuese el momento y el lugar. No pensar en si fulano o mengano puede ser un psicópata que quiere abrirme en canal y comerse mi higadillo con cuchillo y tenedor, o pensar en si está mal cepillarse al muchachito de turno cuando sólo has intercambiado cuatro palabras con él y un gran número de magreos y besos... ¡¡Noo!!. Había llegado la hora de pensar primero en mí, segundo en mí y tercero en mí.

Este comportamiento te da una gran tranquilidad al, por ejemplo, salir un sábado por la noche. Esa forma de ver las cosas me daba una sensación de poder y de seguridad en mí misma que me estaba gustando. Poder decir a un tipo “no te molestes en pedirme el número de teléfono para luego no llamar. Yo tenía las mismas ganas que tú de echar un polvo y de no querer nada más”.
En muy poco tiempo me acostumbré a este tipo de comportamiento frívolo y he de decir que me encantó, con un poco de práctica me había convertido en una experta.
Muy rápidamente mi móvil se llenaba de contactos que podían serme muy útiles para una tarde de domingo de cine, o para que me instalaran el DVD, o simplemente para tomarme unos mojitos y acabar en mi casa dándome el revolcón y no dando la oportunidad a mis gatos para que se quedaran con el olor del tipo al que probablemente no iban a volver a ver. Total, ¿para qué?
Pero queridos míos, que sorpresa me he dado cuando me he percatado de que ahora que yo me he convertido en el comportamiento masculino al que a mí me tenían acostumbrada, ahora que yo soy lo que siempre he odiado en el sexo contrario, ahora que me siento orgullosa de no lamentarme por no recordar como se llamaba el del fin de semana pasado.... es ahora y no antes cuando me he dado cuenta de que los papeles se han cambiado.
Me gustaría saber en que momento exacto el hombre tomó la postura de la mujer. A lo mejor fue el mismo momento en el que yo muté al papel de ellos. Podéis imaginaros cual ha sido mi cara al tener que escuchar cosas del tipo.
- Yo también tengo un corazoncito
- Sólo te pido que me respetes
- ¿Qué has hecho con mi autoestima?
- ¿Crees que estoy más gordo?
- Etc.
Ahora que nosotras hemos aprendido que el príncipe azul no existe, que lo más parecido que vimos fue el Príncipe color mierda, ahora que podemos gozar con y de nuestro cuerpo en solitario o con quien nos apetezca, ahora que no nos sentimos unas cerdas por coger el móvil y ser nosotras las que llamemos para decir una serie de obscenidades, ahora que ocurre todo eso y mucho más, resulta que es también el momento en el que el hombre de pronto se vuelve sensible y adopta el papel de la mujer.
Ahora, para mi sorpresa, él se siente un hombre objeto si sólo le llamas para follar. Ahora de pronto él piensa mucho en el AMOR VERDADERO (en mayúsculas) y se preocupa porque su piel se ha agrietado con el frío. Ahora resulta que llora, que es sensible, que le gusta el cine romántico en v.o., que no le importa pasarse un día entero de compras, que se preocupa por el medio ambiente y por las labores sociales. Ahora voy y me entero de que el sexo para ellos es mejor si se hace con amor, que no se duerme hasta que no le haces una llamada perdida para que sepa que has llegado bien a casa.... Venga, ¡¡¡por Dios!!! ¿Quien se ha dedicado a hacer de mi mundo el Show de Truman? ¿es esto una broma de mal gusto?
¡Pues ahora me cruzo de brazos y me enfado!. Quiero al hombre de antes, al tipo de cromañón que vendía su alma al diablo por un partido de fútbol, muchas cervezas, amigotes y que te pegaba una plamada en el culo cuando pasabas a su lado... y que no contento con eso de decía “churri, traeme otra cerveza tú que estás más cerca” (cuando estabas justo a la misma distancia que él). Al tipo que se ponía un pantalón de chándal para andar por casa y que le encantaba tomar el aperitivo los domingos por la mañana y no te contaba los martinis que llevabas. Al que no era el moralista coñazo con el tabaco, los petas y le encantaba engancharte en el momento que menos te lo esperabas: encima de la lavadora, limpiando el baño o echando alpiste al canario.

Reivindico mi derecho en reclamar al hombre que no le importaba mucho más que lo que echaban en la tele y suplico que se marche el que cultiva su interior, toma flores de bach y va al psicoanalista porque se siente vacío.
Imploro que se marche la clase de hombre que ahora resulta que le interesa en que momento estás llegando al orgasmo o que quiere ver tanto tu interior que te folla con un periscopio puesto. No me gusta el hombre que lee a Friedrich Nietzsche para dejar de lado el Marca y suplico que se marche para no volver EL HOMBRE QUE USA MÁS LACA QUE YO.
- Con que seamos uno el que tiene problemas existenciales es suficiente. Deja que sea yo la que los tenga ya que el género femenino lleva más siglos de práctica que el vuestro.
- Con un culto en casa sobra y para eso ya estoy yo. No me pone cachonda filosofar a las cuatro de la mañana hablando de Kant.
- Si sigues hablando sin parar y haciéndote el interesante, lo más fácil que me puede pasar es lo que me pasó: que me quede dormida con tu cola en la mano.
- No me vengas con depresiones y con que si te sientes vacío. Eso también dejámelo a mí, también tengo más experiencia que tú.
- No me vas a impresionar si me dices que eres filosofo, ingeniero, arquitecto o profesor de disminuidos psíquicos... En su momento quedó muy bien pero me he dado cuenta de que ahora prefiero a un fontanero con un mono azul puesto, remangado y con el pecho lleno de pelos en los que poder agarrarme mientras grito.
- Hablando de pelos te diré que dejes de quitártelos. Gastas más en depilación que yo.
- No te comas la cabeza en pensar si debes llamarme o no o quien fue el último que lo hizo y por qué. Nosotras ya hicimos esto durante mucho tiempo y ese papel os va fatal. Llámame cuando te apetezca y dejate de mariconadas de que voy a pensar si me llamas cuando sólo nos conocemos de un día. Pensaré que quieres decirme algo, hablar conmigo o quedar, así de simple.
- Que me digas que eres metrosexual no es algo bueno, de hecho me parece una estupidez.
En fin, podría seguir, pero tengo cosas mejores que hacer: pancartas para irme frente a Presidencia del Gobierno para reclamar que cada sexo vuelva al papel que le corresponde y del que nunca teníamos que haber salido.
He dicho.





