Ficción femenina (1)
Siempre que hablamos de novelas para mujeres nos tropezamos con la misma polémica. Que no hay novelas para mujeres, que las novelas no tienen sexo. Pero me temo que si hay algo que tiene sexo, es precisamente la ficción.
Para aquellos que sólo creen en la existencia de la “literatura”, recordarles que nunca ha habido una literatura femenina reconocida, pero que siempre ha habido literatura femenina. Es curioso que cuando hacemos recuento de las novelas escritas para mujeres (generalmente por ellas mismas), descubrimos que tienen un estilo y una temática peculiares, que no coincide en mucho con las propias de cada época, y que son bastante “transculturales”. También podemos incluso detectar una cierta tradición que remonta hasta tiempos inmemoriales y llega hasta la actualidad.
Ya sé, ya sé, si hay alguien que se moleste en leer esto lo mismo le da una apoplejía, pero después de haber leído abundantemente sobre el tema, lo cierto es que esta realidad se impone sin remedio. Alberto Manguel en su “Historia de la lectura” hace un recorrido por los principales géneros, libros y escritoras e identifica sin lugar a dudas un “género femenino” que recorre, despreciado, los siglos como una corriente subterránea, indetectada, pero viva.
Y ya lo creo que está viva... Hoy día, más del 50 % del mercado del paperback anglosajón lo ocupa la novela llamada “romántica”. Y esto es un dato sólo para abrir boca, porque aunque el fenómeno intenta ocultarse como sea, en las revistas especializadas y por parte de la crítica, lo cierto es que una vez que estas novelas aparecen en un mercado, comienzan a inundar las estanterías de forma sostenida y creciente. El 70 % del público lector total en la actualidad, es femenino y seguramente esto tiene algo que ver. Algo deben ofrecer estas novelas, para que llamen la atención de las mujeres japonesas, al igual que las españolas, incluso de las de mayor nivel cultural, claramente la mayoría de las mujeres que consumen estas novelas.
La sociedad a la que respondía la antigua "novela rosa" y la mujer que la leía, es lógico pensar que tiene sus diferencias con la mujer de hoy día, así que la novela romántica actual retoma la tradición y la reconvierte en un nuevo tipo de novela totalmente distinta, mucho más agresiva, con un fuerte componente erótico, y literariamente más elaborada, que usando los antiguos códigos los pone al día y ofrece un producto nuevo, muy comercial, más apropiado para las nuevas licenciadas que inundaron las universidades y que pese a vivir en un mundo de hombres, siguen siendo mujeres.
Y es que el tener los mismos derechos no nos obliga a ser iguales en otros aspectos o a tener que despojarnos de nuestras peculiaridades. Ni a negar nuestras tradiciones. Generalmente, aplicando la crítica marxista a machamartillo, se entiende que la literatura femenina es un subproducto destinado a personas incultas, preocupadas por la cotidianeidad más inmediata y por tanto, carente totalmente de valor. Hoy día, hay toda una revisión de este concepto, porque el hecho de no participar aparentemente en las decisiones políticas o al menos el no haberse registrado esa presencia en las páginas de la historia, no elimina el valor que esa cotidianeidad tiene en el discurso de la historia.
No sabemos como se tomaban en el pasado las grandes decisiones y que callada influencia pudieron tener las mujeres que acompañaron a los hombres que las tomaron, teniendo en cuenta, que esas decisiones eran capitales para todos por igual. En realidad, del pasado sabemos poco más que lo que ellos nos quisieron contar. Los avances de la historia de las mentalidades y la aplicación de un análisis más exhaustivo a los datos históricos nos ofrece una imagen de la realidad del pasado mucho más cercana a nuestra vida hoy día. En ella, las mujeres tienen tanto peso, como para que la Iglesia organizara todo un plan de demonización de la mujer en la Edad Media, con el fin de apartarla de la vida activa.
No quiero decir con esto que el estatus social de la mujer fuera igual al del hombre hasta este momento, pero sí que nuestra valoración está muy sesgada por la imagen que de la mujer nos ha ofrecido la iglesia y la sociedad decimonónica, imágenes que aun tenemos pegadas en los párpados. Lo que entendemos por “masculino” o “femenino” está muy determinado por nuestro pasado más reciente, e incluso desde la ciencia se hacen esfuerzos desquiciados por mantener diferencias entre hombres y mujeres que justifiquen la inferioridad femenina.
Es evidente, por las muchas muestras que de ello tenemos día a día y en culturas diferentes, que esa pretendida inferioridad no tiene sentido, que los sexos tienen particularidades evidentes, que eso influye en la vida de todos, pero no de forma jerárquica. El intento de aplicar el concepto de “funcionalidad” al dimorfismo sexual es el último intento de la ciencia por justificar lo injustificable. Es cierto que la maternidad está en manos de las mujeres, como el hecho de que los hombres tienen cuerpos más fuertes y más grandes. Pero estas diferencias no llegan hasta hacernos distintos como seres humanos. Un hecho curioso que siempre olvidamos, es que las hormonas, las compartimos casi en su totalidad en proporciones diferentes, y que la determinación del sexo es bastante tardía en el feto.
En definitiva, pese a ser iguales básicamente, hemos generado formas diferentes de entender el mundo y la vida. Todas las culturas registran esta diferencia y el esfuerzo salvaje y continuado que las mujeres hacen en favor de la protección de la vida, y no sólo de su creación. Al fin y al cabo, la materia prima de las guerras la suministran las mujeres, que son sus hijos, a cuyo cuidado dedican toda su vida activa. Esta comprensión peculiar del mundo, sin duda, genera toda una filosofía sobre la vida y lo que hacer con ella.
También el papel de los sentimientos y lo emocional en términos generales, tiene un papel primordial en esta filosofía, aunque sean los sentimientos en otra dimensión distinta a los que aparecen reflejados en los textos históricos. Hay muchas guerras y muchas decisiones históricas que se toman por soberbia, en el curso de un ataque de ira o dominado por el orgullo, sentimientos tradicionalmente considerados como legítimos en los hombres. Pero, claro, si estos sentimientos se aplicaran a la vida cotidiana seguramente no comeríamos, ni nos vestiríamos, ni criaríamos niños. La paciencia, la tolerancia y la planificación cuidadosa están en la base de la vida de las mujeres, y cuando estos principios se aplican a la historia, ya sabemos que consecuencias beneficiosas tienen para todos. Quien sabe si no es esta cultura de “lo femenino” (por llamarlo de alguna manera) lo que ha impulsado algunos de los cambios positivos de la historia...
¿Cómo se ha reflejado esto en la ficción femenina, de forma exacta? Una vez planteado el problema de base, volveremos a analizarlo en otro momento usando la nueva ficción femenina que arranca de los ochenta y que se encuentra en estos momentos penetrando en el mercado español con pinta de haber llegado para quedarse.