G. R. R. Martin y el infierno

Mucho me temo que Mr. Martin ha descubierto el significado de la palabra infierno en ese triángulo terrible que por ahí llaman "la sartén de Andalucia", uno de los lugares con las temperaturas más altas en el mundo, al menos de los que cuentan con ciudades habitadas.
Martin es un "hombre tranquilo", como el de Ford, buenhumorado, al que le gusta reír y sobre todo una máquina de observar. Suele ser frecuente que grandes escritores son luego personas insoportables, pero sin duda, Martin rompe el molde en este caso, porque es una persona encantadora, accesible y que desprende humanidad.
A estas horas debe estar ya descansando en su casa de New Mexico, a salvo en su aire acondicionado, y recordando con horror como tiembla el empedrado de las estrechas calles cordobesas o granadinas. Espero de todas formas que también recuerde el aire orgulloso de los castillos que puntean la antigua frontera con el reino de Granada, encaramados a sus peñas imposibles, y el aspecto imponente de la puerta de Moclín...
En fin, creo que el mejor embajador que puede tener su obra es él mismo, un gran profesional y un hombre al que es un placer conocer.
Bueno, y sobre todo, tengo que añadir, me alegro infinito de que haya sobrevivido a esta dura experiencia climática, porque no quiero pensar en los Asshai poniéndole precio a mi cabeza. La pobre, que vale tan poco, además... :D
Porqué soy libre...
Todo lo valioso, por su propia definición, requiere de altos precios.
¿Qué puede haber más valioso que la libertad?
Así dicho, es una palabra vacía, de significado impreciso, que se presta fácilmente a la demagogia. Definir la libertad es una tarea tan compleja que se puede utilizar casi de cualquier manera.
Yo sí sé lo que es la libertad, al menos la mía.
Consiste en no venderse nunca, en no engañarse nunca. Seguir siempre el propio criterio, la forma que tengo de ver el mundo, con sus definiciones del honor, el coraje y la justicia. Comprendo que quizá no serían compartidas por mucha gente, pero eso da igual. Lo importante es conocerlas claramente y seguirlas con las dudas naturales que supone el aplicarlas en situaciones cambiantes y confusas, pero al menos hacerlo sin autoengaño ni autoindulgencia.
Honor, no atacar a alguien más débil, no ceder ante intimidaciones, no buscar beneficios que se paguen con lo que corresponde a los demás.
Coraje, seguir adelante cuando más miedo se tiene.
Justicia, procurar mantener el equilibrio entre los derechos y deberes que todos disfrutamos o deberíamos disfrutar.
Soy un samurai.
Con el mismo amor por la muerte, lo cual es un vicio lamentable, pero necesario cuando no se sabe qué es lo que tendrás que pagar con la vida.
Y la misma sensación de soledad profunda, densa como la oscuridad, pero igual de dulce.
Y esa fascinación por la espada, que va dentro del tuétano de los huesos y que solo se nota al asirla, como si por fin hubieras encontrado el único lugar al que realmente perteneces.
Qué bien, haber encontrado por fin tu lugar. Aunque solo sea al borde de ese abismo que se abre al final de todo. Sola ante el universo, en el cual nos disolveremos en la paz de la nada.
La paz de la nada.
Creo que me he enamorado...

Yo como siempre tan romántica... ;-)
Al ralentí
Nos pasamos buena parte de la vida luchando desesperadamente por llegar a sitios que de pronto, un poco más adelante en el camino, se nos antojan fútiles.
Sin embargo lo peor no es esto, sino que la sospecha sobre el significado del resto de las cosas a las que aspiras y sin las cuales parece que te vas a morir, se extiende como la proverbial mancha de aceite.
Luego viene el parón.
Has conseguido buena parte de lo imprescindible. Te has hecho a la idea de que el resto no está a tu alcance y hasta te parece que en realidad nunca lo quisiste. Lo que tienes se ha convertido en algo habitual y cotidiano, tanto que ni te acuerdas de lo mal que lo pasaste hasta conseguirlo.
Y ahora, ¿qué?
¿Qué es lo que quieres ahora?
Te has convertido en un vulgar abuelo. Cuando deseas algo, la primera palabra que te viene a la mente es “salud”. Mala cosa, porque significa que los jodidos achaques ya han llegado. Si te planteas conseguir algo, el listado de cosas que no se pueden sacrificar en el intento se ha alargado hasta llenar un cartapacio, en el que se incluye la siesta, tus libros de ficción favoritos y no se qué más cosas que te ocupan mucho tiempo pero sin las cuales no puedes vivir. Ah, y el sofá, esa trinchera inexpugnable de la vida madura.
En fin, que tu vida ha entrado en una especie de ralentí que genera mucha contaminación de todo tipo, pocas satisfacciones en velocidad, mucha comodidad y poco desgaste.
O sea, has envejecido, por ponerlo en menos palabras.
Pero hay que joderse, no cambiaba yo esta época de mi vida por casi ninguna cosa.
Bueno, sí, por un sofá más grande, claro.
Feliz Navidad, hermanos. Y que el año próximo no sea un naufragio.
Amanece





