Relatos Albayzineros
Relatos Albayzineros
Por Rubén Sánchez Rivera
Relatos Albayzineros 1
Por Rubén Sánchez Rivera 1
Calle Limón 2
Cuesta de las Arremangadas 7
El Trueno 11
El aljibe de San Nicolás 14
Calle Limón
U
na tarde sombría, taciturna, de esas en las que es mejor sacar los pensamientos a pasear a la calle para que se conviertan en transeúntes experimentados, decidí acercarme al barrio del Albayzín para disfrutar de los claroscuros de luces y sombras de sus angostos y empedrados callejones.
Pasé por la Calle del Beso, bonito nombre, poético, para un callejón destartalado de medio metro de ancho y, callejeando por este laberíntico entramado, sin un rumbo predeterminado sino más bien azaroso, me topé con la Calle Limón. El letrero de la Calle Limón estaba escrito en una vetusta placa de cerámica granadina sobre un muro de ladrillos legendarios del que colgaban malas hierbas ya secas por la extrema dejadez de aquel lugar. Y sobre el muro de matorral mediterráneo, un carmen imponente, un torreón, un balcón con una ventana dos hojas, una abierta, abandonado.
Mi curiosidad me hizo adentrarme en aquella imagen terrorífica y quise experimentar por mí mismo lo que mi intuición me evocaba. Me colé por un gran vano (antes puerta) del muro de ladrillos legendarios y mi sensación fue de desasosiego en un principio, pero por esa especie de instinto masoquista que a muchos nos atiza decidí integrarme más en la espesura.
Me metí dentro del carmen, que estaba completamente abandonado, pero no dejaba por ello de tener su romántico atractivo ruinoso.
Había una evocación, una llamada, que me haría dirigirme a ese balcón misterioso con una de las hojas de la ventana abierta.
Subí por unas escaleras tras cruzar el patio, y una vez arriba me encontré la habitación e repleta de palomas blancas. A pesar de ello estaba limpia. Yo estaba cerca de la ventana, pero había algo que me paralizaba, a pesar de sentir un enorme deseo de mirar por ese balcón. Me costó dar el paso y, vacilante, decidí por fín hacerlo aunque consciente de que la vista desde allí sería algo pavoroso. Se oyó La campana de la Torre de la Vela, marcando las horas, eran las doce. Una ráfaga de viento sacudió mis cabellos y rompió el murmullo de las arrullantes palomas.
Cuando por fin miré por la ventana no daba crédito a mis ojos: aquél balcón era una ventana al tiempo, de pronto la casa era nueva y la Calle Limón estaba transitada por burros y personajes con ropajes extraños, moriscos, árabes, como del S. XV. No hablaban castellano sino árabe, y yo, por una extraña razón que no sé explicarme, los entendía a la perfección.
De repente, me vi a mí mismo con barba y con un turbante, sentado a la puerta de aquel Carmen de la Calle Limón. Jugaba al ajedrez con un tal Mustafá, que era un gran amigo mío.
-Jaque mate –escuché
Y las piezas del ajedrez se desplomaron. Yo caí fulminado como por un rayo y pude ver mi entierro desde aquel balcón: la comitiva, las plañideras y el cortejo fúnebre que me correspondía como Sabio del Reino Nazarí de Granada. Cuando volví la vista hacia adentro del balcón ya no había palomas blancas en la habitación sino un anciano canoso y bajito que me dijo:
-Has visto cómo fue tu anterior vida, no malgastes el presente en los mismos menesteres.
Salí de allí aturdido, irritado, sin comprender muy bien aquello. Al salir por la puerta del muro, tras cruzar de nuevo el patio, dije inercialmente:
-¿Qué tal Mustafá? ¿Echamos una partida de ajedrez?
Calle del Beso
C
uenta una leyenda gitana, que en la Calle del Beso, una vez un chico le declaró su amor pasional y encendido a una gitana guapa, morena de azabache, de la tierra, que le negó su amor. Mas le dio un beso en esa calle. Ése ósculo de brasas encendido, fue la desgracia de nuestro gitanito, que se volvió loco y murió como mendigo, en esa misma calle.
La Calle del Beso es estrecha, muy angosta, y comunica con la Plaza de Porras. Lo cierto es que una noche iba paseando por la Cuesta de San Gregorio y decidí girar a la derecha hacia la Casa de Porras. Había luna nueva por lo que la iluminación era más bien escasa. Me senté en la placeta y me fumé un cigarro mientras olía los aromas de leña quemada y de postreras cenas. Proseguí mi camino. Sin saber muy bien por qué, me di cuenta que estaba en al Calle del Beso. Esa calle es muy estrecha, no cabría ni un mulo, y con un trazado un tanto laberíntico, a la vez que llena de luces y sombras, de claroscuros. Es un callejón donde apenas dos personas pueden cruzarse. Tan sólo se oían mis pasos, luego el agrio alarido de un gato, y después escuché, como venido de lejos, el sonido de una mujer que cantaba una copla desde una ventana. Era “La bien pagá”, pero cantada con una dulzura melosa, mística, ancestral. Miré hacia una ventana y ví una sombra, una silueta, peinándose tras una cortinilla con encajes de ganchillo. Esa voz me cautivaba como el canto de las sirenas cautivó a Odiseo, pero al no estar yo atado, me quedé embelesado escuchándolo. Ella no podía verme, y al ver que se estaba arreglando, decidí esperar bajo su puerta y hacerme el encontradizo.
En efecto, la mujer, de una belleza extraordinaria, salió por la puerta prevista diez minutos más tarde. Yo le pregunté la hora y algunas curiosidades folclóricas sobre el Albayzín. Me dijo que cantaba en una zambra, en el Sacromonte, y me invitó a ir a verla. Durante el paseo pude disfrutar de una conversación animada, amena, vivaz, pasional, era como si me leyera el pensamiento. Las vistas que hay de la Alambra iluminada por la noche desde el camino del Sacromonte eran espectaculares, como un crepúsculo mágico. Llegamos a una zambra, una cuevecilla decorada con objetos pequeños de cobre, por todas partes. Dentro había gente en un círculo de sillas de esparto cantando y tocando la guitarra, bailando, todo improvisado. Esta mujer, de nombre Lola, me presentó algunas personas y me invitaron a tomar asiento entre ellos. Las palmas, los compases, los acordes y punteos, rasgueos, de guitarra, golpes de caja, palmas, gritos y oles se sucedían frenética y espontáneamente. Lola cantó una Soleá, y luego por malagueñas y por rondeñas, por último unas coplas y, para finalizar del todo, “La bien pagá”: “na te debo, na te pido, me voy de tu vera olvíame ya, que he pagao con oro tus carnes morenas, no maldigas paya que estamos en paz, no te quiero, no me quieras, si tu me lo diste yo na te pedí, no me eches en cara que to lo perdistes, tambien a tu vera, yo to lo perdi. Bien pagá, si tu eres la bien pagá, porque tus besos compré y a mi te supiste dar, por un puñao de parné, bien pagá, bien pagá, bien pagá fuiste mujer. No te engaño, quiero a otra, no creas por eso que te traicioné, no cayo en mis brazos me dio sólo un beso, el único beso que yo no pagué. Na te pido, na me llevo, entre esas paredes dejo sepultas, penas y alegrías que te he dao y me diste, y esas joyas que ahora, pa otro lucirán…”. La aclamación de palmas y oles fue espectacular, se notaba que esa mujer tenía duende. La fiesta se prolongó hasta bien entrada la madrugada y decidí acompañar a Lola hasta su casa, para que no fuera sola. Cuando llegamos a su casa, tras recorrer apaciblemente el Albayzín y oír el taconeo de nuestros pasos por el empedraíllo granaíno, tras una conversación profunda, animada e increíble, llegó el momento mágico: nuestras miradas se cruzaron a solas en el silencio de la noche. Un mochuelo ululaba. Nos acercamos y nos besamos. Ella se metió en la casa sonriendo.
Cuando me di la vuelta ví un mendigo en la esquina tirado, me pidió una moneda y me dijo que sabía leer las manos.
-Te espera una maldición ancestral gitana que ha de devorarte por dentro. Me apiado de tu alma, toma un romero para que te dé suerte, aunque no te librará de la maldición.
Al día siguiente volví a por Lola pero la casa donde ayer estaba era un solar yermo, con un túmulo de piedras y un muro medio caído. Aún se conservaba la fachada con la misma ventana. Doblaron las campanas a difuntos y apreció Lola, más modernamente vestida, pero no me conocía. La abordé para darle un beso y al besarme caí fulminado al suelo, demayado.
Me levanté pero mi cuerpo seguía en el suelo y empezó a llegar gente en torno a mi. Pude ver al mendigo y me dijo:
-Debiste saber que Lola es sólo mía.
Y desapareció.
Cuesta de las Arremangadas
S
ubía por Plaza Nueva y la fisonomía de la ciudad iba cambiando, mudándose, como un camaleón en pleno otoño. Pero era verano, y el calor era sofocante, por lo que decidí pasear por esas calles, ya que sabía que era la zona más fresca de Granada. La verdad, para un transeúnte solitario como yo, hay pocas sorpresas en la vida, pero aquélla tarde, presentía con curiosidad un insólito acontecimiento. Subí por un callejón que hay justo detrás de la Real Chancillería, sede de los tribunales de justicia, la humana, que la divina ya tendrá tiempo de juzgarnos en su momento. El callejón era angosto y empinado, hacia arriba, yendo a desembocar a la Calle San Juan de los Reyes. Allí torcí a mi izquierda y pude ver una cuesta que subía: era la Cuesta de las Arremangadas. Y este singular nombre se debe a que esta zona es un área especial dentro del putiferio granaíno, ya que, la Calle S. Juan de los Reyes es la zona donde más casas de putas hay en todo el Albayzín.
Llevaba tres mil pesetas en el bolsillo, y una gorda me dijo:
-Chicarrón ven con mami –mientras me guiñaba el ojo y me echaba una sonrisa, pero era grotesca y tenía un bigote considerable, estando además, pésimamente vestida y maquillada. La verdad, me causó cierta repugnancia aquella furtiva insinuación, por lo que seguí andando y aceleré ligeramente el paso hacia arriba.
Pasado el trago, seguí caminando, tratando de desterrar aquél adefesio de mi memoria, aquélla grotesca y repugnante caricatura. Pasé por la puerta de otro prostíbulo y esta vez había un grupo de prostitutas en la puerta, tomando el fresco, ya que el calor era sofocante. Una de ellas, la mayor, era rubia de bote, rellenita y chata. Luego había una chica extranjera, quizá cubana, colombiana, no sé sudamericana, algo entrada en carnes y vestida con un chándal fucsia. Por último había una mujer de unos treinta años, morena, con un cuerpo decente y una cara curiosa. De alguna manera me atraían sus profundos ojos lujuriosos pero traté de reprimirlo acelerando el paso. Aquello tan sólo fue una furtiva mirada. Llegado a la ermita de Sta. Inés, me detuve en la vetusta fuente a beber algo de agua y a mojarme la cabeza, el calor era sofocante. Pero me dí cuenta que estaba algo erecto, excitado, y no lograba quitarme esa mirada lujuriosa de la cabeza. Sentía por dentro esa especie de mezcla entre miedo y temor del que siente un deseo que sabe que está mal y lo va a hacer a pesar de que sabe que inmediatamente después se va a arrepentir de tal acto. La prostitución me parece una especie de cosificación de la mujer, una degradación moral, algo sucio, frío e inmoral. Pero seguía sintiendo esa excitación por todo el cuerpo y estaba algo más que nervioso. Decidí volver lo andado y volví a pasar por aquella puerta metálica pintada con una especie de color gris azulado. Allí estaban las tres, ya dentro, pero con la puerta abierta, y, cuidando de no ser visto por nadie, por una especie de súbito impulso, entré en el prostíbulo. Me temblaban las piernas de la mezcla de nerviosismo y excitación.
-¿Te apetece echar un ratico? –me dijo la mayor – Elige, estamos las tres disponibles.
-¿Cuánto cobran? –dije tartamudeando-
-Pues por ser un chico tan guapo te lo dejamos en tres mil.
-Quiero a ésa, la morena.
-Muy bien chico, pero tranquilízate, estás temblando. No te vamos a comer. Se paga por adelantado. Págame y os subís pa’ arriba.
Solté tres billetes de mil encima de la mesa, la madame los recogió y la morena me miró con picardía y cierta complicidad a la vez que una mezcla de desgana. Me condujo por una escalera de escalones empinados, muy estrecha, hacia una habitación con una puertezuela destartalada, con un cerrojo. Había un bidé y un lavabo en la habitación y, el centro, una cama ancha pero muy antigua. Echó el cerrojo y me dijo:
-Lávate cariño, que yo me voy desnudando.
Mis ojos no reparaban en su asombro al ver lo que la cosmética y una sagaz mirada puede ocultar: tenía un cuerpo repugnante, lleno de estrías, y con grandes y caídos, colgantes pechos. Me desnudé e hicimos el amor de una forma frenética y maquinal, fría, anónima, con cierto grado de violencia y falta de tacto, y no conseguía excitarme lo suficiente como para eyacular.
-Córrete ya mi vida –me susurraba ella- Quiero tu leche.
Después vino el orgasmo, y ella me dijo:
-¡Qué bien follas! ¡Si me hubieras follado así sin condón, me habrías hecho un niño precioso!
Nos vestimos y bajé al piso de abajo, con ella, extasiado, y, para recuperarme del sofoco, apenas dije adiós y me fui de nuevo a la vetusta fuente de la Placeta de Sta. Inés. Allí bebí agua y me fumé el cigarrillo de rigor. La verdad, había resultado algo inmoral pero excitante. Volví a repetir la experiencia pero siempre con aquélla mujer morena, y siempre se me olvidaba su nombre, y a ella el mío, a pesar de que nos presentábamos en cada encuentro. No sabría muy bien definir si esto es meramente lujuria, sexo a secas o sexo sin amor, pero bien es cierto que entre los dos había cierto cariño pese a lo pecuniario de la relación en sí. Un día dejó de cobrarme y, al fin, no me encontré a la mujer de mi vida, pero sí una amante perenne que he conservado intacta para el deleite lujurioso de mi espíritu. Locura, lujuria y penetrante mirada de azabache remangada. Locura, lujuria y penetrante mirada en la Cuesta de las Arremangadas.
El Trueno
C
erca de Casa Pasteles, en Plaza Larga, en una plazoleta que desemboca en el Arco de las Pesas, estaba la peluquería de un genuino albaizinero al que se conocía en el barrio como “el Trueno” por su malafollá. Recuerdo que era un peluquero eficiente, meticuloso, de esos de los de antes, más que un peluquero, un barbero en el sentido estricto de la palabra. Daba miedo ir a pelarse allí y recuerdo que mi padre me llevaba a su peluquería cuando tenía cinco años y siempre me decía que nunca lo llamara “Trueno”, ya que se enfadaría mucho. La barbería del Trueno era de las antiguas, y me daba auténtico pavor entrar allí y verlo afeitar a alguien con la afilada navaja. La silla de pelar mas bien parecía una silla eléctrica aunque conservaba el valor de su vetusta resistencia. Había espejos, cepillos, navajas, escobillas, espumas, y había un rancio olor a Varón Dandy. Yo nunca hablaba cuando me pelaba el Trueno, por miedo, y él ni siquiera era simpático conmigo por ser un niño, es más, me trataba con la seriedad y brusquedad con la que se trataría a un adulto pero estando enfadado, esto es: como un malafollá. Mi padre siempre me decía que no le llevara la contraria ya que podría trasquilarme o ponerse nervioso y cortarme una oreja, lo cual a mis tiernos cinco años me aterrorizaba aún más. Pero el Trueno es entrañable y cuando pasé hace poco y comprobé que su peluquería estaba convertida en una especie de bazar marroquí algo se me encogió en el corazón ya que se ha perdido uno de los personajes más genuinamente albayzineros y malafollás de los pocos que quedaban en Granada. La malafollá es un concepto un tanto difícil de explicar, es un rasgo de carácter, hosco, malhumurado y permanente, un sentido del humor hiriente y sádico, un trato degradante y denigrante, pero con gracia, una especie de sarcasmo folclóricamente popular pero personal e intransferible, agresivo, en fin, para su explicación más detallada remito al lector al libro de Ladrón de Guevara
Imagínense qué tipo de carácter podría tener este hombre para que su mote fuera “El Trueno”, sólo con su presencia acojonaba, incluso en las cercanías de la peluquería o con sólo evocar su recuerdo.
El Trueno llevaba allí toda la vida afeitando y cortando el pelo a los albayzineros y era toda una institución en el barrio.
Con esta breve descripción pasaremos a contar lo que aconteció a continuación; un turista japonés, de esos que lo copian todo en imágenes con una videocámara, iba por Plaza Larga un día de la Cruz cuando sintió curiosidad por la cruz que había allí expuesta. Nuestro amigo Nishimura nunca había visto algo tan colorista y folclórico como aquella cruz, con su mantón de manila, su pero y sus tijeras y todo tipo de abalorios y utensilios de cobre, de cerámica, y macetas, geranios, claveles, hierba en el suelo, y toda esa gente comiendo habas crudas con bacalao, y bebiendo vino. Se acercó para verlo mejor y escuchar las sevillanas y para ver a la gente bailando. Lo grabó en su videocámara y en ese momento no prestó mucha atención pero en esa cruz había también, clavada en el pero, una navaja de afeitar. Era el año en que se jubilaba forzosamente el Trueno, y la Asociación de Vecinos decidió hacer este gesto simbólico en señal de homenaje. Lo que no sabían era que Nishimura era un conocido folclorista en el Japón, y que grababa sin perder detalle pero una cosa se le pasó por alto, la maldición del Trueno. Le gustó aquélla curiosa y vieja navaja de afeitar y en un descuido la quitó del pero y se la echó al bolsillo. Cuando pasó por debajo del Arco de las Pesas vio un relámpago fuera y oyó un trueno en el cielo. Siguió caminando hacia San Nicolás y notó una cierta molestia en la cabeza, como un escozor. Pero no le dio importancia. Cuando llegó a S. Nicolás el muy estúpido se puso a grabar la fachada: “Sancte Nicolae ora pro nobis”. Un grupo de chiquillos lo miraron y salieron corriendo completamente aterrorizados. Se dio la vuelta y siguió grabando la Alhambra, cuya belleza le fascinó, pero no comprendía por qué la gente lo miraba con gesto extraño, lo rehuían sin razón aparente. Sintió sed y se acercó al aljibe a beber agua, y para su sorpresa, en el reflejo pudo verse a sí mismo trasquilado y sin la oreja derecha, con una mancha de sangre, era la maldición del Trueno. . .
El aljibe de San Nicolás
C
uando yo era pequeño, recuerdo que me maravillaba pasar las tardes en S. Nicolás con mis primos, jugando a escalar la parte exterior de la bóveda del aljibe del que manaba un chorro de agua fresca y pura. Recientemente han inutilizado ese caño, lo cual causa un daño irreparable al paseante con cierta memoria histórica, ya que era un agua de una calidad excepcional.
Aparte de esto, comentar, como curiosidad histórica, que donde actualmente se ubica la Gran Mezquita de Granada, junto a la Iglesia de San Nicolás, debajo, soterrada, a parte de las ruinas de un nobiliario palacio nazarí del S. XIV, está la muralla ibera, de unos tres o cuatro metros de alto, que es el origen histórico del barrio y de la ciudad de Granada.
Por último comentar también, que la vista que hay desde el mirador de S. Nicolás, con su placeta de empedraíllo granaíno, es una de las más bellas que hay de la Alambra aunque, contra la opinión del señor Bill Clinton, desde allí no se ve la puesta de sol.
Pues bien, en ese mirador siempre suele haber unas gitanas vendiendo castañuelas a los turistas, es un hecho consumado, son perennes, al igual que el crucifijo de piedra que preside la plaza.
Yo andaba bebiendo agua en el aljibe cuando escuché una voz que me decía:
-Ven…acércate…ven hacia mi.
La verdad es que era como un susurro, pero parecía venir de dentro del aljibe y por tanto curioseé en la trampilla. Tras un ligero forcejeo conseguí abrirla y lo que vi allí fue un musulmán viejo, bajito, con unas babuchas rojas, diminutas, y un manto sedoso, rojo y dorado, así como un turbante con un enorme rubí en la frente.
-Si vienes conmigo te enseño un secreto
Accedí y salté al interior del aljibe. Era como una enorme catedral inundada, apenas iluminada, pero el viejete seguía allí, mirándome con el ceño entre temeroso, fruncido, suspicaz e interesante.
-Verás soy el espíritu de Boabdil. Aunque huí a África con mi corte di instrucciones para que mis cenizas se esparcieran aquí, en este aljibe, para poder estar en Granada, en mi Granada. Si me sigues podrás comprobar que hay un laberíntico sistema de pasadizos y alcantarillado que comunican todo el Albayzín entre sí y con la Alambra. Mi espíritu mora por aquí hasta que la mano toque la llave, ya sabes la leyenda, cuando la mano toque la llave en la Puerta de la Justicia se destruirá la Alhambra y saldrán a la luz los tesoros ocultos por los moros. Pues bien mi querido amigo, te he seleccionado para que contemples estas maravillas y seas su guardián mortal. Podrás utilizar todas las joyas que te sean necesarias para vivir como un hombre rico, pues son inagotables, pero debes preservar el Secreto de las Puertas.
-¿Qué secreto?
-La fuente de los Leones es una de ellas. Cuando los leones se hallan alineados a las siete de la tarde, es decir, cuando ruge agua el séptimo león, se abre un pasadizo en El Patio de los Arrayanes y, si en la Sala de los Secretos se recita la palabra “Maktub” siete veces en la columna Este, se abre una de las puertas. Esta puerta permite volver a la época dorada, en la que todos los hombres eran igualmente ricos, sanos y poderosos. Es como una ventana al tiempo, a la edad de la inocencia primitiva, a ese tiempo en el que todos éramos iguales. No quiere decir esto que hoy en día no lo seamos, ya que la muerte lo iguala todo, pero parecemos diferentes. Mira, te diré una cosa, en mi época convivíamos en Granada hombres de las tres culturas. Había un clima de tolerancia general, y eso se perdió. Pero la vida son ciclos, todo se restituye, todo empieza y todo acaba, pero lo nuestro es pasar...
-¿De verdad existen esas Puertas?
-Por supuesto que existen, los árabes andalusíes ya lo sabíamos y viajábamos en el tiempo para acumular riqueza y poder, sabiduría. Mientras los cristianos tiraban sus excrementos por la ventana al grito de “agua va”, nosotros ya disponíamos de alcantarillado, letrinas, y sistemas hidráulicos de gran precisión. La sabiduría siempre ha estado ahí; siempre estuvo, siempre está y siempre estará. En Granada hay dos grandes Puertas, dos grandes Chakras de la tierra que almacenan gran cantidad de energía y son muy buenos para quien los frecuenta: uno es la abadía del Sacromonte y otro el Patio de los Leones. Esto es algo que me enseñaron mis astrólogos desde niño. Por eso lloré como una mujer al perder Granada, porque perdía la mayor riqueza del mundo. Y por eso he vuelto a morar por esta tierra, para que se pueda preservar el Gran Secreto y éste sea revelado a quien pueda hacer un buen uso de él para la igualdad de los hombres. Te diré una cosa: Dios no hay más que uno, aunque hable todas las lenguas y a todos los pueblos. Todos somos, por tanto, iguales, aunque las leyes kármicas del universo no perdonan. La cuarta verdad que he de revelarte es que la reencarnación existe y que el alma es inmortal. Todo lo encontrarás en El libro Plúmbeo, que para eso fue escrito. Para preservar estas verdades. El Libro Plúmbeo está en Sacromonte, en la Abadía, pero los códigos para descifrarlo los tendrás que hallar por ti mismo con la ayuda de este mapa, tas cruzar la Primera Puerta. Buena Suerte Amigo, sigue por ese pasadizo hacia delante.
Yo seguí por el pasadizo, tibiamente iluminado por una luminosidad de otros mundos. Pasé por pasarelas, riachuelos, alcantarillas y mazmorras, pasé por zonas desconocidas y, si no es por el mapa y por las indicaciones del viejo Boabdil, cuyas babuchas caminaban solas delante mí, no hubiera acertado en tan complejo entramado de esquivos pasadizos... Cuando salí lo primero que vi fue una muralla y, ante mí, el Palacio de Carlos V. Me dirigí hacia los Palacios Nazaríes, pasé por la Sala de la Justicia, por la Sala Dorada, donde un murmullo de agua me tranquilizó, y la siguiente sala por la que pasé fue el Patio de los Arrayanes. Esperé allí pacientemente hasta que dieran las siete. A las siete en punto, yo estaba mirando la alberca cuando en el reflejo vi que la puerta trasera se abría ante mí. Pasé a la sala de los secretos, busqué la columna orientada hacia la Meca y recité la palabra “Maktub” siete veces. Cuando volví al Patio de los Arrayanes había una puerta nueva, junto a la alberca, que bajaba hacia abajo. Lo que me dijo Boabdil el Chico era cierto. Ahora podría atravesar la Puerta y descifrar los enigmáticos Libros Plúmbeos.
La Abadía del Sacromonte
Cuando me introduje por la puerta lo que pude ver fue una Alhambra aún más bella. Había un trazado laberíntico de fuentes subterráneas de vino y miel por doquier. Había cascadas, oro y joyas por todas partes y, al final de todo, una gran puerta que daba accesso a una gran sala hexagonal. Esa sala era una enorme biblioteca, y, en el centro, se hallaba un viejo manuscrito en el que se leía “Traductio liberis plumbeorum symbolorum”.
La Primera Puerta
Por Rubén Sánchez Rivera
Relatos Albayzineros 1
Por Rubén Sánchez Rivera 1
Calle Limón 2
Cuesta de las Arremangadas 7
El Trueno 11
El aljibe de San Nicolás 14
Calle Limón
U
na tarde sombría, taciturna, de esas en las que es mejor sacar los pensamientos a pasear a la calle para que se conviertan en transeúntes experimentados, decidí acercarme al barrio del Albayzín para disfrutar de los claroscuros de luces y sombras de sus angostos y empedrados callejones.
Pasé por la Calle del Beso, bonito nombre, poético, para un callejón destartalado de medio metro de ancho y, callejeando por este laberíntico entramado, sin un rumbo predeterminado sino más bien azaroso, me topé con la Calle Limón. El letrero de la Calle Limón estaba escrito en una vetusta placa de cerámica granadina sobre un muro de ladrillos legendarios del que colgaban malas hierbas ya secas por la extrema dejadez de aquel lugar. Y sobre el muro de matorral mediterráneo, un carmen imponente, un torreón, un balcón con una ventana dos hojas, una abierta, abandonado.
Mi curiosidad me hizo adentrarme en aquella imagen terrorífica y quise experimentar por mí mismo lo que mi intuición me evocaba. Me colé por un gran vano (antes puerta) del muro de ladrillos legendarios y mi sensación fue de desasosiego en un principio, pero por esa especie de instinto masoquista que a muchos nos atiza decidí integrarme más en la espesura.
Me metí dentro del carmen, que estaba completamente abandonado, pero no dejaba por ello de tener su romántico atractivo ruinoso.
Había una evocación, una llamada, que me haría dirigirme a ese balcón misterioso con una de las hojas de la ventana abierta.
Subí por unas escaleras tras cruzar el patio, y una vez arriba me encontré la habitación e repleta de palomas blancas. A pesar de ello estaba limpia. Yo estaba cerca de la ventana, pero había algo que me paralizaba, a pesar de sentir un enorme deseo de mirar por ese balcón. Me costó dar el paso y, vacilante, decidí por fín hacerlo aunque consciente de que la vista desde allí sería algo pavoroso. Se oyó La campana de la Torre de la Vela, marcando las horas, eran las doce. Una ráfaga de viento sacudió mis cabellos y rompió el murmullo de las arrullantes palomas.
Cuando por fin miré por la ventana no daba crédito a mis ojos: aquél balcón era una ventana al tiempo, de pronto la casa era nueva y la Calle Limón estaba transitada por burros y personajes con ropajes extraños, moriscos, árabes, como del S. XV. No hablaban castellano sino árabe, y yo, por una extraña razón que no sé explicarme, los entendía a la perfección.
De repente, me vi a mí mismo con barba y con un turbante, sentado a la puerta de aquel Carmen de la Calle Limón. Jugaba al ajedrez con un tal Mustafá, que era un gran amigo mío.
-Jaque mate –escuché
Y las piezas del ajedrez se desplomaron. Yo caí fulminado como por un rayo y pude ver mi entierro desde aquel balcón: la comitiva, las plañideras y el cortejo fúnebre que me correspondía como Sabio del Reino Nazarí de Granada. Cuando volví la vista hacia adentro del balcón ya no había palomas blancas en la habitación sino un anciano canoso y bajito que me dijo:
-Has visto cómo fue tu anterior vida, no malgastes el presente en los mismos menesteres.
Salí de allí aturdido, irritado, sin comprender muy bien aquello. Al salir por la puerta del muro, tras cruzar de nuevo el patio, dije inercialmente:
-¿Qué tal Mustafá? ¿Echamos una partida de ajedrez?
Calle del Beso
C
uenta una leyenda gitana, que en la Calle del Beso, una vez un chico le declaró su amor pasional y encendido a una gitana guapa, morena de azabache, de la tierra, que le negó su amor. Mas le dio un beso en esa calle. Ése ósculo de brasas encendido, fue la desgracia de nuestro gitanito, que se volvió loco y murió como mendigo, en esa misma calle.
La Calle del Beso es estrecha, muy angosta, y comunica con la Plaza de Porras. Lo cierto es que una noche iba paseando por la Cuesta de San Gregorio y decidí girar a la derecha hacia la Casa de Porras. Había luna nueva por lo que la iluminación era más bien escasa. Me senté en la placeta y me fumé un cigarro mientras olía los aromas de leña quemada y de postreras cenas. Proseguí mi camino. Sin saber muy bien por qué, me di cuenta que estaba en al Calle del Beso. Esa calle es muy estrecha, no cabría ni un mulo, y con un trazado un tanto laberíntico, a la vez que llena de luces y sombras, de claroscuros. Es un callejón donde apenas dos personas pueden cruzarse. Tan sólo se oían mis pasos, luego el agrio alarido de un gato, y después escuché, como venido de lejos, el sonido de una mujer que cantaba una copla desde una ventana. Era “La bien pagá”, pero cantada con una dulzura melosa, mística, ancestral. Miré hacia una ventana y ví una sombra, una silueta, peinándose tras una cortinilla con encajes de ganchillo. Esa voz me cautivaba como el canto de las sirenas cautivó a Odiseo, pero al no estar yo atado, me quedé embelesado escuchándolo. Ella no podía verme, y al ver que se estaba arreglando, decidí esperar bajo su puerta y hacerme el encontradizo.
En efecto, la mujer, de una belleza extraordinaria, salió por la puerta prevista diez minutos más tarde. Yo le pregunté la hora y algunas curiosidades folclóricas sobre el Albayzín. Me dijo que cantaba en una zambra, en el Sacromonte, y me invitó a ir a verla. Durante el paseo pude disfrutar de una conversación animada, amena, vivaz, pasional, era como si me leyera el pensamiento. Las vistas que hay de la Alambra iluminada por la noche desde el camino del Sacromonte eran espectaculares, como un crepúsculo mágico. Llegamos a una zambra, una cuevecilla decorada con objetos pequeños de cobre, por todas partes. Dentro había gente en un círculo de sillas de esparto cantando y tocando la guitarra, bailando, todo improvisado. Esta mujer, de nombre Lola, me presentó algunas personas y me invitaron a tomar asiento entre ellos. Las palmas, los compases, los acordes y punteos, rasgueos, de guitarra, golpes de caja, palmas, gritos y oles se sucedían frenética y espontáneamente. Lola cantó una Soleá, y luego por malagueñas y por rondeñas, por último unas coplas y, para finalizar del todo, “La bien pagá”: “na te debo, na te pido, me voy de tu vera olvíame ya, que he pagao con oro tus carnes morenas, no maldigas paya que estamos en paz, no te quiero, no me quieras, si tu me lo diste yo na te pedí, no me eches en cara que to lo perdistes, tambien a tu vera, yo to lo perdi. Bien pagá, si tu eres la bien pagá, porque tus besos compré y a mi te supiste dar, por un puñao de parné, bien pagá, bien pagá, bien pagá fuiste mujer. No te engaño, quiero a otra, no creas por eso que te traicioné, no cayo en mis brazos me dio sólo un beso, el único beso que yo no pagué. Na te pido, na me llevo, entre esas paredes dejo sepultas, penas y alegrías que te he dao y me diste, y esas joyas que ahora, pa otro lucirán…”. La aclamación de palmas y oles fue espectacular, se notaba que esa mujer tenía duende. La fiesta se prolongó hasta bien entrada la madrugada y decidí acompañar a Lola hasta su casa, para que no fuera sola. Cuando llegamos a su casa, tras recorrer apaciblemente el Albayzín y oír el taconeo de nuestros pasos por el empedraíllo granaíno, tras una conversación profunda, animada e increíble, llegó el momento mágico: nuestras miradas se cruzaron a solas en el silencio de la noche. Un mochuelo ululaba. Nos acercamos y nos besamos. Ella se metió en la casa sonriendo.
Cuando me di la vuelta ví un mendigo en la esquina tirado, me pidió una moneda y me dijo que sabía leer las manos.
-Te espera una maldición ancestral gitana que ha de devorarte por dentro. Me apiado de tu alma, toma un romero para que te dé suerte, aunque no te librará de la maldición.
Al día siguiente volví a por Lola pero la casa donde ayer estaba era un solar yermo, con un túmulo de piedras y un muro medio caído. Aún se conservaba la fachada con la misma ventana. Doblaron las campanas a difuntos y apreció Lola, más modernamente vestida, pero no me conocía. La abordé para darle un beso y al besarme caí fulminado al suelo, demayado.
Me levanté pero mi cuerpo seguía en el suelo y empezó a llegar gente en torno a mi. Pude ver al mendigo y me dijo:
-Debiste saber que Lola es sólo mía.
Y desapareció.
Cuesta de las Arremangadas
S
ubía por Plaza Nueva y la fisonomía de la ciudad iba cambiando, mudándose, como un camaleón en pleno otoño. Pero era verano, y el calor era sofocante, por lo que decidí pasear por esas calles, ya que sabía que era la zona más fresca de Granada. La verdad, para un transeúnte solitario como yo, hay pocas sorpresas en la vida, pero aquélla tarde, presentía con curiosidad un insólito acontecimiento. Subí por un callejón que hay justo detrás de la Real Chancillería, sede de los tribunales de justicia, la humana, que la divina ya tendrá tiempo de juzgarnos en su momento. El callejón era angosto y empinado, hacia arriba, yendo a desembocar a la Calle San Juan de los Reyes. Allí torcí a mi izquierda y pude ver una cuesta que subía: era la Cuesta de las Arremangadas. Y este singular nombre se debe a que esta zona es un área especial dentro del putiferio granaíno, ya que, la Calle S. Juan de los Reyes es la zona donde más casas de putas hay en todo el Albayzín.
Llevaba tres mil pesetas en el bolsillo, y una gorda me dijo:
-Chicarrón ven con mami –mientras me guiñaba el ojo y me echaba una sonrisa, pero era grotesca y tenía un bigote considerable, estando además, pésimamente vestida y maquillada. La verdad, me causó cierta repugnancia aquella furtiva insinuación, por lo que seguí andando y aceleré ligeramente el paso hacia arriba.
Pasado el trago, seguí caminando, tratando de desterrar aquél adefesio de mi memoria, aquélla grotesca y repugnante caricatura. Pasé por la puerta de otro prostíbulo y esta vez había un grupo de prostitutas en la puerta, tomando el fresco, ya que el calor era sofocante. Una de ellas, la mayor, era rubia de bote, rellenita y chata. Luego había una chica extranjera, quizá cubana, colombiana, no sé sudamericana, algo entrada en carnes y vestida con un chándal fucsia. Por último había una mujer de unos treinta años, morena, con un cuerpo decente y una cara curiosa. De alguna manera me atraían sus profundos ojos lujuriosos pero traté de reprimirlo acelerando el paso. Aquello tan sólo fue una furtiva mirada. Llegado a la ermita de Sta. Inés, me detuve en la vetusta fuente a beber algo de agua y a mojarme la cabeza, el calor era sofocante. Pero me dí cuenta que estaba algo erecto, excitado, y no lograba quitarme esa mirada lujuriosa de la cabeza. Sentía por dentro esa especie de mezcla entre miedo y temor del que siente un deseo que sabe que está mal y lo va a hacer a pesar de que sabe que inmediatamente después se va a arrepentir de tal acto. La prostitución me parece una especie de cosificación de la mujer, una degradación moral, algo sucio, frío e inmoral. Pero seguía sintiendo esa excitación por todo el cuerpo y estaba algo más que nervioso. Decidí volver lo andado y volví a pasar por aquella puerta metálica pintada con una especie de color gris azulado. Allí estaban las tres, ya dentro, pero con la puerta abierta, y, cuidando de no ser visto por nadie, por una especie de súbito impulso, entré en el prostíbulo. Me temblaban las piernas de la mezcla de nerviosismo y excitación.
-¿Te apetece echar un ratico? –me dijo la mayor – Elige, estamos las tres disponibles.
-¿Cuánto cobran? –dije tartamudeando-
-Pues por ser un chico tan guapo te lo dejamos en tres mil.
-Quiero a ésa, la morena.
-Muy bien chico, pero tranquilízate, estás temblando. No te vamos a comer. Se paga por adelantado. Págame y os subís pa’ arriba.
Solté tres billetes de mil encima de la mesa, la madame los recogió y la morena me miró con picardía y cierta complicidad a la vez que una mezcla de desgana. Me condujo por una escalera de escalones empinados, muy estrecha, hacia una habitación con una puertezuela destartalada, con un cerrojo. Había un bidé y un lavabo en la habitación y, el centro, una cama ancha pero muy antigua. Echó el cerrojo y me dijo:
-Lávate cariño, que yo me voy desnudando.
Mis ojos no reparaban en su asombro al ver lo que la cosmética y una sagaz mirada puede ocultar: tenía un cuerpo repugnante, lleno de estrías, y con grandes y caídos, colgantes pechos. Me desnudé e hicimos el amor de una forma frenética y maquinal, fría, anónima, con cierto grado de violencia y falta de tacto, y no conseguía excitarme lo suficiente como para eyacular.
-Córrete ya mi vida –me susurraba ella- Quiero tu leche.
Después vino el orgasmo, y ella me dijo:
-¡Qué bien follas! ¡Si me hubieras follado así sin condón, me habrías hecho un niño precioso!
Nos vestimos y bajé al piso de abajo, con ella, extasiado, y, para recuperarme del sofoco, apenas dije adiós y me fui de nuevo a la vetusta fuente de la Placeta de Sta. Inés. Allí bebí agua y me fumé el cigarrillo de rigor. La verdad, había resultado algo inmoral pero excitante. Volví a repetir la experiencia pero siempre con aquélla mujer morena, y siempre se me olvidaba su nombre, y a ella el mío, a pesar de que nos presentábamos en cada encuentro. No sabría muy bien definir si esto es meramente lujuria, sexo a secas o sexo sin amor, pero bien es cierto que entre los dos había cierto cariño pese a lo pecuniario de la relación en sí. Un día dejó de cobrarme y, al fin, no me encontré a la mujer de mi vida, pero sí una amante perenne que he conservado intacta para el deleite lujurioso de mi espíritu. Locura, lujuria y penetrante mirada de azabache remangada. Locura, lujuria y penetrante mirada en la Cuesta de las Arremangadas.
El Trueno
C
erca de Casa Pasteles, en Plaza Larga, en una plazoleta que desemboca en el Arco de las Pesas, estaba la peluquería de un genuino albaizinero al que se conocía en el barrio como “el Trueno” por su malafollá. Recuerdo que era un peluquero eficiente, meticuloso, de esos de los de antes, más que un peluquero, un barbero en el sentido estricto de la palabra. Daba miedo ir a pelarse allí y recuerdo que mi padre me llevaba a su peluquería cuando tenía cinco años y siempre me decía que nunca lo llamara “Trueno”, ya que se enfadaría mucho. La barbería del Trueno era de las antiguas, y me daba auténtico pavor entrar allí y verlo afeitar a alguien con la afilada navaja. La silla de pelar mas bien parecía una silla eléctrica aunque conservaba el valor de su vetusta resistencia. Había espejos, cepillos, navajas, escobillas, espumas, y había un rancio olor a Varón Dandy. Yo nunca hablaba cuando me pelaba el Trueno, por miedo, y él ni siquiera era simpático conmigo por ser un niño, es más, me trataba con la seriedad y brusquedad con la que se trataría a un adulto pero estando enfadado, esto es: como un malafollá. Mi padre siempre me decía que no le llevara la contraria ya que podría trasquilarme o ponerse nervioso y cortarme una oreja, lo cual a mis tiernos cinco años me aterrorizaba aún más. Pero el Trueno es entrañable y cuando pasé hace poco y comprobé que su peluquería estaba convertida en una especie de bazar marroquí algo se me encogió en el corazón ya que se ha perdido uno de los personajes más genuinamente albayzineros y malafollás de los pocos que quedaban en Granada. La malafollá es un concepto un tanto difícil de explicar, es un rasgo de carácter, hosco, malhumurado y permanente, un sentido del humor hiriente y sádico, un trato degradante y denigrante, pero con gracia, una especie de sarcasmo folclóricamente popular pero personal e intransferible, agresivo, en fin, para su explicación más detallada remito al lector al libro de Ladrón de Guevara
Imagínense qué tipo de carácter podría tener este hombre para que su mote fuera “El Trueno”, sólo con su presencia acojonaba, incluso en las cercanías de la peluquería o con sólo evocar su recuerdo.
El Trueno llevaba allí toda la vida afeitando y cortando el pelo a los albayzineros y era toda una institución en el barrio.
Con esta breve descripción pasaremos a contar lo que aconteció a continuación; un turista japonés, de esos que lo copian todo en imágenes con una videocámara, iba por Plaza Larga un día de la Cruz cuando sintió curiosidad por la cruz que había allí expuesta. Nuestro amigo Nishimura nunca había visto algo tan colorista y folclórico como aquella cruz, con su mantón de manila, su pero y sus tijeras y todo tipo de abalorios y utensilios de cobre, de cerámica, y macetas, geranios, claveles, hierba en el suelo, y toda esa gente comiendo habas crudas con bacalao, y bebiendo vino. Se acercó para verlo mejor y escuchar las sevillanas y para ver a la gente bailando. Lo grabó en su videocámara y en ese momento no prestó mucha atención pero en esa cruz había también, clavada en el pero, una navaja de afeitar. Era el año en que se jubilaba forzosamente el Trueno, y la Asociación de Vecinos decidió hacer este gesto simbólico en señal de homenaje. Lo que no sabían era que Nishimura era un conocido folclorista en el Japón, y que grababa sin perder detalle pero una cosa se le pasó por alto, la maldición del Trueno. Le gustó aquélla curiosa y vieja navaja de afeitar y en un descuido la quitó del pero y se la echó al bolsillo. Cuando pasó por debajo del Arco de las Pesas vio un relámpago fuera y oyó un trueno en el cielo. Siguió caminando hacia San Nicolás y notó una cierta molestia en la cabeza, como un escozor. Pero no le dio importancia. Cuando llegó a S. Nicolás el muy estúpido se puso a grabar la fachada: “Sancte Nicolae ora pro nobis”. Un grupo de chiquillos lo miraron y salieron corriendo completamente aterrorizados. Se dio la vuelta y siguió grabando la Alhambra, cuya belleza le fascinó, pero no comprendía por qué la gente lo miraba con gesto extraño, lo rehuían sin razón aparente. Sintió sed y se acercó al aljibe a beber agua, y para su sorpresa, en el reflejo pudo verse a sí mismo trasquilado y sin la oreja derecha, con una mancha de sangre, era la maldición del Trueno. . .
El aljibe de San Nicolás
C
uando yo era pequeño, recuerdo que me maravillaba pasar las tardes en S. Nicolás con mis primos, jugando a escalar la parte exterior de la bóveda del aljibe del que manaba un chorro de agua fresca y pura. Recientemente han inutilizado ese caño, lo cual causa un daño irreparable al paseante con cierta memoria histórica, ya que era un agua de una calidad excepcional.
Aparte de esto, comentar, como curiosidad histórica, que donde actualmente se ubica la Gran Mezquita de Granada, junto a la Iglesia de San Nicolás, debajo, soterrada, a parte de las ruinas de un nobiliario palacio nazarí del S. XIV, está la muralla ibera, de unos tres o cuatro metros de alto, que es el origen histórico del barrio y de la ciudad de Granada.
Por último comentar también, que la vista que hay desde el mirador de S. Nicolás, con su placeta de empedraíllo granaíno, es una de las más bellas que hay de la Alambra aunque, contra la opinión del señor Bill Clinton, desde allí no se ve la puesta de sol.
Pues bien, en ese mirador siempre suele haber unas gitanas vendiendo castañuelas a los turistas, es un hecho consumado, son perennes, al igual que el crucifijo de piedra que preside la plaza.
Yo andaba bebiendo agua en el aljibe cuando escuché una voz que me decía:
-Ven…acércate…ven hacia mi.
La verdad es que era como un susurro, pero parecía venir de dentro del aljibe y por tanto curioseé en la trampilla. Tras un ligero forcejeo conseguí abrirla y lo que vi allí fue un musulmán viejo, bajito, con unas babuchas rojas, diminutas, y un manto sedoso, rojo y dorado, así como un turbante con un enorme rubí en la frente.
-Si vienes conmigo te enseño un secreto
Accedí y salté al interior del aljibe. Era como una enorme catedral inundada, apenas iluminada, pero el viejete seguía allí, mirándome con el ceño entre temeroso, fruncido, suspicaz e interesante.
-Verás soy el espíritu de Boabdil. Aunque huí a África con mi corte di instrucciones para que mis cenizas se esparcieran aquí, en este aljibe, para poder estar en Granada, en mi Granada. Si me sigues podrás comprobar que hay un laberíntico sistema de pasadizos y alcantarillado que comunican todo el Albayzín entre sí y con la Alambra. Mi espíritu mora por aquí hasta que la mano toque la llave, ya sabes la leyenda, cuando la mano toque la llave en la Puerta de la Justicia se destruirá la Alhambra y saldrán a la luz los tesoros ocultos por los moros. Pues bien mi querido amigo, te he seleccionado para que contemples estas maravillas y seas su guardián mortal. Podrás utilizar todas las joyas que te sean necesarias para vivir como un hombre rico, pues son inagotables, pero debes preservar el Secreto de las Puertas.
-¿Qué secreto?
-La fuente de los Leones es una de ellas. Cuando los leones se hallan alineados a las siete de la tarde, es decir, cuando ruge agua el séptimo león, se abre un pasadizo en El Patio de los Arrayanes y, si en la Sala de los Secretos se recita la palabra “Maktub” siete veces en la columna Este, se abre una de las puertas. Esta puerta permite volver a la época dorada, en la que todos los hombres eran igualmente ricos, sanos y poderosos. Es como una ventana al tiempo, a la edad de la inocencia primitiva, a ese tiempo en el que todos éramos iguales. No quiere decir esto que hoy en día no lo seamos, ya que la muerte lo iguala todo, pero parecemos diferentes. Mira, te diré una cosa, en mi época convivíamos en Granada hombres de las tres culturas. Había un clima de tolerancia general, y eso se perdió. Pero la vida son ciclos, todo se restituye, todo empieza y todo acaba, pero lo nuestro es pasar...
-¿De verdad existen esas Puertas?
-Por supuesto que existen, los árabes andalusíes ya lo sabíamos y viajábamos en el tiempo para acumular riqueza y poder, sabiduría. Mientras los cristianos tiraban sus excrementos por la ventana al grito de “agua va”, nosotros ya disponíamos de alcantarillado, letrinas, y sistemas hidráulicos de gran precisión. La sabiduría siempre ha estado ahí; siempre estuvo, siempre está y siempre estará. En Granada hay dos grandes Puertas, dos grandes Chakras de la tierra que almacenan gran cantidad de energía y son muy buenos para quien los frecuenta: uno es la abadía del Sacromonte y otro el Patio de los Leones. Esto es algo que me enseñaron mis astrólogos desde niño. Por eso lloré como una mujer al perder Granada, porque perdía la mayor riqueza del mundo. Y por eso he vuelto a morar por esta tierra, para que se pueda preservar el Gran Secreto y éste sea revelado a quien pueda hacer un buen uso de él para la igualdad de los hombres. Te diré una cosa: Dios no hay más que uno, aunque hable todas las lenguas y a todos los pueblos. Todos somos, por tanto, iguales, aunque las leyes kármicas del universo no perdonan. La cuarta verdad que he de revelarte es que la reencarnación existe y que el alma es inmortal. Todo lo encontrarás en El libro Plúmbeo, que para eso fue escrito. Para preservar estas verdades. El Libro Plúmbeo está en Sacromonte, en la Abadía, pero los códigos para descifrarlo los tendrás que hallar por ti mismo con la ayuda de este mapa, tas cruzar la Primera Puerta. Buena Suerte Amigo, sigue por ese pasadizo hacia delante.
Yo seguí por el pasadizo, tibiamente iluminado por una luminosidad de otros mundos. Pasé por pasarelas, riachuelos, alcantarillas y mazmorras, pasé por zonas desconocidas y, si no es por el mapa y por las indicaciones del viejo Boabdil, cuyas babuchas caminaban solas delante mí, no hubiera acertado en tan complejo entramado de esquivos pasadizos... Cuando salí lo primero que vi fue una muralla y, ante mí, el Palacio de Carlos V. Me dirigí hacia los Palacios Nazaríes, pasé por la Sala de la Justicia, por la Sala Dorada, donde un murmullo de agua me tranquilizó, y la siguiente sala por la que pasé fue el Patio de los Arrayanes. Esperé allí pacientemente hasta que dieran las siete. A las siete en punto, yo estaba mirando la alberca cuando en el reflejo vi que la puerta trasera se abría ante mí. Pasé a la sala de los secretos, busqué la columna orientada hacia la Meca y recité la palabra “Maktub” siete veces. Cuando volví al Patio de los Arrayanes había una puerta nueva, junto a la alberca, que bajaba hacia abajo. Lo que me dijo Boabdil el Chico era cierto. Ahora podría atravesar la Puerta y descifrar los enigmáticos Libros Plúmbeos.
La Abadía del Sacromonte
Cuando me introduje por la puerta lo que pude ver fue una Alhambra aún más bella. Había un trazado laberíntico de fuentes subterráneas de vino y miel por doquier. Había cascadas, oro y joyas por todas partes y, al final de todo, una gran puerta que daba accesso a una gran sala hexagonal. Esa sala era una enorme biblioteca, y, en el centro, se hallaba un viejo manuscrito en el que se leía “Traductio liberis plumbeorum symbolorum”.
La Primera Puerta
Ibro de Horas
Das Abgrund
(El Abismo)
Cuando uno
Hace un alto
En el camino
Y reflexiona
La soledad
Lo envuelve
Y se encuentra
Con el abismo
De la existencia.
Ese abismo
Paraliza,
Da miedo,
Pavor, terror,
Porque uno mira
Y no ve el fondo.
Tira una piedra
Y no se oye nada
Porque el abismo
Es la nada
Que te envuelve,
Te absorve,
Te ciega
Y te enreda
La existencia.
El abismo
Es la soledad
De la cumbre,
El yo se marea
Cuando mira el fondo.
El abismo
Es conciencia
De ser para la muerte:
La soledad inmensa
Del que siente,
Del que grita
A los vientos
Y sólo escucha el eco.
El abismo
Es uno de los velos
De Maya...
Una ilusión óptica
Pero necesaria
En el camino.
El abismo
Es la espina
De la rosa,
El tallo
Por el que hay
Que ascender...
El abismo
Es el pozo
Donde está
El océano
De la existencia finita,
Del ser para la muerte,
Y su contrario
Es la Montaña.
La Montaña
La Montaña
Es el lugar
De la meditación.
La meditación sobre el ser.
Sólo al que medita
Le será revelada
La alquimia
De todos los mundos,
De todos los seres,
Sintientes, no sintientes,
Materiales e inmateriales,
Elevados y soterrados.
La verdad
Sólo vuela
En la soledad
De las montañas.
Para conocer
La verdad,
Para mirar
Desde arriba
Hay que alcanzar
La cima.
11 de julio de 2006
Sé que vendrás
A buscarme,
Cuando menos lo espere,
amor divino, sagrado,
te busco
y no te encuentro
¿me encontrarás tu a mí?
La soledad
Me escuece,
Pero he aprendido
A vivir en la niebla,
La soledad
Es sal
Pero he aprendido
a vivir en salmuera,
como una anchoa
en su lata.
La soledad
Es camino
Para que el alma escale,
Hacia cotas más altas,
Camino espiritual,
Viaje interior,
Eso es la soledad:
Hablar con uno mismo.
La soledad es monólogo,
Es un decirte: “sigue”,
Es un decirte: “basta”,
Es un pensarse hasta
Lo más hondo del alma.
La soledad es camino.
Sólo me logro solo,
Sólo me hago solo
Me pienso solo
Y sólo,
Después te encontraré.
13 de Julio de 2006
Todo ser asciende.
Antes de la ascensión
Viene la gran crucifixión:
Ése es el karma
Hoc lacrimarum vallei,
Pero ascendemos,
Cambiamos a mejor
Y eso ennoblece
Hasta lo más innoble.
Por eso ama,
Ése es el secreto,
Ése es el karma.
Ama y serás amado,
Respeta y serás respetado,
Quiere y serás querido,
No dañes y no serás dañado,
Ése es el karma.
Todo lo que siembres
Después cosecharás,
Ése es el karma.
El Universo tiene su Ley
Y es infalible,
Implacable, inapelable,
Eso es el karma.
13 de Julio de 2006
El alma es viento,
Es hálito, pneuma,
Energía vital,
La vida es viento
Y el viento
Sopla y sopla
Nunca cesa
sólo cambia.
El alma es viento,
Es aire,
Aliento,
El alma es siempre viento.
18 de Julio de 2006
I
Es en el llanto negro
Donde el consuelo grita
Un sí a la vida,
un sí a lo eterno:
la vida es divina,
eterna, hay cambio
mas al morir nacemos.
La mente es un continuo
Que no muere
Por eso los que amaos
Y aspiramos a ser sabios
Seremos más felices.
Contente, serénate,
Escúchate y domínate,
Porque en la virtud
Está la iluminación
Del camino.
II
Rezar
es hablar
con ese Dios
que habita en uno mismo.
Reza pues
Y escúchate,
Que así es como
Dios habla.
Ama por siempre,
Ama,
Que así es como Dios
Siente.
Sueña por siempre
Sueña,
Que así es como Dios
Guía.
Lucha por siempre,
Lucha,
Que así es como Dios
Vive.
Sé libre,
Siempre libre,
Que así es como Dios
Quiere.
Visión
El Samsara
Es la trampa,
El Samsara
Es engaño,
Es daño,
Es pernicioso.
Escucha tu intuición
Tu voz interna
Y hazle caso hasta el final
Porque así es como habla Dios:
Por medio de la voz interior.
La mente es una,
Continua,
Eterna,
Inmortal.
Las enfermedades
Del alma
Tienen su por qué,
En mi caso
Me cegaba
La Razón.
Dios me la quitó
Para que pudiera
Escucharlo,
Intuirlo,
Sentirlo
Y adorarlo.
Mató mi nihilismo,
Mi Samsara
Y se me apareció;
Me habló
De antiguos lamas
Y de ciudades sacras:
De Lhasa,
La Ciudad Sagrada,
Que está donde se juntan
El cielo y la tierra,
En el Tibet,
Donde la nieve
Es perpetua,
Donde el blanco
Es puro
Y la luz
Es pura.
Y más allá
Shamballa,
Etérica,
Mística
Y astral,
Perfecta,
Armónica.
Shalam es paz
Y la paz sólo se alcanzará
Cuando haya diálogo entre religiones
Porque Dios es Uno
Aunque hable todas las lenguas.
Dios nunca enfrenta
Nación contra nación
Los hombres sí.
Ha llegado el tiempo
De la libertad,
El tiempo
De la paz.
Shalam, hermano,
Paz, hermano,
Porque Dios
Quiere paz
Ya que Él es sólo Uno.
Muchas son las religiones
Muchos los caminos,
Una sola es la guía: Amor,
Una sola es la meta: la Paz.
Trascender es tener conciencia
De lo eterno,
Trascender es elevarse,
Es la visión superior,
Es la supraconciencia,
Es elevar lo otro,
Lo invisible;
La fe es creer
En lo que no se ve:
Esto es algo que hacemos a diario.
Si crees en lo cotidiano,
En el Dinero,
¿por qué no amar
lo eterno?
¿Por qué no buscarlo?
Crees que eres el centro
Del universo entero
Pero no eres nada,
No más que una hormiga
O un grano de arena:
En eso consiste tu grandeza
En lo pequeño.
Comprender esto
Es trascender.
Cuando uno
Entiende esto
Hay un abismo:
La existencia,
Y el puente
Para cruzar
Al otro lado
No es la Razón,
Ni la palabra,
Sino la fe,
La fe en Dios,
En lo incondicionado,
En el Dios
Que caminó sobre el mar,
En el Dios
Que te habla
Y te acompaña,
El “daimon”,
La intuición,
La voz interior,
Da igual,
Tiene mil nombres:
Pero Él es sólo Uno,
Causa y fin
Tu eres el medio.
Todo ser
Tiene una misión,
Un trabajo,
Un por qué,
Y cuando cumple
Cambia, muere, muta;
Como el gusano
Se hace mariposa
La muerte
Es metamorfosis,
Cambio, “enérgeia”;
Mas siempre asciende,
Siempre,
Porque el alma,
La mente,
Es continua en el tiempo:
Es cíclico el cuerpo
Mas lineal la mente.
Oración
Señor
Dame humildad
Para acatar tu mandato
Y fuerza
Para soportar mi destino.
Señor
Que yo sea testimonio
De tus palabras
Y digno siervo
De tus caminos
Que son inescrutables.
Señor
Dame la paz
Para que yo pueda
Dársela a los demás
Y la sabiduría
Para perpetuarla.
Señor
Dame elocuencia
Para poder expresar
Tu palabra
Y valentía
Para poder
Seguirte para siempre,
Para poder luchar
Por tu causa.
Antes de ti
La razón
Me confundía,
Esa creación humana
Que se autojustifica.
Pero la razón
Sin sentimiento
Es barabarie,
Caos, nihilismo,
Instrumento
Al servicio del poder.
Pero hay otro Poder
Que te hará libre
Y está en todos los seres,
Es el poder de Dios,
Es el poder de amar
En vez de odiar,
De sonreír a la existencia
En vez de limitarse
A soportarla.
Es el poder
De ver grandeza
En lo pequeño
Y pequeñez
En lo que parece grande.
Si miras tu interior
Lo encuentras todo:
“Conócete a ti mismo”
ahí está la Verdad
y ahí está Dios también.
Háblale, interpélale,
Porque El te escucha
Ya que El te creó.
Dios debe mover
Sus legiones
En tanto que amado,
Porque Dios es Amor,
Por eso esa pequeña
Porción divina,
el “Paramatma”,
se encuentra
igual que alma
en el corazón.
Llegará el día
No muy lejano
En que se unirán
todos los pueblos,
y todas las religiones
serán una,
Uno sólo
Es el Dios soberano,
Aunque hable todas las lenguas
Y se aparezca a todos los pueblos.
Es en el Amor
Donde uno encuentra a dios.
Amando se trasciende
Porque un instante de amor
Es eterno.
Amar es renuncia,
Comprensión, diálogo.
Amar es consagrar,
Divinizar lo amado.
Y es más importante
Amar que ser amado,
Llorar que ser llorado.
Todo el que está
En el Amor
Está en Dios.
Y todo el que está en Dios
Es feliz.
No hay que desesperar
Si el amor no es recíproco
Porque se trata
De amar sin esperar
Nada a cambio:
Ése es el Amor Puro.
Y ése es el gran secreto
De la felicidad:
Morir amando.
(El Abismo)
Cuando uno
Hace un alto
En el camino
Y reflexiona
La soledad
Lo envuelve
Y se encuentra
Con el abismo
De la existencia.
Ese abismo
Paraliza,
Da miedo,
Pavor, terror,
Porque uno mira
Y no ve el fondo.
Tira una piedra
Y no se oye nada
Porque el abismo
Es la nada
Que te envuelve,
Te absorve,
Te ciega
Y te enreda
La existencia.
El abismo
Es la soledad
De la cumbre,
El yo se marea
Cuando mira el fondo.
El abismo
Es conciencia
De ser para la muerte:
La soledad inmensa
Del que siente,
Del que grita
A los vientos
Y sólo escucha el eco.
El abismo
Es uno de los velos
De Maya...
Una ilusión óptica
Pero necesaria
En el camino.
El abismo
Es la espina
De la rosa,
El tallo
Por el que hay
Que ascender...
El abismo
Es el pozo
Donde está
El océano
De la existencia finita,
Del ser para la muerte,
Y su contrario
Es la Montaña.
La Montaña
La Montaña
Es el lugar
De la meditación.
La meditación sobre el ser.
Sólo al que medita
Le será revelada
La alquimia
De todos los mundos,
De todos los seres,
Sintientes, no sintientes,
Materiales e inmateriales,
Elevados y soterrados.
La verdad
Sólo vuela
En la soledad
De las montañas.
Para conocer
La verdad,
Para mirar
Desde arriba
Hay que alcanzar
La cima.
11 de julio de 2006
Sé que vendrás
A buscarme,
Cuando menos lo espere,
amor divino, sagrado,
te busco
y no te encuentro
¿me encontrarás tu a mí?
La soledad
Me escuece,
Pero he aprendido
A vivir en la niebla,
La soledad
Es sal
Pero he aprendido
a vivir en salmuera,
como una anchoa
en su lata.
La soledad
Es camino
Para que el alma escale,
Hacia cotas más altas,
Camino espiritual,
Viaje interior,
Eso es la soledad:
Hablar con uno mismo.
La soledad es monólogo,
Es un decirte: “sigue”,
Es un decirte: “basta”,
Es un pensarse hasta
Lo más hondo del alma.
La soledad es camino.
Sólo me logro solo,
Sólo me hago solo
Me pienso solo
Y sólo,
Después te encontraré.
13 de Julio de 2006
Todo ser asciende.
Antes de la ascensión
Viene la gran crucifixión:
Ése es el karma
Hoc lacrimarum vallei,
Pero ascendemos,
Cambiamos a mejor
Y eso ennoblece
Hasta lo más innoble.
Por eso ama,
Ése es el secreto,
Ése es el karma.
Ama y serás amado,
Respeta y serás respetado,
Quiere y serás querido,
No dañes y no serás dañado,
Ése es el karma.
Todo lo que siembres
Después cosecharás,
Ése es el karma.
El Universo tiene su Ley
Y es infalible,
Implacable, inapelable,
Eso es el karma.
13 de Julio de 2006
El alma es viento,
Es hálito, pneuma,
Energía vital,
La vida es viento
Y el viento
Sopla y sopla
Nunca cesa
sólo cambia.
El alma es viento,
Es aire,
Aliento,
El alma es siempre viento.
18 de Julio de 2006
I
Es en el llanto negro
Donde el consuelo grita
Un sí a la vida,
un sí a lo eterno:
la vida es divina,
eterna, hay cambio
mas al morir nacemos.
La mente es un continuo
Que no muere
Por eso los que amaos
Y aspiramos a ser sabios
Seremos más felices.
Contente, serénate,
Escúchate y domínate,
Porque en la virtud
Está la iluminación
Del camino.
II
Rezar
es hablar
con ese Dios
que habita en uno mismo.
Reza pues
Y escúchate,
Que así es como
Dios habla.
Ama por siempre,
Ama,
Que así es como Dios
Siente.
Sueña por siempre
Sueña,
Que así es como Dios
Guía.
Lucha por siempre,
Lucha,
Que así es como Dios
Vive.
Sé libre,
Siempre libre,
Que así es como Dios
Quiere.
Visión
El Samsara
Es la trampa,
El Samsara
Es engaño,
Es daño,
Es pernicioso.
Escucha tu intuición
Tu voz interna
Y hazle caso hasta el final
Porque así es como habla Dios:
Por medio de la voz interior.
La mente es una,
Continua,
Eterna,
Inmortal.
Las enfermedades
Del alma
Tienen su por qué,
En mi caso
Me cegaba
La Razón.
Dios me la quitó
Para que pudiera
Escucharlo,
Intuirlo,
Sentirlo
Y adorarlo.
Mató mi nihilismo,
Mi Samsara
Y se me apareció;
Me habló
De antiguos lamas
Y de ciudades sacras:
De Lhasa,
La Ciudad Sagrada,
Que está donde se juntan
El cielo y la tierra,
En el Tibet,
Donde la nieve
Es perpetua,
Donde el blanco
Es puro
Y la luz
Es pura.
Y más allá
Shamballa,
Etérica,
Mística
Y astral,
Perfecta,
Armónica.
Shalam es paz
Y la paz sólo se alcanzará
Cuando haya diálogo entre religiones
Porque Dios es Uno
Aunque hable todas las lenguas.
Dios nunca enfrenta
Nación contra nación
Los hombres sí.
Ha llegado el tiempo
De la libertad,
El tiempo
De la paz.
Shalam, hermano,
Paz, hermano,
Porque Dios
Quiere paz
Ya que Él es sólo Uno.
Muchas son las religiones
Muchos los caminos,
Una sola es la guía: Amor,
Una sola es la meta: la Paz.
Trascender es tener conciencia
De lo eterno,
Trascender es elevarse,
Es la visión superior,
Es la supraconciencia,
Es elevar lo otro,
Lo invisible;
La fe es creer
En lo que no se ve:
Esto es algo que hacemos a diario.
Si crees en lo cotidiano,
En el Dinero,
¿por qué no amar
lo eterno?
¿Por qué no buscarlo?
Crees que eres el centro
Del universo entero
Pero no eres nada,
No más que una hormiga
O un grano de arena:
En eso consiste tu grandeza
En lo pequeño.
Comprender esto
Es trascender.
Cuando uno
Entiende esto
Hay un abismo:
La existencia,
Y el puente
Para cruzar
Al otro lado
No es la Razón,
Ni la palabra,
Sino la fe,
La fe en Dios,
En lo incondicionado,
En el Dios
Que caminó sobre el mar,
En el Dios
Que te habla
Y te acompaña,
El “daimon”,
La intuición,
La voz interior,
Da igual,
Tiene mil nombres:
Pero Él es sólo Uno,
Causa y fin
Tu eres el medio.
Todo ser
Tiene una misión,
Un trabajo,
Un por qué,
Y cuando cumple
Cambia, muere, muta;
Como el gusano
Se hace mariposa
La muerte
Es metamorfosis,
Cambio, “enérgeia”;
Mas siempre asciende,
Siempre,
Porque el alma,
La mente,
Es continua en el tiempo:
Es cíclico el cuerpo
Mas lineal la mente.
Oración
Señor
Dame humildad
Para acatar tu mandato
Y fuerza
Para soportar mi destino.
Señor
Que yo sea testimonio
De tus palabras
Y digno siervo
De tus caminos
Que son inescrutables.
Señor
Dame la paz
Para que yo pueda
Dársela a los demás
Y la sabiduría
Para perpetuarla.
Señor
Dame elocuencia
Para poder expresar
Tu palabra
Y valentía
Para poder
Seguirte para siempre,
Para poder luchar
Por tu causa.
Antes de ti
La razón
Me confundía,
Esa creación humana
Que se autojustifica.
Pero la razón
Sin sentimiento
Es barabarie,
Caos, nihilismo,
Instrumento
Al servicio del poder.
Pero hay otro Poder
Que te hará libre
Y está en todos los seres,
Es el poder de Dios,
Es el poder de amar
En vez de odiar,
De sonreír a la existencia
En vez de limitarse
A soportarla.
Es el poder
De ver grandeza
En lo pequeño
Y pequeñez
En lo que parece grande.
Si miras tu interior
Lo encuentras todo:
“Conócete a ti mismo”
ahí está la Verdad
y ahí está Dios también.
Háblale, interpélale,
Porque El te escucha
Ya que El te creó.
Dios debe mover
Sus legiones
En tanto que amado,
Porque Dios es Amor,
Por eso esa pequeña
Porción divina,
el “Paramatma”,
se encuentra
igual que alma
en el corazón.
Llegará el día
No muy lejano
En que se unirán
todos los pueblos,
y todas las religiones
serán una,
Uno sólo
Es el Dios soberano,
Aunque hable todas las lenguas
Y se aparezca a todos los pueblos.
Es en el Amor
Donde uno encuentra a dios.
Amando se trasciende
Porque un instante de amor
Es eterno.
Amar es renuncia,
Comprensión, diálogo.
Amar es consagrar,
Divinizar lo amado.
Y es más importante
Amar que ser amado,
Llorar que ser llorado.
Todo el que está
En el Amor
Está en Dios.
Y todo el que está en Dios
Es feliz.
No hay que desesperar
Si el amor no es recíproco
Porque se trata
De amar sin esperar
Nada a cambio:
Ése es el Amor Puro.
Y ése es el gran secreto
De la felicidad:
Morir amando.
Sonetos
I
Amar no es cosa bien sabida y encontrada
hasta topar con quien te conociera
que no es amor sino sólo endulzada
el caminar sin ti por esta carretera.
Te quiero hasta el final, mi vida amada,
te quiero hasta el final, mi vida entera,
que de no conocerte te quisiera
pues en mis sueños tu estarías clavada.
Amarte fue para mí un encontrarte
como si de otra vida ya te conociera
y al verte sólo pude estremecerme,
sentirte, llorarte y adorarte
ya que el destino así lo decidiera.
II
Si de otra vida yo te conociera
Quererte más pudiera en la postrera
Pero es en el presente donde al verte
Mi corazón te grita, se estremece,
Quererte es poca cosa, vida mía,
Ya que sólo por verte eso merece
Llorarte y sonreírte, mi alegría,
Y adorarte por y para siempre.
Sé que nací sólo para quererte,
Sé que tu estás sólo para ser libre
Pero si te enamoras y me eliges,
De amor te colmaré sólo por verte
De amor te colmaré, de pasión brillen
Mis ojos hasta el día de mi muerte.
III
El hilo que nos une es el destino
Y estando tan solito proclamaba
Andando por mi senda solitaria
Que de amar otra vez fuese con tino.
El caso es que al principio lo sabía
Y fue tan atractiva tu mirada
Que de profunda mi alma atravesaba
Como el rocío se extingue al mediodía.
Decirlo con palabras no es quererte
Ni un ápice de lo que tu mereces,
Y me hierve la sangre sólo al verte,
Pues con tanto en la vida de memeces
Mi corazón a ti te pertenece
Porque nací sólo para quererte.
IV
De amor no sé más que lo necesario
Que solamente es mío lo que siento
Que ella es mía y no mía al mismo tiempo
Y que soy suyo yo, por el contrario.
De amor yo sé sin más lo más liviano
Que es mucho más amar que ser amado,
Que es mucho más querer que ser querido,
Y que el ser feliz se logra dando.
De amor es puro fuego tu mirada,
Tu contorno, el beso penetrante
Que tiene a mi alma ahogada
En un mar de placer burbujeante
Que es pura ambrosía o que no es nada.
V
Nena, tu sexo excita mis papilas
Y es río el que me cae por los labios
Mientras mi lengua baila tú te excitas
Y como agua salada sin agravio.
Me encanta deslizarme entre tus pechos,
Me encanta deslizarme entre tus piernas
Comerte esos pezones siempre tiernos
Y probarte el sabor de la entrepierna.
Y si te penetrara y jadearas,
Jadearas a mi oído siempre atento
Que a mí en ese momento me grabaras
Tu nombre siempre a fuego en mi cerebro
Pues si de puro gozo tu gritaras
Sería de puro gozo mi contento.
VI
De dedos enlutados y fervientes
A ti mi compañera quiero verte
Resbalar por la amplia catarata
Que derrama al usarlo el bajo vientre.
Será resbaladizo, penitente,
El penetrar oscuro hasta tu fuente
Fuente de los aromas adornada
Con una almendra esclava, encapuchada,
Que cuando llora grita desgarrada,
Aumenta el fluir de tu corriente,
Y te sale un quejío de tus entrañas.
Gritas de puro amor, de pura garra,
Y de placer te suda hasta la frente,
Mientras tiembla la tierra, tierra llana.
VI
De amor no se más que lo necesario
Que solamente es mío lo que siento
Que ella es mía y no mía al mismo tiempo
Y que soy suyo yo, por el contrario.
De amor no sé sin más lo más liviano
Que es mucho más amar que ser amado,
Que es mucho mas querer que ser querido,
Y que el ser feliz se logra dando.
De amor es puro fuego tu mirada,
Tu contorno, el beso penetrante
Que tiene a mi alma ahogada
En un mar de papel burbujeante
Que es de pura ambrosía o que no es nada
VII
Sé de verdad que siempre que te quise
Fue desde lo más hondo de mi sentir
Sagrado, místico y pagano; latir
Latirte, ver y verte en lo que viese
Sentirte siempre fuerte en lo que fuese
Mi deambular mundano y mi trajín
Que no es sino volver a verte, venir,
Venir, sólo venir donde estuvieses.
Yo por quererte beso las esquinas,
Las farolas, y si pido limosna
Es sólo por tus besos: mi sustento,
Es sólo por tu abrazo: mi contento,
Que de querer te quiero, perla fina,
Coral de los corales, mi amapola.
VII
Sé que de amarte aún no podría quererte
Ni una mota de polvo polvoriento
De lo que tú mereces que es más fuerte
Que la cima de un gran volcán hambriento
Sé que de amarte aún no podría sentirte
Sino como mereces tras el viento
Que ondula junto al mar a tus cabellos
Hasta morir tan sólo de vivirte.
Te quiero hasta lo hondo de mi vientre
Que grita de un quejío abandonado
Que grita de un quejío cierres
La soledad que llama hasta mi prado
De verde por tus ojos alumbrado
IX
Sé que de verte sólo se me siente
Se me enciende, al verte susurrante
Figura traslocada, insinuante,
Que con palabras vivas de amor miente.
Como un ajo crudo el amor duele
Cuando es sólo bandido y muy tunante
Y se anda con remiendos, susurrante
En los cafés oscuros tras pasteles.
Te quiero, vida mía, te quiero
Hasta la muerte, hasta la vida
Y sorbo tras sorbo yo te bebo
Deseando no se acabe esta comida
Hasta que en los rejones yo te tengo
Y al albero no encuentras la salida.
X
Sonète à deux
Serán de torpes ágiles, veloces,
Vuestros labios tan frágiles, feroces,
Que claman besos en la madrugada
Y sueltan alaridos como espada
Que blande el penitente encapuchado,
Con la del arcoiris colorada,
Vibrante de cariño, almibarada,
De puro amor sincero y encontrado.
Serán de negras azabache puro
Sus miradas de amantes penetrantes
Que clavan de viveza jadeantes
Amor profundo puro y puro
Ante la intolerancia y la ignorancia
Del hombre medio urbano, el paseante.
D. Miguel de Unamuno: poesía y filosofía
Aquí dejo un trabajo sobre Miguel de Unamuno que iré completando conel tiempo.
“¿Qué raíz tienen en nosotros pensamiento y poesía? No queremos de momento definirlas,
sino hallar la necesidad, la extrema necesidad que vienen a colmar las dos formas de la
palabra. ¿A qué amor menesteroso vienen a dar satisfacción?¿Y cuál de las dos
necesidades es la más profunda, la nacida en zonas más hondas de la vida
humana?¿Cuál la más imprescindible?”
(María Zambrano, Filosofía y Poesía, (1939), Madrid, FCE, 1996)
0. Introducción
En este trabajo se pretende analizar la concepción unamuniana de la relación entre filosofía y poesía aunque con una pretensión modesta, y explicaré el motivo: sencillamente, en Unamuno, filosofía y poesía son lo mismo, van de la mano, con lo que un análisis exhaustivo requeriría una revisión total de su obra así como de su biografía, tarea ésta que excede la medida de mis posibilidades. Por ello citaré tres de sus obras:
Del sentimiento trágico de la vida(1913), Vida de D. Quijote y Sancho(1905) y S. Manuel Bueno Mártir(1930).
En la obra de Unamuno, obsesionado con la precisión de la palabra adecuada, filosofía y literatura son lo mismo, un pensamiento tiene que encarnarse en la palabra, en littera, por eso filosofía y literatura son una y la misma cosa, dos caras de una misma moneda. No hay ni una sola obra literaria de Unamuno que no exprese un pensamiento filosófico, ni ninguna obra filosófica que no rezume literatura.
Esta praxis vital de “existir en la palabra” la toma Unamuno de las fuentes clásicas directamente: retoma, a finales del S.XIX y principios del S. XX la concepción platónica del diálogo como discurrir del pensamiento, como forma de plasmar el pensamiento vivo, que es el que interesaba a D. Miguel. Es curioso notar que inventó lo que se conocen como Monodiálogos, es decir, un dialogar consigo mismo, un pensar vivo que se discute y reflexiona sobre sí, pero de forma viva, sin anquilosarse en un sistema que lo mortificaría, que ahogaría su riqueza argumentativa fosilizando el mecanismo de réplica y contrarréplica. Es por ello D. Miguel un pensador asistemático, vivo, existencial, que hace literatura filosófica o filosofía literaria, según se quiera. Si pensamos en los diálogos de Platón, lo que nos transmiten es ese pensar vivo, esa riqueza de la confrontación de argumentos y personajes que refleja la diversidad. Aunque Platón renegara en la República de los poetas, aunque quisiera echarlos de su república ideal, no olvidemos lo importante que es en su propia obra el mito, la poiesis; para empezar todas sus obras son diálogos, no tratados, y en segundo lugar cabría citar múltiples explicaciones y ejemplos mitológicos para sus ideas filosóficas: baste citar el mito de la caverna, el mito del carro alado, o el mito de Theus y Thamis. Por otra parte lo que subyace aquí es el tema de la metáfora, ¿qué mejor solución para explicar un pensamiento filosófico que expresarlo en términos literarios, mitológicos? ¿Es filosofía una ruptura frente al mito? ¿O para superarlo tienen que ir de la mano? ¿Es el lógos totalmente independiente del mitos? Yo diría que no, que se complementan y enriquecen mutuamente, o como diría María Zambrano, que son “dos formas de la palabra” o, como dice Pedro Cerezo , se trata de “existir en la palabra”. Unamuno, que era catedrático de griego, no desconocía esta conexión.
“El hombre, dicen, es un animal racional.
No sé yo por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental”
1. Conflicto entre sentimiento y razón.
Del sentimiento trágico de la vida arranca con un conflicto existencial: ¿tenemos que fiarnos ciegamente de la razón y de sus consecuencias o, tienen primacía los sentimientos que tenemos como hombres de carne y hueso? Unamuno responde: “Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida (...) Y así, lo que en un filósofo nos debe más importar es el hombre” . Dicho de otro modo: la existencia precede a la esencia. Pero va más allá y comenta: “Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional; que la razón construye sobre las irracionalidades” . No sé cuál sería el conocimiento que D. Miguel tendría de los escritos de Sigmund Freud sobre psicoanálisis, pero el paralelismo en la tesis me parece evidente. En cualquier caso, se trata de un ataque directo a los neokantianos, así como a los idealistas, y al positivismo, tal y cómo él mismo reconoce en el libro. Pero este partir de lo irracional para construir sobre ello racionalmente no es pura veleidad, es la tarea misma de la filosofía: “Y el más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que aquí fracasa toda filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de nuestra existencia (...) No basta pensar, hay que sentir nuestro destino” . Personalmente esta cita me evoca el pólemos (guerra) de Heráclito como madre de todas las cosas. Quizá sea haber seguido el camino de Parménides en vez de la lógica de Heráclito lo que ha hecho resurgir este tipo de conflicto perenne entre intelecto y sentimiento, entre fe y razón, en la historia de la filosofía occidental, conflicto cuyo aspecto trágico, irreductible, ocupó a D. Miguel toda su vida. “Razón y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro. Lo irracional pide ser racionalizado, y la razón sólo puede operar sobre lo irracional. Tienen que apoyarse uno en otro y asociarse. Pero asociarse en lucha, ya que la lucha es un modo de asociación” Ésta es tal vez su intuición originaria, el punto de partida, la piedra de toque de todo su pensamiento filosófico. Intentar resolverlo, lo llevó del mito al lógos y viceversa, y es la razón de que en él filosofía y poesía sean lo mismo: “Porque vivir es una cosa y conocer es otra, y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposición que podamos decir que todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital. Y esta es la base del sentimiento trágico de la vida”
“Existir en la palabra, radicarse en ella,
es tanto como hacer de la palabra la forma de la existencia”
2. Filosofía y poesía.
“Nuestra lengua misma, como toda lengua culta lleva implícita una filosofía. Una lengua, en efecto, es una filosofía potencial” . Aunque no pueda conjeturarse una influencia de Unamuno en Quine sí me parece que intuyó Unamuno la tesis de Quine de que todo lenguaje supone una forma de categorizar ontológicamente el mundo, tesis que quizá medio podría entreverse ya en la Metafísica de Aristóteles: es el lenguaje lo que nos dice lo que las cosas son: “el enunciado de la esencia de cada cosa es aquel enunciado que expresa la cosa misma sin que ella misma esté incluida en él. (...) hay esencia de todas aquellas cosas cuyo enunciado es definición” . Aunque muy matizado y salvando las distancias, es una tesis bastante antigua en filosofía. De ella se deriva una relación estrecha entre filosofía y lenguaje que en Unamuno, filólogo griego, no pasó desapercibida. Más adelante dirá: “El pensamiento reposa en prejuicios y los prejuicios van en la lengua (...) Toda filosofía es, pues, en el fondo, filología. Y la filología, con su grande y fecunda ley de las formaciones analógicas, da su parte al azar, a lo irracional, a lo absolutamente inconmensurable.”
Es por ello que Unamuno recurre a la metáfora, pero no como una forma de expresión oscura y alegórica sino como un modo de expresar de forma más rica la realidad. Es algo así como la concepción que Nietzsche tiene de la metáfora en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, la metáfora, frente al concepto, recogería un poco mejor la multiplicidad de esa realidad jánica que es la vida; en cambio, Nietzsche reprocha al concepto que encorseta y mutila la realidad . Hay tres metáforas que en Unamuno son cruciales: el sueño, el teatro y la novela . El sueño no sería simplemente que vivir es soñar sino, retomando a Calderón de la Barca, que el vivir es soñar. Por eso dice Unamuno que hay que despertar al que duerme para que sueñe la realidad. Pero la vida también es teatro, vivimos el gran teatro del mundo del mundo de Calderón donde nada es lo que parece ni parece lo que es. Desempeñamos nuestro papel en este gran teatro, pero el director que maneja los hilos a su antojo está más allá de este mundo y sólo se nos puede anticipar a través de metáforas. La otra gran metáfora de la vida para Unamuno es la novela: “La novela nos acerca a aspectos básicos de la vida, como la temporalidad y la libertad. La vida, como la novela, se va haciendo a través del tiempo; es un relato que tiene lugar en el presente, pero que se alimenta de recuerdos y vive también de ilusiones. Pasado, presente y futuro constituyen el misterio del tiempo. Al hombre se le escapa su control y quisiera fijar el instante fugacísimo del presente y hacerlo eternidad. El protagonista no quiere acabar la lectura del fatídico libro, porque el final de la lectura será también el del lector. La novela no podía tener conclusión como no la tiene la vida”. Es decir, que la vida es como una novela, donde uno se escribe a sí mismo, donde uno elabora su propia personalidad creándola desde y para sí mismo. Esta idea también tiene su correlato en la Teoría del sujeto que propone el psiquiatra y académico Carlos Castilla del Pino en su Teoría de los sentimientos: “el sujeto es una formación mental” o “el sujeto es el árbitro último en el juicio sobre sí mismo, cualquiera que sea el precio que pague por la distorsión a que se ve forzado para su equilibrio interno en cada una de las áreas de su self, cualquiera que sea el precio que pague si lo equivoca a su favor” Esto no es una afirmación banal, está en el fondo mismo de la cuestión. Más adelante comenta el psiquiatra: “todo discurso se inicia en el objeto pero continúa y acaba por ser exclusivamente del sujeto. El objeto se convierte así en pretexto para que el sujeto hable –descaradamente o ignorándolo- de sí mismo” . Parece que es esto exactamente lo que D. Miguel de Unamuno intuía firmemente y es por ello que para él vivir sea escribir su propia novela, y a su vez, escribir novelas vivir una parte de sí mismo que de otro modo no podría vivir porque también vivir es soñarse, soñarse despierto. La cita del psiquiatra la he traído a colación para que no se me reproche esta tesis como una mera concepción literaria de la vida, sino más bien para que se entienda que de alguna manera todos vivimos así, elaboramos de algún modo nuestra realidad y, como no, nuestra vida y nuestra personalidad. Muy interesante para ahondar en el tema es Teoría del personaje, del mismo autor .
3. Temas relacionados: inmortalidad y quijotismo
Dejando atrás esta digresión, me dispongo ahora a analizar la idea que tenía Unamuno sobre la inmortalidad del alma, central en Del sentimiento trágico de la vida y en San Manuel Bueno, mártir
“¿Qué raíz tienen en nosotros pensamiento y poesía? No queremos de momento definirlas,
sino hallar la necesidad, la extrema necesidad que vienen a colmar las dos formas de la
palabra. ¿A qué amor menesteroso vienen a dar satisfacción?¿Y cuál de las dos
necesidades es la más profunda, la nacida en zonas más hondas de la vida
humana?¿Cuál la más imprescindible?”
(María Zambrano, Filosofía y Poesía, (1939), Madrid, FCE, 1996)
0. Introducción
En este trabajo se pretende analizar la concepción unamuniana de la relación entre filosofía y poesía aunque con una pretensión modesta, y explicaré el motivo: sencillamente, en Unamuno, filosofía y poesía son lo mismo, van de la mano, con lo que un análisis exhaustivo requeriría una revisión total de su obra así como de su biografía, tarea ésta que excede la medida de mis posibilidades. Por ello citaré tres de sus obras:
Del sentimiento trágico de la vida(1913), Vida de D. Quijote y Sancho(1905) y S. Manuel Bueno Mártir(1930).
En la obra de Unamuno, obsesionado con la precisión de la palabra adecuada, filosofía y literatura son lo mismo, un pensamiento tiene que encarnarse en la palabra, en littera, por eso filosofía y literatura son una y la misma cosa, dos caras de una misma moneda. No hay ni una sola obra literaria de Unamuno que no exprese un pensamiento filosófico, ni ninguna obra filosófica que no rezume literatura.
Esta praxis vital de “existir en la palabra” la toma Unamuno de las fuentes clásicas directamente: retoma, a finales del S.XIX y principios del S. XX la concepción platónica del diálogo como discurrir del pensamiento, como forma de plasmar el pensamiento vivo, que es el que interesaba a D. Miguel. Es curioso notar que inventó lo que se conocen como Monodiálogos, es decir, un dialogar consigo mismo, un pensar vivo que se discute y reflexiona sobre sí, pero de forma viva, sin anquilosarse en un sistema que lo mortificaría, que ahogaría su riqueza argumentativa fosilizando el mecanismo de réplica y contrarréplica. Es por ello D. Miguel un pensador asistemático, vivo, existencial, que hace literatura filosófica o filosofía literaria, según se quiera. Si pensamos en los diálogos de Platón, lo que nos transmiten es ese pensar vivo, esa riqueza de la confrontación de argumentos y personajes que refleja la diversidad. Aunque Platón renegara en la República de los poetas, aunque quisiera echarlos de su república ideal, no olvidemos lo importante que es en su propia obra el mito, la poiesis; para empezar todas sus obras son diálogos, no tratados, y en segundo lugar cabría citar múltiples explicaciones y ejemplos mitológicos para sus ideas filosóficas: baste citar el mito de la caverna, el mito del carro alado, o el mito de Theus y Thamis. Por otra parte lo que subyace aquí es el tema de la metáfora, ¿qué mejor solución para explicar un pensamiento filosófico que expresarlo en términos literarios, mitológicos? ¿Es filosofía una ruptura frente al mito? ¿O para superarlo tienen que ir de la mano? ¿Es el lógos totalmente independiente del mitos? Yo diría que no, que se complementan y enriquecen mutuamente, o como diría María Zambrano, que son “dos formas de la palabra” o, como dice Pedro Cerezo , se trata de “existir en la palabra”. Unamuno, que era catedrático de griego, no desconocía esta conexión.
“El hombre, dicen, es un animal racional.
No sé yo por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental”
1. Conflicto entre sentimiento y razón.
Del sentimiento trágico de la vida arranca con un conflicto existencial: ¿tenemos que fiarnos ciegamente de la razón y de sus consecuencias o, tienen primacía los sentimientos que tenemos como hombres de carne y hueso? Unamuno responde: “Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de comprender o de no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida (...) Y así, lo que en un filósofo nos debe más importar es el hombre” . Dicho de otro modo: la existencia precede a la esencia. Pero va más allá y comenta: “Hegel hizo célebre su aforismo de que todo lo racional es real y todo lo real racional; pero somos muchos los que, no convencidos por Hegel, seguimos creyendo que lo real, lo realmente real, es irracional; que la razón construye sobre las irracionalidades” . No sé cuál sería el conocimiento que D. Miguel tendría de los escritos de Sigmund Freud sobre psicoanálisis, pero el paralelismo en la tesis me parece evidente. En cualquier caso, se trata de un ataque directo a los neokantianos, así como a los idealistas, y al positivismo, tal y cómo él mismo reconoce en el libro. Pero este partir de lo irracional para construir sobre ello racionalmente no es pura veleidad, es la tarea misma de la filosofía: “Y el más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que aquí fracasa toda filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de nuestra existencia (...) No basta pensar, hay que sentir nuestro destino” . Personalmente esta cita me evoca el pólemos (guerra) de Heráclito como madre de todas las cosas. Quizá sea haber seguido el camino de Parménides en vez de la lógica de Heráclito lo que ha hecho resurgir este tipo de conflicto perenne entre intelecto y sentimiento, entre fe y razón, en la historia de la filosofía occidental, conflicto cuyo aspecto trágico, irreductible, ocupó a D. Miguel toda su vida. “Razón y fe son dos enemigos que no pueden sostenerse el uno sin el otro. Lo irracional pide ser racionalizado, y la razón sólo puede operar sobre lo irracional. Tienen que apoyarse uno en otro y asociarse. Pero asociarse en lucha, ya que la lucha es un modo de asociación” Ésta es tal vez su intuición originaria, el punto de partida, la piedra de toque de todo su pensamiento filosófico. Intentar resolverlo, lo llevó del mito al lógos y viceversa, y es la razón de que en él filosofía y poesía sean lo mismo: “Porque vivir es una cosa y conocer es otra, y como veremos, acaso hay entre ellas una tal oposición que podamos decir que todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital. Y esta es la base del sentimiento trágico de la vida”
“Existir en la palabra, radicarse en ella,
es tanto como hacer de la palabra la forma de la existencia”
2. Filosofía y poesía.
“Nuestra lengua misma, como toda lengua culta lleva implícita una filosofía. Una lengua, en efecto, es una filosofía potencial” . Aunque no pueda conjeturarse una influencia de Unamuno en Quine sí me parece que intuyó Unamuno la tesis de Quine de que todo lenguaje supone una forma de categorizar ontológicamente el mundo, tesis que quizá medio podría entreverse ya en la Metafísica de Aristóteles: es el lenguaje lo que nos dice lo que las cosas son: “el enunciado de la esencia de cada cosa es aquel enunciado que expresa la cosa misma sin que ella misma esté incluida en él. (...) hay esencia de todas aquellas cosas cuyo enunciado es definición” . Aunque muy matizado y salvando las distancias, es una tesis bastante antigua en filosofía. De ella se deriva una relación estrecha entre filosofía y lenguaje que en Unamuno, filólogo griego, no pasó desapercibida. Más adelante dirá: “El pensamiento reposa en prejuicios y los prejuicios van en la lengua (...) Toda filosofía es, pues, en el fondo, filología. Y la filología, con su grande y fecunda ley de las formaciones analógicas, da su parte al azar, a lo irracional, a lo absolutamente inconmensurable.”
Es por ello que Unamuno recurre a la metáfora, pero no como una forma de expresión oscura y alegórica sino como un modo de expresar de forma más rica la realidad. Es algo así como la concepción que Nietzsche tiene de la metáfora en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, la metáfora, frente al concepto, recogería un poco mejor la multiplicidad de esa realidad jánica que es la vida; en cambio, Nietzsche reprocha al concepto que encorseta y mutila la realidad . Hay tres metáforas que en Unamuno son cruciales: el sueño, el teatro y la novela . El sueño no sería simplemente que vivir es soñar sino, retomando a Calderón de la Barca, que el vivir es soñar. Por eso dice Unamuno que hay que despertar al que duerme para que sueñe la realidad. Pero la vida también es teatro, vivimos el gran teatro del mundo del mundo de Calderón donde nada es lo que parece ni parece lo que es. Desempeñamos nuestro papel en este gran teatro, pero el director que maneja los hilos a su antojo está más allá de este mundo y sólo se nos puede anticipar a través de metáforas. La otra gran metáfora de la vida para Unamuno es la novela: “La novela nos acerca a aspectos básicos de la vida, como la temporalidad y la libertad. La vida, como la novela, se va haciendo a través del tiempo; es un relato que tiene lugar en el presente, pero que se alimenta de recuerdos y vive también de ilusiones. Pasado, presente y futuro constituyen el misterio del tiempo. Al hombre se le escapa su control y quisiera fijar el instante fugacísimo del presente y hacerlo eternidad. El protagonista no quiere acabar la lectura del fatídico libro, porque el final de la lectura será también el del lector. La novela no podía tener conclusión como no la tiene la vida”. Es decir, que la vida es como una novela, donde uno se escribe a sí mismo, donde uno elabora su propia personalidad creándola desde y para sí mismo. Esta idea también tiene su correlato en la Teoría del sujeto que propone el psiquiatra y académico Carlos Castilla del Pino en su Teoría de los sentimientos: “el sujeto es una formación mental” o “el sujeto es el árbitro último en el juicio sobre sí mismo, cualquiera que sea el precio que pague por la distorsión a que se ve forzado para su equilibrio interno en cada una de las áreas de su self, cualquiera que sea el precio que pague si lo equivoca a su favor” Esto no es una afirmación banal, está en el fondo mismo de la cuestión. Más adelante comenta el psiquiatra: “todo discurso se inicia en el objeto pero continúa y acaba por ser exclusivamente del sujeto. El objeto se convierte así en pretexto para que el sujeto hable –descaradamente o ignorándolo- de sí mismo” . Parece que es esto exactamente lo que D. Miguel de Unamuno intuía firmemente y es por ello que para él vivir sea escribir su propia novela, y a su vez, escribir novelas vivir una parte de sí mismo que de otro modo no podría vivir porque también vivir es soñarse, soñarse despierto. La cita del psiquiatra la he traído a colación para que no se me reproche esta tesis como una mera concepción literaria de la vida, sino más bien para que se entienda que de alguna manera todos vivimos así, elaboramos de algún modo nuestra realidad y, como no, nuestra vida y nuestra personalidad. Muy interesante para ahondar en el tema es Teoría del personaje, del mismo autor .
3. Temas relacionados: inmortalidad y quijotismo
Dejando atrás esta digresión, me dispongo ahora a analizar la idea que tenía Unamuno sobre la inmortalidad del alma, central en Del sentimiento trágico de la vida y en San Manuel Bueno, mártir
El nihilismo como forma de resurgir
El nihilismo tiene tres vertientes, dos europeas (el ruso, por ejemplo el de Tolstoi o el alemán, representado por Friedrich Nietzsche) y una oriental (el nihilismo budista: el nirvana) Aquí pretendo argumentar que el nihilismo es es un método de trabajo para autoevaluar las propias creencias, un método yo diría similar a la autocrítica marxista si es bien llevado. El método nihilista no es ni más ni menos que llevar una idea o creencia hasta sus últimas consecuencias lógicas y así llevarla por su propia lógica interna hasta su autodisolución. Por supuesto primero debemos identificar la idea o creencia concreta. Por ejemplo, pensemos en la inmortalidad del alma....¿cómo ha surgido esta idea?¿qué nos aporta a nosotros individualmente?¿Y colectivamente?¿es realmente imprescindible creer en la inmortalidad del alma o podríamos vivir sin esa idea?¿cómo sería mi vida sin esa idea?¿se puede argumentar racionalmente acerca de la inmortalidad del alma?¿qué pruebas tenemos?¿las consideramos aceptables? Y asi, hasta disolver la idea desde sí mísma.
¿Para qué hacer esto? Para encontrar la claridad de ideas y creencias, para librarnos de prejuicios que podemos tener en la cabeza inculcados por la sociedad, los mass media, nuestra educación, nuestro entorno, nuestras amistades, familias, etc...y que pueden llevarnos a una vida inauténtica, poco reflexiva y abocada por tanto a un grado mayor de sufrimiento. Yo apuesto por este método,como uno de muchos, y remito al que quiera ampliar sus conociemientos sobre el tema a la obra de Friedrich Nietzsche, que, salvando las distancias y tomándola concierta cautela puede ser una obra muy enriquecedora, ya que, esta disolución nihilista de los valores principales de la cultura occidental puede llevarnos a elaborar valores propios, desde una perspectiva integradora y enriquecida sobre el cupuesto constructo cultural occidental ya dado. ¡Frente a la cultura impuesta, creemos nuestros propios valores, y atrevámonos a sacarlos y discutirlos en la plaza pública.
q.e.e.
(quod erat explanandum)
¿Para qué hacer esto? Para encontrar la claridad de ideas y creencias, para librarnos de prejuicios que podemos tener en la cabeza inculcados por la sociedad, los mass media, nuestra educación, nuestro entorno, nuestras amistades, familias, etc...y que pueden llevarnos a una vida inauténtica, poco reflexiva y abocada por tanto a un grado mayor de sufrimiento. Yo apuesto por este método,como uno de muchos, y remito al que quiera ampliar sus conociemientos sobre el tema a la obra de Friedrich Nietzsche, que, salvando las distancias y tomándola concierta cautela puede ser una obra muy enriquecedora, ya que, esta disolución nihilista de los valores principales de la cultura occidental puede llevarnos a elaborar valores propios, desde una perspectiva integradora y enriquecida sobre el cupuesto constructo cultural occidental ya dado. ¡Frente a la cultura impuesta, creemos nuestros propios valores, y atrevámonos a sacarlos y discutirlos en la plaza pública.
q.e.e.
(quod erat explanandum)
El diván del filósofo
Esta página pretende ser un foro para todos aquellos que necesiten consuelo filosófico. ¿Nunca has tenido una crisis existencial?¿nunca has pensado que tu vida no tiene sentido?¿quieres buscarle una explicación al sentido de tu vida? Mediante esta página, entre todos nos ayudaremos, y la filosofía en general (sin aceptar ninguna escuela ni sistema de pensamiento en particular, sino desde una perspectiva ecléctica, sinérgica) nos ayudará a conseguirlo. Por medio del diálogo Socrático y del uso de la lógica y la retórica podremos ayudarnos. Mi Messenger (de hotmail) es: roscelino@yahoo.es podéis agregarme y os atenderé encantados. también podemos conversar a traves de mensajes en esta página.
Un abrazo, y que Minerva nos ayude a mantener bien abiertos los ojos,
roscelino
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