PROPUESTA (SI ME LEÉIS ESTA NOCHE, CLARO)... ¿NO SUS APETECE JUGAR UNA PARTIDITA AL TRIVIAL O A ALGO? AYYY, QUE TENGO MONOOOOOO! SI HOY ES MUY PRECIPITADO, PUES OTRO DÍA, PERO NO JUGUÉIS CUANDO YO NO ESTÉ, JAJAJA (QUE A LO MEJOR MAÑANA DUERMO FUERA... NOOOO, CON NINGÚN LIGUE... CON MI ABUELA!
Tamos en http://www.jippii.es, en "Casa de la Fortuna", abajo a la derecha! -> Os lo habéis perdido!! Eire dibuja muy muy muy bien! Enga, a ver si pronto jugamos todos, que es muy divertido! Me voy que ya toca, que mañana si no, no abro los ojos... muacks!
Hola tesoritos...Aunque el tono de mis post últimamente sea un poco desenfrenado, no quiero que penséis que soy una loca de 20 años a la que el pensamiento de
"Carpe Diem" le domina.
En general me considero reflexiva y hay más temas que me interesan además del chocolate, jeje.
También me gusta escribir. Es otro de mis vicios
(de los confesables) De pequeña solía escribir narraciones a peticiones de mis amigas, en las que ellas eran las protagonistas de la historia. Poco a poco fui creciendo y madurando, descubrí nuevas emociones y nuevos sentimientos y a menudo los plasmaba en el papel. Fue una época en la que en clase me dedicaba a escribir poesía, siempre inspirada en aquel chico (hubo más de uno) que me robaba el pensamiento.
Después, me di cuenta de que me gustaban más mis textos cuando eran tristes. Y he escrito muchas historias con un final trágico.
Hace mucho tiempo que no me pongo a escribir como lo hacía antes (la culpa la tiene la facultad, disminuye mi creatividad... y mi tiempo!!) pero hoy, "cotilleando" en mi ordenador, he descubierto un relato que escribí cuando tendría unos 16 años.
Al verlo y releerlo (¡y sentir que hoy, cuatro años después, cambiaría tantas cosas!) he decidido dejarlo intacto, al tiempo que me invadía la sensación de querer compartirlo con vosotros.
No estáis obligados a leerlo, ni mucho menos!! Aunque a veces no lo parezca (por la longuitud de mis posts) hay una cosa que me sabe fatal, y es robarle tiempo a la gente. Así que no perdáis el tiempo en algo que no os interesa... yo lo pongo sobretodo por mí, porque al fin y al cabo, en este cuaderno virtual estoy esbozando los trazos de mi vida...
MIL BESITOS PORQUE SÉ QUE SABÉIS VALORARLOS... :)
**Despedida**
No soportaba el aeropuerto. Tenía extremada manía al ruido de los aviones, a la megafonía que anunciaba los vuelos, a la gente que paseaba con sus maletas... a todo aquello que anunciaba una despedida.
Desde siempre, mi historia de amor con él había estado marcada por despedidas. Despedidas y reencuentros que agotan, que asesinan al alma.
De pronto, me vi otra vez diciéndole “adiós”. Le deseaba suerte mientras le llenaba de besos, aparentando que todo iba bien cuando en realidad estaba muriendo por dentro, agonizando. Era realmente cruel para mí observar cómo su cuerpo se perdía entre la multitud, cómo iba desapareciendo entre la gente, haciéndose cada vez más pequeño. Pero tenía que aceptar con resignación que su vida fuese eso: viajar en busca de pistas, detalles que pudiesen serle útiles en sus investigaciones.
Observé con nostalgia el momento en el que el avión despegaba del suelo que nos mantenía a la misma altura y derramé las lágrimas que había retenido en el momento de la despedida. También para él era difícil y no deseaba que marchara angustiado.
Tomé un taxi que me llevara a casa, y una vez allí, me dispuse a practicar el ritual de su ausencia: veía fotos, leía sus cartas, escuchaba nuestra música...la gente decía que tenía que salir y divertirme, pero sólo yo sabía que sin él era imposible. Así que me limité a esperarle día tras día, noche tras noche. De este modo, la angustia era mayor y el tiempo pasaba más despacio, pero ese era mi destino. Me consolaba pensar que cada vez faltaban menos días para volver a verle. Imaginaba todo lo que le diría, cómo le enseñaría todas las cosas que le había comprado, planeaba los lugares a los que iríamos cuando regresara.
Estaba leyendo la carta que me escribió la noche antes de nuestra boda cuando sonó el teléfono. Tuve que dejarlo sonar varios tonos, pues la emoción me impedía hablar.
Contesté con “¿Sí?” débil, frágil, enfermo. Le echaba de menos y no era capaz de aparentar lo contrario.
Cuando colgué, me senté en la cama y lloré durante horas. Ya no tenía que volver al aeropuerto. Él no iba a volver.
La tristeza se apoderó de mi eternamente. Ni siquiera tuve fuerzas para asistir al funeral y hoy, después de dos años, aún no he conseguido visitar su tumba. No soy capaz de ver al sentido de mi vida en una caja de madera. Ahora estoy desolada, pues aunque yo le siga esperando, tengo la total certeza de que esta vez no habrá un reencuentro.