Cerrando resquicios
Lloro...
Estoy cansado de escribir posts tristes. No me gusta hacerlo, pero es lo que hay últimamente. Hoy hablé con el argentino por el messenger y después por teléfono. Necesitaba hacerlo, necesitaba una explicación, aunque me sonara a mentiras, necesitaba decirle todo el daño que me había hecho... Y por fin he podido hacerlo.
Sus respuestas, soy un cabrón, me superó el no poder estar juntos, he querido llamarte pero me daba vergüenza, todo lo que te dije era verdad, no quería implicarte con mis problemas...
¿Debo creérmelo? Mucho me temo que no. O quizás sí. Pero al menos he podido decirle lo que tenía dentro. Ahora no sé cómo sentirme, pero creo que ha sido la clave para cerrar ese resquicio de ventana que quedaba abierta.
Lloro...
Pero sé que pronto lo abré desterrado para siempre. Se cumplió el ciclo. Y me sigue doliendo.
Le dije que no le he llamado en todo este mes y que no volveré a hacerlo. Me deseó suerte en Madrid y yo se lo deseé en la vida. Un beso, me dijo. No lo quiero, contesté yo. Adiós. Adiós. Y se acabó la única historia de amor que he tenido en mi vida. Si es que tengo derecho a utilizar las palabras historia y amor.

Lloro...
Estoy cansado de escribir posts tristes. No me gusta hacerlo, pero es lo que hay últimamente. Hoy hablé con el argentino por el messenger y después por teléfono. Necesitaba hacerlo, necesitaba una explicación, aunque me sonara a mentiras, necesitaba decirle todo el daño que me había hecho... Y por fin he podido hacerlo.
Sus respuestas, soy un cabrón, me superó el no poder estar juntos, he querido llamarte pero me daba vergüenza, todo lo que te dije era verdad, no quería implicarte con mis problemas...
¿Debo creérmelo? Mucho me temo que no. O quizás sí. Pero al menos he podido decirle lo que tenía dentro. Ahora no sé cómo sentirme, pero creo que ha sido la clave para cerrar ese resquicio de ventana que quedaba abierta.
Lloro...
Pero sé que pronto lo abré desterrado para siempre. Se cumplió el ciclo. Y me sigue doliendo.
Le dije que no le he llamado en todo este mes y que no volveré a hacerlo. Me deseó suerte en Madrid y yo se lo deseé en la vida. Un beso, me dijo. No lo quiero, contesté yo. Adiós. Adiós. Y se acabó la única historia de amor que he tenido en mi vida. Si es que tengo derecho a utilizar las palabras historia y amor.
Lloro...
El consuelo de un nuevo amanecer
Además, en ese mismo día ves marchar hacia un futuro mejor a uno de esos compañeros de los que tanto has aprendido y de los que has conseguido pasar de la admiración a la verdadera amistad.
Si eso no era suficiente, resulta que no puedes estar con tus amigos y disfrutar con ellos de la feria de tu ciudad, esa que tanto te gusta y que, además, te duele la garganta como si mil alfileres lucharan por atravesarla.
Y lo peor de todo es que en ese mismo día alguien te decepciona y eso duele muchísimo. ¿Tan difícil es reconocer los propios errores? ¿Tanto cuesta?
Hay días en los que el único consuelo es saber que pronto pasarán, que con el nuevo amanecer volverás a sonreir y que el dolor se habrá ido con el sueño.
Esa puta llamada memoria
Ayer estaba conectado en el messenger y, de pronto, salió su nombre. Jamás me lo había cruzado en internet. De pronto, no sabía que hacer. ¿Hablarle? ¿Ignorarle? Mientras lo decidía, me quedé bloqueado. Cogí el ratón para iniciar una conversación y empecé a temblar. Y no hablo en sentido figurado, si no que, realmente, no podía controlar el movimiento de mi cuerpo...
Sólo pasaron unos segundos, pero cuando al fin me decidí a abrirle la ventana, el argentino ya se había desconectado.
Todo mi mundo se tambaleó de nuevo. Y eso me hizo recordar y maldecir una y mil veces esta asquerosa buena memoria que tengo.
Hoy, día 26, hace dos meses que le conocí, que me miró por primera vez, que me hizo sentir el hombre más afortunado del mundo.
Hoy, día 26, hace un mes que hablamos por última vez. Con un Te quiero, mañana te llamo, puso fin a lo que con demasiada facilidad había denominado como amor.
Hoy, día 26, aunque no quiera, sigo sintiendo un pequeño vacío dentro de mí. Un vacío que creía que estaba totalmente cubierto y que, al parecer, aún tiene una fisura, aunque sea mínima...
Ni otros besos, ni las caricias de otras manos, ni el placer de momentos de sexo descontrolado han conseguido desterrar ni su número de móvil de mi cabeza, ni su mirada penetrante de mis ojos, ni el susurro de sus te quieros en mis oídos... Y necesito olvidar...
Ojeras periodísticas
Me había propuesto no empezar con las cremas hasta que tuviera, al menos, 25 años. Joder, que casi no he dejado la anti-acné como para empezar ya con la anti-arrugas. Bueno, pues sí, lo reconozco. Me he comprado mi primer anti-ojeras. Pero que tiene su motivo, que Diario Latigazo estaba dejando una gran huella debajo de mis preciosos ojos (para algo que tengo precioso, lo tendré que poner…). Y es que, al parecer, las ojeras van incluidas en mi nómina y en la de mis compañeros. Que tenemos todos una cara...
Si a eso le uno que continúo en el gimnasio, que me encanta comprarme ropa y que le tengo la batalla declarada a mi delgadez, llego a la conclusión de que voy, irremediablemente, por el difícil y caro camino de la metrosexualidad. Y que eres maricón perdido, podría decir más de uno... Bueno, pues también puede ser.
¿A quién no le gusta verse bien cuando se mira al espejo? A todo el mundo. Lo que me hace gracia es que, al igual que hace unos meses estaba de moda ser metrosexual, ahora está de moda decir que uno no lo es. ¿Yo? ¿Metrosexual? Que va, no me gusta nada esa expresión… ¡Tururú! El caso es llevar la contraria.
¿Mi objetivo? Tener un cuerpo como el de la foto. Bueno, uno no, mejor dos. Uno que sea el mío propio y otro que sea el de mi novio. Eso sí, sin descuidar ni lo más mínimo el interior, que yo, para compartir mi vida con un muñeco hinchable, mejor me quedo como estoy…
¿A quién no le gusta verse bien cuando se mira al espejo? A todo el mundo. Lo que me hace gracia es que, al igual que hace unos meses estaba de moda ser metrosexual, ahora está de moda decir que uno no lo es. ¿Yo? ¿Metrosexual? Que va, no me gusta nada esa expresión… ¡Tururú! El caso es llevar la contraria.
¿Mi objetivo? Tener un cuerpo como el de la foto. Bueno, uno no, mejor dos. Uno que sea el mío propio y otro que sea el de mi novio. Eso sí, sin descuidar ni lo más mínimo el interior, que yo, para compartir mi vida con un muñeco hinchable, mejor me quedo como estoy…
Pinchazos simultáneos en el corazón
Cuando estábamos juntos, si es que se puede utilizar esa expresión, muchas veces ocurría que yo cogía el móvil para saber de su existencia y, en ese justo momento, me estaba llamando o recibía algún mensaje suyo.
No sé si eso era señal de algo, de si, realmente, nuestras mentes estaban tan compenetradas. Me pregunto si aún seguirá pasando. ¿Es posible que cada vez que coja el móvil esperando alguna señal de su vida, él tenga la tentativa de volver a saber de mí? Prefiero pensar que no… Así, todo esto tiene más sentido.
PD: Alguien me comentó un día que no escribiera más del argentino para que no pareciera que lo hago para darle pena. Quiero aclarar que si escribo sobre el argentino es para expresar mis sentimientos. Él no sabe de la existencia de mi blog y, por lo tanto, no lo lee.
Pasar la barrera
En estos dos últimos meses le he contado a cuatro personas de mi trabajo que soy homosexual. No esperaba que se sorprendieran, ni siquiera que lo dudaran, pero tengo que decir que me gustó mucho la reacción que tuvo cada uno de ellos.
Cuando volví de mis vacaciones le conté a mi becaria, que ya no es becaria, toda la historia del argentino. Para ello, claro, le tuve que decir el pequeño detalle de que era gay. Su respuesta: Me encanta. Es un cielo y se merece que algún día le dedique un post entero.
Días después vino otra compañera a decirme que se notaba mucho que yo estaba enamorado... Anda dime de quien, dime el nombre, que yo por los nombres sé si la relación va a ir bien... Carolina, que tendría que explicarte muchas cosas... Venga dime el nombre de la afortunada... O del afortunado... Evidentemente no tuve que dar más explicaciones.
Un par de semanas más tarde regresó un compañero de vacaciones. ¿Qué tal te ha ido todo? ¿No me dijiste que habías ligado cuando estuviste en Málaga? ¿Cómo va la historia? Pues..., mal... ¿Y eso? ¿Qué ha pasado? Pues, es que tendría que ponerte en antecedentes... Conocí a un chico... Su respuesta: Me alegro de que hayas confiado en mí para contármelo.
Al cuarto de ellos llevaba tiempo queriéndoselo contar y, ya que lo sabían los anteriores, no quería que se enterara por ellos. Prefería decírselo yo. He de decir que tartamudeé. Aún me sigue costando un poco soltarlo así en frío. Su respuesta: me dio una palmada en el hombro y me dijo con entusiasmo ¡Muy bien tío!
Me hace muy feliz que ellos lo sepan. Aunque parezca una tontería, con esto han pasado definitivamente la barrera de ser meros compañeros de trabajo a ser amigos. Son unas grandes personas y en los últimos meses he aprendido mucho de ellos. Sin ellos, este tiempo en Diario Latigazo habría sido un completo infierno.
Cuando volví de mis vacaciones le conté a mi becaria, que ya no es becaria, toda la historia del argentino. Para ello, claro, le tuve que decir el pequeño detalle de que era gay. Su respuesta: Me encanta. Es un cielo y se merece que algún día le dedique un post entero.
Días después vino otra compañera a decirme que se notaba mucho que yo estaba enamorado... Anda dime de quien, dime el nombre, que yo por los nombres sé si la relación va a ir bien... Carolina, que tendría que explicarte muchas cosas... Venga dime el nombre de la afortunada... O del afortunado... Evidentemente no tuve que dar más explicaciones.
Al cuarto de ellos llevaba tiempo queriéndoselo contar y, ya que lo sabían los anteriores, no quería que se enterara por ellos. Prefería decírselo yo. He de decir que tartamudeé. Aún me sigue costando un poco soltarlo así en frío. Su respuesta: me dio una palmada en el hombro y me dijo con entusiasmo ¡Muy bien tío!
Me hace muy feliz que ellos lo sepan. Aunque parezca una tontería, con esto han pasado definitivamente la barrera de ser meros compañeros de trabajo a ser amigos. Son unas grandes personas y en los últimos meses he aprendido mucho de ellos. Sin ellos, este tiempo en Diario Latigazo habría sido un completo infierno.
Sonreir sin motivos
El otro, estaba motivado por una persona a la que se suponía que le importaba mi amistad, pero que ha escogido la opción del silencio y de dejar el tiempo pasar, incluso en los momentos regulares. Sin duda, le peor alternativa…
Pero hoy lo he tenido claro. Me he despertado feliz. No he necesitado motivo alguno para sonreir. Me he duchado y me he ido al periódico sin la sensación de agobio que me producía mi trabajo desde que el argentino decidió desaparecer. Y, la verdad, prefiero vivir sin sentimientos negativos que, al final, al único que perjudican es a un servidor. Así que a disfrutar de esta maravillosa imagen de mi deseado Josh Wald (encontré fotos nuevas). Y es que a los malos rollos hay que darles el culo y, si es un culo como este, mejor que mejor...
Guardando deshechos
El jueves decidí que ya era hora de empezar a empaquetar mis cosas. Mis padres y yo nos mudamos de mi piso de Linares en cuestión de un mes. Empecé por un escritorio en el que creía que sólo había libros. Pero no. Los libros era lo más pesado, pero había mil cosas más...
Yo soy de las personas a las que le da pena tirar algo. Siempre creo que me podrá volver a servir en un futuro o que me gustará tenerlo cuando sea mayor. Después de encontrar dos viejos diarios, con pocas páginas escritas, pero bastante curiosos, hallé miles de billetes de tren viejos, bonobús gastados de Málaga, viejos discos de vinilo (Bambi, Tenesse, Luz Casal, Manolo Otero...) y un largo etcétera. La guarrada es que por mucho que busqué, no me salió el muchachico de la foto...
Y en ese largo etcétera es donde quiero hacer hincapié. Tuve un reencuentro con algunos regalos que me han hecho mis amigos a lo largo de los años. Chicos, no os molestéis, pero es que tiene cojones la papeleta... Entre algunas de esas joyas hay lo siguiente:
-Una lata que la abres y tienen dos grillos de cartón que cantan. La utilidad, como comprenderéis, es ausente por completo.
-Una campana de navidad. Evidentemente, me la regalaron en navidad. Así que el resto del año, en el cajón.
-Un estuche de Piolín. ¿Qué persona en su sano juicio le regala un estuche de Piolín a un chico de dieciséis años? Y lo que es peor, ¿a qué chico de dieciséis años se le ocurre llevar un estuche de Piolín al instituto? Desde luego, poco se metieron conmigo los matones para lo que deberían haber hecho...
Seguramente había alguna joyita más, pero es que ahora no lo recuerdo. También he de decir que con el paso de los años, el gusto de mis amigos por regalar ha ido mejorando. También es cierto que ahora son otros los que se encargan de comprarlos. Si es que todo es cuestión de calentarse un poquito la cabeza.
Y ya a rasgos generales. Que cojones hago yo guardando todas esas guarrerías. ¿Para qué quiero un bonobús gastado de Málaga? ¿Y un tamagochi de los veinte duros sin pilas? Pues para nada. Lo mejor es hacer limpieza general de vez en cuando. Y ahora no me refiero sólo a lo material...
Y en ese largo etcétera es donde quiero hacer hincapié. Tuve un reencuentro con algunos regalos que me han hecho mis amigos a lo largo de los años. Chicos, no os molestéis, pero es que tiene cojones la papeleta... Entre algunas de esas joyas hay lo siguiente:
-Una lata que la abres y tienen dos grillos de cartón que cantan. La utilidad, como comprenderéis, es ausente por completo.
-Una campana de navidad. Evidentemente, me la regalaron en navidad. Así que el resto del año, en el cajón.
-Un estuche de Piolín. ¿Qué persona en su sano juicio le regala un estuche de Piolín a un chico de dieciséis años? Y lo que es peor, ¿a qué chico de dieciséis años se le ocurre llevar un estuche de Piolín al instituto? Desde luego, poco se metieron conmigo los matones para lo que deberían haber hecho...
Seguramente había alguna joyita más, pero es que ahora no lo recuerdo. También he de decir que con el paso de los años, el gusto de mis amigos por regalar ha ido mejorando. También es cierto que ahora son otros los que se encargan de comprarlos. Si es que todo es cuestión de calentarse un poquito la cabeza.
Y ya a rasgos generales. Que cojones hago yo guardando todas esas guarrerías. ¿Para qué quiero un bonobús gastado de Málaga? ¿Y un tamagochi de los veinte duros sin pilas? Pues para nada. Lo mejor es hacer limpieza general de vez en cuando. Y ahora no me refiero sólo a lo material...
Erecciones de autoestima
Hay días en los que, por casualidad, tu autoestima crece de manera insospechada. Una serie de acontecimientos hacen que, cuando te metes en la cama por la noche y empiezas a hacer recuento de lo acontecido, sientas un especial cosquilleo en la barriga.
Por lo general suelen ser pequeñas cosas. Tonterías que pasarían desapercibidas a los ojos de cualquiera, pero que, por alguna razón, te hacen sentir bien.
Esta tarde estaba con Meriel en El Corte Inglés. Hacíamos como que mirábamos unos polos carísimos en la sección de caballero, pero lo que realmente estábamos viendo era a un morenazo con una camiseta rosa que estaba de escándalo.
En eso que llegó un dependiente guapísimo y, tras preguntarnos si nos ayudaba en algo, se me quedó mirando y me dijo que mi cara le sonaba... Tú trabajabas aquí, ¿no? Abajo, en la sección de discos, ¿verdad? Esto, sí... ¿Ves? Sabía que te conocía...
Joder, puede parecer una chorrada, pero que un tío tan guapo se acuerde de que yo trabajé allí, en una planta más abajo, durante un mes y diez días hace casi un año y medio, como que sube la moral, ¿no creeis? Vamos, que sólo hablamos una vez y porque subí a pedirle unas perchas...
Y si a eso le añades que un par de horas después suene tu móvil y resulte ser un ex novio del que no sabías nada desde hace unos seis meses que te llama porque estaba aburrido (y seguramente cachondo) y se ha acordado de ti... Hombre, tiene su gracia...
Que un ex te llame un miércoles por la noche para saber de ti y que te pregunte por tus amores no tiene más interpretación que: "Estoy bastante caliente, me vendría genial un polvo, a ver si me lo propones...". Y que quereis que os diga, eso da poder, aunque sea por un instante. Poder y superioridad. Algo que creía que sólo tienen los guapos... Quizás yo sea uno de ellos...
Por lo general suelen ser pequeñas cosas. Tonterías que pasarían desapercibidas a los ojos de cualquiera, pero que, por alguna razón, te hacen sentir bien.
Esta tarde estaba con Meriel en El Corte Inglés. Hacíamos como que mirábamos unos polos carísimos en la sección de caballero, pero lo que realmente estábamos viendo era a un morenazo con una camiseta rosa que estaba de escándalo.
Joder, puede parecer una chorrada, pero que un tío tan guapo se acuerde de que yo trabajé allí, en una planta más abajo, durante un mes y diez días hace casi un año y medio, como que sube la moral, ¿no creeis? Vamos, que sólo hablamos una vez y porque subí a pedirle unas perchas...
Y si a eso le añades que un par de horas después suene tu móvil y resulte ser un ex novio del que no sabías nada desde hace unos seis meses que te llama porque estaba aburrido (y seguramente cachondo) y se ha acordado de ti... Hombre, tiene su gracia...
Que un ex te llame un miércoles por la noche para saber de ti y que te pregunte por tus amores no tiene más interpretación que: "Estoy bastante caliente, me vendría genial un polvo, a ver si me lo propones...". Y que quereis que os diga, eso da poder, aunque sea por un instante. Poder y superioridad. Algo que creía que sólo tienen los guapos... Quizás yo sea uno de ellos...
Cómo hemos cambiado
Anoche estuve de tapas y de copas con Arwen. Además de que estaba muy guapa (el nuevo corte de pelo te sienta genial), tuvimos tiempo para hablar mucho de un millón de cosas. Entre ellas, del grupo, de nuestros amigos.
Hubo un punto en la conversación en la que me di cuenta lo mucho que han cambiado las cosas en unos años. Ya no somos niños, ni tampoco adolescentes. Somos hombres y mujeres luchando por nuestros sueños, abriéndonos paso en el mundo laboral y con responsabilidades.
A pesar de ello, seguimos siendo los mismos. Y, aunque suene un poco pesimista, no somos demasiado afortunados en el amor, salvo un par de excepciones. Hace aproximadamente un mes, le contaba a Arwen que había conocido a alguien especial, con el que estaba empezando una historia. Anoche, la tortilla había dado la vuelta y era ella la que me contaba los comienzos de una relación, mientras yo le explicaba el final de la mía.
Es curioso o, al menos, a mí me lo parece. Las situaciones de cada uno de nosotros han dado, dan y darán mil vueltas. Y, al final, he llegado a la conclusión de que seguimos en una situación similar a la de hace unos años: todos continuamos esforzándonos por llegar lejos en nuestras carreras profesionales, pero lo que realmente nos importa es encontrar el amor. Sonará cursi, hortero o, incluso, patético. Pero creo que no voy desencaminado...
PD: No, este de la foto no es de nuestro grupo de amigos, pero si alguien lo encuentra que le diga que estaríamos encantados de aceptarlo.
Hubo un punto en la conversación en la que me di cuenta lo mucho que han cambiado las cosas en unos años. Ya no somos niños, ni tampoco adolescentes. Somos hombres y mujeres luchando por nuestros sueños, abriéndonos paso en el mundo laboral y con responsabilidades.
Es curioso o, al menos, a mí me lo parece. Las situaciones de cada uno de nosotros han dado, dan y darán mil vueltas. Y, al final, he llegado a la conclusión de que seguimos en una situación similar a la de hace unos años: todos continuamos esforzándonos por llegar lejos en nuestras carreras profesionales, pero lo que realmente nos importa es encontrar el amor. Sonará cursi, hortero o, incluso, patético. Pero creo que no voy desencaminado...
PD: No, este de la foto no es de nuestro grupo de amigos, pero si alguien lo encuentra que le diga que estaríamos encantados de aceptarlo.
Vivir con porreros heterosexuales
Ya vamos a por el mes viviendo en el estercolero. El piso, vuelvo a repetir, está bastante bien. Es amplio, dos aseos, mucho sitio para aparcar... Y mucha mierda. Que desde que la señora casera le paso el trapillo a las llaves de la luz hace un mes, allí nadie ha dicho de coger una balleta.
Y claro, como coprendereis, yo no voy a ser el que le limpie toda la porquería a los tres cerdos que tengo por compañeros de piso. Yo, con mantener mi cuarto, voy que me mato. Y el resto, con mucho cuidadín...
Que hay que usar el baño... Pongo dos rollos de papel higiénico en el water antes de sentarme... Que hay que comer en la mesa del salón... Cojo el amoniaco y limpio el trozo de cristal donde voy a comer... Que hay que ver la tele... Me pongo unos guantes de goma, cojo el mando y cambio de canal... Y así con todo. A ver si a base de no limpiar la encimera me la cocina me crece un muchacho como el de la foto...

Vamos, que para tres meses que voy a estar, pues me apañaré. Sólo tengo que tomármelo como si estuviera en la Isla de los Famosos. A resistir hasta el final. Y como la convivencia no es mala, pues la situación se sobrelleva. Eso sí, los chiquillos fuman más porros que Pocholo. El salón parece Londres de la humareda que hay... Y el remate del tomate fue que el otro día se comieron las lentejas congeladas que me había hecho mi madre. ¡Con su chorizo y todo! ¡Serán chorizos! Nunca mejor dicho...
PD: Muchas gracias por los mensajes de ánimo. Estoy mucho mejor. Lo de que no iba a permitir que me robara la sonrisa iba totalmente en serio. Sois unos cielos. Besos para todos y prometo visitar los blogs. Que estoy un poco liadillo...
Y claro, como coprendereis, yo no voy a ser el que le limpie toda la porquería a los tres cerdos que tengo por compañeros de piso. Yo, con mantener mi cuarto, voy que me mato. Y el resto, con mucho cuidadín...
Que hay que usar el baño... Pongo dos rollos de papel higiénico en el water antes de sentarme... Que hay que comer en la mesa del salón... Cojo el amoniaco y limpio el trozo de cristal donde voy a comer... Que hay que ver la tele... Me pongo unos guantes de goma, cojo el mando y cambio de canal... Y así con todo. A ver si a base de no limpiar la encimera me la cocina me crece un muchacho como el de la foto...
Vamos, que para tres meses que voy a estar, pues me apañaré. Sólo tengo que tomármelo como si estuviera en la Isla de los Famosos. A resistir hasta el final. Y como la convivencia no es mala, pues la situación se sobrelleva. Eso sí, los chiquillos fuman más porros que Pocholo. El salón parece Londres de la humareda que hay... Y el remate del tomate fue que el otro día se comieron las lentejas congeladas que me había hecho mi madre. ¡Con su chorizo y todo! ¡Serán chorizos! Nunca mejor dicho...
PD: Muchas gracias por los mensajes de ánimo. Estoy mucho mejor. Lo de que no iba a permitir que me robara la sonrisa iba totalmente en serio. Sois unos cielos. Besos para todos y prometo visitar los blogs. Que estoy un poco liadillo...





