El principio del resto de mi vida
Reflexiones de un hombre que un día decidió tener el control de su propio destino
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Un corazón minado de palabras vacías
Pretendo que este sea mi último post sobre el argentino. Ayer pasé una tarde bastante jodida. Después de varios días de excusas, al fin comprendí que lo que realmente pasaba es que no quería cogerme el móvil. Así que después de una tarde de lágrimas saltadas y duro trabajo, mis compañeros dejaron que me fuera un poquito antes. Si es que son los mejores… Y eso que sólo una de ellas sabía lo que realmente me pasaba, pero mi cara debía de ser todo un poema.

No me ha contestado el mensaje que le envié y no sé si lo hará. Lo que me duele de verdad es que no se digne ni a decirme adiós. Que no sea capaz de darme una explicación por muy mínima que sea. Necesito cerrar esta historia. Darle un motivo a este final.

No sé si alguna vez encontrará el valor suficiente para coger el teléfono y llamarme. Sinceramente, me gustaría que alguna vez lo hiciera. Aunque no sé cómo sería mi respuesta. El caso es que me siento timado. Releo los mensajes que me ha enviado durante este mes y se crea un nudo en mi garganta. “Siempre voy a estar ahí. Te vas a cansar de mí”, “Eres lo único bueno que hay en mi vida, y muy guapo además”, “La próxima vez que te abrace no te voy a soltar más”, “Necesito tenerte a mi lado. No sé cómo me aguanto”, “Cualquier día te doy la sorpresa y me encontrarás en la puerta de tu trabajo”…, y así mil más. Los voy a borrar todos.

¿Dónde queda todo eso ahora? ¿Qué hago con todas las ilusiones que poco a poco han ido minando mi corazón? Necesito oír de sus labios que ya no me quiere. Necesito decirle que es un ingrato, que su actitud me hace mucho daño. Necesito insultarle. Necesito una razón para odiarlo y olvidarlo definitivamente.

Hoy me levanté mal. Seguía esperando un mensaje que jamás ha llegado. Necesitaba un te quiero a las cuatro de la madrugada. Me fui a la ducha y, de pronto, lo vi todo más claro. La esponja se llevó parte de mi dolor y supe que no se merece mi recuerdo. No es digno de mis lágrimas. No lo es y no creo que yo merezca que me borre así de su vida. Al menos, una explicación. Un último adiós. Un quiero que seamos amigos, tan doloroso.

Me afeité, me puse guapo (a pesar de las ojeras que tengo gracias a mi maravilloso trabajo) y salí a comerme el mundo. Porque, aunque sea sin él, el mundo es mío… Y no voy a permitir que él me impida sonreir. Y es que mi sonrisa es mía y nadie tiene derecho a quitármela…
 
Nada, nada de esto...
Nada de esto fue un error, uoooohhh... Creo que ya he cambiado el chip. Vamos, que sigo estando colgado del argentino, pero lo veo todo de otro color.

El caso es que desde hace una semana está un poco frío conmigo. O eso me parece a mí, que todo puede ser fruto de la paranoia... A lo que iba... Que este mes ha sido maravilloso, que me ha dicho cosas que jamás nadie nadie me había dicho nunca. Que si soy lo único bueno que tiene en la vida, que si el solo hecho de saber que existo hace que salga adelante, que cuando me vuelva a abrazar no me va a soltar jamás... . Y si ahora ya se acaba, pues nada, a otra cosa mariposa...

Puede parecer que quiera que se acabe, pero no es así. Lo que tengo claro es que no pienso llorar más de diez minutos por este tema. Que como dice el dicho, valga la redundancia, "dura, lo que dura dura". Si está dispuesto a tirar hacia adelante y venirse conmigo a Madrid, lo estaré esperando. Que no, pues él se lo pierde.

A mí me espera toda una vida nueva en los madriles, llena de cosas por aprender, gente por conocer, lugares que visitar y marchas que correrme. Y bueno, mi historia con el argentino habrá sido un amor de verano. Y, hasta la fecha, la historia más bonita de mi vida y él, la persona que más quiero (he querido) por ahora. Si no, viviré todas esas cosas junto a él y más feliz que una perdiz.

PD: Llevo dos posts seguidos hablando del argentino. Ays, no pretendo que esto sea monotemático, pero necesitaba hacerlo.

PD 2: Esta semana he descubierto a Iván Ferreiro. Me encanta.

PD 3: No sé porqué voy a escribir esto, pero llevo unos días que me siento más guapo que nunca. El otro día me compré con Femme Fatale dos camisetas que me quedan de escándalo. Además, mi sonrisa no tiene nada que envidiarle al de la foto. En definitiva, que estoy buenísimo... (Ays, que nadie piense que soy un creido... Que es un ejercicio de autoestima...).

ACTUALIZACIÓN (Sábado 30, 17.45)
Desde hace varios días el argentino no me coge el teléfono y, aunque me duele, he tomado la decisión de ponerle fin a esto. Un final que tarde o temprano iba a llegar y que, quizás, ya haya puesto él. Le he enviado un último mensaje: "Supongo que ya no estoy en tu cabeza, no? Tan poca importancia ha tenido sto para ti q ni siquiera merezo q me cojas el telefono? Supongo q es muy fácil decir te quiero y muy complicado zanjar las cosas. Spero q seas feliz y si asi lo quieres, no te molestaré más. No olvides que te quiero. Mil besos".
Aún espero su respuesta. Mi corazón llora. Y mis ojos también.
 
Sentimientos desgarrados
No puedo seguir así. Voy a acabar loco. Ahora entiendo eso de "qué difíciles son las relaciones a distancia". ¿Difíciles? Son una tortura...

Vale, me estoy enamorando del argentino. Y si no me estoy enamorando, esto es lo más cerca que estado nunca de estarlo. Pero es que no sé si me conviene. Ya lo sé, hay que dar tiempo al tiempo y ver qué pasa. Para eso, debería tener paciencia, algo que no abunda demasiado en mí.

El tema es que hace ya casi un mes que no nos vemos en persona. Y aunque son miles los mensajitos y cientos las llamadas, hay una parte fundamental que nos estamos perdiendo, vernos las caras cuando hablamos. Necesito ver sus ojos cuando me dice que me quiere, analizar su expresión cuando me asegura que quiere vivir conmigo, tener la certeza de que todo esto es real y no es fruto de la ilusión de tres días maravillosos.

Escucharle un tono de voz diferente al habitual se convierte en toda una crisis sobre las bases de la relación. Que no me mande el habitual mensaje de buenos días supone un ahogo por no saber si se ha levantado en los brazos de otra persona. Que tenga el móvil apagado más de una hora seguida implica una preocupación que roza la demencia. Y así con todo.

Definir esta relación como "novios" sería una locura. Y lo malo es que me encantaría. Quiero que me jure amor eterno, que me diga que me va a esperar, que va a luchar por venirse a Madrid, que todo va a salir bien, que me promete fidelidad eterna... Pero, ¿y si no tenemos la posibilidad de estar juntos en un futuro? ¿Sería justo que tanto él como yo hayamos perdido el tiempo de esa manera para que, al final, todo se rompa por culpa de la distancia?

Sé que tengo que mantener los pies en el suelo. Pero resulta que una mañana te despiertas y, por error, has dejado que tus pies se pusieran de puntillas. Y todos tus esquemas se rompen. Y entra algo en el corazón que deja sin látigo a El Castigador.

Y El Castigador se vuelve débil, indefenso. La armadura se cae y su cuerpo se queda desnudo. Y a la mañana siguiente, no se puede levantar de la cama. El Castigador está atado de pies y manos a merced de que su violador, uno al que llaman amor, le penetre el corazón y le desgarre todos y cada uno de sus sentimientos...
 
Menuda promoción de becarios
Como ya he comentado en algunos posts anteriores, con el verano ha llegado una docena de becarios a Diario Latigazo. Y no, hoy no voy a hablar de físicos, si no de interiores, que luego me llaman superficial. Y bueno, adelantandome a los comentarios, no, no pretendo ser cruel, sino darle un toque de ironía y sarcasmo a la realidad (que ya nos conocemos y luego sólo os falta lapidarme...).

Yo no hace tanto era becario, hablo de un par de años, y en breve, cuando me vaya a Madrid, volveré a serlo. El caso es que recuerdo mis primeros días y, vale, no sabía demasiado. La teoría no tenía nada que ver con la rutina diaria de una redacción. Pero la vocación y las ganas de aprender hacían que estuvieras alerta en todo momento y tratando de adelantarte a todo.

Sin ir más lejos, yo, a las tres semanas de empezar ya estaba delante de una cámara presentando un informativo. No es que fuera Matías Prats, vamos que estaba más tieso que una escoba, pero bueno, ahí estaba, haciéndole frente y aprendiendo.

Pues resulta que de la docena de becarios de Diario Latigazo, sólo hay tres que se podrían definir como espabilados. Se ve a la legua que esos tres podrán llegar lejos, pero, ¿el resto?

No voy a entrar en demasiados detalles. Sólo os voy a poner algunas de sus dudas, que lo dicen todo...

-- Oye, ¿cuántos espacios se dejan entre las palabras? ¿Sólo uno o más? Pues hija, sólo uno...

-- Ay, Castigador, que no me sale la maqueta en la página... Hija, quita el zoom que tienes hecho en el margen blanco y verás como te sale todo lo demás...

-- ¿Puedes venir un momento? Es que me salen unos puntos entre las palabras... Prueba a ocultar los caracteres ocultos y sigue trabajando, mona.

Y ya, el remate del tomate ha sido que hace dos viernes, uno de los becarios que están en deportes bajo mi cargo se hizo el tonto y me la jugó. Vamos, que yo pensé, o este niño es muy tonto o es muy listo. Y ha resultado que es muy listo. Vamos, que ha ido pavoneándose por ahí de que me la ha jugado... Y este no sabe todavía que se está midiendo con El Castigador... Ni aunque el niñato fuera como el buenorro de la foto se libraría de la descarga de mi furia...
 
De mayor quiero ser como Ana Rosa
Muerto me he quedado esta mañana. ¿Pero a dónde vamos a llegar? Ays, si es que España no va bien, que no, que os lo digo yo. Bueno, voy al grano. NO PUEDO CON ANA ROSA QUINTANA. ¿Pero que se ha creído esta mujer?

Si no tenía suficiente con venderle a España un libro escrito NO por ella. Si no tenía bastante con sacar una revista llamada “AR, la Revista de Ana Rosa”, en la que, además, sale ella en toooooooooooodas las portadas. Si creían que lo habían visto todo al desbancar a la Campos en Telecinco con “AR, el Programa de Ana Rosa”... Ahora, saca a la venta “Esenciales Ana Rosa”. ¡¡¡Aaaahhhh!!! Sí, señoras y caballeros, Ana Rosa Quintana ha sacado su propia línea de cosméticos.

Y ahí la tienen en los anuncios. Toda una periodista de supuesto prestigio (que no debería quedarle ninguno) echándose sus potingues en la cara y desvelando sus secretos para mantenerse tan estupendísima a los cincuentaynosecuantos y recién parida de gemelos.

Y digo yo, que si esta mujer ha estudiado Periodismo para esto, ¿qué hago yo perdiendo el tiempo en Diario Latigazo? Vamos, que voy a sacar mi propia línea de todo. Veamos, ya tengo el blog “EC, el Blog de El Castigador”. Voy a ver si saco el kit de botellón “EC, el Botellón de El Castigador”, la línea de moda “EC, los Trapitos de El Castigador” y los preservativos “EC, los Condones de El Castigador”. Y si todo eso me va bien, sacaré la guía “EC, Cómo ser el perfecto novio de El Castigador” y el programa de ejercicios “EC, Cómo conseguir el cuerpazo de los muchachos de las fotos de El Castigador” (¿hay alguien que sepa como se hace para ir escribiéndome el libro? Que lo contrato como negro...).

Ya veo mi cara en las vallas publicitarias de carretera, toda mi gama de tonos, politonos, sonitonos y videotonos, y a todos mis amantes matándose por salir en el Tomate. Y yo, mientras, asediado por los paparazzis en los aeropuertos preguntándome por mi relación con el argentino...
 
La fidelidad
Yo siempre he sido férreo defensor de la fidelidad. Creo que es la base de una pareja. Porque, si no eres fiel, ¿qué sentido tiene mantener una relación? ¿Dónde se queda todo ese amor profesado por activa y por pasiva? (Sin connotaciones sexuales, que ya nos conocemos...).

Claro que ahora que tengo a alguien que merece la pena, estoy descubriendo lo complicado de la fidelidad. Y es que el hecho de que mi argentino esté lejos y no pueda comérmelo enterito cada vez que me apetece, se ha juntado con este calor maldito que altera las hormonas y con haberme mudado a Jaén, lo que implica conocer a gente nueva y tener la libertad de poder meter en mi cama a quien se ponga a tiro.

Pero bueno, ahí estoy yo, con mi objetivo claro: serle fiel a mi argentino, aunque la tentación sea grande, aunque el de la foto de hoy me tirara los tejos en los vestuarios del gimnasio, aunque el mismísimo Josh Wald entrara volando por la ventana de mi cuarto...

Todo sea por la Patagonia y por lo mucho que quiero a mi argentino...
 
Los fraggles viven en mi microondas
Hace ya una semana y pico que me mudé a Jaén. Mi madre y yo llegamos al piso para dejar las cosas y limpiar un poco mi cuarto. Yo tenía que irme a currar, así que dejé a mi querida mamá con la balleta y su botella de lejía.

(Nota: que las feministas no se me pongan rabiosas, que yo le insistí a mi mother cienes y cienes de veces para que no viniera... Pero es que ella es así..., y yo se lo agradezco).

El caso es que cuando volví al piso amediodía para comer, la pobre mía había echado lejía hasta en las llaves de la luz. Y yo le dije: Ay que ver, que exagerada eres...

¿Exagerada? Cuando empezó a contarme... ¡Había arrancado hasta tres chicles del suelo! Pero mi madre como es tan apañada, me dejo el cuarto que podía comer en el suelo. ¡Tres fundas le ha puesto al colchón! Incluida una de borreguito...

El caso es que cuando me levanté a la mañana siguiente, me encontré la mesa del salón toda llena de cáscaras de frutos secos, seis bolsas de basura en la cocina y el fregadero lleno de platos sucios. Lo gracioso es que yo estaba solo en el piso, porque mis compañeros, a los que aún no conocía, estaban de fin de semana en su pueblo.

Pero ahí no quedó la cosa. El frigorífico tenía la puerta llena de chorreones de tomate frito, los baños tenían, almenos, diecisiete tipos de pelos distintos y las llaves de la luz tenían goterones de grasa. Vamos, que los del CSI tenían para hacer un trabajo de campo... Así que para ducharme tuve que calzarme mis botas catiuscas y casi que me pongo un preservativo por lo que pudiera haber ocurrido.

Pero la gran sorpresa llegó cuando fui a calentarme la leche en el microondas. No es que estuviera sucio, no. Es que me salió la mismísima Rosi (sí, sí, la fraggle rock de las coletas...). Había espaguetis, restos de café, tomate, queso gratinado... Y no nos hablo de una nueva especialidad francesa... ¡Todo eso estaba pegado por las paredes del electrodoméstico!

En fin, que llamé a la casera en diferentes ocasiones y después de decirle perra judía (con mucha educación), mandó a una señora para que limpiara un poco. Tampoco os creais que se esmeró demasiado...

(Y pensareis, ¿a cuento de qué pone al buenorro este de hoy? Pues básicamente, porque me da la gana y porque está como un tren...).
 
Tentaciones en el desierto
La vida es compleja. Y muy paradójica. Veintitrés años de soltería, veintitrés. Y han sido veintitrés años en los que me he cruzado con cada cayo malallo...

Llegué a estudiar a Málaga hace seis años con la esperanza de encontrar al hombre de mi vida. Alguien por el que mereciera la pena salir del armario... Viví durante cuatro años en residencias y nada. Ni un sólo gay. Al menos que yo lo supiera, porque por estadística... Y de tíos buenos, poquito. Vamos, que ni la vista me alegraba...

Luego trabajé de prácticas en una televisión. Pues de muchachos apañados, nada de nada... Bueno, uno sí, pero eso lo contaré en otro post, que es para comer aparte...

En mi breve estancia en El Corte Inglés, el único homosexual que había tenía novio.

Trabajé en otro periódico local y eran todo chicas.

Llegué a Diario Latigazo y el panorama estaba muy malo. Mi esperanza eran los becarios del verano pasado. Todo chicas menos uno. Y mejor no entro detalles...

Y ahora, que se supone que ya está el pescado vendido (eso sí, pescado argentino) han traído a tres becarios, rubios todos ellos, que quitan el hipo. Vamos que estoy todo el día con la babica caída. Encima, llego al piso y el primer compañero que conozco está bastante bueno. De esos que tienen abdominales marcados de nacimiento...

Aunque lo malo, es un criajo, y a mí los criajos no me molan demasiado, que luego por la noche lloran porque echan de menos a su mamá... Pero sé yo de uno que es muy fan de los niñatos al que le iba a gustar.

Ahora que ya tengo lo que quería, llegan las tentaciones...

(Y encima Luis Fonsi saca nuevo disco. ¡Cómo me gusta este hombre!)
 
La inspiración del desamor
Tengo miedo. Últimamente mi vida sentimental ha dado un giro de 180 grados. De estar más solo que la una he pasado a tener novio. Vale, está lejos, pero es lo que somos. Vale, nos conocemos de hace muy poco, pero por algo se empieza, ¿no? Vamos, que aunque nos digamos mil chorraditas por teléfono, incluido lo mucho que nos queremos, no he perdido el norte aún y sé que aún todo esto podría irse a pique. En definitiva, que aunque tengo una gana infinita de estar con mi argentino, prefiero no fliparme e ir con pies de plomo.

Dicho lo dicho, voy al grano. Y es que como decía al principio, tengo miedo. Desde que me aficioné a visitar blogs, pude diferenciar claramente dos grandes tipos de ellos, aunque no son los únicos, que quede claro. Por un lado encontré aquellos en los que el desamor era la fuente de los más ingeniosos posts, llenos de anécdotas, sarcasmo e ironía. Y por otro, descubrí aquellos en los que los textos se basaban en el amor y en la persona amada. No es por desprestigiar, pero éstos últimos tenían un tono totalmente distinto. Se trata de blogs llenos de caramelo y algodón de azúcar, en los que el sentido del humor no abunda demasiado.

Hasta este momento, el desamor era una constante en mi vida. Y quizás eso es lo que hace (hacía) que mi mente estuviera totalmente despejada y que buscara en cualquier detalle un tema para mi blog. Pero ahora… Sólo pienso en mi argentino. Y mira que busco la creatividad, pero es que me estoy nublando…

Y os preguntareis que porqué escribo todo esto. Bueno, pues porque el único tema que se me ha ocurrido en toda la mañana es el siguiente: ¿Hay algo mejor que te llamen a las cuatro de la madrugada para decirte “te quiero”?

En eso se está quedando mi creatividad… Y no quiero...
 
Al borde del abismo
Tengo la sensación de estar al filo de un precipicio. Mi cuerpo tiene una inclinación de 45 grados y estoy a punto de caer. No hay vuelta atrás. No puedo girarme y permanecer en tierra firme ni tampoco puedo quedarme donde estoy...

Mañana me mudo a Jaén. Estaré a veinte minutos de mi casa y volveré a ella cada semana, pero aún así me da un poquito de pena. Además, esta marcha no se limita sólo a irme a Jaén. En octubre, desde allí, me marcharé a Madrid., por lo que, en mucho tiempo, no volveré a pasar muchos días seguidos en mi casita.

Pero es que ahí no se queda la cosa. Mi piso, el de Linares, está en venta. Así que en los próximos meses mis padres también se mudarán y ya no podré estar en él. Todos los recuerdos de veintitrés años de vida se quedan en él y no puedo evitar emocionarme.

También dejo atrás a muchos amigos, que aunque seguirán estando ahí, tardaré más tiempo en ver.

Sé que todos estos cambios son para mejor. Lo sé. Pero no es fácil. No me gustan los cambios, aunque suelo necesitarlos.

Por eso, me siento al borde del abismo. Y sé que me tengo que dejar caer... Y lo afronto con valentía, cogiendo el futuro con ganas. Pero los miedos están ahí...

Aunque bueno, en mi caída no estoy solo. Mi argentino me acompaña. A pesar de que está lejos físicamente, lo tengo siempre a mi vera...

El guapo de hoy, Míchel Brown (guapo no, guapísimo...).

(No os olvideis del post anterior, que quiero una novia para mi Rubia, que se lo merece...).
 
Una rubia para mi rubia (sólo por su salud)
Ella siempre ha estado ahí. Desde hace unos cinco años me he reído con ella, he disfrutado de su sonrisa, de su belleza... El contacto físico es algo que forma parte de ella. Sus manos dan las mejores caricias del mundo...

Es inteligente, y no porque yo lo diga. Es muy guapa, y no porque yo lo diga. Es ingeniosa, y no porque yo lo diga. Es fuerte, y no porque yo lo diga...

Es muy grande. Y yo la quiero mucho...

La comprendo muy bien. Sé por lo que ha pasado y sé como se siente. Yo he pasado por cosas similares y, aunque ella no quiera creerme, vale mucho más de lo que ella se cree.

En definitiva, que busco novia para Mi Rubia. A ser posible que sea de Málaga, que allí es donde vive mi princesita. (Es que resulta que el médico le ha mandado, bajo receta, que mantenga relaciones sexuales tres veces por semana y hablo totalmente en serio). Además, quiero que la próxima vez que vaya a Málaga podamos quedar dos parejas a cenar... ;-)
 
Pongo un circo...
...y me crecen los enanos. Algo así pensé el pasado sábado cuando estuve en Palladium (como ya dije en el post anterior, es una discoteca de ambiente de Torremolinos). El caso es que, aunque mi argentino se había llevado mi número de móvil, no tenía esperanza de que me llamara. Vamos que tenía la sensación de no haber ligado nada de nada. Y bueno, eso jode, para que nos vamos a engañar, sobre todo si vas con un grupo en el que todo dios se ha llevado el gato al agua...

El caso es que estaba yo ahí, bicheando a ver si encontraba algo que me gustara, cuando me puse a bailar con una chica que, por cierto, no sé de donde salió. Era bastante simpática.

Para quien no me conozca, me gusta mucho bailar. Canción que suena, canción que adapto a mi baile pseudo-salsero-erótico-festivo. Y cuando ya me pongo la pajita en la oreja a modo de micrófono con auricular, me convierto en el mismísimo Chayanne.

Pues estaba yo ahí bailando con esta chica, cuando de repente empezó a meterme mano. ¿Pero tú no eras lesbiana? Me quedé totalmente a cuadros...

Pero es que ahí no acabó la cosa. Casi me caigo de culo cuando va y me suelta: Ay chico, ¡qué lástima que no tengas tetas!

Mi cara debió de ser un auténtico poema...