AQUELLOS ROMANTICOS TROLEBUSES

A veces, una antigua foto extrae del disco duro de mi memoria recuerdos que de adormecidos parecían olvidados. Eso me ha sucedido al ver una foto de un viejo trolebús que me ha hecho acordarme de aquellos servicios públicos de una época en que yo llevaba pantalones cortos hasta en invierno.
Siendo muy pequeño recuerdo, casi en blanco y negro, los tranvías con su traqueteo circunspecto y señorial a través de las vías y con ese largo trole alzado hacia los cables eléctricos. Mi memoria no llega a verlos por dentro, aunque sí recuerdo años después de su desaparición el saltito de los autobuses al pasar por las vías que quedaron a modo de reliquia recordándonos su ausencia.
Sí duraron más tiempo los trolebuses. Estos iban circulando lentos, casi lamiendo el asfalto, mientras la electricidad les llegaba por un doble trole unido a unos cables que por el aire dibujaban toda su trayectoria. Era la única forma de llegar a las, entonces, lejanas barriadas. En ellos se viajaba sin prisas, muchas veces era casi mayor la finalidad de viajar que la de llegar y permitía contemplar a través de sus ventanillas una vida que parecía transcurrir más sosegada que la de ahora, sobre todo en lo referente al tráfico. Había posibilidades de momentos apasionantes y era, cuando en un bache, el trole se salía del los cables y el trolebús se paraba. Conductor y cobrador debían bajar a colocarlo en su sitio ante nuestra mirada emocionada y expectante.
Mención especial tenían los trolebuses de dos pisos. Siempre nos alegraba encontrarnos a uno cuando llegábamos a la parada. La planta baja solía ir vacía y la de arriba atestada por esa única perspectiva que permitía desde las alturas. Si, además, tenía suerte de ir en el primer asiento jugábamos a imaginarnos que éramos el conductor de aquel gigantesco vehículo.
Autobuses y trolebuses, tenían dos empleados: el conductor que solo se encargaba de volante y pedales y el cobrador. El cobrador, subido en una especie de minipúlpito en la parte trasera era como el “public-relations” del autobús, el capitán de aquel pequeño navío. Una vez que conseguía cerrar la puerta tras el apretujo inverosímil de los viajeros, tocaba un silbato para que el conductor iniciara la marcha. Desde su elevada posición alzaba la cabeza y decía de forma repetitiva y, a la vez, tan eficaz para toda la vida, la siguiente frase: “Por favor, no se detengan vayan circulando hacia la parte delantera”.
Comentario:
¿Cómo que no nos ha venido también a la memoria esa época de los pantalones cortos hasta en invierno? Nosotros también hemos vuelto a las falditas plisadas escocesas leyéndote...
Abrazos.
Abrazos.
Comentario:
Lo cuentas de una forma que me da por pensar... "¡quién fuera cobrador de trolebús!" :D
Un saludo.
Un saludo.
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¡Entrañable! Me has provocado muchas sonrisas y recuerdos . Saludos
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Que mono...y que bonito lo has explicado :) Besitos sonrisa
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A mi me viene recuerdos de los guardias de la porra, besos.