APOSTAR CADA MAÑANA
Ya pegamos el salto y cambiamos de mes, un mes que en nuestra tradición va unido, al principio sobre todo, a los difuntos. Pensaba esto y me acordaba de una escena que pasó en Madrid durante el curso.
Coincidimos gente de lugares muy lejanos de España desde Mallorca a Galicia pasando por Canarias o el País Vasco con todo lo que esto supone de mutuo enriquecimiento. Una mallorquina me preguntó por una compañera mía, de mi misma edad, a la que había conocido meses antes y se habían hecho amigas. Siguieron manteniendo el contacto y escribiéndose correos de vez en cuando, pero se quejaba la mallorquina que un buen día, sin razón alguna, había dejado de escribirle. Yo le expliqué la razón: le había dado un infarto cerebral y había fallecido en tres días. La mallorquina quedó impactada y sólo atinó a decir: ¡por eso no me ha vuelto a escribir!
Cuando pensaba en este caso, una muerte súbita, me daba cuenta que siendo algo, que tenemos muy cerca, vivimos como si estuviera en Katmandú. Y no nos damos cuenta que nuestra vida está siempre, cada día, cada instante, pendiente de un frágil hilo. Hacemos grandes planes y nos agobiamos como si nuestra existencia aquí fuera eterna y no nos hacemos consciente de lo relativas que son las cosas que hacemos.
Si fuéramos más conscientes de todo esto, apostaríamos con todas nuestras cartas cada mañana, sin guardarnos ninguna en el bolsillo. Si pensáramos que era nuestro último día, seguro que la imagen que tenemos del mundo y la gente cambiaría. Viviríamos a tope cada instante, repartiríamos sonrisas al igual que repartimos el sonido de nuestras suelas, diríamos buenos días hasta a los árboles que se cruzaran por nuestro camino, nuestros ojos pestañarían poco admirados de todo lo que estaban viendo, nuestros dedos estarían atentos a captar todas las sensaciones próximas, las palabras enfado, juzgar, insulto, para el futuro..., desaparecerían de nuestro diccionario. Y aunque sólo fueran en esas nuestras últimas veinticuatro horas, seríamos mucho mejores que habitualmente...y sólo por saber que era nuestro último día.
Creo que vale la pena el apostar fuerte cada mañana, ahora es buen momento para ir preparando la baraja.
Coincidimos gente de lugares muy lejanos de España desde Mallorca a Galicia pasando por Canarias o el País Vasco con todo lo que esto supone de mutuo enriquecimiento. Una mallorquina me preguntó por una compañera mía, de mi misma edad, a la que había conocido meses antes y se habían hecho amigas. Siguieron manteniendo el contacto y escribiéndose correos de vez en cuando, pero se quejaba la mallorquina que un buen día, sin razón alguna, había dejado de escribirle. Yo le expliqué la razón: le había dado un infarto cerebral y había fallecido en tres días. La mallorquina quedó impactada y sólo atinó a decir: ¡por eso no me ha vuelto a escribir!
Cuando pensaba en este caso, una muerte súbita, me daba cuenta que siendo algo, que tenemos muy cerca, vivimos como si estuviera en Katmandú. Y no nos damos cuenta que nuestra vida está siempre, cada día, cada instante, pendiente de un frágil hilo. Hacemos grandes planes y nos agobiamos como si nuestra existencia aquí fuera eterna y no nos hacemos consciente de lo relativas que son las cosas que hacemos.
Si fuéramos más conscientes de todo esto, apostaríamos con todas nuestras cartas cada mañana, sin guardarnos ninguna en el bolsillo. Si pensáramos que era nuestro último día, seguro que la imagen que tenemos del mundo y la gente cambiaría. Viviríamos a tope cada instante, repartiríamos sonrisas al igual que repartimos el sonido de nuestras suelas, diríamos buenos días hasta a los árboles que se cruzaran por nuestro camino, nuestros ojos pestañarían poco admirados de todo lo que estaban viendo, nuestros dedos estarían atentos a captar todas las sensaciones próximas, las palabras enfado, juzgar, insulto, para el futuro..., desaparecerían de nuestro diccionario. Y aunque sólo fueran en esas nuestras últimas veinticuatro horas, seríamos mucho mejores que habitualmente...y sólo por saber que era nuestro último día.
Creo que vale la pena el apostar fuerte cada mañana, ahora es buen momento para ir preparando la baraja.
Comentario:
Me gusta dar un salto y leerte. Me gusta mucho. Y he querido decírtelo varias veces, pero tu blog no me deja colgar comentarios. Qué pena! :(
¿Qué pasa si pincho en "enlace permanente"? ¿Se instala un acceso directo a tu página en mi recunchiño?
Un bico otoñal
¿Qué pasa si pincho en "enlace permanente"? ¿Se instala un acceso directo a tu página en mi recunchiño?
Un bico otoñal
Comentario:
Vale, estoy de acuerdo contigo, pero... ¿cuándo empezamos? :))
Besos
Besos
Comentario:
Cada mañana ... me ha gustado.
Mañana lanzaré un órdago ;)
Mañana lanzaré un órdago ;)
Comentario:
lo mejor es vivir el día a día con una ética y moral y cierta dignidad, así nunca te quedará el sabor de pensar q no has hecho todo lo q te habría gustado;)
Cuídate, besos y un big abra:
Alma;) (f)
Cuídate, besos y un big abra:
Alma;) (f)
Comentario:
Estoy de acuerdo con tu mensaje aunque no crea que todos hicieramos eso que describes si supieramos que hoy seria nuestro ultimo dia.
Besos
Besos
Comentario:
Todos llevamos tatuados nuestra fecha de caducidad aunque no la podamos ver. Debemos ser conscientes de que quiza ese mañana para nosotros no exista por muy jovenes que seamos. Quizá es hora de empezar a ser conscientes de que cada minuto que no aprovechamos, muere sin fruto...
Comentario:
Precisamente hoy bestaba pensando yo lo mismo que tu, no merece la pena agobiarse ni pelear con nadie¡¡¡hay que amar por encima de todo, es lo unico que dejara huella, nuestro amor hacia los demas¡¡¡
besos
besos