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EL BÚCARO DE BARRO
Simplemente un rincón donde reencontrarme con las palabras.
Acerca de
El búcaro de barro, cuando es atravesado por las gotas de agua, refresca el interior, así me gustaría que mis palabras salieran de mí "refrescándome" a mí y a quien las lea.
Sindicación
 
DIBUJANDO AL ATARDECER

La brisa que cosquilleaba a las hojas de los árboles y el cercano rumor de las olas, que no oía pero sentía, estimularon, aquella tarde, mi salida a dibujar. Decidí sacar mis aperos de dibujos: el cuaderno, lapicero, bolígrafo, rotuladores, lápices de colores y una cajita en la que guardo cosas variadas y me fui camino de la playa. Me había decidido a hacer un dibujo del atardecer. A mi paso las sombras se alargaban fantasmagóricamente producidas por un sol que iba de recogida.

Al llegar, me senté en la arena apoyando el cuaderno sobre mis piernas y al lado la bolsa con mis artilugios. El azul del cielo estaba decolorándose mientras alegres tonos anaranjados y amarillos lo iban adornando. Me gustaba esa imagen, ese instante mágico y decidí plasmar aquellos colores en mi cuaderno para retenerlos para siempre. En primer lugar estuve decidiendo el encuadre, ayudado de ambas manos. La zona izquierda estaba, ya, demasiado oscura. En la derecha había tres sombrillas que me interferían. Más abajo demasiada arena. Más arriba demasiadas nubes. Tras variopintas dudas encontré el rincón adecuado: mar, arena, colores tenues y viento suave. Pero ¿cómo dibujar el viento? Saqué el lapicero para hacer un boceto, pero la mina se negaba a salir. Lo desmonté y tras localizar la parte de detrás, que casi se me pierde por la arena, me di cuenta que es no tenía mina. Encontré la cajita con las de repuestos y la coloqué rápidamente. Al fin, funcionaba. Antes de esbozar saqué, para tenerlos a mano, los lápices de colores necesarios: naranja, amarillo, azul, rosa, celeste, verde claro y rojo. Hacía tiempo que no los usaba y, entonces, me di cuenta que apenas tenían punta. Alguien me había quitado el sacapuntas, menos mal que tenía también una pequeña navajilla y, con cierto trabajo, fui afilándolos uno por uno, lo que me llevó un buen rato.
Ah, la goma de borrar, que luego me sale una raya mal y da más coraje tener que buscarla. Por fin, ya parece que estoy preparado para empezar “mi obra maestra”. Respiro profundamente y vuelvo la vista hacia aquel encuadre que tanto me costó localizar.

¿Qué ha pasado? Los colores han variado, más bien han desaparecido, con tanta preparación ha anochecido sin que me diera cuenta. Que verdad es que los instantes mágicos de la vida o se atrapan en el momento o se expone uno a perderlos para siempre. Pero yo no me quedo sin hacer el dibujo. Hago el boceto y coloreo perfilando bien.

Cuando vuelvo a casa, al menos lo hago con un dibujo hecho bajo el brazo, pero mañana no se me puede olvidar ir a la papelería a comprar un lápiz de color negro, el que tenía nuevo se me ha gastado del todo.
 
Comentario:
Unas impresiones muy bien descritas . La verdad es que el paisaje cambia constantemente con la luz.Es lo que tiene pintar del natural.No te preocupaes te ha quedado un dibujo diferente, pero bien hecho.Has sabido sacar partido de ese instante y es lo que importa .
A mí también me encanta pintar , aunque últimamente no lo hago mucho.Va por épocas . Saludos
 
Comentario:
No veas con cuánta envidia escribo este comentario. Por partida doble: por vivir en un sitio con mar, poder ir a la playa cuando quieras y te apetezca. Segundo por saber dibujar, ponerte a plasmar en el papel del natural( que mejor natural que una puesta de sol en el mar) y ser tan disciplinado con tu hobby.

Y es verdad lo que dices, las cosas o se hacen en su momento, sin esperas o se pasa la magia que se pretende atrapar.
A ver si expones algún dibujo más.

Abrazos.
No