OCTUBRE, OCTUBRE
Cuando este anochecer previo que ha creado el cambio de horas, va tiñendo de oscura la ventana, me doy cuenta que el último día de octubre da sus coletazos. Le he puesto este título al post, recordando la novela del mismo título de José Luis Sampedro, en plan exclamativo tras un mes denso e intenso.
Siempre ha sido para mí Octubre mi mes preferido, pero este año además ha sido muy especial, diferente y pleno de sensaciones. Ha habido de todo: cursos interesantes, conocer gente nueva, ideas que he atrapado y encerrado en el disco duro de mi cabeza para desarrollarlas, reencuentro con amig@s tras años de separación, revivir sensaciones dormidas, recrear rincones olvidados, hacer un buen album de fotos digitales, viajar de todas las formas imaginables, muchos kilómetros a pie. Hasta gastronómicamente ha sido inolvidable ya que, uno de mis platos preferidos, como es el cocido y que hacía meses que no probaba coincidió en distintos lugares y ciudades y a cual más exquisito.
Y una de las cosas que más me surge al acabar este mes es el agradecimiento:
-A la posibilidad que he tenido de viajar.
-Al eclipse que fue el comienzo de todos estos días.
-A los amigos que me han brindado hospitalidad.
-A la gente tan estupenda que he conocido.
-Al Retiro por el que he podido pasear durante cuatro tardes este mes.
-A las hojas amarillas que retrasaron su caída hasta que yo me fui.
-A todos los transportes que funcionaron, cosa rara, como un reloj.
-A la lluvia que me ha permitido pasear por Madrid y empezó a caer tras entrar en el hotel.
-Al atasco que tuve en taxi el último día y me permitíó despedirme de los árboles y contemplarlos mientras la lluvia le arrancaba hojas.
Creo que durante mucho tiempo me acordaré de este Octubre, Octubre.
Siempre ha sido para mí Octubre mi mes preferido, pero este año además ha sido muy especial, diferente y pleno de sensaciones. Ha habido de todo: cursos interesantes, conocer gente nueva, ideas que he atrapado y encerrado en el disco duro de mi cabeza para desarrollarlas, reencuentro con amig@s tras años de separación, revivir sensaciones dormidas, recrear rincones olvidados, hacer un buen album de fotos digitales, viajar de todas las formas imaginables, muchos kilómetros a pie. Hasta gastronómicamente ha sido inolvidable ya que, uno de mis platos preferidos, como es el cocido y que hacía meses que no probaba coincidió en distintos lugares y ciudades y a cual más exquisito.
Y una de las cosas que más me surge al acabar este mes es el agradecimiento:
-A la posibilidad que he tenido de viajar.
-Al eclipse que fue el comienzo de todos estos días.
-A los amigos que me han brindado hospitalidad.
-A la gente tan estupenda que he conocido.
-Al Retiro por el que he podido pasear durante cuatro tardes este mes.
-A las hojas amarillas que retrasaron su caída hasta que yo me fui.
-A todos los transportes que funcionaron, cosa rara, como un reloj.
-A la lluvia que me ha permitido pasear por Madrid y empezó a caer tras entrar en el hotel.
-Al atasco que tuve en taxi el último día y me permitíó despedirme de los árboles y contemplarlos mientras la lluvia le arrancaba hojas.
Creo que durante mucho tiempo me acordaré de este Octubre, Octubre.
UN CURSO INTERESANTE
He realizado un curso, que me ha parecido estupendo, de título: “Cómo hablar siempre con eficacia”. Han sido sólo diez horas intensas, amenas e interesantes. El ponente Angel Lafuente, antiguo locutor-presentador de TVE, es un verdadero artista de la comunicación verbal y, sobre todo, capaz de entusiasmar en ello a quien lo escucha. Yo tan amante de la palabra escrita, me he sentido, en algunos momentos del curso, tentado para sustituirla, de vez en cuando, por la palabra hablada.
Es increíble como en todo ese tiempo logra mantener, en todo momento, la atención viva de los que nos dedicamos en esas sesiones a la escuchatoria. Son muchas ideas las que brindó, algunas se posaron en mí y otras creo que, sin duda, iran floreciendo tras la minúscula semilla plantada.
Como idea global del curso es animar a perder el "miedo escénico" cuando se tenga que hablar en público y, no sólo eso, sino gustar del "placer escénico". De las numerosas ideas comunicadas me quedo con los tres amores básicos necesarios para una buena oratoria:
-A uno mismo, algo fundamental y necesario que, a veces creemos que es mero egoísmo cuando precisamente es lo más alejado del egoismo que hay. No puede querer uno a los demás sino empieza queriéndose a uno mismo.
-A los escuchantes, uno debe querer a aquellos a los que se va a dirigir.
-Al mensaje que uno quiere comunicar.
Y otra idea importante todos los seres humanos somos iguales, a cada uno nos ha tocado interpretar un papel distinto en nuestra vida, pero, teniendo como marco el respeto, tenemos que tener claro que por encima de esas "categorías sociales" que hemos inventado: "Nadie MÁS que yo, nadie MENOS que yo".
Es increíble como en todo ese tiempo logra mantener, en todo momento, la atención viva de los que nos dedicamos en esas sesiones a la escuchatoria. Son muchas ideas las que brindó, algunas se posaron en mí y otras creo que, sin duda, iran floreciendo tras la minúscula semilla plantada.
Como idea global del curso es animar a perder el "miedo escénico" cuando se tenga que hablar en público y, no sólo eso, sino gustar del "placer escénico". De las numerosas ideas comunicadas me quedo con los tres amores básicos necesarios para una buena oratoria:
-A uno mismo, algo fundamental y necesario que, a veces creemos que es mero egoísmo cuando precisamente es lo más alejado del egoismo que hay. No puede querer uno a los demás sino empieza queriéndose a uno mismo.
-A los escuchantes, uno debe querer a aquellos a los que se va a dirigir.
-Al mensaje que uno quiere comunicar.
Y otra idea importante todos los seres humanos somos iguales, a cada uno nos ha tocado interpretar un papel distinto en nuestra vida, pero, teniendo como marco el respeto, tenemos que tener claro que por encima de esas "categorías sociales" que hemos inventado: "Nadie MÁS que yo, nadie MENOS que yo".
De viaje
Ya de regreso a este rinconcito, frente a mi ordenador, voy a escribir sobre mi primer día de viaje. La amanecida fue fresca, inusitadamente fría, como anunciando el cambio de tiempo y yo la sentí en mis huesos mientras divisaba a lo lejos, en esa semipenumbra eterna que despiden las estaciones, las luces del tren que se acercaban. Tras colocar mi maleta y las de algunos convecinos de alrededor encima de los asientos, ventajas que hay que aprovechar de la altura, me dispuse a que se me hicieran cortas las cuatro horas y media que me quedaban de viaje.
El vagón se nota nuevo, más rápido pero menos romántico que aquellos viejos expresos que parecían que en cualquier momento podría ser atacado por los indios, y me pongo a leer el periódico, acabado el cual me dedico a hacer un sudoku que trae. Me autofelicito cordialmente cuando lo termino, sin haber tenido que mirar la solución, pero ¡oh, mi gozo en un pozo! En una columna hay dos números repetidos, menos mal que en pocos minutos lo soluciona y así logro mantener mi autoestima en un punto elevado. Tras este ímprobo esfuerzo intelectual me pongo a escuchar música y a disfrutar del paisaje andaluz que transcurre, rápido, al otro lado de la ventanilla. Un cielo hermoso, celeste y sin nubes que arranca brillos a un paisaje coloreado de verde y, en apariencia, no afectado por la sequía. MI espíritu agradece ver cosas distintas a las habituales, de las que fomentan la capacidad de admiración, una cualidad sana que nos permite renovar ese niño que dejamos en algún momento ¿superado?
Mientras escribo esto 10,55h el tren hace su entrada en Córdoba. A pesar de las viviendas modernas que se divisan, el aire califal parece impregnar su atmósfera. Miles de olivos en variadas hileras me saludan con las hojas despidiéndome cuando vamos entrando en La Mancha. Tierra roja, viñedos y unas ciudades, hace quince años casi en extinción, y hoy en expansión regadas por esa inyección de vitalidad que les ha dado el ferrocarril. Cuando pasamos frente al cerro de los Angeles diviso ya los grandes edificios de Madrid. El tren llega a la estación y esos últimos metros se arrastra como si la inercia le impidiera frenar. Salgo veloz de la estación como si la hora que es y el cocido que me está esperando me imprimiera alas.
El vagón se nota nuevo, más rápido pero menos romántico que aquellos viejos expresos que parecían que en cualquier momento podría ser atacado por los indios, y me pongo a leer el periódico, acabado el cual me dedico a hacer un sudoku que trae. Me autofelicito cordialmente cuando lo termino, sin haber tenido que mirar la solución, pero ¡oh, mi gozo en un pozo! En una columna hay dos números repetidos, menos mal que en pocos minutos lo soluciona y así logro mantener mi autoestima en un punto elevado. Tras este ímprobo esfuerzo intelectual me pongo a escuchar música y a disfrutar del paisaje andaluz que transcurre, rápido, al otro lado de la ventanilla. Un cielo hermoso, celeste y sin nubes que arranca brillos a un paisaje coloreado de verde y, en apariencia, no afectado por la sequía. MI espíritu agradece ver cosas distintas a las habituales, de las que fomentan la capacidad de admiración, una cualidad sana que nos permite renovar ese niño que dejamos en algún momento ¿superado?
Mientras escribo esto 10,55h el tren hace su entrada en Córdoba. A pesar de las viviendas modernas que se divisan, el aire califal parece impregnar su atmósfera. Miles de olivos en variadas hileras me saludan con las hojas despidiéndome cuando vamos entrando en La Mancha. Tierra roja, viñedos y unas ciudades, hace quince años casi en extinción, y hoy en expansión regadas por esa inyección de vitalidad que les ha dado el ferrocarril. Cuando pasamos frente al cerro de los Angeles diviso ya los grandes edificios de Madrid. El tren llega a la estación y esos últimos metros se arrastra como si la inercia le impidiera frenar. Salgo veloz de la estación como si la hora que es y el cocido que me está esperando me imprimiera alas.
NUEVA AUSENCIA
De nuevo motivos laboro-formativos me llevan unos días a Madrid, por lo que dejaré de escribir aquí durante el resto de la semana. Sé que no tendré tiempo de aburrirme, la capital da para mucho, sobre todo cuando no vives allí y hay tiempo y posibilidades para hacer algo de turismo; aunque estoy seguro que echaré de menos el ratito éste que sentado frente al pc dejo a mi mente que dirija mis manos o dejo a mis ojos saborear los blogs ajenos. Dentro de poco hará dos años que escribo, casi cotidianamente, en el blog. Nunca me lo he tomado como una obligación sino de un verdadero disfrute que ha hecho que día a día me apasione más por el hecho de escribir.
El otro día me comentaba una amiga de los blogs que se sentía desmotivada para escribir y que en cierta medida estaba acomplejada por la buena literatura que descubría en otros blogs. Yo creo que debe seguir escribiendo, la escritura es algo con demasiada importancia en nuestras vidas como para que dependa de nuestra motivación, de nuestras más o menos ganas o de lo que escriban los otros. El escribir nos ayuda a ser más nosotros mismos, a destapar ideas dormidas que nuestra mente intenta aplastar, a comunicar parte de nuestra vida, a vivir con más intensidad la vida que nos rodea y para los que la tenemos como necesidad, por mucho que nos engañemos, no podemos vivir alejados de la escritura. Lo de menos es que no seamos unos artistas engarzando palabras, lo demás es que sepamos sacarlas de lo más profundo de nosotros.
Esto que he escrito anteriormente sólo lo entenderá quien ama a la escritura y pueda entender que alguien esté enamorado de ello, a la mayoría les parecerá algo exagerado y no comprenderán muy bien esa afición por escribir, aunque si comprenderían, probablemente, que fuera aficionado a un determinado club de fútbol, me gastara el dinero en un carnet de socio y mi tiempo en ver todos los partidos y los reportajes de deportes. Para estos segundos no escribo, seguramente tampoco tendrán tiempo de leer esto, tienen que estar atento a los comentarios deportivos de la jornada de ayer.
No me desaniman los que escriben mejor que yo, al contrario la admiración que me produce el ver como algunos blogs son capaces de arrancarme emociones y sensaciones, me ayudan a rebuscar en mis palabras e intentar a superarme día a día para disfrutar más de este mundillo de la palabra escrita y de esta parcela tan especial, que me ha hecho encontrar tan buenos amigos, que son los blogs. ¡Me voy, como dijo el General MacArthur cuando se tuvo que ir de Japón, pero volveré!
El otro día me comentaba una amiga de los blogs que se sentía desmotivada para escribir y que en cierta medida estaba acomplejada por la buena literatura que descubría en otros blogs. Yo creo que debe seguir escribiendo, la escritura es algo con demasiada importancia en nuestras vidas como para que dependa de nuestra motivación, de nuestras más o menos ganas o de lo que escriban los otros. El escribir nos ayuda a ser más nosotros mismos, a destapar ideas dormidas que nuestra mente intenta aplastar, a comunicar parte de nuestra vida, a vivir con más intensidad la vida que nos rodea y para los que la tenemos como necesidad, por mucho que nos engañemos, no podemos vivir alejados de la escritura. Lo de menos es que no seamos unos artistas engarzando palabras, lo demás es que sepamos sacarlas de lo más profundo de nosotros.
Esto que he escrito anteriormente sólo lo entenderá quien ama a la escritura y pueda entender que alguien esté enamorado de ello, a la mayoría les parecerá algo exagerado y no comprenderán muy bien esa afición por escribir, aunque si comprenderían, probablemente, que fuera aficionado a un determinado club de fútbol, me gastara el dinero en un carnet de socio y mi tiempo en ver todos los partidos y los reportajes de deportes. Para estos segundos no escribo, seguramente tampoco tendrán tiempo de leer esto, tienen que estar atento a los comentarios deportivos de la jornada de ayer.
No me desaniman los que escriben mejor que yo, al contrario la admiración que me produce el ver como algunos blogs son capaces de arrancarme emociones y sensaciones, me ayudan a rebuscar en mis palabras e intentar a superarme día a día para disfrutar más de este mundillo de la palabra escrita y de esta parcela tan especial, que me ha hecho encontrar tan buenos amigos, que son los blogs. ¡Me voy, como dijo el General MacArthur cuando se tuvo que ir de Japón, pero volveré!
PASOS INTERMITENTES
Siempre he dicho que, sin duda, el otoño es para mí la época más especial del año., aunque no tengo claro a nivel consciente cuál es la razón. Ayer en uno de esos momentos de disfrute que surgen durante el día pensaba en ello.
Volvía a casa al atardecer. La luz del sol había sido sustituida por la de las farolas que jugueteaban trazando mi sombra con formas caprichosas sobre el suelo. Mis pasos intermitentes, todos los pasos son así, sobre los adoquines grises les arrancaba ayes sonoros que acompasaban rítmicamente mi marcha. Esta calle en verano atestada de gente está ahora solitaria, cubierta de sombras y las pocas figuras con las que me cruzo envueltas en humedad semejan espectros deambulando sin destino fijo. Las ventanas con visillos iluminados acompañan el paseo actuando a modo de faros y refugios afables.
Y entonces es cuando me veo en esta misma atmósfera volviendo a casa, hace muchos años, con ganas de entrar en ese refugio seguro donde unas manos inolvidables, que ya nunca estarán, me esperaban para abrazarme y acogerme con esa sensación irrepetible de seguridad y protección a la que mi mente vuela en esos momentos de mi vida en que, por una u otra razón, parece que el suelo se escapa de mis pies.
Y el otoño me ayuda a evocar, a soñar y a sentirme acogido por la naturaleza como hace muchos años estuve rodeado por aquellos brazos.
Volvía a casa al atardecer. La luz del sol había sido sustituida por la de las farolas que jugueteaban trazando mi sombra con formas caprichosas sobre el suelo. Mis pasos intermitentes, todos los pasos son así, sobre los adoquines grises les arrancaba ayes sonoros que acompasaban rítmicamente mi marcha. Esta calle en verano atestada de gente está ahora solitaria, cubierta de sombras y las pocas figuras con las que me cruzo envueltas en humedad semejan espectros deambulando sin destino fijo. Las ventanas con visillos iluminados acompañan el paseo actuando a modo de faros y refugios afables.
Y entonces es cuando me veo en esta misma atmósfera volviendo a casa, hace muchos años, con ganas de entrar en ese refugio seguro donde unas manos inolvidables, que ya nunca estarán, me esperaban para abrazarme y acogerme con esa sensación irrepetible de seguridad y protección a la que mi mente vuela en esos momentos de mi vida en que, por una u otra razón, parece que el suelo se escapa de mis pies.
Y el otoño me ayuda a evocar, a soñar y a sentirme acogido por la naturaleza como hace muchos años estuve rodeado por aquellos brazos.
UN ENCUENTRO PARA HABLAR
Aquella noche El había dormido bien y tras un saludable desayuno de pan con jamón impregnado en aceite de oliva empezó a tomar cuerpo aquellas decisiones que había esbozado durante la vigilia nocturna. Tras una semana de lejanía y silencios culpables hoy habían quedado en reencontrarse para hablar y almorzar.
Despojó su cuerpo de telas y, desnudo, se reencontró con el agua de la ducha que notaba como le hablaba a sus poros y los reconstruía. El jabón de afeitar mimoso y jugueton desaparecía a medida que el brillo de la cuchilla recorría la piel, para finalmente un peine, casi de adorno, aderezaba su escasa cabellera. Tenía la comida casi preparada, darle un pequeño punto, o tal vez varias comas y guiones, y la ensalada estaría inteligente, o debía decir lista, hay palabras que no siempre son sinónimos, pensó. Los aperitivos ornaban las bandejas escalonadas y organizadas sobre la mesa de la cocina.
Y se sentó en el sillón dejando que su cabeza volara sin alas. Estaba dispuesto a echarle un bote salvavidas a su relación. A tragar esos sapos saltarines que le comían el estómago ante alguna de las actitudes de ella. A regar con agua de manantial sus sentimientos y sus sensaciones. A segar la mala hierba que había crecido estos días entre ellos. A esculpirle en su corazón figuras de marfil que brillaran en la oscuridad. A arrancarle palabras sin sonido de las que no figuran en ningún diccionario. Y a que sus manos se entrecruzaran como los dientes de un candado que ha perdido la llave.
El sonido del timbre quebró el encantamiento de sus buenos deseos, mientras ella, a paso cimbreante entró en su casa. Hermosa como un nenúfar se dirigió hasta él con unas palabras que crujieron el aire en mil pedazos. "Tenemos que hablar".
Entonces fue cuando al dirigir la vista a los ojos de ella, no los encontró, el brillo opaco que rezumaba impedía el contacto visual. Mientras ella se sentaba en el sofá, descorriendo la cortina miró por la ventana y, entonces sí vio otra mirada, la de un hombre que lo miraba, como esperando a alguien, desde la calle. Y como en un instante brevísimo y eterno, atrapó la misma mirada opaca que adivinó en los ojos de ella. Fue cuando se dio cuenta que aquella comida que había preparado enmohecería sobre las bandejas, porque el único comensal, Él, había perdido el apetito probablemente para siempre.
Despojó su cuerpo de telas y, desnudo, se reencontró con el agua de la ducha que notaba como le hablaba a sus poros y los reconstruía. El jabón de afeitar mimoso y jugueton desaparecía a medida que el brillo de la cuchilla recorría la piel, para finalmente un peine, casi de adorno, aderezaba su escasa cabellera. Tenía la comida casi preparada, darle un pequeño punto, o tal vez varias comas y guiones, y la ensalada estaría inteligente, o debía decir lista, hay palabras que no siempre son sinónimos, pensó. Los aperitivos ornaban las bandejas escalonadas y organizadas sobre la mesa de la cocina.
Y se sentó en el sillón dejando que su cabeza volara sin alas. Estaba dispuesto a echarle un bote salvavidas a su relación. A tragar esos sapos saltarines que le comían el estómago ante alguna de las actitudes de ella. A regar con agua de manantial sus sentimientos y sus sensaciones. A segar la mala hierba que había crecido estos días entre ellos. A esculpirle en su corazón figuras de marfil que brillaran en la oscuridad. A arrancarle palabras sin sonido de las que no figuran en ningún diccionario. Y a que sus manos se entrecruzaran como los dientes de un candado que ha perdido la llave.
El sonido del timbre quebró el encantamiento de sus buenos deseos, mientras ella, a paso cimbreante entró en su casa. Hermosa como un nenúfar se dirigió hasta él con unas palabras que crujieron el aire en mil pedazos. "Tenemos que hablar".
Entonces fue cuando al dirigir la vista a los ojos de ella, no los encontró, el brillo opaco que rezumaba impedía el contacto visual. Mientras ella se sentaba en el sofá, descorriendo la cortina miró por la ventana y, entonces sí vio otra mirada, la de un hombre que lo miraba, como esperando a alguien, desde la calle. Y como en un instante brevísimo y eterno, atrapó la misma mirada opaca que adivinó en los ojos de ella. Fue cuando se dio cuenta que aquella comida que había preparado enmohecería sobre las bandejas, porque el único comensal, Él, había perdido el apetito probablemente para siempre.
OTROS HEROES
Ante el despliegue mediático de los premios Príncipes de Asturias y por más que reflexiono sobre el dado a Fernando Alonso no encuentro mérito en ello. Que ha ganado un premio, pues muy bien pero ¡vamos tampoco es para tanto!
Nuestra sociedad tiende a dar premios y fomentar una serie de valores un poco "sui generis". A los más guapos, a los que ganan más dineros, a los que se hacen más famosos por mil estupideces (televisión, fútbol...) y los que los ven, los saludan o los fotografías se sienten a su vez dichosos de ello.
Sin embargo creo que deberíamos en esos otros héroes que nos rodean y con los que nos topamos cada día. Con el que cobra el subsidio de desempleo y llega al final del mes sacando adelante una familia de tres hijos pequeños. Esa señora "alfabeta", dice ella que es, que lucha cada día para que su marido aquejado de un tumor tenga una vida lo más cálida posible. De ese abuelo que cuida del nieto como un hijo porque la madre está tirada en la calle...
Esa gente desconocida son los verdaderos héroes anónimos y a los que se deberían encumbrar, pienso que tal vez no sean premiados porque son tantos que no habría premios para todos y sobre todo porque seguro que no tendrían ni tiempo ni ganas de acudir a recoger esos absurdos premios.
Nuestra sociedad tiende a dar premios y fomentar una serie de valores un poco "sui generis". A los más guapos, a los que ganan más dineros, a los que se hacen más famosos por mil estupideces (televisión, fútbol...) y los que los ven, los saludan o los fotografías se sienten a su vez dichosos de ello.
Sin embargo creo que deberíamos en esos otros héroes que nos rodean y con los que nos topamos cada día. Con el que cobra el subsidio de desempleo y llega al final del mes sacando adelante una familia de tres hijos pequeños. Esa señora "alfabeta", dice ella que es, que lucha cada día para que su marido aquejado de un tumor tenga una vida lo más cálida posible. De ese abuelo que cuida del nieto como un hijo porque la madre está tirada en la calle...
Esa gente desconocida son los verdaderos héroes anónimos y a los que se deberían encumbrar, pienso que tal vez no sean premiados porque son tantos que no habría premios para todos y sobre todo porque seguro que no tendrían ni tiempo ni ganas de acudir a recoger esos absurdos premios.
¿NO TENEMOS TIEMPO?
Siempre nos quejamos, especialmente la gente que vive en las grandes ciudades, del tiempo que disponemos. El trabajo, el transporte y esas obligaciones ineludibles de cada día hace que el tiempo de que disponemos para "otras cosas" no sea sobrado ni excesivo. Sin embargo creo que usamos excesivamente esa frase de "que no tengo tiempo" como mera excusa para no hacer determinadas cosas que, en el fondo, pensamos que deberíamos hacer.
Un aspecto que se suele usar es en las relaciones con los demás o, especialmente, con los amigos. Nos sirve de excusa para cuando encontramos al amigo decirle: me acordé de tu cumpleaños el mes pasado, pero estaba tan liado...
O para no visitar a alguien: tengo que ir a verte, pero es que estoy de tiempo fatal, a ver si la semana que viene...
O para ahorrarnos una llamada de teléfono: te iba a llamar pero estaba tan cansado...
En el fondo excusas que pueden tener un sentido cuando no tenemos tiempo ni para respirar y no suele ser el caso, porque encontramos tiempo para dormir, para ver la televisión, para comer... Lo que estas justificaciones vienen a indicar es que en nuestra jerarquía particular de valores hay muchas cosas por delante de la gente, que decimos, queremos y el detalle cariñoso no es algo que nos caracterice y que es fácilmente sustituible por cosas, probable y aparentemente, más gratificantes a nivel personal.
Un aspecto que se suele usar es en las relaciones con los demás o, especialmente, con los amigos. Nos sirve de excusa para cuando encontramos al amigo decirle: me acordé de tu cumpleaños el mes pasado, pero estaba tan liado...
O para no visitar a alguien: tengo que ir a verte, pero es que estoy de tiempo fatal, a ver si la semana que viene...
O para ahorrarnos una llamada de teléfono: te iba a llamar pero estaba tan cansado...
En el fondo excusas que pueden tener un sentido cuando no tenemos tiempo ni para respirar y no suele ser el caso, porque encontramos tiempo para dormir, para ver la televisión, para comer... Lo que estas justificaciones vienen a indicar es que en nuestra jerarquía particular de valores hay muchas cosas por delante de la gente, que decimos, queremos y el detalle cariñoso no es algo que nos caracterice y que es fácilmente sustituible por cosas, probable y aparentemente, más gratificantes a nivel personal.
ALETEO
Hay momentos, de especial sosiego, en que comparo la vida con el aleteo suave de una gaviota que se desliza planeando por el aire. Ese vuelo lento y acompasado como un rumor no parece influir en sus alrededores, ni en otras gaviotas circundantes pero, estando un poco atento, no es así.
Me ha venido esta reflexión a raíz de algunos conversaciones y correos recibidos en los últimos días. Vienen a coincidir en que acciones mías, aparentemente indiferentes y sin ninguna intencionalidad por mi parte, han actuado positivamente sobre alguien, lo que evidentemente me ha alegrado. Ello me ha llevado a pensar que tengo que ser más "cuidadoso" con los aleteos cotidianos, que sin pensarlo crean ráfagas de aire que influyen en los demás. Es importante que los eduque a fin de que estas ráfagas sean verdaderas bocanadas de aire fresco en aquellos que los reciben.
Y es que esa gaviota que se mece y piensa que a nadie influye su vuelo solitario, no sabe que es capaz de renovar el espíritu de un solitario espectador que, al contemplarla, sentado en la orilla acompasa el movimiento de sus pestañas y el sonido de su corazón a tan singular aleteo.
Me ha venido esta reflexión a raíz de algunos conversaciones y correos recibidos en los últimos días. Vienen a coincidir en que acciones mías, aparentemente indiferentes y sin ninguna intencionalidad por mi parte, han actuado positivamente sobre alguien, lo que evidentemente me ha alegrado. Ello me ha llevado a pensar que tengo que ser más "cuidadoso" con los aleteos cotidianos, que sin pensarlo crean ráfagas de aire que influyen en los demás. Es importante que los eduque a fin de que estas ráfagas sean verdaderas bocanadas de aire fresco en aquellos que los reciben.
Y es que esa gaviota que se mece y piensa que a nadie influye su vuelo solitario, no sabe que es capaz de renovar el espíritu de un solitario espectador que, al contemplarla, sentado en la orilla acompasa el movimiento de sus pestañas y el sonido de su corazón a tan singular aleteo.
EN EL CENTRO COMERCIAL
Hoy hemos tenido fiesta en el pueblo. Es el día en que no hay nada ni nadie, todo el mundo se va y yo para no ser menos también. He estado en un centro comercial, no por devoción, sino por mera obligación. Nunca he entendido porque en dichos centros no ponen unos banquitos donde combatir el aburrimiento, al menos, cómodos. La parte en la que suelo pasar la mayoría del tiempo, a la espera de que los minutos transcurran levemente, suele ser la librería. No tiene el mismo encanto que una librería clásica, pero, a veces, entre cientos de libros de todos los tamaños y colores, encuentras ese libro que buscaste alguna vez y ahora está de oferta. Y un paseo por estas catedrales del consumo puede ser la causa de que luego en nuestro rincón preferido degustemos ese libro maravilloso que el azar ha puesto en nuestras manos. Y entonces damos por buenos el dolor de pie que aún tenemos y aquella impaciencia que onduló nuestra habitual cuadrícula.
OTOÑO
El cárdeno otoño
no tiene leyendas
para mi. Los salmos
de las frondas muertas,
jamás he escuchado,
que el viento se lleva.
Yo no sé los salmos
de las hojas secas,
sino el sueño verde
de la amarga tierra.
(Antonio Machado) (397.1)
no tiene leyendas
para mi. Los salmos
de las frondas muertas,
jamás he escuchado,
que el viento se lleva.
Yo no sé los salmos
de las hojas secas,
sino el sueño verde
de la amarga tierra.
(Antonio Machado) (397.1)
EL RETIRO
Si hay algún lugar en que siempre he disfrutado de una manera especial es el parque del Retiro. Acostumbrado a vivir en una ciudad donde las zonas verdes brillan por su ausencia cuando conocí ese pulmón verde en pleno centro de Madrid, donde cuando paseas por su interior es posible no escuchar el ruido del tráfico, me quedé prendado de él. Cuando yo vivía en Madrid, no vivía lejos de él y raro era el fin de semana donde no me iba a pasear y a disfrutarlo. Unas veces me acompañaba el lápiz y el cuaderno de dibujo, otras la carpeta con hojas blancas y la pluma, otras un libro y otras alguna presencia amiga con la que ejercitaba el sano deporte de la conversación en que las palabras se mezclaban con el sonido de las ramas de los árboles agitadas.Siempre me ha extrañado la poca gente, salvo los domingos, que circula por él. Algo así en mi ciudad estaría sin duda concurrido a todas las horas. Como me decía un amigo: es que durante la semana no tenemos tiempo de ir al parque. Estos días en que he estado en Madrid tuve la oportunidad, un par de tardes, de pasear por allí. El tiempo, ese otoño brillante o verano decrépito, hacía que la luminosidad sosegada contribuyera a templar el ánimo y arrancar lazos de colores al espíritu. Y las hojas que vestían, en tonos amarillos, sus mejores galas antes de despedirse de la rama que las había sustentado, daban su gritos postreros de leves crujidos, cuando al pisarlas los zapatos, acostumbrados al asfalto, les arrancaban los últimos brotes de vida. Me parecía que a medida que la vida se iba de ellas me llegaba a mí.
UNA INSEPARABLE RELACIÓN
Desde que Ella recordara siempre tuvo una especial relación de amor-odio con El. Ella siempre disfrutó de muy buenos momentos en su compañía. A veces, le resultaba totalmente insustituible y otras, en cambio, Ella era consciente de que esa relación le perjudicaba. Pero es que…¡se sentía tan a gusto cuando estaba con El!
Hacía dos meses que decidió separarse definitivamente de El. Eso le supuso horas de vigilia y una mente dispersa, incapaz de centrarse en nada, que constantemente volaba hacia El.
Aquel día Ella se sentía especialmente frágil, cuando lo vio a El. Intentó disimular que se había percatado de su inquietante presencia, pero ¡no pudo! Sus ojos se le iban hacia aquella figura tan estilizada y perfecta, Ella lo veía así, que la sumía en un estado de prelocura. Su sangre pareció acelerarse y Ella ansió tenerlo a su lado para disfrutar de El. Se acercó como disimulando, hasta que estuvo a su lado. Lo acarició suavemente con sus dedos, mientras con la otra mano lograba encenderle algo más que la pasión.
Ya no pudo resistir más, acercó sus labios lentamente hacia El, esperando algo que la detuviera a última hora, pero no fue así. Sus labios se posaron sobre El, primero con casi ternura, pero luego con apasionamiento desbordado. Aquel contacto entre ellos pareció revivirla. Ella notó, con la cercanía, lo caliente que El estaba y eso hizo, si cabe, que sus labios lo apretaran con más fuerza.
Entonces fue, cuando el humo de El llegó hasta su garganta, provocándole un fuerte ataque de tos que le sacudió hasta los pulmones. No se lo pensó más se quitó el cigarrillo de la boca y tras apagarlo lo tiró a la papelera. ¡No tenía que haber caído en la tentación de volver a fumar!
Hacía dos meses que decidió separarse definitivamente de El. Eso le supuso horas de vigilia y una mente dispersa, incapaz de centrarse en nada, que constantemente volaba hacia El.
Aquel día Ella se sentía especialmente frágil, cuando lo vio a El. Intentó disimular que se había percatado de su inquietante presencia, pero ¡no pudo! Sus ojos se le iban hacia aquella figura tan estilizada y perfecta, Ella lo veía así, que la sumía en un estado de prelocura. Su sangre pareció acelerarse y Ella ansió tenerlo a su lado para disfrutar de El. Se acercó como disimulando, hasta que estuvo a su lado. Lo acarició suavemente con sus dedos, mientras con la otra mano lograba encenderle algo más que la pasión.
Ya no pudo resistir más, acercó sus labios lentamente hacia El, esperando algo que la detuviera a última hora, pero no fue así. Sus labios se posaron sobre El, primero con casi ternura, pero luego con apasionamiento desbordado. Aquel contacto entre ellos pareció revivirla. Ella notó, con la cercanía, lo caliente que El estaba y eso hizo, si cabe, que sus labios lo apretaran con más fuerza.
Entonces fue, cuando el humo de El llegó hasta su garganta, provocándole un fuerte ataque de tos que le sacudió hasta los pulmones. No se lo pensó más se quitó el cigarrillo de la boca y tras apagarlo lo tiró a la papelera. ¡No tenía que haber caído en la tentación de volver a fumar!
LETRAS JUVENILES
Ese afán a la letra escrita, a la palabra viva que transmiten los libros a través de su lectura rezuma a través de los blogs, aunque sea menos habitual en la vida cotidiana. El otro día leía un artículo en el que hablaba del que segmento de edad que menos libro compraba (¿querrá decir eso que leen menos?) es el de los jóvenes. Los libros infantiles, entre cuentos que se leen a los niños y como regalos que se le hacen, se compran bastante. Los libros adultos también tienen su público fiel, aunque siempre parezcan pocos. En cambio, entre los jóvenes hay, al parecer, menos afición a la lectura o es que el tiempo y la mente prefieren dedicarlo a pasatiempos más inmediatos.También ocurre que, a pesar de la calidad que pueda tener la literatura juvenil, se le suele considerar como una literatura de segunda categoría, incluso, en ocasiones, vendiendo muchos más libros que muchos autores de “adultos” consagrados. Es difícil aficionar a los jóvenes a la literatura, el sistema educativo puede tener parte de culpa metiéndoles como con un cucharón clásicos que no entienden ni se adecuan a sus edades. Me parece más importante descubrir esos libros que les atraen su atención y los van atrapando a la letra escrita, para en un futuro más o menos lejano acercarlos a otros libros, para lo que, entonces, ya estarán más preparados. Fenómenos como Harry Potter, a pesar del excesivo marketing que puede enturbiar un poco, sin duda sirven para sumergirlos en la lectura, así como otros muchísimos libros más humildes pero no menos interesantes y atractivos. Estas reflexiones me han surgido como consecuencia de la publicación hoy del segundo libro de la trilogía de “Memorias de Idhun” de Laura Gallego de título “Tríada”. Habrá que estar atentos a esta autora, pues todos los que habían leído el primer libro de la saga, Resistencia, estaban deseosos de que llegara el 14 de octubre, y eso no es tan habitual entre los jóvenes lectores.
LA FALTA DE MEMORIA DEL AMOR
"¿Por qué no dejas nunca de hablar de mis pasados errores", le preguntó el marido a su mujer."Yo pensaba que habías perdonado y olvidado".
"Y es cierto. He perdonado y olvidado", respondió la mujer."Pero quiero estar segura de que tú no olvides que yo he perdonado y olvidado".
(Tony de Mello)
"Y es cierto. He perdonado y olvidado", respondió la mujer."Pero quiero estar segura de que tú no olvides que yo he perdonado y olvidado".
(Tony de Mello)
Visita al DA2
Nuestros pasos resonaron sobre el suelo al acercarnos al edificio. Los últimos minutos del día teñían de tonos ocres sus paredes dándole un aspecto fantasmagórico. Lo primero que vimos tras un cristal era una especie de cojín luminoso de grandes ojos y bocaza y carente de nariz.
Ojos y bocas se movían sin orden ni concierto dándole a aquella imagen un aspecto ciertamente grotesco.Atravesamos la puerta y entramos. Grandes techos y largos pasillos bañados en luz. En un rincón, en el suelo, botellas y latas de cerveza vacías como si un grupo hubiera abandonado el lugar, tras un minibotellón. Otra habitación llena de calaveras gigantes con letras escritas, una de ellas con una esvástica en la frente tenía además un clavo. Junto a una pared, en un saliente, una joven, de espalda desnuda y larga cabellera, esconde su rostro entre sus manos. Subimos unas escaleras y pasamos junto a unas celdas cerradas con puertas armadas de grandes cerrojos e imposible apertura. En un rincón, un hombre inmóvil hace días contempla una pantalla. Una sala con espejos y grandes hinchables aparece cubierta de lunares rojos en suelo, espejos, techo y paredes. En una sala proyectan una película, el protagonista rompe la pared de una habitación y desaparece tras el agujero, la habitación se queda vacía. Si queremos saber lo que ocurre tenemos que atravesar por debajo de la pantalla, se entra en otra sala y en una pantalla que hay por detrás de la primera vemos al fulano lo que está haciendo dentro del agujero. En otra habitación alargada las paredes aparecen dibujadas con dibujos ambientados en el siglo XVIII con detalladas posturas sexuales.
No, eso en donde entramos no era el castillo del terror de una feria, aunque en ocasiones lo parecía , sino el DA2(Domus Artium) una sala de exposiciones que se inauguró en Salamanca en el año de la capitalidad cultural. Me gusta el edificio, celosamente transformado a partir de la antigua cárcel salmantina, a la que recuerdo aún allí con sus altas vallas, sus garitas y el inconfundible color marrón que la envolvía como consecuencia de los humos de una fábrica próxima. Pero en cuanto a lo expuesto me pareció una auténtica tomadura de pelo. No fui capaz de relacionar ni dos de los objetos expuestos. Opino, desde mi ignorancia artística, que el arte debe mostrar el espíritu creativo del autor y servir como un estímulo agradable a las sensaciones del que lo contempla y aquello podría ser de todo menos agradable y, en algunos casos, repelente.
EL RECUERDO Y SUS MALAS JUGADAS
El recuerdo me impide dejar atrás tu rostro
bellísimo, y tu boca donde el mundo se abre
como un cáliz profano.
Si la memoria no fuese tan terca,
yo te habría vencido.
Pero el recuerdo es áspero enemigo:
es fuerte como fuerte la desdicha,
como fuerte el amor. Y aún en mis manos
la huella de las tuyas se dibuja
con dulzura tenaz,
si por unos momentos el vino o la añoranza
me hacen pensar en ti.
(Josefa Parra)
bellísimo, y tu boca donde el mundo se abre
como un cáliz profano.
Si la memoria no fuese tan terca,
yo te habría vencido.
Pero el recuerdo es áspero enemigo:
es fuerte como fuerte la desdicha,
como fuerte el amor. Y aún en mis manos
la huella de las tuyas se dibuja
con dulzura tenaz,
si por unos momentos el vino o la añoranza
me hacen pensar en ti.
(Josefa Parra)
REENCUENTROS
Si algo ha caracterizado estos días ha sido de reencuentros que los han sapilcado. Me he reencontrado con viejos amig@s, algun@s de hace más de veinticinco años y hemos podido refrescar esa amistad que hemos logrado sostener por encima del tiempo y de los muchos kilómetros que nos separan. Reencuentros en algunos casos muy necesarios, pues hay personas a las que cualquier medio de comunicación que no sea en directo, les supera.
Ha sido maravilloso como ha habido personas a las que no había visto desde hacía más de seis años y, al instante, se podría aplicar aquella frase que pronunció Fray Luis tras su liberación de la cárcel: "Como decíamos ayer..." como si el tiempo no hubiera transcurrido y aquellas arrugas que nos han aparecido en el rostro desde la última vez nos semejan líneas de madurez y de mayor plenitud.
Casi tod@s andan por los cuarentivarios, y este sano ejercicio de hablar y escuchar, de intercambiar datos, anhelos e ilusiones, me lleva a la conclusión que los problemas que nos preocupan son, no tanto fruto de la latitud en la que vivimos, como de la edad que, con mayor o menor habilidad, sostenemos a nuestras espaldas.
También en aquel largo paseo que daba todos los días, por un Madrid que se desperazaba con los rayos de sol, me ayudaba a un reencuentro cotidiano no menos importante: conmigo mismo.
Ha sido maravilloso como ha habido personas a las que no había visto desde hacía más de seis años y, al instante, se podría aplicar aquella frase que pronunció Fray Luis tras su liberación de la cárcel: "Como decíamos ayer..." como si el tiempo no hubiera transcurrido y aquellas arrugas que nos han aparecido en el rostro desde la última vez nos semejan líneas de madurez y de mayor plenitud.
Casi tod@s andan por los cuarentivarios, y este sano ejercicio de hablar y escuchar, de intercambiar datos, anhelos e ilusiones, me lleva a la conclusión que los problemas que nos preocupan son, no tanto fruto de la latitud en la que vivimos, como de la edad que, con mayor o menor habilidad, sostenemos a nuestras espaldas.
También en aquel largo paseo que daba todos los días, por un Madrid que se desperazaba con los rayos de sol, me ayudaba a un reencuentro cotidiano no menos importante: conmigo mismo.
REGRESO A LA COTIDIANEIDAD
Ya regresé. Tras ocho días en otras latitudes y después de nueve horas de autobús nocturno en que mi cabeza semidormida se bamboleaba de un lado a otro del sillón, estoy de nuevo en mi realidad cotidiana. Han sido unos días verdaderamente maravillosos en todos los sentidos. Me siento sosegado, feliz, lleno de energía y sosegado (ya lo sé que lo he puesto, pero es que estoy muy relajado en todos los sentidos).
En estos días:
-He andado mucho y recorrido muchos kilómetros a pies por lugares desconocidos.
-He madrugado y yendo a trabajar cada día por calles diferentes.
-He aprendido cosas prácticas en el curso que me van a servir para el hoy.
-He conocido a gente encantadora con las que he compartido muchos minutos.
-He ido a una tienda de música donde se podía encontrar hasta el instrumento más extraño.
-He dado y recibido muchos abrazos.
-He vivido la alegría del reencuentro con amig@s a los que hacía años no le veía sus ojos.
-He tenido tiempo para reflexionar conmigo mismo.
-He tenido tiempo para reflexionar con más gente.
-He recorrido librerías gigantescas y me he “perdido” entre sus libros.
-He bajado y subido más escaleras mecánicas en una semana que en todo el año anterior.
-Entré en la misma habitación en la que viví hace veinticinco años.
-Durante dos tardes pude pasear por un parque acompañado de presencias inolvidables y del aleteo de las hojas que caían.
-Un día pasé demasiado frío, se me olvidó el pensar que yo venía del sur.
-Me tomé dos cocidos inenarrables
-He revivido el cariño de los amig@s.
-Hubo un momento determinado que al pasear armado de mis recuerdos por un determinado rincón se me erizaron los vellos.
-Disfruté de ese fenómeno único que fue el eclipse.
Con todo esto y más cosas…¿cómo no voy a sentirme enormemente feliz al regresar tras estos días de viaje?
En estos días:
-He andado mucho y recorrido muchos kilómetros a pies por lugares desconocidos.
-He madrugado y yendo a trabajar cada día por calles diferentes.
-He aprendido cosas prácticas en el curso que me van a servir para el hoy.
-He conocido a gente encantadora con las que he compartido muchos minutos.
-He ido a una tienda de música donde se podía encontrar hasta el instrumento más extraño.
-He dado y recibido muchos abrazos.
-He vivido la alegría del reencuentro con amig@s a los que hacía años no le veía sus ojos.
-He tenido tiempo para reflexionar conmigo mismo.
-He tenido tiempo para reflexionar con más gente.
-He recorrido librerías gigantescas y me he “perdido” entre sus libros.
-He bajado y subido más escaleras mecánicas en una semana que en todo el año anterior.
-Entré en la misma habitación en la que viví hace veinticinco años.
-Durante dos tardes pude pasear por un parque acompañado de presencias inolvidables y del aleteo de las hojas que caían.
-Un día pasé demasiado frío, se me olvidó el pensar que yo venía del sur.
-Me tomé dos cocidos inenarrables
-He revivido el cariño de los amig@s.
-Hubo un momento determinado que al pasear armado de mis recuerdos por un determinado rincón se me erizaron los vellos.
-Disfruté de ese fenómeno único que fue el eclipse.
Con todo esto y más cosas…¿cómo no voy a sentirme enormemente feliz al regresar tras estos días de viaje?