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EL BÚCARO DE BARRO
Simplemente un rincón donde reencontrarme con las palabras.
Acerca de
El búcaro de barro, cuando es atravesado por las gotas de agua, refresca el interior, así me gustaría que mis palabras salieran de mí "refrescándome" a mí y a quien las lea.
Sindicación
 
NECESITAS...
un minuto para fijarte en alguien,
una hora para que te guste,
un día para quererlo,
pero se necesita de toda una vida
para que lo puedas olvidar.
 
OLOR A PRIMAVERA
Se levantó la mañana
con olor a primavera
pan recién horneado
y a pastel de la abuela.

Entre papeles
sonidos a espera
y alzando vista al reloj
miradas inquietas.

Al fin sale
y marcha sobre ruedas
aparca de los primeros
empezando la hilera.

Y mientras camina
sus pasos suenan
y la gran pregunta se hace:
¿y si no llega?

Minutos que pasan
la espera se hace eterna
hasta que cómplices miradas
en el aire se estrellan.

Acercándose
una sonrisa abierta
atrae su vista
y la reconoce a ella.

Sus pies antes lejanos
en la galería se acercan
y pronto, parados,
bajo la silla se enfrentan.

Él observa bien
sus ojos y sus pecas
sus manos gesticulantes
y su sonrisa abierta

No le deja hablar
sus palabras le recuerdan
que es lo primero
que escucha de ella.

Rizos castaños
sin viento ondean
mientras el humo del café
los rodea.

Algunos secretos
se revelan,
otros muchos
sólo se entreveran.

Mira con disimulo
su reloj de pulsera
pero el tiempo
no para ¡vuela!

Se despiden
y salen fuera
alegres por esta oportunidad
y hasta otra nueva

A él en la calle
el aire le renueva
estamos en pleno otoño,
pero el aire le huele a primavera.
 
EL ESTALLIDO
El permaneció quieto e impávido cuando Ella lo vio. El estaba acostumbrado a guardárselo todo, a encerrarse en sí mismo y ni percibiendo la proximidad, para muchos inquietante de Ella, su actitud cambió. Ella lo observó curiosa, pestañeando de una forma sensual, que a nadie podría pasar inadvertida. Sus labios envueltos en un brillo levemente rosado, esbozaron una sonrisa picarona. Todo su cuerpo empezó a contonearse de forma sinuosa hasta llegar a donde El estaba.

El, si se percató de algo, lo disimuló muy bien permaneciendo absolutamente estático, incluso cuando los largos y afilados dedos de Ella, coronados por uñas rojas y cuidadas, abrazaron su piel oscura y brillante. Ella lo asió con esa firmeza propia de quien no quiere dejarlo escapar e inició un agitado movimiento de vaivén, sin marcha atrás. Entonces fue cuando El no pudo aguantar más y explotó. El tapón de El, champagne, rebotó contra el techo y la catarata espumosa que brotó salpicó completamente el vestido de Ella.

Ella con esa alegría que da cuando se va por la segunda botella, lo acercó sus labios y el resto del champagne se deslizó lentamente acariciando su garganta. Mientras, su vestido mojado iba pegándose a su cuerpo y destacando lo más dulce y elaborado de sus modeladas formas.

 
DE NOCHE
Hoy he regresado de noche de trabajar, en esta época no es raro, aunque sí he echado bastantes horas de oficina. Desde las ocho de la mañana hasta las dos y media y con un rato para comer, toda la tarde hasta más allá de las ocho. ¡Y luego dicen algunos que los funcionarios no trabajan!

He llegado a casa agotado y sin fuerzas para escribir aquí. Creo que me pondré las zapatillas, encenderé un cigarro (si es que fumara...) y me pondré con tranquilidad a relajarme leyendo vuestros blogs. ¡Siempre encuentro en ellos algo interesante!
 
CHURROS CALIENTES

Nunca he entendido cuando he estado en Madrid cómo la gente puede pedir churros para desayunar que llevan hechos un par de horas y están fríos y tiesos como mojamas. Para mí, los churros fríos pierden el 85 % de su aliciente. Aún recuerdo en mi infancia, los domingos por la mañana cuando al grito de: ¡los churros!, mis ocho hermanos y yo saltábamos de las camas camino del comedor. Allí nos sentábamos a la mesa en torno a aquel gran paquete, envuelto en papel de estraza, humeante. Aquel que remoloneaba con la almohada se exponía a quedarse sin ninguno ante aquella vorágine devoradora. ¡Nunca llegaron a enfriarse aquellos churros!

Debe ser como reminiscencia de aquel rato, pero ahora soy yo el que algunos domingos inicia el paseo matinal en su busca. Me gusta pasear a esas horas tempranas de los domingos, en que las calles ya luminosas están solitarias y dormidas, en que los pasos resuenan sobre las aceras porque es lo único que se escucha. El jilguero pinta su canto en el cielo y las flores, sensualmente brillantes por las gotas de rocío, empiezan a desperezar sus pétalos. Me siento a gusto respirando este silencio.

Me pongo a la cola de los churros rodeado de madrugadores, mientras los humos aceitosos nos envuelven y despiertan el hambre. Cuando me los dan, acelero el paso para que mi carga no se enfríe. La brisa me acaricia e intenta robar el calor de la bolsa y cuando llego a casa y doy la voz de ¡churros! sobre una mesa menos bulliciosa que la de antaño, nos reunimos. Y al sentir el primer crujido de los churros entre mis dientes el paladar me hace despertar mil sensaciones y recuerdos, todo a causa de unos churros calientes.
 
UNA LLAMADA EN LA NOCHE
Anoche me acosté tarde, menos mal que mañana es sábado, fue mi último pensamiento antes de que mis párpados se abrazaran. Pero en medio de la noche, poco antes de las cinco de la mañana, el timbre estridente del teléfono nos despertó.

Siempre que suena el teléfono a esas horas nos mete el susto en el cuerpo, no tanto por el ruido que rasga el silencio y despierta de sopetón, sino por lo que la voz que llama nos pueda decir a esas horas. Cuando descolgué era la voz de mi padre. ¿Qué pasa?, le pregunté. ¿Qué estabas haciendo? Me pregunta con un tono desenfadado que no me pegaba a esas horas. Pues dormir! dije de la forma más educada que mi súbito despertar me permitió.

Al seguir indagando la causa de la llamada en pocos segundos me di cuenta que era fruto de un enorme despiste. Mi padre se había despertado y había aprovechado para vestirse y afeitarse. Vio que era antes de las cinco y pensó que era probable que a esa hora estuviera yo en casa. Lo que no se dio cuenta fue que eran las cinco de la mañana y no las ¡cinco de la tarde! como había pensado de manera equivocada al mirar el despertador. ¡Pensaba que se había despertado de la siesta!

Aquí ando buscando en internet el próximo regalo que le quiero hacer: un despertador. Pero un despertador un tanto especial que cuando señale las cinco en punto, ponga abajo: DE LA TARDE.
 
ME DECIDI
Al fin me he decidido, tras años de navegación internaútica, a poner la línea ADSL. He estado dudando durante mucho tiempo, quizás por la pereza que da toda la inercia al cambio y no saber qué escoger entre tanta oferta. Finalmente una página que vi en internet el otro día me convenció. Ya contraté el servicio y hoy me ha llegado el kit de adsl.

Ahora mi gran duda es: ¿lograré configurar todo esto y que me funcione? Espero que sí que la cosa no sea demasiado dificultosa y no tenga que dejar descansar el blog por que la conexión me impida entrar. Ya os contaré.
 
EL BESO DETENIDO

En ese ojeo diario que hago del periódico, siempre hay alguna noticia o foto que me llama especialmente la atención. Habitualmente, salvo excepciones, me detengo más en las páginas locales, que son las que me influyen más en el día a día, y paso más por encima las de lugares más lejanos o recónditos.

Ayer hubo una foto que me hizo pararme. En ella aparece un grupo de manifestantes, probablemente en Chile, pidiendo la extradición del expresidente Fujimori. En primer plano y presidiendo la foto un manifestante, de rasgos andinos y gesto crispado, grita con el puño cerrado y en alto. De fondo, carteles de SE BUSCA con la foto del político, a raíz de los cuales no se puede dejar de sentir antipatía manifiesta sabiendo las tropelías realizadas por aquel personaje. Ese ambiente de griterío y reivindicativo ocupando un 75% de la foto, parece dotarla de una cierta crispación.

Pero hay algo que ha paralizado mi atención y me ha hecho saborear la foto, es ese rinconcito que supone el 25% restante y que lo descubro envuelto en una cierta magia. En esa tierna escena y extraña al resto del conjunto, situada en el ángulo inferior izquierdo, aparece un hombre de flequillo despeinado abrazando, se ve el dedo agarrado al antebrazo, a una mujer y besándose. Ella mientras acoge el beso sujeta un papel con dos dedos. Parecen ajenos a todo lo demás. Ese contraste entre los gritos y la placidez del beso me ha emocionado. Si siempre un beso tiene un punto mágico, especialmente en este caso en que ese instante detenido por el objetivo de la cámara parece silenciar el bullicio ambiental y serenar la escena.

Me llama la atención el momento elegido para darse ese beso, ¿se han reencontrado después de mucho tiempo? O tal vez aprovecharon aquel bullicio para tener una cita secreta sin que nadie lo supiera y hoy, gracias a la globalización, el mundo entero ha sido testigo mudo de aquel beso que se ha convertido, por causa de esta foto, en imperecedero.
 
ESA VIEJA AMIGA
Desde que logro recordar tengo una vieja amiga que siempre me suele acompañar. Es fiel como la que más, a veces, ¡quizás demasiado! Me ayuda mucho, no sabría que hacer sin ella, pero, en otras ocasiones, su juegos me envuelven y hace que se distraiga en personas o situaciones que me hacen sufrir. Hoy reflexionaba, de camino del trabajo sobre su fragilidad, cuando por distintas circunstancias hoy la he tenido un tanto saturada. En gran parte dependo de ella y un fallo por su parte puede dar lugar a una hecatombe.

Así es la memoria, algo que llevo sobre mis espaldas que cuido y que me ayuda a construir mi día a día y a comunicarme, a relacionarme y a mirar más allá de lo que me rodea. No sé que haría sin ella y su protección. Lo que más valoro de ella es que es capaz de endulzar mis recuerdos, exquisita cualidad, siendo fundamental a la hora de construir sueños y haciendo que determinados acontecimientos los reviva muchas veces
 
EL MARCO VACÍO

A nadie se le ocurre tener en su cuarto un marco de fotos vacío, me decían. ¡Nada más que a mí! Apoyado sobre la estantería, cogiendo polvo y rasgando mis sentimientos cada vez que se cruzaba en el camino de mi vista ociosa. Un marco labrado con figuras sonrientes del que nunca he sabido el material en el que está hecho, no es la curiosidad una de mis características. Fue un regalo por mi cumpleaños, de esas veces que alguien por compromiso regala sin saber “qué regalar”. Aunque, la verdad es que no es la primera vez que está vacío. Cuando me lo regalaron estuvo, también, durante meses vacíos, con el único uso de aprovechar el reflejo para estirar mis negros rizos. El motivo de estar, entonces, vacío era muy diferente al de ahora. Era la primera vez que tenía un marco de fotos en mi cuarto y quería rellenarlo con una foto muy especial, Al fin, un día, decidí qué foto poner. Y allí estuviste, desde entonces, mirándome con tus lánguidos ojos. Yo no parecía necesitar más, ni compañía, ni oscuros acercamientos por parte de dudosos individuos, ni siquiera una presencia caprichosa que se acercara con la excusa de dar y el secreto deseo de sólo recibir. Me acompañaba en los ratos de soledad, en una serena compañía que me daba todo sin exigir nada a cambio y animándome en mis momentos de zozobra. Esa foto enmarcada se convirtió en un faro que iluminaba mi cuarto y mi ánimo.

Aquella presencia secreta me saludaba cada mañana, envolvía mis ratos de juego y hacía que no estuviera sola. Pero la felicidad no existe, eso leí en algún sitio, y lo que es bueno desaparece o te traiciona. Y tú lo hiciste, debí suponerlo hace mucho tiempo, tendría que haber estado preparada para ello pero, ingenua de mí, no fortalecí mis defensas. Y cuando llegó ese inesperado momento y me enteré de aquello todo mi universo se desmoronó como un castillo de naipes. Aquellas figuras del marco parecían ahora carcajearse de mí. Y tu foto me resultó una insoportable visión dentro de aquel marco. Resistí sólo dos días, al tercero lo abrí, saqué tu foto y echándole una mirada mezcla de ira y asco la troceé en mil pedazos. Y dejé el marco ahí solitario, como una perenne memoria de mi ingenuidad, pero con el recuerdo apagado de esa foto tuya que rompí, Harry Potter, cuando me enteré que salías con una peluquera que conociste en el rodaje de la película. ¡Me has desgarrado!