¿Crisis? ¿Quien dijo crisis?
Bien podría volver a contar en estas lineas, que Murphy, mi nuevo compañero de piso (al que nadie ha invitado, por cierto), parece que se esta instalando con intención de quedarse y empiezo a estar ya un poquito hasta los cojones. Pero, como cada día tengo mas claro que una desgracia llama a otra, igual que el dinero llama al dinero (datos empiricos asi lo demuestran), pasaré por alto cualquier comentario al respecto.
El tema sobre el que hoy quiero hablar, tiene que ver con un curioso fenomeno que estoy experimentando en mis propias carnes, además de tenerlo presente, expresado de una u otra manera, en la gente mas próxima a mi, es decir, mis amigos de toda la vida. Se trata de la crisis de los treinta.
He reflexionado bastante sobre este tema y me negaba a creer en la existencia de este ¿estado?. Lo que quiero decir, es que siempre hemos oido hablar a los entendidos, que entienden de estas cosas, sobre la crisis de los cuarenta, de los cincuenta, etc. A mi siempre me ha parecido una manera bastante burda, de intentar justificar actitudes y actuaciones, que, en muchos casos, resultan absurdas, e incluso si me apuran un poco, vergonzosas en si mismas. Y estoy hablando del perfecto y ejemplar padre de familia que en un momento de su vida, cuando le toca atravesar la barrera de cualquiera de las dos edades antes mencionadas, o cualquier otra que encuentre por el camino, (supongo que si valen esas dos, valdrá igualmente cualquiera otra), justo en ese preciso momento, le da por reflexionar sobre la que ha sido su vida, por hacer balance. Este hecho, en si mismo, puede resultar a todas luces, un ejercicio muy sano, e incluso recomendable, a la vez que extremadamente peligroso. Y digo esto último, porque estas crisis, o la idea, no se si infundada, o no, que yo tengo de ellas, es que lo que traen consigo es al susodicho honorable padre de familia que, de la noche a la mañana, se comienza a someter a diversas intervenciones quirurjicas (lease: liposucciones, implantes capilares, reducción de ojeras, etc), se compra un descapotable de lujo, (siempre he creido además, que estas, eran cosas exclusivas de los ricos, los demás no podemos permitirnoslo), y se busca un pibón 20 o 30 años mas jovén, por la vida que esta le da, sin especificar mas en detalle, donde.
Admito, y de ahi mi reticencia a creer en ello, que esta idea esta contaminada, en cierta medida, por influencias hollywoodienses, pero tambien estoy seguro, de que, quien mas, quien menos, y con diferentes matices, conoce algún caso, no muy lejano, que guarda algún paralelismo con el ejemplo expuesto.
Todo esto, viene al caso de lo que en un principio comentaba. Y es que vengo observando, no sin cierto grado de asombro, que tambien la barrera de los treinta tiene su propia crisis. He de aclarar llegados a este punto, que dicho proceso, lo he podido constatar de forma evidente, en los individuos (varones) de mi cuadrilla de amigos, que llegados a esta edad, nos encontramos sin pareja. En cuanto a los síntomas relacionados, difieren ostensiblemente de los anteriormente enumerados, no se concretamente si por razones de posición económica, o mas bien (y yo me decanto por esto último), por razones que tienen que ver con la propia etapa vital. Estos síntomas, en este caso, (desconozco si será extrapolable al resto de individuos en similares circunstancias) tienen que ver con buscarse determinadas aficiones, que necesariamente han de implicar la superación de retos con un importante grado de dificultad, y que resultan mas propias de edades ya superadas.
Me explico:
Alguno de estos amigos de los que estoy hablando, han padecido durante gran parte de su infancia y me atrevería a decir, que la totalidad de su adolescencia, una especie de alergia crónica al deporte, en cualquiera de sus multiples disciplinas, que no estuviera directamente relacionada con el "Levantamiento de vidrio en barra fija". Bien, pues la cuestión es que a día de hoy, no se si sugestionados de alguna manera por aquello de cumplir la edad de cristo, el misticismo se ha apoderado de sus vidas. Asi, todos ellos han abandonado el vicio del tabaco (alguno resultaba impensable que lo consiguiera), las juergas en sus diversas manifestaciones, apenas forman parte de un ya lejano pasado, como vestigios de una vida que jamas volverá, plena de pecados y lujuria. Pero lejos de terminar aqui la cosa, ahora hay quien dedica buena parte de su tiempo libre (este es de los alérgicos a los que hacía mención) a preparar maratones; otro, al que le ha dado por actividades como la pesca submarina, el tiro con arco o el triathlon; he incluso, quien a realizado una competición que consiste en subir (y bajar por supuesto), tres picos de mas de 1.000 mtos en un solo día.
Y luego, encuadrado como uno mas dentro de este grupo, estoy yo mismo. Varón, soltero, de treinta y pocos, que, despues de paladear en un mismo año las hieles de dos dolorosos fracasos sentimentales, me encuentro en esta misma situación de ansiedad, por encontrar algo que (como un mal sucedaneo) de algún sentido a mi vida en este momento. En mi favor, diré: que aún sigo fumando (no tengo muy claro lo favorable de este vicio, pero me siento orgulloso de no haber caido en ningún otro), que aún me sigue apeteciendo irme de juerga (aunque no tenga con quien hacerlo) y que una de las "rarezas" por las que me ha dado con esta crisis, es la de comenzar esta aventura de escribir sobre mis irreflexiones particulares. No es esta la única, claro que no, mi crisis no iba a ser menos. Tambien me ha dado por aprender a patinar, (aunque ninguno de los distintos organos de mi cuerpo este en absoluto de acuerdo con ello) y aunque en días como el de hoy, tenga la sensación, manifestada a través de los dolores que siento a lo largo de toda mi espalda, de que he sido el blanco facil de alguna apisonadora descontrolada.
Lo siguiente que llevo rumiando desde hace ya algún tiempo, es aprender a ponerme de pie encima de una especie de tabla de planchar y subido en la cresta de alguna ola. Seguiré informando.
P.D.: Pensandolo bien, esto de intentar demostrarnos absurdamente a nosotros mismos, que aún estamos como con veinte años, tiene una parte intimamente relacionada con el instinto mas básico de supervivencia. Tal vez lo hagamos, porque con un poco de suerte, y a poco mas que forcemos la máquina, es posible que ni siquiera lleguemos a tener la oportunidad de afrontar al próxima crisis de los cuarenta.
El tema sobre el que hoy quiero hablar, tiene que ver con un curioso fenomeno que estoy experimentando en mis propias carnes, además de tenerlo presente, expresado de una u otra manera, en la gente mas próxima a mi, es decir, mis amigos de toda la vida. Se trata de la crisis de los treinta.
He reflexionado bastante sobre este tema y me negaba a creer en la existencia de este ¿estado?. Lo que quiero decir, es que siempre hemos oido hablar a los entendidos, que entienden de estas cosas, sobre la crisis de los cuarenta, de los cincuenta, etc. A mi siempre me ha parecido una manera bastante burda, de intentar justificar actitudes y actuaciones, que, en muchos casos, resultan absurdas, e incluso si me apuran un poco, vergonzosas en si mismas. Y estoy hablando del perfecto y ejemplar padre de familia que en un momento de su vida, cuando le toca atravesar la barrera de cualquiera de las dos edades antes mencionadas, o cualquier otra que encuentre por el camino, (supongo que si valen esas dos, valdrá igualmente cualquiera otra), justo en ese preciso momento, le da por reflexionar sobre la que ha sido su vida, por hacer balance. Este hecho, en si mismo, puede resultar a todas luces, un ejercicio muy sano, e incluso recomendable, a la vez que extremadamente peligroso. Y digo esto último, porque estas crisis, o la idea, no se si infundada, o no, que yo tengo de ellas, es que lo que traen consigo es al susodicho honorable padre de familia que, de la noche a la mañana, se comienza a someter a diversas intervenciones quirurjicas (lease: liposucciones, implantes capilares, reducción de ojeras, etc), se compra un descapotable de lujo, (siempre he creido además, que estas, eran cosas exclusivas de los ricos, los demás no podemos permitirnoslo), y se busca un pibón 20 o 30 años mas jovén, por la vida que esta le da, sin especificar mas en detalle, donde.
Admito, y de ahi mi reticencia a creer en ello, que esta idea esta contaminada, en cierta medida, por influencias hollywoodienses, pero tambien estoy seguro, de que, quien mas, quien menos, y con diferentes matices, conoce algún caso, no muy lejano, que guarda algún paralelismo con el ejemplo expuesto.
Todo esto, viene al caso de lo que en un principio comentaba. Y es que vengo observando, no sin cierto grado de asombro, que tambien la barrera de los treinta tiene su propia crisis. He de aclarar llegados a este punto, que dicho proceso, lo he podido constatar de forma evidente, en los individuos (varones) de mi cuadrilla de amigos, que llegados a esta edad, nos encontramos sin pareja. En cuanto a los síntomas relacionados, difieren ostensiblemente de los anteriormente enumerados, no se concretamente si por razones de posición económica, o mas bien (y yo me decanto por esto último), por razones que tienen que ver con la propia etapa vital. Estos síntomas, en este caso, (desconozco si será extrapolable al resto de individuos en similares circunstancias) tienen que ver con buscarse determinadas aficiones, que necesariamente han de implicar la superación de retos con un importante grado de dificultad, y que resultan mas propias de edades ya superadas.
Me explico:
Alguno de estos amigos de los que estoy hablando, han padecido durante gran parte de su infancia y me atrevería a decir, que la totalidad de su adolescencia, una especie de alergia crónica al deporte, en cualquiera de sus multiples disciplinas, que no estuviera directamente relacionada con el "Levantamiento de vidrio en barra fija". Bien, pues la cuestión es que a día de hoy, no se si sugestionados de alguna manera por aquello de cumplir la edad de cristo, el misticismo se ha apoderado de sus vidas. Asi, todos ellos han abandonado el vicio del tabaco (alguno resultaba impensable que lo consiguiera), las juergas en sus diversas manifestaciones, apenas forman parte de un ya lejano pasado, como vestigios de una vida que jamas volverá, plena de pecados y lujuria. Pero lejos de terminar aqui la cosa, ahora hay quien dedica buena parte de su tiempo libre (este es de los alérgicos a los que hacía mención) a preparar maratones; otro, al que le ha dado por actividades como la pesca submarina, el tiro con arco o el triathlon; he incluso, quien a realizado una competición que consiste en subir (y bajar por supuesto), tres picos de mas de 1.000 mtos en un solo día.
Y luego, encuadrado como uno mas dentro de este grupo, estoy yo mismo. Varón, soltero, de treinta y pocos, que, despues de paladear en un mismo año las hieles de dos dolorosos fracasos sentimentales, me encuentro en esta misma situación de ansiedad, por encontrar algo que (como un mal sucedaneo) de algún sentido a mi vida en este momento. En mi favor, diré: que aún sigo fumando (no tengo muy claro lo favorable de este vicio, pero me siento orgulloso de no haber caido en ningún otro), que aún me sigue apeteciendo irme de juerga (aunque no tenga con quien hacerlo) y que una de las "rarezas" por las que me ha dado con esta crisis, es la de comenzar esta aventura de escribir sobre mis irreflexiones particulares. No es esta la única, claro que no, mi crisis no iba a ser menos. Tambien me ha dado por aprender a patinar, (aunque ninguno de los distintos organos de mi cuerpo este en absoluto de acuerdo con ello) y aunque en días como el de hoy, tenga la sensación, manifestada a través de los dolores que siento a lo largo de toda mi espalda, de que he sido el blanco facil de alguna apisonadora descontrolada.
Lo siguiente que llevo rumiando desde hace ya algún tiempo, es aprender a ponerme de pie encima de una especie de tabla de planchar y subido en la cresta de alguna ola. Seguiré informando.
P.D.: Pensandolo bien, esto de intentar demostrarnos absurdamente a nosotros mismos, que aún estamos como con veinte años, tiene una parte intimamente relacionada con el instinto mas básico de supervivencia. Tal vez lo hagamos, porque con un poco de suerte, y a poco mas que forcemos la máquina, es posible que ni siquiera lleguemos a tener la oportunidad de afrontar al próxima crisis de los cuarenta.





