Entre platos anda el juego
Mi amama (abuela) Begoña, era una mujer muy especial (supongo que como la mayoria de las abuelas de cualquiera de nosotros). Siempre fue una persona con un humor excelente, de una sencillez abrumadora enfrentandose a las visicitudes que la vida le planteaba, era una de esas personas que, sin llegar a ser conscientes, transmiten una enorme paz con su sola presencia.
Me gustaba ir a visitarla. Si durante el resto de la semana no había podido hacerlo, el domingo por la mañana era el día señalado. No negaré que, sobre todo cuando era mas joven, apenas un crio, era una visita por interés. Siempre me esperaba con tres galletas, bien de vainilla, bien de chocolate, cien pesetas que llevarme al bolso y besos, muuuuchos besos. Se que me queria con devoción. Incluso me atrevería a asegurar que de los cinco nietos que tenía, yo era su ojito derecho. Siempre lo he percibido asi.
Recuerdo el sol entrando con fuerza por la terraza de la cocina y ella sentada en su silla, las piernas tapadas por una manta tan desgastada como descolorida y una mantilla por los hombros, mientras observaba divertida, "las estampas" de unas revistas desfasadas tres o cuatro meses. Recuerdo el olor de la leña consumiendose en la chapa de la cocina y el de las castañas asadas de los domingos por la tarde.
Creo que su cara, con un sonrisa permanente dibujada en ella, me acompañará siempre. Es la cara de aquellas personas absolutamente reconciliadas con la vida.
En alguna de aquellas mañanas de alguno de aquellos domingos, que de verdad lo erán, zascadileaba yo por la cocina mientras ella se afanaba entre pucheros y sartenes. (Tal vez lo viví, tal vez lo soñe, poco me importa). Y viniendo a cuento de la conversación que entonces manteniamos, recuerdo aquellas palabras dirigiendose a mi:
"Sabes Jontxu, al final la vida no es muy diferente de la preparación de un buen guiso. Mezclas un monton de buenos ingredientes, cada uno en su justa medida, y esperas con mucha paciencia. No hay otro secreto. Añade una buena cantidad de bondad y humildad a partes iguales. Respeto y comprensión por los demás, sin miedo a pasarte. Sazónalo todo con la dosis justa de optimismo, valentía y caracter; un chorrito de buena voluntad y espera al punto óptimo de cocción."
Hoy, treinta y tres años mas tarde, y cuando, lamentablemente ya no la tengo para que pruebe el guiso, destapo la olla, y la verdad, no me disgusta el resultado. Sin aspirar a la obtención de la valoración máxima en la Guia Michelin, tiene buena pinta.
Eso si, en ocasiones, no puedo evitar sentir que algo falla. Hay alguna cosa que no me termina de convencer. Es como si me viera obligado a servir este guiso en una vajilla de plástico, o acompañado por un vino de tetra-brick.
Escuchando:
Carry On - Pretenders
Me gustaba ir a visitarla. Si durante el resto de la semana no había podido hacerlo, el domingo por la mañana era el día señalado. No negaré que, sobre todo cuando era mas joven, apenas un crio, era una visita por interés. Siempre me esperaba con tres galletas, bien de vainilla, bien de chocolate, cien pesetas que llevarme al bolso y besos, muuuuchos besos. Se que me queria con devoción. Incluso me atrevería a asegurar que de los cinco nietos que tenía, yo era su ojito derecho. Siempre lo he percibido asi.
Recuerdo el sol entrando con fuerza por la terraza de la cocina y ella sentada en su silla, las piernas tapadas por una manta tan desgastada como descolorida y una mantilla por los hombros, mientras observaba divertida, "las estampas" de unas revistas desfasadas tres o cuatro meses. Recuerdo el olor de la leña consumiendose en la chapa de la cocina y el de las castañas asadas de los domingos por la tarde.
Creo que su cara, con un sonrisa permanente dibujada en ella, me acompañará siempre. Es la cara de aquellas personas absolutamente reconciliadas con la vida.
En alguna de aquellas mañanas de alguno de aquellos domingos, que de verdad lo erán, zascadileaba yo por la cocina mientras ella se afanaba entre pucheros y sartenes. (Tal vez lo viví, tal vez lo soñe, poco me importa). Y viniendo a cuento de la conversación que entonces manteniamos, recuerdo aquellas palabras dirigiendose a mi:
"Sabes Jontxu, al final la vida no es muy diferente de la preparación de un buen guiso. Mezclas un monton de buenos ingredientes, cada uno en su justa medida, y esperas con mucha paciencia. No hay otro secreto. Añade una buena cantidad de bondad y humildad a partes iguales. Respeto y comprensión por los demás, sin miedo a pasarte. Sazónalo todo con la dosis justa de optimismo, valentía y caracter; un chorrito de buena voluntad y espera al punto óptimo de cocción."
Hoy, treinta y tres años mas tarde, y cuando, lamentablemente ya no la tengo para que pruebe el guiso, destapo la olla, y la verdad, no me disgusta el resultado. Sin aspirar a la obtención de la valoración máxima en la Guia Michelin, tiene buena pinta.
Eso si, en ocasiones, no puedo evitar sentir que algo falla. Hay alguna cosa que no me termina de convencer. Es como si me viera obligado a servir este guiso en una vajilla de plástico, o acompañado por un vino de tetra-brick.
Escuchando:
Carry On - Pretenders
Comentario:
Y yo haciendo cursos de cocina, tu abuela si que sabía y no las aficionaduchas como yo. Es la mejór receta que he léído en mi vida. Yo también echo de menos a mis abuelos. Un beso
Comentario:
Seguro que tu guiso está bueno hasta con un Don Simón... pero no descanses hasta que la mesa esté perfecta.
Un besito.
Un besito.
Comentario:
Preciosa manera de expresar como te sientes respecto a tu vida...entonces, sin miedo y con muchisima valentía sirve la mesa con la mantelería la vajilla y los cubiertos "para los eventos importantes", y buen provecho!
Besos
Besos
Comentario:
Tienes dos opciones, o te deshaces de los platos de plástico, inviertes y te compras una vajilla nueva o preparas tu guiso con tanto esmero y un sabor tan delicioso que ya esté servido en porcelana o en platos de plástico fantástico nadie note ni le importe la diferencia.
Comentario:
Perfecto, perfecto, absolutamente perfecto, no sé si hay algo, tal vez unos minutos, unas horas. Después, a base de empeñarnos en desear que las cosas sean diferentes a cómo son, terminamos por sentir ese sabor agridulce que supone la vajilla de plástico o el vino corriente. Pero te digo una cosa, con la vajilla de plástico no habrá que fregar después, a veces las cosas sencillas (como comer una pizza en un viejo sofá y en una vieja casa sin agua caliente), son mejor que cualquier otra cosa. Y ya, ya sé que no hablas de eso en tu post, que hablas de ti y de quién eres y, por supuesto, de la medida en que estás satisfecho contigo mismo y con tu vida.
Tu abuela seguiría teniéndote como su ojito derecho, ¡seguro!.
Mi vena "dale la vuelta a las cosas", me incita a decir ahora: ¡Claro que es tu abuela! ¿Cómo iba a ser de otra manera? Jejejeje ¿me perdonas?
Tu abuela seguiría teniéndote como su ojito derecho, ¡seguro!.
Mi vena "dale la vuelta a las cosas", me incita a decir ahora: ¡Claro que es tu abuela! ¿Cómo iba a ser de otra manera? Jejejeje ¿me perdonas?
Comentario:
Caramba, me parece una metáfora preciosa...
¿Por qué no sacas la "vajilla buena" ? ¿Qué es lo que frena?
Un besito mu fuette, guapo! ;)
(Impresionante, qué buena música tienes siempre, mmmm....)
¿Por qué no sacas la "vajilla buena" ? ¿Qué es lo que frena?
Un besito mu fuette, guapo! ;)
(Impresionante, qué buena música tienes siempre, mmmm....)
Comentario:
Pues añádele un poquito de sal y pimienta, pasa del Don Simón y destapa un Faustino V, y sírvelo en tu mejor vajilla;esa de los platos cuadrados.. sabes cual te digo?? el acompañamiento es muy importante!!
Un beso en un día lluvioso;)
Un beso en un día lluvioso;)





