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El Botxo
Un Botxo es un Bujero
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Treinta y tres años de antigüedad. Ciento ochenta y cuatro centimetros de irrelevante profundidad. Oscuro por momentos aunque siempre calido. Humedad relativa 70%.
Sindicación
 
Abro la ventana................................y un rayo de luz
Asi es, hoy 12 de agosto (la fecha es muy importante), he abierto la ventana y un hermoso rayo de luz me ha deslumbrado.

Hoy Sabado, 12 de agosto, Iratxe, mi ex-mujer, (un año y dos meses después de nuestra separación, aún me suena extrañísimo), cumple años. En todo este tiempo el contacto entre nosotros ha sido prácticamente inexistente. Creo que por parte de los dos, tomamos la determinación en su momento, de que esto era lo mejor para ambos.

No contaré ahora los motivos que motivarón esta separación, sería demasiado largo de contar, y creo que no viene al caso ahora rememorarlo. Solo diré, que la ruptura, sin que hubiera un motivo especialmente grave (me refiero con esto a infedelidades,...etc), resultó muy dolorosa para ambos. Al fin y al cabo, habian sido doce años de relación y dos de matrimonio, a lo largo de los cuales vivimos cosas preciosas, y en los que realmente nos quisimos con absoluta locura. (Aun se me encoje el corazón cuando hablo de ello).

Pero como decía antes, llegados al punto definitivo del no retorno, nos distanciamos el uno del otro casi totalmente, llegando a limitarse, nuestros escasos contactos, a las obligadas llamadas telefónicas en las fechas mas señaladas, como es la de hoy.

Y es de esto de lo que ahora me apetece hablar. He comenzado a escribir estas lineas, casi sin que me diera tiempo de colgar el teléfono, despues de haber llamado a Iratxe para felicitarle en su cumpleaños.

La conversación en si, se ha centrado en ponernos mutuamente al día de nuestras vidas. Bueno, en realidad, de aquellas cosas que dan tiempo a comentar en apenas media hora de conversación telefónica. Pero necesito reflejar como me siento después de haber mantenido esta charla.

En este momento, los sentimientos se me agolpan, alli donde se agolpen los sentimientos. Por una parte, siento como especie de paz balsámica que me produce una placentera reconciliación con una parte de mi mismo.

Y es que, para bien y para mal, el haber crecido junto a persona, tiene estas cosas. Eres capaz de percibir lo que esa persona siente en un momento determinado, por mucho tiempo que haya transcurrido desde la última vez que la miraste a los ojos, incluso mediante la propagación de las ondas herzianas, que llegan a tu oido despues de haber recorrido una serie indeterminada de kilometros a traves del aire, y en el instante en el que te son transcritas por un dichoso aparatejo electrónico.

Y lo que yo he adivinado percibir en esta conversación, es hermoso. Muy hermoso, y muy sincero. Hablo de un cariño, de un franco interés por la otra persona, y de un respeto mutuo, que, por desgracia, no supimos mantener en las últimas etápas de nuestra relación.

De ahi, lo de los sentimientos encontrados que antes mencionaba. Es precioso descubrir que, despues de todo, no existe por ninguna de las partes, algún sentimiento de resentimiento o de rencor hacia el otro. Estar convencido de que ambos deseamos, con el corazón en la mano, lo mejor para el otro, en cualquier parcela de su vida. Que, se llame como se llame, tampoco es necesario definirlo, aún existente un bonito sentimiento entre ambos. Un sentimiento, que, por otra parte, al no estar expuesto al desgaste de la convivencia diaría, creo que siendo mucho menos intenso, puede ser mucho mas duradero.

Pero, al mismo tiempo, y de forma inevitable, se abre paso la tristeza de volver a a las preguntas sobre que fue lo que nos llevo a tener que terminar con nuestra historia. De pensar como no fuimos capaces de salvar nuestro amor, siendo este tan grande como era.

Esto es todo lo que se me ocurre. Para mas información sobre el tema en cuestión, dirigirse directamente a mi corazón.
No