El Jevi Gomez
Ultimamente estoy experimentando una serie de olvidos y despistes que creo, me deberían de empezar a preocupar. Supongo que si no es así, se debe en parte a que, por el momento, ninguno de ellos ha tenido consecuencias irreperables. Y es que lo mismo me dejo las llaves dentro del piso cuando salgo, que me olvido de la cartera en casa cuando voy a currar, me dejo el portatil en el curro,............
Quiero pensar, que todo ello es como consecuencia de la vida tan desordenada que llevo de un año a esta parte. Y no es por gusto. Que uno, que estaria dispuesto a dar una mano por compartir pisito con Monica de Friends, mucho se teme que no aguantaría su afan desmedido por el orden ni una semana. Pero claro, de ahí, a haberse visto, obligado por las circunstancias, a cambiar de nido 5 veces en este lapso de tiempo,....... pues hay un trecho. Supongo que con semejante ajetreo bastante tengo con acordarme de donde me toca dormir cada noche. Vamos que mi huevo, cuando lo consiga poner, va a salir con pollito.
Así, hoy me ha venido a la memoria un capítulo que viví hace una semana y que resultó cuando menos curioso, tan curioso, como surrealista.
Iba yo en el tren de camino a Bilbao, a la Aste Nagusia (el pueblo en el que vivo está a cuatro estaciones, equivalentes un cuarto de hora, de la capi), absorto, como siempre que viajo solo, en mis cotidianas pajas mentales, cuando de pronto, a dos estaciones de mi destino, el viaje, que no el tren, tomo un giro sorprendente e inesperado.
En un principio no me percaté de nada. Todo era perfectamente normal. Una estación, gente que sube, gente que se baja. Lo normal. El caso es que a escasa distancia de donde me encontraba sentado, tan poca, que era facil seguir cualquier conversación que tuvieran, por poco que me interesara, que era poco, se situó un grupo de cuatro chicas y un chico que parecia ir con ellas. Todo normal.
Es cierto que el chico, hablaba con un tono de voz mas bien alto y que las caras de las chicas junto a él, delataban una vergüenza incontenible. Pero hicieron falta a penas un par de minutos para que todo el vagón compartieramos ese sentimiento con ellas.

El susodicho, que venía a ser un clon desnutrido de Santiago Segura en "El Dia de la Bestia" y de unos 35-40 años, se gira de súbito hacia el concurridísimo vagón y se presenta a la multitud: "Soy Gomez el jevi. ¿A que no habeis visto nunca un tio tan jevi como yo? ¿A que nunca habiais visto unas greñas como estas?. Todo ello acompañado de repetidos y violentos movimientos de cintura y cuello, hacia adelante y hacia atrás.
Los viajeros nos mirabamos disimuladamente los unos a los otros con sonrisas contenidas y rictus de asombro, ante el espectaculo al que asistiamos incrédulos.
Pero ya no había descanso, el tio estaba inspirado. "Soy Gomez El Jevi, conocido en el Kalero (barrio de su pueblo) y en el mundo entero". Además de presentarse, de manera tan educada, nos quiso hacer participes de sus intenciones con este viaje. "Voy a Bilbao a bailar brik. Brik danss". Asi que, como seguramente temía que no terminaramos de creerle, pues se tira al suelo, en la plataforma entre las puertas del vagón, y nos hace una demostración in situ del "baile". Lo cual venía a ser, algo así como comtemplar a una cucaracha a través de un microscopio, sufriendo un ataque epiléptico. Como cualquiera podrá suponer, llegados a este punto, las sonrisas disimuladas, habian pasado a convertirse en autenticas carcajadas.
No conseguí adivinar si todo ello era consecuencia de un cuelgue propiciado por un mal viaje, o si el viaje realmente lo estaba teniendo en ese momento efecto de una, o una combinación, de sustancias psicotrópicas. En este caso es lo de menos. Lo cierto es que no me hubiera importado que nuestro viaje, el de el resto del vagón, aunque es de suponer que el pensaría igual del suyo, hubiera durado un buen rato mas.
Cuando por fin llegamos a la última parada del trayecto fue sorprendente lo que ocurrió. Todo el mundo, o la mayor parte de los viajeros, evitó bajarse por la puerta en la que él se encontraba. Si, estaría colgado, pero se percató de la jugada y se encaró a la multitud soltando algún improperio muy al caso. Y con toda la puta razón del mundo, dicho sea de paso.
Y yo me preguntaba, como hoy todavía lo hago ¿que le pasa a la gente? ¿a que le tenemos miedo? ¿acaso pensamos que la locura, sea cual sea su origen, se transmite a través del aire? ¿a que viene ese rechazo y ese desprecio con una persona que en ningún momento se mostró violento, ni siquiera ofensivo?
Pues eso, que una semana después me ha venido a la cabeza el episodio y no he podido evitar volver a reirme.
Ojalá que fuera mas contagioso.
Quiero pensar, que todo ello es como consecuencia de la vida tan desordenada que llevo de un año a esta parte. Y no es por gusto. Que uno, que estaria dispuesto a dar una mano por compartir pisito con Monica de Friends, mucho se teme que no aguantaría su afan desmedido por el orden ni una semana. Pero claro, de ahí, a haberse visto, obligado por las circunstancias, a cambiar de nido 5 veces en este lapso de tiempo,....... pues hay un trecho. Supongo que con semejante ajetreo bastante tengo con acordarme de donde me toca dormir cada noche. Vamos que mi huevo, cuando lo consiga poner, va a salir con pollito.
Así, hoy me ha venido a la memoria un capítulo que viví hace una semana y que resultó cuando menos curioso, tan curioso, como surrealista.
Iba yo en el tren de camino a Bilbao, a la Aste Nagusia (el pueblo en el que vivo está a cuatro estaciones, equivalentes un cuarto de hora, de la capi), absorto, como siempre que viajo solo, en mis cotidianas pajas mentales, cuando de pronto, a dos estaciones de mi destino, el viaje, que no el tren, tomo un giro sorprendente e inesperado.
En un principio no me percaté de nada. Todo era perfectamente normal. Una estación, gente que sube, gente que se baja. Lo normal. El caso es que a escasa distancia de donde me encontraba sentado, tan poca, que era facil seguir cualquier conversación que tuvieran, por poco que me interesara, que era poco, se situó un grupo de cuatro chicas y un chico que parecia ir con ellas. Todo normal.
Es cierto que el chico, hablaba con un tono de voz mas bien alto y que las caras de las chicas junto a él, delataban una vergüenza incontenible. Pero hicieron falta a penas un par de minutos para que todo el vagón compartieramos ese sentimiento con ellas.
El susodicho, que venía a ser un clon desnutrido de Santiago Segura en "El Dia de la Bestia" y de unos 35-40 años, se gira de súbito hacia el concurridísimo vagón y se presenta a la multitud: "Soy Gomez el jevi. ¿A que no habeis visto nunca un tio tan jevi como yo? ¿A que nunca habiais visto unas greñas como estas?. Todo ello acompañado de repetidos y violentos movimientos de cintura y cuello, hacia adelante y hacia atrás.
Los viajeros nos mirabamos disimuladamente los unos a los otros con sonrisas contenidas y rictus de asombro, ante el espectaculo al que asistiamos incrédulos.
Pero ya no había descanso, el tio estaba inspirado. "Soy Gomez El Jevi, conocido en el Kalero (barrio de su pueblo) y en el mundo entero". Además de presentarse, de manera tan educada, nos quiso hacer participes de sus intenciones con este viaje. "Voy a Bilbao a bailar brik. Brik danss". Asi que, como seguramente temía que no terminaramos de creerle, pues se tira al suelo, en la plataforma entre las puertas del vagón, y nos hace una demostración in situ del "baile". Lo cual venía a ser, algo así como comtemplar a una cucaracha a través de un microscopio, sufriendo un ataque epiléptico. Como cualquiera podrá suponer, llegados a este punto, las sonrisas disimuladas, habian pasado a convertirse en autenticas carcajadas.
No conseguí adivinar si todo ello era consecuencia de un cuelgue propiciado por un mal viaje, o si el viaje realmente lo estaba teniendo en ese momento efecto de una, o una combinación, de sustancias psicotrópicas. En este caso es lo de menos. Lo cierto es que no me hubiera importado que nuestro viaje, el de el resto del vagón, aunque es de suponer que el pensaría igual del suyo, hubiera durado un buen rato mas.
Cuando por fin llegamos a la última parada del trayecto fue sorprendente lo que ocurrió. Todo el mundo, o la mayor parte de los viajeros, evitó bajarse por la puerta en la que él se encontraba. Si, estaría colgado, pero se percató de la jugada y se encaró a la multitud soltando algún improperio muy al caso. Y con toda la puta razón del mundo, dicho sea de paso.
Y yo me preguntaba, como hoy todavía lo hago ¿que le pasa a la gente? ¿a que le tenemos miedo? ¿acaso pensamos que la locura, sea cual sea su origen, se transmite a través del aire? ¿a que viene ese rechazo y ese desprecio con una persona que en ningún momento se mostró violento, ni siquiera ofensivo?
Pues eso, que una semana después me ha venido a la cabeza el episodio y no he podido evitar volver a reirme.
Ojalá que fuera mas contagioso.
Comentario:
Sabes.. yo creo que aquí no ocurriría eso, la gente está acostumbrada a personajes.. digamos muy raritos, y sobre todo sobre todo.. pasan de todo, te lo aseguro;)
De nuevo me he reído un montón, esta vez con tu relato, mususs!!
De nuevo me he reído un montón, esta vez con tu relato, mususs!!





