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El bosque callado
En el bosque callado reposan las palabras no dichas...
Acerca de
En el bosque callado reposan las palabras no dichas, las no halladas, pero también aquellas que penetraron por sus troncos y sus ramas, las palabras abono que alcanzaron sus raíces. En el bosque callado duermen los sueños, los llantos evaporados, las sonrisas cómplices y la tristeza de los árboles cortados...
Sindicación
 
Círculo


El espejo de Dikese. Tate Gallery, Londres.


A veces siento que estoy en un círculo rodeada de cientos de espejos; concéntricos, cada uno me refleja, multiplicándome hasta el infinito; cada uno ofrece una imagen distinta de mi, un perfil único. Sin embargo, las personas que me rodean, situadas más allá de los espejos, sólo perciben una imagen; según estén situadas pueden alcanzar a ver varios de mis reflejos... uno, tres, siete... quienes gozan de mayor perspectiva, incluso pueden ver alguno más. Pero nadie consigue percibir la imagen completa, ni siquiera yo. Y multiplicada en los espejos me esfuerzo por captar el retrato absoluto de mi misma sin conseguirlo. Trato de captar las imágenes que los otros perciben de mi desde fuera del círculo y la mayoría de las veces no son sino imágenes distorsionadas, alejadas de cómo yo me voy viendo en cada espejo. Y me siento círculo. Un círculo de imágenes sucesivas que a veces me nubla la vista y me marea. Un círculo incoherente.

Quisiera apresar todas las imágenes, distintas, diferentes; los reflejos de lo que se percibe sin mirar sin ver. Los reflejos que me conforman en cada mirada. Los reflejos que muestro y las miradas que recibo. Los reflejos que me multiplican hasta el infinito, dándome a conocer sin conocerme. Los reflejos que me hacen distinta en cada perspectiva. Aunque quizá para ello tuviera que volar, volar hacia arriba y tratar de verme sin espejos. O quizás lograra la verdadera imagen de mi misma si alguien alcanzara a verme desde arriba y me mostrara mi reflejo desde allí, fuera del círculo de los espejos. Aunque entonces puede que mi imagen única me asustara, más de lo que ahora veo desde mi círculo concéntrico.

 
Guirnaldas


Ayer la ciudad jugó a sorprenderme. En un día en el que iba empapada de palabras llegué a Sol y descubrí con espanto una pantalla gigante. Y me dio por pensar en la cultura audiovisual. No conseguí enterarme –ni puse mucho empeño la verdad- en porqué semejante pantalla se colaba ante mis ojos. Pantallas, todo el día rodeada de pantallas. El ordenador, la televisión, las pantallas de las cámaras de seguridad de las tiendas, pantallas con noticias en el metro, pantallas, pantallas por todas partes. Miles de mensajes cruzándose. Una vez más la contradicción. Sin pantalla muchas palabras no me llegarían, muchos versos no acariciarían mis lagrimas.

Sin embargo, en la tarde de ayer la ciudad me quería sorprender. Y llegué a Recoletos. Al principio pensé que estaban instalando la iluminación de Navidad... ¡ojalá sea así cuando la pongan! Porque según me fui acercando se desplegó ante mi un diccionario de esperanza. Cientos de palabras se desplegaban por el paseo. Suspendidas sobre los coches y el rumor del atasco, se balanceaban...de todos los colores a pesar de no tener luz. Palabras con aroma a cocina, a dolor, a silencio callado. Palabras inversas para ser leídas en los dos sentidos. Palabras divertidas haciendo guiños. Volveré con luz e intentaré echarles el lazo para que no se me escapen.

Y las instalaré en mi pantalla... guirnaldas de palabras adornándome el día.


 
Dualidad
Cúbreme con tus hojas de otoño
regálame la suavidad
de tu corteza
andemos juntos
por el sendero de tus ojos
verde, vivo, inquieto,
andemos...

Y verás como se liberan
las ramas de mi cuerpo
Y verás la primavera
alzándose por mis piernas,
flores llenas de secretos
y palabras resina por los dedos

Quiero pasar las estaciones
a la vera de tu cuerpo
besar la metamorfosis
de tu tronco
y el grosor de tus ramas
enredándose

Y nos hallarán
en el culmén de los tiempos
fósiles arboles, besándose
en la dualidad de nuestros cuerpos
 
Deseándote
Ouka Leele Color C007

Se me cuela tu nombre
entre otras palabras
H2O, movimiento ecologista, fotoquímico smog
- Ahora resulta que la neblina del atardecer de Madrid en otoño
no es neblina, sino smog -
Recuerdo tus besos. Me pierdo.
Energía. Sólo siento.
Energía, riesgo, contaminación.
Sólo siento mis dedos por tu boca.
Entropía, termodinámica, lobby nuclear.
Perderme, perderme en tus besos.
No quiero escuchar más.
Hablan y hablan: "El lobby aprieta..."
A mi me aprieta mi deseo, deseándote...
Sólo quiero un lobby.
El que presiona tus párpados
cuando cierras los ojos y me sueñas.

 
Los versos del Capitán


Me decías, me hablabas y mis ojos vagaban lejos por tu piel de caracola..recordé sin embargo esta mañana Los versos del Capitán...qué frágil la memoria! no recordaba que Neruda los escribió en Capri...y ahora los releo con furia salvaje, con deseo callado, con lagrimas...Desde mi mañana, te regalo este poema...jamás podré decirte mejor lo que hoy se agita en mis venas...

LA TIERRA

La tierra verde se ha entregado
a todo lo amarillo, oro, cosechas,
terrones, hojas, grano,
pero cuando el otoño se levanta
con su estandarte extenso
eres tú la que veo,
es para mi tu cabellera
la que reparte las espigas.

Veo los monumentos
de antigua piedra rota,
pero si toco
la cicatriz de piedra
tu cuerpo me responde,
mis dedos reconocen
de pronto, estremecidos,
tu caliente dulzura.

Entre los héroes paso
recién condecorados
por la tierra y la pólvora
y detrás de ellos, muda,
con tus pequeños pasos,
eres o no eres?

Ayer, cuando sacaron
de raíz, para verlo,
el viejo árbol enano,
te vi salir mirándome
desde las torturadas
y sedientas raíces.

Y cuando viene el sueño
a extenderme y llevarme
a mi propio silencio
hay un gran viento blanco
que derriba mi sueño
y caen de él las hojas,
caen como cuchillos
sobre mí desangrándome.

Y cada herida tiene
la forma de tu boca.


Y buscando también saber, releo y recuerdo y redescubro su origen en palabras de Omar Pérez Santiago ( De Escritores y el Mar, Ecoceanos, 2000).


El italiano Erwin Cerio le ofrece a Neruda su casa en la isla de Capri. Neruda llega una noche con Matilde Urrutia. La chimenea está encendida, la mesa puesta. Mejor escuchemos a los amantes. Matilde está excitada: "Nuestra primera comida en ella, nuestra primera noche en ella. Sería tonto describirla, jamás llegaría a encontrar las palabras para dar la mínima idea de lo que fue. Solamente diré de aquella y de aquella noche: ¡qué fiesta!" Y Neruda: "Toda la noche he dormido contigo / junto al mar, en la isla./ Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, /entre el fuego y el agua".

Al amanecer abren las ventanas, descubren una menuda terraza, abajo un bosque, más allá, la playa y atrás un bosque lleno de musgo. Un día de luna llena Neruda le entrega un anillo donde se lee "Capri, 3 de mayo, 1952, Su Capitán".

Allí, en el bungalow blanco sobre los acantilados, escribió Neruda "Los Versos del Capitán". Matilde los deposita en una caja de madera con costras de nácar.

Como quisiera hoy ser sólo una concha de nácar en tus manos!



 
Acercándonos


Llego a casa. Aún es pronto pero la luna ya se dibuja en el horizonte. Qué bonito se ve hoy Madrid desde mi ventana; la neblina de este atardecer de otoño cubre los edificios que aparecen irisados a mis ojos. Tengo tu olor de resina por mis dedos, las mariposas aún escondidas por mi cuerpo y mil palabras que decir y que no. Cierro los ojos y te busco. Mis ramas tiemblan por tus ramas tocándome. Te has ido sin mirar atrás, mientras que yo te veía desaparecer entre la gente. No importa. No quiero promesas, ni razones. Cierro los ojos y aun siento tu beso en la comisura de los labios, ardiéndome la boca. Tu cuerpo temblando, acercándote, sin atrevernos, tan sólo acercando el cuerpo, interrogante. Y recuerdo aquellos versos de Cernuda: “No decía palabras, acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, porque ignoraba que el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe, una hoja cuya rama no existe, un mundo cuyo cielo no existe...” y ya no me quedan palabras... ¿quiénes somos nosotros para teorizar sobre el deseo? Oigo la música que sonaba pero no la recuerdo, sólo el rumor callado de tus manos deslizándose por las mías... Esta mañana te escribí que me gustaría desatarme la razón y volar a tu lado, aunque a la vez el miedo, anudado con fuerza, me apretaba... ya no tengo miedo, siento las alas creciéndome en la piel, bajo tu mirada verde...Te conté también como anoche inventé tu cuerpo para mi, tome prestadas tus manos e hice realidad mis sueños. Ya no hace falta...o quizás sí, quizás no podamos volar por un mundo cuyo cielo no existe...Sólo sé el vértigo de tus palabras por mi piel, el vértigo, el queso, el jamón, la caña, la caricia con sabor a té; sólo sé que quiero un bosque callado y sin palabras, un bosque de miradas y caricias, un bosque en el que convivan los arboles milenarios de Asia y las jacarandáes americanas...un bosque a la medida de mis sueños, y de los tuyos. Desterrando las contradicciones.

 
Vértigo



Sigo temblando con el vértigo pegado a la piel...a tus palabras...
En la soledad acompañada de tu recuerdo
la razón no existe
la piel no piensa
el aire es quedo...
Me recreo en el brillo de tus ojos
en tu encuentro
cómo será el deseo
cuando pierda la cordura
las razones, los miedos
cómo será, si hoy, desde aquí
me tiembla la piel
y siento vértigo...
Cómo será sentir tu calor sin freno
Avanzar por tu cuerpo
con la danza del deseo
Avanzar por la piel
piel con piel...
árbol con árbol
sueño a sueño...
Qué vértigo el deseo
multiplicado en el espejo



 
Ambivalencia



Deslizo mis dedos por la piel del aguacate maduro,
la voy separando sin filo, sin esfuerzo
mis dedos se impregnan
ávida relamo su sabor, deleitándome en la espera
Lo parto en dos
veo el hueso, orgulloso en el centro.
Lo troceo verde y no puedo evitar, golosa,
llevarme un trozo a la boca
siento su sabor deshaciéndose entre mis labios
viajando desde mi lengua por toda la boca
Pienso en ti.
No sé si podré separar la piel de tu carne jugosa
No sé si se deslizara suave tu máscara por mis manos
No sé si lograré ver la desnudez de tu alma
Pienso en el alivio de luto de mi fruto de jacarandá
Y recuerdo el sabor amargo de otros frutos
La ambivalencia de las espinas en mi piel
Y a pesar de la incertidumbre, hoy siento la fortuna en mis semillas
 
Camino


Qué largo camino hasta tus ojos...qué largo...



 
Hojas...del bosque callado
Así me siento...puñado de hojas secas en otoño...



Y así son tus hojas abanico....

 
Regalo de mi memoria
Seguiré abrazada a la espiral de tu recuerdo...
a pesar del tiempo,
de las brumas o desiertos
Seguiré abrazada...
aún sabiendo
que tu recuerdo
- regalo de mi memoria-
no tiene horizonte:
ni es verde
ni está sediento
 
Palabras
Parecen surgir solas las palabras
apátridas aparecen, se enredan
se encadenan, se desatan...
Pero en el fondo de las aguas
las palabras tiene un mar
tienen raíces, tienen entrañas

Entre colores querrás quizás sólo mis palabras
buscarás
elegirás
matices, tonos, tildes
te acoplaras a la medida de sus sílabas
acentuándote en las esdrújulas
estirándote en las vocales
quién sabe, si en las consonantes abrazándote...

Pero no existen sólo mis palabras
Vienen pegadas a la piel, a los ojos,
a los miedos, anhelos y miradas

Van y vienen, hacia ti, conmigo, alba tras alba.
No pretendas, pues, que sean sólo palabras
 
Alba de otoño
Del frío me nacen las lagrimas
se me grana la tez
se me corre el rimmel
me escuece el alma
del frío
del frío de tus palabras
 
Tregua
Se me rompen las palabras por dentro
se desbaratan, se deshacen...
El remolino que tengo alojado en mi vientre
se encoge, me aprieta, duele...
Y las alas de todas mis mariposas, fragiles,
se rompen...
Qué largo paseo
desde lo impenetrable
hasta la tregua
qué aspero sendero
bordeado por tus ojos...
Sólo quiero hallar el camino de vuelta...
alcanzar el bosque
con palabras no dichas
con ramas sutiles
y miradas cómplices
Hallar el bosque, indómito
que vivo brota, crece, se estira
y enmaraña
el bosque que alimenta tu sonrisa
El bosque callado
donde nos une la piel
y sobran las palabras
 
Hoy espero...
Hoy espero que tus letras se enreden por mis ramas,
que suban vocal a vocal, consonante a consonante por mi piel corteza
que tus hojas abanico jueguen con mis flores
porque hoy el agua de la lluvia se fue hacia los hayedos
porque hoy el sol ilumina la mañana